Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

jueves, 30 de mayo de 2013

ESTUVE EN PARO Y ME DISTEIS TRABAJO

José Joaquín Castellón, publicado en el Diario de Cádiz el  martes 21 de Mayo de 2013

LA situación de falta de empleo en nuestros pueblos y barrios es tan preocupante que no es, en absoluto, desproporcionado situar la creación de puestos de trabajo digno como una de las principales obras de misericordia -usando el lenguaje del catecismo que aprendimos en la escuela- que hoy se nos está pidiendo.

No voy a recordarles las cifras de desempleo que en nuestra región andaluza ya ha pasado lo socialmente admisible; y si no fuera por la solidaridad familiar, sobre todo de los abuelos, habrían desencadenado un estallido social. Es escandalosa la tasa de desempleo de los jóvenes, con lo que conlleva de falta de futuro, de perspectivas vitales y de horizontes humanos. Es cierto que nuestros jóvenes no tienen, en general, problemas para subsistir gracias a la red de seguridad de las familias. Pero en absoluto pueden ni deben conformarse con estar dependiendo sine die de sus progenitores.

El problema, mirado en su profundidad, es más grave por cuanto sus causas no son coyunturales. En Andalucía el problema del desempleo es estructural: falta un tejido productivo mínimamente consistente que permita confiar en que acabada la crisis se acabará el problema del paro. Muchos años hemos confiado en el turismo, en la construcción y en las ayudas europeas para sustentar el Estado de bienestar al que nos hemos acostumbrado. Dos de esos pilares se han venido abajo, y no se ha generado una economía civil que sirva de sustento a las coberturas que exigimos al Estado. El dinero fácil e injusto de la construcción y el dinero fácil y dilapidado de la UE se han acabado.

A esta altura de la situación, quien mira a la comunidad de los cristianos, a la Iglesia, la mira buscando una ayuda asistencial, tan necesaria como lastimosa; una limosna que es pan para hoy -al menos eso-, pero seguir en precario mañana. La Iglesia como institución no tiene la responsabilidad de crear un tejido productivo justo; no es una tarea específica de su misión potenciar la creación de puestos de trabajo. Pero la Iglesia no es sólo la institución eclesial. Iglesia son también todos los laicos cristianos, abogados, notarios, albañiles, políticos, médicos, estudiantes, parados, trabajadores del campo, empresarios, emprendedores, etc. que quieren vivir la fe en Cristo. La construcción de una sociedad más humana pasa hoy por la regeneración de un tejido productivo justo en nuestro pueblo. Y toda la Iglesia, tanto desde su nivel institucional, como desde la militancia personal de cada uno de sus miembros, estamos encartados en este reto, en esta interpelación del Espíritu y de la Historia.

En algunas diócesis andaluzas hay instituciones específicamente encargadas de posibilitar, a través de asesoramiento y financiación, pequeñas iniciativas de auto-empleo; en la dióceis de Sevilla es la fundación Marcelo Spínola. Cáritas también se ha caracterizado por apoyar iniciativas de auto-empleo. Pero hoy por hoy esto es claramente insuficiente.

Cuando Juan el Bautista, encarcelado en Maqueronte, envió algunos discípulos a preguntar a Jesucristo si era de verdad el Mesías esperado, sabemos que le respondió con los hechos: devolvió la vista a algunos ciegos, hizo andar a algunos tullidos, resucitó a algún muerto y anunció a los pobres la Buena Noticia. También hoy -y en todo tiempo-, cuando nos pregunten a los cristianos si somos los portadores de la Buena Noticia que Cristo inició en la historia, tendremos que responder con los hechos. Y en parte lo hacemos. Pero hoy el signo más relevante del Reino que necesita nuestra sociedad es que los cristianos nos preocupemos eficazmente por impulsar la creación de puestos de trabajo y que seamos catalizadores de iniciativas de empleo sostenible y decente. Todos los cristianos de los distintos ámbitos de la Iglesia, desde la jerarquía hasta los fieles, pasando por los diversos movimientos de apostolado -se llamen como se llamen y tengan la sensibilidad religiosa diferenciada que tengan- hemos de poner el horizonte de la creación de un tejido productivo justo como un reto de nuestra fe y como uno de los signos que el Espíritu nos pide.

Naturalmente que las condiciones estructurales de la economía han de cambiar y hay responsables de hacerlo. Pero esas condiciones estructurales, económico-financieras, sólo serán eficaces si hay personas que ponen al trabajador en el centro de la actividad económica. Si la codicia, la corrupción y la inhibición de la mayoría nos han traído a esta crisis inhumana, serán la decencia, la honradez para con las personas en situación de desempleo, y la responsabilidad de cada uno de nosotros en particular, la que vaya alumbrando un tejido productivo justo.

martes, 28 de mayo de 2013

MUERTE AL SOLDADO

 Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 27 de Mayo de 2013.

PRIMERO fue Londres, con el brutal asesinato de Lee Rigby, ex combatiente en Afganistán; después París, donde un árabe intentó degollar a un soldado. No estamos seguros, y estos episodios han despertado nuevamente los peores instintos de xenofobia, hasta el punto de que al mismo tiempo que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia potencian su actividad para tratar de detectar nuevos focos de peligro, también se ha reforzado la seguridad en los barrios que son lugar habitual de residencia de familias árabes.

Es difícil encontrar el equilibrio: los controles deben ser minuciosos porque los yihadistas están permanentemente alertas. Pero no todos los musulmanes, ni de lejos, apoyan en terrorismo.

En España, dicen las autoridades, no ha hecho falta activar ningún protocolo más porque la alerta es permanente. Se extrema la vigilancia sobre las personas sospechosas de pertenecer a grupos extremistas y también sobre las mezquitas y los centros de reunión. Hay razones para hacerlo, y el último episodio de Londres así lo demuestra: se suceden los actos terroristas realizados por personas que se han criado en países occidentales, incluso han nacido en esos países y tienen su nacionalidad, y que aparentemente se encontraban perfectamente integrados en la sociedad. Lo ocurrido ha hecho saltar todas las alarmas porque evidencia que se ha fracasado en el modelo de integración de personas de otras latitudes y que han fallado los programas de seguridad contra el terrorismo islamista.

En Siria se han detectado a centenares de personas que han viajado desde países europeos y se han sumado a las fuerzas rebeldes o a las de Bashar al Asad, todas ellas con un fuerte sentimiento religioso -además del ánimo de derrocar a Al Asad también se produce la guerra a muerte entre suníes y chiíes- y que se sienten absolutamente identificados con la yihad. Un motivo más de preocupación para quienes deben luchar contra el terrorismo islamista, porque la presencia de jóvenes que pertenecen a una generación educada en occidente significa que no se ha producido el deseado arraigo y que, lo que es más grave, han sido captados más o menos fácilmente por Al Qaeda y sus afines.

La Policía española tiene fama de ser una de las mejor informadas sobre el mundo islamista, más aún desde la tragedia del 11-M. Suele estar alerta, pero lo sucedido en Londres y París le obliga, y nos obliga a todos, a no dejar ni un cabo suelto. En cualquier lugar un fanático nos puede romper la vida

sábado, 18 de mayo de 2013

LA RESISTENCIA

Rafaael Sánchez Saus, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 16 de Mayo de 2013



NO puedo ni quiero leerme cada día toda la prensa andaluza, por lo que es posible que la noticia se me haya escurrido ante los ojos a pesar de mis esfuerzos -y de los de mi buscador de internet- por encontrarla en ella, pero ha tenido que ser uno de esos confidenciales mayormente madrileños el que me ha puesto sobre la pista de La Resistencia, una agrupación de andaluces -me resisto a llamarla lobby como gusta a mi fuente-, al margen de los partidos políticos que se proponen trabajar conjuntamente para intentar eliminar la corrupción de la vida pública, defender el Estado de derecho y restaurar la justicia social. ¿Otra movida más en la estela del fallido 15-M? Es de esperar que los trescientos andaluces que, al parecer, se han sumado ya a la convocatoria de La Resistencia hayan aprendido de los errores de lo que sólo hace dos años despertó tantas expectativas y hoy se debate en una crisis mayor aún que la había venido a denunciar.

De momento, una buena señal es que La Resistencia no se propone cambiar el mundo y las esferas remotas, sino centrarse en algunos de los muladares más próximos y, por así decir, familiares: la Junta, las diputaciones y municipios de Andalucía, todas aquellas instituciones en las que el olor a caca se expande por encima de los vistosos ropajes ideológicos. De momento, y no es poca cosa cuando se acaba de empezar la faena, ha conseguido que el fiscal general de Andalucía se haya interesado por tres asuntos de peso: el reparto ilegal de subvenciones en agencias de la Junta de Andalucía, los contratos a dedo del Gobierno andaluz y el especialmente sangrante y escandaloso, cuando tanta demagogia se está desplegando desde San Telmo sobre este problema, de los desahucios presuntamente ilegales llevados a cabo por la empresa pública del suelo de la Junta.

No todo está perdido. Es esperanzador que iniciativas así surjan aún del seno de una ciudadanía plural en sus ideas pero unánime en su exigencia de limpieza en la vida pública. Garantizar en ellas la perduración de su espíritu abierto, evitar caer en manos de redes de activistas al servicio de ideologías liberticidas es su gran reto. Ojalá dentro de dos años podamos ver en La Resistencia no ya una esperanza, sino una realidad inequívoca de que la ciudadanía crítica ha sido capaz de madurar sus proyectos y sus procedimientos. Andalucía se lo agradecerá.

sábado, 4 de mayo de 2013

PERDER EL RUMBO

Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el martes 30 de Abril de 2013
EL viernes presentó el Gobierno un panorama desolador después del golpe que supuso la EPA de los 6 millones de parados; el domingo, en Granada, Rajoy no fue mucho más optimista, sino que se mantuvo en la línea de alertar sobre las dificultades que vivimos y pidió "paciencia" para superarlas, como si no la tuvieran ya, y muy sobrada, los españoles. Y el lunes, en una reunión con empresarios, aparece un Rajoy que sin echar las campanas al vuelo defiende su política, afirma que "los hechos certifican el cambio de rumbo" -para bien, evidentemente-, respalda la reforma laboral aunque admite que la EPA fue una mala noticia, asegura que "estamos en el umbral de invertir la situación económica -se supone que también para bien-, dice que se ha producido una mejora de la competitividad y del comercio exterior y que "sabemos lo que hacemos". Conclusión: hay motivos sobrados para caer en el desconcierto y en la perplejidad, porque según cómo venga el aire el presidente presenta un escenario fúnebre o da motivos para la esperanza.

El problema es que muchas de las operaciones económicas y las inversiones que crearían miles de puestos de trabajo dependen de que los que podrían realizar esas operaciones o inversiones se mueven en función de los proyectos de gobierno y sus previsiones de futuro. Y estos días las previsiones de Rajoy y sus ministros son tan cambiantes que difícilmente se puede hacer un pronóstico sobre lo que nos espera. Es mal asunto el triunfalismo, no deja de ser un engaño; pero es igualmente reprobable el catastrofismo, porque se necesitan acicates para salir adelante cuando la crisis golpea con la dureza con que lo está haciendo. Y lo que ya provoca una desazón difícil de describir es que se emitan mensajes contradictorios, tipo ducha fría ducha caliente, que aturden y descolocan.

El ministro De Guindos ha firmado un acuerdo con su colega alemán Schauble para financiar ayudas a las pymes. Una buena señal, se necesita crédito como el comer. Es algo tangible, porque los alemanes suelen cumplir sus compromisos. Pero poco más se puede decir sobre los nuevos proyectos del Gobierno para superar la crisis: el llamado segundo plan de reformas no ha sido tal y el estado de ánimo de la vicepresidenta y los ministros de Economía y de Hacienda no fue como para pensar en una próxima mejora de la situación, Resultado: lo urgente es esperar, como decía Pío Cabanillas. Sólo así sabremos si este Gobierno nos lleva a buen puerto o nos hunde definitivamente.

domingo, 28 de abril de 2013

LOS NOMBRES DE LAS COSAS


Rafael Navas Renedo, publicado en el Diarío de Cádiz el domingo 28 de abril de 2013.


POR qué lo llaman movilización cuando quieren decir vandalismo? ¿Por qué se habla de acto de protesta cuando se trata de un sabotaje? ¿Dónde está la reivindicación de unos trabajadores cuando lo que vemos es un acto protagonizado por salvajes? La perversión del lenguaje es una realidad establecida que está haciendo mucho daño a este país. Cuando a las cosas no se las llama por su nombre y se saca un catálogo de eufemismos políticamente correctos, se dibuja interesadamente el escenario de un mundo que no existe. Con independencia del objetivo que buscaban, los autores materiales de los destrozos en el puente Carranza el pasado jueves son unos delincuentes y denominarlos de otra forma sólo contribuye a prolongar el problema y a hacerle un flaco favor al colectivo al que creen representar.

El vocabulario político y sindical está lleno de palabras y expresiones que disfrazan los hechos a conveniencia. Desgraciadamente, la crisis ha enriquecido el diccionario de las ambigüedades, perífrasis y los circunloquios porque hablar claro, describir con crudeza lo que pasa, cada vez cuesta más a quienes subsisten a base de réditos electorales. Y lo cierto es que han conseguido el objetivo de que en muchas ocasiones los ciudadanos acabemos utilizando ese lenguaje dañino a base de escucharlo repetitiva y machaconamente.

Que a la masiva emigración de jóvenes españoles la denomine la ministra de Trabajo "movilidad exterior" es uno de los ejemplos más recientes de todo esto. Tal vez,en el Gobierno creen que, arrinconando determinadas palabras del diccionario, van a causar mejor respuesta en los mercados y menos sufrimiento en los ciudadanos. Pero se equivocan. Lo que al final consiguen con ello es incrementar la indignación entre una población que, es posible, se encuentre bastante hastiada, pero que no es tonta.

En el Consejo de Ministros del pasado jueves no se aumentaron los impuestos, sino que hubo "novedades tributarias". La invasión de neologismos parece no tener fin en la presente legislatura, cuando creíamos que aquella resistencia de Zapatero a hablar de crisis en la anterior era una conducta aislada. Gobernar, lo estamos viendo de nuevo, acaba conduciendo a un ejercicio de camuflaje de la realidad cuando ésta es incómoda o desagradable. Desahucios, rescate financiero, repago (en lugar de copago), amnistía fiscal, subida del IVA, privatización, abaratamiento del despido y un largo etcétera son palabras prohibidas para quienes han sido elegidos por los ciudadanos para que les digan la verdad. Sin tapujos.

Hace unos días se celebró el Día del Libro, la fiesta de las letras que invita a la lectura. El Diccionario de la Lengua Española es la mejor herramienta para saber qué es lo que realmente está pasando, un manual de supervivencia para tiempos difíciles

sábado, 20 de abril de 2013

SON LAS ADMINITRACIONES PUBLICAS, ESTÚPIDO

Pilar Cernuda, publicado en el Diario de Cádiz el sabado 15 de Abril de 2013


LA frase que sirvió de símbolo a la campaña de Clinton contra Bush padre, "es la economía, estúpido", podría transformarla este Gobierno en "son las administraciones públicas … ", pero Rajoy y su equipo se han encontrado con una pared: la unanimidad de los alcaldes a que se meta mano a la estructura y competencias de los ayuntamientos, y a la animosidad que se ha visto en gobiernos regionales, mancomunidades, diputaciones y cabildos para aceptar el proyecto que se elaboró al principio de la legislatura, y analizó el Consejo de Ministros el pasado febrero.

Rajoy no ha encontrado el valor suficiente para imponerse a quienes han puesto pie en pared para defender sus derechos, visualizada en la Federación Española de Municipios y Provincias, que se resisten a la idea del Gobierno de poner orden en las estructuras locales, reducirlas, controlar el exceso de personal, poner tope a los sueldos en función del número de habitantes y racionalizar las estructuras. En Suecia se han reducido los ayuntamientos a un tercio, España cuenta con el mismo número de ayuntamientos que Alemania con el doble de habitantes, Italia ha reducido a la mitad el número de sus provincias y en Estados Unidos sólo las grandes ciudades cuentan con alcaldes elegidos por los ciudadanos, el resto tiene gestores municipales que administran los ayuntamientos y no dependen de los partidos políticos. En España hay municipios con unos pocos miles de habitantes que se niegan a compartir servicios con el ayuntamiento situado a media docena de kilómetros, se han creado infraestructuras de mancomunidades que no tienen sentido, se han duplicado y triplicado competencias y los alcaldes y concejales se han rodeado de asesores que hacen poco más que ganar buenos salarios, porque ya existen funcionarios que asumían esas atribuciones.

La gente está realizando sacrificios a veces inhumanos para paliar los efectos de una crisis absolutamente devastadora. No es justificable que los políticos municipales se nieguen a aceptar una reforma indispensable. Sin ella, jamás cuadrarán las cuentas. El Gobierno ha advertido que presentará el proyecto antes del verano: a ver si se atreve a hacerlo, y a ver si se atreve a presentarlo en los términos en los que lo había redactado inicialmente antes de las presiones de sus altos cargos municipales y autonómicos.

lunes, 15 de abril de 2013

DEFENSA DESAPASIONADA DE LA MONARQUIA


Ángel Rodríguez publicado en el Diario de Cádiz el domingo 14 de abril de 2013

                     HOY, a los 82 años de su proclamación, somos muchos los que aún llevamos la República en el corazón. Algunos también llevamos la monarquía parlamentaria en la cabeza, lo cual no deja de ser una paradoja por partida doble: primero, porque se supone que nada debería ser menos pasional que la República, culminación de la aspiración ilustrada de someter el poder político al dictado de la razón; segundo, porque se supone que nada debería ser menos racional que la monarquía, que hunde sus raíces en las supersticiones oscurantistas del origen divino del poder. ¿Qué ha pasado en nuestro país para que la opción republicana se haya vuelto más sentimental que racional y la monarquía haya logrado rodearse de una racionalidad que siempre le ha sido ajena?


                  Como todo lo que comienza levantando grandes expectativas, dura poco y acaba trágicamente, la República terminó convirtiéndose en un mito. Y como todos los mitos, sus aspectos positivos (¡y vaya si los tuvo!) han oscurecido los negativos (por cierto, entre estos estaba la figura del jefe del Estado, que fue mal diseñada por la Constitución republicana y salió peor parada cuando se puso en práctica). El mito ha hecho que quedara oscurecido, sobre todo, su principal defecto: que terminó mal.


                Cierto que fue el golpe fascista de Franco el que causó su derrumbamiento final, pero, como el propio Azaña dejó escrito, la República difícilmente habría sobrevivido si la Guerra Civil la hubieran ganado los nuestros. La guerra en la que un bando vio el medio para terminar con la democracia republicana era vista por muchos de los que combatían en el otro como la gran oportunidad para poner fin a un régimen burgués. Unos luchaban por el fascismo y otros por la revolución; juntos, fueron más que los que lo hicieron por la República.


             Que el experimento republicano saliera mal no empañó en absoluto su carácter mítico, muy al contrario: le rodeó de la épica necesaria para consolidarse. Pero desde que los historiadores han desentrañado sus entresijos, le han crecido las dificultades para poder ofrecerlo como un precedente exitoso de forma de gobierno. Como todos los mitos, la adhesión al mismo se explica, sobre todo, por razones sentimentales. Lo que nos apasiona de la República no son sus resultados, sino sus valores.


          Al contrario que la República, la reinstauración de la Monarquía no levantó grandes expectativas ni suscitó grandes adhesiones. Aunque impuesta por Franco, pronto supo encontrar un nuevo fundamento, el mismo que iba a dotar de legitimidad al nuevo régimen democrático alumbrado tras el franquismo: el compromiso, el pacto, el consenso. La transición fue, entre otras muchas cosas, el escenario del armisticio finalmente firmado entre los hijos de los que ganaron la guerra y los hijos de los que la perdieron.


          Dotar de un fundamento racional a la monarquía que ahora tenemos entraña, sin embargo, una dificultad mayor que revelar las pasiones que afectaron a la República que tuvimos. Lo es porque el canon de racionalidad no puede ser otro que el democrático, y nada menos democrático que una Jefatura del Estado no elegida por el pueblo. Pero, sorprendentemente, la monarquía parlamentaria ha sabido encontrar su papel para contribuir a que la democracia funcione mejor: gracias a que existe una Jefatura del Estado que se sitúa por encima de la lucha política, la confrontación partidista puede desplegarse sin temor a que todo el sistema se venga abajo. La condición para que sea compatible con la democracia es que el Rey, puesto que no es elegido, no ejerza poder alguno.


                  Nuestra democracia, como todas, descansa en un sutil equilibrio entre el consenso y el conflicto. El acuerdo en las reglas del juego (la Constitución) es imprescindible para que el desacuerdo pueda llegar, con la intensidad que sea necesaria, en todo lo demás. En una monarquía parlamentaria, el Rey está en una mejor posición institucional para representar ese espacio de consenso básico. El carácter no electivo no es aquí un obstáculo, sino, más bien, una ventaja. No creo que ninguno de los presidentes del gobierno que hemos tenido hasta ahora hubiera podido hacer un mejor papel si en lugar del gobierno hubieran tenido que presidir la República.


                Nuestra monarquía, en definitiva, ha propiciado que se cumplan los ideales de la República (que impere la voluntad democrática del pueblo) sin que asomen los peligros que terminaron con ella (que el conflicto político inunde el necesario espacio básico del acuerdo). Es cierto que la República del siglo XXI no tendría por qué afrontar los mismos riesgos, pero dudo que merezca la pena comprobar cuáles podrían ser los nuevos. La suma de un monarca hereditario que simboliza lo que todos tenemos en común y un gobierno democráticamente elegido que lleva a la práctica lo que decide la mayoría ha funcionado, al menos hasta ahora, razonablemente bien. Lo mejor que nos podría ocurrir es que, con los cambios que hubiera menester, siguiera funcionando así en el futuro. Sin levantar pasiones, es cierto. Pero hay muchos terrenos en donde la pasión suele jugar un mejor papel que en la política.

martes, 9 de abril de 2013

DEMÓCRATA LO SERAS TÚ


Pablo Bujalance, publicado en el Diario de Cádiz el lunes 08 de abril de 2013


                    EL asunto de los escraches, lejos de perder fuelle, continúa bien álgido a costa, esencialmente, de decisiones y declaraciones desafortunadas esgrimidas desde uno y otro bando. Como decía un tío mío bastante escéptico, hay bocazas donde hay micrófonos. La corriente, por llamarla de alguna manera, ha servido en bandeja a quienes la impulsan y a sus contrarios la posibilidad de dejar bien claro de cara a la galería en qué consiste, según sus particulares criterios, actuar como un verdadero demócrata y en qué consiste todo lo contrario.

                    La opinión mayoritaria no ha tardado en situar los escraches fuera de cualquier consideración democrática. Y esto es razonable: el hostigamiento personal al político en la puerta de su domicilio, que terminan pagando injustamente sus familiares, es rechazable en todos los términos. Pero conviene analizar el modo en que algunos de los señalados, todos ellos del PP, han señalado a su vez a los practicantes del escrache como antidemócratas. Porque esto también refleja, con cierta eficacia, lo que ellos piensan de la democracia.


                      Como es bien sabido, los populares no han dudado en comparar a los de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca con nazis y etarras. Y lo han hecho de una manera radical, absoluta, sin dejar lugar a los grises: insinuando la existencia de vínculos con organizaciones criminales y, lo que es aún más significativo, considerándose a sí mismos víctimas de implacables pogromos. Si hubieran querido ir más lejos en su demonización, sencillamente no habrían podido. Pero al dar coartada a semejantes argumentos, los señalados demuestran una abultada torpeza.


                 Deberían saber que cuando se lanza una acusación de este calibre, lo más fácil es que el tiro salga por la culata. Y también deberían recordar que Hitler ganó sus elecciones en Alemania gracias a un programa electoral lleno de bondades que luego no tuvo inconveniente en tirar a la basura. Y de la palabra de Batasuna y ETA ya sabemos lo que podemos esperar. Así que, si se trata de comparar, a lo mejor podríamos comparar al Gobierno de Rajoy, que ha incurrido en el deshonor dudosamente democrático de traicionar punto por punto el programa con el que llegó a la silla, con lo uno y lo otro.

             El verdadero problema de todo esto, más allá de las comparaciones baratas, es que los políticos no están demostrando mucha sensibilidad ante el sufrimiento de aquellos para los que gobiernan. Y el dolor no atendido no suele preocuparse por si parece o no democrático cuando se manifiesta

martes, 2 de abril de 2013

DESHAUCIIOS: EUROPA, 1; ESPAÑA, 0

ANA M. CARMONA CONTRERAS publicado en el Diario de Cádiz el domingo 31.03.2013



QUE la legislación hipotecaria tienda a beneficiar la posición de la banca frente a la de los deudores se configura, por lo general, como un elemento característico de la misma. Ahora bien, que esa tendencia se convierta en abierta preferencia por la posición contractual de los bancos en claro detrimento de los derechos de los hipotecados que no pueden afrontar sus obligaciones de pago se afirma como una peculiaridad española.

Una somera lectura de las normas que regulan la cuestión en nuestro país no deja resquicio a la duda. Porque si se deja de pagar la deuda contraída con el banco, se inicia un procedimiento judicial que terminará irremisiblemente con el desahucio del inmueble del hipotecado. Quien no está al corriente de sus pagos no sólo es expulsado de su vivienda, que es adquirida por la entidad bancaria por el 50% de su valor de tasación. Además, habrá de seguir haciendo frente a la deuda pendiente y, asimismo, abonar los gastos producidos en el curso del procedimiento de desahucio.

Con el estallido de la crisis económica y las crecientes dificultades de un número cada vez mayor de familias para hacer frente al pago de la hipoteca de su vivienda, el índice de desahucios ha crecido de forma espectacular, poniendo claramente de manifiesto los estragos causados por una legislación necesitada de un profundo replanteamiento. La falta de sensibilidad gubernamental ante esta acuciante problemática social ha sido contumaz, puesto que al clamoroso inmovilismo del Ejecutivo de Zapatero, que nada hizo al respecto, ignorando completamente la cuestión durante dos legislaturas, ha venido a sumarse la timorata respuesta que, constreñido por la magnitud de la protesta ciudadana, ha ofrecido el Gobierno de Rajoy.

En primer lugar, aprobando un más que tibio Código de buenas prácticas que sólo protege de las ejecuciones hipotecarias a un número extraordinariamente reducido de afectados. Y después, ante el alud de críticas recibidas, procediendo a votar a favor de la admisión a trámite en el Congreso de una iniciativa legislativa popular promovida por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Dicha iniciativa, entre otras medidas, propone la figura de la dación en pago así como la paralización de los desahucios de la vivienda habitual cuando el impago de la hipoteca sea por motivos ajenos a la voluntad del deudor.

Planteada la necesidad de cambio ante un legislador literalmente obligado a debatir la referida iniciativa en medio de un nivel de rechazo social que crece día a día a un ritmo exponencial, la primera y -hasta el momento- más contundente respuesta jurídica ha venido de la mano del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Ante la cuestión prejudicial formulada por un juzgado de Barcelona, el Tribunal de Luxemburgo ha concluido que la ley española vulnera la normativa comunitaria de protección de los consumidores. Así se deduce del hecho de que, una vez iniciado un proceso de ejecución hipotecaria, éste siga su curso y concluya con el desahucio a pesar de que el deudor haya denunciado en vía judicial el carácter abusivo de las cláusulas del contrato que se le está aplicando.

En tales situaciones, la ley española no atribuye a los jueces ningún mecanismo que permita neutralizar la conclusión del proceso de desahucio hasta tanto se determine si las cláusulas denunciadas resultan o no abusivas. Antes bien, constatado el abuso, la única solución prevista es la indemnización y no la recuperación del inmueble. Siendo este el desenlace obligado, constata el Tribunal de la Unión la existencia de una situación de "desequilibrio importante" en la posición del consumidor que resulta contraria a las exigencias de la normativa europea.

El varapalo de Luxemburgo al sistema español de ejecuciones hipotecarias ha sido rotundo y no admite paliativos. Toca ahora al Parlamento ajustar nuestra legislación a las exigencias formuladas por el ordenamiento europeo, reforzando la posición del deudor frente a la hasta ahora incontestable hegemonía de las entidades bancarias. En un momento en el que el rechazo a la Unión alcanza en la sociedad española unas cotas de intensidad hasta ahora desconocidas, resulta imprescindible reivindicar la fundamental tarea desarrollada por el Tribunal de Justicia en pro del desarrollo y la protección de los derechos individuales en el espacio de la Unión. Porque no cabe duda de que, gracias a la sentencia aludida, el derecho constitucional a una vivienda digna, en su vertiente de no ser despojados de la misma de forma prácticamente automática ante la imposibilidad objetiva de seguir pagando la hipoteca, está en vías de experimentar una imprescindible mejora.

viernes, 22 de marzo de 2013

VERGÜENZA, PERO NO SORPRESA

Carlos Colón en el Diario de Cádiz el 09 de marzo de 2013 
ÉSTE no es otro artículo sobre Hugo Chávez, que bastante tenemos con la que tenemos para preocuparnos por Venezuela. Es un artículo sobre la vergüenza nacional que supone la presencia de Bildu en las instituciones, sobre la vergüenza regional de que tantos vascos les voten, sobre la vergüenza local de que en la Diputación de San Sebastián haya ondeado a media asta la bandera venezolana junto a la vasca en homenaje a quien convirtió Venezuela en un santuario etarra. Este es un artículo sobre la vergüenza de que el diputado general de Guipúzcoa, Martin Garitano, y el responsable para América del área de relaciones internacionales de Sortu, Asier Altuna, hayan viajado a Caracas para participar en los actos de homenaje a Chávez, a quien desde Sortu se ha definido como un "incansable luchador por la integración de América Latina, la construcción del socialismo del siglo XXI y de una sociedad más justa y solidaria, tanto en Venezuela como a nivel internacional".

Donde no se han puesto a media asta las banderas por las víctimas de ETA se ponen por quien durante más de dos décadas ha dado acogida a los asesinos etarras. Hay una lógica terrible en este hecho. Una lógica que debe agradecerse a que el Tribunal Constitucional revocara el fallo del Supremo que, atendiendo a los informes y peticiones de la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal, anulaba las candidaturas de Bildu.

Quedó legalizado Bildu, vinieron las elecciones municipales y con ellas los 123 alcaldes y 1.138 concejales que obtuvieron. Lo único bueno del asunto es que ya no se pudo seguir sosteniendo la mentira de que los apoyos filoetarras eran minoritarios en el País Vasco. Lo políticamente correcto desde entonces es afirmar que es preferible que la izquierda abertzale se integre en el juego político democrático. Decir lo contrario descalifica como rencoroso, vengativo y reaccionario.

Desde entonces hasta ahora de poco hay que sorprenderse. Ni de que las banderas ondeen a media asta para agradecerle a Chávez el santuario etarra de Venezuela, ni de que una delegación de Sortu acuda a homenajear al líder de ese socialismo del siglo XXI que, por lo visto, tiene las peores maneras del comunismo del siglo XX. ¿O extraña a alguien que los referentes invocados por Maduro para justificar el embalsamamiento de Chávez sean Lenin, Ho Chi Minh y Mao? Pues que la democracia nos libre de este socialismo del siglo XXI.

sábado, 16 de marzo de 2013

PATRIA Y DEMOCRACIA





Jueves 14 de Marzo de 2013 22:06
Agustín Rosety Fernández de Castro*
 


La Patria es anterior y más importante que la democracia, y el patriotismo es un sentimiento,
mientras que la Constitución no es más que una ley. No veo nada en estas declaraciones del
general Chicharro, de quien fui amigo y compañero durante una larga carrera al servicio de
España, que no pueda yo mismo suscribir. La Patria es la Nación, en tanto amada por sus
hijos. Por eso, el patriotismo es un sentimiento, ese motor que hace a los soldados ofrecer su
vida, llegado el caso, en su defensa. Nadie muere por el tenor de un texto jurídico, por
fundamental que éste sea.
Lejos de mi ánimo interpretar las palabras ajenas para ofrecer una lectura políticamente
correcta, tan sólo deseo expresar su resonancia en mi propia opinión. Estoy retirado, pero soy
consciente de que, no por ello, un viejo soldado debe decir lo que quiera. No obstante, también
es cierto que la condición militar es compatible con todos los derechos fundamentales, sólo
delimitados estatutariamente, sin alterar su contenido esencial. Dicho de otro modo, el militar,
aún en activo, no es una especie de ilota, un ciudadano de segunda clase, carente de libertad
de expresión. Así pues, puede manifestar su opinión como todo el mundo, siempre que, entre
otras cosas, respete el deber de neutralidad política, es decir, que no se incline a favor de
postura partidista alguna, sea política o sindical, entre aquellas que sean legítimas.
En este contexto, la salvaguarda de la unidad nacional no es un interés partidista ni, por el
contrario, socavarla torticeramente sería un interés legítimo. Nada pues se opone a que se

especule acerca de las posibles consecuencias que de una secesión podrían derivarse. En
 


este sentido, estamos de acuerdo con el catedrático González Trevijano: la alternativa a la
Constitución sería un suicidio colectivo, y no me parece otra cosa el aventurerismo separatista.
Mi parecer, ya que me es dable publicarlo, es que una hipotética modificación del Artículo 2 de
nuestra ley de leyes, para suprimir de él la idea de la indisolubilidad de la Nación, supondría
cambiar de Constitución, más que la reforma de ésta. ¿Cómo podría ser de otro modo, si con
ello se escamotearía el sujeto constituyente es decir, la Nación misma? Semejante idea
supone, ni más ni menos, toda una alternativa a la Constitución, ese suicidio colectivo al que, si
no hemos entendido mal, aludía el ilustre constitucionalista interviniente en el acto.
Según he podido leer, el general Chicharro ha rechazado la idea de una hipotética autonomía
de las Fuerzas Armadas amparada por el Artículo 8 de la Constitución, puesto que lo
contempla en relación con el Artículo 97. Así pues, en tanto el sistema constitucional se
mantenga en pie, el Estado podrá hacer uso de la fuerza pública -milicia incluida, si preciso
fuere- para salvaguardar el imperio de la ley. Ahora bien, si el sistema quebrase por dejación
de los poderes constitucionales -una situación sólo hipotéticamente concebible- sobrevendría
uno de esos episodios revolucionarios que sólo la Historia puede juzgar.
En el momento de tomar las armas que la Nación les entrega para servirla, los militares le juran
fidelidad ante la Bandera que la representa. Por eso mismo, las Fuerzas Armadas son una
institución nacional y, también por eso, no están al servicio de la Constitución, sino regidas por
ella, ni menos aún de los Poderes constitucionales, aunque les deban acatamiento y
obediencia. Tan sólo están al servicio de la Nación misma constituida como Estado, vinculados
sus miembros por un deber de lealtad del cual nada les puede exonerar, ni aún la eventual
quiebra de éste. Honor, Valor, Lealtad, Patriotismo, nunca faltará este norte.
Ningún contratiempo cabe esperar, pues, de nuestros
civiilizadísimos soldados, marinos y aviadores, pero nadie debe sorprenderse de su preocupación ante
 
el panorama político que la España de nuestros días ofrece. Son, en definitiva, ciudadanos como los
 
demás, aunque un deber más exigente les vincule. Así pues, antes que escandalizarse, como El País,  
 
de la opinión de un veterano general en la reserva que ha servido con lealtad durante cuarenta
 


y dos años, sería mejor hacerlo ante el espectáculo de traición, corrupción e impunidad que los
ciudadanos contemplamos con mayor o menor resignación día tras día.
Acabamos de conmemorar -ciertamente con menor eco del que la efemérides merecía- el
 


Bicentenario de la Constitución de Cádiz, la primera expresión de nuestra soberanía nacional.
España y Libertad son palabras que laten en sus páginas, aún vivas como inspiración. Desde
entonces, no hay una sin la otra. La Nación soberana es la garantía de la libertad de sus
ciudadanos. Entre nosotros, no hay democracia sin España, ni nuestra Patria viviría
dignamente sin libertad. Sencillamente, no cabe elegir.




*El autor es General (R) del Cuerpo de Infantería de Marina y Licenciado en Derecho. Antiguo
2º Comandante General de la Infantería de Marina.




miércoles, 13 de marzo de 2013

SAN HUGO CHAVES

Eduardo Jordá, publicado en el Diario de Cádiz el sábado 9 de marzo de 2013

HACE años, un amigo venezolano -escritor que vivía en España-, me contó que le molestaba mucho que algunos intelectuales hispanos hicieran propaganda a favor de Hugo Chávez, cuando ninguno de ellos sería capaz de vivir ni medio mes en la Venezuela chavista. Y la razón era fácil de adivinar. Por muy izquierdista y bolivariano que fuera, Hugo Chávez también era antisemita, machista y homófobo, y se burlaba de los "gays" con la misma furia con que atacaba a los "imperialistas yanquis" o a los "sionistas genocidas". Y no sólo eso, sino que Chávez tenía una especie de alcahuete a su servicio que le iba concertando citas con las mujeres guapas que veía en los mítines, una conducta digna de los peores dictadores bananeros como el dominicano Trujillo.

Pero lo peor de todo -me contaba este amigo escritor- es que los mismos intelectuales hispánicos que se pasaban la vida criticando a la Iglesia católica, se callaban como suripantas cuando veían a Hugo Chávez saludar a las multitudes en medio de una parafernalia de rosarios y crucifijos y estampas de Jesucristo. Y por lo visto, todo lo que en España era inadmisible por retrógrado y clericaloide, sí era lícito en Venezuela porque Chávez era de izquierdas y tenía un discurso antiamericano e indigenista. Y los rosarios y las estampas católicas que tanto molestaban aquí no molestaban tanto cuando estaban puestas al servicio de la revolución y las proclamas contra el capitalismo. Y eso, insisto, es lo que ese escritor venezolano no soportaba: que se defendiera allí lo que ninguno hubiera tolerado aquí.

No voy a negar que Hugo Chávez tuviera cosas buenas, y es posible que fuera una persona decente antes de que el poder casi sin límites y la veneración de las masas le hicieran perder la cabeza. Pero estoy seguro de que yo no podría haber vivido ni dos semanas en Venezuela. Porque no habría podido soportar la retórica populista, ni los llamamientos vehementes a la discordia civil, ni los discursos exaltados que dividían a los venezolanos entre "buenos" y "malos", ni la obsesión por comportarse como un rey mago que se dedicaba a hacer regalos a los venezolanos con las inmensas cantidades de dinero que le reportaban las exportaciones de petróleo. Lo siento, pero no me gustan los caudillos que se creen infalibles y que necesitan ser adorados por las muchedumbres. Prefiero políticos modestos, tranquilos y a ser posible conscientes de sus límites. Y que el buen Dios nos libre de los líderes carismáticos

jueves, 28 de febrero de 2013

LOS GENERALES

Artículo de Alfonso Ussía 14FEB13

Los generales

Luis María Anson inició su brillante conferencia en el Club Siglo XXI con un fogonazo verbal: «El sistema está agotado». Por culpa de todos, pero moribundo. Reclamó la presencia de Felipe González y José María Aznar para su regeneración. En la calle no se respira felicidad, y el Partido Popular teme a los extremistas. Se equivoca el PSOE apoyándolos, porque también van contra ellos. Todavía, unos y otros están a tiempo de reaccionar. Para que la ciudadanía no se soliviante más harían bien en denunciar sus propias corrupciones. Pero se equivocan –especialmente los populares–, si piensan que una mejoría en la tormenta económica les ayudaría a recuperar su predominio social. También está en el fango Izquierda Unida, cómplice de la desaparición de más de mil millones de euros en los amigables ERE de Andalucía. Y los sindicatos, agitadores sin respuesta, clamorosos chulos del sistema. Todo ello ha puesto de los nervios a la acomodada clase política y cuando los nervios traicionan se dicen tonterías inoportunas.
María Dolores de Cospedal no ha estado fina. Reconozco sus valores pero mantengo que es muy complicado que la experiencia la convierta en una aceptable portavoz. Es peor aún Floriano, y en Cataluña, cada vez que habla Alicia Sánchez Camacho, el PP pierde votos. No resultan convincentes ni simpáticos. Y no entra en lo admisible que los nervios le induzcan a María Dolores a advertirnos contra «los populismos y los generales».
Los generales, y con ellos todos los miembros de las Fuerzas Armadas, se conjuntan en la institución más leal con España y su Constitución, más honesta y más admirable de nuestro sistema democrático. Mucho más que los gobernantes, los parlamentarios y los jueces. Mencionarlos para salir del paso en un momento de improvisado desahogo, es más que una injusticia y una grave irresponsabilidad. Es una grosería. La sombra del golpismo no está en los regimientos ni en los arsenales. El golpismo está en una extrema izquierda activa, violenta y contagiosa que cuenta con el apoyo de muchos de los causantes de nuestra penosa situación. Está en la camiseta, las chancletas y el insulto. Es muy fácil insinuar el disgusto de los generales cuando se sabe que éstos, por disciplina, no van a responder. Eso sí, están ahí, con sus Reales Ordenanzas y la Constitución de 1978 en las mesas de sus despachos, soportando toda suerte de desprecios, asumiendo unos presupuestos infames y despreciando toda relación con la riqueza personal.
El descontento de la ciudadanía pacífica y harta puede terminar empujando a los que más tienen que perder, los jóvenes, hacia posiciones extremas. Para complicar más las cosas, los nacionalismos periféricos han roto relaciones con la Constitución que ellos ayudaron a redactar. Lo de Cataluña es inadmisible, y la presencia en las instituciones democráticas de los proetarras, inconcebibles en una sociedad firme y segura de sí misma. Los ataques al Rey y los abucheos al Himno Nacional están tipificados como delitos, pero aquí nadie mueve un dedo. Todos los días nos despertamos con un nuevo sobresalto de corrupción. Rajoy deja hacer en Andalucía, en Cataluña y en el País Vasco, donde el Partido Popular ha elegido el camino de la sumisión y el socialista toma el aperitivo con los etarras. El sistema está agotado. Por culpa de los políticos y de muchos jueces y magistrados. Dejen en paz a los militares, que no han hecho en estos 37 años otra cosa que soportar con lealtad, honor y decencia la deslealtad, el deshonor y la indecencia de quienes los mandan. Cospedal tiene que disculparse.

lunes, 25 de febrero de 2013

RADICALES LIBRES

 Pablo Bujalance, publicado en el Diario de Cádiz el 25.02.2013 

CON ERC por encima ya de CiU en intención de voto en Cataluña, y con Bildu gobernando buena parte de las instituciones vascas, parecen cumplirse las advertencias que formularon los más abnegados vigilantes de la democracia: una situación de crisis económica resulta favorable a los partidos radicales, y no es extraño que, de seguir la hecatombe a este ritmo, las urnas se llenen de alegatos a favor de la ruptura del Estado y su sustitución por varias repúblicas. En el lenguaje parlamentario y en los titulares de prensa, el término radical aparece siempre ligado a partidos como ERC y Bildu, organizaciones que, por supuesto, evitan referirse de este modo a sí mismas. Lo radical queda asociado por tanto a lo minoritario (salvo, insisto, en episodios de crisis económica) y lo contrario a lo establecido por la mayoría, que representa por el contrario el consenso y la placidez del acuerdo. Pero, ¿qué quiere decir exactamente ser radical en política?

La RAE incluye hasta diez acepciones del término. Me quedo con la tercera, que es la que, intuyo, inspira a quienes emplean el calificativo para colgárselo a ERC y Bildu: "Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático". Y la cuarta: "Extremoso, tajante, intransigente". Los agoreros tenían razón: si esto así, un altísimo porcentaje de la población, hastiada de corrupción e incapacidad política, podría ser considerada radical. Pero no es el radicalismo lo que define hoy al nacionalismo más vehemente, por más que sus portavoces efectivamente lo adopten. Asumida la mayoría de las veces como un mal menor, la democracia no ha contado precisamente con muchos partidarios radicales. Y ya van haciendo falta: voces que, ante atropellos y desfalcos como los que acontecen, se muestren intransigentes y tajantes en la defensa de una democracia que garantice los derechos de todos. Radicales y libres.

Cierto, los nacionalistas excluyentes son radicales en cuanto intransigentes. Pero sus motivos son muy distintos: en su extremidad no defienden los derechos de todos, sino la división de los ciudadanos en categorías de primera y de segunda, en virtud de apellidos, lenguas, territorios y derechos históricos. Cualquiera que se oponga a esto debería ser más radical aún en sus planteamientos. Hay cuestiones de las que deberíamos estar insobornablemente seguros. Pero no deja de resultar sospechoso tanto empeño en vincular el adjetivo radical a ideologías políticas deleznables. Está claro quién saca partido de las posturas tibias.

sábado, 16 de febrero de 2013

REVOLUCIÓN NO, GRACIAS

Carlos Colón, publicado en el Diario de Cádiz el jueves 14.02.2013

ENTRE un corrupto y un puritano, prefiero al corrupto; y entre un sinvergüenza y un fanático, al sinvergüenza. Por suerte la vida no nos obliga a estas elecciones extremas y la condición humana abarca esa extensa gama de medias luces y matices que la hacen tan fascinantemente compleja. Que Dios y las leyes nos libren de puritanos y fanáticos, capaces de cargarse a la humanidad para salvarla. Para colmo de males no es infrecuente que tras el puritano se oculte un corrupto más peligroso que quien lo es abiertamente; y tras el fanático, un sinvergüenza peor que el canalla confeso. La corrupción y la sinvergonzonería me asquean. El puritanismo y el fanatismo me aterran. El corrupto y el sinvergüenza suelen tener fines precisos y causar sólo los daños necesarios para alcanzarlos. El puritano y el fanático aspiran a todo a cualquier precio.

Lo pensaba, exagerando, mientras leía las ya por todos conocidas palabras pronunciadas por la secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas: "Me sorprende mucho cómo pretendemos promover la revolución desde un hotel de cinco estrellas en Cascais, llegando en coches de lujo… Os exigimos de una vez por todas que la Internacional tenga sentido". Siempre que un partido se desmorona hay quien quiere sacar provecho de los cascotes y toma posiciones para estar entre los primeros el día después. Esta señora, hasta hace dos días desconocida, es ya una lideresa en las redes sociales. Y éstas fomentan la demagogia de los sans-culottes.

Afortunadamente el socialismo renunció hace muchos años a la revolución, que es un cambio violento de las instituciones políticas -sean democráticas o no: recuérdese la actuación socialista en 1934- que, de triunfar, impone una dictadura. Así que nada de agruparse en la lucha final, ni hacer añicos el pasado, ni soplar la potente fragua, ni cambiar el mundo de base hundiendo el imperio burgués, como dicen las versiones más conocidas de La Internacional; porque en las naciones democráticas hay muchas, muchísimas cosas que reformar y mejorar; pero no hay tiranos que deban caer a través de la violencia.

¿Al aludir a la revolución y a La Internacional esta señora está impugnando la socialdemocracia y Suresnes, apelando al cambio violento y justificando la dictadura? De ser así ante tanta pureza cegadora prefiero la media luz, corrupta media luz si quieren, de los mediocres políticos que padecemos