Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
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martes, 12 de abril de 2011

Hipocresía y mediocridad

Por José Luis González Quirós

Publicado en El Confidencial

Me parece que fue Tom Wolfe el que recordó en 'La hoguera de las vanidades' aquella frase de Jonathan Swift que afirma que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo, se puede reconocer porque todos los tontos se unen contra él” y es que, en efecto, los tontos son muy aficionados a los efectos corales, a ese “gritar siempre con los demás” que es una de las características más opresivas del Ingsoc orwelliano. He recordado esta característica irritabilidad de los mediocres y los tontos de oficio al contemplar la excitación inmediata que ha producido una iniciativa de Esperanza Aguirre que se ha atrevido a anunciar que, si gana las elecciones, habrá en Madrid centros de excelencia para tratar de mejorar el rendimiento educativo de los alumnos con mejores condiciones para aprovecharlos.


Es evidente que se puede discrepar de la propuesta de la presidenta madrileña, entre otras cosas porque es posible que la enseñanza media no sea el tramo más adecuado para comenzar, pero lo que no se puede hacer, y muchos han hecho, es tildar la iniciativa de paso atrás en la igualdad, de instrumento de segregación, de elitismo desorejado.


Algunos políticos españoles, como los que ha hecho comentarios tan torpes de esa idea, piensan que es posible que los españoles sigamos creyendo indefinidamente en esa pesada monserga de que ellos se ocupan altruistamente de nuestro bienestar, y que nosotros debiéramos dedicarnos a disfrutar de los derechos que nos conceden sin calentarnos la cabeza con iniciativas arriesgadas, con novelerías, cuando ellos son tan generosos que nos ponen el paraíso de la indiferencia y el todo gratis al alcance de la mano. Oyéndoles parece como si los poderes públicos estuviesen moralmente obligados a promover la mediocridad, a perseguir la excelencia, a premiar a los torpes. Es muy triste tener esa idea hipócrita de la igualdad, creer interesante recortar la estatura de los más altos para que crezcan, comparativamente, los bajitos.


Hasta que los españoles no caigan masivamente en la cuenta de que nuestro problema económico consiste, esencialmente, en que tenemos pocas cosas valiosas que vender al resto del mundo, en que, además de caros, somos poco creativos y muy rutinarios, no caerán en la cuenta de que la solución está realmente en nuestras manos: cultivar a fondo la inteligencia, el ingenio, la investigación, la innovación, la excelencia, premiando y ayudando a quienes puedan llegar más lejos, en lugar de empeñarnos en una absurda carrera igualitaria en la que todos lleguemos al tiempo a la meta.

El ejemplo del fútbol



Quizá pueda servir el ejemplo del fútbol, una actividad en la que, obtenemos buenas calificaciones y altos rendimientos. ¿Se imaginan un equipo hecho con criterios de igualdad? ¿Qué tal un equipo en el que los fichajes se hagan en función de la cercanía de los jugadores a la sede social, para que todos tengan derecho a ser futbolistas y lo gocen ordenadamente? ¿Cómo iría de bien un equipo en el que el entrenador admitiese el enchufe como método de escoger a los jugadores que alinea para cada partido? Es evidente que en el fútbol somos buenos porque hemos sabido ser competitivos. El misterio consiste en que, por ejemplo, no seamos capaces de crear unas universidades competitivas, nuestras universidades no juegan en la Champions sino, con suerte, en segunda regional, cuando sí hemos sido capaces de tener unos Bancos de primerísimo nivel, algunas grandes empresas multinacionales o, por ejemplo, unas Escuelas de Negocios que, sistemáticamente, aparecen en todos los rankings entre las primeras del mundo. La clave de estos éxitos está en la competitividad, pero a muchos de nuestros cerebritos políticos les parece que eso nada tiene que ver con la educación, aunque procuren enviar a sus hijos a colegios caros y a universidades americanas, por si acaso.


Desde los inicios de la democracia se ha instalado en el terreno de la educación una mentalidad compensatoria e igualitarista que ha cegado de raíz la menor posibilidad de crear instituciones educativas públicas de calidad, tanto en las escuelas, como en los institutos o en las universidades. La iniciativa de Esperanza Aguirre es un aviso de que hay que acabar con eso, que la justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que significa que, si hay que apoyar a los peores alumnos, no se impida, por ello, que pongamos los medios para permitir que los mejores, los alumnos más dotados, más preparados o más capaces del esfuerzo necesario lleguen tan lejos como puedan. De esas políticas no se beneficiarán sólo ellos, sino todos nosotros.


Es un disparate estar malgastando las capacidades de los buenos alumnos aburriéndoles con explicaciones innecesarias para ellos, machacando su interés en la ciencia, su capacidad de aprender, su estímulo intelectual, pero, al parecer, hay políticos para los que esa hipocresía al servicio de la mediocridad es el colmo de la modernidad educativa.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Educación y competitividad: el fracaso de la utopía Logse

Por Jose Penalva

Publicado en El Confidencial (23/02/2011)

El sector económico empieza a descubrir el sistema educativo. Parece haber comprendido que la baja formación de nuestra fuerza laboral conduce a la falta de competitividad. En el año 2009, el 41% de los empleados españoles tenía nivel de formación inferior a secundaria, frente al 23% de la media de la EU. Quizá eso explique, entre otras cosas, que durante el período de crisis económica nuestros socios comunitarios hayan aumentado las exportaciones de productos de alta tecnología, que requieren gran innovación, y España haya retrocedido en este campo.

La economía española, en efecto, tiene poca capacidad para competir en los mercados. Nuestra economía se ha apoyado en sectores de escasa innovación y en mano de obra poco cualificada y temporal. En consecuencia, el reto que tenemos ante nosotros es que, de un lado, necesitamos aumentar el grupo de empresas innovadoras, y, de otro, desarrollar la calidad de nuestro capital humano (factor clave de la competitividad y la innovación). De modo que, o se reforma el sistema educativo, o el estancamiento económico de España será endémico.

En virtud del sistema educativo made-in-Logse, el fracaso escolar supera el 30%; una desigualdad creciente entre los alumnos españoles de distintas autonomías; el 40% de paro juvenil (cuando la media europea no supera el 20%), lo que supone que más de un millón de jóvenes que ni estudian ni trabajan. A estas alturas ya es redundante incidir en los pésimos resultados educativos de España. Sin embargo, es sumamente relevante recordar el modo en que la esfera política progresista y la pedagogía afín enfrenta estos hechos. Uno de los más fieles defensores del sistema educativo Logse justifica su validez y superioridad moral del siguiente modo:

«Por primera vez en la Historia, hemos declarado obligatoria la educación secundaria, haciendo realidad la utopía enunciada en los años veinte por Tawney en el movimiento inglés Educación Secundaria para todos.» (J. M. Esteve)

Una utopía hecha realidad. Esa es, en efecto, una creencia subyacente en los discursos del partido socialista y la pedagogía afín, de modo que su estrategia habitual ha sido la siguiente: I) negar los datos; II) crear mitos para justificar la Logse, y III) excluir la crítica. Sobre la negación de los datos, unos ejemplos ilustrativos: tan pronto el MEC publica la evaluación de diagnóstico del año 2009 (en junio de 2010), que pone en evidencia el hecho de la creciente desigualdad educativa entre las Comunidades Autónomas, la secretaria de Educación Eva Almunia se apresura a anunciar a la prensa que el informe muestra que "el sistema educativo es homogéneo". Y la prensa pedagógica afín, a seguir el argumentario.

PISA 2009 (publicado en diciembre de 2010) arroja los siguientes resultados: si su hijo nace en Madrid, Castilla-León o La Rioja, podría tener una calidad educativa similar a los estudiantes de Noruega, Alemania, o Suiza; si su hijo nace en Andalucía, Baleares o Canarias, obtendría una calidad menor incluso que los de Lituania o Turquía: es más, si nacen en Ceuta o Melilla, tendrían una educación inferior a la de Rumania. Esa es la "educación para todos" que nos ofrece este sistema educativo. Ahora bien, P. Badía, director del periódico Escuela, ante tales datos ofrece el siguiente editorial: "Pisa aburre y ya no interesa". J. A. Aunión, de El País, da el siguiente titular: "España recupera en PISA el bajón de 2006", pero no dice que nos sitúa en los mismos resultados que se obtuvieron en 2003, y oculta el aumento de la desigualdad en España.

Segunda fase de la estrategia: crear mitos. En este sentido, la pedagogía progresista viene a afirmar: "Como el nivel económico de los alumnos es bajo, los resultados educativos son bajos. Pero, en realidad, no estamos tan mal". Y eso es lo que han repetido secretarios y ministros de Educación. Gabilondo ha infundido un talante filosófico-metafísico al mito, aludiendo a la inconmensurabilidad de los contextos internacionales y concluyendo que no estamos tan mal; incluso Gabilondo afirmó en el Congreso el pasado 9 de febrero que la culpa del fracaso escolar de España es del boom del ladrillo de los años pasados. Se ha negado sistemáticamente el hecho de que durante la generación Logse el nivel económico de los españoles ha ido creciendo y, sin embargo, el nivel educativo ha ido empeorando (como muestra J. M. Lacasa en su informe El efecto Logse).

Un sistema incuestionable

Tercera fase: el sistema educativo made-in-Logse es incuestionable, por motivos puramente políticos partidistas. Es clásica la afirmación de Marchesi: la Logse obedece a una opción política de izquierdas, frente a la derecha. Ello ha situado el debate educativo en el terrero de la pelea de corral y de la exclusión del contrario por motivos puramente ideológicos. Un ejemplo sobradamente demostrativo lo encontramos en el debate en torno a la medida de los itinerarios. Cuando el PP lo propuso en la Loce (2002), Tiana calificó la medida como "pura ideología de derechas" (2003). Viñao, colaborador de Tiana en la Secretaría de Educación, afirmó que es una medida "necoconservadora nacional-españolista y católica", resultado de "el desconocimiento, la sobrecarga ideológica, el simplismo, el pensamiento ultraliberal, la imprudencia, la irreflexión, el gusto por la pendencia y el alboroto, los conflictos gratuitos, la ausencia de escrúpulos, la arrogancia fundamentalista" (2004).

J. Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, afirmaba en 2002 que la medida "penaliza a los sectores socialmente desfavorecidos.." y que las medidas del PP son fruto del "neoliberalismo, conservadurismo, mercantilismo, jerarquización, clasismo, segregacionismo, elitismo, autoritarismo, tradicionalismo, confesionalismo y academicismo". Ahora bien, en virtud de presiones de la EU, Gabilondo declara ante el Parlamento Europeo que creará itinerarios. Pero, eso sí, alega que toma la medida "para evitar la exclusión social, favorecer la igualdad de oportunidades y reforzar la dimensión social de la educación" (24 junio 2010).

En síntesis: negar los datos, crear mitos y excluir la crítica. Tal ha sido la estrategia de defensa del actual sistema educativo por parte de la política (auto-denominada) progresista y su pedagogía afín, aglutinada, en su inmensa mayoría, en torno a la revista Cuadernos de pedagogía (revista que es a la vida educativa lo que diario Público es a la vida política) y al periódico semanal Escuela.

sábado, 12 de febrero de 2011

GENERALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA por Jaime Rocha

(Publicado en el Diario de Cádiz el 31 de enero de 2011)

Los seres humanos, desde los tiempos de los que tenemos memoria, hemos sido protagonistas de los actos más heroicos y de las más detestables acciones criminales. Si, en el momento de nacer, colocáramos en los dos platillos de una hipotética balanza, en un lado nuestros valores positivos y en el otro los negativos, es posible que, salvo en los casos en que la genética tenga una gran influencia, el fiel permanecería inalterable en su centrada posición.

Pasan los años y casa uno/a va desarrollando su personalidad, el fiel de la balanza comienza a inclinarse, y ya no volverá nunca al punto de partida. Conforme vayan sucediéndose experiencias de todo tipo, y las influencias externas de los padres, amistades, familia, profesores o medios de comunicación social, afecten más directamente, y con mas fuerza, a su formación, el ser humano compone su personalidad.

Es decir , son muchos los factores que configuran nuestra personalidad: genética, ambiente social, amistades, educación...Pero de todos ellos la formación, la adqusición y asunción como propios de determinados valores es lo más decisivo.

Aquellos cuyo índice de la balanza , por una u otra circunstancia, se ha desplazado hasta posiciones extremas, se convierten, por un lado, en potenciales héroes, y por el otro, en un peligro para sus semejantes. Estos últimos han llegado a tal grado de degeneración humana que, por imposible que nos resulte de entender, para ellos las vidas ajenas no tienen ningun valor.

Más simple: quienes han tenido la suerte de adquirir durante su formación valores positivos, desarrollarán estos valores haciendo a sus semejantes destinatarios de su afecto, su ayuda, su amor, hasta llegar al extremo de sufrir y padecer por los demás.

Por el contrario, quienes, para su propia desgracia y la de sus semejantes, la vida les ha llevado a una total ausencia de valores positivos, son capaces de cometer los más execrables crímenes. Pero no se llega a los extremos que hoy nos entristecen de una forma súbita. Existe una gradación en el crimen. Un pequeño delito impune, anima a su autor a intentar otro de más gravedad, siempre se justificará para seguir delinquiendo y en último caso culpará a "esa sociedad que lo ha hecho así". En realidad, esa sociedad que no ha corregido adecuadamente los pequeños desvios iniciales es, hasta cierto punto, corresponsable.

Los dos extremos de esa hipotética balanza que usamos como ejemplo nos llevan del amor sublime que todo lo da, al odio enfermizo que es capaz de inmolarse, si con ello logra la muerte del mayor número de personas inocentes posibles, de prender fuego a un templo, estrellar un avión o hacer estallar unos explosivos en unos trenes llenos de pasajeros.

Universalmente reconocidos por la entrega y amor a sus semejantes, Gandhi, Sor Teresa de Calcuta, son solo ejemplos de los millones de seres humanos cuyo paso por la Tierra ha dejado una huella importante y positiva para la humanidad. No morirán nunca, porque su recuerdo permanecerá por siglos.

Seguimos hablando de seres humanos, pero al otro lado del espectro y encontramos personajes Osama Bin Laden, De Juana Chaos, asesinos en serie, terroristas, pederastas, violadores...gente sin escrúpulos para los que la vida humana ha perdido todo valor.

Y en medio de esos extremos nos encontramos el común de los mortales, sólo que aquí tambien hay diferencias y muy grandes. junto a quienes viven sus vidas como meros espectadores de cuanto ocurre a su alrededor, incapaces de aportar lo más mínimo, sin que las imágenes, no por frecuentes menos dramáticas, de muertes masivas debidas a la extrema pobreza, (dejar morir de hambre también es terrorismo), catástrofes naturales, crimenes o actos terroristas, conmuevan sus corazones. Incapaces de sumar su pequeño esfuerzo económico, de denuncia o de presencia, al de otros ciudadanos más responsabilizados.

No hablo ya de quienes, siguiendo una vocación de servicio, han orientado sus vidas hacia la seguridad, la salud, la subsistencia o el consuelo humano y espiritual de quienes no tienen ni lo más imprescindible. Médicos, fuerzas de seguridad, misioneros, militares, bomberos, que abandonan la comodidad del llamado Primer Mundo, para acudir alli donde se les requiere, donde nadie, sino ellos, consiguen, a veces con riesgo de sus propias vidas, llevar algo de consuelo a tanta necesidad.

Hablo de lo que podemos hacer desde aqui, cada uno desde donde se encuentre. Nos excusamos con frases como: "es tan poco lo que puedo aportar, que no serviría de nada", "las ayudas nunca llegan a los necesitados, los líderes africanos se encargan de ello", o "denuncias y a los cinco minutos ya están en la calle" y muchas más que apenas sirven para descargar un poco nuestras acomodadas conciencias.

Nos quejamos continuamente del aumento de la violencia a nuestro alrdedor. Vandalismo callejero, agresiones a profesores y sanitarios, violaciones, robos con violencia, amenazas terroristas, violencia domestica, pederastia y todo tipo de manifestaciones de lo peor de la especie humana. A veces mucho más cerca de nosotros de lo que nos gustaría, Tucson o Murcia, y ¿qué hacemos?. Habitualmente, mirar para otro lado, no comprometernos, no denunciar, no defender a las víctimas. Esconder la cabeza debajo del ala y, en esa postura, es posible que un día nos sorprenda una acción violenta de la que seamos víctimas.

La violencia, lo hemos dicho más arriba, tiene etapas, y no erradicarla en sus inicios, no coregirla cuando todavia "son cosas de tres incontrolados", puede degenerar en sangrientos episodios, como los que nos sorprenden a diario en demasiadas partes del mundo.

miércoles, 25 de agosto de 2010

ES LA EDUCACIÓN, IMBECIL por Jaime Rocha

Arículo publicado en el Diario de Cádiz en junio de 2009, pero, desgraciadamente, de plena vigencia.

Parafraseando al ex presidente norteamericano Bill Clinton en la campaña electoral, tras la que derrotó a Bush (padre), no digamos, como él, "Es la Economía, imbécil", frase contundente que le llevó a obtener el apoyo de los norteamericanos en 1992. Digamos más apropiadamente en nuestro caso: "Es la Educación, imbéciles", así en plural, porque es plural la culpa del alarmante déficit educativo que sufre la sociedad española desde el advenimiento de la democracia.
Por conocidos, evitaré al lector los datos estadísticos internacionales sobre los resultados de los diferentes sistemas educativos "sufridos" por nuestros niños y jóvenes en estos treinta años. Sólo recordar que nos sitúan, año tras año, en los últimos lugares de las naciones desarrolladas. Muchos pensarán que una democracia treintañera es una democracia consolidada, que ya ha superado viejos fantasmas del pasado, que camina con paso firme hacia objetivos más ambiciosos de bienestar social, de igualdades y derechos individuales. Pero eso, que debería ser así, y cuyos inicios hacían concebir serias esperanzas de que así fuera, en un indeterminado momento, ha dado un brusco viraje, un retroceso a tiempos y situaciones que creíamos en vías de superación.
Cuando, tras alguno de esos informes, leo y oigo en los medios de comunicación social, voces que claman por un "Pacto para la Educación", sé que nunca se producirá, para desgracia del país y sus ciudadanos. La razón de este pesimismo está en la misma base de nuestro sistema político. Quien piense que una democracia consiste en depositar una papeleta cada cuatro años en una urna, es que no ha pasado de los inicios del conocimiento político, no sabe de qué va esto en países con más experiencia democrática. Esto, con un cierto aire a sistema democrático, es sencillamente una partitocracia.Es decir, el gobierno de los partidos políticos, esos profesionales de la política, cuyo objetivo, a veces indisimuladamente único, es perpetuarse en el poder y eso sólo se consigue teniendo una ciudadanía poco crítica, conformista, sin criterio propio, en una palabra, un país de analfabetos.
Complemento ideal de lo anterior es hacer caso omiso de esas pocas voces críticas que aparecen en los medios, eso que en otro momento histórico se definió como cuarto poder y que ya es sólo una especie de conciencia de la sociedad, sin ningún resultado práctico.
Un paso más, hace tiempo iniciado por algunos partidos, es el adoctrinamiento. Generaciones enteras de jóvenes salen de ikastolas, inmersiones político/lingüistas, "formación del espíritu nacional". ¿O debo decir Educación para la Ciudadanía? Y otros "programas" similares, absolutamente convencidos de que aquello que han adquirido en su periodo formativo es la esencia de sus vidas, por lo que lucharán y defenderán, no sólo de una forma civilizada y democrática, sino, si fuera necesario, y en algunos casos, hasta llegar al uso de la violencia. Se trata de imponer su dogma sin respetar la libertad ajena.
La única posibilidad de combatir, esta vez de forma civilizada, este proceso, estaba en la familia, unos padres vigilantes y preocupados por la educación de sus hijos que no se dejan sustituir en su responsabilidades. Pero quien diseña el proceso también sabe dónde está su enemigo, quien puede echar por tierra una planificación tan sutil y completa su esquema desmembrando a la familia, sustituyéndola por otras formas de convivencia en grupo, menos "molestas", más afines.
Lamento decir lo que sigue, entre otras razones por tener hijos pertenecientes a esa generación, pero estoy convencido de que se ha perdido ya demasiado tiempo. Leo a responsables de centros de enseñanza quejarse amargamente de esos padres actuales, esa generación que ronda los cuarenta, cuyo déficit formativo es tan palpable, tan amplio, que solo salvo a las contadas excepciones que no hacen sino confirmar la regla.
Termino tomando algunas palabras prestadas que vienen a corroborar lo antedicho:
- "El déficit formativo de un alto porcentaje de progenitores es una realidad, en esta ciudad se nota mucho. Lo que necesita Cádiz es muchísima más educación, muchísima más formación" (Diego Jiménez - Director de Instituto Columela. Diario de Cádiz 14.06.09)
- "Los sistemas educativos del País Vasco y Cataluña fomentan el desprecio, cuando no odio, a los símbolos españoles" (Editorial del Diario de Cádiz. 15.05.09)
- "A mi lo que me parece urgentísimo y prioritario es un Pacto de Estado por la educación; ahí está el arranque del cambio de modelo" (Francisco Martínez-Cosentino. Empresario. Diario de Cádiz 14.06.09)
Y, además, esto se traduce también en los índices de desempleo de nuestra provincia: - "Los jóvenes que no tienen Secundaria registran 17 puntos más de desempleo" (Diario de Cádiz. 15.06.09)
Somos conscientes del problema, pero no vemos la voluntad política de atajarlo, nadie con poder para hacerlo. No interesa.



43444 personas sin estudios

Colaboración de Marcelino (editado por Carlos Morillo)

En el DIARIO DE CADIZ impreso del pasado lunes, 23 de Agosto de 2010, en su página 7, se podía leer unas cifras que invitan a la tristeza.

Actualmente la ciudad cuenta con 126.766 habitantes de los cuales, el texto del DIARIO decía, "no saben leer ni escribir 9.600 personas, cifra que en apenas un año ha aumentado pues anteriormente eran 8.828." Y sigue el rotativo, "Bajan los matriculados en FP2 y los que no cuentan con estudios o tienen la primaria incompleta que son en total 43.444 personas".

Suponemos que esos 9.600 se encuentran dentro de los 43.444. Es decir, un alto porcentaje de la población gaditana se encuentra en umbrales de indefensión de tantas cosas: culturales, profesionales, educativas... en definitiva de una vida más digna y que ir a la plaza de abastos a comprar no sea una tragedia. Amigos, esta es la realidad, que muchos la sabeis mejor que yo. Y mientras los politicos con unos discursos ajeno a esta realidad sangrante.