Por Carlos Sánchez
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Alguien dijo que el cargo no hace la virtud, sólo la presupone. Y por eso sorprenden las expectativas creadas en torno a un candidato de larga trayectoria política que ha formado parte del Gobierno en momentos clave de la reciente historia de España. Pero todavía sorprende más la incapacidad de Rubalcaba para entender los cambios sociales, lo que probablemente tenga que ver con el hecho de que su trayectoria sólo ha podido triunfar en un sistema de partidos endogámico que entiende la política como un fin en sí mismo. Y no como un instrumento para cambiar las cosas. Rubalcaba y su forma de elección son, en este sentido, hijos del actual sistema político.
Pero yerra el ex ministro en su discurso si piensa que con hacer guiños al 15-M y a los sectores más a la izquierda del PSOE -‘tasa Tobin’, recuperación parcial del Impuesto sobre el Patrimonio o tipos impositivos más altos para la banca- va a ganar las elecciones. Almunia ya lo intentó en el año 2000 (ahí está el pacto programático con Izquierda Unida) y ya se conocen las consecuencias: Aznar logró mayoría absoluta. Y miente si intenta convencer al electorado de que es posible articular una política de izquierdas abrazando al mismo tiempo el Pacto del Euro, como proclamó el sábado ante la élite socialista. Las dos cosas no son posibles.Y Rubalcaba lo sabe.
Si algo está claro en estos primeros años del siglo XXI es que el binomio tradicional izquierda-derecha está en liquidación por derribo. Y no porque no haya derecha o izquierda, que es evidente que hay diferencias y que no son la misma cosa, sino porque lo que han cambiado son los ciudadanos, que ahora entienden la política como un menú largo y estrecho en el que pueden elegir plato en función de sus propios incentivos. Multitud de estudios científicos han demostrado que los agentes económicos y políticos tienden a comportarse de forma racional, y eso es lo que explica que en barrios teóricamente de izquierdas barra la derecha, y viceversa (aunque cada vez menos). El votante ‘consumidor’ ha arrinconado al votante por razones ideológicas o que funciona a partir de criterios de clase.
Para entender los cambios sociales sólo hay que partir de un dato. La edad media de los españoles ha escalado hasta los 40,9 años, y eso, sin lugar a dudas, determina el voto. Y obviar ese hecho con proclamas pseudo izquierdistas es simplemente equivocar el análisis.
El hecho de que el centro derecha gobierne en el 90% de los gobiernos europeos no es más que la consecuencia de estos cambios sociales, económicos (30.000 dólares de renta per cápita) y demográficos. Un continente con población envejecida vota de forma muy diferente a uno con población joven, y por eso destinar la artillería programática a un electorado (la mitad sin empleo) cuyo peso es cada vez menor es, simplemente, equivocarse.
Apriorismos ideológicos
Es lo que sucede cuando se aborda la política desde apriorismos ideológicos basados en el pasado. Los ciudadanos quieren que los servicios públicos funcionen, y su propiedad es un debate cada vez menos relevante, como han demostrado las sociedades escandinavas. Lo pertinente, por lo tanto, es cómo financiar los servicios públicos esenciales: educación, sanidad o justicia.
Y por eso parece absurdo huir del debate sobre su financiación con criterios maximalistas heredados de antaño. Sobre todo teniendo en cuenta que si no se aborda de forma equilibrada y racional la cuestión de la financiación los servicios públicos, se irán degradando. Y no hace falta decir quiénes pagarán las consecuencias. Precisamente, los estratos sociales más desfavorecidos. Esos que dice defender Rubalcaba, incapaz de formular un nuevo modelo tributario más allá del tópico de los paraísos fiscales. ¿O es que cuando Rafael Vera pagaba dinero en Suiza a Amedo el país helvético no era un paraíso fiscal?
El mayor despropósito de Rubalcaba, con todo, tiene sin embargo que vez con esa absurda idea de comprometerse a no cambiar ninguna ley educativa en vigor. Y lo dijo 24 horas antes de que la propia administración desvelara que 900.000 jóvenes no están preparados ni para trabajar ni para formarse. Alguna responsabilidad tendrán las leyes de educación.
Es evidente, sin embargo, que las normas no lo son todo. La cultura del trabajo y del esfuerzo tienen más que ver con el empleo que cualquier normativa, por muy sólida que sea. Pero pensar que hay que arar con estos bueyes sólo puede conducir al suicidio como país y al haraquiri del candidato. Existe un riesgo cierto de que Rubalcaba acabe siendo como lo que decía socarronamente Rafael Sánchez Ferlosio de su mujer, la escritora Carmen Martín Gaite. ‘Es una viuda que tiene el difunto en casa’.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
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lunes, 11 de julio de 2011
Hora cero del candidato: a la caza del votante propio
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Futuro con erre. Con erre de Rajoy. O de Rubalcaba, vaya usted a saber, aunque el parte de daños en la causa electoral del PSOE es interminable. Parece tarea imposible su recuperación a corto plazo. Pero ese es el objetivo del candidato socialista a la Moncloa en su hora cero. El sábado demostró una vez más que es una máquina de parir frases redondas y sabe decir las cosas. Ya con dedicación exclusiva y a tiempo completo, ahora deberá convencer a los desertores, unos dos millones de votantes desalentados, de que sabe y puede hacerlas.
Estuvo cercano, firme, persuasivo y didáctico. Siempre mirando a los asistentes al acto y no a la consabida sucesión de folios del orador inseguro. Setenta minutos de discurso apacible, sin gritos, sin soflamas, sin descalificaciones, durante los cuales habló varias veces de “socialismo” y de “los socialistas”, pero una sola vez de “Partido Socialista” (en relación con la austeridad), una sola vez de “la izquierda” (en relación con la educación), una sola vez de Rodríguez Zapatero (en relación a su sacrificio político por España) y ninguna del PSOE.
Repito. Ni una sola vez se refirió a su partido por la marca. Señal inequívoca de que, efectivamente, busca la confrontación en el terreno de los líderes más que en el de las siglas, consciente de que las suyas están seriamente averiadas y de que el votante de centro-derecha no lo ve con malos ojos (no confundir, por favor, con nuestro Tea Party de cercanías). Sin embargo, no era el día de hacerse el encontradizo con Rajoy. Ni una sola mención al líder del PP. Le aguarda en la batalla de los debates televisados, que piensa reclamar como un derecho de los ciudadanos. Frente a la previsible negativa de un adversario a correr el riesgo de salir perdiendo en el cuerpo a cuerpo cuando los sondeos le aconsejan huir de la distancia corta.
Más cuestiones formales. Diferenciación y cercanía. Líneas rojas en lugar de los habituales tonos azules en la corbata del aún vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior (solo por unas horas). Eliminación de barreras entre quien habla y quienes escuchan para que el verbo se haga carne: “Gracias a vosotros, no me siento sólo”. Lo de diferenciarse es más difícil, aunque no deja de intentarlo. Abandonar los cargos era la primera condición del distanciamiento. Lo suficiente para marcar la diferencia; y no lo bastante para que pueda hablarse de ruptura, pues sería absurdo en quien ha sido determinante en la formación y conformación de los Gobiernos de Zapatero.
En cuanto a contenidos, las grandes líneas programáticas del proyecto Rubalcaba, expuestas el sábado ante un auditorio entregado, respondieron a lo previsto: relectura de la Socialdemocracia (elogio de los servicios públicos, gobernar es redistribuir), conexión con los indignados del 15-M (“O contamos con ellos o ellos dejan de contar con nosotros”, por una política más decente y menos crispada) y guiños centristas (menos funcionarios, más empresarios: “Me voy a partir el pecho por los emprendedores”).
En esas coordenadas hilvanó su esbozo de programa inspirado en la máxima de que hay que ser ambiciosos en los objetivos pero realistas en las propuestas. Demasiado pronto para ir más allá. En el ámbito de las musas todo suena muy bien. Esperemos la prueba del contraste con la realidad para empezar a hacernos una idea de si el vuelo de Rubalcaba es alto y largo como el del águila o corto y apresurado como el de una codorniz.
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Futuro con erre. Con erre de Rajoy. O de Rubalcaba, vaya usted a saber, aunque el parte de daños en la causa electoral del PSOE es interminable. Parece tarea imposible su recuperación a corto plazo. Pero ese es el objetivo del candidato socialista a la Moncloa en su hora cero. El sábado demostró una vez más que es una máquina de parir frases redondas y sabe decir las cosas. Ya con dedicación exclusiva y a tiempo completo, ahora deberá convencer a los desertores, unos dos millones de votantes desalentados, de que sabe y puede hacerlas.
Estuvo cercano, firme, persuasivo y didáctico. Siempre mirando a los asistentes al acto y no a la consabida sucesión de folios del orador inseguro. Setenta minutos de discurso apacible, sin gritos, sin soflamas, sin descalificaciones, durante los cuales habló varias veces de “socialismo” y de “los socialistas”, pero una sola vez de “Partido Socialista” (en relación con la austeridad), una sola vez de “la izquierda” (en relación con la educación), una sola vez de Rodríguez Zapatero (en relación a su sacrificio político por España) y ninguna del PSOE.
Repito. Ni una sola vez se refirió a su partido por la marca. Señal inequívoca de que, efectivamente, busca la confrontación en el terreno de los líderes más que en el de las siglas, consciente de que las suyas están seriamente averiadas y de que el votante de centro-derecha no lo ve con malos ojos (no confundir, por favor, con nuestro Tea Party de cercanías). Sin embargo, no era el día de hacerse el encontradizo con Rajoy. Ni una sola mención al líder del PP. Le aguarda en la batalla de los debates televisados, que piensa reclamar como un derecho de los ciudadanos. Frente a la previsible negativa de un adversario a correr el riesgo de salir perdiendo en el cuerpo a cuerpo cuando los sondeos le aconsejan huir de la distancia corta.
Más cuestiones formales. Diferenciación y cercanía. Líneas rojas en lugar de los habituales tonos azules en la corbata del aún vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior (solo por unas horas). Eliminación de barreras entre quien habla y quienes escuchan para que el verbo se haga carne: “Gracias a vosotros, no me siento sólo”. Lo de diferenciarse es más difícil, aunque no deja de intentarlo. Abandonar los cargos era la primera condición del distanciamiento. Lo suficiente para marcar la diferencia; y no lo bastante para que pueda hablarse de ruptura, pues sería absurdo en quien ha sido determinante en la formación y conformación de los Gobiernos de Zapatero.
En cuanto a contenidos, las grandes líneas programáticas del proyecto Rubalcaba, expuestas el sábado ante un auditorio entregado, respondieron a lo previsto: relectura de la Socialdemocracia (elogio de los servicios públicos, gobernar es redistribuir), conexión con los indignados del 15-M (“O contamos con ellos o ellos dejan de contar con nosotros”, por una política más decente y menos crispada) y guiños centristas (menos funcionarios, más empresarios: “Me voy a partir el pecho por los emprendedores”).
En esas coordenadas hilvanó su esbozo de programa inspirado en la máxima de que hay que ser ambiciosos en los objetivos pero realistas en las propuestas. Demasiado pronto para ir más allá. En el ámbito de las musas todo suena muy bien. Esperemos la prueba del contraste con la realidad para empezar a hacernos una idea de si el vuelo de Rubalcaba es alto y largo como el del águila o corto y apresurado como el de una codorniz.
viernes, 8 de julio de 2011
Rubalcaba será candidato a tiempo completo en unos días
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (08/07/2011)
Mañana es el día. La hora cero del candidato. No fue niña sino niño, salió con fórceps y mañana deja la incubadora para empezar a crecer. Aunque la orografía facial de Rubalcaba no recuerda precisamente la de un bebé, es la metáfora preferida del secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, en vísperas de lo que, según declaró ayer públicamente, “marcará un antes y un después”. Al mediodía en el Palacio Municipal de Congresos (Ifema) de Madrid. Diez minutos de Comité Federal a puerta cerrada para formalizar la proclamación del candidato socialista a la Moncloa y discurso abierto con numerosos invitados en las gradas del auditorio.
Muchas horas de trabajo ha echado Pérez Rubalcaba en un discurso de amplio espectro. Con aportaciones de dentro y fuera de la casa, queda perfectamente hilvanado en dos grandes hilos conductores. Uno, el de la continuidad. Otro, el del cambio. Ya veremos luego, por las reacciones de la crítica y el público, si la dosificación permite hablar de un proyecto propio y diferenciado.
De eso se trata. De reconocer a un nuevo candidato socialista cuyo vuelo no termine en las próximas elecciones generales. Lo primero es crear las condiciones para focalizar la atención en los contenidos del discurso ¿Y cómo conseguirlo si se cruza con la noticia de su salida del Gobierno?
No tiene mucho sentido que el aún vicepresidente y ministro del Interior lo anuncie al tiempo que se presenta en sociedad. Sería absurdo correr el riesgo de que su discurso quedase sepultado en los medios de comunicación por la noticia de su renuncia a los cargos institucionales. Y Rubalcaba no es precisamente un indocumentado en estos asuntos. El riesgo desaparecería si lo anunciase hoy mismo, al término del Consejo de Ministros. La noticia estaría en los medios durante las veinticuatro horas previas al discurso y el protagonismo del candidato se prolongaría veinticuatro horas más.
Pero tampoco sería razonable anunciarlo sin haber sido oficialmente proclamado candidato. Por tanto, me atrevo a fijar en la semana que viene la renuncia de Rubalcaba a sus cargos institucionales y su inmediata sustitución. En el secreto está, por supuesto, Rodríguez Zapatero, pero tiene la boca sellada. Sellada está también la de Rubalcaba, aunque me consta que ya le ha comunicado la fecha. Hartos de ciertas filtraciones que se han producido en estos últimos días, ambos se han conjurado para silbar melodías cuando la cuestión sale a relucir. En la distancia corta le pregunto a Zapatero si la noticia es inminente. “Esta noche puedes dormir tranquilo”, me dice a media sonrisa, pensando en la noche de ayer.
Ya, pero mañana es otro día, pensando en el mediodía de hoy, viernes ¿Será la última rueda de prensa de Rubalcaba como portavoz después de un Consejo de Ministros? Apuesten ustedes a que sí, aunque la renuncia no se produzca hoy sino a lo largo de la semana que viene y, en todo caso, antes del próximo Consejo de Ministros.
Publicado en El Confidencial (08/07/2011)
Mañana es el día. La hora cero del candidato. No fue niña sino niño, salió con fórceps y mañana deja la incubadora para empezar a crecer. Aunque la orografía facial de Rubalcaba no recuerda precisamente la de un bebé, es la metáfora preferida del secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, en vísperas de lo que, según declaró ayer públicamente, “marcará un antes y un después”. Al mediodía en el Palacio Municipal de Congresos (Ifema) de Madrid. Diez minutos de Comité Federal a puerta cerrada para formalizar la proclamación del candidato socialista a la Moncloa y discurso abierto con numerosos invitados en las gradas del auditorio.
Muchas horas de trabajo ha echado Pérez Rubalcaba en un discurso de amplio espectro. Con aportaciones de dentro y fuera de la casa, queda perfectamente hilvanado en dos grandes hilos conductores. Uno, el de la continuidad. Otro, el del cambio. Ya veremos luego, por las reacciones de la crítica y el público, si la dosificación permite hablar de un proyecto propio y diferenciado.
De eso se trata. De reconocer a un nuevo candidato socialista cuyo vuelo no termine en las próximas elecciones generales. Lo primero es crear las condiciones para focalizar la atención en los contenidos del discurso ¿Y cómo conseguirlo si se cruza con la noticia de su salida del Gobierno?
No tiene mucho sentido que el aún vicepresidente y ministro del Interior lo anuncie al tiempo que se presenta en sociedad. Sería absurdo correr el riesgo de que su discurso quedase sepultado en los medios de comunicación por la noticia de su renuncia a los cargos institucionales. Y Rubalcaba no es precisamente un indocumentado en estos asuntos. El riesgo desaparecería si lo anunciase hoy mismo, al término del Consejo de Ministros. La noticia estaría en los medios durante las veinticuatro horas previas al discurso y el protagonismo del candidato se prolongaría veinticuatro horas más.
Pero tampoco sería razonable anunciarlo sin haber sido oficialmente proclamado candidato. Por tanto, me atrevo a fijar en la semana que viene la renuncia de Rubalcaba a sus cargos institucionales y su inmediata sustitución. En el secreto está, por supuesto, Rodríguez Zapatero, pero tiene la boca sellada. Sellada está también la de Rubalcaba, aunque me consta que ya le ha comunicado la fecha. Hartos de ciertas filtraciones que se han producido en estos últimos días, ambos se han conjurado para silbar melodías cuando la cuestión sale a relucir. En la distancia corta le pregunto a Zapatero si la noticia es inminente. “Esta noche puedes dormir tranquilo”, me dice a media sonrisa, pensando en la noche de ayer.
Ya, pero mañana es otro día, pensando en el mediodía de hoy, viernes ¿Será la última rueda de prensa de Rubalcaba como portavoz después de un Consejo de Ministros? Apuesten ustedes a que sí, aunque la renuncia no se produzca hoy sino a lo largo de la semana que viene y, en todo caso, antes del próximo Consejo de Ministros.
martes, 21 de junio de 2011
Arranca la incierta aventura electoral de Rubalcaba
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (21/06/2011)
Con el reparto de papeles decidido en la Ejecutiva Federal la dirección del PSOE avanzó ayer en una de sus dos grandes tareas pendientes: la presentación en sociedad de su candidato a la Moncloa, Pérez Rubalcaba, que se formalizará el próximo 9 de julio. Tarea de carácter orgánico que incluye hoja de ruta y elaboración de programa. La otra es de carácter institucional y pasa por la luz verde del Congreso a los Presupuestos del Estado para 2012 y la culminación del plan de reformas en los mercados nacionales del capital y del trabajo.
Ya conocemos a los primeros compañeros de viaje de Rubalcaba. La actual secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Elena Valenciano, el vicepresidente de la Fundación Ideas, Jesús Caldera, y la embajadora de España en la OCDE, Cristina Narbona, como coordinadores de la campaña, el programa y la ponencia marco de la conferencia política de septiembre, respectivamente, serán los encargados de aplicar los términos de la difícil ecuación enunciada por Rubalcaba: continuidad y cambio. Ya veremos en qué condiciones afrontarán el reto de hacerlos compatibles: ¿Cómo diferenciarse de Rodríguez Zapatero (cambio) sin renegar de haber sido su escudero hasta cinco minutos antes (continuidad)?
Estar por encima de Zapatero y Rajoy en las escalas de valoración de líderes nacionales puede ser un buen comienzo en la incierta aventura electoral que le espera pero no es suficiente. Rubalcaba necesita un proyecto nuevo que ofrezca algo distinto de lo que se despacha. En este sentido son lógicas las dudas de los votantes propios, ahora hundidos en el desaliento, respecto a la credibilidad de quien ha estado y está comprometido hasta las cejas con las políticas que han ahuyentado a una buena parte del electorado socialista.
Un ejemplo: la nueva normativa sobre contratación colectiva, cabo suelto de la reforma laboral de hace un año, que se tramita como ley en el Congreso. Mal empezaría el intento de recuperar votantes propios si se traslada la impresión de que el Gobierno, cuyo vicepresidente es el aspirante socialista a la Moncloa, abraza las tesis de la patronal en nombre de ese Pacto del Euro denostado por los indignados del 15-M.
La candidatura de Rubalcaba sólo tendrá recorrido si se asienta sobre un proyecto de recuperación de la izquierda, que pasa por redefinirla. O sea, por volver a darle un sentido. Uno de sus referentes aquí y ahora tendría que ser necesariamente la conexión con el espíritu del mentado movimiento urbano que denuncia la corrupción política, pide una democracia más participativa, exige que se aplique el principio de división de poderes y detesta el injusto reparto de los efectos de la crisis.
Si los partidos de izquierda se justifican cuando la confrontación entre capital y trabajo se ha quedado en el desván de la historia será por sus políticas de inclusión social, el acercamiento del gobernante al gobernado y su compromiso contra las malas prácticas. Lo que no tiene ningún sentido es hacer políticas de derechas en nombre de la izquierda, que es lo que ha causado la bancarrota electoral del PSOE en las recientes elecciones territoriales del 22 de mayo.
Publicado en El Confidencial (21/06/2011)
Con el reparto de papeles decidido en la Ejecutiva Federal la dirección del PSOE avanzó ayer en una de sus dos grandes tareas pendientes: la presentación en sociedad de su candidato a la Moncloa, Pérez Rubalcaba, que se formalizará el próximo 9 de julio. Tarea de carácter orgánico que incluye hoja de ruta y elaboración de programa. La otra es de carácter institucional y pasa por la luz verde del Congreso a los Presupuestos del Estado para 2012 y la culminación del plan de reformas en los mercados nacionales del capital y del trabajo.
Ya conocemos a los primeros compañeros de viaje de Rubalcaba. La actual secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Elena Valenciano, el vicepresidente de la Fundación Ideas, Jesús Caldera, y la embajadora de España en la OCDE, Cristina Narbona, como coordinadores de la campaña, el programa y la ponencia marco de la conferencia política de septiembre, respectivamente, serán los encargados de aplicar los términos de la difícil ecuación enunciada por Rubalcaba: continuidad y cambio. Ya veremos en qué condiciones afrontarán el reto de hacerlos compatibles: ¿Cómo diferenciarse de Rodríguez Zapatero (cambio) sin renegar de haber sido su escudero hasta cinco minutos antes (continuidad)?
Estar por encima de Zapatero y Rajoy en las escalas de valoración de líderes nacionales puede ser un buen comienzo en la incierta aventura electoral que le espera pero no es suficiente. Rubalcaba necesita un proyecto nuevo que ofrezca algo distinto de lo que se despacha. En este sentido son lógicas las dudas de los votantes propios, ahora hundidos en el desaliento, respecto a la credibilidad de quien ha estado y está comprometido hasta las cejas con las políticas que han ahuyentado a una buena parte del electorado socialista.
Un ejemplo: la nueva normativa sobre contratación colectiva, cabo suelto de la reforma laboral de hace un año, que se tramita como ley en el Congreso. Mal empezaría el intento de recuperar votantes propios si se traslada la impresión de que el Gobierno, cuyo vicepresidente es el aspirante socialista a la Moncloa, abraza las tesis de la patronal en nombre de ese Pacto del Euro denostado por los indignados del 15-M.
La candidatura de Rubalcaba sólo tendrá recorrido si se asienta sobre un proyecto de recuperación de la izquierda, que pasa por redefinirla. O sea, por volver a darle un sentido. Uno de sus referentes aquí y ahora tendría que ser necesariamente la conexión con el espíritu del mentado movimiento urbano que denuncia la corrupción política, pide una democracia más participativa, exige que se aplique el principio de división de poderes y detesta el injusto reparto de los efectos de la crisis.
Si los partidos de izquierda se justifican cuando la confrontación entre capital y trabajo se ha quedado en el desván de la historia será por sus políticas de inclusión social, el acercamiento del gobernante al gobernado y su compromiso contra las malas prácticas. Lo que no tiene ningún sentido es hacer políticas de derechas en nombre de la izquierda, que es lo que ha causado la bancarrota electoral del PSOE en las recientes elecciones territoriales del 22 de mayo.
lunes, 6 de junio de 2011
De Rubalcaba y Fouché: ¿es el candidato un genio tenebroso?
Por Melchor Miralles
Publicado en El Confidencial (06/06/2011)
Advertía con tino el otro día Amando de Miguel de su asombro por cómo está haciendo fortuna en muchos comentaristas la comparación del superministro y candidato Alfredo Pérez Rubalcaba con Joseph Fouché, duque de Otranto, "el genio tenebroso" que le llamó Stefan Zweig en una biografía magistral. No me parece a mí tampoco afortunada la comparación, que es empleada no sólo por los articulistas y tertulianos que con ella censuran al último delfín de José Luis Rodríguez Zapatero, sino también por buena parte del equipo que conforma el entorno más cercano del todavía presidente nominal del Ejecutivo.
Fouché, ex seminarista, sirvió a diferentes causas ideológicas, porque tenía una sola ideología al servicio de sí mismo, de su ambición desmedida. Rubalcaba, con todos sus defectos, ha estado siempre en el PSOE, no ha renunciado al partido en el que ha desarrollado toda su carrera política y aunque en el seno del socialismo ha cambiado de bando o corriente interna según sus intereses, ha sido fiel a las siglas.
Fouché fue un hombre de ambición desmedida, que amasó una fortuna formidable que le convirtió en el hombre más rico de Francia aprovechándose de sus cargos y de su influencia de modo manifiestamente ilegal. Rubalcaba tiene una trayectoria política repleta de sombras, pero jamás nadie ha podido probar, ni siquiera sugerir, que no sea un hombre honrado que no se ha enriquecido prevaliéndose de los cargos públicos que ha ocupado.
Fouché fue hombre de confianza de Robespierre y terminó conspirando contra él hasta conseguir que le llevaran a la horca; tras ser represaliado por el Directorio consiguió ganarse la confianza de Barras y llegar a ministro de la Policía; armó una formidable red de espionaje que urdió el golpe de Estado que elevó a Napoléon Bonaparte a las alturas y terminó traicionándole; sirvió a Luis XVIII y también maniobró contra él... hasta terminar proscrito y fallecer en Trieste. Durante casi 30 años protagonizó las grandes batallas políticas que conforman uno de los períodos históricos más apasionantes que hemos conocido. Libró batallas políticas que forman parte de la Historia de Francia y de Europa frente a adversarios de un nivel intelectual y político excepcional. Rubalcaba, al ganar el PSOE las elecciones de 1982, asumió responsabilidades en el Ministerio de Educación de José María Maravall; fue ministro de Educación un año, ministro de Presidencia y portavoz en los años negros de 1993 a 1996; tras la victoria de Zapatero ocupó la secretaría general del Grupo Socialista en el Congreso y en 2006 accede al Ministerio de Interior, al que acumula en 2010 la vicepresidencia y la portavocía. ¿Cabe alguna comparación?
Por más que la trayectoria de Rubalcaba tiene episodios oscuros relacionados con el terrorismo de Estado y con diferentes conspiraciones internas en el PSOE; aunque ha librado batallas de poder en el seno de su partido, todas ellas saldadas con estrepitosas derrotas; aunque ha traicionado a compañeros de militancia en beneficio de su propia trayectoria, para comparar al candidato socialista con Fouché sería necesario encontrar en su trayectoria adversarios del nivel de los que tuvo "el genio tenebroso", y resultaría grotesco tratar de comparar a Robespierre, Napoleón, Hébert, Barras, Talleyrand o el propio Luis XVIII con Rodríguez Zapatero, José Bono, José Blanco, Carme Chacón, Tomás Gómez et al.
Rubalcaba no es Fouché, ni se le parece, pero representa un tipo de político del siglo XXI alejado de lo que yo considero ejemplar. Dicho esto, el dedo de José Luis Rodríguez Zapatero, o si Alfredo lo prefiere, el dedazo de miles de militantes socialistas, le han ungido de todo el poder en el PSOE y va a ser quien le va a plantar la batalla a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Sin ser Fouché, Rubalcaba es políticamente peligroso, y yo que Rajoy me lo tomaría muy en serio. En contra de lo dicho por ZP en otra comparación inadecuada, aunque Rubalcaba tenga acreditada una buena marca como velocista en los 100 metros lisos, estamos en una maratón de diez meses y el candidato socialista ha demostrado que se mueve bien en las distancias largas, donde además los codazos pueden dejar al rival en la cuneta a poco que se despiste.
Publicado en El Confidencial (06/06/2011)
Advertía con tino el otro día Amando de Miguel de su asombro por cómo está haciendo fortuna en muchos comentaristas la comparación del superministro y candidato Alfredo Pérez Rubalcaba con Joseph Fouché, duque de Otranto, "el genio tenebroso" que le llamó Stefan Zweig en una biografía magistral. No me parece a mí tampoco afortunada la comparación, que es empleada no sólo por los articulistas y tertulianos que con ella censuran al último delfín de José Luis Rodríguez Zapatero, sino también por buena parte del equipo que conforma el entorno más cercano del todavía presidente nominal del Ejecutivo.
Fouché, ex seminarista, sirvió a diferentes causas ideológicas, porque tenía una sola ideología al servicio de sí mismo, de su ambición desmedida. Rubalcaba, con todos sus defectos, ha estado siempre en el PSOE, no ha renunciado al partido en el que ha desarrollado toda su carrera política y aunque en el seno del socialismo ha cambiado de bando o corriente interna según sus intereses, ha sido fiel a las siglas.
Fouché fue un hombre de ambición desmedida, que amasó una fortuna formidable que le convirtió en el hombre más rico de Francia aprovechándose de sus cargos y de su influencia de modo manifiestamente ilegal. Rubalcaba tiene una trayectoria política repleta de sombras, pero jamás nadie ha podido probar, ni siquiera sugerir, que no sea un hombre honrado que no se ha enriquecido prevaliéndose de los cargos públicos que ha ocupado.
Fouché fue hombre de confianza de Robespierre y terminó conspirando contra él hasta conseguir que le llevaran a la horca; tras ser represaliado por el Directorio consiguió ganarse la confianza de Barras y llegar a ministro de la Policía; armó una formidable red de espionaje que urdió el golpe de Estado que elevó a Napoléon Bonaparte a las alturas y terminó traicionándole; sirvió a Luis XVIII y también maniobró contra él... hasta terminar proscrito y fallecer en Trieste. Durante casi 30 años protagonizó las grandes batallas políticas que conforman uno de los períodos históricos más apasionantes que hemos conocido. Libró batallas políticas que forman parte de la Historia de Francia y de Europa frente a adversarios de un nivel intelectual y político excepcional. Rubalcaba, al ganar el PSOE las elecciones de 1982, asumió responsabilidades en el Ministerio de Educación de José María Maravall; fue ministro de Educación un año, ministro de Presidencia y portavoz en los años negros de 1993 a 1996; tras la victoria de Zapatero ocupó la secretaría general del Grupo Socialista en el Congreso y en 2006 accede al Ministerio de Interior, al que acumula en 2010 la vicepresidencia y la portavocía. ¿Cabe alguna comparación?
Por más que la trayectoria de Rubalcaba tiene episodios oscuros relacionados con el terrorismo de Estado y con diferentes conspiraciones internas en el PSOE; aunque ha librado batallas de poder en el seno de su partido, todas ellas saldadas con estrepitosas derrotas; aunque ha traicionado a compañeros de militancia en beneficio de su propia trayectoria, para comparar al candidato socialista con Fouché sería necesario encontrar en su trayectoria adversarios del nivel de los que tuvo "el genio tenebroso", y resultaría grotesco tratar de comparar a Robespierre, Napoleón, Hébert, Barras, Talleyrand o el propio Luis XVIII con Rodríguez Zapatero, José Bono, José Blanco, Carme Chacón, Tomás Gómez et al.
Rubalcaba no es Fouché, ni se le parece, pero representa un tipo de político del siglo XXI alejado de lo que yo considero ejemplar. Dicho esto, el dedo de José Luis Rodríguez Zapatero, o si Alfredo lo prefiere, el dedazo de miles de militantes socialistas, le han ungido de todo el poder en el PSOE y va a ser quien le va a plantar la batalla a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Sin ser Fouché, Rubalcaba es políticamente peligroso, y yo que Rajoy me lo tomaría muy en serio. En contra de lo dicho por ZP en otra comparación inadecuada, aunque Rubalcaba tenga acreditada una buena marca como velocista en los 100 metros lisos, estamos en una maratón de diez meses y el candidato socialista ha demostrado que se mueve bien en las distancias largas, donde además los codazos pueden dejar al rival en la cuneta a poco que se despiste.
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