Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
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domingo, 19 de diciembre de 2010

OIGO, PATRIA, TU AFLICCIÓN. por Luis Alejandre

(Publicado el 9 de Diciembre. Luis Alejandre es General del Ejercito y fue Jefe del Estado Mayor del Ejercito).

Reiteradamente ha venido estos días a mi mente esta primera y emotiva estrofa del conocido poema que nos legó para siempre Bernardo López García en 1861, referido a los sucesos del 2 de Mayo de 1808. No estamos en una Guerra de Independencia, pero oigo la aflicción de más de cuatro millones de mis compatriotas que viven sin trabajo fijo y entre ellos más de un millón de familias sin ningún ingreso, a la vez que veo cómo se reparten y blindan en instancias nacionales y autonómicas, sustanciosos sueldos y retiros a determinados políticos.
Y he sentido estos días la aflicción de miles de ciudadanos deambulando sin rumbo por los aeropuertos, rehenes de gestiones políticas desacertadas y de actitudes crispadas y no bien ponderadas de una más que selecta minoría, que debería mirar las colas del INEM con más respeto. Y no sé exactamente, si somos víctimas de alguna de las estrategias de manipulación social definidas por este ácrata filósofo norteamericano, Noam Chomsky, como la de «saber crear problemas, para después ofrecer soluciones» en las que se juega manipulando a la opinión pública ante un problema, para que exija leyes y medidas de seguridad coercitivas que, en consecuencia, refuerzan los propios instrumentos de poder del manipulador.Y sufrimos todos, y no sólo los rehenes, cuando vemos que ni siquiera ante un drama social como el vivido en nuestros aeropuertos, nuestra clase política es capaz de aparcar diferencias y actuar como un todo, firme y cohesionada. Porque entre las víctimas de Gando, del Prat o de Barajas no se distinguían los militantes, simpatizantes o votantes de un partido o de otro. Sufrían todos. Este «todos» ha fallado en otros niveles.
Y me aflige en estos días, que el propio presidente del Congreso, el que debería velar por la cohesión, el consenso y el abrazo, busque el chiste fácil en un medio amigo y dé carnaza a sus correligionarios, insultando al jefe de la oposición. Nos duele a todos ver la foto fría y distante de ambos, en plena conmemoración del día en que cumplía años nuestra Carta Magna. Mi paisano, el respetado y querido Félix Pons, volvería a la tumba si viese en qué se ha convertido una presidencia que él construyó con mimbres de educación, de respeto, de tolerancia y, como decía, , en «saberse poner en la piel del otro».Y me aflige, Patria, que en la Universidad se vete «para evitar incidentes» a un cardenal de una pieza como Rouco, o a una política con valor acreditado como Rosa Díez, cuando sus campus deberían ser modelo de libertad de expresión, de respeto intelectual, de apertura de ideas. También somos rehenes de la irracionalidad, la amenaza y el chantaje, cuando precisamente el informe PISA, el programa para la evaluación internacional de alumnos, insiste en ponernos, un año más, orejas de burro.Incluso me duele, Patria, cuando se tiene que recurrir a la «última ratio» castrense, ya sea para poner orden en un desarbolado CNI víctima de manipulaciones, ansiedades y despropósitos, o en todas las torres de control de nuestros aeropuertos.
Y menos mal que se mantienen códigos éticos entre los miembros de las Fuerzas Armadas, a pesar de los vaivenes partidistas, las podas presupuestarias y las dirigidas y conscientes manipulaciones de sus códigos de conducta y sus arraigadas tradiciones, impuestas muchas veces por personas procedentes de recónditos rincones de la extrema izquierda o del más radical independentismo periférico. Me aflige, Patria, que no cuaje un verdadero movimiento intelectual que vuelva a decir: ¡no es esto! ¡no es esto! Me duele, porque esta riqueza intelectual existe en muchas personas. Pero no se funde en una «acción de conjunto» influyente, diluidos sus esfuerzos en partidas guerrilleras.También interviene aquí la estrategia de la distracción social. Se resaltan en los medios de comunicación aspectos emocionales, estimulando la complacencia con la mediocridad, cuando no en la zafiedad. Lo de moda es ser vulgar, mal hablado, aparecer con aspecto sucio, endiosar a gentes sin talento alguno, despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espiritual, religión católica incluida, por supuesto. Muchas voces claman por vertebrarte, Patria, tras décadas de querer desarbolarte.
Y no hablo ni de «golpes de timón» ni de «operaciones De Gaulle», que merodearon el 23-F. Ni siquiera pienso en aquella columna vertebral que debían constituir las Fuerzas Armadas, en otros tiempos.La vertebración debe apoyarse en una base educativa y social firme, inteligentemente comprendida y aceptada, generosa con los que nos siguen y con los mayores que nos precedieron. Y para esto hace falta un previo pacto ético, que debe convertirse en otro político. Todos debemos saber extraer –votando– a los servidores más eficaces, los más solidarios, los que hayan demostrado que saben servir en la base de la pirámide que conforma la sociedad.Pero me aflige ver cómo hasta el concepto de servicio también está subvertido. Y aún me aflige más ver que estamos perdiendo la fe en nosotros mismos. Mientras, rebrotan en mi mente las trágicas décimas de Bernardo López, porque ¡sigo oyendo, Patria, tu aflicción!

miércoles, 25 de agosto de 2010

ES LA EDUCACIÓN, IMBECIL por Jaime Rocha

Arículo publicado en el Diario de Cádiz en junio de 2009, pero, desgraciadamente, de plena vigencia.

Parafraseando al ex presidente norteamericano Bill Clinton en la campaña electoral, tras la que derrotó a Bush (padre), no digamos, como él, "Es la Economía, imbécil", frase contundente que le llevó a obtener el apoyo de los norteamericanos en 1992. Digamos más apropiadamente en nuestro caso: "Es la Educación, imbéciles", así en plural, porque es plural la culpa del alarmante déficit educativo que sufre la sociedad española desde el advenimiento de la democracia.
Por conocidos, evitaré al lector los datos estadísticos internacionales sobre los resultados de los diferentes sistemas educativos "sufridos" por nuestros niños y jóvenes en estos treinta años. Sólo recordar que nos sitúan, año tras año, en los últimos lugares de las naciones desarrolladas. Muchos pensarán que una democracia treintañera es una democracia consolidada, que ya ha superado viejos fantasmas del pasado, que camina con paso firme hacia objetivos más ambiciosos de bienestar social, de igualdades y derechos individuales. Pero eso, que debería ser así, y cuyos inicios hacían concebir serias esperanzas de que así fuera, en un indeterminado momento, ha dado un brusco viraje, un retroceso a tiempos y situaciones que creíamos en vías de superación.
Cuando, tras alguno de esos informes, leo y oigo en los medios de comunicación social, voces que claman por un "Pacto para la Educación", sé que nunca se producirá, para desgracia del país y sus ciudadanos. La razón de este pesimismo está en la misma base de nuestro sistema político. Quien piense que una democracia consiste en depositar una papeleta cada cuatro años en una urna, es que no ha pasado de los inicios del conocimiento político, no sabe de qué va esto en países con más experiencia democrática. Esto, con un cierto aire a sistema democrático, es sencillamente una partitocracia.Es decir, el gobierno de los partidos políticos, esos profesionales de la política, cuyo objetivo, a veces indisimuladamente único, es perpetuarse en el poder y eso sólo se consigue teniendo una ciudadanía poco crítica, conformista, sin criterio propio, en una palabra, un país de analfabetos.
Complemento ideal de lo anterior es hacer caso omiso de esas pocas voces críticas que aparecen en los medios, eso que en otro momento histórico se definió como cuarto poder y que ya es sólo una especie de conciencia de la sociedad, sin ningún resultado práctico.
Un paso más, hace tiempo iniciado por algunos partidos, es el adoctrinamiento. Generaciones enteras de jóvenes salen de ikastolas, inmersiones político/lingüistas, "formación del espíritu nacional". ¿O debo decir Educación para la Ciudadanía? Y otros "programas" similares, absolutamente convencidos de que aquello que han adquirido en su periodo formativo es la esencia de sus vidas, por lo que lucharán y defenderán, no sólo de una forma civilizada y democrática, sino, si fuera necesario, y en algunos casos, hasta llegar al uso de la violencia. Se trata de imponer su dogma sin respetar la libertad ajena.
La única posibilidad de combatir, esta vez de forma civilizada, este proceso, estaba en la familia, unos padres vigilantes y preocupados por la educación de sus hijos que no se dejan sustituir en su responsabilidades. Pero quien diseña el proceso también sabe dónde está su enemigo, quien puede echar por tierra una planificación tan sutil y completa su esquema desmembrando a la familia, sustituyéndola por otras formas de convivencia en grupo, menos "molestas", más afines.
Lamento decir lo que sigue, entre otras razones por tener hijos pertenecientes a esa generación, pero estoy convencido de que se ha perdido ya demasiado tiempo. Leo a responsables de centros de enseñanza quejarse amargamente de esos padres actuales, esa generación que ronda los cuarenta, cuyo déficit formativo es tan palpable, tan amplio, que solo salvo a las contadas excepciones que no hacen sino confirmar la regla.
Termino tomando algunas palabras prestadas que vienen a corroborar lo antedicho:
- "El déficit formativo de un alto porcentaje de progenitores es una realidad, en esta ciudad se nota mucho. Lo que necesita Cádiz es muchísima más educación, muchísima más formación" (Diego Jiménez - Director de Instituto Columela. Diario de Cádiz 14.06.09)
- "Los sistemas educativos del País Vasco y Cataluña fomentan el desprecio, cuando no odio, a los símbolos españoles" (Editorial del Diario de Cádiz. 15.05.09)
- "A mi lo que me parece urgentísimo y prioritario es un Pacto de Estado por la educación; ahí está el arranque del cambio de modelo" (Francisco Martínez-Cosentino. Empresario. Diario de Cádiz 14.06.09)
Y, además, esto se traduce también en los índices de desempleo de nuestra provincia: - "Los jóvenes que no tienen Secundaria registran 17 puntos más de desempleo" (Diario de Cádiz. 15.06.09)
Somos conscientes del problema, pero no vemos la voluntad política de atajarlo, nadie con poder para hacerlo. No interesa.