Rafael Sánchez Saus en el Diario de Cádiz el jueves 12 de Diciembre de 2013
COMO desde esta columna no se practica el engaño ni la mentira, quiero hacer constar que no me creo lo que ahora voy a escribir: España vale exactamente 528.394 millones de euros. Pero lo crea yo o no, lo cierto es que esa es la valoración recientemente realizada de lo que ha dado en llamarse la Marca España, es decir, la imagen exterior de nuestro país en los ámbitos económico, social, cultural, científico y tecnológico. Todo, pues, lo que es susceptible de ser etiquetado como Made in Spain.
Cuando uno topa con esas cifras lo normal es que se pierda pie, así que yo no sé si eso es poco o mucho. Brand Finance, organización independiente experta en la valoración de activos intangibles que anualmente mide y pesa, me temo que necesariamente un poco a lo bestia, lo que vale el orbe, sí lo sabe y su dictamen es simplemente demoledor: la Marca España, en tan sólo un año, ha perdido el 20% de su valor y bajado del puesto 13 al 18 en una clasificación global en la que ya no cuentan sólo el PIB o la renta disponible, sino la imagen que se proyecta sobre un mundo convertido en una especie de club o, si lo prefieren, de enorme centro comercial. Y esa imagen se nutre no de esos otros intangibles que a los españoles nos gusta resumir en la expresión "calidad de vida" y que para la mayoría se compone básicamente de mucho ocio, sol radiante, playas arenosas y cervecita helada, sino de asuntos tan prosaicos como las inversiones, los productos y los servicios. De lo que Brand Finance habla, cuando nos aleja de la cabeza de una jerarquía que no hace mucho acariciábamos, es de decadencia, de ocaso más que de vacas flacas, de incapacidad para adaptarnos a las nuevas circunstancias, de alarmante falta de ideas para encontrar soluciones, ya que el talento de los habitantes de cada país es otro, tal vez el más misterioso, de los factores valorados.
Consolémonos. Durante años, la paradisíaca Sanlúcar de Barrameda fue situada en el último lugar de entre todas las poblaciones de España en el conocido e influyente estudio de una gran entidad bancaria sobre la realidad socioeconómica del país. Y es que las estadísticas no pueden valorar una puesta de sol sobre Doñana. España, como Sanlúcar, nunca es tan bella como al lubricán, pero los expertos de Brand Finance no saben nada de esas cosas. Tampoco de economía oculta a la suave luz del atardecer.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
jueves, 12 de diciembre de 2013
sábado, 30 de noviembre de 2013
DESMONTANDO A SUSANA
Rafael Sánchez Saus en el Diario de Cádiz el jueves 28 de Noviembre de 2013
EL llamado "efecto Susana" es la sensación política del momento. Por tanto, como la política lo acapara todo en España desde hace cuarenta años, se ha hecho imposible abrir un periódico, oír un noticiario o zapear un rato sin toparnos con la presidenta de la Junta, su melena, su camiseta, su voz y su ancha sonrisa de andaluza a la que todo le sale bien. Agua de mayo para un PSOE en horas no oscuras, saturnales, y también para la legión de comentaristas que han encontrado oficio y beneficio en hacer de observadores de las cosas de la vida -reducida, como digo, a política- y contarlo.
Algunos profundizan: Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, tras el ciclón triunfalista y susanista desencadenado en Granada el pasado fin de semana, durante una tertulia radiofónica en la que no había más tema que ella, lo que dijo y lo que no es capaz de decir y nunca le oiremos, afirmaba: "Una cosa me llama la atención: el tono de voz y la acentuación tienen un efecto. Y lo que me pregunto es cuál es la fuente de ese efecto. Y creo que tiene que ver con el habla andaluza". Bien visto. Desde otro ángulo, el de los más directamente interesados en saber qué está pasando con Susana Díaz, Rubalcaba, que se debe levantar todas las mañanas preguntándole al espejo qué tiene ella que no tenga él, como si no estuviera a la vista, también ha lanzado su hipótesis: lo ha llamado "poderío", sabiendo el muy malvado que al conjuro de esa palabra, aplicado a una señora, todo español mayor de treinta años piensa en Rocío Jurado. Así pues, ya tenemos a dos sabios varones, catalán uno y montañés el segundo, que sólo pueden explicarse en clave de tópico andaluz un fenómeno que les ha roto los esquemas. Para ellos, el irresistible "efecto Susana", la unanimidad que despierta en la deprimida grey socialista, responde a los mismos resortes que el que desencadenaría entre sus paisanos una tonadillera dando el pregón de las fiestas de su pueblo.
Ha tenido que ser un andaluz, inmune por ello a la sugestión del tono y del acento, tal vez insensible por empacho al poderío del sentimiento hembra y la pasión postiza, Ignacio Camacho, quien, cual nuevo Séneca, pusiera el dedo en la verdadera llaga del efecto Susana: "Sigo haciéndome una pregunta: ¿alguien me puede decir qué ha hecho o dicho Susana Díaz para merecer tanto entusiasmo?". El misterio continúa.
EL llamado "efecto Susana" es la sensación política del momento. Por tanto, como la política lo acapara todo en España desde hace cuarenta años, se ha hecho imposible abrir un periódico, oír un noticiario o zapear un rato sin toparnos con la presidenta de la Junta, su melena, su camiseta, su voz y su ancha sonrisa de andaluza a la que todo le sale bien. Agua de mayo para un PSOE en horas no oscuras, saturnales, y también para la legión de comentaristas que han encontrado oficio y beneficio en hacer de observadores de las cosas de la vida -reducida, como digo, a política- y contarlo.
Algunos profundizan: Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, tras el ciclón triunfalista y susanista desencadenado en Granada el pasado fin de semana, durante una tertulia radiofónica en la que no había más tema que ella, lo que dijo y lo que no es capaz de decir y nunca le oiremos, afirmaba: "Una cosa me llama la atención: el tono de voz y la acentuación tienen un efecto. Y lo que me pregunto es cuál es la fuente de ese efecto. Y creo que tiene que ver con el habla andaluza". Bien visto. Desde otro ángulo, el de los más directamente interesados en saber qué está pasando con Susana Díaz, Rubalcaba, que se debe levantar todas las mañanas preguntándole al espejo qué tiene ella que no tenga él, como si no estuviera a la vista, también ha lanzado su hipótesis: lo ha llamado "poderío", sabiendo el muy malvado que al conjuro de esa palabra, aplicado a una señora, todo español mayor de treinta años piensa en Rocío Jurado. Así pues, ya tenemos a dos sabios varones, catalán uno y montañés el segundo, que sólo pueden explicarse en clave de tópico andaluz un fenómeno que les ha roto los esquemas. Para ellos, el irresistible "efecto Susana", la unanimidad que despierta en la deprimida grey socialista, responde a los mismos resortes que el que desencadenaría entre sus paisanos una tonadillera dando el pregón de las fiestas de su pueblo.
Ha tenido que ser un andaluz, inmune por ello a la sugestión del tono y del acento, tal vez insensible por empacho al poderío del sentimiento hembra y la pasión postiza, Ignacio Camacho, quien, cual nuevo Séneca, pusiera el dedo en la verdadera llaga del efecto Susana: "Sigo haciéndome una pregunta: ¿alguien me puede decir qué ha hecho o dicho Susana Díaz para merecer tanto entusiasmo?". El misterio continúa.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
PROVOCACIÓN E HIPOCRESÍA
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 14 de Noviembre de 2013
LA provocación es arma de débiles, en la guerra, en los debates y en la vida. El fuerte en sus razones no recurre a ella porque, desde el momento en que lo hiciera, prescindiría de todo su arsenal, poco importaría ya su bien labrada posición: toda la suerte se juega desde ese momento en el polémico y siempre dudoso terreno en el que la provocación actúa.
Si yo digo "vota y sométete a la mayoría" con intención de desacreditar a la democracia, me arriesgo a sufrir un severo revolcón dialéctico por parte de los que sostienen con razones que ese régimen es, a la postre, el único que respeta a las minorías. Si dijera "trabaja y sométete a tu jefe" con el sano propósito de discutir las relaciones de dominio, no faltará quien me haga ver que el que percibe un salario de otra persona puede haber contraído ciertas obligaciones con ella. En ambos casos el intento de provocación aporta poco al debate, sus posibilidades se agotan en el mínimo nivel propio de la pintada callejera.
Se ha publicado un libro por una muy estimable editorial católica con el provocativo título de Cásate y sé sumisa, mera sinopsis de una enjundiosa reflexión paulina sobre el matrimonio y traducción literal del original italiano de Costanza Mariano. Y la primera consecuencia de la tonta provocación ha sido oscurecer todo el mensaje positivo sobre el matrimonio cristiano de un buen libro, cuya autora ha sido incluso recibida por el Papa. ¿Tiene eso algún sentido más allá de lo puramente comercial?
Pero si la provocación es arma propia de débiles, caer en ellas delata el talante de los prepotentes. La escandalera sobre el título de esa obra se ha convertido de inmediato en una prueba más de la hipocresía de los guardianes de lo políticamente correcto, alguno de los cuales ha pedido, a lo bruto, su retirada de la venta. Cuando los derechos de miles de mujeres son pisoteados cada día en forma de despidos y postergaciones laborales por el simple hecho de quedarse embarazadas y no someter sus vidas a los intereses abusivos de jefes y empresas, rasgarse las vestiduras por la irónica y tal vez desafortunada portada de un libro sobre el matrimonio es peor que una provocación: una muestra de la dictadura, ya nada sutil, sobre expresiones y conciencias que los dueños de leyes y modelos sociales se aprestan a imponer. Y eso sí que debería parecernos verdaderamente grave.
Si yo digo "vota y sométete a la mayoría" con intención de desacreditar a la democracia, me arriesgo a sufrir un severo revolcón dialéctico por parte de los que sostienen con razones que ese régimen es, a la postre, el único que respeta a las minorías. Si dijera "trabaja y sométete a tu jefe" con el sano propósito de discutir las relaciones de dominio, no faltará quien me haga ver que el que percibe un salario de otra persona puede haber contraído ciertas obligaciones con ella. En ambos casos el intento de provocación aporta poco al debate, sus posibilidades se agotan en el mínimo nivel propio de la pintada callejera.
Se ha publicado un libro por una muy estimable editorial católica con el provocativo título de Cásate y sé sumisa, mera sinopsis de una enjundiosa reflexión paulina sobre el matrimonio y traducción literal del original italiano de Costanza Mariano. Y la primera consecuencia de la tonta provocación ha sido oscurecer todo el mensaje positivo sobre el matrimonio cristiano de un buen libro, cuya autora ha sido incluso recibida por el Papa. ¿Tiene eso algún sentido más allá de lo puramente comercial?
Pero si la provocación es arma propia de débiles, caer en ellas delata el talante de los prepotentes. La escandalera sobre el título de esa obra se ha convertido de inmediato en una prueba más de la hipocresía de los guardianes de lo políticamente correcto, alguno de los cuales ha pedido, a lo bruto, su retirada de la venta. Cuando los derechos de miles de mujeres son pisoteados cada día en forma de despidos y postergaciones laborales por el simple hecho de quedarse embarazadas y no someter sus vidas a los intereses abusivos de jefes y empresas, rasgarse las vestiduras por la irónica y tal vez desafortunada portada de un libro sobre el matrimonio es peor que una provocación: una muestra de la dictadura, ya nada sutil, sobre expresiones y conciencias que los dueños de leyes y modelos sociales se aprestan a imponer. Y eso sí que debería parecernos verdaderamente grave.
jueves, 31 de octubre de 2013
LA DOBLE ALMA DEL PP
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 31 de Octubre de 2013
ES sabido que los partidos políticos tienen bases, cúpula, órganos, aparato y hasta alcantarillas. Un partido bien ordenado es un conjunto de metáforas extraídas de la geometría, la arquitectura y lo animal, pero pocas veces se oye hablar del alma de los partidos, en el supuesto de que la tengan. Yo tiendo a creer que sí a fuer de católico y en armonía con mi certidumbre de la existencia de ángeles guardianes de ciudades, naciones o instituciones innegablemente animadas. Ahora, ¿podría tener ángel custodio lo que carece de alma? Doctores tiene la Iglesia...
Si el PP posee alma, la tiene escindida. Dos importantes acontecimientos de estos días nos lo certifican: la actitud ante la manifestación de la AVT contra la anulación de la doctrina Parot y, en terreno bien distinto, pero precisamente por eso tan complementario como elocuente, las discrepancias en materia fiscal entre el presidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, y el ministro Montoro. El primero, un asunto de justicia y sentimientos; el segundo, de dineros e ideas. Viene sucediendo en el PP desde hace ya tiempo que en cada tema de verdadera importancia se agudizan discrepancias de fondo entre personalidades del partido que, poco a poco, van perfilando posiciones incompatibles. La impresión es que los campos están cada vez más deslindados, con el aparato rajoyista por un lado y la constelación de figuras relegadas que siguen teniendo a Aznar como referente más o menos íntimo y a Madrid como plaza fuerte, por otro. Que el pueblo soberano y urnícola sabe distinguirlos perfectamente, se vio el pasado domingo en el muy distinto tratamiento que unos y otros recibieron en Colón y alrededores.
Un partido que pretende aglutinar desde las fronteras de la socialdemocracia y el pragmatismo amoral y posmoderno hasta el voto católico y la derecha sin complejos, renegando encima de los referentes políticos y de los valores que podrían dar unidad a tan abigarrado mosaico, sólo puede ser una quimera o un milagro. La doble alma del PP debe traer loco a su ángel guardián, pero no más que a sus sufridos electores. Sólo un potente liderazgo podría seguir amasando esas voluntades dispersas, esas ideas contrapuestas, esos proyectos enfrentados. Rajoy, eterno equidistante sin alma propia, no puede ser ese hombre aunque el temor de todos a la derrota electoral le ayude tanto.
Si el PP posee alma, la tiene escindida. Dos importantes acontecimientos de estos días nos lo certifican: la actitud ante la manifestación de la AVT contra la anulación de la doctrina Parot y, en terreno bien distinto, pero precisamente por eso tan complementario como elocuente, las discrepancias en materia fiscal entre el presidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, y el ministro Montoro. El primero, un asunto de justicia y sentimientos; el segundo, de dineros e ideas. Viene sucediendo en el PP desde hace ya tiempo que en cada tema de verdadera importancia se agudizan discrepancias de fondo entre personalidades del partido que, poco a poco, van perfilando posiciones incompatibles. La impresión es que los campos están cada vez más deslindados, con el aparato rajoyista por un lado y la constelación de figuras relegadas que siguen teniendo a Aznar como referente más o menos íntimo y a Madrid como plaza fuerte, por otro. Que el pueblo soberano y urnícola sabe distinguirlos perfectamente, se vio el pasado domingo en el muy distinto tratamiento que unos y otros recibieron en Colón y alrededores.
Un partido que pretende aglutinar desde las fronteras de la socialdemocracia y el pragmatismo amoral y posmoderno hasta el voto católico y la derecha sin complejos, renegando encima de los referentes políticos y de los valores que podrían dar unidad a tan abigarrado mosaico, sólo puede ser una quimera o un milagro. La doble alma del PP debe traer loco a su ángel guardián, pero no más que a sus sufridos electores. Sólo un potente liderazgo podría seguir amasando esas voluntades dispersas, esas ideas contrapuestas, esos proyectos enfrentados. Rajoy, eterno equidistante sin alma propia, no puede ser ese hombre aunque el temor de todos a la derrota electoral le ayude tanto.
jueves, 10 de octubre de 2013
EL FRACASO DE UNA GENERACIÓN
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 10 de Octubre de 2013
SÍ, señores, les supongo enterados de que no sólo los jóvenes bachilleres españoles, también los adultos, hombres y mujeres, empleados o parados, todo el amplísimo arco que va desde los 16 a los 65 años, somos un desastre que apenas sabe leer y malamente contar, los últimos de la clase, el hazmerreír de los recreos. Eso ha concluido el llamado PISA para adultos, o Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los Adultos, tras encuestar a 157.000 personas de 23 países.
En él, España ocupa la vigésimo segunda posición en comprensión lectora y la última en matemáticas, a distancias siderales de la media de la OCDE y de la UE. No crean que la evaluación consiste en comentar la poesía simbolista o resolver ecuaciones, parece que una parte considerable de nuestros compatriotas lo pasa mal si tienen que leer, y comprender lo que leen, un prospecto farmacéutico o un periódico digital, y que no son capaces de hacer la cuenta del súper o enfrentarse al recibo de la luz.
En esto ha parado el tan jaleado sistema educativo universal, gratuito y obligatorio del que tan orgullosos se sienten los que prefieren ser despedazados antes de que la menor reforma se abata sobre él. ¿Creen que la contundencia de este informe, como la de los muchos que ya llevamos digeridos, les hará cambiar un milímetro su posición? El enorme aparato de intereses ideológicos, sindicales, políticos y profesionales que secuestraron hace cincuenta años la escuela española, y con ella el futuro de varias generaciones, ya tiene la solución a este desastre: más dinero. El montaje es perfecto: el fracaso, se afirma, es producto de carencias económicas; luego cuanto mayor es ese fracaso, más dinero se necesita.
En esto ha parado el tan jaleado sistema educativo universal, gratuito y obligatorio del que tan orgullosos se sienten los que prefieren ser despedazados antes de que la menor reforma se abata sobre él. ¿Creen que la contundencia de este informe, como la de los muchos que ya llevamos digeridos, les hará cambiar un milímetro su posición? El enorme aparato de intereses ideológicos, sindicales, políticos y profesionales que secuestraron hace cincuenta años la escuela española, y con ella el futuro de varias generaciones, ya tiene la solución a este desastre: más dinero. El montaje es perfecto: el fracaso, se afirma, es producto de carencias económicas; luego cuanto mayor es ese fracaso, más dinero se necesita.
Nadie parece reparar en el detalle de que muchos países que destinan mucho menos presupuesto a educación estén tan por encima. Pero es que aceptar los principios de excelencia y libertad que rigen en los sistemas educativos más exitosos supondría la quiebra de la secta educativa que tanto rédito político proporciona a la izquierda.
La educación, hoy, es un cortijo, pero ese cortijo, aunque esquilmado y arruinado, tiene dueño. Y para colmo, algunos de los principales responsables del estropicio siguen ahí, como si nada, predicando recetas paleolíticas para la enseñanza. El señor Rubalcaba, promotor de la Logse, sin ir más lejos.
La educación, hoy, es un cortijo, pero ese cortijo, aunque esquilmado y arruinado, tiene dueño. Y para colmo, algunos de los principales responsables del estropicio siguen ahí, como si nada, predicando recetas paleolíticas para la enseñanza. El señor Rubalcaba, promotor de la Logse, sin ir más lejos.
martes, 8 de octubre de 2013
Y A ESE HOMBRRE SE LA FUE UNA LAGRIMA
Manuel de la Hera, 7 de Octubre de 2013
Ese hombre, uno cualquiera, se levanta temprano, cuando en estas fechas de Octubre el sol todavía no ha asomado por el horizonte y se queda pensativo mientras contempla la belleza de la amanecida. Tiene cosas que hacer pero es sumamente atractiva esa tenue oscuridad del cielo que, poco a poco, se va transformando en suave claridad que va permitiendo reconocer los contornos del paisaje de siempre, el que viene contemplando ese hombre desde muchos años atrás. Paisaje ese que no tiene nada que ver con el de su niñez, el cuajado de arenales llanos con algún montículo de escasa elevación en el que. cada día, un hombre de religión musulmana hacía oración, bien cubierto con su chilaba. Recuerda, cada día, a ese hombre que le es desconocido y tiene hacia él un recuerdo afectuoso; le enseñó que para la oración es necesario el recogimiento.
Y así. recogido su pensamiento en quienes ya presentaron, para siempre. su alma a Dios, nuestro hombre camina en silencio por los pasillos de su casa para ir abriendo ventanas y contemplar otro horizonte distinto del anterior. Ya el sol está apuntando en el horizonte y muestra un paisaje cuajado de grúas y de instalaciones para la construcción y reparación de buques así como un puente metálico en construcción sobre la bahía. Es una visión del presente y del futuro de la ciudad y vienen a la mente, y al corazón de nuestro hombre, aquellos años de febril actividad con barcos, simultáneamente, en las gradas, en los muelles de armamento y fondeados en la bahía para realizar sus pruebas finales. Ese recuerdo se mantiene vivo en su mente y en su corazón: es un recuerdo de felicidad y de amor al trabajo bien hecho.
Casi una hora después es momento de salir a la calle para comprar el periódico y el pan para el consumo del día. Es una costumbre que se inició cuando era todavía un niño y la mantiene porque quiere seguir sintiéndose niño en esta época en la que hay cierta prisa por querer tener apariencia y consideración de mayor, aunque no se tenga experiencia de lo primero ni méritos de lo segundo. Nuestro hombre lo sabe y le apena esa falsa apariencia y apetencia y en ello se centra una gran dosis de temor para la sociedad, a la que siempre sirvió con atención y cree que ha de seguir siendo así: pensar menos en uno mismo y más en los demás, en el conjunto de la sociedad para que en ella no fructifique el desamor y la violencia sino la serenidad de la paz. Está triste por ello nuestro hombre, pero sabe que debe reaccionar.
A la caída de la tarde, cuando ya aparecían las primeras sombras del anochecer, nuestro hombre salió a dar un pequeño paseo y finalizarlo en la visita a la Iglesia para hacer lo que aquél musulmán, orar sólo y en silencio, en ese pequeño montículo que, de alguna forma. lo aislaba de cualquier distracción. Orar, nuestro hombre, por todo cuanto en el alma existe como una llama viva, alimentada de amor y de dolor. Orar por la gente - mucha - que sufre por una o más causas, especialmente porque no acaban de encontrar la razón de ser, la razón de formar parte de una sociedad que parece que los ignora, que no quiere saber nada de ellos. En el silencio de la Capilla del Sagrario, de esa Iglesia que visitaba nuestro hombre, llevó toda la pena que había en su alma por las personas a las que amó y por las que ama porque sufren.
Ya de regreso en su casa, nuestro hombre atendió a lo que tenía pendiente de hacer en ese día, mientras pensaba y soñaba. Este soñar era como una carta en la que le invitaban a llevar a cabo lo que su alma le decía. Así repasaba lo hecho y lo dejado de hacer: el cariño hacia alguien enfermo y esas cartas sin leer porque piensa que son propaganda inútil. Tal vez se equivoque y en lugar de propaganda sea una petición de ayuda para alguien que sufre. No las dejes sin abrir se dice a sí mismo y al hombre - nuestro hombre - se le fue una lágrima que llegaba desde su corazón.
jueves, 3 de octubre de 2013
LA GRAN RUPTURA
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 03 de Octubre de 2013
FRANCIS Fukuyama, el fallido enterrador de la Historia, no siempre ha estado tan desafortunado como cuando puso a prueba sus condiciones de profeta. En 2000 publicó La gran ruptura, obra en la que repara en la coincidencia, en Occidente y a partir de 1960, de la masiva aplicación de costosos programas de asistencia social que sustituyeron el papel de la familia por el del Estado, y el abrupto ascenso de las curvas de divorcio, cohabitación, nacimientos fuera del matrimonio, abortos, abandono de prole, etc…, en significativa correlación con el aumento exponencial de la delincuencia juvenil, la drogadicción y el fracaso escolar. Este y otros estudios llevaron hace años en Estados Unidos a una remodelación de la filosofía de los programas de ayuda, señalando límites temporales a las prestaciones y condicionándolas a la búsqueda de empleo. Pese a las feroces protestas iniciales de los progres de todo pelaje, los resultados fueron exactamente los contrarios de los que estos auguraban: se incrementó espectacularmente el número de madres solteras o solas que buscaron y encontraron trabajo, lo que repercutió en un enorme descenso del número de niños que vivían bajo el umbral de pobreza, especialmente entre la población negra.
El reciente libro del catedrático sevillano Francisco José Contreras Liberalismo, catolicismo y ley natural, donde pueden conocerse esa y otras muchas incómodas verdades celosamente ocultadas, guarda en sus páginas dinamita conceptual suficiente como para poner del revés todo el aparato estatalista, burocrático e ideológico que está asfixiando a nuestra sociedad y preparando su entierro, ley tras ley, ejercicio a ejercicio. Como cada año, la discusión de los presupuestos vuelve a ser ocasión para la impúdica exhibición de todos los egoísmos corporativistas, de la abisal insolidaridad consustancial a las diecisiete malditas pseudopatrias, para la patética visión de una nación arruinada e hipócrita, con una deuda imposible de casi el 100% del PIB, pero que clama por más y más gasto, siempre a costa del vecino. En estos días, la lectura de un libro así puede convertirse en una auténtica tabla de salvación. España está gravemente amenazada por la corrupción, la incompetencia y la cobardía de los políticos y de buena parte de la ciudadanía, pero hay salida. Lástima que sea en la dirección opuesta a la que vamos.
El reciente libro del catedrático sevillano Francisco José Contreras Liberalismo, catolicismo y ley natural, donde pueden conocerse esa y otras muchas incómodas verdades celosamente ocultadas, guarda en sus páginas dinamita conceptual suficiente como para poner del revés todo el aparato estatalista, burocrático e ideológico que está asfixiando a nuestra sociedad y preparando su entierro, ley tras ley, ejercicio a ejercicio. Como cada año, la discusión de los presupuestos vuelve a ser ocasión para la impúdica exhibición de todos los egoísmos corporativistas, de la abisal insolidaridad consustancial a las diecisiete malditas pseudopatrias, para la patética visión de una nación arruinada e hipócrita, con una deuda imposible de casi el 100% del PIB, pero que clama por más y más gasto, siempre a costa del vecino. En estos días, la lectura de un libro así puede convertirse en una auténtica tabla de salvación. España está gravemente amenazada por la corrupción, la incompetencia y la cobardía de los políticos y de buena parte de la ciudadanía, pero hay salida. Lástima que sea en la dirección opuesta a la que vamos.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
LAS PEQUEÑECES DE CADA DÍA
Manuel de la Hera Pacheco, miércoles 25 de septiembre de 2013
En general somos gente que nos gusta la notoriedad, brillar por la excelencia de nuestra ciencia o por saber pasar el balón en el momento adecuado para que nuestro compañero de equipo marque un gol que se estaba necesitando como el agua de Mayo; siempre se citará y recordará que ese pase fue algo genial. No cabe duda que supuso la base del triunfo una cosa tan pequeña como darle con el pie al balón para que se luciera fulanito. Pues hay que reconocer que sin ese pase - algo en sí tan pequeño - se habría perdido el partido. ¿Cuántas veces, a lo largo de uno y otro día, hace cada cual algo pequeño que, sin embargo, sea útil para los demás, aunque sólo sea para una persona a la que ni siquiera se la conoce? La vida, básicamente, es eso: un sin fin de pequeñeces que hay que atenderlas con verdadero cariño.
Pero hay que estar atentos - muy atentos - a lo que necesitan los demás. Cualquier persona, aunque no la conozcamos, es digna de nuestra atención y no para ridiculizarla sino para servirla. ¿Quién no necesita, en algún momento, una mirada de comprensión, de estímulo o, simplemente, de cariño, de ese cariño espontáneo que tantas veces surge en el alma para mostrar buena disposición hacia los demás? Toda persona necesita, en algún momento, esa pequeñez que es producto del alma bien dispuesta y esa alma debe ser la tuya; precisamente la tuya que está deseando ser generosa porque sabe de las muchas dificultades que la gente pasa en su vida. Lo sabes por experiencia personal, porque en algunas ocasiones te has encontrado sólo y preocupado, sin nadie a tu alrededor que pudiera ofrecerte un gesto de afecto.
A veces nos dedicamos, con gran empeño a tratar de conseguir objetivos personales o sociales. Es el caso del Investigador que se pasa muchas horas al día enfrascado en su trabajo y ensayando, una y otra vez, una y otra pruebas. Y es el caso, también, de quienes están al frente de Organismos en los que se trata del bienestar material de la Sociedad. Unos y otros viven en una especie de compartimentos estancos en los que se hace una labor importante pero que, generalmente, les aleja de la realidad del trato humano y no tienen la oportunidad de ofrecer alguna que otra pequeñez del amor del alma, de la suya, que debe estar siempre dispuesta a actuar y hacer feliz a una persona porque ha visto la realidad del ser humano y se ha unido a ella con amor; con apertura de su alma hacia el bien, aunque sea una pequeñez.
Nosotros, los seres humanos, sufrimos el cerco del egoísmo, bien sea porque no nos preocupamos de las pequeñeces de la vida - la de unos y otros - o porque nos aprovechamos de las de los demás. Es duro e hiriente el cinturón del egoísmo; nos aleja de la calidad de persona corriente y bien intencionada, de esa que entiende que la vida es una gran oportunidad - única - para sentir en toda su plenitud la gran fuerza del amor por las cosas pequeñas, porque es en éstas donde se condensa la verdad de la vida. La tenemos al alcance de la generosidad de nuestra alma que, además, es inagotable y que hace que la vida de cada persona sea una completa realidad de amor; de amor del alma, limpio de toda impureza o cualquier satisfacción que aleje de la pureza de intención y de la entrega sin reclamo alguno.
Todos estamos llamados a ser útiles en la vida y es cierto que a unos se les pide más que a otros porque pueden y deben dar más de sí: pero nadie está exento de cuidar los pequeños detalles de su vida y la generosidad con la que se los ofrece. El amor del alma es quien mueve esa generosidad. ese dar a los demás incluso de lo que nos hace falta; pero que nunca falte el amor en ese sinfín de pequeñeces de cada día, en cada uno de esos pases de gol que otro llevará hasta el fondo de la red.
viernes, 20 de septiembre de 2013
BUENAS AGUAS
Alfonso Ussía
La Reina ha entregado en Cádiz la bandera de combate al nuevo
«buque insignia» de la Armada española, el «Juan Carlos I». Cádiz con su
enclave de San Fernando, el Ferrol y Cartagena forman el triángulo anímico de
nuestros marinos de guerra. Buenas aguas. A pocas millas del Ferrol se alza la
Escuela Naval Militar de Marín. En un principio se pensó en Barcelona para el
acto de entrega de la bandera de combate a este fabuloso buque de nuestra
Armada, que sustituye al «Príncipe de Asturias», prematuramente dado de baja
por problemas económicos. Ya se sabe. Aquí roban casi todos menos los
militares, y aquí se rebajan los presupuestos de Defensa para no suprimir
asesores, subvenciones chorras, gastos ingentes en mamarrachadas y demás
delicias de nuestras diferentes administraciones. El alcalde de Barcelona, el
señor «Tgjías» - se escribe "Trías" - no consideró conveniente
contaminar su puerto con el «Juan Carlos I» y menos aún que la Reina amadrinara
al nuevo portaaviones de la Armada y que los uniformes militares dignaran con
su numerosa presencia el solemne acto de la entrega. No deseaba oír el
tradicional saludo a la bandera de nuestros marinos: «Dotación ¡Viva España!».
El alcalde «Tgjías» no es excesivamente consecuente. En junio lo
vi en el Palacio Real, en su capilla, muy ceremonioso y hasta cortesanuelo,
asistiendo en lugar preferente a la Misa en memoria de Don Juan De Borbón.
Lógico que la Casa del Rey invite al alcalde de Barcelona a un acto en el que
se conmemora el centenario del nacimiento del penúltimo Conde de Barcelona que
fue, además, un gran enamorado de Cataluña. El último y actual Conde de
Barcelona, como es obvio, es el Rey, porque se trata de un título soberano de
la Corona de España, un detalle que quizás ignora el alcalde «Tgjías». Podría
haberse excusado, pero fue con Godó, que también pisó las reales alfombras a
pesar de haber entregado al nacionalismo separatista su Grandeza de España
concedida por el Rey en memoria de sus mayores, porque este Godó, méritos, lo
que se dice méritos, acumula pocos.
Mejor en Cádiz. Buenas aguas las gaditanas, las de la bahía, las
inmediatas a Rota, que será la base del «Juan Carlos I». Aguas cultas y
atlánticas, océanas e históricas, con ese horizonte en el que se intenta adivinar
el dibujo de las costas antillanas. Lo escribió Antonio Burgos en sus
«Habaneras».
«La Habana es Cádiz con más negritos.
Cádiz, La Habana con más salero».
Lo cierto es que hay que agradecer al alcalde «Tgjías» su amable
negativa. Pocos días después de la suciedad independentista que apoyó sin
límites, quizá no era conveniente recibir en Barcelona a tanta nobleza y
honestidad reunidas en un mismo acto. Además, que también Cádiz es Cataluña,
porque de ahí partieron como embarcados en las flotas españolas miles de
marineros catalanes en busca de futuros y aventuras. Como Cádiz es vasca, y
gallega, y canaria, y valenciana, y montañesa con sus jándalos ultramarinos, y
extremeña, que de esa tierra valiente de dehesas y sierras surgieron los
grandes marinos que no habían visto jamás la mar. Buenas aguas las de Cádiz,
que además bañan un talento popular e insuperable de siglos, aguas de la
Atlántida, con su tenaza abierta desde el Puerto de Santa María, Puerto Real y
Sanlúcar de Barrameda. Un buque de la Armada como el «Juan Carlos I» no se
merecía ese desplante grosero de «Tgjías». En Cádiz se sintió muy a gusto.
Dotación: ¡Viva España!
jueves, 19 de septiembre de 2013
LA HISTORIA MÁS TRISTE
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 19 de Septiembre de 2013
OIGO en la radio a Josep Piqué, ejemplo caudal de ejecutivo siempre a la sombra del poder, de político sin otro afán que la gestión de intereses, que los catalanes deberían saber que España es un buen negocio. Desde hace años todo lo que nos viene de Cataluña es tan deprimente que incluso un discurso como ese puede parecer guiado por la buena intención, al menos por la excelente intención de seguir haciendo negocios.
Evidentemente Josep Piqué no es un niño independentista y feliz, de esos de los que TV3 usa y abusa sin delito, ni siquiera es un jovenzano crecido bajo la estelada, privado por decreto del aprecio y conocimiento de la historia y la lengua común de los españoles, educado en el desprecio de lo ajeno y en la autosuficiencia ignara. Es un señor maduro, criado con otros referentes en los ominosos tiempos en que España era la patria por antonomasia, ministro del Reino y no sé cuantas cosas más que se suponen importantes en este atribulado país, pero todo lo que se le ocurre decir a sus paisanos en trance de dejarnos en paz de una puñetera vez es que no se precipiten, que esto sigue siendo un buen negocio. Si eso, traducido a la hermosa lengua catalana, significa que todavía somos ordeñables o que fuera hace frío, quede para los oídos que pueden oír esas razones sin que la náusea llegue. Ahí corté.
Debo ser un bicho raro, rarísimo, pero no deja de asombrarme que ante la terrible, aunque deseable en estas circunstancias, hipótesis de la independencia catalana y consiguiente liberación de España, apenas se esgriman, desde el lado de acá, otros argumentos que los económicos. Tras casi novecientos años ininterrumpidos de vida catalana junto a otros territorios españoles, los grandes motivos que, según nuestros políticos y sus mariachis mediáticos, deberían convertir su desafecto en burguesa conformidad no son más que el previsible descenso temporal de su PIB y la no menos temporal salida de la UE. En la calle, por su parte, el noble pueblo español muestra su perplejidad: ¿qué hará el Barça en una liga sólo catalana, qué el Madrid sin el Barça? "De todas las historias de la Historia/ la más triste sin duda es la de España/ porque termina mal", escribió proféticamente el barcelonés Jaime Gil de Biedma. Para él, como para muchos catalanes hoy, el mayor problema de España es que era pobre. Qué le vamos a hacer.
Evidentemente Josep Piqué no es un niño independentista y feliz, de esos de los que TV3 usa y abusa sin delito, ni siquiera es un jovenzano crecido bajo la estelada, privado por decreto del aprecio y conocimiento de la historia y la lengua común de los españoles, educado en el desprecio de lo ajeno y en la autosuficiencia ignara. Es un señor maduro, criado con otros referentes en los ominosos tiempos en que España era la patria por antonomasia, ministro del Reino y no sé cuantas cosas más que se suponen importantes en este atribulado país, pero todo lo que se le ocurre decir a sus paisanos en trance de dejarnos en paz de una puñetera vez es que no se precipiten, que esto sigue siendo un buen negocio. Si eso, traducido a la hermosa lengua catalana, significa que todavía somos ordeñables o que fuera hace frío, quede para los oídos que pueden oír esas razones sin que la náusea llegue. Ahí corté.
Debo ser un bicho raro, rarísimo, pero no deja de asombrarme que ante la terrible, aunque deseable en estas circunstancias, hipótesis de la independencia catalana y consiguiente liberación de España, apenas se esgriman, desde el lado de acá, otros argumentos que los económicos. Tras casi novecientos años ininterrumpidos de vida catalana junto a otros territorios españoles, los grandes motivos que, según nuestros políticos y sus mariachis mediáticos, deberían convertir su desafecto en burguesa conformidad no son más que el previsible descenso temporal de su PIB y la no menos temporal salida de la UE. En la calle, por su parte, el noble pueblo español muestra su perplejidad: ¿qué hará el Barça en una liga sólo catalana, qué el Madrid sin el Barça? "De todas las historias de la Historia/ la más triste sin duda es la de España/ porque termina mal", escribió proféticamente el barcelonés Jaime Gil de Biedma. Para él, como para muchos catalanes hoy, el mayor problema de España es que era pobre. Qué le vamos a hacer.
jueves, 12 de septiembre de 2013
EL BATACAZO
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 12 de Septiembre de 2013
CLAUSEWITZ, a quien hoy se estudia no sólo en las academias militares, también en las escuelas de negocios, escribió aquello tan repetido de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Puesto que hoy el deporte es, a su vez y en las naciones más o menos civilizadas, la continuación de la guerra por otros medios, a nadie puede extrañarle el maridaje entre política y deporte a todos los niveles. Política y deporte han ido de la mano en dictaduras y democracias, en imperios hegemónicos, naciones emergentes y estados fracasados. Por eso, hoy, cuando los separatistas catalanes han vuelto a abofetear impunemente a España ante los ojos del mundo, a dos días de que toda la plana mayor del socialismo andaluz haya sido puesta ante la justicia por el escándalo de corrupción más grave y repugnante desde el expolio de las desamortizaciones decimonónicas, un servidor propone que hablemos de deporte para así entender lo que pasa en la política nacional.
El desastre de la candidatura de Madrid 2020 en Buenos Aires, para sorpresa de todos, digan ahora lo que digan los enterados de siempre, nos pone cruelmente ante los ojos la percepción foránea de eso que han dado en llamar la marca España. Si los informes técnicos previos habían dado a Madrid la mejor calificación, debemos concluir que los señorones del COI, que serán corruptos pero no tontos, han apreciado en nosotros otro género de debilidades, más temibles y probables antes del 2020 que un terremoto con efectos nucleares en Japón o un levantamiento popular en Turquía. Esas flaquezas tienen que ver no sólo con las incertidumbres económicas, siendo éstas graves, sino con las que genera, día tras día, la irresponsabilidad de una clase política que se ha empeñado en hacer inviable y conducir al pudridero a una nación a la que hace sólo unas pocas décadas podía describirse como confiada en sus líderes, esperanzada con su futuro y solidaria entre sus tierras y gentes.
El penúltimo vergonzoso y triste espectáculo ofrecido en Gibraltar, con buena parte de los políticos y de la población española vecina haciendo el juego al impresentable Picardo, lo de ayer en Cataluña, lo de todos los días a cuenta de Bárcenas, Griñán, Rajoy, Rubalcaba, la Corona, la partitocracia, los sindicatos, etc…, esto es lo que se han quitado de encima en el COI. De poder, ¿no haría usted lo mismo?
El desastre de la candidatura de Madrid 2020 en Buenos Aires, para sorpresa de todos, digan ahora lo que digan los enterados de siempre, nos pone cruelmente ante los ojos la percepción foránea de eso que han dado en llamar la marca España. Si los informes técnicos previos habían dado a Madrid la mejor calificación, debemos concluir que los señorones del COI, que serán corruptos pero no tontos, han apreciado en nosotros otro género de debilidades, más temibles y probables antes del 2020 que un terremoto con efectos nucleares en Japón o un levantamiento popular en Turquía. Esas flaquezas tienen que ver no sólo con las incertidumbres económicas, siendo éstas graves, sino con las que genera, día tras día, la irresponsabilidad de una clase política que se ha empeñado en hacer inviable y conducir al pudridero a una nación a la que hace sólo unas pocas décadas podía describirse como confiada en sus líderes, esperanzada con su futuro y solidaria entre sus tierras y gentes.
El penúltimo vergonzoso y triste espectáculo ofrecido en Gibraltar, con buena parte de los políticos y de la población española vecina haciendo el juego al impresentable Picardo, lo de ayer en Cataluña, lo de todos los días a cuenta de Bárcenas, Griñán, Rajoy, Rubalcaba, la Corona, la partitocracia, los sindicatos, etc…, esto es lo que se han quitado de encima en el COI. De poder, ¿no haría usted lo mismo?
jueves, 5 de septiembre de 2013
SUSANA I
Rafael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 05 de septiembre de 2013
LO que está pasando entre ayer y hoy en el tan acertadamente llamado Hospital de las Cinco Llagas refuerza el carácter puramente regimentario al que hace tiempo derivó la autonomía andaluza. La coronación de Susana Díaz como presidenta de la Junta en cumplimiento de las previsiones sucesorias responde a una lógica política degradada que ha convertido a los aparatos partitocráticos, sin pudor ni temor, en los únicos órganos decisorios de esta democracia que ya sólo lo parece porque se mantienen vivos reglamentos y formalidades que no comprometen demasiado.
Resulta paradójico que muchos que dicen repudiar la monarquía por no estar sometida la sucesión dinástica a más plebiscito que el de la Historia y sus caprichos, aplaudan sin rebozo esta representación de la Farsa y licencia de la reina castiza con la que el PSOE obsequia y humilla a Andalucía.
Resulta paradójico que muchos que dicen repudiar la monarquía por no estar sometida la sucesión dinástica a más plebiscito que el de la Historia y sus caprichos, aplaudan sin rebozo esta representación de la Farsa y licencia de la reina castiza con la que el PSOE obsequia y humilla a Andalucía.
Un ya de por sí fracasado apparátchik en situación política terminal se permite el lujo de designar nada menos que como presidenta de Andalucía, sin escándalo, a alguien cuya ausencia de cualquier mérito objetivo y exhibible le convierte a él, comparativamente, en prócer ilustre al que pronto incluso echaremos de menos. Y como no hay político que ose promover a nadie que lo mejore en algo, no sea que se note, podemos imaginar la corte que rodeara a Susana I. Es la hora de las oligarquías de barriada por pura desafección de toda aristocracia.
Lo único esperanzador, para cualquiera que conozca un poco el alma andaluza, es el estrepitoso silencio, la aplastante indiferencia del pueblo ante la burla socialista y ante las alharacas del PP afectando indignación. Otros pueblos, resultado de otras historias y otras éticas, pitarían el espectáculo, abuchearían a sus protagonistas, tal vez invadirían el ruedo.
Lo único esperanzador, para cualquiera que conozca un poco el alma andaluza, es el estrepitoso silencio, la aplastante indiferencia del pueblo ante la burla socialista y ante las alharacas del PP afectando indignación. Otros pueblos, resultado de otras historias y otras éticas, pitarían el espectáculo, abuchearían a sus protagonistas, tal vez invadirían el ruedo.
¿Para qué, se pregunta el andaluz? En el fondo lo deseable es esta desvergüenza que nos reafirma en nuestro fatalismo, en esa desconfianza sin límites hacia todos los que mandan, sean quienes sean. Ese silencio, esa indiferencia gritan que, a pesar de las ilusiones rotas, de la mediocridad sin fisuras, la vida de todos sigue su curso apenas alterable, que los griñanes y susanas son pura anécdota, verduras de las eras, como todo lo que venga después y siempre. Como te ves, me vi; como me ves, te verás. Así rezaba un extendido epitafio de otra época, buen resumen de esta coronación y de todas.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
SEMILLAS DE ODIO
Carlos Colón, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 19 de Agosto de 2013
ESCRIBÍA ayer la compañera Patricia Godino que, si cuando se realizó el primer registro oficial de la inmigración irregular en la costa del Estrecho de Gibraltar se rescataron 49 personas, en 2003 -el pico más alto- fueron 2.603 y en lo que llevamos de 2013 son ya 1.871. También ayer se supo que la llegada de 800 inmigrantes en pocas horas ponía a Italia en alerta.
El diario La Repubblica recogía la protesta desesperada del alcalde de Pozzallo, una de las poblaciones afectadas: "Hospitalarios, acogedores y disponibles, sí; pero no idiotas. Estamos totalmente olvidados por la autoridad. Este Ayuntamiento tiene una deuda de más de 650.000 euros y no obstante continuamos adelantando fondos para comida y ropa".
En el mismo diario una parlamentaria italiana manifestaba: "Ha llegado la hora de reflexionar seriamente sobre la inmigración. La sola represión tiene un coste social demasiado elevado si se ejerce sobre quienes huyen de la desesperación. Enviamos este mensaje a Europa: la vía a seguirse no es la del rechazo. El rechazo siembra odio y el odio es el germen de la violencia. No se puede considerar a la mayor parte de la pobre gente que desembarca en nuestras costas simples clandestinos y por ello delincuentes".
Lo terrible es que ambos tienen razón. Es comprensible la desesperación del alcalde que ha de afrontar en solitario una situación para la que carece de recursos. Y son compartibles los argumentos de la política contra la exclusión que convierte a las víctimas de la desesperación en delincuentes.
Lo terrible es que ambos tienen razón. Es comprensible la desesperación del alcalde que ha de afrontar en solitario una situación para la que carece de recursos. Y son compartibles los argumentos de la política contra la exclusión que convierte a las víctimas de la desesperación en delincuentes.
Lo terrible es que, de no tomarse medidas, este gigantesco sufrimiento puede generar dos clases de odio igualmente peligrosos. El de los ciudadanos, sobre todo los más desfavorecidos, que ven hundirse aún más en la marginalidad los modestos barrios en los que los inmigrantes no repatriados necesariamente acaban viviendo. Y el odio de los inmigrantes que se ven rechazados o el de los que son explotados y han de vivir en penosas condiciones si logran quedarse.
El primer odio alimenta la xenofobia y el racismo, explotado por los crecientes partidos de extrema derecha. El segundo alimenta la violencia y la delincuencia a las que se ven abocados quienes sobreviven en penosas condiciones entre nosotros (entre los más desfavorecidos de nosotros, además, insisto) y el creciente fundamentalismo, explotado por los también crecientes movimientos islamistas radicales. Continuará.
El primer odio alimenta la xenofobia y el racismo, explotado por los crecientes partidos de extrema derecha. El segundo alimenta la violencia y la delincuencia a las que se ven abocados quienes sobreviven en penosas condiciones entre nosotros (entre los más desfavorecidos de nosotros, además, insisto) y el creciente fundamentalismo, explotado por los también crecientes movimientos islamistas radicales. Continuará.