Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
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miércoles, 25 de mayo de 2011

Este país necesita una nueva izquierda

Por Carlos Fonseca

Publicado en El Confidencial (25/05/2011)

Los indignados del 15M se enfrentan a partir de la próxima semana, cuando concluya la acampada que mantienen en la Puerta del Sol, al dilema de convertirse en un movimiento organizado o diluirse tras haber sacado a la calle a decenas de miles de ciudadanos cabreados con la situación política y económica que vivimos. No es fácil que el descontento expresado en la calle se convierta en un movimiento que trascienda las jornadas de protesta para influir en la política del día a día, pero me parece imprescindible que lo haga.

En un país donde la participación de los ciudadanos en la política se limita a votar cada cuatro años; donde solo dos partidos tienen posibilidades reales de gobernar y el resto se resigna con rellenar mayorías; donde un Gobierno pretendidamente de izquierdas ha llevado a cabo el mayor recorte de derechos laborales de la democracia; donde la experiencia laboral es un estorbo, la sobrecualificación un problema y ser joven es sinónimo de precariedad, es necesaria una nueva izquierda que reivindique los valores a los que el PSOE ha renunciado y que IU es incapaz de canalizar, perdida en rencillas internas de poder que la han dejado inane.

El 15M puede ser el embrión de esa nueva izquierda inconformista, irreverente, reivindicativa y radical que defienda principios sin renunciar al pragmatismo necesario para conseguir que las instituciones representen de forma real, y no solo formal, la voluntad de los ciudadanos. La reforma del sistema electoral para que cada voto valga lo mismo, las listas abiertas o la exclusión de los imputados de las candidaturas son algunas de las numerosas propuestas que han acordado estos días en asamblea, y que ahora es necesario articular para que no se queden en meros enunciados. No sé si la fórmula es un nuevo partido, entiendo el temor de los indignados a ser engullidos por el sistema que critican, pero es necesario pasar de las palabras a los hechos para no quedarse en nada. El debate debe alumbrar la fórmula organizativa más adecuada sin temor a equivocarse.Sin prisas pero sin pausas y siendo conscientes de que lo andado hasta ahora ya es mucho.

Lo consiga o no, el 15M ha sido un rotundo éxito, digan lo que digan algunos políticos y medios de comunicación empeñados en medir el mismo por el porcentaje de abstención o de voto en blanco. ¡Como si la realidad se pudiera cambiar en una semana! Los indignados no han perdido las elecciones porque no se presentaban a ellas, ni pedían el voto para ninguna formación, y tampoco recomendaban la abstención, ni el voto nulo o en blanco. Reclaman una regeneración de la política para que el ciudadano participe de ella y deje de ser una mera mercancía. Es un grito de rebeldía y una advertencia del enorme descontento social con los partidos, y lo que eso supone de descrédito de la política. Nada más, y nada menos.

El desconcierto provocado en las filas de todos los partidos, a derecha e izquierda, es el principal termómetro de su éxito. La izquierda se ha mostrado condescendiente, pero tras la debacle electoral no ha dudado en señalar a los manifestantes como responsables en parte de su desastre. Como si reclamaran el voto cautivo y marcial, la fidelidad ciega del ciudadano acrítico que vota siglas aunque sea tapándose la nariz.

La derecha ha ido aún más allá y ha culpado a los acampados de ser parte de una estrategia de Alfredo Pérez Rubalcaba, el “Maquiavelo” del PSOE, para perjudicar electoralmente al PP (las concentraciones tienen lugar frente a la sede de la Comunidad de Madrid y no en La Moncloa, Esperanza Aguirre dixit), de “amasijo de delincuentes a las órdenes de lo más bajo de la izquierda española” y de ETA/Batasuna (César Vidal) o de antisistemas como sinónimo de zarrapastrosos. Han perdido el decoro y la vergüenza.

Basta con pasarse por la Puerta del Sol para darse cuenta de a quién representa el Movimiento 15M. Allí hay estudiantes, jóvenes en paro, trabajadores, padres con hijos y gente de edad unidos por un monumental cabreo hacia una clase política que crea más problemas que resuelve. Justo lo que más incomoda a quienes prefieren una sociedad dócil a otra crítica que no acepta sin más el obedece y calla.

Hasta el próximo miércoles

miércoles, 18 de mayo de 2011

España desolada: 101 razones para no votar ni a PSOE ni a PP

Por Nacho Cardero

Publicado en El Confidencial (18/05/2011)

Camps, Costa, Ripoll, Toledano, Valadez, Cuenca… Así hasta sumar una centena. De la Gürtel valenciana al cortijo andaluz, hay ciento una razones para no votar ni a PSOE ni a PP este 22 de mayo, tantas como imputados se presentan a las elecciones municipales y autonómicas. No hay excusas. Frente al derecho de los políticos a la presunción de inocencia también está el derecho de los ciudadanos a no ser tomados por tontos. Según una encuesta reciente, nueve de cada diez españoles piensan que las formaciones se mueven por intereses particulares, de equilibrio de poder, pongo a este candidato al frente de la lista porque controla el aparato, no por el interés de la sociedad. Si hubiera agencias de calificación para los partidos como las hay para la deuda soberana o las cajas de ahorros, a buen seguro que su nota no pasaría de bono basura.

Acaso por ser éste un país cuajado de pífanos y tramperos de baja estofa, nuestra clase política ha pasado de puntillas por los temas clave que preocupan a los ciudadanos. No sólo hay omertá respecto al mapa de la corrupción, esa piel de toro banderilleada por un sinfín de causas judiciales que tan gráficamente se muestra en la Red como ejemplo de la incuria de nuestra clase dirigente, sino que el pacto de silencio se extiende a otras materias que deberían haber sido verdadero objeto de debate en estos comicios, especialmente ahora que comienza a aparecer negro sobre blanco la situación insostenible de las arcas de ciudades y comunidades autónomas. ¿Alguien ha puesto sobre el tapete la conveniencia de suprimir las diputaciones? ¿O de evitar duplicidades de gasto en las administraciones? ¿Y qué dicen de la financiación municipal? ¿Y de la autonómica? ¿Quién ha hablado de la incapacidad de los ayuntamientos para ingresar o del déficit oculto de nuestras regiones?

Los candidatos han dispuesto de tiempo para hacerse la fotografía de rigor con los damnificados de Lorca y el bruñido trofeo de los campeones de Copa, pero no para dar soluciones a los problemas que están conduciendo a España hacia el abismo. Al socaire de estos hechos, cabe concluir que el nivel de estas elecciones es bajo, muy bajo, por no decir ínfimo.

Esta estrategia de dar la callada por respuesta, de la que son paradigma Mariano Rajoy (junto a su alter ego Pedro Arriola, inmarcesible gurú de Génova), por parte del PP, y Carme Chacón (de la mano de Miguel Barroso), por el lado del PSOE, dice mucho de la progresiva irrelevancia de nuestra clase política. Como explica el profesor Ludolfo Paramio en La globalización y el malestar en la democracia, “la desconfianza de los ciudadanos hacia los gobiernos y los partidos es consecuencia de su percepción de esta pérdida real de poder: la democracia seguirá siendo la mejor forma de gobierno, pero quienes gobiernan o aspiran a gobernar serán crecientemente irrelevantes”. Aunque la estrategia surta efecto, aunque sean unos candidatos eficientes, quizá buenos mandatarios si alcanzan el poder algún día, jamás se les colgará la medalla de hombres de Estado. No al menos para una minoría independiente y culta que no perdonará ni el silencio, ni la inacción, ni sus listas de imputados, ni la sumisión del interés general al particular en un contexto tan sombrío como el actual, del que sabemos su origen pero desconocemos su estación de término. Esa mancha no desaparece con una victoria en las generales. Al menos, no debería.

Son las formaciones minoritarias, con las que este diario no puede ocultar cierta afinidad por compartir verbo afilado e irreverente y por moverse al margen de la triada hegemónica que controla el país, caso de UPyD y Ciudadanos, las únicas que se atreven a encarar el problema de España sin complejos. Rosa Díez, líder de UPyD, lo hizo con una Proposición de Ley en el Congreso de los Diputados para dificultar la presencia de imputados en listas, en la que se incluía una modificación de la Ley Electoral, que no se ha podido discutir antes de los comicios del 22-M, como era su intención, por zancadillas de los dos grandes partidos. En la exposición de motivos de dicha PL, se argüía que “la presunción de inocencia no puede convertirse de modo abusivo, sin daño para la democracia, en una patente de corso que permite enrocarse en las instituciones públicas a los imputados por corromper su funcionamiento, utilizando para su defensa los medios materiales y jurídicos que la institución puede poner a su servicio, con lo que esto implica de mal uso de tales recursos, privatizados de hecho para servir a intereses personales, y de suspensión de la igualdad ante la ley mediante las ventajas de todo tipo de que pueden disponer los cargos públicos en contraste con los ciudadanos privados”.

La oposición a este tipo de iniciativas y el comportamiento abúlico y clientelista de los partidos, mezclado en caliente con las consecuencias devastadoras de la crisis laboral, ha provocado un divorcio entre la sociedad civil y la clase política sin parangón en la historia reciente del país. Los ciudadanos no se fían. Movimientos espontáneos un tanto anárquicos, en los que se mezclan bloggers y jóvenes con kufiya, como #nolesvotes o Democracia real ya, cultivados en Internet y promotores de las manifestaciones del domingo 15 y martes 17 de mayo, se encargan de poner voz a este malestar creciente. No se trata de tomar el Parlamento ni de quemar conventos, como pretextan las grandes formaciones para menospreciar este tipo de iniciativas, sino de la creciente necesidad de una sociedad civil fuerte sin adhesiones inquebrantables a blasones roídos.

El informe que mejor refleja el desencanto actual, de mención obligada entre los estudiosos de la cosa, es Pulso de España 2010. Un informe sociológico (Biblioteca Nueva, 256 páginas), que disecciona a los jóvenes de nuestro país, chicos amamantados en la Red que no se consideran ni conservadores ni progresistas, sino todo lo contrario. Este informe, coordinado por José Juan Toharia, presidente de de Metroscopia, catedrático de Sociología en la Autónoma de Madrid y director académico de la Fundación Ortega-Marañón, nos describe a un país hastiado, cansado, harto de su clase dirigente: “Los españoles anhelan el relevo de ambos partidos [PSOE y PP] por otro tipo de estilo de gobernar y de controlar al Gobierno (…) Los españoles no abominan de la política, sino del modo, generalmente ramplón, mediocre y mezquino en que suelen conducirse la mayoría de los políticos. De estos políticos”.

Lo que está sucediendo en este país evoca a Casa Desolada de Charles Dickens, en el que sus protagonistas acuden a los juzgados para dirimir un pleito que se prolonga en el tiempo generación tras generación, y que cuando finalmente Lord Canciller emite veredicto, ya nadie se acuerda del origen de la disputa, pues los que la iniciaron se encuentran dos metros bajo tierra y los vencedores no tienen nada que celebrar por una sencilla razón: todo el dinero que por ley les corresponde será para pagar las costas del sinfín de abogados que les han asesorado en tan dilatado período de tiempo.

Algo similar le sucederá a España, cuyas cuadernas crujen hasta casi romperse, si los dos grandes partidos se llaman andana y, arrinconados por una opinión pública crítica, no tratan de recuperar la confianza de los ciudadanos y de unos mercados que tampoco se fían de nuestra clase dirigente. Tanto PSOE como PP están condenados a hacerlo, a aprender de sus errores y adaptarse a una sociedad que va mucho más rápido que sus políticos. Ellos son los que nos gobernarán tras el 22-M y a ellos hay que pedirles transparencia, que castiguen la corrupción, que levanten la alfombra de las cuentas públicas, que digan la verdad, en definitiva, que tomen medidas para acabar con esta España exangüe y desolada. Está en sus manos.

jueves, 5 de mayo de 2011

El Foro de la Sociedad Civil propone auditar a los partidos para asegurar su transparencia

Publicado en El Confidencial (05/05/2011)

Transparencia y cuentas claras para los partidos políticos como si fueran empresas cotizadas. El Foro de la Sociedad Civil, asociación independiente que agrupa a más de un centenar de destacados representantes de la sociedad española y presidida por el ex ministro Ignacio Camuñas, pide que se redacte y apruebe una Ley Orgánica que establezca la necesidad de que, al igual que en las sociedades privadas, partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales estén obligados a auditar anualmente sus cuentas.

El Foro recomienda que dicha auditoría sea realizada por el Tribunal de Cuentas o por las entidades habilitadas para ello por el propio Tribunal, que estén debidamente homologadas y registradas. La auditoría tendría que hacerse necesariamente entre el cierre del ejercicio y el 30 de junio del año siguiente, y debería ser depositada en un registro especial del Tribunal de Cuentas, al que puedan tener acceso todos los ciudadanos, en una forma similar a lo que se hace con el Registro Mercantil.

La auditoría debería completar los siguientes términos:

a) La cuantía de las subvenciones directas e indirectas percibidas por los partidos políticos, los sindicatos y organizaciones empresariales por todos los conceptos.

b) El número de sindicalistas liberados total o parcialmente de su trabajo, y su coste para las empresas y administraciones públicas.

c) El número de empleados contratados por los partidos políticos en todo el territorio nacional y su coste.

d) Los préstamos que los partidos políticos hayan recibido de las entidades financieras, los intereses pagados por ellos, y el tiempo transcurrido hasta su cancelación.

La razón de nuestra propuesta

“En una situación de crisis económica como la que padece España en estos momentos, con más de 4 millones de parados, cuando el Gobierno ha anunciado reducciones en las pensiones y los sueldos de los funcionarios, cuando ha anunciado nuevos incrementos de impuestos, la sociedad española tiene derecho a una mayor transparencia sobre cómo se gasta el dinero de sus impuestos y el deber de exigirla”, explican desde el Foro.

“Por ello, parece absolutamente imprescindible garantizar una mayor transparencia sobre este capítulo del gasto público. Para ello, se debe conocer la cuantía y destino de las subvenciones, el número y coste de los liberados sindicales, y el número y coste de los empleados por los partidos políticos y por los sindicatos”.

jueves, 20 de enero de 2011

A los políticos de todos los partidos

Por Javier Benegas, experto en branding y comunicación. Publicado en El Confidencial (20/01/2010)

Las extraordinariamente graves circunstancias por las que atravesamos han hecho que los españoles alteremos el orden de nuestras prioridades. Más allá de sufrir por nuestro plato de garbanzos, lo que empieza a preocuparnos sobremanera es no tener ningún control sobre aquellos que nos gobiernan. Esta inquietud ha ganado fuerza de tal forma que somos cada vez más numerosos los que sospechamos que los políticos profesionales, la ausencia de mecanismos de control eficaces sobre el poder político y la crisis son partes de una misma ecuación; es decir, están íntimamente relacionados entre sí. Son causa y efecto.

A día de hoy, las conversaciones a pie de calle desbordan por completo los debates interesados que dominan los medios de información y las tertulias políticas televisivas. Y desde hace ya tiempo, no deja de aumentar el número de ciudadanos que juzgan con especial dureza la nula disposición de los partidos para reformar el actual modelo político y devolver el poder a quien siempre debió pertenecer: los ciudadanos.

Dentro de este nuevo escenario, las impresentables reformas económicas promovidas desde la nación política y al dictado de sus colegas foráneos, no sólo nos disgustan por su arbitrariedad e imposición -una vez a nuestras espaldas-, sino que resultan especialmente irritantes porque, además de ser injustas, suplantan a aquellas que de verdad son imprescindibles.Estando así las cosas, la prueba del algodón para cualquier partido político es comprobar si está presente en su programa el ineludible compromiso con la regeneración.
Esto es:
1.- Reforma de la Ley Electoral (control directo de los electores sobre los diputados).
2.- Reforma de la Justicia (separación de poderes).
3.- Reforma de la Ley de partidos (democratización interna).Todo partido que no las incluya en lo más alto de su programa no merece el calificativo de democrático y, por lo tanto, no está al servicio de los ciudadanos sino al de quienes anidan en él.

Señores políticos profesionales, sepan que entre los españoles se ha instalado la certeza de que se acabó el tiempo de los milagros y que lo peor está aún por llegar, y no existe telediario edulcorado capaz de abstraernos de esta dura realidad. Para colmo, somos muy conscientes de estar atrapados dentro de un sistema que tiene muy poco de democrático, y que nos impide ejercer nuestro derecho a influir en el curso de los acontecimientos. En consecuencia, las promesas de orden y eficacia que se nos ofrecen son del todo insuficientes; es más, ofenden nuestra inteligencia. No demandamos sólo orden y mejores gestores que puedan abordar reformas económicas más o menos ambiciosas, exigimos los mecanismos de control del poder que caracterizan a un sistema democrático. Ya dijo Tocqueville que ·una nación que no pide más que orden ya es esclava en el fondo de su corazón·. Y los españoles podemos parecer un pueblo servil y acomodado. Pero se trata de un cliché más de tantos que empezó a desmoronarse en el mismo instante en que se terminaron los días de vino y rosas. Lo cierto es que no nos gusta ser esclavos de nadie.

Cada día que pasa se hace más grande el abismo que separa a la nación política de la nación real. Y conviene recordar que es la segunda y no la primera la que sostiene este sistema. Sin esas tres reformas indispensables antes citadas, más tarde o más temprano el vínculo entre políticos y ciudadanos se extinguirá por completo, la desafección hacia el sistema será enorme y los ciudadanos, por simple instinto de supervivencia, trasladarán sus dineros, empleos y negocios a la clandestinidad. Y, entonces, ¿quién pagará tanta deuda pública, tanto puesto de libre designación, tanta tarifa al alza, tanto sueldo vitalicio, tanto tráfico de influencias y tanto coche oficial? ¿Declararán sus Señorías el Estado de Alarma y ordenarán a los militares que entren en las casas y busquen el dinero escondido en los colchones? * Javier Benegas es experto en branding y comunicación

martes, 21 de diciembre de 2010

PSOE y PP, prisioneros de sus propias contradicciones

Por José Luis González Quirós

Publicado en Cotizalia (21/12/2010)

Quienes hayan estudiado algo de lógica habrán oído hablar del dilema del prisionero, una situación que se produce cuando cualquiera que haya cometido una fechoría con ayuda de un cómplice se plantee de qué manera puede obtener el mejor trato de la justicia. Si cualquiera de ellos confiesa y su cómplice no, obtendrá la libertad y el cómplice será condenado; si ambos dicen la verdad, se les condenará a ambos, pero, si ambos lo negasen, obtendrían la libertad de manera casi inmediata. Cada uno de los dos sospechosos ha de escoger, por tanto, entre maximizar los beneficios conjuntos guardando silencio, o asumir el riesgo de obtener una larga condena por la traición del cómplice que solo busque su propia libertad.

Se trata de una situación que estudia la teoría de juegos y que da lugar a muy sutiles complicaciones, pero lo que de ella nos interesa es que, como sucede en la política, el destino conjunto de dos protagonistas con intereses contrapuestos está sometido a reglas que, en la medida que incorporan el cálculo sobre lo que hará el adversario, distan de ser enteramente simples. Si aplicamos el modelo a los dos grandes partidos españoles, está claro que ninguno de ellos se fía del otro, y eso les lleva a rechazar la fórmula de pacto de estado que la mayoría de sus votantes consideraría hoy día como la menos mala. Su enemistad radical, fuera ya del modelo formal del prisionero, tiene otros muchos inconvenientes que hacen que la política española se enfangue en una situación de confusión, desesperanza y recelo que no ayuda en nada a que los ciudadanos puedan vislumbrar salida a la crisis. Aunque casi todo el mundo tenga una idea precisa acerca de cómo se reparten las responsabilidades respectivas en este crimen conjunto, lo que es decisivo es que estamos prisioneros de una situación que admite muy pocas fórmulas de desbloqueo.

El PSOE está prisionero de su líder, de su proyecto personal: es la consecuencia de haber ensalzado hasta la nausea, como si se tratase de un genio de la política, a un personaje que ha sido fruto de la casualidad y que no ha resistido ni cinco minutos a la prueba de las dificultades. En esta situación, los socialistas no se atreven a rectificar porque temen que, a corto plazo, los resultados agudicen la devastación que ven en el horizonte, y están ensayando fórmulas más o menos mágicas y coyunturales: hacer como que Zapatero ya no está, amagar con Rubalcaba, como si un Fouché pudiese ganar alguna vez una competición con reglas, por mínimas que sean, o tratar de pasar el mal trago de las municipales y autonómicas y luego ya veremos.

El PP no es menos prisionero. Atado por sus contradicciones, no se atreve a formular con claridad políticas alternativas, y trata de presentarse como una solución más social que la de su adversario. Esta es una constante de la historia del PP, al menos de la de los últimos años, la ridícula pretensión de no ser menos que el PSOE que lleva a cometer verdaderos disparates en sus propuestas, en sus comentarios, en sus reacciones. Que los dirigentes del PP no sean capaces de caer en la cuenta de que esta conducta no hace sino abonar el caladero de votos de sus adversarios es realmente de aurora boreal.

El PP es prisionero también de una tradición escasamente democrática y, por supuesto, nulamente liberal. Dice que sus puertas están abiertas de par en par, pero es para no hacer nada, para que los ingenuos que se arriesguen a entrar puedan comprobar con gran asombro que han pasado a integrar el conjunto de habitantes de la casa deshabitada. El PP tendría que convocar en los próximos meses un Congreso ordinario para cumplir los Estatutos, pero no lo hará, porque lo de la democracia les suena a música celestial a buen número de sus dirigentes, especialmente si se les ocurre pensar que tal vez puedan estar a punto de alcanzar el paraíso de las poltronas.

Si no convoca el Congreso que debiera convocar es porque muchos dirigentes del PP temen que su puesto pueda peligrar si realmente el partido se tomase el trabajo de pensar seriamente en su papel y en dar ejemplo de democracia, de renovación, de rigor, de audacia. Como frente a esas virtudes, la infinita cohorte de los oportunistas y cucañeros se echan a temblar, lo más que puede suceder es que los gerifaltes improvisen alguna especie de Convención para que los beneficiados se harten de aplaudir.

Alguien podría pensar que los defectos de los partidos dependen de su ideología respectiva y no es así, del todo. Su falta de democracia interna es reflejo de la del vecino; su cesarismo es competitivo; su rigidez es respectiva. Lo que choca más es que el PP, que es el partido que debía velar por las libertades y ser más consciente de su pluralismo interno, se deje llevar por un caudillismo inexplicable y absurdo. En resumen, los españoles somos prisioneros de unas cúpulas políticas escasamente admirables, y que se resisten a cambiar con la excusa de proteger nuestros intereses.

José Luis González Quirós es analista político

miércoles, 6 de octubre de 2010

La democracia en los partidos

Por Javier Pradera

Publicado en El País (06/10/2010)

La elevada participación (el 81% del censo de socialistas madrileños) en la consulta interna del pasado domingo para elegir al candidato a la presidencia de la comunidad, que dio la victoria a Tomás Gómez sobre Trinidad Jiménez por casi cuatro puntos, muestra la fuerza de arrastre de las primarias cuando los militantes son invitados a tomar las decisiones colectivas. Pero el artículo 6 de la Constitución, según el cual la estructura y el funcionamiento interno de los partidos deberán ser democráticos, es interpretado por sus dirigentes no como un mandato vinculante, sino como una exhortación programática. Asociaciones voluntarias financiadas con dinero público, los partidos limitan el ejercicio de derechos fundamentales de sus afiliados como la libertad de expresión (para hacer públicas sus opiniones críticas), la libertad de asociación y reunión (para formar tendencias y corrientes dentro de las organizaciones), y la tutela judicial efectiva (para recurrir contra las sanciones disciplinarias).

Las primarias son convocadas rara vez en el PSOE (14 citas para las elecciones del próximo 22 de mayo) y no están ni se les espera en el PP (pese a los esfuerzos de Álvarez Cascos en Asturias); UPyD anuncia su propósito de aplicar en adelante sin restricciones ese procedimiento. Las elecciones internas partidistas importadas de Estados Unidos serían en España una vía democratizadora si esa práctica nacida en un sistema presidencialista lograse un acomodo dentro del régimen parlamentario y fuese exigible en todas las formaciones políticas. Al fin y al cabo, el artículo 23 de la Constitución reconoce el derecho de todos los ciudadanos a acceder en condiciones de igualdad a los cargos públicos y a participar en la vida política de manera directa o por medio de representantes electos.

La eventual generalización de las primarias tal vez ayudara a conseguir que los partidos no sean los bienes cuasipatrimoniales de unos dirigentes reproducidos por cooptación. Los porcentajes de afiliación partidista respecto a los votos ciudadanos son hoy raquíticos; el censo del PSM (18.000 afiliados) representa poco más del 1% de los ciudadanos que respaldaron al PSOE en las legislativas de 2008 (1.400. 000 personas).

Las primarias suelen ser acusadas de fracturar a los partidos y romper su unidad interna. Pero ese razonamiento invierte las relaciones de causa y efecto, presentando como semilla lo que es su fruto y como consecuencia lo que es su origen: en realidad, se limitan a sacar a la luz divisiones internas sofocadas por dirigentes que tratan de beneficiarse de su enterramiento. Sin duda, un torpe tratamiento de las primarias puede exasperar y crispar las discrepancias dentro de los partidos, pero en ningún caso las inventan.

La designación de Trinidad Jiménez por el presidente del Gobierno como cabeza de lista autonómica del PSOE y las presiones ejercidas en paralelo sobre Tomás Gómez para que renunciara a su candidatura fueron presentadas inicialmente como el mandato obligatorio de una encuesta -sin paternidad conocida- realizada 10 meses antes de los comicios de mayo que situaba a la ministra de Sanidad muy por delante del secretario general del PSM. Pero la resistencia de Tomás Gómez a dejarse torcer el brazo en ese pulso y su exigencia de que se celebrasen primarias -aceptada por el presidente Zapatero- hicieron cambiar el terreno del debate desde la demoscopia electoral a la mística de la unidad partidista. Dos pesos pesados del Gobierno, los ministros Blanco y Rubalcaba, irrumpieron como elefantes en cacharrería para culpar al secretario general de los socialistas madrileños por hacer el juego a la derecha y por ser el hombre que dijo 'no' a Zapatero.

La imprudente interferencia del presidente del Gobierno en el vidrioso proceso de la designación del candidato (máxime después de sus erróneas apuestas por Trinidad Jiménez en 2003 y por Miguel Sebastián en 2007 para la alcaldía de la capital) y su pifia como profeta del desenlace de las primarias le presentan como el gran derrotado por la victoria de Tomás Gómez. Sin embargo, no es ni el único ni el principal responsable de ese tropiezo, que refleja su pérdida de autoridad dentro del PSOE a medida que los sondeos le van siendo desfavorables. La asociación de maledicentes formada por los ministros Blanco y Rubalcaba conculcó con sus bastos ataques a Tomás Gómez las reglas de juego limpio. Y el aire risueño, dicharachero y meloso de la ministra de Sanidad, con sus adolescentes llamamientos a la ilusión y el apasionamiento en la vida política, fue neutralizado por el bregado, opaco y discreto ex alcalde de Parla. De aquí al 22 de mayo de 2011 tirios y troyanos tendrán la oportunidad de curar las heridas abiertas en esta batalla, a menos que la pasión les ciegue.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿ NOS ENGAÑAN NUESTROS POLÍTICOS? por Jaime Rocha

Publicado en el Diario de Cádiz, el día 3 de diciembre de 2009.
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Decir que España no funciona como país, no resulta original a estas alturas. Estamos hartos de oír y decir: “la Justicia es lenta, luego no es justa”, “la Educación necesita con urgencia un Pacto de Estado”, “nuestros militares en “misiones de paz” deben estar mejor equipados”, “batimos récords mundiales de paro”, “la corrupción esta generalizada”… y tantas otras cosas, en mente de todos, manifiestamente mejorables.
Abría que añadir, sin pretensión de originalidad, que la Democracia, en nuestro país, tampoco funciona. Cuando un partido político, tras un proceso electoral, obtiene la confianza mayoritaria de los ciudadanos, se dice, y es verdad, que gobierna aplicando el rodillo. Por el contrario, si el resultado de las elecciones no concede a un determinado partido la posibilidad de gobernar en solitario, empieza el baile político, cada cual busca pareja y llegan a pactos que hacen posible la gobernabilidad.
Esto sucede a todos los niveles y en todas las administraciones y es, hasta cierto punto correcto. Si una formación política expone claramente su programa, sin animo de engaño, y su victoria no es suficiente, debe buscar aliados, pero aliados que se aproximen y acepten las líneas programáticas mas importantes.
Lo ideal serian unas alianzas preelectorales, que cada elector conociera de antemano lo que vota, pero eso aquí es imposible, las distancias ideológicas y de intereses entre partidos es tan importante que lo hacen inviable.
Lo que sucede después es sencillamente un engaño a la ciudadanía. Los pactos postelectorales, considerando lo dicho más arriba, son simples pactos de conveniencia, pactos donde partidos políticos con programas e idearios totalmente opuestos, se unen para aprobar leyes que nos afectan a todos y en la que, generalmente, es el pequeño partido el que impone desmesuradas condiciones.
Se echa de menos a Julio Anguita y su famoso: “Programa, programa, programa”, se podía no estar de acuerdo con él, pero la coherencia y responsabilidad ante sus votantes eran dignas de admiración. Eso hoy no existe.
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros” decía Groucho Marx, y esa es la norma ahora en España. Se cambian programas y principios por votos o dinero y se llega a alianzas absolutamente incomprensibles y contra natura. Ya todo vale con tal de sacar adelante unos Presupuestos o una ley.
Pongamos por caso que Vd., o yo, hemos votado al PSOE, es solo una suposición, en la últimas elecciones generales, y que, siendo, como somos, personas responsables, hemos leído los distintos programas, al menos en sus líneas maestras. Después de eso, responsablemente, hemos decidido votarles, y lo mismo que nosotros, otros once millones de españoles. Pues bien, sin saber porque, haciendo uso de esa mayoría y por conveniencia política, se busca unos aliados, que casi caben en un taxi, y se sacan de la chistera una “Ley de la despenalización del aborto” que nadie, salvo los del taxi, habían pedido. “Pero, oiga, ¿y sus electores? No estaban informados de esas intenciones, para el caso de que ya las tuvieran”. “No importa, quedan todavía dos años para las generales, para entonces ya se han olvidado”.
Así nos va. Prometen, ofrecen, hacen programas y nos juran por lo que haga falta que si ganan cumplirán escrupulosamente lo pactado. Luego….ya vemos como se comportan, y fían su futuro electoral a nuestra mala memoria.
Muchos de estos males de nuestra democracia, que la desvirtúan hasta extremos de hacerla irreconocible como tal, tendrían remedio si los dos grandes partidos llegaran a un acuerdo que permitiera modificar la actual Ley Electoral. Soñar es gratis.
Esto no sucederá, y esta pésima ley tendrá aun larga vida. Los dos grandes partidos, salvo fenómenos imprevisibles, tienen asegurada la alternancia y, como las mayorías absolutas son difíciles de alcanzar, los pequeños partidos, los separatistas o los del taxi, encantados de una situación que les permite hacer su voluntad ejerciendo el viejo sistema del chantaje. ¡Bonito panorama para un país que se dice moderno¡
Creo recordar que fue Alfonso Guerra quien certificó la muerte de Montesquieu en nuestro país y no le faltaba razón. Asistimos atónitos, bueno por lo que se ve solo algunos, a la concentración del poder en unas solas manos, las del Gobierno, y eso tiene otro feo nombre.
El Poder Legislativo ejerce sus funciones a base de pactos y mas pactos del Gobierno, ahora con estos, mañana con los otros, no importa quienes sean ni sus objetivos (a veces la desmembración de España), es la conveniencia del momento de quien manda. ¿Control al Gobierno? ¿Quién se lo cree?
El Poder Judicial está absolutamente contaminado. Sus órganos rectores, sus altos tribunales son nombrados por los propios partidos en función de su representación parlamentaria y resulta cada vez mas evidente y descarado que quienes deberían ejercer como Poder del Estado no lo hacen y se limitan a seguir las directrices del Gobierno de turno.
¿Y el cuarto poder? Tampoco. Los grupos editoriales independientes casi no existen. Podemos elegir ver una televisión o leer un periódico sabiendo siempre de antemano lo que nos va a decir, hacia donde inclinan sus opiniones, quien está detrás.
Afortunadamente en todos los casos existen honrosas excepciones. Aun quedan españoles dignos y honrados, políticos, jueces, periodistas y en todas las profesiones, pero el Sistema está viciado y ahoga, casi hasta la asfixia, a las buenas gentes.

lunes, 30 de agosto de 2010

LA PRECAMPAÑA por Jaime Rocha

Una consecuencia directa, que sería positiva, de la agobiante crisis económica que padecemos en España, ha sido el acuerdo al que han llegado los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, de reducir a la mitad la duración de las Campañas Electorales.
Pero ese optimismo, en realidad, no tiene ninguna base real. La Campaña Oficial, si quieren, se puede hasta eliminar, y no pasaría nada, por la sencilla razón de que existe en nuestro país una cosa llamada “Precampaña” es decir un periodo de tiempo "inmediatamente" anterior a la Campaña oficial.
Dice la sabiduría popular española: “Hecha la Ley, hecha la trampa”, y, son precisamente los encargados de legislar y hacer cumplir lo legislado, los primeros en burlar lo que ellos mismos han decretado.
Las limitaciones, de cara a la galería (nosotros, los ciudadanos), impuestas a la campaña electoral, aun en el supuesto de que se cumplan, que esa es otra, quedan ampliamente superadas por la Precampaña.
La Precampaña, no tiene límite de tiempo, ni de gasto, ni de nada, en realidad, llamando a las cosas por su nombre, nuestros políticos están permanentemente en Campaña Electoral. No es que las elecciones que nuestras leyes contemplan, es decir, Generales, Autonómicas y Locales, se escalonen y distancien en el tiempo de forma que, prácticamente cada año tengamos una cita con las urnas, aun no hemos llegado a eso, aunque todo se andará.
Lo que ocurre, es que nuestros políticos, habitualmente y de forma exhaustiva, no hacen un gesto, ni una declaración, ni un acto político, cuyos dos únicos objetivos no sean: por una parte el desprestigio de la oposición política, y por otra el ensalzamiento propio.
Propongo al lector un sencillo ejercicio comprobatorio: Coja un periódico cualquiera de información general, de cualquier día de la semana, y con dos colores destaque, en uno, lo que suponga un ataque directo a otro partido y en otro, lo que suponga de autoalabanza, en las declaraciones que en ese día hayan realizado los políticos de uno y otro signo. Les garantizo que no se verán defraudados.
Pero hay más. Lean una crónica cualquiera de un pleno municipal, o las intervenciones parlamentarias de los miércoles, día establecido para que los partidos de la oposición hagan sus preguntas al Gobierno. Uno pregunta una cosa, sobre la materia que sea, y el otro responde algo que en nada se corresponde con la cuestión planteada. Y así el tema se eterniza y ninguno hace otra cosa que intentar la descalificación del oponente, recordándole sus errores pasados y tratando de ocultar los propios actuales.
Esa es la forma de hacer política de nuestros políticos y cuando se acerca la fecha electoral, se inaugura, aunque sea por tercera vez, una obra publica, incluso aunque su realización corresponda a otra administración (metro de Madrid o terminal T-4 de Barajas). A veces, a falta de algo que inaugurar, sirve una primera piedra de una obra largamente esperada y que, en el mejor de los casos, habrá que seguir esperando, porque la distancia en el tiempo entre la primera y la segunda piedra, no está establecida.
Todo esto, que para nada es exagerado, se corresponde con esa campaña electoral permanente en la que vivimos. Pero, por si acaso, y en vista de lo mal que pintan las encuestas, los grandes partidos se han apresurado a limitar, incluso en las cadenas de televisión privadas, los espacios disponibles para los pequeños partidos…no vaya a ser que tengamos alguna sorpresa.

viernes, 30 de julio de 2010

La candidata

Por Jaime Rocha

Hace unos días vi en televisión la película “Candidata al poder” de Rod Lurie, protagonizada por Joan Allen, que narra la dura carrera de obstáculos que tiene que pasar una supuesta candidata a la Vicepresidencia de los Estados Unidos de América.
Sus adversarios políticos buscan en el pasado de la aspirante a la Vicepresidencia cualquier asunto turbio que pueda descalificarla ante sus posibles votantes. No cesan hasta encontrar algunos pecados de juventud.
El mensaje de la cinta es claro: aquella persona que aspire a ocupar un puesto en representación de sus conciudadanos debe aportar unos valores personales contrastados y, por el contrario, su vida pasada debe estar lo mas exenta posible de asuntos de los que deba avergonzarse.
No estamos en Estados Unidos, nuestra democracia ha devenido en una insoportable partitocracia, y de casi el cien por cien de nuestros candidatos a cualquier elección, apenas se tienen más datos que nombre y apellidos.
Los partidos políticos, en un alarde de desprecio hacia el elector, se limitan a presentar candidatos/as sin molestarse en presentárnoslos/as sin el elemental currículo, exigible ya en nuestra sociedad, a quien aspira a un puesta de trabajo, por sencillo que sea.
Van tan sobrados, tan seguros de si mismos, que parecen decir: “Esto es lo que hay. Si te gusta bien y si no, pues también.”
Ya va siendo hora de que los partidos políticos nos informen de a quién nos proponen para que les demos nuestro voto, necesitamos conocerlos hasta donde sea posible, cuáles son sus méritos para aspirar nada menos que a representarnos, qué han hecho por la sociedad, sus ideas, sus creencias (si las tienen), sus opiniones sobre cuestiones importantes que a todos nos atañen.
Quien aspira a ocupar un cargo de representación tiene que estar dispuesto a ser examinado con lupa por los ciudadanos y, llegado el momento, exponer con claridad y autentico compromiso, cuáles son sus intenciones, su programa, lo que ofrece hacer por mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos.
Ya se que nada de esto ocurre, que es vano el intento de saber algo sobre nuestros políticos profesionales. En la mayoría de los casos es inútil buscar en la Web oficial del partido, ni unos rasgos biográficos, nada que no sea relacionado con su “vida dentro del partido”, como “portavoz” o “concejal” o “delegado/a” de tal o cual cosa. Muy poca cosa y nada significativa.
Por no hacer las cosas con algo mas de trasparencia, ni siquiera se realizan primarias, lo que, aunque no sea garantía de nada, por lo menos, aquellos compañeros de partido que deben conocer al candidato/a le otorgan su confianza. Algo es algo.
El PSOE de Cádiz hace una propuesta, con muchas posibilidades de ser finalmente la candidata a la Alcaldía, para las próximas elecciones, su nombre: MARTA MELÉNDEZ. Será la portavoz de los concejales socialistas en el Ayuntamiento a partir de septiembre. A ver si a partir de entonces logramos saber algo mas que su nombre.

* La fotografía extraída del blog de Pepe Contreras