Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

domingo, 28 de abril de 2013

LOS NOMBRES DE LAS COSAS


Rafael Navas Renedo, publicado en el Diarío de Cádiz el domingo 28 de abril de 2013.


POR qué lo llaman movilización cuando quieren decir vandalismo? ¿Por qué se habla de acto de protesta cuando se trata de un sabotaje? ¿Dónde está la reivindicación de unos trabajadores cuando lo que vemos es un acto protagonizado por salvajes? La perversión del lenguaje es una realidad establecida que está haciendo mucho daño a este país. Cuando a las cosas no se las llama por su nombre y se saca un catálogo de eufemismos políticamente correctos, se dibuja interesadamente el escenario de un mundo que no existe. Con independencia del objetivo que buscaban, los autores materiales de los destrozos en el puente Carranza el pasado jueves son unos delincuentes y denominarlos de otra forma sólo contribuye a prolongar el problema y a hacerle un flaco favor al colectivo al que creen representar.

El vocabulario político y sindical está lleno de palabras y expresiones que disfrazan los hechos a conveniencia. Desgraciadamente, la crisis ha enriquecido el diccionario de las ambigüedades, perífrasis y los circunloquios porque hablar claro, describir con crudeza lo que pasa, cada vez cuesta más a quienes subsisten a base de réditos electorales. Y lo cierto es que han conseguido el objetivo de que en muchas ocasiones los ciudadanos acabemos utilizando ese lenguaje dañino a base de escucharlo repetitiva y machaconamente.

Que a la masiva emigración de jóvenes españoles la denomine la ministra de Trabajo "movilidad exterior" es uno de los ejemplos más recientes de todo esto. Tal vez,en el Gobierno creen que, arrinconando determinadas palabras del diccionario, van a causar mejor respuesta en los mercados y menos sufrimiento en los ciudadanos. Pero se equivocan. Lo que al final consiguen con ello es incrementar la indignación entre una población que, es posible, se encuentre bastante hastiada, pero que no es tonta.

En el Consejo de Ministros del pasado jueves no se aumentaron los impuestos, sino que hubo "novedades tributarias". La invasión de neologismos parece no tener fin en la presente legislatura, cuando creíamos que aquella resistencia de Zapatero a hablar de crisis en la anterior era una conducta aislada. Gobernar, lo estamos viendo de nuevo, acaba conduciendo a un ejercicio de camuflaje de la realidad cuando ésta es incómoda o desagradable. Desahucios, rescate financiero, repago (en lugar de copago), amnistía fiscal, subida del IVA, privatización, abaratamiento del despido y un largo etcétera son palabras prohibidas para quienes han sido elegidos por los ciudadanos para que les digan la verdad. Sin tapujos.

Hace unos días se celebró el Día del Libro, la fiesta de las letras que invita a la lectura. El Diccionario de la Lengua Española es la mejor herramienta para saber qué es lo que realmente está pasando, un manual de supervivencia para tiempos difíciles

sábado, 20 de abril de 2013

SON LAS ADMINITRACIONES PUBLICAS, ESTÚPIDO

Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el sabado 15 de Abril de 2013


LA frase que sirvió de símbolo a la campaña de Clinton contra Bush padre, "es la economía, estúpido", podría transformarla este Gobierno en "son las administraciones públicas … ", pero Rajoy y su equipo se han encontrado con una pared: la unanimidad de los alcaldes a que se meta mano a la estructura y competencias de los ayuntamientos, y a la animosidad que se ha visto en gobiernos regionales, mancomunidades, diputaciones y cabildos para aceptar el proyecto que se elaboró al principio de la legislatura, y analizó el Consejo de Ministros el pasado febrero.

Rajoy no ha encontrado el valor suficiente para imponerse a quienes han puesto pie en pared para defender sus derechos, visualizada en la Federación Española de Municipios y Provincias, que se resisten a la idea del Gobierno de poner orden en las estructuras locales, reducirlas, controlar el exceso de personal, poner tope a los sueldos en función del número de habitantes y racionalizar las estructuras. En Suecia se han reducido los ayuntamientos a un tercio, España cuenta con el mismo número de ayuntamientos que Alemania con el doble de habitantes, Italia ha reducido a la mitad el número de sus provincias y en Estados Unidos sólo las grandes ciudades cuentan con alcaldes elegidos por los ciudadanos, el resto tiene gestores municipales que administran los ayuntamientos y no dependen de los partidos políticos. En España hay municipios con unos pocos miles de habitantes que se niegan a compartir servicios con el ayuntamiento situado a media docena de kilómetros, se han creado infraestructuras de mancomunidades que no tienen sentido, se han duplicado y triplicado competencias y los alcaldes y concejales se han rodeado de asesores que hacen poco más que ganar buenos salarios, porque ya existen funcionarios que asumían esas atribuciones.

La gente está realizando sacrificios a veces inhumanos para paliar los efectos de una crisis absolutamente devastadora. No es justificable que los políticos municipales se nieguen a aceptar una reforma indispensable. Sin ella, jamás cuadrarán las cuentas. El Gobierno ha advertido que presentará el proyecto antes del verano: a ver si se atreve a hacerlo, y a ver si se atreve a presentarlo en los términos en los que lo había redactado inicialmente antes de las presiones de sus altos cargos municipales y autonómicos.

lunes, 15 de abril de 2013

DEFENSA DESAPASIONADA DE LA MONARQUIA


Ángel Rodríguez publicado en el Diario de Cádiz el domingo 14 de abril de 2013

                     HOY, a los 82 años de su proclamación, somos muchos los que aún llevamos la República en el corazón. Algunos también llevamos la monarquía parlamentaria en la cabeza, lo cual no deja de ser una paradoja por partida doble: primero, porque se supone que nada debería ser menos pasional que la República, culminación de la aspiración ilustrada de someter el poder político al dictado de la razón; segundo, porque se supone que nada debería ser menos racional que la monarquía, que hunde sus raíces en las supersticiones oscurantistas del origen divino del poder. ¿Qué ha pasado en nuestro país para que la opción republicana se haya vuelto más sentimental que racional y la monarquía haya logrado rodearse de una racionalidad que siempre le ha sido ajena?


                  Como todo lo que comienza levantando grandes expectativas, dura poco y acaba trágicamente, la República terminó convirtiéndose en un mito. Y como todos los mitos, sus aspectos positivos (¡y vaya si los tuvo!) han oscurecido los negativos (por cierto, entre estos estaba la figura del jefe del Estado, que fue mal diseñada por la Constitución republicana y salió peor parada cuando se puso en práctica). El mito ha hecho que quedara oscurecido, sobre todo, su principal defecto: que terminó mal.


                Cierto que fue el golpe fascista de Franco el que causó su derrumbamiento final, pero, como el propio Azaña dejó escrito, la República difícilmente habría sobrevivido si la Guerra Civil la hubieran ganado los nuestros. La guerra en la que un bando vio el medio para terminar con la democracia republicana era vista por muchos de los que combatían en el otro como la gran oportunidad para poner fin a un régimen burgués. Unos luchaban por el fascismo y otros por la revolución; juntos, fueron más que los que lo hicieron por la República.


             Que el experimento republicano saliera mal no empañó en absoluto su carácter mítico, muy al contrario: le rodeó de la épica necesaria para consolidarse. Pero desde que los historiadores han desentrañado sus entresijos, le han crecido las dificultades para poder ofrecerlo como un precedente exitoso de forma de gobierno. Como todos los mitos, la adhesión al mismo se explica, sobre todo, por razones sentimentales. Lo que nos apasiona de la República no son sus resultados, sino sus valores.


          Al contrario que la República, la reinstauración de la Monarquía no levantó grandes expectativas ni suscitó grandes adhesiones. Aunque impuesta por Franco, pronto supo encontrar un nuevo fundamento, el mismo que iba a dotar de legitimidad al nuevo régimen democrático alumbrado tras el franquismo: el compromiso, el pacto, el consenso. La transición fue, entre otras muchas cosas, el escenario del armisticio finalmente firmado entre los hijos de los que ganaron la guerra y los hijos de los que la perdieron.


          Dotar de un fundamento racional a la monarquía que ahora tenemos entraña, sin embargo, una dificultad mayor que revelar las pasiones que afectaron a la República que tuvimos. Lo es porque el canon de racionalidad no puede ser otro que el democrático, y nada menos democrático que una Jefatura del Estado no elegida por el pueblo. Pero, sorprendentemente, la monarquía parlamentaria ha sabido encontrar su papel para contribuir a que la democracia funcione mejor: gracias a que existe una Jefatura del Estado que se sitúa por encima de la lucha política, la confrontación partidista puede desplegarse sin temor a que todo el sistema se venga abajo. La condición para que sea compatible con la democracia es que el Rey, puesto que no es elegido, no ejerza poder alguno.


                  Nuestra democracia, como todas, descansa en un sutil equilibrio entre el consenso y el conflicto. El acuerdo en las reglas del juego (la Constitución) es imprescindible para que el desacuerdo pueda llegar, con la intensidad que sea necesaria, en todo lo demás. En una monarquía parlamentaria, el Rey está en una mejor posición institucional para representar ese espacio de consenso básico. El carácter no electivo no es aquí un obstáculo, sino, más bien, una ventaja. No creo que ninguno de los presidentes del gobierno que hemos tenido hasta ahora hubiera podido hacer un mejor papel si en lugar del gobierno hubieran tenido que presidir la República.


                Nuestra monarquía, en definitiva, ha propiciado que se cumplan los ideales de la República (que impere la voluntad democrática del pueblo) sin que asomen los peligros que terminaron con ella (que el conflicto político inunde el necesario espacio básico del acuerdo). Es cierto que la República del siglo XXI no tendría por qué afrontar los mismos riesgos, pero dudo que merezca la pena comprobar cuáles podrían ser los nuevos. La suma de un monarca hereditario que simboliza lo que todos tenemos en común y un gobierno democráticamente elegido que lleva a la práctica lo que decide la mayoría ha funcionado, al menos hasta ahora, razonablemente bien. Lo mejor que nos podría ocurrir es que, con los cambios que hubiera menester, siguiera funcionando así en el futuro. Sin levantar pasiones, es cierto. Pero hay muchos terrenos en donde la pasión suele jugar un mejor papel que en la política.

martes, 9 de abril de 2013

DEMÓCRATA LO SERAS TÚ


Pablo Bujalance, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 08 de abril de 2013


                    EL asunto de los escraches, lejos de perder fuelle, continúa bien álgido a costa, esencialmente, de decisiones y declaraciones desafortunadas esgrimidas desde uno y otro bando. Como decía un tío mío bastante escéptico, hay bocazas donde hay micrófonos. La corriente, por llamarla de alguna manera, ha servido en bandeja a quienes la impulsan y a sus contrarios la posibilidad de dejar bien claro de cara a la galería en qué consiste, según sus particulares criterios, actuar como un verdadero demócrata y en qué consiste todo lo contrario.

                    La opinión mayoritaria no ha tardado en situar los escraches fuera de cualquier consideración democrática. Y esto es razonable: el hostigamiento personal al político en la puerta de su domicilio, que terminan pagando injustamente sus familiares, es rechazable en todos los términos. Pero conviene analizar el modo en que algunos de los señalados, todos ellos del PP, han señalado a su vez a los practicantes del escrache como antidemócratas. Porque esto también refleja, con cierta eficacia, lo que ellos piensan de la democracia.


                      Como es bien sabido, los populares no han dudado en comparar a los de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca con nazis y etarras. Y lo han hecho de una manera radical, absoluta, sin dejar lugar a los grises: insinuando la existencia de vínculos con organizaciones criminales y, lo que es aún más significativo, considerándose a sí mismos víctimas de implacables pogromos. Si hubieran querido ir más lejos en su demonización, sencillamente no habrían podido. Pero al dar coartada a semejantes argumentos, los señalados demuestran una abultada torpeza.


                 Deberían saber que cuando se lanza una acusación de este calibre, lo más fácil es que el tiro salga por la culata. Y también deberían recordar que Hitler ganó sus elecciones en Alemania gracias a un programa electoral lleno de bondades que luego no tuvo inconveniente en tirar a la basura. Y de la palabra de Batasuna y ETA ya sabemos lo que podemos esperar. Así que, si se trata de comparar, a lo mejor podríamos comparar al Gobierno de Rajoy, que ha incurrido en el deshonor dudosamente democrático de traicionar punto por punto el programa con el que llegó a la silla, con lo uno y lo otro.

             El verdadero problema de todo esto, más allá de las comparaciones baratas, es que los políticos no están demostrando mucha sensibilidad ante el sufrimiento de aquellos para los que gobiernan. Y el dolor no atendido no suele preocuparse por si parece o no democrático cuando se manifiesta

martes, 2 de abril de 2013

DESHAUCIIOS: EUROPA, 1; ESPAÑA, 0

ANA M. CARMONA CONTRERAS publicado en el Diario de Cádiz el domingo 31.03.2013



QUE la legislación hipotecaria tienda a beneficiar la posición de la banca frente a la de los deudores se configura, por lo general, como un elemento característico de la misma. Ahora bien, que esa tendencia se convierta en abierta preferencia por la posición contractual de los bancos en claro detrimento de los derechos de los hipotecados que no pueden afrontar sus obligaciones de pago se afirma como una peculiaridad española.

Una somera lectura de las normas que regulan la cuestión en nuestro país no deja resquicio a la duda. Porque si se deja de pagar la deuda contraída con el banco, se inicia un procedimiento judicial que terminará irremisiblemente con el desahucio del inmueble del hipotecado. Quien no está al corriente de sus pagos no sólo es expulsado de su vivienda, que es adquirida por la entidad bancaria por el 50% de su valor de tasación. Además, habrá de seguir haciendo frente a la deuda pendiente y, asimismo, abonar los gastos producidos en el curso del procedimiento de desahucio.

Con el estallido de la crisis económica y las crecientes dificultades de un número cada vez mayor de familias para hacer frente al pago de la hipoteca de su vivienda, el índice de desahucios ha crecido de forma espectacular, poniendo claramente de manifiesto los estragos causados por una legislación necesitada de un profundo replanteamiento. La falta de sensibilidad gubernamental ante esta acuciante problemática social ha sido contumaz, puesto que al clamoroso inmovilismo del Ejecutivo de Zapatero, que nada hizo al respecto, ignorando completamente la cuestión durante dos legislaturas, ha venido a sumarse la timorata respuesta que, constreñido por la magnitud de la protesta ciudadana, ha ofrecido el Gobierno de Rajoy.

En primer lugar, aprobando un más que tibio Código de buenas prácticas que sólo protege de las ejecuciones hipotecarias a un número extraordinariamente reducido de afectados. Y después, ante el alud de críticas recibidas, procediendo a votar a favor de la admisión a trámite en el Congreso de una iniciativa legislativa popular promovida por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Dicha iniciativa, entre otras medidas, propone la figura de la dación en pago así como la paralización de los desahucios de la vivienda habitual cuando el impago de la hipoteca sea por motivos ajenos a la voluntad del deudor.

Planteada la necesidad de cambio ante un legislador literalmente obligado a debatir la referida iniciativa en medio de un nivel de rechazo social que crece día a día a un ritmo exponencial, la primera y -hasta el momento- más contundente respuesta jurídica ha venido de la mano del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Ante la cuestión prejudicial formulada por un juzgado de Barcelona, el Tribunal de Luxemburgo ha concluido que la ley española vulnera la normativa comunitaria de protección de los consumidores. Así se deduce del hecho de que, una vez iniciado un proceso de ejecución hipotecaria, éste siga su curso y concluya con el desahucio a pesar de que el deudor haya denunciado en vía judicial el carácter abusivo de las cláusulas del contrato que se le está aplicando.

En tales situaciones, la ley española no atribuye a los jueces ningún mecanismo que permita neutralizar la conclusión del proceso de desahucio hasta tanto se determine si las cláusulas denunciadas resultan o no abusivas. Antes bien, constatado el abuso, la única solución prevista es la indemnización y no la recuperación del inmueble. Siendo este el desenlace obligado, constata el Tribunal de la Unión la existencia de una situación de "desequilibrio importante" en la posición del consumidor que resulta contraria a las exigencias de la normativa europea.

El varapalo de Luxemburgo al sistema español de ejecuciones hipotecarias ha sido rotundo y no admite paliativos. Toca ahora al Parlamento ajustar nuestra legislación a las exigencias formuladas por el ordenamiento europeo, reforzando la posición del deudor frente a la hasta ahora incontestable hegemonía de las entidades bancarias. En un momento en el que el rechazo a la Unión alcanza en la sociedad española unas cotas de intensidad hasta ahora desconocidas, resulta imprescindible reivindicar la fundamental tarea desarrollada por el Tribunal de Justicia en pro del desarrollo y la protección de los derechos individuales en el espacio de la Unión. Porque no cabe duda de que, gracias a la sentencia aludida, el derecho constitucional a una vivienda digna, en su vertiente de no ser despojados de la misma de forma prácticamente automática ante la imposibilidad objetiva de seguir pagando la hipoteca, está en vías de experimentar una imprescindible mejora.

viernes, 22 de marzo de 2013

VERGÜENZA, PERO NO SORPRESA

Carlos Colón en el Diario de Cádiz el 09 de marzo de 2013 
ÉSTE no es otro artículo sobre Hugo Chávez, que bastante tenemos con la que tenemos para preocuparnos por Venezuela. Es un artículo sobre la vergüenza nacional que supone la presencia de Bildu en las instituciones, sobre la vergüenza regional de que tantos vascos les voten, sobre la vergüenza local de que en la Diputación de San Sebastián haya ondeado a media asta la bandera venezolana junto a la vasca en homenaje a quien convirtió Venezuela en un santuario etarra. Este es un artículo sobre la vergüenza de que el diputado general de Guipúzcoa, Martin Garitano, y el responsable para América del área de relaciones internacionales de Sortu, Asier Altuna, hayan viajado a Caracas para participar en los actos de homenaje a Chávez, a quien desde Sortu se ha definido como un "incansable luchador por la integración de América Latina, la construcción del socialismo del siglo XXI y de una sociedad más justa y solidaria, tanto en Venezuela como a nivel internacional".

Donde no se han puesto a media asta las banderas por las víctimas de ETA se ponen por quien durante más de dos décadas ha dado acogida a los asesinos etarras. Hay una lógica terrible en este hecho. Una lógica que debe agradecerse a que el Tribunal Constitucional revocara el fallo del Supremo que, atendiendo a los informes y peticiones de la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal, anulaba las candidaturas de Bildu.

Quedó legalizado Bildu, vinieron las elecciones municipales y con ellas los 123 alcaldes y 1.138 concejales que obtuvieron. Lo único bueno del asunto es que ya no se pudo seguir sosteniendo la mentira de que los apoyos filoetarras eran minoritarios en el País Vasco. Lo políticamente correcto desde entonces es afirmar que es preferible que la izquierda abertzale se integre en el juego político democrático. Decir lo contrario descalifica como rencoroso, vengativo y reaccionario.

Desde entonces hasta ahora de poco hay que sorprenderse. Ni de que las banderas ondeen a media asta para agradecerle a Chávez el santuario etarra de Venezuela, ni de que una delegación de Sortu acuda a homenajear al líder de ese socialismo del siglo XXI que, por lo visto, tiene las peores maneras del comunismo del siglo XX. ¿O extraña a alguien que los referentes invocados por Maduro para justificar el embalsamamiento de Chávez sean Lenin, Ho Chi Minh y Mao? Pues que la democracia nos libre de este socialismo del siglo XXI.

sábado, 16 de marzo de 2013

PATRIA Y DEMOCRACIA





Jueves 14 de Marzo de 2013 22:06
Agustín Rosety Fernández de Castro*
 


La Patria es anterior y más importante que la democracia, y el patriotismo es un sentimiento,
mientras que la Constitución no es más que una ley. No veo nada en estas declaraciones del
general Chicharro, de quien fui amigo y compañero durante una larga carrera al servicio de
España, que no pueda yo mismo suscribir. La Patria es la Nación, en tanto amada por sus
hijos. Por eso, el patriotismo es un sentimiento, ese motor que hace a los soldados ofrecer su
vida, llegado el caso, en su defensa. Nadie muere por el tenor de un texto jurídico, por
fundamental que éste sea.
Lejos de mi ánimo interpretar las palabras ajenas para ofrecer una lectura políticamente
correcta, tan sólo deseo expresar su resonancia en mi propia opinión. Estoy retirado, pero soy
consciente de que, no por ello, un viejo soldado debe decir lo que quiera. No obstante, también
es cierto que la condición militar es compatible con todos los derechos fundamentales, sólo
delimitados estatutariamente, sin alterar su contenido esencial. Dicho de otro modo, el militar,
aún en activo, no es una especie de ilota, un ciudadano de segunda clase, carente de libertad
de expresión. Así pues, puede manifestar su opinión como todo el mundo, siempre que, entre
otras cosas, respete el deber de neutralidad política, es decir, que no se incline a favor de
postura partidista alguna, sea política o sindical, entre aquellas que sean legítimas.
En este contexto, la salvaguarda de la unidad nacional no es un interés partidista ni, por el
contrario, socavarla torticeramente sería un interés legítimo. Nada pues se opone a que se

especule acerca de las posibles consecuencias que de una secesión podrían derivarse. En
 


este sentido, estamos de acuerdo con el catedrático González Trevijano: la alternativa a la
Constitución sería un suicidio colectivo, y no me parece otra cosa el aventurerismo separatista.
Mi parecer, ya que me es dable publicarlo, es que una hipotética modificación del Artículo 2 de
nuestra ley de leyes, para suprimir de él la idea de la indisolubilidad de la Nación, supondría
cambiar de Constitución, más que la reforma de ésta. ¿Cómo podría ser de otro modo, si con
ello se escamotearía el sujeto constituyente es decir, la Nación misma? Semejante idea
supone, ni más ni menos, toda una alternativa a la Constitución, ese suicidio colectivo al que, si
no hemos entendido mal, aludía el ilustre constitucionalista interviniente en el acto.
Según he podido leer, el general Chicharro ha rechazado la idea de una hipotética autonomía
de las Fuerzas Armadas amparada por el Artículo 8 de la Constitución, puesto que lo
contempla en relación con el Artículo 97. Así pues, en tanto el sistema constitucional se
mantenga en pie, el Estado podrá hacer uso de la fuerza pública -milicia incluida, si preciso
fuere- para salvaguardar el imperio de la ley. Ahora bien, si el sistema quebrase por dejación
de los poderes constitucionales -una situación sólo hipotéticamente concebible- sobrevendría
uno de esos episodios revolucionarios que sólo la Historia puede juzgar.
En el momento de tomar las armas que la Nación les entrega para servirla, los militares le juran
fidelidad ante la Bandera que la representa. Por eso mismo, las Fuerzas Armadas son una
institución nacional y, también por eso, no están al servicio de la Constitución, sino regidas por
ella, ni menos aún de los Poderes constitucionales, aunque les deban acatamiento y
obediencia. Tan sólo están al servicio de la Nación misma constituida como Estado, vinculados
sus miembros por un deber de lealtad del cual nada les puede exonerar, ni aún la eventual
quiebra de éste. Honor, Valor, Lealtad, Patriotismo, nunca faltará este norte.
Ningún contratiempo cabe esperar, pues, de nuestros
civiilizadísimos soldados, marinos y aviadores, pero nadie debe sorprenderse de su preocupación ante
 
el panorama político que la España de nuestros días ofrece. Son, en definitiva, ciudadanos como los
 
demás, aunque un deber más exigente les vincule. Así pues, antes que escandalizarse, como El País,  
 
de la opinión de un veterano general en la reserva que ha servido con lealtad durante cuarenta
 


y dos años, sería mejor hacerlo ante el espectáculo de traición, corrupción e impunidad que los
ciudadanos contemplamos con mayor o menor resignación día tras día.
Acabamos de conmemorar -ciertamente con menor eco del que la efemérides merecía- el
 


Bicentenario de la Constitución de Cádiz, la primera expresión de nuestra soberanía nacional.
España y Libertad son palabras que laten en sus páginas, aún vivas como inspiración. Desde
entonces, no hay una sin la otra. La Nación soberana es la garantía de la libertad de sus
ciudadanos. Entre nosotros, no hay democracia sin España, ni nuestra Patria viviría
dignamente sin libertad. Sencillamente, no cabe elegir.




*El autor es General (R) del Cuerpo de Infantería de Marina y Licenciado en Derecho. Antiguo
2º Comandante General de la Infantería de Marina.




miércoles, 13 de marzo de 2013

SAN HUGO CHAVES

Eduardo Jordá, publicado en el Diario de Cádiz el sábado 9 de marzo de 2013

HACE años, un amigo venezolano -escritor que vivía en España-, me contó que le molestaba mucho que algunos intelectuales hispanos hicieran propaganda a favor de Hugo Chávez, cuando ninguno de ellos sería capaz de vivir ni medio mes en la Venezuela chavista. Y la razón era fácil de adivinar. Por muy izquierdista y bolivariano que fuera, Hugo Chávez también era antisemita, machista y homófobo, y se burlaba de los "gays" con la misma furia con que atacaba a los "imperialistas yanquis" o a los "sionistas genocidas". Y no sólo eso, sino que Chávez tenía una especie de alcahuete a su servicio que le iba concertando citas con las mujeres guapas que veía en los mítines, una conducta digna de los peores dictadores bananeros como el dominicano Trujillo.

Pero lo peor de todo -me contaba este amigo escritor- es que los mismos intelectuales hispánicos que se pasaban la vida criticando a la Iglesia católica, se callaban como suripantas cuando veían a Hugo Chávez saludar a las multitudes en medio de una parafernalia de rosarios y crucifijos y estampas de Jesucristo. Y por lo visto, todo lo que en España era inadmisible por retrógrado y clericaloide, sí era lícito en Venezuela porque Chávez era de izquierdas y tenía un discurso antiamericano e indigenista. Y los rosarios y las estampas católicas que tanto molestaban aquí no molestaban tanto cuando estaban puestas al servicio de la revolución y las proclamas contra el capitalismo. Y eso, insisto, es lo que ese escritor venezolano no soportaba: que se defendiera allí lo que ninguno hubiera tolerado aquí.

No voy a negar que Hugo Chávez tuviera cosas buenas, y es posible que fuera una persona decente antes de que el poder casi sin límites y la veneración de las masas le hicieran perder la cabeza. Pero estoy seguro de que yo no podría haber vivido ni dos semanas en Venezuela. Porque no habría podido soportar la retórica populista, ni los llamamientos vehementes a la discordia civil, ni los discursos exaltados que dividían a los venezolanos entre "buenos" y "malos", ni la obsesión por comportarse como un rey mago que se dedicaba a hacer regalos a los venezolanos con las inmensas cantidades de dinero que le reportaban las exportaciones de petróleo. Lo siento, pero no me gustan los caudillos que se creen infalibles y que necesitan ser adorados por las muchedumbres. Prefiero políticos modestos, tranquilos y a ser posible conscientes de sus límites. Y que el buen Dios nos libre de los líderes carismáticos

jueves, 28 de febrero de 2013

LOS GENERALES

Artículo de Alfonso Ussía 14FEB13

Los generales

Luis María Anson inició su brillante conferencia en el Club Siglo XXI con un fogonazo verbal: «El sistema está agotado». Por culpa de todos, pero moribundo. Reclamó la presencia de Felipe González y José María Aznar para su regeneración. En la calle no se respira felicidad, y el Partido Popular teme a los extremistas. Se equivoca el PSOE apoyándolos, porque también van contra ellos. Todavía, unos y otros están a tiempo de reaccionar. Para que la ciudadanía no se soliviante más harían bien en denunciar sus propias corrupciones. Pero se equivocan –especialmente los populares–, si piensan que una mejoría en la tormenta económica les ayudaría a recuperar su predominio social. También está en el fango Izquierda Unida, cómplice de la desaparición de más de mil millones de euros en los amigables ERE de Andalucía. Y los sindicatos, agitadores sin respuesta, clamorosos chulos del sistema. Todo ello ha puesto de los nervios a la acomodada clase política y cuando los nervios traicionan se dicen tonterías inoportunas.
María Dolores de Cospedal no ha estado fina. Reconozco sus valores pero mantengo que es muy complicado que la experiencia la convierta en una aceptable portavoz. Es peor aún Floriano, y en Cataluña, cada vez que habla Alicia Sánchez Camacho, el PP pierde votos. No resultan convincentes ni simpáticos. Y no entra en lo admisible que los nervios le induzcan a María Dolores a advertirnos contra «los populismos y los generales».
Los generales, y con ellos todos los miembros de las Fuerzas Armadas, se conjuntan en la institución más leal con España y su Constitución, más honesta y más admirable de nuestro sistema democrático. Mucho más que los gobernantes, los parlamentarios y los jueces. Mencionarlos para salir del paso en un momento de improvisado desahogo, es más que una injusticia y una grave irresponsabilidad. Es una grosería. La sombra del golpismo no está en los regimientos ni en los arsenales. El golpismo está en una extrema izquierda activa, violenta y contagiosa que cuenta con el apoyo de muchos de los causantes de nuestra penosa situación. Está en la camiseta, las chancletas y el insulto. Es muy fácil insinuar el disgusto de los generales cuando se sabe que éstos, por disciplina, no van a responder. Eso sí, están ahí, con sus Reales Ordenanzas y la Constitución de 1978 en las mesas de sus despachos, soportando toda suerte de desprecios, asumiendo unos presupuestos infames y despreciando toda relación con la riqueza personal.
El descontento de la ciudadanía pacífica y harta puede terminar empujando a los que más tienen que perder, los jóvenes, hacia posiciones extremas. Para complicar más las cosas, los nacionalismos periféricos han roto relaciones con la Constitución que ellos ayudaron a redactar. Lo de Cataluña es inadmisible, y la presencia en las instituciones democráticas de los proetarras, inconcebibles en una sociedad firme y segura de sí misma. Los ataques al Rey y los abucheos al Himno Nacional están tipificados como delitos, pero aquí nadie mueve un dedo. Todos los días nos despertamos con un nuevo sobresalto de corrupción. Rajoy deja hacer en Andalucía, en Cataluña y en el País Vasco, donde el Partido Popular ha elegido el camino de la sumisión y el socialista toma el aperitivo con los etarras. El sistema está agotado. Por culpa de los políticos y de muchos jueces y magistrados. Dejen en paz a los militares, que no han hecho en estos 37 años otra cosa que soportar con lealtad, honor y decencia la deslealtad, el deshonor y la indecencia de quienes los mandan. Cospedal tiene que disculparse.

lunes, 25 de febrero de 2013

RADICALES LIBRES

 Pablo Bujalance, publicado en el Diario de Cádiz el 25.02.2013 

CON ERC por encima ya de CiU en intención de voto en Cataluña, y con Bildu gobernando buena parte de las instituciones vascas, parecen cumplirse las advertencias que formularon los más abnegados vigilantes de la democracia: una situación de crisis económica resulta favorable a los partidos radicales, y no es extraño que, de seguir la hecatombe a este ritmo, las urnas se llenen de alegatos a favor de la ruptura del Estado y su sustitución por varias repúblicas. En el lenguaje parlamentario y en los titulares de prensa, el término radical aparece siempre ligado a partidos como ERC y Bildu, organizaciones que, por supuesto, evitan referirse de este modo a sí mismas. Lo radical queda asociado por tanto a lo minoritario (salvo, insisto, en episodios de crisis económica) y lo contrario a lo establecido por la mayoría, que representa por el contrario el consenso y la placidez del acuerdo. Pero, ¿qué quiere decir exactamente ser radical en política?

La RAE incluye hasta diez acepciones del término. Me quedo con la tercera, que es la que, intuyo, inspira a quienes emplean el calificativo para colgárselo a ERC y Bildu: "Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático". Y la cuarta: "Extremoso, tajante, intransigente". Los agoreros tenían razón: si esto así, un altísimo porcentaje de la población, hastiada de corrupción e incapacidad política, podría ser considerada radical. Pero no es el radicalismo lo que define hoy al nacionalismo más vehemente, por más que sus portavoces efectivamente lo adopten. Asumida la mayoría de las veces como un mal menor, la democracia no ha contado precisamente con muchos partidarios radicales. Y ya van haciendo falta: voces que, ante atropellos y desfalcos como los que acontecen, se muestren intransigentes y tajantes en la defensa de una democracia que garantice los derechos de todos. Radicales y libres.

Cierto, los nacionalistas excluyentes son radicales en cuanto intransigentes. Pero sus motivos son muy distintos: en su extremidad no defienden los derechos de todos, sino la división de los ciudadanos en categorías de primera y de segunda, en virtud de apellidos, lenguas, territorios y derechos históricos. Cualquiera que se oponga a esto debería ser más radical aún en sus planteamientos. Hay cuestiones de las que deberíamos estar insobornablemente seguros. Pero no deja de resultar sospechoso tanto empeño en vincular el adjetivo radical a ideologías políticas deleznables. Está claro quién saca partido de las posturas tibias.

sábado, 16 de febrero de 2013

REVOLUCIÓN NO, GRACIAS

Carlos Colón, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 14.02.2013

ENTRE un corrupto y un puritano, prefiero al corrupto; y entre un sinvergüenza y un fanático, al sinvergüenza. Por suerte la vida no nos obliga a estas elecciones extremas y la condición humana abarca esa extensa gama de medias luces y matices que la hacen tan fascinantemente compleja. Que Dios y las leyes nos libren de puritanos y fanáticos, capaces de cargarse a la humanidad para salvarla. Para colmo de males no es infrecuente que tras el puritano se oculte un corrupto más peligroso que quien lo es abiertamente; y tras el fanático, un sinvergüenza peor que el canalla confeso. La corrupción y la sinvergonzonería me asquean. El puritanismo y el fanatismo me aterran. El corrupto y el sinvergüenza suelen tener fines precisos y causar sólo los daños necesarios para alcanzarlos. El puritano y el fanático aspiran a todo a cualquier precio.

Lo pensaba, exagerando, mientras leía las ya por todos conocidas palabras pronunciadas por la secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas: "Me sorprende mucho cómo pretendemos promover la revolución desde un hotel de cinco estrellas en Cascais, llegando en coches de lujo… Os exigimos de una vez por todas que la Internacional tenga sentido". Siempre que un partido se desmorona hay quien quiere sacar provecho de los cascotes y toma posiciones para estar entre los primeros el día después. Esta señora, hasta hace dos días desconocida, es ya una lideresa en las redes sociales. Y éstas fomentan la demagogia de los sans-culottes.

Afortunadamente el socialismo renunció hace muchos años a la revolución, que es un cambio violento de las instituciones políticas -sean democráticas o no: recuérdese la actuación socialista en 1934- que, de triunfar, impone una dictadura. Así que nada de agruparse en la lucha final, ni hacer añicos el pasado, ni soplar la potente fragua, ni cambiar el mundo de base hundiendo el imperio burgués, como dicen las versiones más conocidas de La Internacional; porque en las naciones democráticas hay muchas, muchísimas cosas que reformar y mejorar; pero no hay tiranos que deban caer a través de la violencia.

¿Al aludir a la revolución y a La Internacional esta señora está impugnando la socialdemocracia y Suresnes, apelando al cambio violento y justificando la dictadura? De ser así ante tanta pureza cegadora prefiero la media luz, corrupta media luz si quieren, de los mediocres políticos que padecemos

martes, 12 de febrero de 2013

UNA BONITA HISTORIA

LA BANDERA DE ESPAÑA SIGUE ONDEANDO EN PUERTO RICO

..la historia de las monjas y la bandera, con un comentario de Perez-Reverte¡¡¡¡¡¡¡¡...............¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

LA HISTORIA DE LAS MONJAS Y LA BANDERA
(Arturo Pérez-Reverte)

Hace algunos años, en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Cristóbal, me llamó la atención una enorme bandera española que alguien ondeaba en un edificio blanco próximo a la embocadura.

"Son las monjas", dijo quien me acompañaba, que era mi amigo y editor en Puerto Rico Miguel Tapia. "Y eso es que está entrando un barco español." No hablamos más en ese momento, pues estábamos ocupados en otras cosas; pero lo de la bandera y las monjas me picó la curiosidad. Así que después procuré enterarme bien del asunto, que resultó ser una bella historia de lealtades y nostalgias. Algo que realmente comenzó hace más de un siglo, el 16 de julio de 1898.

Aquel fue el año del desastre. Trece días antes, la escuadra del almirante Cervera, que había salido a combatir sin esperanza en el combate más estúpido y heroico de nuestra historia, había sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano.
Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas cercadas. En esas circunstancias, el Antonio López, un moderno y rápido buque mercante que había salido de Cádiz con armas y pertrechos para la guarnición, recibió un telegrama con el texto: "Es Que Usted Haga Llegar Preciso El Cargamento Un Puerto Rico Aunque Sí Pierda El Barco". Veterano, disciplinado, profesional, con los aparejos en su sitio, el capitán del Antonio López, que se llamaba don Ginés Carreras, intentó burlar el bloqueo estadounidense. No lo consiguió.
El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el USS Yosemite, que lo cañoneó. El capitán Carreras logró escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los días siguientes intentó llevar a tierra cuanto podía salvarse del cargamento. Pero dos semanas más tarde, el USS New Orleans se acercó para dar el golpe de gracia, destrozándolo a cañonazos.

Fue entonces cuando se tejió la historia que les cuento. Bajo el bombardeo, un tripulante del Antonio López, que se había atado la bandera del barco a la cintura antes de echarse al agua para intentar ganar tierra a nado, llegó gravemente herido a la orilla. Nunca pudo averiguarse su nombre, pues murió en brazos de un puertorriqueño de los que acudieron a ayudar a los náufragos.

"Que no la agarren", suplicó el marinero mientras moría, señalando la bandera. Y el puertorriqueño cumplió su palabra, quizá porque se llamaba Rocaforte y era de padres gallegos. Hombre supersticioso o religioso, y en cualquier caso hombre de bien, por no incumplir la demanda de un moribundo, la guardó en su casa durante años. Y al fin, un día, pensó en las monjas.

Eran españolas, de las Siervas de María, instaladas en la isla desde 1897. Atendían un hospital junto a la boca del puerto, y permanecieron allí después de la salida de España y la descarada apropiación de la isla por los Estados Unidos. Acabada la guerra, las hermanas, con la natural nostalgia, adoptaron la costumbre de saludar desde la galería del hospital, agitando sus pañuelos, cada vez que un barco de su lejana patria entraba o salía en el puerto.

Eso dio a Rocaforte la idea de confiarles la bandera. Se presentó en el hospital, contó la historia a la madre superiora, y le entregó la enseña. Y desde entonces, cuando entraba o salía de San Juan un barco español, las monjas hacían ondear en la galería, en vez de pañuelos, la vieja bandera del barco perdido.

Todavía lo hacen, un siglo después. De las veintisiete monjas que atienden hoy el hospital de las Siervas de María, ya sólo cinco son compatriotas nuestras. Pero cada vez que un barco español pasa frente al hospital, navegando lentamente por la canal de boyas, su capitán cumple el viejo ritual de dar tres toques de sirena y hacer ondear la bandera en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galería agitan la suya.
De haberlo sabido, aquel anónimo marinero del Antonio López que hace ciento doce años se arrojó al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la enseña de su barco atada a la cintura, estaría satisfecho.

Me pregunto si quienes salieron a la calle tras el último partido del Mundial de Fútbol, llenándolo todo de colores rojo y amarillo, serían conscientes de que se trataba de la misma memoria y la misma bandera. Y de que, al ondearla con júbilo en calles y balcones, rendían también homenaje a tanta ingenua y pobre gente que, manipulada, engañada, manejada por los de siempre, ordenaron los que diseñan banderas pero nunca mueren defendiéndolas–, cumplió honradamente con lo que creía eran su deber y su vergüenza torera. Y esto incluye a las monjas de San Juan.

viernes, 8 de febrero de 2013

EL CATALANISMO INDEPENDENTISTA

  Salvador Pérez Bueno, publicado en el Diario de Cádiz el 02.02.2013

LA deriva soberanista del nacionalismo catalán en plena crisis económica es el envite más desestabilizador que sufre hoy la democracia española.

Dice Manuel Álvarez Tardío, profesor de Historia, que "el catalanismo no fue nunca un proyecto de modernización y democratización para una nueva España, sino una coartada en una competición entre elites por el poder". Y como la economía no está al margen de las relaciones de poder, detrás de ello está el interés económico, muy en línea con el dicho popular de que para el catalán lo importante es la "pela".

El desarrollo capitalista en España propició la acumulación de capital en las zonas industriales de Cataluña y del País Vasco al amparo del proteccionismo industrial exigido por sus élites y de la privilegiada atención del Estado en los programas de inversiones públicas. El Sur quedó relegado a un vagón de enganche al tren del desarrollo que tenía que mover la locomotora del Norte.

Paradójicamente, los nacionalismos del Norte han recubierto sus insaciables exigencias de privilegios bajo una queja continuada que todo el mundo reconoce en el victimismo catalán.

La democracia española de hoy reconoció esta posición privilegiada de vascos y catalanes desde la misma Constitución de 1978. En lo político-institucional reconociendo el fácil acceso a un marco privilegiado de autogobierno, que desde Andalucía se quebró, no sin grandes dificultades, generalizándose a todas las regiones y nacionalidades de España. Esto último dio lugar a la queja de los nacionalismos del Norte en forma de denuncia del "café para todos", ya que impedía subrayar sus diferencias y cuestionaba su desarrollo privilegiado. En lo económico, el País Vasco obtenía el privilegio fiscal de los conciertos económicos forales, mientras que Cataluña, rechazando en el proceso constituyente lo anterior, exigió un traje a su mediada en el sistema general de la Lofca (Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas). Todos los cambios posteriores en la Lofca, han sido pactados con los nacionalistas catalanes, y desde los intereses de éstos.

A todo lo anterior hay que añadir que el diseño de partidos propiciado por la Ley Electoral configuraba el bipartidismo español al amparo del poder moderador de los nacionalismos del Norte, de tal manera que de no existir mayorías absolutas, la estabilidad parlamentaria depende de los nacionalismos vasco o catalán. Lo que a su vez obliga a los dos partidos de gobierno, para favorecer sus aspiraciones de acceso al poder o para mantenerse en él, a hacer continuas concesiones a aquéllos. No ha existido un partido de ámbito estatal que haya podido escapar a ello, ni tampoco fue posible un poder compensatorio en el sur, como representó el andalucismo, favorecedor de la solidaridad y de la cohesión territorial.

Así las cosas han funcionado hasta la llegada de la crisis económica. Esta crisis se produce mientras el lento proceso de construcción europea muestra descarnadamente su deficiente arquitectura política e institucional. De tal manera que parece evidente que hacer frente a la crisis exige, entre otras cosas, más Europa, o lo que es lo mismo, más cesión de soberanía de los Estados de la Unión. Pero en este proceso de integración europea ¿dónde van a quedar las élites nacionalistas del Norte de España? ¿De qué manera van a poder proteger sus intereses ejerciendo su poder especifico diferenciado?

Quizás nuevamente haya que recurrir al profesor Álvarez Tardío, quien afirma que "el remedio empieza por tomar conciencia de que el catalanismo, como el resto de nuestros nacionalismos, no se alimentan de una España reaccionaria y centralista que ahogue el derecho a la diferencia, sino el miedo a una sociedad cada vez más abierta y competitiva."

A todo ello hay que añadir que la crisis económica no viaja en solitario. Junto a ella corre en paralelo una crisis institucional y política tras la que se está destapando una descomunal corrupción que ha puesto en evidencia la evolución del sistema de partidos políticos en España. Éste ha derivado en una "élite extractiva" en la terminología de César Molina con diferentes expresiones territoriales. Esta "élite extractiva" en Cataluña, la del 3% que decía Maragall, cree que un Estado independiente catalán seria más manejable, en orden a evitar otros controles y responder ante la Justicia.

Los que dicen que el sistema surgido de la Transición está agotado llevan toda la razón del mundo. Por ello hace falta una nueva Transición en el sentido de una refundación de la democracia que cierre una estructura del Estado democrático y alumbre reglas institucionales y políticas de transparencia y calidad democrática.

lunes, 4 de febrero de 2013

SOBRE LOS POLITICOS

       
Rafael Navas Renedo, en el Diario de Cádiz el domingo 03.02.2013
 
LOS políticos tienen un problema. En la actual situación económica, los ciudadanos ya no miran para otro lado. Ahora, cualquier sospecha de duda, por pequeña que sea, se examina con la lupa de la calle, que unas veces -es cierto- distorsiona la realidad pero otras sirve de foco que arroja luz sobre los manejos más oscuros. El vaso, siendo enorme, ha llegado a rebosar y la generalización de esta caída en picado de la imagen de los políticos se explica en que los casos de corrupción van desde lo más alto a lo más cercano al ciudadano.

Comenzaba esta semana con la condena por prevaricación a la ex alcaldesa de Chipiona, Dolores Reyes, al contratar ilegalmente durante apenas cuatro años de mandato a 345 personas. Se dice pronto. No una, ni dos, no. 345 en una pequeña localidad que si por algo debería ser noticia en este inicio de año es por el150 aniversario de su popular faro. Uno mucho más grande hace falta para iluminar el camino de la Justicia y condenar las andanzas, de sobra conocidas, de muchos otros ex responsables públicos que siguen aprovechándose de subterfugios legales y de la lentitud de los procesos por la falta de recursos. Condenas que se eternizan y contribuyen a crear una sensación de impunidad.

Instituciones que han sido auténticos coladeros de familiares y amigos a la vista de todos no son, con toda su gravedad, el único motivo de preocupación hacia la labor de la clase política. Que los partidos, incluso los más pequeños cuyos miembros caben en un taxi, reciben donaciones de empresarios y afines es algo que todo el mundo conoce pero que sigue sin estar lo suficientemente regulado para que prevalezca la transparencia, como sucede en otras democracias que han sabido solventar el asunto de la financiación. El 'caso Bárcenas', con múltiples ramificaciones, da carta de naturaleza a esta demanda, cuya plasmación real en una ley efectiva sigue estando, no lo olvidemos, en manos de los dos grandes partidos.

Los 'papeles' del ex tesorero del PP incluyen una anotación de un supuesto pago de este partido a nivel nacional a Teófila Martínez. Habría de preocuparle a la alcaldesa de Cádiz, que ha hecho y hace de la austeridad y la honestidad la bandera de su gestión, que un ex alto cargo de su partido la haya incluido en la lista del penúltimo tsunami político que tanto daña la credibilidad de los gobernantes. En su defensa, hace mal el PP sacando a relucir los casos de corrupción en el PSOE. El "y tú más" ya no funciona. Nadie gana en este escenario de reproches. Todos pierden. Y la que más, nuestra democracia, que por las corruptelas de unos y otros se aproxima peligrosamente al abismo del populismo barato y la antipolítica que tanto daño y dolor ha causado en otras épocas.

Los políticos tienen un problema. Pero no son el problema. La solución sigue estando en sus manos. Llevamos años esperándola.

domingo, 27 de enero de 2013

EL LORO Y SU CHOCOLATE

Rafael Padilla, publicado en el Diario de Cádiz el 27.01.2013

EN tiempos de crisis, el debate sobre el coste y la utilidad de las televisiones autonómicas, en la medida en que los gastos comunes que se realicen en ellas deben resultar coherentes con los esfuerzos solicitados en otros muchos ámbitos de importancia objetivamente mayor, alcanza una dimensión nueva. Según nos informan, para el conjunto de las existentes en nuestro país, esa cifra, referida sólo a las aportaciones públicas, rondará los 951 millones de euros en 2013, unos raquíticos 50 menos que el pasado año. Insignificante recorte parece en el océano de los 8.000 millones de ajuste que el Gobierno urge de las comunidades autónomas.

No voy a entrar a discutir el argumentario clásico de sus defensores. Que sean garantía de pluralidad, refuercen la cohesión social, el sentimiento identitario o la pertenencia territorial y lideren sus respectivas industrias audiovisuales son, para los que huyen de una demagogia simplona, razones apreciables. A su vez, tampoco repararé en la artillería de sus oponentes: la irracionalidad de sus plantillas, su proverbial sumisión política, la inmensa deuda que las ahoga o el pesebre calentito en el que en demasiadas ocasiones acaban convirtiéndose son, por desgracia, reproches igualmente valorables.

No es el modelo, ni sus méritos o abusos, lo que hoy me ocupa. Se trata, y esto es lo básico, de dilucidar si, en las circunstancias presentes, han de constituir una prioridad respecto de otros servicios públicos, esto es, si pueden seguir suponiendo un sector prácticamente inmune para el poder de turno, a cuyo alrededor otros, esenciales, se desmoronan. Y miren, por ahí sí que no paso. No puedo entender que, frente a sacrificios sangrantes en sanidad, educación o dependencia, la televisión se alce como la niña bonita y mimada a la que no se incomoda.

El hecho de que en ciertas autonomías -Andalucía, por ejemplo- aumente el presupuesto público destinado a esta concreta herramienta, desconcierta al administrado, ofende sus penurias y revela la peculiar sensibilidad de sus inconmovibles líderes. Ellos sabrán si les renta, y cómo, este carísimo y repetitivo loro que se ventila en chocolate lo que falta en salud, en formación o en solidaridad para con los más débiles. Si gobernar es elegir, retrata y desanima que haya quien, en estos momentos cruciales, opte por sus propios intereses e ignore sin rubor los que verdaderamente están en juego.