Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

jueves, 19 de enero de 2012

España y el "Manifiesto de los economistas aterrados"

Por Jose Antonio Zarzalejos

Publicado en El Confidencial (18/01/2011)

Resulta desolador: el Gobierno acaba de acordar la no disponibilidad presupuestaria de casi 9.000 millones de euros y decretar una subida de impuestos (IRPF e IBI) para ingresar 6.000 millones adicionales, y la agencia de rating S&P nos retira dos escalones de solvencia y a Francia y al Fondo de Rescate su triple A. ¿Qué pretenden S&P y sus colegas que hagamos? ¿Cuándo mereceremos sus parabienes? ¿Cuál es la razón de su poder, mantenido y sostenido a pesar de sus catastróficos errores en sus calificaciones del sistema financiero estadounidense poco antes de desatarse la Gran Crisis? Es difícil sustraerse a la idea -cada vez más extendida- de que los mercados registran altísimos grados de manipulación especuladora en beneficio de selectas minorías inversoras que, por razones ocultas o, al menos, veladas, se sirven de las agencias de rating contra las que ya se están pronunciando hasta las autoridades financieras alemanas.

En éstas estaba cuando he releído “Manifiesto de economistas aterrados”, una obrita escrita en 2011 en Francia por cuatro economistas galos -Philippe Askenazy, Thomas Coutrot, André Orléan y Henri Sterdyniak-, lanzada en España en abril pasado y al que se han adherido ya más de tres mil doscientos colegas. En el manifiesto se denuncian las diez falsas evidencias que “se invocan para justificar las políticas que actualmente se llevan a cabo en Europa”. El análisis de estos economistas, aunque formulado con aliento socialdemócrata, conecta con una percepción que tiende a generalizarse. Porque constatan que, pese a la crisis, “no se han puesto de ninguna manera en cuestión los fundamentos del poder de las finanzas”, por lo que esta recesión requiere “la refundación del pensamiento económico”.

Para los “aterrados” expertos son falsas las siguientes evidencias: 1) la de que los mercados financieros sean eficientes; 2) la de que los mercados financieros favorezcan el crecimiento económico; 3) la de que los mercados son buenos jueces de la solvencia de los Estados; 4) la de que el alza excesiva de la deuda pública es consecuencia de un exceso de gasto; 5) la de que hay que reducir los gastos para reducir la deuda pública; 6) la de que la deuda pública transfiere el precio de nuestros excesos a nuestros nietos; 7) la de que hay que tranquilizar a los mercados financieros para poder financiar la deuda pública; 8) la de que la Unión Europea defiende el modelo social europeo; 9) la de que el euro es un escudo contra la crisis, y 10) la de que la crisis griega ha permitido por fin avanzar hacia un gobierno económico y una verdadera solidaridad europea.

Obviamente, no todas “las falsas evidencias” de los “economista aterrados” son por igual convincentes, pero lo es el predominio que ellos denuncian: la política neoliberal como única opción que viene impuesta desde los mismos centros de decisión en los que se gestó la crisis. No se trata de un problema ideológico sino empírico: el ajuste infinito nos lleva a una recesión de profundidad incalculable. El análisis de la cuestión no puede estar constreñido por un aprisionamiento ideológico. Los liberales y conservadores deberían ser conscientes de que los excesos de la desregulación nos condujeron a la crisis y que el ajuste de caballo contraindica el crecimiento; y los socialdemócratas han de asumir que el gasto público al estilo keynesiano ha derivado en despilfarros presupuestarios temerarios. Y unos y otros, reconocer que la brutalidad codiciosa de grupos incrustados en la invisibilidad de los mercados hace su agosto.

Relata Matt Taibbi (“Gleptopía” página 29) que en Estados Unidos “el 1% más rico de la población ha visto su participación en el total de la riqueza nacional saltar de un 34,6% antes de la crisis, en 2007, a un 37,1% en 2009. Mientras tanto, la riqueza del norteamericano medio se desplomó (…)”. Estos datos no han sido cuestionados en su veracidad y rigor, pese a que el libro de Taibbi -que merece una mayor extensión en su referencia- haya sido escrutado al detalle por los periódicos americanos más importantes.

Si seguimos en esta desconcertante dinámica de sobresaltos -volatilidad de la prima de riesgo, del mercado bursátil y del cambio de divisa- no habrá gobierno que sea capaz de implementar políticas sostenidas en el tiempo porque se encontrará -haga una cosa o su contraria- al albur de energías subterráneas, irreconocibles, que se alzarán como poderes de último recurso ante los legítimos de los Estados democráticos. Quizás en España debamos atender la advertencia de los “economistas aterrados” que aseguran que ésta es también “una crisis social, que se destaca sobre el fondo de las crisis ecológica y geopolítica y, que, sin duda, viene a confirmar una ruptura histórica”.

Reflexión acaso un tanto críptica pero seriamente admonitoria. El terror paraliza, pero la inquietud y el temor, agudizan el ingenio. Habrá que tenerlo despierto porque los ciudadanos han pasado de la “indignación” al “yo no pago”. Y esto no ha hecho más que empezar.

martes, 17 de enero de 2012

Nada es lo que parece: las agencias de rating nunca has sido independientes

Por J.Jacks
Publicado en Cotizalia (17/01/2012)
En este mundo en el que vivimos, nada es lo que parece. La Justicia no es justicia, la prensa no confronta al poder, el sistema educativo no educa y los gobiernos no gobiernan.

Como resultado, el proceso de “lobotomización” de la población continúa con la desinformación como norma, lo que lleva a la ciudadanía a la aceptación de las noticias y decisiones político-financieras sin entender qué ocurre.

El viernes pasado, S&P rebajó la calificación de la deuda de varios países, entre ellos Francia, Italia y España, así que durante los próximos días serán bombardeados con múltiples artículos sobre el tema. Unos les dirán las consecuencias negativas de esta decisión. Los otros les dirán que no hay que escuchar a las agencias porque se “equivocaron” al no prever la crisis.

Aquí les damos otra opinión. Depende de ustedes pensar y decidir por sí mismos.

Las agencias nunca han sido independientes. Son parte del sistema y por lo tanto, cada decisión que afecte a uno de los grandes del sistema, es una decisión consensuada y aprobada por el propio sistema. Desde 1931, siempre han actuado con “extraordinaria discreción en su trabajo” siguiendo la petición de los gobiernos.

En cada rebaja de la calificación, siempre hay detrás una decisión política.

Por ejemplo: en agosto pasado, la rebaja de la calificación de la deuda EEUU por parte de S&P creó conmoción entre la prensa. S&P justificó la decisión por “la incapacidad del gobierno para reducir la deuda”.

Según los “expertos”, la decisión supuso “un toque de atención a otras países”, “la elevación del coste de los préstamos a las empresas” y “el de las hipotecas”. Se escribió que con la rebaja, los EEUU “entraban en territorio peligroso, nunca explorado”…

¿Cuál fue la razón real para la rebaja? La necesidad de aumentar el límite del gasto. La rebaja de S&P permitió al gobierno Obama aumentar el techo de gasto.

¿Lo ven? Cada vez que una agencia rebaja una calificación, es por necesidad política. Son los gobiernos los que necesitan que “alguien” tome esa decisión. S&P o Moody’s son la excusa que necesitan los gobiernos para tomar decisiones contra sus ciudadanos.

¿Cuál fue el resultado de la rebaja de S&P en la deuda EEUU? Absolutamente ninguno. La decisión de una agencia no tiene ningún efecto a menos que el gobierno y el banco central lo deseen. Ningún país soberano monetariamente tiene que preocuparse por su deuda. Esto lo dice la Fed cuando dice que “EEUU tiene la habilidad de crear moneda para pagar sus deudas al vencimiento. Su crédito no está en duda”.

Igual para la Unión Europea. Ningún país de la UE tendría que preocuparse por la calificación de su deuda si la UME y el BCE hicieran su trabajo en vez de seguir una agenda ideológica para imponer medidas de ajuste en todos los países.

Cualquier banco central de un país soberano siempre tiene el poder para controlar el tipo de interés que paga, siempre puede pagar su deuda, siempre tiene el poder para “colocar” su deuda. Da igual lo que digan el “Mercado” o cualquier agencia de calificación.

Un país soberano que emita su propia deuda no necesita tener que pedir prestado al “Mercado” para financiar su deuda. Tampoco necesita emitir deuda para financiarse. Tampoco necesita aumentar impuestos para financiar su gasto.

El poder lo tiene el Estado a través de su banco central y Ministerio de Hacienda. Nunca el “Mercado”. La razón por la que España no controla el tipo al que tiene que pagar su deuda es porque el Banco de España no controla la política monetaria.

España, Grecia o Italia tienen problemas con su deuda pública (aparte de los dispendios de sus lamentables políticos) por la decisión política (que no económica) de no usar el BCE como banco central y dejar que el “Mercado”, las entidades financieras, obtengan ingentes beneficios a costa de los ciudadanos.

Otro ejemplo: en 1998, el Gobierno japonés anunció un plan fiscal para mejorar su economía. Como resultado, Moody’s comenzó a rebajar su deuda. Desde Aaa en 1999 la rebajó a Aa3 en el 2001 y hasta A2 en el 2002, peor que la de Bostwana.

Moody’s justificó su decisión alegando que “las políticas del gobierno serian insuficientes para evitar el deterioro de la deuda y que el gobierno entraba en territorios desconocidos”…Territorios desconocidos que se repiten una y otra vez… ¡qué miedo!

¿Qué pasó en Japón? El grafico inferior muestra los tipos entre 1998 y 2007. Durante el periodo que Moody’s rebajó la calificación de la deuda, los tipos no se vieron afectados.

Durante todo el periodo 1988-2011, el gobierno japonés no tuvo problemas para colocar sus emisiones de deuda y no le importó que Moody’s volviera a bajar la calificación.

Los gobiernos tienen tendencia a mentir a sus ciudadanos y esconden como decisiones forzadas por el mercado o las agencias lo que son sus decisiones, que son ideológicas y no de Teoría Económica. Por ello ningún gobierno acaba con las agencias, porque a los gobiernos les interesa tenerlas como culpables de decisiones que así ellos pueden tomar.

El segundo problema es la falta de soberanía. Cualquier gobierno soberano que emite en su propia moneda siempre podrá pagar sus deudas independientemente de lo que diga una agencia de calificación o el mercado, pero si ha cedido su soberanía monetaria…

Pero aun así, el BCE podría ayudar de verdad a España controlando los tipos de los plazos mayores de vencimiento fijando los tipos actuando como lo que debería ser, un banco central, no una aseguradora del futuro de las entidades financieras.

Existen múltiples propuestas y comisiones para reformar las agencias de calificación. No se equivoquen. No se va a aprobar ninguna. ¿Por qué? Porque son parte del sistema y porque los gobiernos las necesitan para tomar sus medidas contra los ciudadanos.

Pincho de tortilla que la respuesta de los gobiernos afectados con la rebaja será que la decisión de las agencias prueba la “necesidad” de tomar más medidas de ajuste.

Como siempre depende de ustedes. O creen a los “expertos” de uno u otro lado o piensan por sí mismos.

Si no fuera tan predecible y no se lastimara la vida de miles de ciudadanos, hasta sería divertido.

lunes, 16 de enero de 2012

Del socialismo de izquierdas al socialismo de derechas

Por Carlos Sánchez

Publicado en El Confidencial (15/01/2012)

Probablemente, el mejor epítome que se ha hecho hasta ahora de la nueva política económica la alumbró hace unos días una de las cabezas más lúcidas -y mejor informadas- del país en materia económica. Sostenía en privado este docto economista que ‘hemos pasado de un socialismo de izquierdas a un socialismo de derechas’. E ironizaba sobre el hecho de que los dos grandes partidos compitieran sobre quién aplicaba el impuesto sobre la renta más progresivo. O dicho en otros términos, quien aumentaba más la imposición directa.

Nuestro interlocutor lo achacaba a las elecciones andaluzas, y, en concreto, atribuía esa estrategia al tándem Arenas-Arriola. El primero sabe que es su última oportunidad de asalto a la Junta, mientras que al segundo le paga el Partido Popular (y parece ser que con cierta generosidad) por ganar elecciones, no por resolver los problemas económicos de España, lo que explica su empeño en conquistar la plaza andaluza a cualquier precio, aunque el país se desangre.

El razonamiento del ilustre economista tiene sentido, y es verdad que hasta ahora -salvo en el caso del negociado del ministro Montoro- ha habido más ruido que nueces. Es como si en España el único problema fuera el del sector público. Pero lo cierto es que a medida que pasan las semanas la crisis se hace más insostenible. Los datos de desempleo que se avecinan (el día 27 se publicarán las cifras de la EPA y una semana más tarde los del paro registrado de enero) dirán, en todo caso, las verdades del barquero, y es muy probable que a partir de esa constatación la presión de la opinión pública haga saltar por los aires tanto tacticismo gubernamental.

El país está abierto en canal y sólo la resignación explica la paz social, pero no es descabellado pensar que tanto estoicismo tiene sus límites. Y a medida que España se vaya acercando a los seis millones de parados oficiales -desgraciadamente la cifra no es descabellada- se irá diluyendo las dosis de credibilidad de este Gobierno, todavía intactas, salvo el rebote que tienen muchos compañeros de viaje irritados por una subida del IRPF que no entienden.

No sólo porque suban los tipos marginales del IRPF (que son muy distintos a los efectivos), sino porque se vuelve a esquivar el ensanchamiento de las bases imponibles del IRPF obligando a volver a casa a los hijos pródigos del impuesto sobre la renta. Esas criaturas fantasmales que son ahora las personas jurídicas.

Y por eso, parece suicida aplicar la lógica de los calendarios políticos a una crisis que no escampa, y que al contrario de lo que le gusta decir a Luis de Guindos, no es sólo un problema de confianza. El voluntarismo político -como se demostró de forma palmaria durante la ‘era Zapatero’’- no basta para dar la vuelta a la situación económica. Y en este sentido sólo hay que echar un vistazo a un reciente informe del servicio de estudios de la Caixa en la que recuerda que los procesos de desapalancamiento duran, de media, unos cinco años. No estamos, por lo tanto, ante un crisis corta.

Siete años de crisis
La duración total dependerá de la capacidad de los agentes económicos para devolver las deudas del sector privado, que representan nada menos que el 167% del PIB. Como es lógico, periodos recesivos -como el actual- sólo hacen que se alargue ese proceso. Pero si además se cruzan una crisis inmobiliaria -como la actual- o de carácter financiero -como la actual-, el final de la crisis todavía hay que retrasarlo más.

En palabras de la Caixa, “en presencia de una crisis bancaria, los ciclos de desapalancamiento han promediado un ajuste de la ratio de deuda de unos 32 puntos de PIB y se han alargado cerca de siete años”.

¿Qué quiere decir eso? Pues que dando por bueno que el ajuste comenzó en 2008, los agentes económicos altamente endeudados (empresas y familias) comenzarán a ver la luz (a pagar menos deudas al banco y, por lo tanto, a aumentar su propensión al consumo) en 2015. Y eso en el mejor de los casos. Siempre que la economía sea capaz de crecer anualmente un 1,8% en términos reales hasta mediados de la década, con una inflación del 2% y un ‘moderado’ aumento del crédito. Como se ve, un escenario posible, pero con una probabilidad difícil de cumplirse vinculada a la capacidad de acierto de la política económica. Aunque no sólo eso.

La crisis de deuda soberana contamina la resolución de la crisis, y eso ya no depende solamente del Gobierno español. La rebaja de calificación de Francia es sólo un recordatorio de que obviamente las cosas no están resueltas, como de forma un tanto apresurada se ha sugerido estos días por el simple hecho de que el Tesoro coloque emisiones ¡al cuádruple! del tipo de interés oficial que marca el BCE.

Estamos por lo tanto, ante una situación endiablada que no entiende de forma mecánica de cambios de Gobierno, como han comprobado en sus propias carnes griegos e italianos. Y lo que dice la experiencia histórica es que la mejor manera de enfrentarse a una gran contracción económica, pasa por transferir renta de los acreedores a los deudores, lo que desde luego no se está haciendo en España en aras de mantener un sistema financiero artificialmente solvente.

Es verdad que el asunto está en la agenda de este Gobierno, pero de nuevo se cruzan los calendarios políticos. El Gobierno no puede esperar a la salida de Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España, para atacar el problema. Y da la sensación de que por ahí van los tiros.

Como alguien dijo, la clave de la nueva política económica está en reducir a toda costa la deuda pública y privada (y de ahí la necesidad de reconducir los enormes desequilibrios fiscales), pero no pasa por dar de beber a un burro que no tiene sed. Ya lo dijo Franklin Delano Roosevelt en su discurso de toma de posesión, el 4 de marzo de 1933: ‘lo único que tenemos que temer es al temor mismo, un temor desconocido, irrazonable, injustificado, que paraliza los esfuerzos necesarios para convertir la retirada en avance”.

viernes, 13 de enero de 2012

Los árboles de la crisis económica y el bosque de la democracia

Por Jose Luis González de Quirós

Publicado en El Confidencial (12/01/2012)

Cuando se acaba de llegar al gobierno a consecuencia de unas elecciones perfectamente legítimas, se está en muy malas condiciones psicológicas para percibir los problemas de la democracia. Si, además, como sucede, la crisis económica se encalabrina, es muy normal que el Gobierno trate de refugiarse en la gestión a la búsqueda de un éxito a no muy largo plazo que muestre la pertinencia y la eficacia de ese diagnóstico tan común de que lo importante es la economía. Lo acaba de repetir Rajoy, y en eso no se diferencia tampoco gran cosa del diagnóstico que hacen los dolidos aspirantes al liderazgo del PSOE, que también repiten, a hora y a deshora, que la crisis económica los descabalgó del poder. Normal, pues, que Montoro diga eso “de olvidémonos de las ideologías y superemos la crisis”. Y, sin embargo, se trata de un error, de un profundo error que, unos y otros, no tardarán en pagar caro.

La crisis económica juega un papel determinante en el malestar social y en el desafecto creciente de los ciudadanos hacia los políticos, pero hay algo más. El hecho de que no produzca auténticas oleadas de indignación la publicación de que un dirigente andaluz, solo o en compañía de su chofer, se gastase más de un millón de euros del dinero que debería destinar a los parados en cocaína y putillas, testimonia hasta qué punto estamos los españoles al cabo de la calle respecto a las fechorías que puedan perpetrar los que dicen gobernar en nuestro nombre. Detrás de la crisis económica se está incubando una crisis brutal de la confianza en la democracia, mediante una mezcla confusa de dos ingredientes muy distintos: el convencimiento de que la democracia española es imperfecta, pero podría mejorarse, y la más negra y escéptica resignación.

Hace falta ser muy insensible para no percibir un desafecto creciente hacia la política y muy necio para pensar que sea casual o pasajero; nuestra democracia carece por completo de algo esencial, de cualquier ingrediente atractivo para el compromiso activo. Al poder político se llega únicamente por la casualidad afortunada, por la pertenencia a un grupito organizado con influencias cerca del líder ocasional. Todo va de arriba abajo, nada de participación, ninguna apertura, ningún cursus honorum que permita conocer y elegir a los mejores.

Este entramado tuvo cierta disculpa en los orígenes de la democracia, pero ya no la tiene cuatro décadas después, y hace que los partidos puedan sentirse completamente ajenos a los intereses reales de su electores, que puedan hacer cualquier cosa con tal de que le parezca oportuno a los que tienen la sartén por el mango. En consecuencia, nunca se cambia nada, y las causas de los ciudadanos siguen esperando el santo advenimiento, mientras que los intereses de los bancos, las grandes corporaciones, los sindicatos o los grupos de presión, siempre se acaban atendiendo. Se establece, pues, un auténtico desgobierno, el olvido de los ideales, de los intereses nacionales, y de los problemas de fondo, un paraíso artificial de despotillas y funcionarios cegatos convertidos en líderes de ocasión, a los que nadie tiene la piedad de advertir que están haciendo el ridículo.

¿Nos llegará alguna vez la hora de la libertad política, de la verdadera democracia? No podemos echarle a nadie la culpa de lo que nos pasa, porque lo que ocurre no hace sino expresar la cultura política dominante, lo que practicamos a cada hora en los distintos ámbitos en que nos movemos. Lo que extraña es que en épocas de tanta tribulación, las voces críticas apenas lleguen a esbozarse, que entre los propios políticos no abunden quienes comprendan que reducir su función a la de unos expertos capaces de resolver, eso dicen, la crisis económica supone tirar piedras a su tejado. La paciencia es un tesoro del pueblo, pero acaso pueda estar a punto de colmarse en unos cuantos meses, cuando, Dios no lo quiera, se constate que las raíces de la crisis eran más hondas de lo que se pensaba, y que todo sigue igual, es decir, peor.

Los lideres del PP parecen pensar que les queda credibilidad como para que se les admita que la subida de impuestos vaya a ser cosa provisional; lo que es seguro es que su veracidad va a tener un contraste inequívoco a muy corto plazo. Su gran ventaja pudiera ser que el PSOE confíe en un llamamiento a la España alegre y faldicorta, pero es poco es probable que tenga éxito, ni siquiera en un país tan crédulo como éste.

Se ha abierto una oportunidad excepcional de hacer política, y el PP se equivocará de medio a medio si renuncia a ello con la excusa del mucho trabajo que van a tener para devolvernos al paraíso perdido, y con la presunción de haber dejado atónitos a sus adversarios, cosa que nadie les había pedido, por cierto. ¿Sabrán otros aprovecharla? Quienes deberíamos aprender de una buena vez somos los ciudadanos: la democracia es una asignatura larga, pero merece la pena tratar de aprobarla, ya que nunca llegará sin nuestro esfuerzo

jueves, 12 de enero de 2012

Explicaciones escasas

Editorial de El País (11/01/2012)

Las explicaciones del presidente del Gobierno sobre el programa de ajuste anunciado el pasado 30 de diciembre llegan con cierta tardanza. Y ello es importante porque atañe, incluso más que a la cortesía y a la transparencia debidas, a la necesaria rapidez de la política en una coyuntura en que esta suele ser derrotada por la velocidad de los mercados, como ha demostrado el continuado castigo a la deuda soberana española desde hace meses. Pero como a veces ocurre con los defectos formales, este retraso habría quedado minimizado si los argumentos empleados hubieran ampliado o desbordado los ya utilizados por sus ministros; incluso subsanado, si los anuncios sobre sus planes inmediatos hubiesen aclarado de forma convincente el panorama. Sin embargo, apenas nada de eso ha sucedido en la primera explicación pública del presidente, por lo que se habrá de esperar a su próxima comparecencia parlamentaria para conocer sus planes con más profundidad.

En realidad, donde Mariano Rajoy ha sido más concreto, según se le pedía con insistencia, es en una cuestión no de futuro, sino del pasado inmediato: el desglose del déficit público encontrado a su llegada al Gobierno. A tenor de las cifras provisionales ofrecidas, el desconocimiento de la herencia recibida en cuanto a la gestión de las finanzas públicas es cuando menos limitado. El desvío imputable directamente al Gobierno anterior es de apenas tres décimas. Tres cuartas partes del déficit excedido sobre el previsto es achacable en primer término a las comunidades autónomas, de distintos colores, y por ende, la responsabilidad de ejecución es compartida, aunque la secundaria, de supervisión, corresponda lógicamente al Gobierno de Zapatero. Conviene insistir en ello para que Gobierno y oposición extraigan una lección de modestia y asienten un clima de diálogo. Todos incurrieron, aunque en desigual medida, en parecidos errores. Todos deben aplicarse a solventarlos.

Mariano Rajoy se emplea a fondo en la entrevista con el presidente de la agencia Efe para transmitir el mensaje de que el alza de impuestos realizada es equitativa. Y le asisten razones si se consideran solo las tripas de los cambios en el interior del impuesto sobre la renta, pero mucho menos si se contemplan los resortes impositivos no tocados: el grueso de la factura recae en los asalariados y las clases medias. Y la literalidad de su referencia al IVA, cuyo incremento no está entre sus intenciones, parece más bien un preanuncio de su subida a medio plazo.

Las explicaciones sobre las próximas reformas (laboral y financiera) son inexistentes, salvo la rotunda (y encomiable) negativa a crear un banco malo a cargo del contribuyente; y la aceleración de su calendario, impulsada por la necesidad de acreditar seriedad ante mercados y socios. Pero lo más inquietante es la nula concreción sobre medidas de estímulo y relanzamiento económico, el otro pilar que debe complementar la ineludible austeridad: a nivel español y a nivel europeo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Dos en el banquillo

Editorial de El País (10/01/2012)


Dos expresidentes autonómicos del Partido Popular coincidirán al menos durante unos días en el banquillo de los acusados. Francisco Camps inicia su quinta semana de juicio por el asunto de los trajes del caso Gürtel, cuyas ramificaciones principales florecieron en la Comunidad Valenciana que presidió entre 2003 y 2011, así como en la de Madrid. Y ayer se inició en la Audiencia de Palma de Mallorca el primero de los juicios contra el expresidente balear Jaume Matas por el llamado caso Palma Arena, un árbol frondoso que ha dado lugar a 25 piezas separadas, una de ellas la que afecta al yerno del Rey y esposo de la infanta Cristina, Iñaki Urdagarin, y al resto de directivos del Instituto Nóos que obtuvieron de forma irregular, según la Fiscalía Anticorrupción, ventajosos contratos públicos con las Administraciones dirigidas por ambos presidentes autonómicos populares.

Sin duda, es casual la coincidencia de los dos juicios. Pero no cabe restarle, pese a ello, un innegable valor simbólico de carácter político. Al margen de los perfiles personales de sus protagonistas, los casos Palma Arena y Gürtel son quizás los más emblemáticos de la corrupción política de los últimos años en la España de la burbuja inmobiliaria, en la que la recalificación del suelo y los contratos públicos fueron en muchos casos instrumentos delictivos que, además de corromper a las Administraciones, tenían por objeto arramblar con el dinero del contribuyente.

La comunidad autónoma balear es quizás, junto a la valenciana, la que acumula más casos de corrupción en este periodo. Ambos gozaron durante un tiempo del apoyo de Rajoy hasta que se convirtieron en un obstáculo gigantesco en su camino hacia La Moncloa. Lo que recuerda otro de los episodios de corrupción más sonados de la reciente historia balear -los casos Sóller y Calvià- protagonizado por Antón Cañellas, obligado a dimitir a medidos de los años noventa de la presidencia de la comunidad por José María Aznar solo cuando este temió que amenazaba su primer asalto a la presidencia del Gobierno.

El juicio iniciado ayer contra Matas contempla uno de los variados aspectos del polifacético caso Palma Arena, nombre del velódromo cuyo desfase entre el coste licitado y el final de su construcción -de 43 a 110 millones de euros- despertó todas las sospechas de gestión delictiva y enriquecimiento ilícito por parte de la presidencia balear. En concreto, se enjuicia la entrega de casi medio millón de euros al periodista que le redactaba los discursos a Matas y luego los ensalzaba en medios propios o ajenos, como el diario El Mundo. Hay otra coincidencia: que a pesar de los ataques a jueces y fiscales y al intento de justificarse tras las urnas, los protagonistas de estos casos de corrupción terminan por responder ante la justicia y, si son declarados culpables, por saldar sus deudas con la sociedad y el Estado.

lunes, 9 de enero de 2012

Valencia en quiebra: Camps ya ha sido condenado

Por S. McCoy

Publicado en Cotizalia (09/01/2012)

Dicen de Paco Camps que ha llevado lo de los trajes más mal que bien. Que puede prometer y promete que él no se ha llevado un euro al bolsillo. No en vano, quienes le frecuentan no han dudado en bautizarle como “el monje”, dada su proverbial austeridad. Incluso la configuración física del personaje, delgado, cara afilada, nariz aguileña y tonsura natural ayudan tal caracterización. Que ha pasado por un tormento, al borde de la depresión. Y que ha querido dar la cara en la certeza de que si hizo, no supo, y si supo, no hizo. Más vale honra sin cargos que cargos sin honra. Hidalguía remendona de su honor en el siglo XXI.
Y sin embargo es culpable, rematadamente culpable, culpabilísimo. El circo que rodea su juicio actual es lo de menos. Ni la punta de la punta de la puntísima del iceberg de lo que ha acontecido en la Comunidad Valenciana en los últimos años, si no décadas. Un estado permanente de corrupción, una Sodoma y Gomorra de sobres y componendas, una tolerancia con el fraude y una vocación por el fasto desmesurado que han terminado por descomponer la Administración y el sistema financiero local y, con ellos, buena parte del entramado empresarial de la región como tan fantásticamente nos recordaba ayer Anaí Gracia. Es, sin duda, el primer responsable.
Ahora, mientras el gobierno central amaga sin dar, salvo para subir la presión tributaria a sus atribulados ciudadanos, Valencia actúa tras acumular peligrosamente papeletas para ser la primera región que suspenda pagos en nuestro país, ahogada por unas necesidades de tesorería absolutamente inabordables. Está a pocos pasos del abismo, quién lo iba a decir. Se ha esfumado la riqueza efímera que le permitió durante años sacar pecho frente a otras zonas españolas más atribuladas, Copa América, Fórmula 1, Terra Mítica, Ciudad del Cine o de las Artes, pagos a Urgangarín o agentes urbanizadores milmillonarios incluidos.
Alberto Fabra ha decidido coger el toro por los cuernos adoptando medidas draconianas que, quienes conocen la verdad de las cuentas locales, saben de toda parte insuficientes. Se ha quedado sin una sola institución financiera local, ejemplo vivo de la devastación que acompaña la falta de profesionalidad en la gestión, la confusión de intereses públicos y privados -léase corporaciones inviables y absurda financiación inmobiliaria- y el enriquecimiento inmediato frente a la creación de valor a largo plazo. Solo ante el peligro, es lo crítico de la situación lo que le ha obligado a despertar a su narcotizada ciudadanía -cómplice con su voto, mayoría absoluta para la miseria más absoluta- a base de más impuestos y menos estado del bienestar. No será el único: otros por España empiezan a poner sus barbas a remojar…
Puede que Camps no supiera, en cuyo caso le sería de aplicación ese “de puro bueno que es, no puede ser más tonto” que se decía de aquel párroco que, con su fatal condescendencia, se cargó una de las feligresías más señeras de Madrid. Si cualquiera es susceptible de ser Presidente del Gobierno, Zapatero dixit, cuánto más primer mandatario de una comunidad autónoma. Puede también, como argumenta el monje, que sabiendo no hiciera -no fuera a importunar las distintas familias políticas del partido- y se limitara a creer, en su buenismo antropológico, que no hay mal que el tiempo no cure. Sería en tal caso reo por omisión, incapaz de anticipar que, el día que dejara de girar la rueda de la financiación barata, el crecimiento desmesurado y los dispendios generosos, el qué hay de lo mío sería su condena y la de todos los valencianos, interés particular por encima del general.
El ex president tiene ya perdido el juicio ante la Historia. Como lo tiene su predecesor, Eduardo Zaplana. Poco importa que se empeñe en salvar su nombre por una afrenta menor. Ha sido un completo desastre en lo económico y en lo político. No muy distinto al de otros mandatarios regionales, bien es cierto. Es la tragedia de esa España que ha hecho de lo malo conocido, bien superior. Ahí sigue en la sombra –por aclamación popular, eso sí- Carlos Fabra; a lo suyo, Aeropuerto –por llamarlo de alguna manera- de Castellón incluido. Si la crisis es oportunidad, la gravedad de la actual tiene que ser ocasión para una auténtica catarsis democrática en la que tal forma de gobierno recupere sus valores originales de idoneidad del representante, gobierno para el futuro y servicio a los representados. No nos aburriremos de pedirlo. A ver si, entre todos, conseguimos que sea verdad.
Buena semana a todos.

Hasta aquí hemos llegado: o las autonomías o nosotros

Por Roberto Centeno

Publicado en Cotizalia (09/01/2012)

"Nos han jodido bien, si tuvieran vergüenza se pegarían un tiro”, me decía mi amigo Cela sobre los padres de la Transición, quienes nos impusieron este engendro de Estado y de dictadura partitocrática. La casta política jamás renunciará a su enorme entramado de expolio y corrupción: 17 estados, 8.000 ayuntamientos, 4.000 empresas públicas y el 70% del presupuesto, que manejan como les place. Están dispuestos a hundirnos para varias generaciones. Sin embargo, el dilema es muy simple: o ellos o nosotros; o la casta política o nuestros hijos y su futuro.

Rajoy, quien gusta de desaparecer siempre que hay problemas, no ha cambiado el rumbo. Se inclina por mantener el tamaño del Estado a costa de la economía productiva. Mientras, PNV, CiU y Amaiur exigen que escojamos ya entre pagarles un tributo, ahora que estamos en ruina, o la independencia. Y ni lo uno ni lo otro, tal y como hace Francia con los catalanes y vascos franceses.

No solo nos han arruinado, sino que han infligido un daño irreparable al tejido productivo, rematado por Rajoy al colocarnos a la cabeza de Europa en impuestos a la renta y al ahorro, una medida que generará una recesión sin precedentes. “Ha puesto a España en una espiral descendente”, afirma The Economist. Mientras la casta política no solo no reduce un sector público gigantesco, que mantiene dos millones de personas a nuestra costa, Rajoy anuncia que no dejará suspender pagos a ninguna comunidad ni ayuntamiento. Es de locos: “Gasten lo que quieran, el Estado les avala”.

Sin embargo, nada como las cifras para conocer el grado de engaño y de expolio al que nos somete la casta política. El pasado miércoles este diario publicó un artículo que narraba cómo las CCAA han creado miles de empresas públicas para colocar a familiares y amigos -520.000 enchufados en conjunto con sueldos superiores a los de los funcionarios- y esconder su deuda. Son empresas que escapan a todo tipo de control: sus empleados se contratan a dedo y no tienen que rendir cuentas a nadie, ni siquiera a los parlamentos autonómicos, una práctica que no tiene parangón en el mundo civilizado.

Pues bien, según el Banco de España su deuda asciende a 15.500 millones de euros, una cifra disparatada que no coincide ni de lejos con la real. En el desglose me encuentro con Valencia, comunidad que conozco bien, cuya deuda en el informe se cifra en 1.694 millones. ¿Qué engaño es este? Solo CIEGSA, la empresa pública para la construcción de escuelas, tiene una deuda de 2.000 millones; la de EPSAR, dedicada a la construcción de depuradoras, alcanza los 1.000 millones; Canal Nou y otros medios suman una deuda de 1.300; la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, después de haber recibido 1.900 millones de fondos públicos, tiene un agujero de 500; y así 46 más. El total arroja una deuda de 9.200 millones, ¡cinco veces superior a la oficial, Doña Soraya!

No cierran empresas pero encargan un estudio
Tras el hachazo al ahorro y al salario de las familias -en palabras de Alberto Recarte, “nadie pasa ya a Rajoy por la izquierda”, dado que ha colocado el tipo máximo del IRPF en el 52% frente al 50% que pedía Izquierda Unida- se había filtrado que el Gobierno cerraría el jueves 350 empresa de las 454 del Estado -lo de subir el IVA, hidrocarburos, Patrimonio y demás lo dejan para después de las elecciones andaluzas-. No han cerrado ni una. En lugar de eso Sáenz de Santamaría ha encargado un estudio y ha anunciado un maravilloso plan antifraude para recaudar 8.171 millones y 25 céntimos. Bruselas lo ha definido como una tomadura de pelo. Ya puestos, ¿por qué no recaudar 81.710? El viejo plan antifraude de Zapatero pretendía recaudar 70.000 millones y, claro, una abogada del Estado no va a ser menos que un abogadillo de cuarto y mitad.

Sin embargo, el disparate con mayúsculas, el que demuestra que no saben ni dónde tienen la mano derecha, ha sido la fiscalidad sobre las ganancias de capital, que han subido hasta un nivel sin precedentes. La medida no solo no incrementa la recaudación sino que la reduce. Todo hacendista sabe que hay una relación inversa entre tributación sobre las ganancias de capital y recaudación que es muy superior a lo proporcional. Una reducción de un punto en los impuestos sobre las ganancias de capital eleva un 10% la recaudación por este impuesto. Más graves son, incluso, los efectos devastadores sobre el conjunto de la economía: reduce la inversión, reduce la competitividad y aumenta el paro. No se puede hacer peor. Sus incondicionales, y las almas cándidas, argumentarán: “No les dais tiempo, esperad y veréis”. Zapatero nos llevaba al abismo. Rajoy, cuanto menos, debería haber cambiado de dirección. Pero ha hecho lo contrario, ha acelerado el camino a la perdición.

Pongamos un ejemplo en cifras. Valencia, que ostenta el récord de endeudamiento/PIB, no modificará los gastos de 2011 en sus presupuestos para el presente año. Será por dinero: 13.754 millones de la administración general, más 2.420 millones de empresas públicas, fundaciones y chiringuitos… en total: 16.174. Ingresos no financieros (suponiendo un incremento del PIB del 1%) de 12.000 millones. Y ahora, su gran plan de ahorro: “Vamos a ahorrar 280 millones subiendo impuestos”. La cita es textual. ¿Desde cuándo subir impuestos es ahorrar? Pretenden reducir 440 millones de gastos sanitarios “gracias a una mejora en la eficiencia sin mermar la calidad del servicio” -una burla- y otros 270 millones reduciendo salarios y horario de eventuales. Después, el no va más del engaño, reducirán las 46 empresas públicas a seis, pero sin cerrar ninguna; las juntan todas en seis holdings para ocultar deuda. El ahorro total es de 1.000 millones. ¿Y los 3.000 restantes?, ¿y los 1.000 o más porque la economía caerá en torno al 4%?

Ya no pagan a las concesiones sanitarias, a la universidades, a las farmacias… deben a proveedores no menos de 7.000 millones. Deben devolver 500 millones en febrero y no tienen un céntimo. Eso sí, de recortar en despilfarro nada. Ni una palabra de fastos, eventos encargados a dedo, televisiones, empresas públicas inútiles, embajadas, coches oficiales, oficinas de lujo y aeropuertos sin aviones. No es de extrañar que estos insensatos hayan elevado la deuda oficial en un 75% desde 2008, hasta los 20.469 millones.

Si se suma lo camuflado en las empresas públicas, intereses e impagados, el déficit real es de unos 43.000 millones, el doble que el oficial. ¿Qué hace mientras Rajoy? Obligar el jueves a la banca a darles 1.200 millones con nuestro aval para que sigan gastando y mintiendo, mientras asfixia a las Fuerzas Armadas -menos elogios, Majestad, cuando las dejáis inoperativas para que la casta política mantenga el despilfarro- y recorta en Sanidad y gasto social.

Referéndum inmediato sobre el sistema autonómico
Por ello, repito lo dicho al principio: hasta aquí hemos llegado. O acabamos con la casta política o ésta acaba con nuestras familias y nuestro futuro. Así de claro y dramático. Fíjense en el Congreso o en el Senado, órgano inútil, que se niega a ahorrar un solo céntimo mientras piden austeridad con una desvergüenza pasmosa. O la alcaldesa de Madrid, con 1.500 asesores y 137 coches oficiales, dado que todos los concejales tienen uno, y pretende recortar… ¡10 millones de euros! O la Comunidad de Madrid, definida como el “ejemplo de austeridad a seguir”, que mantiene el mismo nivel de gasto que en 2011 y cuyo déficit se incrementa en un 80%, de 1.435 a 2.583 millones. O Cataluña, donde el despilfarro y la corrupción alcanzan tales niveles que convierten los casos acaecidos en el resto de España en una broma. Hasta las subvenciones de la UE a los agricultores y el dinero de las infraestructuras se las queda la casta política para pagar embajadas y televisiones, coches oficiales y oficinas de lujo.

Pero, sobre todo, fíjense en los gigantescos tentáculos de la clase política en comunidades y ayuntamientos, donde han colocado a dedo a dos millones de amigos y parientes, entre empleados públicos y asesores. La misma casta política que ha aniquilado sin piedad a decenas de miles de pymes y a cientos de miles de autónomos (33.000 solo en 2011) porque no les pagan (deben más de 70.000 millones de euros a proveedores), condenando a millones de españoles productivos al paro para que sus enchufados, totalmente improductivos, puedan seguir comiendo la sopa boba.

En conjunto, un despilfarro de 120.000 millones de euros año, 34.000 de los cuales se disuelven en duplicidades y el resto en despilfarro absolutamente innecesario. Esto no es todo: las siete cajas intervenidas por el BdE, cuyo deber era cerrarlas, necesitarán más de 40.000 millones de dinero público. Y eso para empezar, pues solo representan el 10% del total. El “banco malo” incrementaría la deuda de España en 104.000 millones. Ninguna nación puede sobrevivir con tal grado de irresponsabilidad.

Todo lo anterior solo tiene una salida democrática. Convocar de inmediato un referéndum para la supresión del sistema autonómico. No adaptar, ni optimizar, esto tiene que acabarse de raíz. Para convocarlo se necesitan 500.000 firmas. Rosa Díez las sacaría con mover el dedo meñique. Si se consigue, ni Rajoy, ni Rubalcaba, ni su Majestad, aunque lo intentarán, podrían impedirlo si la gente sale a la vez a la calle. Y el resultado del referéndum sería aplastante contra el sistema autonómico. ¿Qué lo sustituirá? Pues cualquier sistema democrático actual, ninguno de los cuales se asemeja a este engendro. Recojo dos posibilidades, que podrían constituir una segunda pregunta del referéndum: centralismo descentralizado tipo Francia, o Estado federal, tipo Alemania. Cualquiera serviría. Fuera de esto, España no tiene salida. Y quien no sea capaz de movilizarse para defender el futuro de sus hijos, merecerá lo que le pase

martes, 3 de enero de 2012

Algo huele a podrido en las medidas de Rajoy

Por S. McCoy
Publicado en Cotizalia (03/01/2012)

"McCoy se ha vuelto loco”. En no pocas ocasiones he oído ese mantra tras el post que publiqué a bote pronto nada más conocer el gobierno de Mariano Rajoy, en esa rueda de prensa sin preguntas del 21-D que evoca tiempos nefastos, viva la democracia. La tesis central era doble:

Por una parte, es casi imposible la regeneración democrática del país de la mano de nuevos ministros que, en su mayoría, llevan toda la vida instalados en despachos oficiales y/o en la política, algunos de forma continua, otros con interrupciones. La aparente solidez de los activos humanos elegidos –aunque para ese viaje, no hacían falta las alforjas de tanto misterio, la verdad- no solventa el riesgo cierto de italianización de nuestra democracia, entendida como desapego entre gobernado y gobernante. Sucede que lo que para los ciudadanos son privilegios, para ellos beneficios corrientes asociados a su desempeño. Las medidas del viernes, ausentes de referencias al despilfarro y la duplicidad administrativa, serían la primera prueba del nueve de ese talante, a la espera de acontecimientos futuros. Pueden leer a Roberto Centeno sobre el particular. O la noticia de Alberto Mendoza hoy sobre el mantenimiento de comisiones parlamentarias pese al recorte de ministerios.

Por otra, la ausencia de una jefatura económica única, y la diseminación de sus competencias en cuatro ministerios, auguran problemas de mensaje en un momento en el que la unidad de discurso, de cara fundamentalmente al exterior, es esencial. Un error garrafal de la legislatura Zapatero que no se corregía con el cambio de signo, hasta el punto de mantener la separación de ministerios de manera prácticamente idéntica, salvo la extraña fusión de Hacienda con Administraciones Públicas. Ya se ha visto en los primeros días de gobierno, con los roces entre De Guindos y Montoro, mientras que la supuesta asunción de tal rol por el presidente es, de momento, inexistente. Sirva como ejemplo la rueda de prensa del viernes pasado.
Una comparecencia extraña, por el número de ponentes y, sobre todo, por el contenido de las primeras iniciativas del gobierno, que suponen una flagrante vulneración de una de sus promesas electorales estrella: la renuncia a la subida de impuestos en aras de salvaguardar el crecimiento económico español. Es tan llamativo el incumplimiento que, tal y como nos recordaba ayer Antonio España, solo se puede entender desde la perspectiva de que no haya un euro en la caja y sea necesario tirar de las retenciones a cuenta para que la maquinaria siga funcionando. Susto o muerte. Pues casi prefiero…
Sin embargo, aunque fuera esa tan dramática causa, algo huele a podrido en el anuncio. Si podía resultar exagerado el titular que usamos en su día sobre las mentiras de Rajoy y sus servidumbres, ahora que obras son amores parece claro que no estaba tan lejos dicho encabezamiento de las intenciones últimas del personaje, que poco ha tardado en pasarse por el forro su propio ideario en el más puro dos años para legislar con sangre, dos para sanar las heridas del electorado. Porque el conjunto de extrañezas es notable. Veamos si no.

1.Existe una cosa que se llama Intervención General del Estado que pone de manifiesto, en tiempo récord, una desviación en el déficit de 20.000 millones de euros. Tratándose como se trata del auditor interno de la Administración, responsable de velar por que la información suministrada sea fiable, o antes no había hecho bien su trabajo o es ahora cuando patina y, por tanto, alguna cabeza debería rodar. Su celeridad cuando el próximo Informe Anual que dará a conocer será el correspondiente al ejercicio... 2009 llama la atención. Salvo que demos por válido que su independencia es un chiste y queda sujeta al interés propagandístico del gobierno de turno. Lo que nos lleva al punto uno de las críticas al nuevo ejecutivo: ¿dónde queda la regeneración?

2.Puede ser que tal ejercicio raudo de descubrimiento de agujeros contables se deba, precisamente, a la inestimable colaboración de las comunidades autónomas como principales responsables de su origen. Unos entes que, bingo, están en su gran mayoría en manos del Partido Popular desde las elecciones locales y regionales del pasado mes de mayo. Es factible creer que había un conocimiento previo de ese 2% fantasma que acaba de aparecer y, por tanto, la certeza de la necesidad de actuar sobre él. Otra cosa sería el cómo, que en cualquier caso requeriría de medidas tributarias... al alza. El discurso electoral habría sido, por tanto, un paripé destinado a captar votos en el que la verdad se convierte en instrumento de uso a voluntad en función de los acontecimientos. Nada cambia.

3.Sorprende que el fruto de tantos meses de reflexión, en los que lo menos que se podía exigir a Rajoy era tener un mapa claro de la situación y sus potenciales remedios, sea un castigo como éste a las clases medias, las únicas que no pueden escapar a la acción fiscal de la Administración. Se empieza por ahí y se acaba como en Argentina. Me pregunto si el gallego se habrá parado a pensar en que hay 250.000 millones de euros en España que eluden el pago de impuestos, economía sumergida, y que los 6.000 y pico millones previstos de ingresos adicionales por IRPF o IBI apenas suponen un 2,5% de esa cantidad. El riesgo-rendimiento de invertir en tecnología, cruce de datos, y recursos humanos para luchar contra esa lacra parece enorme. Y, sin embargo, se ha limitado a no congelar la contratación de funcionarios en estas áreas. En fin.

4.Por último, si la situación es tan dramática como para justificar unas propuestas como las aprobadas el pasado viernes -la cara del menos-político-de-todos De Guindos durante toda la comparecencia era un poema-, lo lógico hubiera sido que compareciera quién se ha echado la economía a sus espaldas y está obligado a, uno, responder ante sus votantes y el resto de los españoles del porqué del quebranto de su ideario pre electoral y, dos, apelar como presidente al sacrificio conjunto en aras del bien común, sin referencias a un ámbito temporal dudoso y desde la convicción de que, si esto es el inicio del inicio, como dijo Soraya, los ciudadanos tienen que saber a qué se enfrentan. Mariano dio, sin embargo, la callada por respuesta. No parece buena receta, para alentar el consumo y crear empleo, recortar poder adquisitivo y meter miedo. Salvo que, y volvemos al principio, la estrategia de la amenaza tenga como objetivo reforzar el papel del estado, con sus prebendas y privilegios, frente al ciudadano.En fin, veremos cómo avanza la cosa. De momento, en las pocas iniciativas gubernamentales prima la conveniencia frente a la consistencia. Desgraciadamente. Estamos al comienzo de un camino muy largo pero que empieza de manera sorprendente. Esperemos que tal estupefacción sea la excepción y no la norma. Si se subsidia al improductivo y se salvaguarda al que usa paraguas societarios, mal vamos. Juan Español bastante tiene con lo suyo. Con los bienes de primera necesidad afectados por el repunte de las materias primas agrícolas y energéticas, el precio de sus activos físicos y financieros por los suelos, sus deudas elevadas y sin posibilidad de refinanciación y un horizonte laboral incierto, esperar que dé alegría a su cuerpo Macarena es casi un imposible. Confiemos ahora en las reformas estructurales, aunque uno empieza a pensar si no es mucho confiar…

jueves, 22 de diciembre de 2011

Los apoyos de Rajoy

Editorial de El País (21/12/2011)
Mariano Rajoy fue elegido ayer presidente del Gobierno con los votos de su partido y el único refuerzo de los diputados de UPN y el Foro Asturias, hasta sumar 187. Votaron en contra, además de los socialistas, IU y UPyD, todos los partidos nacionalistas menos el PNV, Amaiur y Coalición Canaria, que se abstuvieron.

El rechazo más llamativo fue el de CiU (16 escaños), partido que tiene acuerdos con el PP en decenas de municipios y en la Diputación de Barcelona, dio vía libre con su abstención a los Presupuestos de la Generalitat de 2011 y está negociando su respaldo a los de 2012, que se presentaron ayer. La sintonía entre Duran y Rajoy respecto a las medidas económicas hacía prever al menos una abstención nacionalista; sin embargo, la falta de receptividad de Rajoy a las principales demandas de CiU en financiación (pacto fiscal y pago de cantidades pendientes) inclinó el voto hacia el no.

Puede ser un signo de la diferencia entre tener o no mayoría absoluta. Rajoy desea, y tal vez necesite políticamente, legitimar sus medidas de ajuste con el respaldo de otras formaciones; CiU era el candidato más obvio a prestar ese servicio, pero Rajoy no está agobiado por el temor a quedar en minoría y además cuenta con la negativa percepción por la opinión pública española de los acuerdos con los nacionalistas en las dos últimas legislaturas. Pero un síntoma de la crisis política actual es precisamente la distinta percepción de ciertas cuestiones en Cataluña (y en Euskadi) y en el conjunto de España.

El portavoz del PNV invocó esa diferente visión para reclamar la implicación del PP en el proceso de fin definitivo del terrorismo, cuyos rescoldos persisten, dijo, en forma de intimidación en las pequeñas localidades. Erkoreka obtuvo el compromiso de Rajoy de considerar al PNV interlocutor permanente sobre esa cuestión. Algo que no consiguió Amaiur pese a su abstención (explicada por uno de sus diputados como desinterés).

Su portavoz, Iñaki Antigüedad, habló del "conflicto político", sin citar a ETA, y Rajoy le respondió recordando los asesinatos de la banda en víspera de las anteriores elecciones; y frente a la afirmación de Rajoy de que toda idea es defendible si se hace por medios democráticos, el portavoz recordó que la secretaría general del PP había excluido de la ronda de contactos previos a la investidura a Amaiur por defender "proyectos que no caben en la Constitución". Fue un intercambio en tono grave pero sin estridencias. Antigüedad dijo a la salida que su formación defiende que el cambio de marco solo será planteado si hay una mayoría clara a favor, lo que excluye la imposición. Pero no respondió al emplazamiento sobre la disolución de ETA.

Una conclusión del debate de ayer fue que la mayor representación de los partidos nacionalistas (y otros minoritarios) no aumenta su influencia política en situaciones de mayoría absoluta. La experiencia también dice que esa mayoría es a veces un blindaje que impide percibir lo que ocurre fuera del Parlamento.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Hablemos del Rey: lo que nadie cuenta del caso Urdangarín

Por S. McCoy

Publicado en El Confidencial (15/12/11)

Hay en España una confusión generalizada entre los derechos adquiridos por la Corona por mor de su papel en el proceso de transición democrática y sus obligaciones frente a unos ciudadanos que, en definitiva, son los que sostienen económicamente la institución con sus impuestos. Hasta ahora el reconocimiento popular ha ido acompañado de un extraño velo de silencio sobre las vida ordinaria y las finanzas de la familia real. El hecho de que tal opacidad se tenga que quebrar más de 30 años después por la aparición de un yerno presuntamente trincón, o “no ejemplar” en términos estrictamente monárquicos, “manda huevos” que diría el ínclito Trillo.
Hay que entender tal complacencia ciudadana en el recuerdo del 23-F y en la bonanza económica que ha acompañado a España en los últimos años. Nunca más. Nuestro sistema político está más que consolidado y el crecimiento de los miembros de la realeza puede devenir, si no lo ha hecho ya, en un proceso de degradación a los ojos de la opinión pública similar al de otras naciones de más extensa tradición real. Acotar, por línea directa y colateral, la pertenencia oficial a la Casa, euros incluidos, se trata de una decisión oportuna y acertada. Indispensable a todas luces.
Más. Vienen, en palabras del propio Rey Juan Carlos, “tiempos muy duros”. La doble dimensión del previsible ajuste presupuestario -recorte de gasto superfluo, por un lado, y eficiencia y transparencia en la gestión del indispensable, por otro- debería tener su reflejo igualmente en Zarzuela. La anunciada auditoría de las cuentas de palacio es también una iniciativa en la dirección adecuada, si bien está por ver la extensión y profundidad de la misma. Es hora de que las cosas se hagan bien. Deberíamos exigir colectivamente que así fuera por el bien de la institución e, incluso, de la democracia en estos momentos de especial dificultad.

De aquellos barros vienen estos lodos
Hechas estas reflexiones sobre el absurdo antes y el deseable después del Caso Urdangarín en la Monarquía Española, merece la pena reflexionar sobre cómo se llega a esta situación. A primera vista resulta, cuando menos, sorprendente el aparente desconocimiento del Jefe del Estado sobre la actividad de su hijo político, tu quoque, Brute. Saber que tu subsistencia depende del apoyo popular debería haber conducido a una vigilancia obsesiva de cualesquiera riesgos que puedan poner en peligro el papel que ejerces, sea a través de los servicios secretos del Estado o del uso de medios privados a tal fin. Aparentemente, no ha sido así, al menos en el caso que nos ocupa. ¿Seguro?
Igual que la Casa Real se empeñó en ocultar el pasado, público y notorio por su condición periodística, de Leticia Ortiz, o de atajar la rumorología varía que nació a raíz del ictus sufrido por Jaime de Marichalar, pasó por encima de la intensa, y potencialmente delictiva, labor institucional del marido de la Infanta Cristina. Raro. Era metafísicamente imposible que no recibiera referencias a diestro y siniestro dada su convivencia estival con el todo Mallorca, uno de los orígenes del escándalo, y su trato con muchas de las empresas que pagaron los servicios al ex deportista de elite. Resulta sospechoso que solo actuara cuando el foco, parlamentario primero y de los medios después, se encendiera sobre el asunto.
Lo cual da que pensar. Como también el hecho de que el propio Urdangarín se haya sentido “indignado” por el tratamiento recibido. Hay que recordar que la indignación es una reacción contra y usada, en el ámbito 15-M del vocablo, por quienes se sienten represaliados en sus derechos o statu quo adquiridos. Bien. La interpretación más aventurada, piensa mal y acertarás, que se puede hacer a tal reacción del yernísimo es que no ha hecho nada que no fuera “habitual” o “corriente” en su círculo de convivencia. De ahí la falta de pudor al meter su esposa y al secretario personal de ésta en el fregao, ambos con línea más que directa con papaíto. Tal desfachatez asusta. Y la indiferencia del monarca hasta que salta la liebre, también. ¿Entonces?

Leyendas urbanas que hay que desmontar
Con el paso del tiempo ha entrado en la categoría de leyenda urbana el papel de intermediación jugado por don Juan Carlos en operaciones comerciales, primero con Oriente Medio y más recientemente con las Repúblicas Caucásicas, donde goza de un reconocimiento popular sin parangón, superior incluso al de algunas regiones españolas. Presencia silenciosa pero constante. Una actividad institucional propia, por otra parte, de su cargo y, por tanto, de carácter intrínsecamente gratuito. Al menos, así tendría que ser. Si por razones propias de la condición humana, miedo obsoleto a un nuevo destierro o pura codicia personal, ha puesto precio a esa llave empresarial, aparte de suponer una conducta inaceptable, queda automáticamente deslegitimado para cualquier objeción a comportamientos similares de terceros de su entorno. No debe ser así, ¿no?, porque lo ha hecho.
En efecto, ambas partes se han apresurado a poner un cortafuegos que evite que salgan chamuscados de esta historia. Excusatio non petita, accusatio manifiesta es aforismo generalizado en derecho. ¿Era necesario que el balonmanista desvinculara a la Casa Real de su actividad?, ¿por qué? Por otra parte, la exclusión familiar de Urdangarín antes incluso de que exista una sentencia firme sobre sus actividades no deja de ser un hecho sorprendente. El juicio sumarísimo del Rey, basado en no se sabe qué información propia, pone al yerno a los pies de los caballos judiciales y solo se puede entender desde el miedo a su impacto a la institución o… a su persona, de forma directa en el caso que nos ocupa o escalada, revelación de prácticas corrientes de Su Alteza. Un alejamiento, por cierto, que llega tarde. Esta vela ya no se puede ocultar debajo del celemín. Se ha abierto, afortunadamente, la caja de estos truenos.

Toda crisis es una oportunidad. La actual ha puesto de manifiesto los excesos de una España narcotizada por su ilusorio sueño de riqueza. El despertar está siendo brutal. La casa patria estaba construida sobre pilares de barro. Es hora de tirar abajo buena parte de su estructura y levantarla de nuevo de acuerdo con la realidad económica y social del país. Todo es susceptible de ser cuestionado. Incluido ese elemento aglutinador que ha sido durante mucho tiempo la Corona, alejada ahora del querer de las nuevas generaciones para preocupación del heredero. Como el resto de los poderes del joven estado democrático español, ha de decidir qué quiere ser de mayor ahora que sus miembros crecen y su actividad se cuestiona. Porque está en juego su futuro, debe limpiar, de ser necesario, su pasado. Si no, su condena social es inevitable. Se equivocan los palmeros reales: es hora de derribar muros de transparencia, no de apuntalarlos. Ahí queda.

martes, 13 de diciembre de 2011

El "matón" alemán

Publicado en La Voz de Cádiz (13/12/11)
Fue como si tronase la voz de la conciencia de Alemania. El excanciller Helmut Schmidt, de 92 años, tuvo que ser quien pusiera en la picota la política de Angela Merkel y denunciara el ‘diktat’ de Berlín en Europa.
El veterano mandatario que no intervenía en un Congreso del partido socialdemócrata (SPD) desde 1988, lo hizo el pasado domingo desde su silla de ruedas con un discurso de una hora titulado “Alemania en, y con, Europa”. Su mensaje fue claro y rotundo: un “espíritu nacionalista de matón alemán” está destruyendo la Unión Europea de cooperación y solidaridad que plantearon sus fundadores. Sus palabras, sin embargo, no tuvieron ningún eco en la cumbre de Bruselas del viernes, en la que las exigencias alemanas pusieron las bases para una Europa de varias velocidades con alumnos aventajados (los países del euro que aceptan un rígido corsé fiscal), ‘pelotón de los torpes’ (no están en el euro pero tratan de engancharse al nuevo Tratado) y expulsados de la clase (con el Reino Unido a la cabeza)
Schmidt alertó contra los intentos de dar forma a una Europa alemana que provocará la “inmediata reacción" del resto de las naciones y recordó el sentido histórico primigenio de la UE: evitar la atracción belicista del continente y amarrar a una Alemania temida. La Historia europea, dijo, “seguramente mantendrá aun por muchas generaciones una desconfianza latente contra los alemanes” debida a las múltiples ocasiones “en las que hicimos sufrir a otros bajo nuestra posición de poder central”. Según el político socialdemócrata “quien hoy no entienda ese motivo original, no podrá resolver la actual crisis europea”.
El excanciller defendió la idea de que la crisis actual solo se puede resolver desde la unidad y exigió la necesidad de tener “un corazón compasivo para con nuestros vecinos y socios y sobre todo con Grecia”. En este sentido recordó cómo “el desarrollo alemán desde la posguerra no habría sido posible sin la ayuda de las potencias vencedoras, sin la integración en Europa y en la Alianza Atlántica, sin la ayuda de nuestros vecinos y sin el fin de las dictaduras comunistas”.
Por si quedarán dudas de su rechazo a la política de Merkel, Schmidt hizo una alusión directa y concreta al Gobierno de Merkel: “Quien ahora da a entender que en el futuro se hablará alemán en Europa, cuando un ministro de Asuntos Exteriores declara que las visitas a Kabul o a Trípoli… son más importante que el contacto político con Lisboa o Madrid y Varsovia, o cuanto otro dice que hay que evitar una unión de trasferencias, todo eso no es más que espíritu nacionalista de matón alemán”.
En estos momentos en los que solo se atiende a cuestiones economicistas y en los que los tecnócratas parece tener carta blanca, el anciano político rememoró al más importante filósofo alemán vivo, Jürgen Habermas, y suscribió su advertencia de que “por primera vez desde la fundación de la UE, la democracia está en peligro”. Cinco días después los hechos le daban la razón y en la cumbre de Bruselas se vio cómo las principales instituciones europeas con el Parlamento a la cabeza quedaban relegadas por el atajo de una toma de decisiones entre los Gobiernos.
El Tribunal Constitucional Merkel y más concretamente el Tribunal Constitucional alemán consiguieron imponer su idea de gobernanza económica: control y disciplina presupuestaria junto a estabilidad monetaria y sanciones para los incumplidores. El crecimiento vendría por añadidura. Schmidt opina por el contrario, como los Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman, que si Europa quiere salir de la crisis debe actuar unida, pero no con políticas de deflación y ajustes sino con la financiación de proyectos de crecimiento, sin los cuales no es posible que ningún Estado sanee sus cuentas públicas y se libre del lastre de la deuda.
La canciller se mostró muy satisfecha de los resultados de la cumbre al imponer sus criterios con un mínimo de concesiones. Sin embargo, los países de la periferia, incluido España, siguen sin ver claro su horizonte, incluso si aplican la medicina de caballo de ajustes y ahorro. Los mercados volverán a ser este lunes los jueces de lo pactado en Bruselas y darán la razón a quienes, como Schmidt, consideran que mantienen como rehenes a los responsables políticos, incapaces de una acción común y solidaria. Solo cabe esperar que no se cumpla el epitafio de una viñeta de El Roto: “al grito de ‘sálvese quien pueda’ se ahogaron todos”.

El apocalipsis sanitario llama a la puerta de España

Por S. McCoy

Publicado en Cotizalia (13/12/11)

“España está en peor situación que Grecia cuando Roche decidió dejar de suministrar medicinas a través del canal hospitalario para hacerlo en exclusiva por medio de las farmacias. La firma suiza, harta de la mora de la sanidad pública, prefirió la seguridad del pago anticipado de los minoristas a seguir acumulando saldo acreedor con el Estado. Trasladó de este modo el problema del cobro a los farmacéuticos. En nuestro país, este colectivo se encuentra completamente asfixiado, sin visos de percibir lo que se les debe. No podría asumir tal carga adicional. No sé... O se da prioridad a este problema o nos podemos encontrar, más antes que después, con que la necesidad de subsistencia económica de las compañías pasa por encima de su obligación moral de proveer medicamentos a los usuarios. Adiós suministro adiós. De materializarse, podría ser el acabose… No lo pierdas de vista, McCoy”.

Quien esto comenta es una persona cercana a la desesperada industria farmacéutica española, formada por multinacionales extranjeras (85%) y productores locales (15%). Acumulan una deuda en hospitales y ambulatorios, un tercio de su facturación total, de 5.800 millones de euros. El retraso medio del pago se sitúa ya por encima de los 450 días; en algunos centros concretos pasa de los 1.000. “Antes había desembolsos puntuales. Ahora ya ni eso por lo que la bola de nieve puede crecer de manera exponencial en un proceso similar al de otros déficits como el eléctrico”. Glaps.
Una situación que ya ha tenido su impacto en términos de empleo, con destrucción de cerca de 5.000 puestos de trabajo en los últimos doce meses de un total de 40.000, e inversiones, ya que a la presión financiera se une la reducción de los márgenes derivada del fomento del uso de los genéricos y de la fijación de precios menores o de referencia. En un momento en que la población envejece, la facturación agregada cae a ritmos cercanos al 10% anual salvo para los que se centran en principios activos de uso corriente o patente expirada y, por tanto, amortizada. No hay que olvidar que la ratio es de un producto de éxito por cada 10.000 intentos.

“Al final se nos llena la boca con la necesidad de innovación. Pero si había alguien que lo hacía en España era nuestro sector que suponía el 22% de la I+D+i industrial, con crecimientos anuales cercanos al 20%. Una parte de la investigación pública se hacía de la mano de empresas privadas, en proyectos conjuntos que generaban un círculo virtuoso de excelencia, salud y desarrollo social. Sin embargo, las sucesivas medidas que se han ido aplicando desde el gobierno socialista han cercenado cualquier posibilidad de que siga siendo así. Al final son las divisiones locales de los gigantes internacionales las que pelean entre ellas por hacerse con los recursos de las matrices. Y algunas acumulan aquí impagos por encima de los 1.000 millones, cantidad que supone hasta el 50% de los cobros pendientes del grupo. Para más inri, esta deuda no se puede transmitir ni provisionar dada la solvencia teórica del acreedor. Fuera alucinan. Nos han puesto la cruz”.

Prima una sensación de cabeza de turco por no haberse querido abordar desde la Administración el problema del sobredimensionamiento del sistema sanitario. No en vano comenta mi interlocutor que “como regla de tres, cada inversión hospitalaria que se realiza genera anualmente unos gastos recurrentes equivalentes al coste inicial, entre partidas directas (pagos corrientes, mantenimiento y similares o amortización) e indirectas (mayor uso ciudadano por la cercanía). Ahora es peor aún, pues en el diseño ha primado el tratamiento a los pacientes agudos, a través de la generalización de unos servicios de urgencia con todas las especialidades no caros sino lo siguiente, frente a los crónicos, que son mayoría, hasta 19 millones en España en una proporción de 6 a 1 frente a los enfermos puntuales”.

Un modelo genera extraordinarias duplicidades y terribles ineficiencias y cuya abundancia y gratuidad aleja al usuario de cualquier tipo de corresponsabilidad. Y eso que el copago apenas supone el 7% en España frente al 15% de la media comunitaria, cuando su carácter disuasorio está más que probado. “Antes que asumir errores, mejorar la estructura o la coordinación, o tocar el bolsillo del votante, la política ha sido apretar a los proveedores. Y a estos ya no les llega la camisa al cuello. El mundo está cambiando y no somos el centro del universo. Hay muchos mercados a los que llegar y existe un coste de oportunidad para muchas firmas de estar en la Europa Periférica…” Cuidado.

¿Hay solución? Of course, my darling. Aparte de lo ya mencionado, racionalización en tamaño y uso, las reivindicaciones de mi fuente son más de lo mismo, de común aplicación a otros sectores. Establecimiento de un marco regulatorio estable para hacer frente a uno de los peores legados del zapaterismo: la inseguridad jurídica; sensatez presupuestaria con ajuste de las distintas partidas a la realidad del país; calendario de pagos o posibilidad de titulización y salida del balance de las compañías afectadas de la deuda acumulada; fijación de tasas finalistas con implantación del céntimo sanitario y así sucesivamente.

Sea como fuere, el problema asusta. La posibilidad de un cierre del chorro farmacéutico es real. No en vano Novo Nordisk dejó ya de suministrar insulina en Grecia. Impossible is nothing en el momento actual. En las necesidades primarias de la Pirámide de Maslow aparece en lugar destacado la salud. Hay cosas con las que no se juega. Si queremos salvar el sistema hace falta política, buena política, pero también, o sobre todo, ética que ponga fin al abuso y al derroche de profesionales y ciudadanos. Nos va demasiado en ello. Tomen nota

lunes, 5 de diciembre de 2011

El futuro de España se juega en la cocina de la UE

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (05/12/2011)

En vísperas de una decisiva Cumbre Europea (8-9 diciembre) la política nacional vuelve a pasar por Bruselas. Si los conflictos dinásticos y las guerras de otros tiempos determinaban el destino de Europa en España, ahora es al revés. Los españoles se van de puente mientras se cocinan los acuerdos en las principales cancillerías de la UE. No consta la presencia de España en esos centros de decisión, con un presidente que se ha ido y otro que no ha llegado. También es mala suerte.

Por intentarlo que no quede. Dos sherpas de Rajoy, uno diplomático, otro económico, Jorge Moragas y Alvaro Nadal, acaban de viajar a Paris. Su entrevista con funcionarios del Gobierno francés ha generado back ground para el discurso que su jefe pronunciará en Marsella ante los líderes conservadores europeos (PPE), convocados en vísperas de la Cumbre. Además está previsto un encuentro de nuestro próximo presidente con el secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, que viene a reñir a los gobernantes europeos por su incompetencia en la crisis de la deuda. Y, por supuesto, la modélica complicidad de Zapatero y los ministros en funciones con el equipo de Rajoy, a fin de consensuar la posición de España en la Cumbre del jueves-viernes. Poco más, salvo las fotos de Rajoy con Angela Merkel y con Nicolás Sarkozy que ilustran la prensa nacional estos días. Fotos de archivo, se entiende.

Mientras, tan lejos y tan cerca, el lobo enseña las orejas. Miedo documentado a que la UE reviente. O que la moneda única desaparezca. Menos lobos. Se hará de la necesidad virtud. La necesidad es la agobiante crisis de la deuda y la lamentable imagen que está proyectando al mundo una Europa “incapaz de proteger a los europeos frente a la incertidumbre”, como dice Javier Solana. La virtud sería el alumbramiento de una Europa más integrada, no solo por compartir moneda. Eso significa el proceso de reinvención abierto por las dos grandes potencias de la centralidad europea, Alemania y Francia. Con la hábil y sobrevenida incorporación de la Italia de Monti al secretismo de la reunión celebrada por Merkel y Sarkozy el pasado 24 de noviembre en Estrasburgo, aunque nos hacemos una idea de lo que se ventila, entre lo urgente y lo importante.

Lo urgente es romper eso que Juan María Nin, director general de la Caixa, suele llamar “el bucle de la desconfianza” (Sin confianza no hay crédito, sin crédito no hay crecimiento y sin crecimiento no hay confianza) mediante inyecciones masivas de liquidez en los circuitos interbancarios. Algo que ya empezó a hacer una sindicación de los grandes bancos centrales, con el BCE entre ellos. La manguera puede alcanzar también a los Estados (deuda soberana) a través del FMI. En eso están.

Junto a lo urgente está lo realmente importante. Pero eso va para largo porque pasa por la reforma de los tratados (tesis germana, matizada por los franceses). U otras formulas más rápidas como un acuerdo entre gobiernos (tesis francesa, matizada por los alemanes) o la modificación de algún protocolo concreto, que se podría estar abriendo paso, según ciertas fuentes. Atentos a la pantalla.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Siete razones por las que no arde la calle en España

Por S. McCoy
Publicado en Cotizalia (02/12/2011)

Ayer tuve una interesante comida de emprendedores a la que me invitó mi buen amigo Marc Vidal. Para quienes no le conocen se trata del prototipo de pesimista, en su definición tradicional de “optimista bien informado”. Y es verdad. Ha hecho del emprendimiento la guía de su actividad profesional desde el inicio de la crisis, tratando de buscar la arista positiva a ese abrupto ajuste de expectativas personales, económicas y sociales por las que está pasando cada uno de los habitantes de esa piel de toro llamada España. Marc es de los que piensan que antes o después la calle estallará en nuestro país. Y se pregunta por qué aún no lo ha hecho. Se me ocurren, a bote pronto, hasta siete razones distintas que me dispongo a compartir con todos ustedes.

Este es un post colectivo, de esos que caracterizaron los inicios de Valor Añadido. Como les comentaba, mi aproximación a esta cuestión, que flota permanentemente en el aire de una nación que sufre un 22,8% de paro según el Eurostat, es rápida e intuitiva. La suya, querido lector y/o miembro del foro, vendrá precedida por el marchamo de su experiencia personal. Mejor.

Sea como fuere, convengo con Marc en que el statu quo es muy frágil y que la quiebra de cualquiera de los factores que subrayaré a continuación puede ser la mecha que encienda la llama de una contestación pública que dé la puntilla a la confianza, a la inversión y al flujo de fondos a nuestra economía. No se trata, por tanto, de un asunto baladí y más nos vale a todos que, antes de que tal hecho se produzca, logremos enderezar el rumbo de esta nave colectiva por medio del compromiso, el sacrificio y la responsabilidad, elementos individuales indelegables.
No me enrollo más. Les dejo con esos siete puntos en la esperanza de que generen un debate provechoso y constructivo. Buen y largo, para quienes lo disfruten, fin de semana a todos.

1.Dimensión de la economía sumergida. Se trata de la razón más manida. Desde los círculos oficiales se reconoce que alcanza al 25% del PIB nacional. Una de cada cinco transacciones –el 25% del 125%- se realiza fuera del sistema, escapando a la acción directa e indirecta del fisco. Las chapucillas permiten complementar los ingresos asistenciales del estado o los oficiales de la empresa privada. Su tolerancia es una de las paradojas de un país que exige servicios a la vez que convierte en héroes a quienes se niegan a contribuir a su financiación. Al afectar al trabajo menos cualificado, justificaría el porqué esa juventud en la que solo uno de cada dos miembros cobra una nómina no se rebela: quien más quien menos algún ingreso tiene. La picaresca, entendida como espíritu de supervivencia. Va en el ADN patrio, para bien pero también para mal.
2.Protección familiar. Pese a los denodados esfuerzos de Zapatero por socavarla, la familia sigue siendo uno de los pilares esenciales de nuestra sociedad. No solo es el puerto donde tradicionalmente encuentra refugio el español en tiempos de tormenta, sino que sus diques se han visto reforzados por una década de acumulación de riqueza, la inmediatamente anterior al estallido de la crisis, sin precedentes desde el tardo franquismo. Otra cosa es el papel jugado por la deuda en su probado carácter ilusorio pero lo cierto es que, quien tenía dinero y no perdió la cabeza, pudo hacer mucho más en esos años. Se ha producido y se sigue produciendo una importante transferencia de renta de padres a hijos que permite aliviar la difícil situación a la que se ven abocados muchos conciudadanos.
3.Tipos de interés bajos. España es un país extraordinariamente endeudado, más en el ámbito privado que en el soberano, pese a que es en este último donde tienen puesto su foco los mercados. Pues bien, la amenaza de recesión ha conducido a una política monetaria de bajo precio del dinero que se prevé escriba nuevos capítulos en el futuro inmediato. Y aunque es verdad que la referencia hipotecaria principal, el Euribor, ha repuntado recientemente de la mano de la tensión en el interbancario, se mantiene en niveles reducidos, aliviando la carga financiera de muchos deudores. Otra cosa son el valor de la garantía, la liquidez de la misma, la existencia o no ya de renta disponible, o la injusticia de la responsabilidad patrimonial universal por las deudas, harinas de otro costal. De momento la entrega de inmuebles por imposibilidad de hacer frente a las cuotas se ha producido de manera residual, siendo cada caso una tragedia en sí misma, claro está.
4.Generoso sistema asistencial y amplio estado del bienestar. Los últimos datos ponen de manifiesto que existen millones de familias en nuestro país en la que la mayoría de sus miembros no trabajan y que, además, no tienen derecho ya a percibir prestación alguna. Frente a esta tremenda situación, la realidad es que el sistema de protección en nuestro país, con el salario social asociado al mismo, incluida su correspondiente cuota de fraude, puede llegar a desincentivar la búsqueda de empleo. Es la tragedia de un sistema que paga sin tener en cuenta la voluntad o no del receptor por paliar su situación, a través del establecimiento de baremos como cursos o rechazos a puestos de trabajo. Ocurre que familias con todos sus miembros en paro perciben unos ingresos más que suficientes para salir adelante, incluso superiores a los que recibirían de volver al mundo laboral. De locos. Además, buena parte de los servicios públicos son universales y falsamente gratuitos -quien no paga de forma directa, lo hace con sus impuestos; si tributa, claro está- o absurdamente subvencionados lo que genera un ahorro para el ciudadano que puede derivar en un abuso, que es precisamente lo que ahora se quiere paliar.
5.Deflación de precios. La lucha por la subsistencia ha provocado que muchos negocios hayan renunciado al margen a cambio de mantener unos niveles de actividad que les permitan aguantar el chaparrón mientras dure. Lo importante es el volumen, lo que provoca un abaratamiento general del nivel de vida. No se me ocurre mejor manera de explicarlo que con un ejemplo. Las noches del domingo en Chez McCoy es Pizza Day. Pues bien, cenamos los siete, dos adultos y cinco niños, por 20 euros, aprovechando las múltiples ofertas de los distintos proveedores de tan colesterólica vianda. Y además te la traen a domicilio. Hay promociones todos los días. Ahora las semanas fantásticas son quincenas y los quince días de ahorro, meses. No entro a juzgar la viabilidad de ese modelo de negocio, cada maestrillo tiene su librillo, pero la realidad es que hay un ajuste de precios a la baja que hace crecer el valor de cada euro (¿he oído peseta?). Los datos de inflación están ligados, paradójicamente, a aquellos bienes distorsionados por el papel recaudatorio del Estado vía impuestos, caso de la gasolina o el tabaco.
6.Globalización y virtualización. Este doble fenómeno, sin parangón en la historia y que constituye un verdadero nuevo paradigma, tiene también consecuencias a los efectos que nos ocupan. El primero multiplica los destinos de salida de la gente mejor preparada que, en muchos casos, concibe su lugar de trabajo de forma mundial. Un hecho que multiplica las oportunidades a costa, eso sí, de descapitalizar humanamente el país. El segundo tiene un doble impacto: uno, abarata el emprendimiento, ofreciendo una salida a quienes no la encuentran en la economía real; y dos, mantiene a la gente “entretenida” gracias al ocio asociado a Internet y a las redes sociales, modo de evadirse de la realidad que le aleja de la calle. La lista de ejemplos de las consecuencias de esta nueva concepción del modelo de relación personal y económico son infinitos.
7.Falta de legitimidad de quien pudiera alentar a las "masas". Por último no hay quien aglutine esa potencial rebeldía. Una de las peores herencias que deja el zapaterismo es haber subyugado a todos los elementos tradicionales de contestación, desde la universidad, pasando por la cultura, los sindicatos o los medios de comunicación, pesebreados en su gran mayoría. La tesis de Marc es que la rebelión surgirá por generación espontánea, dejando en palmitas ese primer conato que ha sido el 15-M. Sin embargo, aunque el contexto social ha cambiado, cuesta creer que un movimiento de este tipo pueda mantenerse en el tiempo, de forma consistente y sin alinearse con tesis paradójicamente trasnochadas, en ausencia de un líder que encauce su actividad. Puede que veamos envites puntuales que pongan a prueba el gobierno, pero una revolución generalizada sin elementos aglutinadores parece menos probable.Ahí quedan esas siete pistas para la reflexión. Ahora, su turno