Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

domingo, 29 de julio de 2012

COSAS QUE SOBRAN

(José Aguilar en el Diario de Cádiz, el 22.07.2012)

CIFRAS en mano se puede afirmar que el recortazo de Rajoy no ha sido equilibrado. El objetivo de reducir el déficit se ha buscado más mediante el aumento de los ingresos del Estado que a través de la disminución de sus gastos.

Cierto que el tajo a los sueldos de los funcionarios, quizás víctimas propiciatorias porque están muy a mano, ha sido considerable, pero cuantitativamente inferior a lo que se prevé recaudar por la subida de los impuestos, en particular el regresivo IVA. Lo que sí es un hecho es que el Estado que ha puesto a dieta a millones de españoles no está dispuesto a adelgazar casi nada sus estructuras.

Habíamos quedado en que hay un exceso de organismos, una inflación de empresas públicas, sociedades, fundaciones, observatorios y demás, bien porque sus funciones se solapan con otros ya existentes, bien porque se dedican a objetivos prescindibles. Lo que sí suelen ser es caros. Hasta ahora pocos parecen llamados a desaparecer a nivel nacional, y menos en las comunidades autónomas. Por ahí sí que estaría más que justificado un tajo profundo.

Cierto que cada órgano que se hace desaparecer supone empleados que van a ser despedidos, o reconvertidos. Se pierde lo que algunos sindicalistas desahogados llaman empleo de calidad: empleo de productividad incontrolada y regulado por convenios espectacularmente onerosos para las arcas públicas, concedidos por administradores más pendientes de su tranquilidad gerencial que del hecho de que cada mejora más o menos justificada ha de salir de los impuestos de los contribuyentes.

No es por señalar, pero consideremos el caso de Canal Nou, la televisión autonómica valenciana. Sus actuales gestores han tomado una medida brutal: despedir a 1.295 de los 1.605 trabajadores en plantilla. Tres de cuatro trabajadores, a la calle. El ERE que acaban de presentar es una respuesta laboralmente nefasta a una situación socialmente peor (desde el punto de vista del interés público), la de una de las cadenas de televisión más costosas que se conocen. En los últimos tiempos ha perdido una media de 300 millones de euros anuales, asumidos por los valencianos todos a través de la Generalitat pagana. Cuando su control lo cogió el PP -el mismo que ahora despide al ciento y la madre- tenía una plantilla tres veces menor a la actual y desde entonces ha multiplicado sus números rojos por cuarenta. Y sin poder escudarse en la monserga de ser la televisión propia de los valencianos: su audiencia es del 5%. De cada cien valencianos 5 la consideran suya, 95 prefieren ver otras cadenas.

Soy de los que defienden lo público, siempre que podamos costearlo. Nunca a costa de la ruina de la mayoría.

sábado, 21 de julio de 2012

OTRA LECTURA DE LAS NAVAS

(Emilio Gonzalez Ferrin, Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 21 de Julio de 2012)

DURANTE siglos, los que pasaban por los alrededores de la actual La Carolina aprovecharon el hierro que quedó tras la batalla de Las Navas de Tolosa, en julio de 1212: puntas de flecha, cascos, espadas... No es mala prueba historiológica de cuanto pudo haber pasado, en una materia y unas coordenadas en las que se tiende a exigir pruebas si uno dice que algo no ocurrió, en lugar de presentarlas demostrando que ocurriese. Aquel crecido y fronterizo siglo XIII explica algunas cosas y justifica otras muchas, razón por la que Las Navas se presenta como algo más que un enorme hecho de armas -no todos lo fueron, en torno a Al Ándalus- cuya trascendencia exige una segunda lectura más allá de la novela histórica.

García Gómez dio unas primeras pistas en su libro Andalucía contra Berbería, y María Jesús Viguera las engarzó con valiosos testimonios: la verdadera invasión relacionada con lo andalusí es la norteafricana en tres fases desiguales -almorávides, almohades, meriníes- aprovechando el esplendor no castrense de las Taifas. Musulmanes norteafricanos invadieron las tierras de musulmanes andalusíes, y éstos no reaccionaron con el aplauso hoy esperado de amigos en el choque de civilizaciones. Abu Maruán, cortesano andalusí de Valencia, creyó que el golpe de Estados norteafricano sería pasajero, y aplaudió a un efímero éxito de Alfonso I El Batallador con unos versos sin desperdicio contra los norteafricanos: "Hijos de mala madre; huis como asnos despavoridos [...]. Ha llegado el momento de daros para el pelo. No va a haber velo en el mundo para taparos la cara hasta que os mandemos de vuelta a ese desierto vuestro, y así poder después limpiar Al Ándalus de vuestros excrementos". No parece que este señor fuera consciente del trascendental enfrentamiento complementario entre cruzada y yihad con que después se colorearía su tiempo, sino que más bien ilustra algo que el rey sevillano Almutamid comprendió cruzando el Estrecho cargado de cadenas y que se evidenciará después en 1212: se podrá utilizar la religión en la batalla, pero cuerpo a tierra, que vienen los nuestros.

Antes de 1195, Alfonso VIII proyectó la construcción de una capital en Alarcos. En plena fiebre de crecimiento castellana, el rey debía hacerse fuerte en el sur porque Navarra y León coqueteaban con el poder almohade para estrangular al castellano. Pero Alarcos fue un fracaso estrepitoso, y la imparable presión bélica de los almohades llegaría hasta los mismos muros de Toledo. Y ahí nació la muy calculada apuesta reactiva del 1212 -esfuerzo, maestría y seso son las claves del arte de la guerra, dirá el descendiente Alfonso X-; de la cooperación entre el estratega Alfonso VIII y el ideólogo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo. Éste último obtuvo del papa Inocencio III la consideración de Cruzada, congregándose en Toledo un ejército de cruzados europeos, ultramontanos. Por lo tanto, en el pensado recorrido histórico hasta Las Navas de Tolosa, contamos con un Ejército castellano, otro ultramontano, la incógnita acerca de cómo reaccionarán los otros reinos cristianos -no en el caso de Aragón, siempre junto a Castilla-, un adecuado envoltorio de Cruzada... Pese a ello, la consideración documental de la batalla no es tan explícita de guerra contra el islam, como de Batalla campal al rey de Marruecos.

El resultado de la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 es conocido: pierde el Miramamolín, deformación de Amir al-Muminín, el título califal que aún se ostenta más allá del Estrecho. Pero hay una serie de detalles en torno a la batalla que no suelen tenerse en cuenta: en primer lugar, aquel ejército de cruzados europeos pierde su legitimidad ante el rey castellano en el asedio de Malagón. Incumpliendo el arte de la guerra de Alfonso VIII, arrasan la ciudad. Ese ejército de cruzados abandonará la coalición antes de las Navas, y en su retirada hacia los Pirineos -dedicada al pillaje-, asedian la propia Toledo, cuya población civil -el Ejército está en el frente- debe organizarse para evitar una masacre en la judería. En segundo lugar, parece que las tropas andalusíes desertan en medio del fragor de la batalla, por lo que el desarrollo definitivo de la misma consistirá en un ejército peninsular tratando de expulsar a un ejército invasor.

En adelante, se expulsará a los musulmanes -africanos-, pero habrá moros -andalusíes- en las ciudades -léase el Fuero de Córdoba de 1241, ratificado por el propio Jiménez de Rada-. Por otra parte, el cristianismo administrativo proyectado por este último abarcará desde las divisiones de los barrios de las ciudades hasta la interpretación de la historia, codificando desde su presente una narración oficial de conquista y reconquista que servía a la logística militar de su tiempo pero ha quedado como ideología actual en España, anclada en el improbable mito de Covadonga.

Por último, el crecimiento castellano desde 1212 -Córdoba en 1236, Sevilla en 1248- se detiene a mediados de siglo creando doscientos cincuenta años de frontera. No es la paz improbable de algunos historiadores; es que Granada no estaba en la agenda y sí en las conquistas anteriores, con sus tropas de apoyo a Castilla. Ese tiempo de frontera, que Márquez Villanueva describió magníficamente en su Concepto cultural alfonsí, es el que define una historia de España habitable.

miércoles, 18 de julio de 2012

¿Por qué quiebran las naciones?

Por Ignacio de la Torre
Publicado en Cotizalia (18/07/2012)

Hace unos años en Madrid el Senador Phil Gramm planteó por qué Argentina era más pobre que los EEUU cuando ambos países compartían riquezas naturales y una inmigración europea semi-cualificada. Se le ocurrió mirar el listado de las cincuenta familias más ricas en 1920 y compararlo con el actual. En EEUU quedaban 7 familias. En Argentina, 41.



Muchos investigadores han intentado analizar la génesis del éxito y del fracaso de las naciones. Las teorías de la “ética protestante” de Max Weber han sido refutadas por datos empíricos (las ciudades católicas alemanas son más prósperas que las protestantes a lo largo de la historia). Los recursos naturales han supuesto un arma de doble filo (la llamada “maldición del petróleo” que genera cleptocracias que impiden el desarrollo de un país). También se han formulado hipótesis como la meteorología, la geografía, la cultura... Sin embargo puede que todas estas teorías yerren.


Recientemente, los Profesores Acemoglu (MIT) y Robinson (Harvard), han publicado un sugestivo libro “Why nations fail”, en el que analizan porqué unas naciones son más exitosas que otras. La clave es si las instituciones desarrolladas son “integradoras”, generando beneficios económicos y sociales (libertad y otros) para el conjunto de la sociedad, o bien son “extractivas”, concentrando los resultados en una oligarquía dominante. Entre otros casos, estudian por qué las colonias inglesas en EEUU prosperaron más que las españolas en Hispanoamérica. Los españoles desarrollaron un sistema de explotación de la propiedad basado en mano de obra indígena sedentaria. El producto de la riqueza se repartía entre la oligarquía local y la metrópoli. Los ingleses, carentes de mano de obra (las tribus indias en Nueva Inglaterra eran nómadas, y no sedentarias como muchas de las que fueron sometidas por los españoles), desarrollaron un sistema penal que forzaba a los colonos a trabajar la tierra y a comerciar con la metrópoli a precios tasados, beneficiando así a la oligarquía, estableciendo terribles penas para el que no se atuviera a tan draconianas normas.

Pronto, los resultados fueron tan nefastos que se procedió a cambiar el sistema modificándolo por uno liberal que incentivaba la producción: se premiaba el trabajo, se primaba la libertad de precio y de explotación. Así, mientras los españoles desarrollaron un sistema “extractivo” que no provocaba la integración de la masa india en la causa común, los colonos americanos, sin integrar a los indios en el sistema productivo, desarrollaron un sistema económico integrador basado en la libertad (sólo para colonos, ya que en los estados del sur el desarrollo se basó en la importación masiva de esclavos), lo que provocó que hacia la independencia en 1776 las clases medias de las colonias del norte de los actuales EEUU eran probablemente las que mejor nivel de vida tenían en el mundo.
Este análisis explica por qué países bien gestionados como Botsuana han experimentado altas tasas de crecimiento frente a países caóticos como el Congo o Sierra Leona. También plantea estimulantes preguntas sobre el futuro del crecimiento chino y el de los EEUU, y el poder relativo futuro de ambas potencias (el sistema chino continúa siendo “extractivo” como se puede deducir de la ausencia de libertad y de la inmensa fortuna de la cúpula del Partido Comunista). También explica la caída de naciones como la Unión Soviética. Suscita, asimismo, unas reflexiones sobre las mejores políticas conducentes a erradicar la pobreza. El ejemplo icónico de Corea del Norte y Corea del Sur habla por sí mismo.

La clase política española dedicó las ingentes rentas irregulares producidas por la burbuja inmobiliaria a financiar gasto corriente (más contratados públicos y más instituciones públicas). Tras cinco años de crisis y 400.000 millones de euros de deuda añadida a nuestras espaldas nos han presentado sus recetas para tamaño desmán: trasladar masivamente el esfuerzo a la sociedad civil mediante masivas subidas de impuestos y cuestionables recortes de gastos (no se suprimen instituciones vacías como el Senado, diputaciones, televisiones públicas o empresas públicas, ni se cortan drásticamente las subvenciones, ni se reconfigura el peso de la clase política o del funcionariado).

Tras unas decenas de años de extraordinario desarrollo económico español, me preocupan las consecuencias que a medio plazo generarán semejantes medidas en nuestra nación. ¿Estamos desarrollando un sistema parecido al que desarrollamos en América hace cientos de años? ¿Trabajaremos los contribuyentes con la menor libertad que supone emplear cinco meses al año para pagar los gastos corrientes decididos por la clase política? La parte que sea más fuerte en este pulso (clase política vs. sociedad civil) decidirá probablemente si la nación española puede o no acabar como un estado fallido.

Comenté hace tiempo cómo Confucio instruía a sus discípulos sobre la política impositiva ideal, comentándoles que los ladrones de Indochina, al asaltar las caravanas, no robaban toda la mercancía, sino que dejaban una tercera parte, con el ánimo de que el comerciante llegara a su destino, se recuperara, y así podía volver a transitar la ruta de forma que el ladrón pudiera volver a robar.

Confucio planteaba que ante abusivas incautaciones de mercancías sólo cabía organizarse para limpiar Indochina de ladrones.

Feliz verano a todos.

domingo, 15 de julio de 2012

REFORMA DE AYUNTAMIENTOS Y DIPUTACIONES

(Manuel Clavero Arévalo en el Diario de Cádiz, el domingo 15 de julio de 2012)
 
EL Gobierno tiene el proyecto de modificar la legislación de Administración Local. En España hay 8.112 municipios, 50 provincias, 42 comarcas, 1.023 mancomunidades municipales, cuatro áreas metropolitanas y 3.725 entidades de ámbito territorial inferior al municipio (caseríos, anteiglesias, aldeas, pedanías etc). Además existen infinidad de organismos autónomos y sociedades, sobre todo dependientes de los ayuntamientos.

El informe que tiene el Gobierno propone suprimir casi todas las mancomunidades municipales, reducir el número de concejales, que son 68.286, y regular el sueldo de alcaldes y concejales, entre otras medidas.

El tema central de la reforma radica en la relaciones de las diputaciones provinciales respecto a los municipios de menos de 20.000 habitantes. La división provincial vigente data del 30 de noviembre de 1833, cuando el granadino Javier de Burgos era ministro de Fomento. Más adelante sobre dichos territorios se crearon las actuales diputaciones provinciales.

Al respecto conviene recordar el importante número de diputados provinciales que se extinguirían si desaparecieran las diputaciones. Según el artículo 204 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio del Régimen Electoral General, el número de diputados provinciales en cada diputación se determina según el número de residentes en cada provincia, de acuerdo con el siguiente cuadro:

Hasta 500.000 residentes, 25 diputados.

De 500.000 a 1.000.000, 27.

De 1.000.000 a 35.000.00, 31.

De 3.500.001 en adelante, 51.

Se comprende que el número de diputados provinciales que se suprimiría sería muy elevado, sin que la operación exigiera supresión de funcionarios ni de personal laboral fijo.

Cuando se constituyeron las comunidades autónomas, algunos intentaron que las diputaciones provinciales fueran la Administración periférica de ellas en cada provincia y así lo estableció el artículo 4 del primer Estatuto de Autonomía de Andalucía, aprobado por Ley Orgánica 6/1981, de 30 de diciembre. El precepto no llegó a aplicarse porque la Administración periférica provincial de la Junta de Andalucía era mayor que los servicios de las diputaciones provinciales y además porque en las diputaciones provinciales podía gobernar un partido político distinto del que gobernara en la Junta de Andalucía, lo que podría generar problemas. El actual Estatuto de Autonomía de Andalucía suprimió dicho artículo. En Cataluña, la Generalitat suprimió las diputaciones provinciales pero, recurrida la ley catalana ante el Tribunal Constitucional, éste declaró nula la ley porque las diputaciones están reguladas en la Constitución.

Como digo, la creación de las comunidades autónomas afectó a las diputaciones porque alguna de aquellas eran uniprovinciales y las diputaciones pasaron a integrarse en las comunidades autónomas. Es el caso de Madrid, Murcia, Baleares, Navarra, Rioja, Cantabria y Asturias. En las demás comunidades autónomas persistieron las Diputaciones provinciales.

En España existe una fuerte tendencia, no unánime, favorable a la extinción de las diputaciones porque las comunidades autónomas, sin elevado coste, podrían realizar sus funciones en cada provincia. Pasarían a las comunidades autónomas las competencias provinciales, los funcionarios y el personal laboral fijo, los edificios, los expedientes y el material de oficina. Se suprimirían los diputados provinciales que son cargos políticos muy numerosos. El diario El Mundo afirmó que la supresión de las diputaciones provinciales supondría un ahorro de 20.000.000 euros. La supresión de las diputaciones, además de la resistencia de quienes las defienden, requeriría una reforma de la Constitución.

Si pasamos a los municipios, tenemos que en España existen 8.112, muchos con graves problemas económicos y alguno con dificultad para pagar las nóminas mensuales. Al parecer, el informe que tiene el Gobierno determina que el mayor número de las competencias municipales de los ayuntamientos que tengan menos de 20.000 habitantes, unos 7.700 de los 8.112 existentes, pasarían a ser gestionadas por las diputaciones provinciales. Como se ve, un fortalecimiento de las diputaciones, a costa de algunos de los municipios de menos de 20.000 habitantes, lo que enfrenta abiertamente a los que defienden la supresión de las diputaciones, entre los que me encuentro.

El nuevo modelo puede encontrar dificultades, ya que el artículo 140 de la Constitución consagra y garantiza la autonomía municipal y, aunque no enumera las competencias municipales, éstas vienen establecidas en el artículo 25 de la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local y en algunas leyes autonómicas. Por otra parte, no hay que olvidar la Carta Europea de la Autonomía Local de 15 de octubre de 1985.

Con independencia de ello cabe preguntar si los ayuntamientos transfieren o delegan su competencia a las diputaciones y si las cesiones son voluntarias y revocables. También será interesante conocer la situación del personal de los ayuntamientos que desarrollan las competencias delegadas en las diputaciones. En definitiva, una solución inédita, que en mi opinión no es mejor que la supresión de diputaciones, sin perjuicio de que se dicte una ley a favor de los municipios en materia financiera.

viernes, 13 de julio de 2012

LOS HOMBRES DE BLANCO

(Manuel F. Sánchez Blanco, publicado en el Diario de Cádiz el viernes 13 de Julio de 2012)
 
EL Eurogrupo anuncia medidas para los bancos españoles rescatados que figurarán en el memorando a punto de firmarse: reestructuración del sector (cierre de oficinas, ajuste del personal, segregación del negocio inmobiliario -el llamado banco malo-, etc.) y supervisión bancaria, es decir, control del negocio de la banca. Es el inicio, por fin, de un supervisor europeo con plenos poderes sobre los bancos centrales nacionales. Porque no sólo los bancos españoles están en dificultades, también lo estarían los bancos franceses e italianos si se sometieran a las pruebas de resistencia que ha soportado la banca española.

A ese BCE de verdad debemos añadirle el Tribunal de Justicia Europeo con la obligación de control de todos los presupuestos de los estados de la Unión, y otros organismos similares de los que hablaba la canciller Angela Merkel hace unos meses en una entrevista a seis medios europeos (les recomiendo su lectura, pues allí se encuentra perfectamente marcada la hoja de ruta de lo que será la Europa federal).

Porque aquí, de verdad, lo que se está discutiendo por encima de resolver los problemas acuciantes de determinados estados, es si queremos esa Europa federal o seguir con el paripé que tenemos actualmente (una moneda única y poco más, y no para todos). La clave la sigue teniendo Francia, tan recelosa de ceder un ápice de soberanía nacional en pos de ese ilusionante proyecto (al menos hasta la llegada de Hollande), porque la locomotora alemana tiene muy clara su postura al respecto.

Yo, qué quieren que les diga, estoy deseando ver en mi país a los hombres de negro, que es lo que tendríamos con una Europa de verdad, y les explicaré por qué.

La corrupción, el ventajismo, la picaresca, el engaño, el triunfo de los mediocres, la falta de honradez… están instalados en nuestra sociedad actual a todos los niveles. Los últimos acontecimientos en la más alta magistratura de nuestro sistema judicial, los infinitos casos de corrupción política destapados y por destapar, la constante oposición de los sindicatos y asociaciones empresariales a cambiar su estado actual (¿alguien puede explicarme por qué debemos los ciudadanos mantener estas organizaciones con nuestro dinero?), el mantenimiento de estructuras administrativa duplicadas y hasta triplicadas, bancos que engañan a sus clientes, y, para no cansarles, la desidia y la falta de compromiso de todos nosotros con nuestro propio país y su estructura organizativa. Sí, todos necesitamos un rescate, necesitamos una evaluación externa permanente para saber lo que somos y poner las bases de lo que queremos ser.

La educación en España es un desastre mayúsculo; por ejemplo, nuestras universidades son demasiadas y casi todas mediocres, la secundaria un desastre… Hay que poner orden aquí con un criterio muy sencillo pero muy eficaz: "Si vales te quedas; si no, te vas", válido para estudiantes y profesores. Verán: ¿qué tal si los exámenes los ponen los hombres de negro? "Usted no pasa de curso si no se sabe la materia y usted queda despedido por no saber enseñarla". Apliquemos el mismo rasero a la sanidad pública, al funcionariado, a las empresas, a los profesionales, en fin, a toda la sociedad, en pos de que los mejores gobiernen la nave por su excelencia, preparación y ganas.

Ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Administración central serían codirigidas por "los hombres de negro" apartando a los corruptos, ineptos, chupatintas e incapaces y afianzando en sus puestos a los honestos, preparados y comprometidos por el bien común.

¿A que es un bonito sueño? Siento vergüenza ajena cuando unos bárbaros destrozan unos monumentos aprovechando unas legítimas celebraciones. La auténtica enseñanza de nuestra selección de fútbol, ya que estamos, permanece oculta: preparación, colaboración, esfuerzo, generosidad, juego limpio, saber ganar, no humillar al contrario (¡ese pasillo de nuestros jugadores a los abatidos italianos! O ese grito de Íker al árbitro -"Páralo ya, respeto al adversario"- me llenan de orgullo y es entonces cuando me alegro de que ganar les posibilite a ellos estos gestos de caballerosidad y hombría de bien.

Los hombres de negro de repente se han convertido en hombres de blanco, que nos traen, aunque sea en sueños, la posibilidad de lograr cambios justos y ordenados, lógicos y sensatos para un país como el nuestro anclado en el pasado y reacio a cualquier movimiento. ¡Bienvenidos sean!

lunes, 2 de julio de 2012

IMPUNES

(Rafael Padilla en Diario de Cádiz el domingo 1 de Julio de 2012)

LO decía no hace mucho Manuel Pizarro, ex presidente de Endesa y de Ibercaja y hombre de fugaz y frustrante experiencia política: "La rendición de cuentas es necesaria porque en una sociedad sin controles ni cortapisas los partidos toman las instituciones, los medios de comunicación, la justicia, y así llegamos a la impunidad, que es la mayor injusticia, y que consiste en que todo se tapa". Con su conocida mesura, Pizarro pone el dedo en la llaga de una España que se desmorona, carcomida por miles de termitas que se saben siempre a salvo, afanadas sobre todo en cómo mantener la mamandurria mientras la teta de una vaca ya agonizante secreta su penúltima gota.

La magnitud del despilfarro es tan enorme y su origen tan obvio que el españolito no puede llegar a comprender por qué casi todos sus desvergonzados responsables continúan cómodamente en sus puestos, con el botín a buen recaudo y al abrigo de imputaciones y reproches. Aquí nadie va a la cárcel, el siguiente -da igual si el color coincide o no- hace lo posible y hasta lo imposible para que el círculo mafioso no se rompa, para que, hoy por ti y mañana por mí, no se desvanezcan los ominosos privilegios de una clase política que defiende sus comunes y mezquinos intereses con mucho más empeño y talento que cualesquiera otros.

Ése es, además, nuestro mayor lastre. La gran reforma que Europa espera de nosotros es la del rigor y la de la seriedad. Lo que no cabe perpetuar es un Estado elefantiásico y pródigo, gestionado por una horda de ineptos e inútiles que jamás se cansan de trincar de la bolsa común. Hemos asistido a tropelías inasumibles, se han malbaratado millones sin cuento, se han acometido estupideces de récord y no ha pasado casi nada. Ante los jueces, sólo han comparecido cuatro desgraciados, antes por haber perdido el favor de la manada que por la gravedad de sus conductas.

No es de recibo el desenlace exculpador de la fiesta de las cajas. Tampoco, que los poderes autonómicos que nombraron en ellas virreyes obedientes anden aún campando por sus respetos. Es de traca que mientras que el ciudadano se calcina, los pirómanos, causantes indubitados de este infierno, prosigan en sus ignífugos y refrescantes despachos.

Alguien tendría que poner fin a esta historia lamentable de pícaros, listos y estafadores. Alguien debería de tener la voluntad y el valor necesarios para intentar regenerar la vida política y económica de un país que está siendo destrozado por sus propias y presuntas élites. Se nos acaba el tiempo. Es el sistema el que se viene abajo por el peso infame de su misma corrupción. Basta de impunidad y de lealtades incalificables: que operen las leyes y que operen pronto. Porque si no, desencantado del invento y desesperado, será el pueblo, lento pero temible cuando despierta, el que termine cobrando a su feroz manera tantos y tan injustificables débitos.

jueves, 28 de junio de 2012

PREDICANDO CON EL EJEMPLO

( Enrique García-Máiquez en el Diario de Cádiz el 27 de Junio de 2012)

EL primer acto de la iniciativa Reconversión ha sido enviar una carta a Rajoy instándole a emprender la reforma de un sistema político y social que o no ha funcionado o ha sido superado por la crisis. La carta no tiene desperdicio, aunque ustedes, que tienen el detalle de leerme, podrían pasarse sin ella. Dice cosas que aquí hemos repetido mucho: la necesidad de reestructurar el Estado, de meter en cintura a los partidos políticos, de reformar la educación, de favorecer un cambio moral, etc. No quiero decir que yo haya sido precursor de nada, sino sólo que Reconversión recoge un clamor a gritos de la gente común.

Aunque no les haga falta, recomiendo que la lean. Está en www.reconversion.es y explica muy bien todo lo esencial. Además, predica con el ejemplo. Enumero, rápidamente, sus ejemplos en un decálogo:

1) No tienen problema en usar en su logo los colores de la bandera española, ¡y sin hablar de fútbol! 2) Los abajofirmantes pertenecen a casi todas las sensibilidades políticas, menos a las refractarias, naturalmente. 3) Algunos firmantes pertenecen a partidos políticos, pero han sido capaces de salirse de la foto fija que impone el aparato. 4) Y eso que la iniciativa detecta claramente que los grandes interesados en no cambiar nada son los partidos, ¡como tontos, siendo los que sacan tajada de esto! 5) Hay víctimas del terrorismo, las grandes depositarias de la autoridad moral de los años de democracia. 5) La carta alaba las reformas ya realizadas para sugerir que, sin una en profundidad del Estado, serán para nada. 6) Sin adoptar un tono profético, son capaces de sintetizar en unas pocas líneas los graves males que aquejan a nuestra nación. 7) Su optimismo radica en dos fundamentos muy serios: saben que tienen a la mayoría silenciosa de su parte, y 8) no ignoran que, a diferencias de otras dimensiones de la crisis más técnicas, la solución de ésta depende de un acto firme de voluntad política, nada más…, y nada menos. 9) Son tan democráticos como para pedir unos acuerdos como los de la transición, pero además proponen que, si ésos devinieran imposibles -como se temen-, se recurra a un plebiscito. 10) Por último, se ha dicho mucho que en España la sociedad civil no tiene vitalidad, pero esta iniciativa nace de la sociedad civil y a ella apela con viveza.

Que la crisis nos tiene todo el día quejándonos de todo, se quejan los que se quejan de todo; pero aquí hay unos que cogen el toro por los cuernos. Aunque sólo sea por lo reconfortante que resulta ver a un puñado de españoles de todas las ideas, edades, ámbitos y regiones de acuerdo, merece la pena atenderles.

miércoles, 27 de junio de 2012

Por un renovado pacto constitucional para la reconversión del Estado


http://www.reconversion.es/

Carta abierta al Presidente del Gobierno

Madrid, 25 de junio de 2012,

Señor Presidente:

La extrema gravedad de la situación económica, moral, social e institucional de España en el momento presente nos mueve a dirigirnos públicamente a Vd., como Presidente del Gobierno. Al hacerlo, partimos del reconocimiento de su voluntad de emprender sucesivas reformas para enfrentarse a los muy diversos problemas de nuestro país. Pese a ello, nos es obligado constatar la imperiosa y urgente necesidad de que el Gobierno plantee a las fuerzas políticas con representación parlamentaria, y muy especialmente al principal partido de la oposición, un programa integral, coherente y sistemático de reformas, cuyo debate y negociación ofrezca como resultado un gran acuerdo nacional para lograr la “reconversión del Estado”, puesto que en la presente crisis se han hecho enteramente patentes los defectos y carencias de nuestra actual organización política, social y económica, que no derivan sólo de una gestión ineficiente, sino de clamorosos fallos de estructura.



Esta “reconversión” no trataría sin más de corregir y perfeccionar el actual sistema, sino de redefinirlo y reorientarlo a la vista del resultado de su desarrollo, una vez transcurridas tres décadas y media desde su puesta en marcha, y ante las nuevas circunstancias surgidas a lo largo de ese período, en particular, nuestra pertenencia a la Unión Europea y a la Unión Monetaria Europea, con los consiguientes acuerdos y tratados sobre la estabilidad fiscal y presupuestaria plasmados en el recientemente reformado artículo 135 de nuestra Constitución.



Creemos que para ser útil a los intereses nacionales este nuevo pacto de Estado debería restaurar el espíritu del “consenso constitucional” imperante durante la Transición, abordando de modo completo las cuestiones básicas pendientes de solución. Por tanto, ese gran acuerdo ha de referirse a las reformas de la estructura económica de nuestro país y del sistema educativo en todos sus niveles para restablecer la competitividad de la sociedad española en el contexto global, al funcionamiento y composición de los órganos constitucionales (Senado, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Constitucional), a la organización, competencias y financiación de los poderes públicos en sus tres niveles territoriales (Estado, Comunidades Autónomas, Corporaciones Locales), a la extensión y financiación de los servicios públicos, a los instrumentos de participación y representación política de los ciudadanos (partidos políticos, sistema electoral y control parlamentario) y a la posición de España en las instituciones comunitarias en relación al debate sobre el futuro de la unión política, fiscal y financiera, superando así en definitiva lo que ya se reconoce por una amplia mayoría de ciudadanos como el agotamiento de nuestro modelo constitucional.



Es evidente que sin lograr un acuerdo de esa profundidad y amplitud los avances que suponen las reformas en curso serán limitados y, desde luego, no resolverán los muy graves problemas que tiene hoy España, problemas que se agudizarán en el inmediato futuro por la ofensiva “soberanista” que ya se plantea en el País Vasco y en Cataluña y que pondrá a prueba la supervivencia del Estado constitucional.



Sin embargo, el mero planteamiento de un pacto político de esta naturaleza, por necesario que sea, no basta para conseguir sus objetivos. Es desgraciadamente posible que, a la vista de las divergencias entre las fuerzas políticas con representación parlamentaria, y sobre todo de las posiciones que separan hoy a los dos grandes partidos, no se llegue a ningún acuerdo. De ser así, ni el Gobierno ni el Partido Popular debieran quedarse cruzados de brazos. Además de continuar las reformas necesarias en el ámbito de las competencias del Gobierno de la Nación, existe otra vía para superar esa parálisis: la apelación directa al pueblo español durante esta legislatura mediante la celebración de un referéndum consultivo.



Esta consulta debería versar sobre una trascendental decisión: la reordenación y la racionalización de nuestro sistema político y autonómico y de nuestra estructura institucional para fortalecer la unidad nacional y conseguir la eficiencia y la viabilidad del Estado.



Sr. Presidente, estamos seguros de que su patriotismo y su alto sentido de la responsabilidad le harán considerar las ideas que le hemos expuesto. Confiamos, por tanto, en que ello le anime a adoptar las iniciativas políticas correspondientes para garantizar la unidad, estabilidad y prosperidad de España en esta hora difícil de su Historia.



Reciba, Sr. Presidente, el testimonio de nuestro aprecio y nuestros mejores deseos de éxito en su comprometida misión.

martes, 26 de junio de 2012

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

(José Aguilar en el Diario de Cádiz el 25 de Junio de 2012)

QUÉ es lo que hace que tengan tanto éxito los Hermanos Musulmanes en Egipto, los fundamentalistas violentos de Hamas en Palestina o los neonazis griegos? Creo que tres cosas básicas: la miseria de muchos -estructural o sobrevenida-, la corrupción de la política y de las instituciones y el valor del ejemplo.

El radicalismo fanático suele penetrar a través del estómago y de la cabeza. Mucho voto de los Hermanos Musulmanes egipcios ha salido de los estómagos agradecidos de populosos barrios marginales de los que el Estado, en sus diversas formulaciones, no se ha acordado durante décadas, cuando no siglos. Los imanes reparten aceite, arroz y mantequilla, atención sanitaria y enseñanza gratuita a millones de personas no ya desatendidas, sino olvidadas.

Los mismos votos, u otros diferentes, salen también de cerebros convenientemente cultivados por una prédica constante y muy eficaz cuyos agentes suelen ser, precisamente, los mismos que ayudan a la gente a subsistir. A la vez son honrados y austeros. Se trata de una prédica antisistema, forzosamente atractiva en sitios en los que el sistema no proporciona nada. Sitios en los que bastan ideas simples para comprender y explicar problemas complejos. Y si el cliente no queda satisfecho se le agrega la promesa de una vida mejor tras la muerte, incluso paradisíaca si esta muerte llega mediante el sacrificio propio que sirve para liquidar herejes.

El mismo mecanismo, aunque a otro nivel, ha funcionado parcialmente en Grecia a favor de Aurora Dorada, el inefable partido neonazi que engatusa a los pobres colocando a los inmigrantes como asequible chivo expiatorio y formando patrullas ciudadanas para proteger a los ancianos y desvalidos que tienen miedo a salir a una calle y ser víctimas de la rapiña y el atropello. Acaparan mucho más éxito que sus compadres neofascistas de Francia, una sociedad más estructurada y sólida.

Nos equivocaríamos si creyésemos que en el origen de estos fenómenos de negación de la libertad sólo se encuentran la pobreza y la indigencia mental. Eso es el contexto, el clima que favorece la eclosión del pensamiento totalitario y la acción violenta. Pero el desencadenante radica en la impotencia de las instituciones para combatir la pobreza, la corrupción de la política, la inutilidad de los liderazgos tradicionales, la insensibilidad de los poderes económicos afanados en hacerse cada vez más fuertes a costa de los cada vez más débiles. La barbarie florece allí donde la civilización fracasa para dar respuestas a la incertidumbre y enfrentar al caos con el orden.

El huevo de la serpiente madura gracias a las condiciones ambientales, pero sus genes vienen de fábrica. De la fábrica del sistema.

jueves, 21 de junio de 2012

EL REY EN LA FRONTERA OLVIDADA

(Rafael Sánchez Saus , el jueves 21 de Junio de 2912, publicado en el Diario de Cádiz)

LA frontera olvidada. Así llaman los historiadores de los siglos XVI a XVIII a Gibraltar y sus amplios márgenes marítimos, a ambos lados del Estrecho. Frontera olvidada, de tierras mal pobladas y costas sometidas al continuo merodeo de piratas. Nudo gordiano de todas las rutas que hacían posible un Imperio que se imaginaba universal y, sin embargo, rincón abandonado casi a su suerte, último eslabón en la infinita cadena de compromisos de una Monarquía que abarcaba más que apretaba, esclava de lo que el conde-duque de Olivares llamaba la "reputación". Luego, ya se sabe, Inglaterra se aferró al Peñón con toda la tenacidad y la firmeza que a nosotros nos falta. La llave y el mundo cambiaron de dueño. Hasta hoy.

Don Juan Carlos ha estado unas horas en Algeciras para dar aliento a quienes una y otra vez deben dar la cara para que otros puedan seguir con las manos en los bolsillos, a menudo bien repletos. La Guardia Civil es el mejor testigo de la errática, confusa y cobarde política seguida con Gibraltar en los últimos treinta años. Hoy se la obliga a medirse con la Royal Navy como ayer se la invitaba a ser complaciente, a hacer la vista gorda ante el enorme tinglado criminal que se refugia bajo el glorioso pabellón británico. No ha habido autoridad local, comarcal, autonómica o nacional que no haya especulado con las ventajas de la connivencia, que no haya intentado jugar su bastarda diplomacia. Y de ahí, hacia abajo: empresarios, traficantes, evasores de impuestos, logreros, turistillas, empleaduchos… ¿Quién puede lanzar la primera piedra? Nadie, en una sociedad, la andaluza, que convive en armonía sólo rota por eventuales desplantes con la infamia de albergar en su suelo la última colonia de Europa. Nadie, en una nación que ve las cosas de Gibraltar con más distancia e indiferencia que si sucedieran en las Malvinas, aquel problema "distinto y distante" del ínclito Calvo Sotelo, don Leopoldo, que Dios perdone.

Ha venido el Rey a Algeciras unas horas. Se agradece. No ha seguido hacia Ceuta, como hiciera su antepasado Enrique IV, hace más de 550 años, con el noble propósito de montear leones. Tampoco se ha decidido a plantarse ante los muros de Gibraltar dispuesto a todo, como el gran Alfonso XI en 1350, hasta que la Peste Negra le arrancó el propósito y la vida. Don Juan Carlos ha venido a Algeciras para hacerse una foto con el Peñón al fondo.

Bien mirado, ¿qué más da? Los problemas de Gibraltar donde hay que empezar a arreglarlos es en Madrid. Si es que alguien cree que hay algo que arreglar.

sábado, 16 de junio de 2012

LOS AGOTES

 (Editorial del programa Sin Complejos del domingo 6/5/2012. Luis del Pino)


Los agotes o cagotes constituyen un auténtico misterio histórico. Eran una minoría que habitaba en toda la costa oeste francesa, desde Bretaña hasta Burdeos, y en zonas del País Vasco y Navarra.
Los agotes carecían de cualquier derecho político o social ; tenían prohibido mezclarse con el resto de la población; se les obligaba a menudo a vivir en guetos separados, alejados del centro urbano; no podían entrar en las iglesias por la puerta principal, sino por una puerta lateral, y durante los oficios religiosos se los mantenía separados de los restantes fieles mediante una valla. En muchos lugares, los agotes tenían prohibido ejercer cualquier profesión que no fuera la de carpintero o cordelero, y estaban obligados a vestir ropas especiales o a llevar colgada una pata de ganso o de pato, para identificarlos como agotes.




En general, el contacto con los agotes se consideraba indeseable. En las iglesias, se usaba una pila de agua bendita separada para los agotes. En misa, el sacerdote les daba la comunión sosteniendo la Sagrada Forma con una cuchara, para no tocar su boca. En muchos pueblos, los agotes tenían prohibido caminar descalzos por la calle o beber de la misma copa que alguien que no fuera agote. Por supuesto, los matrimonios entre agotes y no agotes eran impensables. Al morir, los agotes eran enterrados en cementerios separados o en secciones separadas del cementerio.


En muchos sentidos, los agotes eran el equivalente, en la costa del Golfo de Vizcaya, a los parias de la India.
¿Y qué era lo que diferenciaba a los agotes del resto de la población, querrán saber ustedes? Pues la respuesta es: nada de nada. No tenían ni la más mínima diferencia con sus vecinos; ¡por eso constituyen un misterio histórico! Étnicamente, no eran distintos del resto de la población; su idioma era el mismo que el de los otros habitantes de la zona donde vivían y su religión era la de todo el mundo.


Compartían raza, religión y lengua con el resto de la población. Entonces... ¿cómo podía saberse quién era agote y quién no lo era? Pues muy sencillo: según la familia a la que pertenecieras. En muchos pueblos franceses, a los niños se les hacía memorizar poesías con los apellidos de las familias de agotes, para que supieran desde pequeños quiénes eran los vecinos malditos.


Ya desde el siglo XVI, las autoridades eclesiásticas y políticas intentaron remediar la situación de los agotes. El Papa León X publicó una bula en 1514 ordenando que fueran tratados como cualquier otro creyente; diez años después, Carlos V ordenó también que cesara en su reino cualquier discriminación contra los agotes. Pero la población y el clero locales hicieron caso omiso de esas órdenes en muchos lugares de Francia y de Navarra, continuando la discriminación de esa minoría.


En 1709, el navarro Juan de Goyeneche, que fue tesorero de Isabel de Farnesio, fundó en Madrid el pueblo de Nuevo Baztán, trayéndose a numerosos agotes navarros, en lo que se cree que fue un intento de liberarlos de la discriminación que sufrían. En Francia, esa discriminación contra los agotes sólo finalizaría con la Revolución Francesa.


La historia de los agotes resulta curiosa por lo que tiene de misterio y porque plantea claramente que, en cualquier sociedad, las costumbres absurdas pueden pervivir durante siglos y más siglos, sin que nadie sepa citar una sola razón lógica para que pervivan. La marginación de los agotes era una costumbre que nadie sabía explicar, pero que todo el mundo aplicaba a rajatabla.


Viene todo esto a cuento de que la crisis económica ha desatado en España un debate que hace solo un par de años hubiera sido impensable: el del necesario desmantelamiento del estado autonómico.


Desde hace tres décadas y media, los españoles estamos presos en una situación absolutamente delirante e inexplicable, en la que se nos fríe a impuestos para mantener a los nacionalistas, en la que se nos multa por rotular un establecimiento en nuestro propio idioma, en la que se nos niega el derecho a enseñar en español a nuestros hijos, en la que se nos obliga a convivir con una banda ultranacionalista que nos asesina selectiva o indiscriminadamente, en la que tenemos que aguantar insultos y desplantes continuos, en la que se nos impide expresar nuestro orgullo nacional, en la que se queman y menosprecian nuestros símbolos...
Como si fuéramos agotes, los españoles somos apestados dentro de nuestro propio país, privados de derechos de los que, sin embargo, los nacionalistas gozan.


Con una diferencia: los agotes eran una minoría, mientras que en España es la minoría la que nos impone a los demás la discriminación.


Y lo gracioso es que, como en el caso de los agotes, nadie sería capaz de citar ninguna razón lógica para que tengamos que aguantar semejante trato. No hay ningún argumento racional que justifique que el 92% de los españoles tengamos que dejarnos humillar y arruinar con el fin de contentar a ese 8% de nacionalistas que, de todos modos, jamás van a darse por satisfechos. No hay ningún argumento racional que justifique que tengamos que soportar que nos prohíban usar nuestro propio idioma en nuestro propio país. No hay ningún argumento racional que dicte que tengamos que avergonzarnos por ser españoles.


Como los agotes, aguantamos la vulneración de nuestros derechos por simple inercia, porque así se lleva haciendo treinta y cinco años.


Así que, puesto que se trata de simple inercia, ¿qué tal si detenemos el rumbo suicida del vehículo autonómico y empezamos a vivir con normalidad nuestra vida?


¿Qué tal si esa inmensa mayoría que somos los españoles nos empezamos a sacudir el yugo de la discriminación y ponemos en su sitio a quienes nos discriminan y a quienes consienten esa diferencia de trato?


Yo es que, personalmente, estoy harto de vivir como un agote sin que haya un buen motivo para ello. ¿Y ustedes?

lunes, 11 de junio de 2012

MANIAS DE GRANDEZA

(Ignacio Martinez, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 11de Junio de 2012)

EL rescate de la banca española, decidido por el grupo de países del euro el sábado, supone el definitivo aterrizaje de España en la realidad. Ha tenido aspiraciones de gran potencia y el que su banca sea rescatada como las de Irlanda, Grecia y Portugal la devuelve al furgón de cola del club del euro. Ya cuando entró en la Comunidad Europea en los años 80 se le dio a elegir entre ser un país grande en número de votos en el Consejo de Ministros o en número de comisarios. Los cuatro grandes tenían entonces diez votos en el Consejo y dos comisarios. Y España no fue el quinto grande, sino un intermedio destacado, que optó por quedarse con ocho votos en el Consejo y tener dos comisarios como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.

Con ese complejo ha estado siempre dentro de la UE. Un país subsidiado, porque su PIB per cápita estaba por debajo de la media comunitaria. Esa espina clavada en el orgullo nacional se puso de manifiesto en un espectacular arranque del curso del presidente Zapatero el 11 de septiembre de 2007 ante el grupo parlamentario socialista del Congreso, cuando ya había estallado la crisis bancaria en Estados Unidos.

Su declaración no tiene desperdicio: "Exceptuando el crecimiento de China, España supera a todas las principales potencias mundiales. En los últimos cuatro años el PIB nacional ha crecido el doble que el alemán, el triple que el italiano, un 50% más que el del Reino Unido y un 25% por encima del de Estados Unidos. Se han creado más empleos que en Alemania, Francia y el Reino Unido juntos. España juega la Champions League de la economía mundial; es el equipo que más goles mete y el menos goleado. Este país está más preparado que nunca ante una posible recesión, por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias".

No dio una. Las familias y las empresas debían en torno a tres billones de euros, el crecimiento del PIB y el empleo los aportaba un sector inmobiliario especulador y el sistema financiero tenía un grave problema de solvencia. Lógicamente, Zapatero tardó meses en admitir que teníamos una crisis extraordinaria. Como ahora Rajoy tardará en familiarizarse con la palabra rescate.

El presidente intentó ayer hacerse perdonar su clamorosa incomparecencia del sábado, con una rueda de prensa peculiar. Se atrevió a decir que nadie le ha presionado, que ha sido él quien ha presionado. Sonó como la frase de Woody Allen en una película, en la que explicaba en ganador cómo le habían dado una paliza: golpeé con mi ojo en su puño y con mi boca en su rodilla. El orgullo nacional sigue a flor de piel. Lo que hay que hacer es trabajar, emprender, ahorrar, investigar… y admitir que somos un peso medio. Las manías de grandeza, ya sean las de Aznar o las de Zapatero, no nos han traído nada bueno.

viernes, 8 de junio de 2012

DINERO PUBLICO

(Pilar Cernuda en el Diario de Cádiz el 7 de Junio de 2012)

EN España se tira con pólvora del rey. No se debe generalizar, pero la alegría con la que se ha utilizado el dinero público está directamente relacionada con la situación que sufrimos ahora, y si encontramos escasas simpatías en los países que podrían echarnos una mano es porque mientras ellos hicieron las cuentas antes de tomar determinadas decisiones, aquí hemos actuado con una alegría económica impropia de un país que piensa en el futuro.

Tenemos la red de alta velocidad con más kilómetros de Europa y el triple de aeropuertos que Alemania, un país que nos dobla en número de habitantes; no hay pueblo de pocos miles de habitantes sin polideportivo con piscina olímpica, el número de museos dedicados a personas que apenas son conocidas más allá de su provincia es disparatado, los organismos ligados a administraciones autonómicas y municipales multiplican por diez las que existen en los países de nuestro entorno, y el dispendio en almuerzos, cenas, cócteles, viajes y festejos a menudo rozan -o han rozado- lo obsceno, por exagerado y desbordante.

El presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo está obligado a explicar cómo gastaba sus dineros y con quién, independientemente de que pueda haber ajuste de cuentas interno en el seno del Consejo. Es inadmisible que Carlos Dívar se niegue a dar explicaciones y demuestre así que le importa poco el daño que hace a la institución que representa. Pero también es inadmisible que Chaves y Griñán se nieguen a dar cuenta de sus actos, porque las informaciones sobre los ERE hieden, por no hablar del despilfarro producido durante sus mandatos. Y poner en cuestión los informes de la juez Alaya o el realizado por la Guardia Civil es impropio de quienes han ostentado o todavía ostentan importantes responsabilidades de gobierno.

El PSOE incurriría en una hipocresía de libro pretendiendo que Dívar comparezca ante el Congreso y negando al mismo tiempo una comisión parlamentaria sobre los ERE andaluces. Esta periodista no cree en las comisiones parlamentarias de investigación, absolutamente instrumentalizadas por los partidos, pero si se piden explicaciones a un personaje público, hay que pedirlas a todos, no vale amparar a los que pertenecen al partido. Y si no se cree en las investigaciones políticas, pues se debe acudir a los tribunales.

No está España para amparar actuaciones poco ejemplares de nadie, y mucho menos de personajes de gran relevancia pública. No está tampoco para mantener la línea anterior de derroche a manos llenas y de gastos injustificados; ni tampoco se puede volver a la situación de decir sí a cualquier proyecto gigantesco sin hacer un estudio previo de las consecuencias de dedicarle tantos fondos, que impiden que se pongan en marcha iniciativas que quizá son de primera necesidad

lunes, 4 de junio de 2012

ABORTO FALLIDO


26 Mayo 12 - - Cristina L. Schlichting

Que aborte o intente abortar una mujer, no es noticia. Que falle el aborto, tampoco, porque todo lo humano es falible. Que una paciente demande a su médico está a la orden del día y que un juez condene al galeno, ni les cuento. Pero que la manutención de un niño se pague con la indemnización por no haberlo eliminado, me parece una contradicción. Mi mente no da para tanto. Ha ocurrido con una joven de nombre Tamara, cuya demanda ha sido atendida por el juzgado de primera instancia de Palma, que ha condenado a su médico a pagarle 420.000 euros por un aborto fallido.
             La joven acudió hace dos años a la clínica y la eliminación del feto por aspiración se realizó incorrectamente. Cuando, meses después, comprobó que estaba embarazada, pensó que se trataba de una segunda preñez y acudió de nuevo a abortar. Entonces supo que se encontraba de 22 semanas del primer embarazo y, por lo tanto, fuera del plazo legal admitido. Así pues, se vio obligada a aceptar al crío y demandó.
             La sentencia contempla la reparación por «daños morales y los gastos de alimentación, vestimenta, sanidad, educación, manutención y formación del niño hasta los 25 años de edad». Todo ha discurrido tal y como prevé la ley. El intento de aborto, la prohibición fuera de determinado plazo, la denuncia por negligencia sanitaria y la sentencia según lo que ordena el texto legal. Y, sin embargo, todo chirría. ¿Cómo se puede sentenciar una indemnización por una vida conservada? ¿Cómo se educa a un niño que se alimenta del dinero de su propia eliminación fallida? ¿Se imaginan a los supervivientes de Auschwitz cobrando una cantidad por el fallo de la empresa encargada del zyklon B?
             El caso y la sentencia ponen, cuando menos, de relieve en qué medida pretender equiparar el aborto con una operación de apendicitis es engañoso. Con el aborto no se corrige una enfermedad, se elimina una existencia. De ahí que un fallo en la «operación» no sea una baja laboral del paciente, una discapacidad o una muerte… sino una persona viva. El juez se ha visto en la obligación de tasar los daños y perjuicios, no de una malformación o un deceso ¡sino de una existencia! Nadie, sin embargo, podrá arreglar ni apoyar la psique de un chaval que crecerá con la noticia de haber sobrevivido a su propio holocausto. Todo apostó por su muerte: la ley, la clínica, el médico, su madre. Y ha sido una negligencia, una falta de responsabilidad, una mala praxis, un error en definitiva, lo que ha permitido que viviese, contra la voluntad del sistema entero. Nadie quería que ese niño naciese.
            Todos lamentaron que el embarazo prosperase ¿Alguien calculará alguna vez lo que esta circunstancia puede pesar, lo que podría valer la indemnización necesaria para compensar a este crío de esta terrible sociedad que hemos construido entre todos y que le tenía reservado tan sólo un puesto en un cubo de basura? 

sábado, 2 de junio de 2012

EL I.B.I. DE LA IGLESIA CATÓLICA

(José Joaquín Castellón en el Diario de Cádiz el sábado 2 de Junio de 2012)

YO tengo la firme convicción de que los intereses de la Iglesia no los debemos defender los que, empleando toda nuestra vida a su servicio, recibimos una remuneración económica a cambio. Creo que no es sensato que ni sacerdotes, religiosas, religiosos ni obispos defendamos, ante la opinión pública, los intereses económicos de la Iglesia. No quedaría clara la distinción entre la defensa de los propios intereses personales y el velar por los medios necesarios para la tarea de la evangelización. Son los laicos cristianos los que, valorando el interés general, pueden y deben, si así lo ven, defender los legítimos intereses de la Iglesia como una institución más de nuestra sociedad. Por eso, esta pequeña reflexión no va encaminada a opinar si la Iglesia católica debe pagar el IBI, ni de qué inmuebles; simplemente quiere aportar un poco de claridad ante este debate público.

No me voy a detener mucho en señalar el evidente interés de mercadotecnia electoral de la propuesta del PSOE. Aunque sí creo que hay que pensar los motivos de que haya una base tan significativa de nuestra sociedad con una sensibilidad tan hostil a la Iglesia, tan tarda a reconocer su aportación a la construcción de nuestra sociedad y tan pronta a apalearla ante situaciones ambiguas o abiertamente negativas que en ella se dan, como en cualquier otra institución -¿estaremos haciendo algo mal?-. Las mociones en los ayuntamientos no tendrán efectividad alguna porque se oponen a una ley de rango superior. Pero, como ministro del Evangelio, no me preocupa la viabilidad legal de la propuesta, ni siquiera su oportunismo, ni tampoco de la ausencia del más mínimo pudor democrático de quien la hace, sino si es justa o no.

En un clásico de la Ética de nuestro tiempo, Teoría de la Justicia, John Rawls hace un análisis interesante y muy acertado de las condiciones que han de tener las decisiones políticas y económicas para ser consideradas justas. Su reflexión es de inspiración kantiana, por tanto no de orientación religiosa sino secular, y con una evidente sensibilidad hacia los problemas de injusticia y desigualdad social. Quizás su experiencia en la II Guerra Mundial, donde presenció las secuelas de la bomba de Hiroshima, orientó la sensibilidad filosófica que desplegó en la universidad de Harvard.

Rawls tiene como punto de partida de su propuesta ética la radical imparcialidad que exige la justicia. El punto de vista de ningún grupo social ha de privilegiarse sobre los demás. Propone que la elección justa ha de tratar a todos los ciudadanos y grupos sociales por igual, sin contemplar ninguna de sus diferencias por el lugar social que ocupan, habilidades o dotes naturales, concepción del bien o sentido de la vida, sin contemplar, tampoco, su religión. En una sociedad justa todos hemos de ser iguales. Esta imparcialidad radical puede dejar en desprotección a los más débiles; por ello la perfila apuntando que la igualdad ha de abarcar la satisfacción en todos sus miembros de los bienes primarios (alimentación, vivienda, educación, cultura, posibilidad de realización personal, etc.). Además este principio de la igualdad, según Rawls, necesita un complemento: el principio de la diferencia. Según nuestro autor, son asumibles algunas diferencias en el trato a personas o instituciones sólo "si esas diferencias benefician a los menos aventajados y es compatible con el justo ahorro".

Por tanto, desde esta perspectiva, la cuestión no es si hay instituciones sobre las que puede haber un trato diferente a los demás miembros de la sociedad, sino si esa diferencia beneficia al conjunto social y, en especial, a los más favorecidos. La aplicación de este segundo principio de la justicia claramente invita a sacar de la exención del IBI a más de uno de los organismos que se benefician de ella. ¿También a la Iglesia? Como les decía, no voy a ser yo quien opine sobre esta cuestión. Valoren ustedes si la labor de la Iglesia católica puede merecer esa diferencia y si es compatible con el justo ahorro. Sopesen los sueldos de los "altos directivos" eclesiales y de sus "consejeros de administración", compárenlos con los de los otros agentes sociales; tengan en cuenta cuántos edificios históricos siguen en pie gracias a que unas monjitas los habitan y los conservan; y la capacidad de transmitir valores humanos y trascendentes de la institución eclesial. Valoren la labor y la vida del conjunto de los religiosos y religiosas que conocen.

Hacia dentro en la Iglesia, también hemos de preguntarnos si estamos usando debidamente la diferencia con que se trata a nuestra institución. Si no habremos caído, en algún momento, en falta de racionalidad económica o en gastos suntuarios, que en nada benefician a los más desfavorecidos. Si ciertamente estamos trabajando ejemplarmente por promocionar en el hombre su dignidad de hijo de Dios, o si nuestra jornada laboral es más corta que larga. Nada puede estar más en contra de la evangelización que el que caigamos en la tentación de defender nuestros intereses institucionales y no el bien común. Si se tiene con nosotros alguna diferencia hemos de asumirlo no como un privilegio, sino como una gran responsabilidad. Porque nadie, en una sociedad democrática, tiene derecho a privilegios.