Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el 11 de Julio de 2013
ESTA mañana, sobre la alomada cresta del Verdugo, señor del gaditano Prado del Rey, se acumulan los buitres. Sólo desagradable en tierra y en los reportajes de La 2, el buitre es bello y majestuoso en vuelo, un vagabundo de grandes espacios que juega con el levante a ver quién llega más alto y más lejos. Las culturas antiguas y tradicionales eran y son ajenas a la repulsión que en Occidente nos suscita: para los egipcios representaba nada menos que la idea de la madre, vaya usted a saber por qué; los persas -nos cuenta Cirlot en su famoso diccionario de símbolos- exponían sus cadáveres en altas torres para que los buitres los devorasen y, de ese modo, propiciar su renacimiento, que ya hay que creer. Finalmente, los hindúes ven en ellos fuerzas espirituales protectoras que sustituyen a los padres -es de esperar que sólo a algunos, modelo Bretón- y los hacen emblema de abnegación y consejo. Ellos sí que saben.
Con tan multiculturales precedentes, no resultaría extraño que en España el buitre fuera siendo liberado de los ignorantes prejuicios que lo estigmatizan y se pueda convertir, poco a poco, en uno de nuestros símbolos tutelares. Basta leer las páginas inmortales de Rafael García Serrano -escritor al que se ha hecho desaparecer de la memoria, como al amor de su vida, la Falange, a fuerza de desprecio y ocultación- sobre los sanfermines de 1936 en su novela Plaza del Castillo, para darse cuenta de que el toro, no la juerga asociada, ya no es lo que era en Navarra ni en parte alguna de las Españas. El águila es hoy ave nefanda entre nosotros, retirada cuando no torpemente picada de escudos y fachadas. En cuanto al león, alegórico durante siglos de la Monarquía hispánica, desapareció justamente como imagen suya cuando ésta dejó de tener el sentido universal y católico que la sustentaba.
La cosa precede al símbolo y lo hace comprensible. Los españoles conocían y reverenciaban a leones, águilas y toros antes de que pueblos y reyes coincidiesen en elevarlos a emblemas superiores de la nación. Los buitres que hoy recrean la vista en Prado del Rey sólo comparten nombre con los que, a la espera del festín de sus despojos, se han adueñado de la bolsa, el honor y la esperanza de España, pero no se necesita más para llevar a las piedras armeras lo que ya está grabado en el alma resignada de un pueblo que ha entregado la cuchara.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
domingo, 14 de julio de 2013
sábado, 13 de julio de 2013
EL TRABAJO BIEN HECHO
Manuel de la Hera Pacheco, 12 de JUlio de 2013
Es muy duro ver a gente que no tiene trabajo, a pesar de su interés por tenerlo. He tenido amigos en esa situación a lo largo de mi vida y cada uno de ellos ha sido una persona herida moralmente y que ha tardado mucho tiempo en recuperarse después de haber conseguido un trabajo, incluso importante e interesante. La falta de trabajo causa daño al ser humano, incluso en aquellos que cuentan con una posición en la que el dinero no es el problema. En realidad, la falta de trabajo para cualquier persona es un daño moral que sufre, además de la carencia de recursos económicos. Eso es más que sabido, pero a pesar de ello cada vez hay más escasez de trabajo; más personas sufriendo por ello.
Voltaire (1694 - 1778) escribió algo sobre esta cuestión y a pesar del tiempo transcurrido y ser muy distintas las condiciones de vida en el mundo, creo que es interesante pensar sobre ello. Voltaire dejó dicho que : " El trabajo aleja tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad ". No andaba descaminado, ni mucho menos, ese personaje que ha dejado huella profunda en la Historia y en el Pensamiento. Cuando una persona no trabaja - aunque tenga un empleo interesante y bien remunerado - se pasa el tiempo sin tener la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho todo cuanto su mente era y es capaz de acometer. Hoy día se dan bastantes casos, por todas partes, de falta de ilusión por hacer algo útil. El aburrimiento personal y el que transmite es sumamente perjudicial.
No quiero tratar los temas del vicio y de la necesidad; ya habrá ocasión en otro momento. Sí quiero insistir en la cuestión de la persona aburrida, de la que es incapaz de sentir el atractivo de tantas y tantas cuestiones que demandan atención y solución. Estas personas se encuentran en todos los niveles y, naturalmente, hacen tanto más daño cuanto más alto sea el puesto que ocupen en la sociedad. No debe ocuoar un puesto de responsabilidad alguien a quien eso de trabajar no le va. Hay quienes creen que tienen perfecto derecho a ese puesto por razones de amistad y hasta de lealtad a determinados principios o personas, pero que no le hablen de trabajo, pues no le gusta trabajar.
Ese tipo de personas hace daño a la sociedad, pues se aburren, no tienen capacidad para plantear cuestiones concretas después de haberlas estudiado detenidamente. Se aburren pero están a gusto con ese mal que padecen y que se transmite a la sociedad. Hoy día hay que estar muy enterado de la misión que debe cumplirse y eso lleva muchas horas de trabajo; toda la vida en el empeño de encontrar la mejor solución a la gran variedad de problemas que se plantean, Siempre hay una Comisión que examina y que pone de manifiesto el poco y mal trabajo realizado por esa persona aburrida. ¿Por qué no se espabila y trabaja a fondo, si es que sabe hacerlo?
No dudo de la existencia de personas de buena voluntad y de amor al trabajo; las :admiro de corazón y me sirven de ejemplo para continuar cada día con algo para hacer, para algo que proporcione salida a la presión del alma, del deseo de ser útil a otros, de iniciar en su ánimo una idea que pueda satisfacer al espíritu de concordia y de trabajo útil para los demás. Gracias a esas personas y a su buen espíritu se mantiene el deseo de trabajar y se trabaja por amor a la función que a toda persona corresponde: la del trabajo bien hecho con amor. Al menos intentarlo de verdad.
martes, 9 de julio de 2013
LA ENSEÑANZA DEL DOLOR
Manuel de la Hera Pacheco, 8 de Julio de 2013
¿Quién no ha sufrido algo en su vida, aunque ésta sea una vida joven, casi incipiente? Desde el nacimiento sufre algo el ser humano por mucha que sea la atención que con él se tenga. ¿Han leído ustedes esa barbaridad llevada a cabo por una madre que lanzó a un sumidero al hijo al que acababa de dar a luz?. Causa verdadero horror el conocimiento de ese hecho; horror y conmiseración porque esa madre ya no podrá olvidar lo que hizo en un momento en que todo su ser estaba dominado por el miedo a la vida. Siempre tendrá en su alma ese momento en el que perdió la sensibilidad materna, abriéndose en aquella una página a la que le dará miedo asomarse, pero que siempre estará abierta.
Cualquier persona que haya leído esa triste noticia habrá recibido, también, una enseñanza acerca de lo que es posible que ocurra en la vida humana; lo que le ocurra a los demás y también, ¿por qué no?, a uno mismo. La asignatura del dolor es la propia vida humana: está escrita y se sigue escribiendo, día a día, con la aportación de todos los seres humanos de todos los tiempos. Con cualquier persona con la que entables conversación se hablará del dolor en alguna de sus innumerables versiones y también de la forma de evitar que ese dolor concreto deje de asolar a la humanidad, aunque sea por un espacio de tiempo que nunca será ilimitado ¿Que ocurre ahora en Egipto y antes en Libia?
Se habla de lo que ocurre en todas partes y que los medios de comunicación nos han puesto al día, pero hay algo que es personal, algo que es la enseñanza del dolor del mundo; tanto de lugares a miles de kilómetros de distancia como de algo muy próximo a lo que se une lo que personalmente se puede sufrir, aunque sea muy pequeño en comparación a esas otras grandes tragedias humanas que cada día son noticia de algo duro y lamentable. Se aprende a sufrir, sufriendo todos esos horrores, más o menos lejanos, y se procura no llegar a caer en los mismos errores que motivaron esas desgracias colectivas. Se aprende a ser personas más responsables con la sociedad nacional e internacional.
Esa es la enseñanza que se nos ofrece minuto a minuto de cada día y desgraciadamente no se suele asimilar como sería de desear. Parece que no interesa lo que les pasa a los otros; si acaso queda como una imagen más o menos llamativa pero no llega a lo hondo del corazón y tampoco la inteligencia se toma la molestia de hacer un análisis de ello y calibrar las posibles consecuencias que para uno mismo pueda llegar a tener. Se toma, más bien, como una serie de misceláneas diarias, de pequeñas cosas que suceden en el ancho mundo y que no merecen atención especial. Nos engañamos a nosotros mismos, pues en lo más hondo de nuestro ser se habrá depositado un algo de ese dolor que sufre la humanidad. Aprendemos así aunque no sea esa la forma adecuada.
Un pensador alemán dejó dicho que: " El dolor es el gran maestro de los hombres (seres humanos), bajo su soplo crecen las almas." Así es la realidad, aunque la sociedad se preocupe de otras cosas que distraigan a las almas por medio de concentraciones masivas con las que se pretende la distracción de las gentes. Pero el ser humano tiene su tiempo de intimidad en el que el dolor se presenta tal cual es. Se le podrá atender adecuadamente o no, pero el dolor nos ofrece su enseñanza y nos hace más sensibles al sufrimiento de los demás y, en definitiva, nos hace verdaderamente humanos cuando ayudamos a los demás en su dolor.
domingo, 7 de julio de 2013
LOS FRUTOS DE UN PONTIFICADO
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 04 de Julio de 2013
Acien días escasos de la elección del papa Francisco, ha aparecido en las librerías una de las obras más interesantes que se hayan editado en España sobre el sentido profundo del pontificado de su antecesor, Benedicto XVI. Coordinado por Francisco José Contreras e Ignacio Sánchez Cámara, Hablando con el Papa recoge las reflexiones de cincuenta personalidades públicas españolas sobre otros tantos breves textos de Benedicto XVI. Lo más notable, a mi juicio, no es que gente tan variopinta y destacada como Gabriel Albiac, Jon Juaristi, José María Aznar, Francisco Vázquez, Cristina Losada, Manuel Pizarro, Inma Shara, Juan Miguel Villar Mir, Rafael Nadal, Mercedes Aroz, Alejandro Macarrón, Gádor Joya, Francisco Soler Gil, Xavi Hernández o José Antonio Ortega Lara, entre tantos otros -creyentes o agnósticos-, se hayan prestado a este ensayo, sino que todos y cada uno hayan podido encontrar en el magisterio del Papa algo que directamente les reclama y estimula. En el fondo, esta es la condición propia no sólo del Pontífice, también del intelectual. Tal vez la principal característica de Benedicto XVI, como señalan los coordinadores en la introducción del libro, ha sido la de "entablar un diálogo fecundo con la cultura increyente sobre las grandes cuestiones de nuestro tiempo" y, desde su gran sabiduría humana y espiritual, interpelar "a un Occidente en vías de rápida secularización con desafíos y preguntas que nos conciernen a todos, cualesquiera que sean nuestras creencias, pues atañen al sentido de la existencia humana".
Conforme se van leyendo textos y comentarios, muchos de ellos de extraordinaria calidad, emerge una y otra vez el que parece principal mensaje de Joseph Ratzinger y del catolicismo actual a quienes deseen escuchar: que la razón humana es digna de confianza porque el hombre es imagen de un Dios que es razón, Logos. Y que, por tanto, la razón permite el acceso al bien, la verdad y la belleza objetivas. Este mensaje de radical humanismo, de libertad y esperanza, de modernidad, en tiempos de eclosión de fes irracionales, de rechazo instintivo de los fundamentos que han hecho posible el despliegue de nuestra civilización, de oscuras amenazas sobre el futuro del hombre y de aparente triunfo de lo absurdo de la existencia, es el legado inapreciable de un Papa sabio y humilde que no debemos olvidar.
Conforme se van leyendo textos y comentarios, muchos de ellos de extraordinaria calidad, emerge una y otra vez el que parece principal mensaje de Joseph Ratzinger y del catolicismo actual a quienes deseen escuchar: que la razón humana es digna de confianza porque el hombre es imagen de un Dios que es razón, Logos. Y que, por tanto, la razón permite el acceso al bien, la verdad y la belleza objetivas. Este mensaje de radical humanismo, de libertad y esperanza, de modernidad, en tiempos de eclosión de fes irracionales, de rechazo instintivo de los fundamentos que han hecho posible el despliegue de nuestra civilización, de oscuras amenazas sobre el futuro del hombre y de aparente triunfo de lo absurdo de la existencia, es el legado inapreciable de un Papa sabio y humilde que no debemos olvidar.
viernes, 5 de julio de 2013
LA BELLEZA ES POSIBLE, NO TODO ESTÁ PERDIDO
Manuel de la Hera Pacheco, 5 de Julio de 2013
Vivimos una larga temporada de desencanto, de temor y de horror ante lo que viene sucediendo en el mundo. Es cierto que aún en esas condiciones el ser humano puede sobreponerse a esas tristes y lamentables crisis que afectan tanto a la vida material como a la del espíritu, pero ha de ser con una entrega firme a lo más noble que hay en su alma, trabajando en ocasiones contra corriente y poniendo en juego toda su capacidad. El ser humano es sensible, por naturaleza y va educándose a lo largo de su vida con todo cuanto llega a su conocimiento y su mente lo considera de acuerdo con los principios del amor, de la justicia, de la verdad en definitiva, pasando a constituir la calidad de su análisis.
Últimamente ha sido Egipto la nación que ha vivido un profunda crisis y todo hacía pensar que iba a terminar mal, pues los ánimos estaban muy tensos y con la gente en la calle. De momento se ha llegado a una solución, por medio de la intervención del Ejército, aunque la tensión parece que se mantiene, aunque de forma menos violenta. Situaciones como esa causan inquietud en el mundo pues se sabe la ligazón que existe entre grupos importantes de diversos países que están dispuestos, en principio, a luchar con las armas para que sus principios se impongan en grandes áreas, bastante pobladas, que, en cierta medida afectan a nuestra seguridad nacional y a las ideas de muchas personas.
En contraste con ese estado de cosas y otros que hablan de corrupción y falta de sentido justo de la forma de proceder, he tenido ocasión de ver - por medio de internet - una colección de cuadros pintados por Isabel Guerra, que es una monja de clausura en el Monasterio Cisterciense Santa Lucía, radicado en Zaragoza. A pesar de que conocía su obra desde bastantes años atrás, ésta nueva colección me ha hecho ver que la belleza es posible en este mundo en el que vemos tantas cosas trágicas y desagradables. Dura es la vida de mucha gente y se dan casos que son verdaderas tragedias, pero hay que mostrar la belleza, como lo hace la monja de clausura, como una aspiración del alma.
Es mucho lo que se sufre en nuestro país por la falta de trabajo y con un horizonte verdaderamente duro y comprendo que muchas personas están inmersas en el sufrimiento, por lo que parece un sarcasmo hablar de que la belleza es posible. Sin embargo es una realidad la existencia de la belleza aún en el dolor. Belleza es ver cómo se ayuda la gente a pesar de las necesidades que están padeciendo- Lo es, también, ver cómo un padre que pide a la puerta de algún templo se ocupa de sus cinco hijos, uno de ellos discapacitado. y de su mujer para que, por lo menos no pasen hambre. Es dura y triste esa imagen pero tiene la luz espléndida de la entrega de ese hombre.
Es la misma luz que embellece de forma serena las pinturas de la monja de clausura; es la luz de la esperanza y del amor a la gente que sufre y que está inmersa en situaciones difíciles. Hasta la Naturaleza presta su apoyo a esa necesidad de la belleza en el curso de la vida humana. La belleza existe y se la puede encontrar. La necesitamos sentir en nuestra alma para que nuestra actitud ante la vida sea justa y serena.
miércoles, 3 de julio de 2013
ESCENAS TRISTES EN LA VIDA
Manuel de la Hera Pacheco, escrito el lunes 1 de Julio de 2013
La calle, cualquier calle de cualquier Ciudad. nos muestra aspectos de la vida que merecen atención; nos enseñan la realidad del sufrimiento, la despreocupación de muchos con esa vida que algunos ( muchos también ) se ven obligados a adoptar y la separación de unos y otros, como si de castas diferentes se tratara, como si hubiera algunos genes que marcaran la desgracia, la infelicidad, la separación de clases humanas, la negación hasta de pequeños detalles de satisfacción personal, de esos que hacen desaparecer del rostro el rictus de la amargura. La calle está pidiendo que la observes con atención y, sobre todo, con el alma abierta de par en par para acoger, con cariño y gran respeto. todo ese conjunto de risas y de sufrimientos que en ella se dan más o menos simultáneamente.
El último día del mes de Junio, la calle estaba menos concurrida, a esa hora temprana de la mañana en la que se celebra la primera Misa del Domingo. A esa hora, en la que la gente suele ir deprisa porque va con el tiempo justo. ya había un hombre de raza negra en una de las puertas de acceso a una Cafetería. En la mano derecha sostenía un gorro como signo de petición de alguna moneda para poder satisfacer su hambre de la mañana. A veces se nos olvida que la gente pasa hambre y que tiene necesidad de comer algo que no es necesariamente un festín. Esta persona a la que me refiero procede de un país lejano y se ha acercado hasta nosotros - pasando un sin fin de calamidades y hasta riesgo de muerte - para que le ayudemos a vivir dignamente, como un ser humano, como usted o como cualquiera de los que pasan a su lado.
¿Cual es nuestra reacción? No me refiero a la de ese momento que pasas al lado de ese hombre que tiene hambre y te pide algo para comer, sino a nuestra forma de actuar en la política de relación con otras naciones. ¿Cómo se piensa solucionar ese grave problema de las emigraciones? ¿Cómo nos "ajustamos" en el mundo para que cualquier persona pueda vivir dignamente en su país? ¿Cómo los debemos acoger en su caso?. Ya sé que se piensa y se trabaja en ello, ¿pero a qué ritmo y con qué espíritu de solución eficaz? La gran mayoría de las personas solemos pensar primordialmente en nuestro problema personal y después en esos otros de carácter general; pero si pensamos con mucho cuidado y cariño en los nuestros no ha de ser menos en los de los demás. Es un deber de solidaridad.
Para completar el panorama, ésta misma mañana aunque algo más tarde que ayer, fui a solucionar unos asuntos, en mi misma calle, en la de la Cafetería que antes he citado, y pude observar cómo una mujer, bastante joven, removía con una varilla metálica larga las basuras existentes en un contenedor, y sacó de éste tres bolsas cerradas cuyo contenido pasó a examinar minuciosamente y seleccionando para sí misma lo que creyó conveniente que traspasó a un pequeño carrito que tenía a su lado. Un poco más allá cuatro o cinco chicas jóvenes charlaban alrededor de una mesa alta situada en la puerta de un Bar. El contraste no podía ser mayor. Ante el contenedor una mujer joven buscaba algo que pudiera serle de utilidad: era su trabajo. Al lado unas chicas jóvenes trataban de programar su día de veraneo.
Escenas tristes de la vida, esas dos que he relatado, que deben remover nuestras conciencias y hacernos más generosos - mujeres y hombres - en nuestra entrega a solucionar los problemas que existen en el mundo, aunque empecemos por los que vemos que hay en la calle que vivimos o que frecuentamos. Después el mundo espera algo más de la sensatez humana, a la que algo o mucho podemos y debemos contribuir. A todos nos esperan.
domingo, 30 de junio de 2013
APRENDER Y DISCULPAR
Manuel de la Hera Pacheco, escrito el 28 de Junio de 2013
Alguna que otra vez he visto, de cerca, un potro salvaje y he admirado la fuerza con la que se mueve, corre, salta y hace lo que le apetece. Su estampa es bella y atractiva, en cualquier momento, aunque hay que tener mucho cuidado, cuando se está en sus proximidades, para no recibir una coz o una arremetida. Es plenamente libre pero resulta peligrosa esa libertad si no se anda con cuidado. Hay que comprenderlo y disculparlo y hasta, en ciertos momentos, admirarlo por el derroche de fuerza y astucia que muestra.
Pasado algún tiempo he vuelto a ver a alguno de esos potros una vez domado, con arte y constancia por parte de su domador, y seguía mostrando una gran belleza en sus movimientos, en los que predominaba la elegancia, sobre todo cuando llevaba sobre sus lomos a un buen jinete. No era necesario que se moviera en una competición sino en un simple paseo, pues el potro había aprendido a estimarse en todo su valor, sin necesidad de trofeos; el se daba cuenta de su ser, de su valía y de la forma de comportarse para sentir el aplauso de la gente y el cariño de su jinete,
Con nosotros, los seres humanos pasa algo parecido. Tenemos, desde niños, un ansia de libertad desbocada, un gran afán de movernos por nuestra cuenta y es cierto que hay ocasiones en las que esa espontaneidad resulta verdaderamente maravillosa, aunque no falta de ingenuidad. Hay que saber comprender y disculpar esa actitud y ayudar plenamente a dotarla de esos otros elementos que, todavía, por razón de edad, desconocen. No es una imposición sin fundamento sino una obligación para con ellos por parte de la sociedad, en su conjunto, y por alguna que otra persona en particular.
El trato humano, en cualquiera de sus manifestaciones, requiere un gran respeto lleno de amor. Es algo serio y sumamente importante, aunque la alegría del alma no debe faltar en ningún momento. Hay que comprender algunas actitudes que pueden parecer raras y, a partir de ese conocimiento, hacer el ofrecimiento de lo que se considera que pueda faltar. Un ser humano es siempre sumamente valioso y hay que dedicarle todo cuanto se estima puede necesitar para su mejor y más completa formación. Seróa un acto lamentable volver la espalda a quién está necesitando que se le disculpe porque no sabe actuar correctamente.
Comprender y disculpar no es signo de debilidad sino una actitud completamente necesaria para que cualquier otro ser aprenda a confiar en quien le brinda esa actitud. de forma totalmente generosa. Nos hemos referido, al principio, a la transformación del potro salvaje; ¡Cuánto más importante es la formación del ser humano en el que pueden resplandecer las más nobles y generosas virtudes!. Hay que enseñar la verdad, comprendiendo y disculpando que haya quienes la desconocen.
lunes, 24 de junio de 2013
TEMPORADA DE VACACIONES
Manuel de la Hera Pacheco, escrito en Cádiz el 24 de Junio de 2013
Por si alguien dudaba de que el Verano seguía existiendo, ayer Domingo 23 de Junio fue un día de plena acreditación del calor en la zona Sur de España, especialmente. Hay diferentes clases de calor. como ustedes bien saben y ayer fue uno de esos días que tienen nombre propio, incluso poético. "Noche de Levante en calma" no la puede olvidar nadie que la haya vivido en Cádiz porque los minutos se alargan, el tiempo se vuelve perezoso y se hace lenta la respiración, así como los movimientos. Nada se mueve, todo transcurre con una lentitud perezosa siguiendo el ritmo de las olas de mínima altura que van llegando a la orilla de la playa sin hacer ruido. Resulta delicioso caminar por esa orilla, con los pies descalzos y la mente viviendo un sueño porque la vida es sueño, aunque a veces nos empeñamos en oscurecerla.
Sí; ha llegado la señal del veraneo, de ese tiempo en el que cada persona hace lo que puede para disfrutar de descanso y pasar el menor calor posible, aunque hay muchas personas que vienen a nuestras latitudes buscando ese calor que les ha sido negado durante los largos meses de un duro invierno. Coinciden los pensamientos opuestos en la defensa del calor y en su ataque porque, en definitiva, todos tratan de pasar un tiempo feliz, unos días de vacaciones junto al mar. Las familias se despliegan sobre el terreno, buscando cada cual lo que más le apetece y hasta se hacen amistades con gente nueva porque todos tenemos necesidad de comunicación, de hacer llegar a otras personas lo que hay en nuestro sentir, en la forma de ver y aceptar los acontecimientos. Realmente es una tentación de mostrarnos como buenas personas.
¿Y por qué no hemos de ser esas buenas personas que deseamos ser en nuestros sueños? ¿Por qué se ha de romper esa gran ilusión, esa que embarga tu alma cuando paseas, al oscurecer, por la orilla de la mar sintiendo en tus pies la caricia de las olas que allí inician su retroceso? De cada uno de nosotros depende la actitud que, en definitiva, se adopte, pero de cada uno de nosotros también depende que no aceptemos el desánimo en nuestras vidas, que no nos dejemos envolver por esas sutiles gasas que desfiguran la imponente belleza de la vida, aún en sus momentos más duros y críticos. ¿Es que no hay belleza en ese lirio que crece en un muladar? La rosa tiene sus espinas y hay que admirarla aún a riesgo de sufrir un pinchazo en la mano.
¡Claro que es dura la vida y que hay mucha suciedad en la sociedad de la que formamos parte! ; pero cuanto mayor sea esa suciedad mayor ha de ser nuestro empeño en limpiarla, en hacer que nuestras ilusiones llenas de buenas intenciones y deseos se conviertan en realidades palpables y justas. Es tiempo de vacaciones, el que ahora se inicia, que no se puede perder, dejándolo pasar sin hacer nada. Es tiempo para forjar nuestros sueños. para darles consistencia y vigor, para hacerlos útiles pata toda la humanidad. Es tiempo para fortalecer tu mente, para disponerla a la acción inmediata porque a tu lado tienes todos los problemas que agobian a muchísima gente. ¡Es temporada de vacaciones que te ha de permitir planificar en tus sueños lo que pronto te empeñarás en hacer realidad!.
Hacía tiempo que no había aparecido por aquí "Una noche de Levante en calma" y la hemos aprovechado para intentar captar toda la poesía que hay en ella, toda la poesía que un alma enamorada de la vida puede encontrar, toda la necesidad que hay de acercarse a quienes sufren para convivir con ellos sus pesares, todo aquello - también - que cada persona tiene en su alma de amor a la Humanidad y que desea se haga realidad para el bien de todos, sin exclusión alguna.
Manuel de la Hera Pacheco.- 24 Junio 2013
viernes, 21 de junio de 2013
UN BUEN DIA DEL AÑO 2014
Artículo de Juan José Millás, publicado en diario El País (19.06.13)
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.
Juan José Millás
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.
Juan José Millás
miércoles, 19 de junio de 2013
RECIEDUMBRE MORAL
Manuel de la Hera Pacheco, publicado en el diario Información de la Bahia de Cádiz, el martes 18 de Junio de 2013.
Estamos viviendo no sólo unos momentos difíciles si no que es una época complicada en muchos países del mundo. Aquí, a la vuelta de la esquina te encuentras con una manifestación de protesta y en otros países esas manifestaciones son muy violentas y se producen heridas y muertes de personas. Es, en definitiva, la violencia en apoyo de algo que se desea, o se necesita, por una parte más o menos considerable de la población. La situación es sumamente confusa y obliga a tomar importantes medidas de seguridad en cualquier caso y muy especialmente cuando se reúnen, para estudiar y tratar de resolver cuestiones importantes, los altos mandatarios de las naciones más poderosas de nuestro planeta. Tiene que ser muy complicado encontrar las soluciones a los problemas existentes, bajo la presión del desorden violento.
Es, en definitiva, la presencia en la vida del ser humano de dos conceptos sumamente importantes; libertad y verdad. El ser humano es libre pero ha de saber en qué consiste ese concepto. A veces se grita en demanda de libertad para llegar a una situación en la que se encuentra una mayor opresión, tanto material como moral; una situación en la que al ser humano se le dificulta seriamente el amor a la verdad. Sin ésta, sin la verdad como eje fundamental de la vida humana, se pierde la posibilidad de obrar justamente, con aprecio a todo lo que nos rodea en la vida aunque sea con pérdida de alguna que otra ventaja personal. Libertad y verdad que han de ir estrechamente unidas en su pureza para que no terminen convertidas en libertinaje y falsedad.
La persona necesita formación no sólo profesional sino en libertad y verdad. Formación profunda porque muchas veces puede ocurrir que el ser humano se deje guiar por sus propias estimaciones para lograr lo que más le conviene materialmente y esto mismo puede ocurrir - de hecho ocurre -. en los grupos de personas que estimen más conveniente seguir otras líneas de acción. A la vista tenemos lo que está ocurriendo actualmente en diversos países en los que se grita en favor de la revolución, por ejemplo en Brasil que es un país en pleno desarrollo y con un horizonte abierto a la prosperidad material
En la vida hay situaciones muy duras que el ser humano debe aprender a entenderlas y a veces padecerlas para estar en condiciones óptimas para afrontar todo cuanto pueda ir presentándose, haciendo valer los principios de libertad y de verdad. Es dura esa formación, pero completamente necesaria para no acabar siendo personas que se lamentan de todo y que no saben buscar y encontrar las soluciones adecuadas a cada tiempo y lugar. El gran filósofo Lucio Anneo Séneca, que nació el año 4 antes de Cristo y falleció el año 65 de nuestra Era. nos dejó este pensamiento, que es muy importante tener en cuenta y seguirlo: "No hay árbol recio ni consistente sino aquél que el viento azota con frecuencia". Quizás nos hemos acostumbrado a otra forma de vida.
Guardo el máximo respeto y consideración a todas y cada una de las personas que padecen dificultades, del tipo que sea, y pienso que a muchos nos ha faltado reciedumbre moral para hacer mejor nuestras obligaciones para con los demás. Siempre hay que abandonar el mal rumbo y muchos debemos hacerlo, sin demora y con firmeza, para el bienestar de la sociedad, en el ámbito de la libertad y la verdad.
Manuel de la Hera Pacheco.- 18 Junio 2013
sábado, 8 de junio de 2013
TRANSPARENCIA
Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el viernes 31 de Mayo de 2013
ES actualmente la profesión más denostada, la más desprestigiada, y probablemente ha habido comportamientos que justifican esa mala imagen; pero, como siempre, pagan justos por pecadores. Infinidad de políticos se han tomado su trabajo como un servicio al Estado y a los ciudadanos, han sacrificado sus carreras profesionales por dedicarse a los demás, han trabajado sin límite de tiempo para sacar adelante proyectos y leyes que cambiarían sustancialmente la calidad de vida y han dejado de lado intereses personales y familiares para volcarse en los intereses ajenos.
Sin embargo, el puñado de hombres y mujeres que se han acercado a la política para medrar, para tener influencia, para ganar un salario que jamás lo tendrían con el ejercicio de su profesión y que para conseguirlo no han dudado en traspasar los límites que marca la ley, o simplemente el compromiso con los demás, ha ensuciado a toda una profesión que debería contar con los mejores y de la que suelen huir los mejores precisamente porque no quieren formar parte de un grupo de gente que, hoy, provoca un rechazo generalizado por el mal comportamiento de unos pocos.
Una de las leyes más importantes de este Gobierno es la de Transparencia, que se pretende que esté aprobada antes de que finalice el año. Una vez en marcha, los que actúan al margen de los buenos hábitos lo tendrán más difícil. Las cuentas serán públicas, las licitaciones estarán al alcance de cualquier ciudadano, así como los términos de los contratos que se realicen con las administraciones públicas, se conocerán salarios, cualquier tipo de gasto, número de asesores y contratados, coste de viajes, compras, obras y eventos que se celebren. El Gobierno ha dado un paso más, importante paso, y en el trámite parlamentario ha aceptado ahora que la que iba a llamarse Agencia de la Transparencia, que designaría el propio Gobierno, se transforme en un órgano independiente. Un Consejo de Transparencia y Buen Gobierno que actuará al margen de componendas políticas, que es la manera de ganar en credibilidad.
Es vital esa transparencia para que la política recupere el prestigio perdido y, también, porque indica que en los últimos días se están dando pasos en el buen camino: Rubalcaba ha ofrecido su apoyo a Rajoy para que acuda al Consejo Europeo de junio con el respaldo del principal partido de la oposición; que la Ley de Transparencia la controle un organismo independiente demuestra voluntad de legislar buscando acuerdos y sin hacer uso irritante de la mayoría absoluta
Sin embargo, el puñado de hombres y mujeres que se han acercado a la política para medrar, para tener influencia, para ganar un salario que jamás lo tendrían con el ejercicio de su profesión y que para conseguirlo no han dudado en traspasar los límites que marca la ley, o simplemente el compromiso con los demás, ha ensuciado a toda una profesión que debería contar con los mejores y de la que suelen huir los mejores precisamente porque no quieren formar parte de un grupo de gente que, hoy, provoca un rechazo generalizado por el mal comportamiento de unos pocos.
Una de las leyes más importantes de este Gobierno es la de Transparencia, que se pretende que esté aprobada antes de que finalice el año. Una vez en marcha, los que actúan al margen de los buenos hábitos lo tendrán más difícil. Las cuentas serán públicas, las licitaciones estarán al alcance de cualquier ciudadano, así como los términos de los contratos que se realicen con las administraciones públicas, se conocerán salarios, cualquier tipo de gasto, número de asesores y contratados, coste de viajes, compras, obras y eventos que se celebren. El Gobierno ha dado un paso más, importante paso, y en el trámite parlamentario ha aceptado ahora que la que iba a llamarse Agencia de la Transparencia, que designaría el propio Gobierno, se transforme en un órgano independiente. Un Consejo de Transparencia y Buen Gobierno que actuará al margen de componendas políticas, que es la manera de ganar en credibilidad.
Es vital esa transparencia para que la política recupere el prestigio perdido y, también, porque indica que en los últimos días se están dando pasos en el buen camino: Rubalcaba ha ofrecido su apoyo a Rajoy para que acuda al Consejo Europeo de junio con el respaldo del principal partido de la oposición; que la Ley de Transparencia la controle un organismo independiente demuestra voluntad de legislar buscando acuerdos y sin hacer uso irritante de la mayoría absoluta
jueves, 30 de mayo de 2013
ESTUVE EN PARO Y ME DISTEIS TRABAJO
José Joaquín Castellón, publicado en el Diario de Cádiz el martes 21 de Mayo de 2013
LA situación de falta de empleo en nuestros pueblos y barrios es tan preocupante que no es, en absoluto, desproporcionado situar la creación de puestos de trabajo digno como una de las principales obras de misericordia -usando el lenguaje del catecismo que aprendimos en la escuela- que hoy se nos está pidiendo.
No voy a recordarles las cifras de desempleo que en nuestra región andaluza ya ha pasado lo socialmente admisible; y si no fuera por la solidaridad familiar, sobre todo de los abuelos, habrían desencadenado un estallido social. Es escandalosa la tasa de desempleo de los jóvenes, con lo que conlleva de falta de futuro, de perspectivas vitales y de horizontes humanos. Es cierto que nuestros jóvenes no tienen, en general, problemas para subsistir gracias a la red de seguridad de las familias. Pero en absoluto pueden ni deben conformarse con estar dependiendo sine die de sus progenitores.
El problema, mirado en su profundidad, es más grave por cuanto sus causas no son coyunturales. En Andalucía el problema del desempleo es estructural: falta un tejido productivo mínimamente consistente que permita confiar en que acabada la crisis se acabará el problema del paro. Muchos años hemos confiado en el turismo, en la construcción y en las ayudas europeas para sustentar el Estado de bienestar al que nos hemos acostumbrado. Dos de esos pilares se han venido abajo, y no se ha generado una economía civil que sirva de sustento a las coberturas que exigimos al Estado. El dinero fácil e injusto de la construcción y el dinero fácil y dilapidado de la UE se han acabado.
A esta altura de la situación, quien mira a la comunidad de los cristianos, a la Iglesia, la mira buscando una ayuda asistencial, tan necesaria como lastimosa; una limosna que es pan para hoy -al menos eso-, pero seguir en precario mañana. La Iglesia como institución no tiene la responsabilidad de crear un tejido productivo justo; no es una tarea específica de su misión potenciar la creación de puestos de trabajo. Pero la Iglesia no es sólo la institución eclesial. Iglesia son también todos los laicos cristianos, abogados, notarios, albañiles, políticos, médicos, estudiantes, parados, trabajadores del campo, empresarios, emprendedores, etc. que quieren vivir la fe en Cristo. La construcción de una sociedad más humana pasa hoy por la regeneración de un tejido productivo justo en nuestro pueblo. Y toda la Iglesia, tanto desde su nivel institucional, como desde la militancia personal de cada uno de sus miembros, estamos encartados en este reto, en esta interpelación del Espíritu y de la Historia.
En algunas diócesis andaluzas hay instituciones específicamente encargadas de posibilitar, a través de asesoramiento y financiación, pequeñas iniciativas de auto-empleo; en la dióceis de Sevilla es la fundación Marcelo Spínola. Cáritas también se ha caracterizado por apoyar iniciativas de auto-empleo. Pero hoy por hoy esto es claramente insuficiente.
Cuando Juan el Bautista, encarcelado en Maqueronte, envió algunos discípulos a preguntar a Jesucristo si era de verdad el Mesías esperado, sabemos que le respondió con los hechos: devolvió la vista a algunos ciegos, hizo andar a algunos tullidos, resucitó a algún muerto y anunció a los pobres la Buena Noticia. También hoy -y en todo tiempo-, cuando nos pregunten a los cristianos si somos los portadores de la Buena Noticia que Cristo inició en la historia, tendremos que responder con los hechos. Y en parte lo hacemos. Pero hoy el signo más relevante del Reino que necesita nuestra sociedad es que los cristianos nos preocupemos eficazmente por impulsar la creación de puestos de trabajo y que seamos catalizadores de iniciativas de empleo sostenible y decente. Todos los cristianos de los distintos ámbitos de la Iglesia, desde la jerarquía hasta los fieles, pasando por los diversos movimientos de apostolado -se llamen como se llamen y tengan la sensibilidad religiosa diferenciada que tengan- hemos de poner el horizonte de la creación de un tejido productivo justo como un reto de nuestra fe y como uno de los signos que el Espíritu nos pide.
Naturalmente que las condiciones estructurales de la economía han de cambiar y hay responsables de hacerlo. Pero esas condiciones estructurales, económico-financieras, sólo serán eficaces si hay personas que ponen al trabajador en el centro de la actividad económica. Si la codicia, la corrupción y la inhibición de la mayoría nos han traído a esta crisis inhumana, serán la decencia, la honradez para con las personas en situación de desempleo, y la responsabilidad de cada uno de nosotros en particular, la que vaya alumbrando un tejido productivo justo.
No voy a recordarles las cifras de desempleo que en nuestra región andaluza ya ha pasado lo socialmente admisible; y si no fuera por la solidaridad familiar, sobre todo de los abuelos, habrían desencadenado un estallido social. Es escandalosa la tasa de desempleo de los jóvenes, con lo que conlleva de falta de futuro, de perspectivas vitales y de horizontes humanos. Es cierto que nuestros jóvenes no tienen, en general, problemas para subsistir gracias a la red de seguridad de las familias. Pero en absoluto pueden ni deben conformarse con estar dependiendo sine die de sus progenitores.
El problema, mirado en su profundidad, es más grave por cuanto sus causas no son coyunturales. En Andalucía el problema del desempleo es estructural: falta un tejido productivo mínimamente consistente que permita confiar en que acabada la crisis se acabará el problema del paro. Muchos años hemos confiado en el turismo, en la construcción y en las ayudas europeas para sustentar el Estado de bienestar al que nos hemos acostumbrado. Dos de esos pilares se han venido abajo, y no se ha generado una economía civil que sirva de sustento a las coberturas que exigimos al Estado. El dinero fácil e injusto de la construcción y el dinero fácil y dilapidado de la UE se han acabado.
A esta altura de la situación, quien mira a la comunidad de los cristianos, a la Iglesia, la mira buscando una ayuda asistencial, tan necesaria como lastimosa; una limosna que es pan para hoy -al menos eso-, pero seguir en precario mañana. La Iglesia como institución no tiene la responsabilidad de crear un tejido productivo justo; no es una tarea específica de su misión potenciar la creación de puestos de trabajo. Pero la Iglesia no es sólo la institución eclesial. Iglesia son también todos los laicos cristianos, abogados, notarios, albañiles, políticos, médicos, estudiantes, parados, trabajadores del campo, empresarios, emprendedores, etc. que quieren vivir la fe en Cristo. La construcción de una sociedad más humana pasa hoy por la regeneración de un tejido productivo justo en nuestro pueblo. Y toda la Iglesia, tanto desde su nivel institucional, como desde la militancia personal de cada uno de sus miembros, estamos encartados en este reto, en esta interpelación del Espíritu y de la Historia.
En algunas diócesis andaluzas hay instituciones específicamente encargadas de posibilitar, a través de asesoramiento y financiación, pequeñas iniciativas de auto-empleo; en la dióceis de Sevilla es la fundación Marcelo Spínola. Cáritas también se ha caracterizado por apoyar iniciativas de auto-empleo. Pero hoy por hoy esto es claramente insuficiente.
Cuando Juan el Bautista, encarcelado en Maqueronte, envió algunos discípulos a preguntar a Jesucristo si era de verdad el Mesías esperado, sabemos que le respondió con los hechos: devolvió la vista a algunos ciegos, hizo andar a algunos tullidos, resucitó a algún muerto y anunció a los pobres la Buena Noticia. También hoy -y en todo tiempo-, cuando nos pregunten a los cristianos si somos los portadores de la Buena Noticia que Cristo inició en la historia, tendremos que responder con los hechos. Y en parte lo hacemos. Pero hoy el signo más relevante del Reino que necesita nuestra sociedad es que los cristianos nos preocupemos eficazmente por impulsar la creación de puestos de trabajo y que seamos catalizadores de iniciativas de empleo sostenible y decente. Todos los cristianos de los distintos ámbitos de la Iglesia, desde la jerarquía hasta los fieles, pasando por los diversos movimientos de apostolado -se llamen como se llamen y tengan la sensibilidad religiosa diferenciada que tengan- hemos de poner el horizonte de la creación de un tejido productivo justo como un reto de nuestra fe y como uno de los signos que el Espíritu nos pide.
Naturalmente que las condiciones estructurales de la economía han de cambiar y hay responsables de hacerlo. Pero esas condiciones estructurales, económico-financieras, sólo serán eficaces si hay personas que ponen al trabajador en el centro de la actividad económica. Si la codicia, la corrupción y la inhibición de la mayoría nos han traído a esta crisis inhumana, serán la decencia, la honradez para con las personas en situación de desempleo, y la responsabilidad de cada uno de nosotros en particular, la que vaya alumbrando un tejido productivo justo.
martes, 28 de mayo de 2013
MUERTE AL SOLDADO
Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 27 de Mayo de 2013.
PRIMERO fue Londres, con el brutal asesinato de Lee Rigby, ex combatiente en Afganistán; después París, donde un árabe intentó degollar a un soldado. No estamos seguros, y estos episodios han despertado nuevamente los peores instintos de xenofobia, hasta el punto de que al mismo tiempo que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia potencian su actividad para tratar de detectar nuevos focos de peligro, también se ha reforzado la seguridad en los barrios que son lugar habitual de residencia de familias árabes.
Es difícil encontrar el equilibrio: los controles deben ser minuciosos porque los yihadistas están permanentemente alertas. Pero no todos los musulmanes, ni de lejos, apoyan en terrorismo.
En España, dicen las autoridades, no ha hecho falta activar ningún protocolo más porque la alerta es permanente. Se extrema la vigilancia sobre las personas sospechosas de pertenecer a grupos extremistas y también sobre las mezquitas y los centros de reunión. Hay razones para hacerlo, y el último episodio de Londres así lo demuestra: se suceden los actos terroristas realizados por personas que se han criado en países occidentales, incluso han nacido en esos países y tienen su nacionalidad, y que aparentemente se encontraban perfectamente integrados en la sociedad. Lo ocurrido ha hecho saltar todas las alarmas porque evidencia que se ha fracasado en el modelo de integración de personas de otras latitudes y que han fallado los programas de seguridad contra el terrorismo islamista.
En Siria se han detectado a centenares de personas que han viajado desde países europeos y se han sumado a las fuerzas rebeldes o a las de Bashar al Asad, todas ellas con un fuerte sentimiento religioso -además del ánimo de derrocar a Al Asad también se produce la guerra a muerte entre suníes y chiíes- y que se sienten absolutamente identificados con la yihad. Un motivo más de preocupación para quienes deben luchar contra el terrorismo islamista, porque la presencia de jóvenes que pertenecen a una generación educada en occidente significa que no se ha producido el deseado arraigo y que, lo que es más grave, han sido captados más o menos fácilmente por Al Qaeda y sus afines.
La Policía española tiene fama de ser una de las mejor informadas sobre el mundo islamista, más aún desde la tragedia del 11-M. Suele estar alerta, pero lo sucedido en Londres y París le obliga, y nos obliga a todos, a no dejar ni un cabo suelto. En cualquier lugar un fanático nos puede romper la vida
sábado, 18 de mayo de 2013
LA RESISTENCIA
Rafaael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 16 de Mayo de 2013
NO puedo ni quiero leerme cada día toda la prensa andaluza, por lo que es posible que la noticia se me haya escurrido ante los ojos a pesar de mis esfuerzos -y de los de mi buscador de internet- por encontrarla en ella, pero ha tenido que ser uno de esos confidenciales mayormente madrileños el que me ha puesto sobre la pista de La Resistencia, una agrupación de andaluces -me resisto a llamarla lobby como gusta a mi fuente-, al margen de los partidos políticos que se proponen trabajar conjuntamente para intentar eliminar la corrupción de la vida pública, defender el Estado de derecho y restaurar la justicia social. ¿Otra movida más en la estela del fallido 15-M? Es de esperar que los trescientos andaluces que, al parecer, se han sumado ya a la convocatoria de La Resistencia hayan aprendido de los errores de lo que sólo hace dos años despertó tantas expectativas y hoy se debate en una crisis mayor aún que la había venido a denunciar.
De momento, una buena señal es que La Resistencia no se propone cambiar el mundo y las esferas remotas, sino centrarse en algunos de los muladares más próximos y, por así decir, familiares: la Junta, las diputaciones y municipios de Andalucía, todas aquellas instituciones en las que el olor a caca se expande por encima de los vistosos ropajes ideológicos. De momento, y no es poca cosa cuando se acaba de empezar la faena, ha conseguido que el fiscal general de Andalucía se haya interesado por tres asuntos de peso: el reparto ilegal de subvenciones en agencias de la Junta de Andalucía, los contratos a dedo del Gobierno andaluz y el especialmente sangrante y escandaloso, cuando tanta demagogia se está desplegando desde San Telmo sobre este problema, de los desahucios presuntamente ilegales llevados a cabo por la empresa pública del suelo de la Junta.
No todo está perdido. Es esperanzador que iniciativas así surjan aún del seno de una ciudadanía plural en sus ideas pero unánime en su exigencia de limpieza en la vida pública. Garantizar en ellas la perduración de su espíritu abierto, evitar caer en manos de redes de activistas al servicio de ideologías liberticidas es su gran reto. Ojalá dentro de dos años podamos ver en La Resistencia no ya una esperanza, sino una realidad inequívoca de que la ciudadanía crítica ha sido capaz de madurar sus proyectos y sus procedimientos. Andalucía se lo agradecerá.
NO puedo ni quiero leerme cada día toda la prensa andaluza, por lo que es posible que la noticia se me haya escurrido ante los ojos a pesar de mis esfuerzos -y de los de mi buscador de internet- por encontrarla en ella, pero ha tenido que ser uno de esos confidenciales mayormente madrileños el que me ha puesto sobre la pista de La Resistencia, una agrupación de andaluces -me resisto a llamarla lobby como gusta a mi fuente-, al margen de los partidos políticos que se proponen trabajar conjuntamente para intentar eliminar la corrupción de la vida pública, defender el Estado de derecho y restaurar la justicia social. ¿Otra movida más en la estela del fallido 15-M? Es de esperar que los trescientos andaluces que, al parecer, se han sumado ya a la convocatoria de La Resistencia hayan aprendido de los errores de lo que sólo hace dos años despertó tantas expectativas y hoy se debate en una crisis mayor aún que la había venido a denunciar.
De momento, una buena señal es que La Resistencia no se propone cambiar el mundo y las esferas remotas, sino centrarse en algunos de los muladares más próximos y, por así decir, familiares: la Junta, las diputaciones y municipios de Andalucía, todas aquellas instituciones en las que el olor a caca se expande por encima de los vistosos ropajes ideológicos. De momento, y no es poca cosa cuando se acaba de empezar la faena, ha conseguido que el fiscal general de Andalucía se haya interesado por tres asuntos de peso: el reparto ilegal de subvenciones en agencias de la Junta de Andalucía, los contratos a dedo del Gobierno andaluz y el especialmente sangrante y escandaloso, cuando tanta demagogia se está desplegando desde San Telmo sobre este problema, de los desahucios presuntamente ilegales llevados a cabo por la empresa pública del suelo de la Junta.
No todo está perdido. Es esperanzador que iniciativas así surjan aún del seno de una ciudadanía plural en sus ideas pero unánime en su exigencia de limpieza en la vida pública. Garantizar en ellas la perduración de su espíritu abierto, evitar caer en manos de redes de activistas al servicio de ideologías liberticidas es su gran reto. Ojalá dentro de dos años podamos ver en La Resistencia no ya una esperanza, sino una realidad inequívoca de que la ciudadanía crítica ha sido capaz de madurar sus proyectos y sus procedimientos. Andalucía se lo agradecerá.
sábado, 4 de mayo de 2013
PERDER EL RUMBO
Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el martes 30 de Abril de 2013
EL viernes presentó el Gobierno un panorama desolador después del golpe que supuso la EPA de los 6 millones de parados; el domingo, en Granada, Rajoy no fue mucho más optimista, sino que se mantuvo en la línea de alertar sobre las dificultades que vivimos y pidió "paciencia" para superarlas, como si no la tuvieran ya, y muy sobrada, los españoles. Y el lunes, en una reunión con empresarios, aparece un Rajoy que sin echar las campanas al vuelo defiende su política, afirma que "los hechos certifican el cambio de rumbo" -para bien, evidentemente-, respalda la reforma laboral aunque admite que la EPA fue una mala noticia, asegura que "estamos en el umbral de invertir la situación económica -se supone que también para bien-, dice que se ha producido una mejora de la competitividad y del comercio exterior y que "sabemos lo que hacemos". Conclusión: hay motivos sobrados para caer en el desconcierto y en la perplejidad, porque según cómo venga el aire el presidente presenta un escenario fúnebre o da motivos para la esperanza.
El problema es que muchas de las operaciones económicas y las inversiones que crearían miles de puestos de trabajo dependen de que los que podrían realizar esas operaciones o inversiones se mueven en función de los proyectos de gobierno y sus previsiones de futuro. Y estos días las previsiones de Rajoy y sus ministros son tan cambiantes que difícilmente se puede hacer un pronóstico sobre lo que nos espera. Es mal asunto el triunfalismo, no deja de ser un engaño; pero es igualmente reprobable el catastrofismo, porque se necesitan acicates para salir adelante cuando la crisis golpea con la dureza con que lo está haciendo. Y lo que ya provoca una desazón difícil de describir es que se emitan mensajes contradictorios, tipo ducha fría ducha caliente, que aturden y descolocan.
El ministro De Guindos ha firmado un acuerdo con su colega alemán Schauble para financiar ayudas a las pymes. Una buena señal, se necesita crédito como el comer. Es algo tangible, porque los alemanes suelen cumplir sus compromisos. Pero poco más se puede decir sobre los nuevos proyectos del Gobierno para superar la crisis: el llamado segundo plan de reformas no ha sido tal y el estado de ánimo de la vicepresidenta y los ministros de Economía y de Hacienda no fue como para pensar en una próxima mejora de la situación, Resultado: lo urgente es esperar, como decía Pío Cabanillas. Sólo así sabremos si este Gobierno nos lleva a buen puerto o nos hunde definitivamente.
El problema es que muchas de las operaciones económicas y las inversiones que crearían miles de puestos de trabajo dependen de que los que podrían realizar esas operaciones o inversiones se mueven en función de los proyectos de gobierno y sus previsiones de futuro. Y estos días las previsiones de Rajoy y sus ministros son tan cambiantes que difícilmente se puede hacer un pronóstico sobre lo que nos espera. Es mal asunto el triunfalismo, no deja de ser un engaño; pero es igualmente reprobable el catastrofismo, porque se necesitan acicates para salir adelante cuando la crisis golpea con la dureza con que lo está haciendo. Y lo que ya provoca una desazón difícil de describir es que se emitan mensajes contradictorios, tipo ducha fría ducha caliente, que aturden y descolocan.
El ministro De Guindos ha firmado un acuerdo con su colega alemán Schauble para financiar ayudas a las pymes. Una buena señal, se necesita crédito como el comer. Es algo tangible, porque los alemanes suelen cumplir sus compromisos. Pero poco más se puede decir sobre los nuevos proyectos del Gobierno para superar la crisis: el llamado segundo plan de reformas no ha sido tal y el estado de ánimo de la vicepresidenta y los ministros de Economía y de Hacienda no fue como para pensar en una próxima mejora de la situación, Resultado: lo urgente es esperar, como decía Pío Cabanillas. Sólo así sabremos si este Gobierno nos lleva a buen puerto o nos hunde definitivamente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)