Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
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martes, 17 de mayo de 2011

El grito del cambio no es igual en la calle que en las urnas

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (17/05/2011)
Deben de ser los años, pero a estas alturas uno mira una campaña electoral como José María Iñigo mira las votaciones del festival de Eurovisión. Con mucha distancia, escasa capacidad de registro respecto a los discursos huecos que se despachan y una pereza infinita a la hora de procesar las respectivas estrategias, tan burdas, tan transparentes, tan previsibles.

Y todavía hay dirigentes dispuestos a decirles a los jóvenes desertores del sistema que la solución está en las urnas. No han entendido el grito de la generación perdida. O lo han entendido demasiado bien y, como no se les ocurre nada frente a los manifestantes del domingo (“Democracia real, ya”, firmado por jóvenes y no tan jóvenes de muy distintos colectivos), salen con esa ocurrencia del voto como palanca para mejorar la situación del país. Pero eso choca con el lema “No los votes”, uno de los más aireados por los promotores de la protesta. Y de los más oídos en las marchas del fin de semana en distintas ciudades. De hecho, los jóvenes que acamparon en la Puerta del Sol, ante el flequillo de Esperanza Aguirre, pretendían quedarse hasta el día de las elecciones (fueron desalojados anoche). Y no precisamente como reclamo de la participación sino todo lo contrario.

El grito no se queda solo en la reprobación de la clase política. Se incluye al Ejército, la Iglesia y la Banca. Póquer de ases en una baraja que quisieran romper los inspiradores de este inesperado movimiento agitado por las redes sociales. Al menos en las soflamas que, al igual que ocurre en las campañas electorales, duran lo que duran los globos de una piñata.

Además, no parece dominar el componente antisistema en estas manifestaciones. Más bien parecen agitadas por las desencantadas criaturas del Estado del Bienestar y la Sociedad del Consumo. Razón de más para que la clase política, ahora enzarzada en el rito vacuo de una campaña electoral, se sienta concernida por quienes han descubierto más o menos repentinamente que quieren ser tratados como personas y no como mercancías, que los mercados deben estar sometidos a la Democracia y no al revés, que un banquero lascivo a 2.200 euros la noche de hotel no es quien para sugerir recortes sociales. Y que, por supuesto, no se sienten en absoluto representados por esta clase política que concursa en las urnas del día 22.

Lo suyo es esperar y ver si los candidatos del domingo toman nota de esta nueva expresión del malestar social. Por un lado. Por otro, saber si el movimiento va a tener continuidad. Sus coordenadas están claras: “indignados y organizados” para “sacar a la ciudadanía a la calle” y provocar un “cambio de modelo político y social”, en palabras de Félix Gándara, el portavoz del grupo “Democracia real, ya”.

La clave también es el cambio en esta especie de campaña paralela iniciada en las manifestaciones del domingo. Como en la campaña oficial, donde el aspirante Rajoy también reclama lo mismo frente al titular Zapatero. El grito de cambio es el mismo, pero no suena igual en la calle que en las urnas. Dos campañas paralelas. Por mucho que se prolonguen nunca llegarán a encontrarse.

martes, 19 de abril de 2011

Elogio de la política

Por José Luis González de Quirós

Publicado en El Confidencial (18/04/2011)

Quienes creemos, como Burke, que la política es una de las más nobles vocaciones a las que puede dedicar su vida una persona decente, hemos de padecer una auténtica plaga de desprestigio de la política, a la que naturalmente no son ajenos quienes a ella se dedican con tan escaso éxito de imagen. A día de hoy, según el barómetro del CIS, la tercera de las preocupaciones de los españoles es su escasa confianza en los políticos. No tengo a mano datos precisos, pero apostaría que esta es una de las peores calificaciones obtenidas en lo que llevamos de democracia. Los españoles creen tener buenas razones para desconfiar de nuestros políticos, seguramente porque los considera mentirosos, hipócritas, pusilánimes, demagogos, rutinarios, corruptos, abusones e improductivos, pero lo hacen sin reparar hasta qué punto esos vicios son posibles porque nuestra sociedad las consiente y practica.



El caso es que la política, y, en general, la función pública, se ha desprovisto del halo de ejemplaridad que le es enteramente exigible. Sería normal que nuestros políticos fuesen mejores de lo que son si la justicia se administrase con cierta rapidez y equidad, si las cátedras universitarias se proveyesen con objetividad y transparencia, si los periodistas fuesen menos acomodaticios y partidistas, si los criterios para adjudicar las subvenciones estuviesen sometidos a control público, o si en los negocios imperase una ética que está clamorosamente ausente. Ya sabemos que no es así, pero por alguna parte habrá que empezar y la política nos brinda una oportunidad de hacerlo, aunque sea mínima, discriminando entre candidatos del mismo partido y dejando sin voto al que ha tenido una conducta reprobable, independientemente de lo que puedan decir en su momento, siempre tardío, los jueces.

La diferencia entre los políticos y el resto de oficios debería residir en que la dedicación política se acercase a algo parecido a una selección ideal de los candidatos, pero nadie sería capaz de defender que en ninguno de los partidos haya el menor asomo de objetividad y de fomento de la competencia a la hora de establecer los sistemas para llegar a las antesalas del cargo, a ese disparadero en el que los electores acaban dando su voto a unas siglas, aunque, en realidad, se lo den a alguien que puede ser un perfecto granuja.



Entre los políticos no hay, pues, ni asomo de una mínima voluntad de competencia pública para llegar a la meta, ni el menor interés en que los ciudadanos puedan valorar la condición personal de los que van a ser elegidos por la extraordinaria maquinaria del voto que se desencadena con las elecciones. No es de extrañar, por tanto, que aparezcan tantos casos de corrupción, ya que no existe el menor control para evitarlo, ni parece existir interés alguno en que se arbitre. Bien mirado, el sistema es tal que deberíamos admirarnos de que exista un porcentaje tan alto de personas razonablemente honorables. El colmo del caso es que, acogiéndose al principio de presunción de inocencia, se continúen presentando a las elecciones muchas personas, y no poco significativas, que aparecen imputadas en casos de corrupción.


Es verdad que en algunos casos la práctica contraria podría perjudicar a un inocente, pero no lo es menos que los más inocentes debieran ser los primeros en apartarse de las listas para no perjudicar, aunque sea un mínimo, al propio bando, lo que sería una prueba de que están en política para servir a los ciudadanos y a unos ideales, no para servirse de ellos. Que los votantes actúen como si fuese irrelevante la moral del electo, indica lo pesimista que es su visión del mundo político.


Sería interesante que los partidos empezasen a comprobar que los electores discriminan entre la persona que es intachable, y el que anda metido en dibujos cuando menos equívocos. No habrá manera de reformar los partidos, uno de los mayores problemas de la democracia, si los electores no son capaces de hacer ver que no da lo mismo votar a Alberto que a Esperanza, por escoger dos nombres al azar.


Nuestra democracia se encuentra en un momento realmente malo, seguramente el peor de toda su historia; España ha padecido un Gobierno pésimo y en ocasiones parece no haber ningún otro horizonte que el desastre económico, institucional y territorial. Hay que desechar el derrotismo, pero eso solo puede hacerse con un nivel máximo de exigencia, pidiendo a los electores que se olviden de mandatos ideológicos y que voten libremente por lo que consideren mejor, que empiecen a castigar las listas contaminadas o encabezadas por políticos a los que no comprarían un coche de segunda mano. Es imposible que España afronte su futuro, tan problemático, con la energía que se requiere si todo lo que se puede hacer es votar a unas listas manchadas por la corrupción. En plena treintena de la democracia, necesitamos plantear objetivos ambiciosos y no estaría nada mal que los electores empezasen por limpiar el patio.

miércoles, 13 de abril de 2011

Las listas de Camps minan la moral de Rajoy y sus expectativas electorales

Publicado en El Confidencial (13/04/2011)

Las listas de Camps minan la moral de Rajoy y sus expectativas electorales
El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, no quiere ni oír hablar de la lista del PP por Valencia en las próximas elecciones autonómicas del 22 de mayo. Cada vez que se le pregunta evita la respuesta. Su malestar le lleva a actuar a veces como si no conociera a Ricardo Costa, el ex secretario regional del PP al que el partido abrió expediente disciplinario con expulsión durante un año, un quebradero de cabeza que difícilmente olvidará Mariano Rajoy.


Una de las razones por las que Rajoy no quiere saber nada de lo ocurrido con la lista de Valencia es que cuestiona el discurso del PP en Andalucía. “No podemos ser todo lo críticos que quisiéramos con el PSOE, que además lleva más imputados que nosotros en sus candidaturas”, señalan fuentes de Génova. La lista de Valencia, además, empobrece cualquier intento del PP por hacer un discurso de regeneración de la vida pública y lucha contra la corrupción, y de eso también se resiente el líder de este partido.


Lo cierto es que casi nadie en el PP entiende lo ocurrido, y lo achacan a que, habiendo cedido una vez en la candidatura de Camps, era muy difícil no hacerlo la segunda cuando éste presentó las listas a las Cortes Valencianas. Las únicas esperanzas del PP llevan el nombre de dos alcaldes: Rita Barberá y Alberto Fabra. “Son la única garantía de que si al final Camps se sienta en el banquillo y tiene que dimitir, se produzca la ansiada renovación en el PP valenciano”, dicen en Génova.


La razón de este manifiesto desprecio del líder del PP hacia la lista que ha presentado Valencia no es otra que el haberse sentido, de nuevo, engañado por el presidente valenciano, Francisco Camps, que había prometido a la Dirección Nacional una ‘lista limpia’ en la que no hubiera más imputados que él mismo y, como mucho, Vicente Rambla, y en la que se llevara a cabo una profunda renovación sobre la composición actual del Grupo Parlamentario.


Al final, entre Valencia, Castellón y Alicante, Camps presentó al Comité Electoral Nacional una lista con nueve imputados o investigados por diversas causas. De todos ellos, Génova había aceptado la inclusión de dos: el propio Camps, y la actual alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, que no está imputada en el ‘caso Brugal’ y a la que sólo se relaciona con el mismo por un viaje en el yate del empresario Enrique Ortiz que ella misma ha admitido.

El PP necesitaba ‘compensar’ la presencia de Camps como candidato a la reelección con unas listas en las que se evidenciara el compromiso de la Dirección Nacional con la “limpieza y la renovación”, según reconocen fuentes del PP de la Comunidad Valenciana a este diario. “Eso fue lo que se pidió desde Madrid, pero no se ha cumplido el compromiso”. De hecho, en la tarde del viernes 8 se produjo alguna destacada ausencia en la reunión del Comité Electoral Regional.

Factura electoral
La razón no es otra que las discrepancias que la última hazaña de Camps, que no tiene más sentido que el de asegurar el aforamiento para los imputados en el ‘caso Gürtel’, ha generado incluso en el seno del PP valenciano: “No deberíamos haber ido tan lejos”, aseguran estas fuentes. Y es que ahora el mayor temor del PP empieza a ser que este asunto pueda pasarle alguna clase de factura en las elecciones del 22 de mayo.

“Una cosa era Camps y los trajes, y otra que todos los implicados estén en las listas como si de esa manera el resultado de las elecciones les limpiara”, dicen fuentes de la Dirección Nacional. De hecho, por primera vez en todo este tiempo existe en Génova 13 la impresión de que el ‘caso Gürtel’ pueda afectar a sus expectativas electorales. De hecho, son varios los líderes regionales que han expresado a Rajoy el temor a que lo ocurrido en Valencia les pueda costar votos.

Incluso en la propia Comunidad Valenciana podría haber un castigo al PP que por ahora no recogen los sondeos, “porque en las encuestas los ciudadanos lo primero que hacen es manifestar su rechazo a Zapatero, pero los últimos sondeos conocidos empiezan a reflejar algo de insatisfacción hacia el PP, probablemente por este asunto”, reconocen fuentes ‘populares’. Con todo, nadie en el PP cree que se pueda perder Valencia.

Sospechando del talento

Por Miguel Ángel Aguilar
Publicado en El Páis (12/04/2011)

Indiscutible la importancia del talante, aunque no solo del talante vive la política. Puede que el talante sea condición necesaria pero desde luego no suficiente. Porque además hace falta el contraste de la experiencia, la preparación, el dominio de lenguas, la competencia probada en algún área profesional y el talento. Esas condiciones deberían dibujar el perfil exigible a los integrantes de las candidaturas, que los partidos contendientes se afanan ahora en confeccionar para la convocatoria de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo.

Pero el examen de las que se van presentando confirma que los parámetros empleados para esta comprometida selección difieren de modo notable. Queda claro que prima la docilidad, la sumisión, la adhesión inquebrantable del propuesto. Es decir, que el reclutamiento más probable se circunscribe a quienes acreditan comportamientos susceptibles de inspirar confianza en los dirigentes con potestad para hacer la lista. Según el conocido ortegajo estamos ante el esquema del ejemplar y sus dóciles

La decisión sobre las candidaturas se toma en el ámbito cerrado de las cúpulas partidarias. Sabemos que deberán atenerse a una determinada proporción de hombres y de mujeres, que ofrecerán una mixtura de edades y que combinarán experiencia y renovación. Pero toda esa alquimia es compatible con la aversión instintiva al talento, siempre sospechoso, más aún si reencarna en gentes con criterio, fuera de la domesticidad de los sin base de sustentación propia, independiente de la voluntad del designador. Porque cunde el temor de que deriven en incontrolados, imposibles de ser aniquilados. Si de los nombres pasamos a las promesas, de aquella, según la cual los nuestros pudiera ser que metieran la pata pero en ningún caso la mano, es imposible encontrar rastro alguno.


Vale que en el empleo cuanto más humilde y peor remunerado mayor sea la exigencia de honradez, de informes favorables, incluido el certificado de penales. Pero esa regla salta cuando se trata de las altas responsabilidades empresariales, confiadas muchas veces a los mismos que nos llevaron al precipicio, recipiendarios de bonus exorbitantes fuera de discusión. Y tampoco parece regir para el oficio de la política. Véanse las listas de candidatos para confirmar cómo en ellas ha encontrado asiento una porción significativa de justiciables.


Nada une más que un hurto a medias. Por eso, los imputados están mereciendo grande consideración. De su contento depende que mantengan el hermetismo conveniente. De su despecho, que se desate la temida locuacidad. El caso más notable es el de Valencia, donde campea el presidente de la Generalidad, Francisco Camps. Se le diría imbuido del mismo espíritu que rezumaba en los banderines de enganche de la Legión extranjera, en sus años fundacionales. Allí a nadie se le preguntaba por su conducta anterior. Se confiaba al ardor guerrero la redención, si fuera necesaria, de sus delitos, en pago por haber salvado la civilización cristiana y occidental. Luego vendría el desfilar a 160 pasos por minuto, echando siempre la cabra por delante, y las aclamaciones del público agradecido. De modo que, conforme al artículo cuarto del Credo Legionario, "a la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea" -en Gürtel, en la sastrería Forever Young, en el aeropuerto sin aviones de Castellón, en las pingües comisiones por la visita del Papa-, "acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio". Ese es "el espíritu de unión y socorro" que une a los implicados levantinos. Claro, tampoco aporta consuelo alguno que los partidos en liza jueguen al "y tú más" y piensen que los errores del contrario indultan los propios.

Mariano Rajoy se muestra convencido de que dejándose ir será arrumbado por el viento de la crisis hasta la playa de la Moncloa. Nada tiene que decir. Prefiere recoger en Ponferrada el premio periodístico Micrófono de Oro, tan merecido por su incomparecencia ante los medios de comunicación, antes que poner orden en el griterío de los manifestantes empeñados en tergiversar la convocatoria de las víctimas del terrorismo y derivarla contra el Gobierno. Sin atender a que haya sido el que más terroristas ha detenido y el que más ha reducido la capacidad operativa de ETA. Al presidente Zapatero no se le deja salir. A Rubalcaba se le declara objetivo a destruir.

"¡La fortuna que nos ha costado mantener a Gandhi pobre!", señalaba certera la poetisa Sarajoni Devi, integrada en su círculo intelectual más íntimo. Pues, del mismo modo, nos correspondería ahora a nosotros cifrar en una exclamación el derroche energético que nos cuesta mantener a Rajoy inmóvil.

jueves, 10 de marzo de 2011

Así es el plan diseñado por Blanco para evitar la hecatombe del PSOE de 22-M

Por Jose Antonio Zarzalejos

Publicado en El Confidencial (10/03/2011)

José Blanco se ha colocado en el traje de Ministro de Fomento los galones de vicesecretario general del PSOE y ha pegado un puñetazo sobre la mesa. Según fuentes socialistas de toda solvencia consultadas por El Confidencial, el dirigente gallego ha diseñado un plan para evitar “la hecatombe en que puede convertirse para el PSOE el 22-M”. El plan de Blanco se resumiría en cuatro puntos:
1) Las elecciones autonómicas y municipales no pueden constituir un veredicto para la política general del Gobierno de Zapatero como desea el PP porque “no tenemos bazas para contrarrestar a los de Rajoy en ese terreno dialéctico” y, en consecuencia, “vamos a bajarle el perfil y dar un tratamiento territorial a la campaña, diferenciado según comunidades y en función de las posibilidades que en cada una de ellas tenga el PSOE”. En este planteamiento, Rodríguez Zapatero no tendrá que aparecer más allá de lo imprescindible porque se suprimen los mítines generales. En algunas comunidades “el presidente no aparecerá” y, especialmente, según las fuentes consultadas, en Cataluña, Castilla-La Mancha y Extremadura.

Tomas Gómez ha mostrado expresamente su “reticencia” a la presencia electoral del presidente en Madrid y “aunque Griñán quisiera que apoyase al candidato del PSOE en Sevilla, no lo tenemos nada claro”. Zapatero se ha convertido en un lastre. En Ferraz están convencidos de que la encuesta que se filtró a El País la semana pasada sobre la pésima imagen del presidente en Castilla-La Mancha fue realizada desde el propio partido. La publicada en el mismo medio el pasado domingo día 6 en la que la valoración “de Zapatero no para de caer” (sic) ha sido el detonante para retirar al presidente de la escena electoral.

2) No obstante, Blanco y un equipo de expertos han analizado el histórico del voto popular global de las autonómicas y municipales y está “convencido de que, si valoran los resultados desde ese punto de vista”, volverá a movilizar a su electorado. Según el barómetro del CIS de enero pasado, de cada 100 votantes del PSOE, 50 volverían a votarle otra vez, 11 lo harían al PP y 10 a otros partidos; el resto no saben o no contestan. En Ferraz han comprobado que en 1999 el PP ganó las locales y autonómicas por sólo 0,2%, pero en las siguientes generales arrolló al PSOE sacándole 10,5% (mayoría absoluta); en 2003 el PSOE ganó las locales y regionales por 0,3%, pero en las generales obtuvo la victoria –en marzo de 2004- por 5,4% y en 2007 el PP volvió a ganar las municipales y autonómicas por el 0,7%, pero perdió las generales de 2008 por 3,6%.

El vicesecretario general del PSOE cree que el 22-M pasará lo mismo: que sumado todo el voto popular, la distancia entre ambos partidos será escasa y desmentirá así las encuestas (la última de El País daba al PP una ventaja de 15,9 puntos) y lograría un efecto movilizador de su electorado. “Es verdad que perderemos poder, seguramente hasta tres comunidades autónomas, Barcelona y Sevilla, pero podremos aducir que en términos de voto popular conjunto el PSOE puede dar la batalla de las generales.”

3) El presidente del Gobierno no se presentará a las elecciones generales, “probablemente”, aunque “la decisión no está tomada”, pero si la toma tras el 22-M y el escenario de Blanco se confirma en cuanto al sumatorio del voto popular, Zapatero podría renunciar a continuar en un contexto “de mayor dignidad” y, acto seguido, convocarse un proceso de primarias. El “presidente no aguanta porque le ha sobrevenido a sus planes la crisis energética lo que aplaza la recuperación y eleva la tasa de inflación, de tal forma que no tiene ningún logro que ofrecer”.

4) En el partido la agitación es máxima: los barones regionales ven en peligro sus poltronas, quieren gestionar ellos mismos sus campañas y consideran al presidente y a parte del Gobierno como “un auténtico lastre”. Ferraz ha asumido ese planteamiento –ratificado ayer por Gómez, Barreda y Fernández Vara— y va a crear “burbujas territoriales” centrando el debate en temáticas “inmediatas, tocantes y sonantes al ciudadano, con cuestiones que deben ser respondidas directamente por los candidatos”. Además, los “barones cuentan en sus comunidades, en general, con más apoyos mediáticos que el presidente y el Gobierno en los medios nacionales y así pueden modular mejor la opinión pública”.
El primer paso de este plan –que ha cogido a Pérez Rubalcaba, pieza necesaria en la reprogramación electoral, en una situación personal “difícil”— ha sido la suspensión del tradicional e histórico acto de arranque de campaña en Vistalegre. “Si no lo hubiésemos suspendido, ni los dirigentes del partido, ni los militantes ni los electores habrían reparado en el giro estratégico que pretendemos” confirman las fuentes socialistas.
Mientras tanto, en el PP se está en fase de evaluación de las consecuencias de este “volantazo socialista” (así se califica) porque en Génova el diseño era claro: Rajoy como cartel viajando por toda España; Zapatero, diana de todos los ataques y provocación de una reprobación nacional que obligase al Presidente a renunciar y convocar elecciones en el otoño de este mismo año. Aun así, piensan que “este es un intento a la desesperada, por mucho que manejen los porcentajes de voto popular, perderán tres comunidades al menos y varias capitales y, además, el voto total también nos será favorable.”

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Remontada?, por Enrique Gil Calvo

Publicado en El País (15/11/2010)

Aún faltan más de dos meses para que la remodelación gubernamental cumpla los 100 días de cortesía que las convenciones reclaman hasta que pueda hacerse balance de su ejecutoria política. No obstante, si bien es demasiado pronto para juzgar, sí que se puede tratar de hacer mientras tanto, como voy a intentar aquí, una somera evaluación (sin voluntad de auditoría) de la incipiente remontada que comenzó a protagonizar el flamante gabinete del visir o valido Rubalcaba, que en un principio pareció estar recuperando la confianza de los electores. Pero ¿de verdad puede hablarse de un auténtico despegue?

Los sondeos así parecen confirmarlo, pero eso podría deberse tan solo al impacto periodístico que tuvo la noticia de la remodelación. Ahora bien, esa primera euforia pasará pronto, cuando la novedad deje de ser noticia y se convierta en rutina, pues entonces se amortiguarán los efectos demoscópicos hasta neutralizarse. Y el único consuelo será que, al menos, la remodelación habrá servido para detener el desplome del Gobierno haciéndole tocar fondo, como los submarinos que se hunden en caída libre hasta que se topan con el lecho del océano. ¿Hay margen para el remonte? ¿Qué posibilidades hay de volver a reflotar la hundida nave del Gobierno? La verdad es que no se sabe muy bien si ese tocar fondo es una base lo suficientemente firme para iniciar desde ahí un despegue sostenido hasta 2012. En esto puede ocurrir como con la crisis económica, cuya caída libre se detuvo hace tiempo, cuando tocamos fondo, pero desde entonces todavía seguimos allí estancados, sin que haya indicio alguno de despegue o próxima reactivación. ¿Pasará lo mismo con la crisis política del Gobierno de Zapatero, estancado en el fondo del mar sin que ni siquiera el valido Rubalcaba pueda hacerle remontar en las encuestas?

La verdad es que los primeros movimientos iniciales no son demasiado esperanzadores. Todavía no ha pasado un mes desde la remodelación y ya ha vuelto a producirse una gravísima recaída en la crisis de la deuda soberana, con tensiones en los mercados financieros peores que en la debacle de mayo pasado, cuando Zapatero se vio obligado por "las circunstancias" (es decir, por los mercados acreedores) a imprimir un giro copernicano a su política de derechos sociales, pasando de defenderlos a muerte a recortarlos drásticamente (rebaja de sueldos, congelación de pensiones, abaratamiento del despido, etcétera).

¿Y qué puede hacer ahora el nuevo Gobierno, cuando nuestro diferencial con el bund alemán es todavía mayor que en el mes de junio pasado? Pues no demasiado. La vicepresidenta Salgado se queda impertérrita sin perder la compostura; el partido en el poder anuncia una difusa "agenda social" centrada en las ineficaces políticas activas de empleo; Zapatero promete en el G-20 otra "economía verde" todavía más vaporosa e inverosímil y el nuevo ministro de Trabajo aplaza hasta el año que viene la reforma de las pensiones, sin que pueda descartarse que ceda ante la obstinación de los sindicatos, que se niegan a negociar con él si el Gobierno no rectifica en materia de reforma laboral. ¿Y así esperan recuperar la confianza de los mercados globales?

Pero eso no es todo. Al mismo tiempo que se reabría la crisis de la deuda soberana, el monarca marroquí decidía arrasar a sangre y fuego el campamento saharaui de El Aaiún, sorprendiendo con el paso cambiado al Gobierno español. No solo eso, pues además, Mohamed VI decretó un férreo apagón informativo sobre el Sáhara, vedando el acceso a la prensa española y expulsando al equipo de la SER y al corresponsal de Abc. ¿Y qué hizo la nueva ministra de Exteriores?

Proseguir su circuito por América Latina mientras dejaba que Zapatero mandase a su antecesor como enviado especial a Argel para calmar a los patrocinadores del Polisario. ¿Así se espera recuperar la confianza de la sociedad española, mayoritariamente favorable a la legítima causa saharaui, tan gravemente desatendida por nuestro Gobierno?

Y por si éramos pocos, parió la abuela. Pues en ésas estábamos cuando el ex presidente González hizo sus explosivas declaraciones a Juan José Millás, en las que por fin asumía responsabilidades por la guerra sucia contra ETA confesando que declinó cometer un crimen de Estado cuando estaba en su mano decidir su ejecución. Hasta ahora, González se había negado durante mucho tiempo a reconocer su responsabilidad, pues cuando fue requerido para ello por la justicia se limitó a decir lo mismo que ahora dice Bush respecto a la invasión de Irak: yo no fui, los responsables fueron otros. Pero entonces, ¿por qué decide ahora soltar su bomba mediática en el peor momento para el Gobierno de Zapatero? ¿Es que no lo quiere reflotar sino hundirlo todavía más?

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿ NOS ENGAÑAN NUESTROS POLÍTICOS? por Jaime Rocha

Publicado en el Diario de Cádiz, el día 3 de diciembre de 2009.
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Decir que España no funciona como país, no resulta original a estas alturas. Estamos hartos de oír y decir: “la Justicia es lenta, luego no es justa”, “la Educación necesita con urgencia un Pacto de Estado”, “nuestros militares en “misiones de paz” deben estar mejor equipados”, “batimos récords mundiales de paro”, “la corrupción esta generalizada”… y tantas otras cosas, en mente de todos, manifiestamente mejorables.
Abría que añadir, sin pretensión de originalidad, que la Democracia, en nuestro país, tampoco funciona. Cuando un partido político, tras un proceso electoral, obtiene la confianza mayoritaria de los ciudadanos, se dice, y es verdad, que gobierna aplicando el rodillo. Por el contrario, si el resultado de las elecciones no concede a un determinado partido la posibilidad de gobernar en solitario, empieza el baile político, cada cual busca pareja y llegan a pactos que hacen posible la gobernabilidad.
Esto sucede a todos los niveles y en todas las administraciones y es, hasta cierto punto correcto. Si una formación política expone claramente su programa, sin animo de engaño, y su victoria no es suficiente, debe buscar aliados, pero aliados que se aproximen y acepten las líneas programáticas mas importantes.
Lo ideal serian unas alianzas preelectorales, que cada elector conociera de antemano lo que vota, pero eso aquí es imposible, las distancias ideológicas y de intereses entre partidos es tan importante que lo hacen inviable.
Lo que sucede después es sencillamente un engaño a la ciudadanía. Los pactos postelectorales, considerando lo dicho más arriba, son simples pactos de conveniencia, pactos donde partidos políticos con programas e idearios totalmente opuestos, se unen para aprobar leyes que nos afectan a todos y en la que, generalmente, es el pequeño partido el que impone desmesuradas condiciones.
Se echa de menos a Julio Anguita y su famoso: “Programa, programa, programa”, se podía no estar de acuerdo con él, pero la coherencia y responsabilidad ante sus votantes eran dignas de admiración. Eso hoy no existe.
Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros” decía Groucho Marx, y esa es la norma ahora en España. Se cambian programas y principios por votos o dinero y se llega a alianzas absolutamente incomprensibles y contra natura. Ya todo vale con tal de sacar adelante unos Presupuestos o una ley.
Pongamos por caso que Vd., o yo, hemos votado al PSOE, es solo una suposición, en la últimas elecciones generales, y que, siendo, como somos, personas responsables, hemos leído los distintos programas, al menos en sus líneas maestras. Después de eso, responsablemente, hemos decidido votarles, y lo mismo que nosotros, otros once millones de españoles. Pues bien, sin saber porque, haciendo uso de esa mayoría y por conveniencia política, se busca unos aliados, que casi caben en un taxi, y se sacan de la chistera una “Ley de la despenalización del aborto” que nadie, salvo los del taxi, habían pedido. “Pero, oiga, ¿y sus electores? No estaban informados de esas intenciones, para el caso de que ya las tuvieran”. “No importa, quedan todavía dos años para las generales, para entonces ya se han olvidado”.
Así nos va. Prometen, ofrecen, hacen programas y nos juran por lo que haga falta que si ganan cumplirán escrupulosamente lo pactado. Luego….ya vemos como se comportan, y fían su futuro electoral a nuestra mala memoria.
Muchos de estos males de nuestra democracia, que la desvirtúan hasta extremos de hacerla irreconocible como tal, tendrían remedio si los dos grandes partidos llegaran a un acuerdo que permitiera modificar la actual Ley Electoral. Soñar es gratis.
Esto no sucederá, y esta pésima ley tendrá aun larga vida. Los dos grandes partidos, salvo fenómenos imprevisibles, tienen asegurada la alternancia y, como las mayorías absolutas son difíciles de alcanzar, los pequeños partidos, los separatistas o los del taxi, encantados de una situación que les permite hacer su voluntad ejerciendo el viejo sistema del chantaje. ¡Bonito panorama para un país que se dice moderno¡
Creo recordar que fue Alfonso Guerra quien certificó la muerte de Montesquieu en nuestro país y no le faltaba razón. Asistimos atónitos, bueno por lo que se ve solo algunos, a la concentración del poder en unas solas manos, las del Gobierno, y eso tiene otro feo nombre.
El Poder Legislativo ejerce sus funciones a base de pactos y mas pactos del Gobierno, ahora con estos, mañana con los otros, no importa quienes sean ni sus objetivos (a veces la desmembración de España), es la conveniencia del momento de quien manda. ¿Control al Gobierno? ¿Quién se lo cree?
El Poder Judicial está absolutamente contaminado. Sus órganos rectores, sus altos tribunales son nombrados por los propios partidos en función de su representación parlamentaria y resulta cada vez mas evidente y descarado que quienes deberían ejercer como Poder del Estado no lo hacen y se limitan a seguir las directrices del Gobierno de turno.
¿Y el cuarto poder? Tampoco. Los grupos editoriales independientes casi no existen. Podemos elegir ver una televisión o leer un periódico sabiendo siempre de antemano lo que nos va a decir, hacia donde inclinan sus opiniones, quien está detrás.
Afortunadamente en todos los casos existen honrosas excepciones. Aun quedan españoles dignos y honrados, políticos, jueces, periodistas y en todas las profesiones, pero el Sistema está viciado y ahoga, casi hasta la asfixia, a las buenas gentes.

lunes, 6 de septiembre de 2010

De profesión, político. Por Jaime Rocha

Asomarse a esta tribuna con un tema tan polémico puede molestar a quien se sienta aludido, pero si lo que se pretende es tratar la actualidad más próxima, es necesario no eludir temas ni opiniones, por duras y políticamente incorrectas que puedan resultar.
Me voy a referir a nuestra clase política, no a toda naturalmente, la generalización es mala e injusta siempre, pero, digamos que lo que voy a comentar es más bien consecuencia del sistema y por tanto son prácticamente todos los políticos en activo los que “sufren” sus efectos.
Dicen que nuestra democracia está consolidada, que treinta años de ejercicio democrático es un periodo suficiente y de hecho, históricamente, nuestra Constitución del 78 es, con mucho, la más longeva de nuestras Cartas Magnas.
Ha propiciado un periodo de progreso en todos los órdenes jamás conocido en nuestra historia moderna. El mundo se admiró de nuestra transición y admiró a sus autores, aquellos políticos de todo signo que, renunciando a legítimas aspiraciones, lo hicieron en beneficio de la causa común, en beneficio de un pueblo esperanzado y expectante.

Vivía yo en Praga en aquellos convulsos tiempos de su propia transición, cuando, no solo allí, sino también en Moscú y por otras capitales de la Europa de Este, tras la caída del muro de Berlín, se paseo una exitosa exposición itinerante sobre nuestra transición, a la que ponían voz, en conferencias repletas de políticos locales, algunos de nuestros protagonistas mas destacados, como Alfonso Guerra o el General Gutiérrez Mellado.
Veían, los europeos del Este, un ejemplo a seguir y se admiraban de que, tras la muerte de Franco, los españoles, con unos antecedentes inmediatos nada tranquilizadores, no nos hubiéramos liado otra vez a mamporros unos con otros.
Era de admirar que este “milagro” lo hubieran conseguido unos políticos con poca práctica política, pero sabiendo muy bien cuanto se jugaba el país en este empeño y la trascendencia de los acuerdos que se negociaban. El 25 de octubre de 1977, se firman los “Pactos de la Moncloa”, otro ejemplo de cordura y responsabilidad.
Si he citado estos importantes hechos, protagonizados por una clase política sin apenas experiencia pero con mucho sentido práctico, que nos gobernó hace treinta años, es solo para compararlo con la clase política actual.
El consensuado sistema electoral, posiblemente el único viable entonces, se ha demostrado imperfecto, además de inadecuado a la España de las autonomías, y necesitado de una urgente modernización. La peor consecuencia es, sin duda, entre otros malos frutos, el acceso a los puestos dirigentes de auténticos “profesionales de la política”, personas con nula o escasa formación académica, con nula o escasa experiencia profesional, es decir personas que sin mas mérito que saber medrar, se dedican a vivir de la política y a vivir muy bien y, no tienen reparo alguno en proclamar que, mientras buena parte del país lo pasa mal o muy mal, sus hijos acuden a centros de enseñanza privados, gastan cantidades escandalosas en redecorar despachos, tunear vehículos oficiales o viajes al extranjero sin sentido práctico, amen de colocar, bien colocados, a parientes muy próximos.
La llamada “sociedad civil” ha comprobado ya en demasiadas ocasiones el escaso valor de sus opiniones, incluso cuando por la defensa de una causa se han llegado a recoger tres millones de firmas. Nada, lo que se dice nada de nada. Bueno, dirán, pero cada cuatro años tenemos la oportunidad de elegir a quienes queremos que nos gobiernen. Otra falacia. Un partido puede resultar el más votado y que gobierne una coalición “postelectoral” de pequeños partidos de la más variada ideología, incluso hasta encarnizados oponentes antes de las elecciones, que se unen como por ensalmo solo “para que no gobierne el otro”.
Pero es que luego, sus formas de hacer política se basan en el “y tú más”. Por muy mal que estén haciendo las cosas, la respuesta a cualquier interpelación es que “los otros lo hicieron peor”. Nada de dar respuesta a las demandas de los ciudadanos, El objetivo es no bajarse del coche oficial.
En los denostados EEUU, cualquier cargo político de relevancia debe pasar un rigurosísimo control y aprobación parlamentaria. En ese mismo país, los senadores mantienen un contacto frecuente y muy próximo con sus electores a los que reciben y escuchan en sus demandas y pobre del político que no se mantiene fiel a su electorado,… ahí termina su carrera política.
Ahora, como ejercicio y derecho democrático, observemos a los políticos que nos representan. Veamos de cerca y con espíritu crítico si defienden lo que decían defender antes de las elecciones, si hacen lo que prometieron hacer y sobre todo si son para nosotros un ejemplo de honradez, trabajo, dedicación y solidaridad con las situaciones de los más necesitados. Veremos quien queda en pie para las próximas elecciones.

viernes, 30 de julio de 2010

La candidata

Por Jaime Rocha

Hace unos días vi en televisión la película “Candidata al poder” de Rod Lurie, protagonizada por Joan Allen, que narra la dura carrera de obstáculos que tiene que pasar una supuesta candidata a la Vicepresidencia de los Estados Unidos de América.
Sus adversarios políticos buscan en el pasado de la aspirante a la Vicepresidencia cualquier asunto turbio que pueda descalificarla ante sus posibles votantes. No cesan hasta encontrar algunos pecados de juventud.
El mensaje de la cinta es claro: aquella persona que aspire a ocupar un puesto en representación de sus conciudadanos debe aportar unos valores personales contrastados y, por el contrario, su vida pasada debe estar lo mas exenta posible de asuntos de los que deba avergonzarse.
No estamos en Estados Unidos, nuestra democracia ha devenido en una insoportable partitocracia, y de casi el cien por cien de nuestros candidatos a cualquier elección, apenas se tienen más datos que nombre y apellidos.
Los partidos políticos, en un alarde de desprecio hacia el elector, se limitan a presentar candidatos/as sin molestarse en presentárnoslos/as sin el elemental currículo, exigible ya en nuestra sociedad, a quien aspira a un puesta de trabajo, por sencillo que sea.
Van tan sobrados, tan seguros de si mismos, que parecen decir: “Esto es lo que hay. Si te gusta bien y si no, pues también.”
Ya va siendo hora de que los partidos políticos nos informen de a quién nos proponen para que les demos nuestro voto, necesitamos conocerlos hasta donde sea posible, cuáles son sus méritos para aspirar nada menos que a representarnos, qué han hecho por la sociedad, sus ideas, sus creencias (si las tienen), sus opiniones sobre cuestiones importantes que a todos nos atañen.
Quien aspira a ocupar un cargo de representación tiene que estar dispuesto a ser examinado con lupa por los ciudadanos y, llegado el momento, exponer con claridad y autentico compromiso, cuáles son sus intenciones, su programa, lo que ofrece hacer por mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos.
Ya se que nada de esto ocurre, que es vano el intento de saber algo sobre nuestros políticos profesionales. En la mayoría de los casos es inútil buscar en la Web oficial del partido, ni unos rasgos biográficos, nada que no sea relacionado con su “vida dentro del partido”, como “portavoz” o “concejal” o “delegado/a” de tal o cual cosa. Muy poca cosa y nada significativa.
Por no hacer las cosas con algo mas de trasparencia, ni siquiera se realizan primarias, lo que, aunque no sea garantía de nada, por lo menos, aquellos compañeros de partido que deben conocer al candidato/a le otorgan su confianza. Algo es algo.
El PSOE de Cádiz hace una propuesta, con muchas posibilidades de ser finalmente la candidata a la Alcaldía, para las próximas elecciones, su nombre: MARTA MELÉNDEZ. Será la portavoz de los concejales socialistas en el Ayuntamiento a partir de septiembre. A ver si a partir de entonces logramos saber algo mas que su nombre.

* La fotografía extraída del blog de Pepe Contreras