Por Jose Manuel Romero
Publicado en El País (12/04/2011)
Dos años después de que un exconcejal del PP de Majadahonda destapara la trama de corrupción masiva vinculada al partido de Mariano Rajoy y José María Aznar, solo se ha abierto juicio oral contra quienes investigaron o denunciaron los hechos. Los culpables de la rapiña, empresarios y políticos, siguen esperando a que los tribunales resuelvan sus múltiples recursos, que ralentizan la investigación hasta hacerla casi inviable.
El juez del Supremo Alberto Jorge Barreiro abrió ayer juicio oral contra el magistrado Baltasar Garzón por un supuesto delito de prevaricación al ordenar escuchas en la cárcel a los abogados de los cabecillas de la red Gürtel a sabiendas de que no podía hacerlo. Su veredicto no es unánime en la carrera judicial. Ni mucho menos.
El juez que instruye desde hace dos años este caso en Madrid, Antonio Pedreira, que prorrogó las escuchas en la cárcel, entiende que es posible ordenar grabaciones en prisión aunque no se trate de casos de terrorismo. "La profesión de la abogacía es digna, pero no puede disfrutar de privilegios discriminatorios frente a otras profesiones. De la misma forma que se puede adoptar la medida motivada de entrada y registro en despachos profesionales, se puede de forma motivada acordar la intervención de comunicaciones", señala.
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló las escuchas en la cárcel en un auto acordado por dos magistrados con el voto particular de un tercero, José Manuel Suárez Robledano, quien argumentó así su apoyo a la intervención de las comunicaciones a los abogados: "Pensemos que un interno en prisión preventiva se concierta con su abogado para que transmita -y eso nunca es derecho de defensa sino otra cosa muy diferente- y para que dé instrucciones de matar a una persona o hacer desaparecer el cadáver de la persona asesinada o para facilitar el blanqueo de dinero sucio procedente del tráfico de drogas, de la prostitución ilegal o del tráfico de influencias. La inmunidad absoluta que se da en esos casos a la confidencialidad en el locutorio impediría la prevención e investigación y acaso hasta la comisión de delitos contra la vida o de otros considerados siempre con la categoría de graves en el Código Penal Vigente". Pese a los argumentos de los jueces Pedreira y Suárez Robledano ha habido otros que consideran ilegales las escuchas. Y un magistrado del Supremo, Alberto Jorge Barreiro, que señala que Garzón grabó a los abogados a sabiendas de que la ley se lo impedía por lo que ahora abre juicio oral a través de un auto casi condenatorio: "Con la finalidad de obtener información de relevancia para el proceso que no tenía la seguridad de poder obtener mediante la utilización de medios lícitos, el magistrado acusado [Garzón] decidió acceder libremente a las conversaciones confidenciales que mantuvieran los internos con sus abogados...".
Los que denunciaron al juez por las escuchas ilegales pretenden que toda la investigación se anule y que las pruebas principales de la corrupción queden en nada. Sin embargo, antes de la orden judicial de intervenir las comunicaciones en la cárcel de los jefes corruptos con sus abogados, el juez Baltasar Garzón llevaba seis meses recabando pruebas del cohecho, del tráfico de influencias, del blanqueo de dinero y de la malversación de fondos públicos en las comunidades de Madrid, Valencia, Castilla y León y Galicia, todas gobernadas por el PP.
El juez Garzón es la segunda persona sin relación con la trama de corrupción que será juzgada por este caso antes que se haga lo mismo con los culpables de la red de rapiña. El otro acusado que ya se ha sentado en el banquillo sin tener trato con la red de Francisco Correa es el portavoz socialista valenciano. Ángel Luna, que espera sentencia por el supuesto delito de haber mostrado en el Parlamento un informe policial bajo secreto de sumario que denunciaba la corrupción y que había sido publicado por los medios de comunicación cinco meses antes.
Es la justicia al revés.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
miércoles, 13 de abril de 2011
Sospechando del talento
Por Miguel Ángel Aguilar
Publicado en El Páis (12/04/2011)
Indiscutible la importancia del talante, aunque no solo del talante vive la política. Puede que el talante sea condición necesaria pero desde luego no suficiente. Porque además hace falta el contraste de la experiencia, la preparación, el dominio de lenguas, la competencia probada en algún área profesional y el talento. Esas condiciones deberían dibujar el perfil exigible a los integrantes de las candidaturas, que los partidos contendientes se afanan ahora en confeccionar para la convocatoria de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo.
Pero el examen de las que se van presentando confirma que los parámetros empleados para esta comprometida selección difieren de modo notable. Queda claro que prima la docilidad, la sumisión, la adhesión inquebrantable del propuesto. Es decir, que el reclutamiento más probable se circunscribe a quienes acreditan comportamientos susceptibles de inspirar confianza en los dirigentes con potestad para hacer la lista. Según el conocido ortegajo estamos ante el esquema del ejemplar y sus dóciles
La decisión sobre las candidaturas se toma en el ámbito cerrado de las cúpulas partidarias. Sabemos que deberán atenerse a una determinada proporción de hombres y de mujeres, que ofrecerán una mixtura de edades y que combinarán experiencia y renovación. Pero toda esa alquimia es compatible con la aversión instintiva al talento, siempre sospechoso, más aún si reencarna en gentes con criterio, fuera de la domesticidad de los sin base de sustentación propia, independiente de la voluntad del designador. Porque cunde el temor de que deriven en incontrolados, imposibles de ser aniquilados. Si de los nombres pasamos a las promesas, de aquella, según la cual los nuestros pudiera ser que metieran la pata pero en ningún caso la mano, es imposible encontrar rastro alguno.
Vale que en el empleo cuanto más humilde y peor remunerado mayor sea la exigencia de honradez, de informes favorables, incluido el certificado de penales. Pero esa regla salta cuando se trata de las altas responsabilidades empresariales, confiadas muchas veces a los mismos que nos llevaron al precipicio, recipiendarios de bonus exorbitantes fuera de discusión. Y tampoco parece regir para el oficio de la política. Véanse las listas de candidatos para confirmar cómo en ellas ha encontrado asiento una porción significativa de justiciables.
Nada une más que un hurto a medias. Por eso, los imputados están mereciendo grande consideración. De su contento depende que mantengan el hermetismo conveniente. De su despecho, que se desate la temida locuacidad. El caso más notable es el de Valencia, donde campea el presidente de la Generalidad, Francisco Camps. Se le diría imbuido del mismo espíritu que rezumaba en los banderines de enganche de la Legión extranjera, en sus años fundacionales. Allí a nadie se le preguntaba por su conducta anterior. Se confiaba al ardor guerrero la redención, si fuera necesaria, de sus delitos, en pago por haber salvado la civilización cristiana y occidental. Luego vendría el desfilar a 160 pasos por minuto, echando siempre la cabra por delante, y las aclamaciones del público agradecido. De modo que, conforme al artículo cuarto del Credo Legionario, "a la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea" -en Gürtel, en la sastrería Forever Young, en el aeropuerto sin aviones de Castellón, en las pingües comisiones por la visita del Papa-, "acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio". Ese es "el espíritu de unión y socorro" que une a los implicados levantinos. Claro, tampoco aporta consuelo alguno que los partidos en liza jueguen al "y tú más" y piensen que los errores del contrario indultan los propios.
Mariano Rajoy se muestra convencido de que dejándose ir será arrumbado por el viento de la crisis hasta la playa de la Moncloa. Nada tiene que decir. Prefiere recoger en Ponferrada el premio periodístico Micrófono de Oro, tan merecido por su incomparecencia ante los medios de comunicación, antes que poner orden en el griterío de los manifestantes empeñados en tergiversar la convocatoria de las víctimas del terrorismo y derivarla contra el Gobierno. Sin atender a que haya sido el que más terroristas ha detenido y el que más ha reducido la capacidad operativa de ETA. Al presidente Zapatero no se le deja salir. A Rubalcaba se le declara objetivo a destruir.
"¡La fortuna que nos ha costado mantener a Gandhi pobre!", señalaba certera la poetisa Sarajoni Devi, integrada en su círculo intelectual más íntimo. Pues, del mismo modo, nos correspondería ahora a nosotros cifrar en una exclamación el derroche energético que nos cuesta mantener a Rajoy inmóvil.
Publicado en El Páis (12/04/2011)
Indiscutible la importancia del talante, aunque no solo del talante vive la política. Puede que el talante sea condición necesaria pero desde luego no suficiente. Porque además hace falta el contraste de la experiencia, la preparación, el dominio de lenguas, la competencia probada en algún área profesional y el talento. Esas condiciones deberían dibujar el perfil exigible a los integrantes de las candidaturas, que los partidos contendientes se afanan ahora en confeccionar para la convocatoria de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo.
Pero el examen de las que se van presentando confirma que los parámetros empleados para esta comprometida selección difieren de modo notable. Queda claro que prima la docilidad, la sumisión, la adhesión inquebrantable del propuesto. Es decir, que el reclutamiento más probable se circunscribe a quienes acreditan comportamientos susceptibles de inspirar confianza en los dirigentes con potestad para hacer la lista. Según el conocido ortegajo estamos ante el esquema del ejemplar y sus dóciles
La decisión sobre las candidaturas se toma en el ámbito cerrado de las cúpulas partidarias. Sabemos que deberán atenerse a una determinada proporción de hombres y de mujeres, que ofrecerán una mixtura de edades y que combinarán experiencia y renovación. Pero toda esa alquimia es compatible con la aversión instintiva al talento, siempre sospechoso, más aún si reencarna en gentes con criterio, fuera de la domesticidad de los sin base de sustentación propia, independiente de la voluntad del designador. Porque cunde el temor de que deriven en incontrolados, imposibles de ser aniquilados. Si de los nombres pasamos a las promesas, de aquella, según la cual los nuestros pudiera ser que metieran la pata pero en ningún caso la mano, es imposible encontrar rastro alguno.
Vale que en el empleo cuanto más humilde y peor remunerado mayor sea la exigencia de honradez, de informes favorables, incluido el certificado de penales. Pero esa regla salta cuando se trata de las altas responsabilidades empresariales, confiadas muchas veces a los mismos que nos llevaron al precipicio, recipiendarios de bonus exorbitantes fuera de discusión. Y tampoco parece regir para el oficio de la política. Véanse las listas de candidatos para confirmar cómo en ellas ha encontrado asiento una porción significativa de justiciables.
Nada une más que un hurto a medias. Por eso, los imputados están mereciendo grande consideración. De su contento depende que mantengan el hermetismo conveniente. De su despecho, que se desate la temida locuacidad. El caso más notable es el de Valencia, donde campea el presidente de la Generalidad, Francisco Camps. Se le diría imbuido del mismo espíritu que rezumaba en los banderines de enganche de la Legión extranjera, en sus años fundacionales. Allí a nadie se le preguntaba por su conducta anterior. Se confiaba al ardor guerrero la redención, si fuera necesaria, de sus delitos, en pago por haber salvado la civilización cristiana y occidental. Luego vendría el desfilar a 160 pasos por minuto, echando siempre la cabra por delante, y las aclamaciones del público agradecido. De modo que, conforme al artículo cuarto del Credo Legionario, "a la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea" -en Gürtel, en la sastrería Forever Young, en el aeropuerto sin aviones de Castellón, en las pingües comisiones por la visita del Papa-, "acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio". Ese es "el espíritu de unión y socorro" que une a los implicados levantinos. Claro, tampoco aporta consuelo alguno que los partidos en liza jueguen al "y tú más" y piensen que los errores del contrario indultan los propios.
Mariano Rajoy se muestra convencido de que dejándose ir será arrumbado por el viento de la crisis hasta la playa de la Moncloa. Nada tiene que decir. Prefiere recoger en Ponferrada el premio periodístico Micrófono de Oro, tan merecido por su incomparecencia ante los medios de comunicación, antes que poner orden en el griterío de los manifestantes empeñados en tergiversar la convocatoria de las víctimas del terrorismo y derivarla contra el Gobierno. Sin atender a que haya sido el que más terroristas ha detenido y el que más ha reducido la capacidad operativa de ETA. Al presidente Zapatero no se le deja salir. A Rubalcaba se le declara objetivo a destruir.
"¡La fortuna que nos ha costado mantener a Gandhi pobre!", señalaba certera la poetisa Sarajoni Devi, integrada en su círculo intelectual más íntimo. Pues, del mismo modo, nos correspondería ahora a nosotros cifrar en una exclamación el derroche energético que nos cuesta mantener a Rajoy inmóvil.
martes, 12 de abril de 2011
Sobre cómo evitar la "inminente" intervención de España
Por Alberto Artero
Publicado en Cotizalia (12/04/2011)
Sorprende el revuelo causado ayer por el artículo de Wolfang Münchau en Financial Times en el que, en contra del sentir ahora mayoritario, anticipa una intervención de la economía española más antes que después. Siendo su opinión más fundada que la de cualquier otro analista, no en vano Europa es su especialidad, el hecho de que su análisis se centre en los riesgos derivados para la banca de su exposición inmobiliaria hace que pierda frescura.
1.- No aporta nada que no se sepa ya y, sin embargo, omite particularidades como el peso de la economía sumergida, la transferencia de renta entre las familias, nuestro particular sistema de garantías, el control de la oferta de pisos por parte de la banca española, el provisionamiento ya realizado por la misma o la exposición internacional de sus dos principales actores, entre otros.
2.- Apunta a un incremento de la morosidad hipotecaria por el aumento del Euribor, a una caída pico suelo de los precios de los inmuebles del 50% o al exceso de inventario residencial para concluir que una situación a la irlandesa es inevitable, siendo las necesidades financieras derivadas de la ayuda a bancos y cajas las que actuarán como catalizador para la solicitud de auxilio de nuestros gobernantes.
Servidor no comparte su tesis que olvida que no somos dueños de nuestras políticas desde mayo de 2010. De toda la pieza me quedo, por su clarividencia, con el final del último párrafo que refleja bien a las claras la dinámica de arreones que ha caracterizado la acción de nuestro ejecutivo hasta ahora: "el elevado número de declaraciones oficiales que afirman que España es segura, es prueba de la complacencia que ha caracterizado la crisis europea desde su inicio". Pequeños logros se venden como grandes conquistas y son seguidos de periodos de inacción hasta que los mercados vuelven a encender las alarmas.
Necesidad de establecer una hoja de ruta
De ahí que sea importante, para evitar caer en dicha tentación de mirarse el ombligo, fijar una hoja de ruta que sirva como referencia estratégica para salir de la coyuntura actual. Es lo que hicieron el pasado uno de diciembre McKinsey y Fedea al presentar un documento llamado Una Agenda de Crecimiento para España (que se puede descargar aquí). Un estudio imprescindible que, la crisis de los controladores que estalló dos días más tarde y el guirigay que produjo el Transforma España de la Fundación Everis, sumió en un profundo ostracismo del que merece la pena ser rescatado ahora.
114 páginas que buscan identificar motores de crecimiento sostenido para España con el objetivo de crear entre uno y tres millones de puestos de trabajo gracias al establecimiento de "un círculo virtuoso de productividad, competitividad y, por ende, de una mayor capacidad para captar demanda externa y generar una demanda interna sostenible y no basada en el endeudamiento creciente" (del Resumen Ejecutivo). Este es el post de presentación que le dedicó Luis Garicano en Nada es Gratis.
Aunque no se indique expresamente, da la sensación que el informe se basa en la necesidad, al calor del auge productivo de los países emergentes, de que España se sitúe en los extremos de la denominada Smiling Curve de la cadena de valor añadido: generación de ideas y prestación de servicios, lo que implícitamente pasa por renunciar, si no totalmente sí parcialmente, a nuestra decadente tradición industrial (en términos de contribución al PIB).
Identificación de dos motores de crecimientoAsí, dos son los motores de crecimiento que los autores identifican:
1.- Bienes exportables y turismo que deberían actuar como esos "motores de arranque" que permitan estabilizar esa deficitaria balanza comercial a la que también alude Münchau. Identificar nuevas fuentes de demanda, promover diferenciación e innovación, mejorar la competitividad en costes y propiciar la consolidación/colaboración entre empresas serían los cuatro ejes principales alrededor de los cuales giraría esta iniciativa. En términos de factores productivos supondría aprovechar recursos naturales, mano de obra existente y capacidad instalada e impulsar innovación o capital tecnológico y el compromiso de la Administración.
2.- Servicios Empresariales, esto es: tecnologías de la información, servicios jurídicos, desarrollos vinculados a Internet. Pese a las buenas condiciones de trabajo en España y el teórico aumento del nivel educativo de nuestros profesionales, la creación de empleo en estos segmentos ha sido un tercio del europeo en los últimos años. En este caso concreto se trataría de aprovechar las posibilidades que abre a España el traslado de buena parte de la actividad económica real al mundo virtual, así como los procesos de deslocalización de servicios que este cambio de paradigma permite.
¿En qué se concreta esto? Los autores identifican hasta siete grandes temas "alrededor de los cuales estructurar un cambio radical de políticas para potenciar el crecimiento sostenible", alguno de los cuales ha empezado ya a concretarse; a saber: apoyo a las exportaciones, consolidación empresarial, reforma del mercado de trabajo con especial énfasis en la negociación colectiva, fomento de la formación profesional y la especialización laboral, simplificación administrativa, ayudas a la innovación e incentivos a la reasignación de recursos productivos. Un compendio de medidas, en palabras de Garicano, "sectoriales y transversales" que, de acuerdo con experiencias similares de otros países, requiere de cooperación público-privada, planificación temporal y supervisión objetiva.
¿Problema principal? Que, como dicen los autores, su implantación requiere de la valentía de la Administración para crear un entorno favorable que permita al sector privado "asumir el riesgo y la iniciativa necesarias para llevar este programa a cabo". Hasta ahora no ha sido así. ¿Cambiará ahora? Está por ver; ése es el mayor riesgo a sus propuestas. Pero, si perdemos la esperanza, ¿qué nos queda? "Visión, liderazgo, rigor. España está en una situación crítica pero el crecimiento es posible. Hay cosas que pueden y deben cambiar de forma inmediata para construir los cimientos necesarios para dicho crecimiento". Así acaba el Resumen Ejecutivo, la parte más árida de un texto muy bien documentado. Münchau tiene todas las papeletas de perder frente a 47 millones de españoles. Será cuestión de, al menos, comenzar con decisión el combate, ¿no creen? Por falta de ideas que no sea.
Publicado en Cotizalia (12/04/2011)
Sorprende el revuelo causado ayer por el artículo de Wolfang Münchau en Financial Times en el que, en contra del sentir ahora mayoritario, anticipa una intervención de la economía española más antes que después. Siendo su opinión más fundada que la de cualquier otro analista, no en vano Europa es su especialidad, el hecho de que su análisis se centre en los riesgos derivados para la banca de su exposición inmobiliaria hace que pierda frescura.
1.- No aporta nada que no se sepa ya y, sin embargo, omite particularidades como el peso de la economía sumergida, la transferencia de renta entre las familias, nuestro particular sistema de garantías, el control de la oferta de pisos por parte de la banca española, el provisionamiento ya realizado por la misma o la exposición internacional de sus dos principales actores, entre otros.
2.- Apunta a un incremento de la morosidad hipotecaria por el aumento del Euribor, a una caída pico suelo de los precios de los inmuebles del 50% o al exceso de inventario residencial para concluir que una situación a la irlandesa es inevitable, siendo las necesidades financieras derivadas de la ayuda a bancos y cajas las que actuarán como catalizador para la solicitud de auxilio de nuestros gobernantes.
Servidor no comparte su tesis que olvida que no somos dueños de nuestras políticas desde mayo de 2010. De toda la pieza me quedo, por su clarividencia, con el final del último párrafo que refleja bien a las claras la dinámica de arreones que ha caracterizado la acción de nuestro ejecutivo hasta ahora: "el elevado número de declaraciones oficiales que afirman que España es segura, es prueba de la complacencia que ha caracterizado la crisis europea desde su inicio". Pequeños logros se venden como grandes conquistas y son seguidos de periodos de inacción hasta que los mercados vuelven a encender las alarmas.
Necesidad de establecer una hoja de ruta
De ahí que sea importante, para evitar caer en dicha tentación de mirarse el ombligo, fijar una hoja de ruta que sirva como referencia estratégica para salir de la coyuntura actual. Es lo que hicieron el pasado uno de diciembre McKinsey y Fedea al presentar un documento llamado Una Agenda de Crecimiento para España (que se puede descargar aquí). Un estudio imprescindible que, la crisis de los controladores que estalló dos días más tarde y el guirigay que produjo el Transforma España de la Fundación Everis, sumió en un profundo ostracismo del que merece la pena ser rescatado ahora.
114 páginas que buscan identificar motores de crecimiento sostenido para España con el objetivo de crear entre uno y tres millones de puestos de trabajo gracias al establecimiento de "un círculo virtuoso de productividad, competitividad y, por ende, de una mayor capacidad para captar demanda externa y generar una demanda interna sostenible y no basada en el endeudamiento creciente" (del Resumen Ejecutivo). Este es el post de presentación que le dedicó Luis Garicano en Nada es Gratis.
Aunque no se indique expresamente, da la sensación que el informe se basa en la necesidad, al calor del auge productivo de los países emergentes, de que España se sitúe en los extremos de la denominada Smiling Curve de la cadena de valor añadido: generación de ideas y prestación de servicios, lo que implícitamente pasa por renunciar, si no totalmente sí parcialmente, a nuestra decadente tradición industrial (en términos de contribución al PIB).
Identificación de dos motores de crecimientoAsí, dos son los motores de crecimiento que los autores identifican:
1.- Bienes exportables y turismo que deberían actuar como esos "motores de arranque" que permitan estabilizar esa deficitaria balanza comercial a la que también alude Münchau. Identificar nuevas fuentes de demanda, promover diferenciación e innovación, mejorar la competitividad en costes y propiciar la consolidación/colaboración entre empresas serían los cuatro ejes principales alrededor de los cuales giraría esta iniciativa. En términos de factores productivos supondría aprovechar recursos naturales, mano de obra existente y capacidad instalada e impulsar innovación o capital tecnológico y el compromiso de la Administración.
2.- Servicios Empresariales, esto es: tecnologías de la información, servicios jurídicos, desarrollos vinculados a Internet. Pese a las buenas condiciones de trabajo en España y el teórico aumento del nivel educativo de nuestros profesionales, la creación de empleo en estos segmentos ha sido un tercio del europeo en los últimos años. En este caso concreto se trataría de aprovechar las posibilidades que abre a España el traslado de buena parte de la actividad económica real al mundo virtual, así como los procesos de deslocalización de servicios que este cambio de paradigma permite.
¿En qué se concreta esto? Los autores identifican hasta siete grandes temas "alrededor de los cuales estructurar un cambio radical de políticas para potenciar el crecimiento sostenible", alguno de los cuales ha empezado ya a concretarse; a saber: apoyo a las exportaciones, consolidación empresarial, reforma del mercado de trabajo con especial énfasis en la negociación colectiva, fomento de la formación profesional y la especialización laboral, simplificación administrativa, ayudas a la innovación e incentivos a la reasignación de recursos productivos. Un compendio de medidas, en palabras de Garicano, "sectoriales y transversales" que, de acuerdo con experiencias similares de otros países, requiere de cooperación público-privada, planificación temporal y supervisión objetiva.
¿Problema principal? Que, como dicen los autores, su implantación requiere de la valentía de la Administración para crear un entorno favorable que permita al sector privado "asumir el riesgo y la iniciativa necesarias para llevar este programa a cabo". Hasta ahora no ha sido así. ¿Cambiará ahora? Está por ver; ése es el mayor riesgo a sus propuestas. Pero, si perdemos la esperanza, ¿qué nos queda? "Visión, liderazgo, rigor. España está en una situación crítica pero el crecimiento es posible. Hay cosas que pueden y deben cambiar de forma inmediata para construir los cimientos necesarios para dicho crecimiento". Así acaba el Resumen Ejecutivo, la parte más árida de un texto muy bien documentado. Münchau tiene todas las papeletas de perder frente a 47 millones de españoles. Será cuestión de, al menos, comenzar con decisión el combate, ¿no creen? Por falta de ideas que no sea.
Hipocresía y mediocridad
Por José Luis González Quirós
Publicado en El Confidencial
Me parece que fue Tom Wolfe el que recordó en 'La hoguera de las vanidades' aquella frase de Jonathan Swift que afirma que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo, se puede reconocer porque todos los tontos se unen contra él” y es que, en efecto, los tontos son muy aficionados a los efectos corales, a ese “gritar siempre con los demás” que es una de las características más opresivas del Ingsoc orwelliano. He recordado esta característica irritabilidad de los mediocres y los tontos de oficio al contemplar la excitación inmediata que ha producido una iniciativa de Esperanza Aguirre que se ha atrevido a anunciar que, si gana las elecciones, habrá en Madrid centros de excelencia para tratar de mejorar el rendimiento educativo de los alumnos con mejores condiciones para aprovecharlos.
Es evidente que se puede discrepar de la propuesta de la presidenta madrileña, entre otras cosas porque es posible que la enseñanza media no sea el tramo más adecuado para comenzar, pero lo que no se puede hacer, y muchos han hecho, es tildar la iniciativa de paso atrás en la igualdad, de instrumento de segregación, de elitismo desorejado.
Algunos políticos españoles, como los que ha hecho comentarios tan torpes de esa idea, piensan que es posible que los españoles sigamos creyendo indefinidamente en esa pesada monserga de que ellos se ocupan altruistamente de nuestro bienestar, y que nosotros debiéramos dedicarnos a disfrutar de los derechos que nos conceden sin calentarnos la cabeza con iniciativas arriesgadas, con novelerías, cuando ellos son tan generosos que nos ponen el paraíso de la indiferencia y el todo gratis al alcance de la mano. Oyéndoles parece como si los poderes públicos estuviesen moralmente obligados a promover la mediocridad, a perseguir la excelencia, a premiar a los torpes. Es muy triste tener esa idea hipócrita de la igualdad, creer interesante recortar la estatura de los más altos para que crezcan, comparativamente, los bajitos.
Hasta que los españoles no caigan masivamente en la cuenta de que nuestro problema económico consiste, esencialmente, en que tenemos pocas cosas valiosas que vender al resto del mundo, en que, además de caros, somos poco creativos y muy rutinarios, no caerán en la cuenta de que la solución está realmente en nuestras manos: cultivar a fondo la inteligencia, el ingenio, la investigación, la innovación, la excelencia, premiando y ayudando a quienes puedan llegar más lejos, en lugar de empeñarnos en una absurda carrera igualitaria en la que todos lleguemos al tiempo a la meta.
El ejemplo del fútbol
Quizá pueda servir el ejemplo del fútbol, una actividad en la que, obtenemos buenas calificaciones y altos rendimientos. ¿Se imaginan un equipo hecho con criterios de igualdad? ¿Qué tal un equipo en el que los fichajes se hagan en función de la cercanía de los jugadores a la sede social, para que todos tengan derecho a ser futbolistas y lo gocen ordenadamente? ¿Cómo iría de bien un equipo en el que el entrenador admitiese el enchufe como método de escoger a los jugadores que alinea para cada partido? Es evidente que en el fútbol somos buenos porque hemos sabido ser competitivos. El misterio consiste en que, por ejemplo, no seamos capaces de crear unas universidades competitivas, nuestras universidades no juegan en la Champions sino, con suerte, en segunda regional, cuando sí hemos sido capaces de tener unos Bancos de primerísimo nivel, algunas grandes empresas multinacionales o, por ejemplo, unas Escuelas de Negocios que, sistemáticamente, aparecen en todos los rankings entre las primeras del mundo. La clave de estos éxitos está en la competitividad, pero a muchos de nuestros cerebritos políticos les parece que eso nada tiene que ver con la educación, aunque procuren enviar a sus hijos a colegios caros y a universidades americanas, por si acaso.
Desde los inicios de la democracia se ha instalado en el terreno de la educación una mentalidad compensatoria e igualitarista que ha cegado de raíz la menor posibilidad de crear instituciones educativas públicas de calidad, tanto en las escuelas, como en los institutos o en las universidades. La iniciativa de Esperanza Aguirre es un aviso de que hay que acabar con eso, que la justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que significa que, si hay que apoyar a los peores alumnos, no se impida, por ello, que pongamos los medios para permitir que los mejores, los alumnos más dotados, más preparados o más capaces del esfuerzo necesario lleguen tan lejos como puedan. De esas políticas no se beneficiarán sólo ellos, sino todos nosotros.
Es un disparate estar malgastando las capacidades de los buenos alumnos aburriéndoles con explicaciones innecesarias para ellos, machacando su interés en la ciencia, su capacidad de aprender, su estímulo intelectual, pero, al parecer, hay políticos para los que esa hipocresía al servicio de la mediocridad es el colmo de la modernidad educativa.
Publicado en El Confidencial
Me parece que fue Tom Wolfe el que recordó en 'La hoguera de las vanidades' aquella frase de Jonathan Swift que afirma que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo, se puede reconocer porque todos los tontos se unen contra él” y es que, en efecto, los tontos son muy aficionados a los efectos corales, a ese “gritar siempre con los demás” que es una de las características más opresivas del Ingsoc orwelliano. He recordado esta característica irritabilidad de los mediocres y los tontos de oficio al contemplar la excitación inmediata que ha producido una iniciativa de Esperanza Aguirre que se ha atrevido a anunciar que, si gana las elecciones, habrá en Madrid centros de excelencia para tratar de mejorar el rendimiento educativo de los alumnos con mejores condiciones para aprovecharlos.
Es evidente que se puede discrepar de la propuesta de la presidenta madrileña, entre otras cosas porque es posible que la enseñanza media no sea el tramo más adecuado para comenzar, pero lo que no se puede hacer, y muchos han hecho, es tildar la iniciativa de paso atrás en la igualdad, de instrumento de segregación, de elitismo desorejado.
Algunos políticos españoles, como los que ha hecho comentarios tan torpes de esa idea, piensan que es posible que los españoles sigamos creyendo indefinidamente en esa pesada monserga de que ellos se ocupan altruistamente de nuestro bienestar, y que nosotros debiéramos dedicarnos a disfrutar de los derechos que nos conceden sin calentarnos la cabeza con iniciativas arriesgadas, con novelerías, cuando ellos son tan generosos que nos ponen el paraíso de la indiferencia y el todo gratis al alcance de la mano. Oyéndoles parece como si los poderes públicos estuviesen moralmente obligados a promover la mediocridad, a perseguir la excelencia, a premiar a los torpes. Es muy triste tener esa idea hipócrita de la igualdad, creer interesante recortar la estatura de los más altos para que crezcan, comparativamente, los bajitos.
Hasta que los españoles no caigan masivamente en la cuenta de que nuestro problema económico consiste, esencialmente, en que tenemos pocas cosas valiosas que vender al resto del mundo, en que, además de caros, somos poco creativos y muy rutinarios, no caerán en la cuenta de que la solución está realmente en nuestras manos: cultivar a fondo la inteligencia, el ingenio, la investigación, la innovación, la excelencia, premiando y ayudando a quienes puedan llegar más lejos, en lugar de empeñarnos en una absurda carrera igualitaria en la que todos lleguemos al tiempo a la meta.
El ejemplo del fútbol
Quizá pueda servir el ejemplo del fútbol, una actividad en la que, obtenemos buenas calificaciones y altos rendimientos. ¿Se imaginan un equipo hecho con criterios de igualdad? ¿Qué tal un equipo en el que los fichajes se hagan en función de la cercanía de los jugadores a la sede social, para que todos tengan derecho a ser futbolistas y lo gocen ordenadamente? ¿Cómo iría de bien un equipo en el que el entrenador admitiese el enchufe como método de escoger a los jugadores que alinea para cada partido? Es evidente que en el fútbol somos buenos porque hemos sabido ser competitivos. El misterio consiste en que, por ejemplo, no seamos capaces de crear unas universidades competitivas, nuestras universidades no juegan en la Champions sino, con suerte, en segunda regional, cuando sí hemos sido capaces de tener unos Bancos de primerísimo nivel, algunas grandes empresas multinacionales o, por ejemplo, unas Escuelas de Negocios que, sistemáticamente, aparecen en todos los rankings entre las primeras del mundo. La clave de estos éxitos está en la competitividad, pero a muchos de nuestros cerebritos políticos les parece que eso nada tiene que ver con la educación, aunque procuren enviar a sus hijos a colegios caros y a universidades americanas, por si acaso.
Desde los inicios de la democracia se ha instalado en el terreno de la educación una mentalidad compensatoria e igualitarista que ha cegado de raíz la menor posibilidad de crear instituciones educativas públicas de calidad, tanto en las escuelas, como en los institutos o en las universidades. La iniciativa de Esperanza Aguirre es un aviso de que hay que acabar con eso, que la justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que significa que, si hay que apoyar a los peores alumnos, no se impida, por ello, que pongamos los medios para permitir que los mejores, los alumnos más dotados, más preparados o más capaces del esfuerzo necesario lleguen tan lejos como puedan. De esas políticas no se beneficiarán sólo ellos, sino todos nosotros.
Es un disparate estar malgastando las capacidades de los buenos alumnos aburriéndoles con explicaciones innecesarias para ellos, machacando su interés en la ciencia, su capacidad de aprender, su estímulo intelectual, pero, al parecer, hay políticos para los que esa hipocresía al servicio de la mediocridad es el colmo de la modernidad educativa.
lunes, 11 de abril de 2011
Retrato del país mediocre
Por Carlos Sánchez Publicado en El Confidencial (11/04/2011) La metáfora de una determinada España (la política) cabe en ese armario metálico que el jueves recorrió las calles de Sevilla a lomos de una carretilla. En su interior, las actas de los últimos diez años de Gobierno andaluz que la jueza Mercedes Alaya ha reclamado de forma imperativa. Y que no son más que el testimonio fiel de un régimen que se desmorona. Y que hiede a democracia orgánica. La rancia España de la carretilla se dice progresista, aunque en realidad es extremadamente conservadora. Utiliza los latiguillos y los mitos de la izquierda, pero es impermeable a los cambios, lo que explica su resistencia a transformar la realidad, salvo la suya propia. El objetivo es sobrevivir y mantenerse en el poder, y eso ha dado lugar a un sistema político sustentado en el clientelismo. Heredero de la Restauración y del conde de Romanones, pero incompatible con un sistema democrático basado en la existencia de contrapoderes capaces de equilibrar la acción de Gobierno. Y que además ha debilitado la iniciativa privada hasta límites insoportables. En estos días se ha llegado a decir sin pudor que no es posible trabajar en Andalucía sin contratar con la Junta. Así es como el PSOE andaluz ha acabado por convertirse en una especie de partido-guía que controla todos los resortes del poder mediante mensajes-fuerza que de manera sistemática y torticera convierte a sus críticos en simples correveidiles de esa otra España arcaica y reluctante a la modernización del país. La España que destrozó el liberalismo en el sentido primigenio del término y que se cerró sobre sí misma como un caracol para defender los intereses de los gremios que tanto había combatido Campomanes. La España de los lobbies y de los oligopolios -tan cercanos al poder- que convierte a la economía en un martillo para el consumidor-ciudadano. Una y otra España son, en el fondo, sustancialmente iguales. Incluso se necesitan para construir en torno suyo, falsos antagonismos: ‘que viene la derecha’, ‘que viene la izquierda’... Como si la democracia no tuviera suficientes instrumentos para centrar los extremos. La formación de clases medias en el mejor antídoto contra los radicalismos y las falsas ideologías. La mejor herramienta contra los salvapatrias. Resistencia a los cambios En realidad, estamos ante una gran impostura. El problema de España no es sólo que tenga desequilibrios macroeconómicos descomunales y que año tras año acumule mayor inflación que la eurozona, sino su resistencia a aceptar los cambios. Por pequeños que sean. Cualquier reforma -también en la empresa privada- se considera una traición, y por eso asistimos ante un espectáculo increíble. Con el 20% de paro y casi cinco millones de desocupados, las reformas y los cambios políticos se ven como una agresión. No como una oportunidad para crecer y crear empleo en un tejido productivo descosido por tres años crisis. Se atacan las que tienen que ver con el sentido común. E incluso se confunden las reformas con lo que son simplemente recortes del gasto público, cuya eficacia es sólo temporal. Una cosa es reformar el aparato administrativo del Estado -lo que no se ha hecho- y otra cosa muy distinta es tirar por la calle del medio con un recorte de los salarios públicos que no resuelve el problema. Se podrá cumplir el objetivo de déficit, pero buena parte del gasto público seguirá siendo ineficiente. Y esa es la cuestión de fondo. El problema no es el desequilibrio fiscal, sino la naturaleza del gasto. Se critica la decisión de Esperanza Aguirre de crear centros educativos en los que se cultive la excelencia -y hasta se llega a hablar de guetos y de apartheid-; pero se acepta que haya centros de alto rendimiento para jóvenes deportistas que juegan al tenis o hacen gimnasia, como si el Estado sólo pudiera sacar provecho del músculo, pero no del cerebro. Como si la gloriosa Junta de Ampliación de Estudios hubiera sido café para todos. Se margina mientras tanto a los emprendedores en la toma de decisiones, pero en su lugar se ha conformado un sistema de relaciones laborales que conecta directamente con el franquismo. Ministerio de Relaciones Laborales El antiguo Ministerio de Relaciones Laborales sigue funcionando. Una parte de la CEOE no es más que el tercer sindicato. Se sacraliza el diálogo social, pero lo cierto es que el mercado laboral es una jungla de normas que van directamente contra el empleo mediante la judicialización de las contrataciones hasta la náusea, pero que al mismo tiempo da cobijo a miles de asesores. Se negocia con las eléctricas o las compañías de telecomunicaciones la regulación del sector, en lugar de hacerlo en el parlamento con los representantes del pueblo. O con los banqueros las nuevas normas contables, en vez de discutirlas en el Congreso más allá de una votación formal. Y lo que es todavía más increíble. Se sigue considerando que España escapará de la crisis sólo con decisiones de Consejo de Ministros, cuando es el sector privado quien debe movilizar sus recursos y su creatividad para salir del atolladero. Mientras que al Estado lo que le corresponde es crear las condiciones objetivas, que decía el marxismo. Se juega a un absurdo y falso igualitarismo cuando lo cierto es que la inequidad y la ausencia de igualdad de oportunidades campan a sus anchas. Un país tiene un serio problema cuando miles de jóvenes -los más preparados de su historia- ocultan sus conocimientos para poder lograr un empleo. Cuando en una nación coexiste un problema de sobrecualificación y, al mismo tiempo, sufre elevadas tasas de fracaso escolar, es que el sistema educativo está agujereado. O enfermo. Pero en su lugar, el Estado -que en esta cuestión si que tiene un papel central- dedica sus recursos a salvar a una parte del sistema financiero que se resiste a bajar el precio de los activos inmobiliarios, y que en realidad es el fondo de nuestros problemas. En medio de la mayor crisis en 50 años, el sistema educativo permanece igual. Mientras que en EEUU el precio de la vivienda ha caído casi un 32% desde máximos, en España sólo ha retrocedido la mitad. Pero las autoridades, en lugar de acelerar el pinchazo de la burbuja, sólo miran por la cuenta de resultados de bancos y cajas, y eso hace que miles de emprendedores tengan que pagar altísimos alquileres para crear riqueza. Abrir un comercio en el centro de las ciudades -de donde se ha expulsado a lo más dinámico de la sociedad por el alto precio de la vivienda- es hoy imposible mientras no bajen los arrendamientos. Si un país presume de no ser intervenido es que tiene un problema. Y no sólo económico, sino de autoestima. Se ha llegado al ridículo de celebrar que el diferencial con el bono alemán haya caído hasta los 180 puntos básicos, cuando en una unión monetaria -sin riesgo de tipo de cambio- lo razonable es que el spread sea mínimo. Como si la prueba del algodón de la salud económica de un país no fuera su tasa de desempleo o su capacidad de competir en los mercados de bienes y servicios, sino el hecho de que no vaya a ser intervenido. Ahora resulta que lo importante no es la calidad y eficacia de las reformas económicas, sino el número y lo que diga Financial Times. El mundo al revés en una nación donde los salarios son de miseria. Y donde al rector de la mayor universidad del país no se le va a elegir por sus méritos, sino por lo que al final vote el personal no docente. Y que todavía es incapaz de entender la globalización y la existencia de nuevos mercados que funcionan de forma despiadada. Pero en su lugar se busca el igualitarismo fácil y no la excelencia, pese a que ninguna universidad -ni pública ni privada- está entre las cien mejores del mundo. Y en el que la sociedad civil aguanta espartanamente los arreos del poder político. Vivir para ver.
Cajas: comunicar la diferencia, una asignatura pendiente
* Pablo Fernández es consultor de Viewpoint Communication y periodista. Publicado en El Confidencial (11/04/2011) "Parece que no está pasando nada, el mundo es maravilloso y España no tiene ningún problema". Con cierta ironía resumía un experimentado banquero de inversión las sensaciones recogidas el martes en la sesión inaugural del Encuentro Financiero, que cada año organiza Deloitte con notable éxito. Y no era para menos. En una semana en la que se han juntado el último dato del paro, el fracaso de Banco Base y los problemas de la CAM, la subida de tipos y la petición de rescate de Portugal, entre otras noticias, quien asistiera el martes y miércoles a esta clásica reunión de banqueros (hubo también cajeros, una figura cada vez en mayor desuso) podría concluir que había caído en otro planeta. Bancos y cajas acudieron con la típica presentación corporativa, con demasiados lugares comunes y una cierta tendencia a aterrizar más bien poco la compleja situación que vive el sector financiero español desde hace ya bastantes meses. Este viernes, en El Confidencial, McCoy abunda en esta idea de mirar para otro lado, aún reconociendo que quizá no era ese el foro más adecuado para dar una visión realista del estado de la cuestión y sus miserias. Y con cierta sorna, fue descriptivo por sincero el consejero delegado de Banc Sabadell, Jaime Guardiola: "Más que hablar de nuevos modelos de crecimiento en el negocio bancario (que era cómo se titulaba su mesa redonda) tendríamos que hablar de cómo desarrollar un manual de supervivencia para entidades financieras".Una de las claves de una buena estrategia de comunicación es ser capaz de marcar diferencias con los competidores, salvo que te interese quedar confundido en medio del maremagnum del sector, algo que hasta hace unos meses atrás era moneda común en buena parte de las cajas. En el actual contexto, sin embargo, el objetivo de marcar diferencias se antoja una tarea fundamental aunque complicada, sobre todo para unas instituciones con la imagen tan dañada, como son las cajas de ahorro, y poco acostumbradas a dar excesivas explicaciones al mercado. Pero las cosas están empezando a cambiar. Vayamos por partes. La primera conclusión es que las alegrías (pocas) y las penas (a montones) en el conjunto del sector financiero van por barrios. Porque si algún efecto ha tenido la nueva normativa desarrollada en el último año es la de discriminar entre las entidades. Hoy ya no toca hablar del problema de las cajas como un todo, sino de los problemas particulares de una u otra entidad. Un escenario más positivo y clarificador, que ayuda además a rebajar casi al mínimo la visión de una España con un riesgo sistémico similar al de Irlanda, algo que sí ocurría meses atrás. Y es por ello, precisamente, que cada caja o grupo de cajas debe invertir tiempo y recursos en diseñar una acertada estrategia de comunicación que le diferencie en positivo del sector. Diferenciación Esta diferenciación entre bancos y cajas, entre los grandes y los medianos, y entre las grandes cajas y el resto, sí ha sido patente en el mencionado Encuentro Financiero, y ha permitido una buena radiografía de cómo se está configurando el nuevo mapa de la banca en España, todavía inacabado, que está abierto a nuevas operaciones de consolidación y en el que, a vista de pájaro, existen cuatro grandes grupos de entidades: -Los dos grandes, Banco Santander y BBVA, que han logrado marcar diferencias en la crisis y comunicarlo con más o menos acierto, aquí y fuera, gracias a su fortaleza basada sobre todo en el tamaño y la diversificación geográfica. Nosotros a lo nuestro, trasmitieron -cada uno a su manera- los dos gigantes de la banca española, durante el Encuentro Financiero. -Las dos grandes en el sector cajas, la Caixa y Bankia, con una buena lección de comunicación de sus ponentes, dejaron claro su liderazgo, que van a ser capaces de obtener fondos de los mercados (la Caixa lleva algunas cabezas de ventaja) y que quieren mantener la obra social como una seña de identidad propia. Juan María Nin, director general de la Caixa, se esmeró en mostrar que esta entidad se ha anticipado a la reestructuración del sector, con un nuevo modelo corporativo que empezó a diseñar bastante antes de que se definiera la nueva regulación. Y Rodrigo Rato, presidente de Bankia, dio respuesta al aluvión de noticias, cierto desorden y mucho ruido que rodea en los últimos meses al grupo de cajas que lidera, con un proyecto que empieza a tomar forma y con una clara demostración de su capacidad para captar la atención de la audiencia gracias a una buena presentación. -Los medianos, Banco Popular y Banc Sabadell, que trataron de marcar diferencias con un mensaje de crecimiento, más por la vía orgánica en el caso del Popular, como ha sido siempre, y por la vía de adquisiciones, en el Sabadell, con la ventaja añadida de su estrategia multimarca, que le facilitaría cualquier integración. En este nuevo mapa, el riesgo para Popular, Sabadell y el resto de bancos privados con similares características, como Bankinter o Pastor, es quedar en una especie de tierra de nadie como eternos bancos medianos o pequeños, tras abrirse la distancia en tamaño con los dos grandes bancos y las dos grandes cajas. -Del resto de cajas, poco que mencionar, salvo la llamativa ausencia del presidente de Caja Astur, Manuel Menéndez, y la escasa capacidad de las cajas medianas para llamar la atención, excepto cuando se produce alguna noticia negativa. Y es aquí, precisamente, donde hay cajas con carencias importantes, pero también un buen número de cajas o grupos de cajas bastante saneadas, con un alto potencial de comunicación. En un artículo anterior en El Confidencial, señalaba que en el ser o no ser de las cajas de ahorro, elijan el modelo que elijan, la transparencia y el buen gobierno corporativo son dos condiciones necesarias, pero no suficientes. Es preciso también un modelo de negocio propio y diferencial que permita vender una buena 'equity story' al mercado, una exigencia que conocen muy bien los bancos cotizados y la Caixa, vía Criteria, y que empieza a sufrir de cerca Bankia. Por último, en el escenario actual, es fundamental una acertada estrategia de comunicación, entendida en un sentido amplio e integral, que abarque a todos los grupos de interés de cada entidad (clientes, empleados, inversores, accionistas o asimilados, las sociedades en las que se opera...) y sea capaz, una vez más , de marcar diferencias. Porque, a partir de ahora, con la mayor transparencia y exigencia de información por parte del mercado, una de las claves va a ser sin duda esa capacidad de marcar diferencias, tanto en el fondo como en la forma, y de comunicarlo con éxito al mercado.
Tocando el futuro: decálogo de la nueva economía
Por Galo Mateos Publicado en El Confidencial (11/04/2011) Ya no había insatisfacción, ni odio, ni miedo, ni cólera ni angustia: únicamente alegría y paz. Ya no había comedia, ni ilusiones ni mentiras: tan solo la verdad que nos contiene” (A. Comte-Sponville) Si tuviésemos que hacer justicia sobre estos agitados tiempos recientes, coincidiríamos en que víctimas y verdugos nos pusimos de acuerdo en el saqueo de cuantos valores espirituales y materiales custodiábamos. Capitaneados por una oligarquía política y financiera corrupta e insaciable, nos apostamos frente a un cajero inagotable, por el que manaba una prosperidad, convertida luego en Desolación, Deuda y Desconfianza. Nuestra nueva vida en 3-D. Tras una etapa de reconocimiento de los daños y de aterrizaje forzoso sobre la realidad, hemos ido desmontado las mentiras e identificando a los culpables ideológicos de la trama suicida en que intervenimos, unos por acción y, otros, por omisión. Y no nos caben dudas, necesitamos profundas reformas en todos los ámbitos. Ya nos hemos ocupado de lo político y ahora toca hacerlo de lo económico. Nuestro próximo post entrará de lleno en esas sensaciones 3-D, sobre aspectos de psicología individual y colectiva que nos ayuden a traducir la desolación, desconfianza y rebeldía ante la Deuda, en estrategias y sentimientos constructivos. Tarea que constituiría la tercera pata de nuestro armazón para el cambio, sentando las bases de un rearme moral imprescindible tanto a nuestro PIB, como al reparto de la carga tributaria y a la calidad de nuestra convivencia. Perseguimos una actitud, necesariamente más sincera, transparente y solidaria, que sustituya este conjunto de angustiosas urgencias electorales, victimismo y corrupción consentida, que caracteriza nuestra vida política, por un comportamiento maduro, leal y con visión a largo plazo. El modelo presente, basado en partidos profesionalizados que ejercen el monopolio del poder político, reduciendo todos los poderes del Estado a la voluntad de una élite partidista, tiene los días contados Pero bien conscientes de que la economía suele ser algo más que un estado de ánimo, y advertidos sobre la poco probable inmediatez de esa moralización social, hemos resumido hoy aquí, nuestro decálogo de actuaciones ideales para acceder a una situación económica mejor. Para ello, contamos hoy domingo con la valiosa aportación de Alberto Artero, como segundo ponente tras la acertada intervención de Juan Carlos Barba y Ramón Morata, ayer sábado. Pasaremos a mañana lunes, un resumen del consenso del foro ayer y hoy, de manera de facilitar la lectura. A todos ellos y a ustedes, queridos lectores, va dedicado mi agradecimiento. 1- Reforma de la ley electoral, para que sea realmente representativa. Replicar el modelo de circunscripciones anglosajón. Necesidad de vinculación entre lugar donde se vive, candidatura que se presenta (periodo mínimo de residencia). Listas abiertas. Eliminación privilegios asociados a la condición de político. Mejora salarial para desincentivar corrupción. 2- Reforma del modelo de estado, tanto en términos de tamaño como de competencias delegadas. Centralización para favorecer el mercado interior. Mecanismos de supervisión de competencia. Simplificación normativa. Modelo de financiación local y regional basado en ingresos ordinarios y “recurrentes”. 3- Prohibición a nivel constitucional del déficit público, en 4 años. Establecimiento mecanismos aceleración pagos de las Administraciones Públicas. Introducción copago sanitario y educativo así como medidas de eficiencia en gasto (recetas de dosis individuales frente a cajas de medicamentos). Primacía de la lucha contra el fraude como elemento impositivo recaudatorio. Reforma de las pensiones mediante adecuación entre contribución y prestación. 4- Reforma educativa, devolviendo la autoridad al profesor y al centro y primando los logros académicos en los primeros ciclos y haciendo especial hincapié en la mejora de la calidad en la enseñanza superior, nuestra principal carencia. 5- Reforma radical de la Justicia, con el fin de conseguir igualar los mejores plazos de resolución de los países de nuestro entorno. Despolitización. 6- Plan energético nacional, estable y vinculante para los partidos firmantes. 7- Eliminación de los convenios colectivos, sustituyéndolos por la negociación a nivel de empresa. Aumento de la movilidad geográfica y funcional. Eliminación de restricciones idiomáticas. 8- Reforma inmobiliaria y financiera. Liberalización del suelo y vinculación de la financiación hipotecaria a tipos a largo y no a Euribor más un diferencial. Limitación a la financiación mayorista. Prohibición SPVs. Límites de concentración riesgo sectorial crediticio. 9- Reforma de turismo. Especialización, valor añadido, reconversión (residencias) para poder competir con destinos más baratos que siempre los habrá. Aplicable a otros sectores de poco valor añadido que suponen una parte sustancial del PIB. 10- Fomento de la imagen España Estas son nuestras propuestas a debatir y tomaremos buena nota adicional de las suyas, para con toda libertad modificar, ampliar o suprimir en esta primera versión. Vayamos asumiendo que nuestro sistema político, fundado sobre la delegación y la representación, puede resultar radicalmente alterado, creándose un nuevo escenario en el que el ciudadano se convierta en el eje de la vida pública, participando en las decisiones y en la solución de los problemas, por medios electrónicos. El modelo presente, basado en partidos profesionalizados que ejercen el monopolio del poder político, reduciendo todos los poderes del Estado a la voluntad de una élite partidista, tiene los días contados. Su permanente falseamiento de la realidad estadística y social, haciéndonos creer que cuanto deciden es fruto de la voluntad social y no de sus interesadas manipulaciones o de su lucha por la pervivencia de las protectoras redes clientelares que alimentan, no puede seguir suplantando el poder de sociedad civil. Este nuevo paradigma político ha de dejar paso a una nueva forma de plantear nuestro modelo económico, atendiendo por igual a las reparaciones que requiere la estructura en curso, como a la comprensión y financiación, que merece la búsqueda del modelo alternativo, capaz de orientar nuestro talento colectivo hacia nuevas e inteligentes sinergias.
Calamity Rajoy y la fragilidad de sus cuatro mensajes oficiales
Por Alberto Artero Publicado en Cotizalia (11/04/2011) Para aquellos que se acercan a escuchar sus propuestas en privado, Mariano Rajoy y su camarilla de jóvenes cachorros están hilvanando un discurso iterativo, parte de cuyos trazos ya se han filtrado a la opinión pública española, que gira alrededor de cuatro mensajes esenciales. 1. La única opción cierta de gobernabilidad a priori para el PP pasa por obtener mayoría absoluta en las urnas, lo que supone pisar cuantos menos callos mejor, adoptar un perfil bajo y ganar por abandono del rival. Una estrategia a la que sin duda contribuyen declaraciones como las de la Vicepresidenta Elena Salgado cuando afirma, sin despeinarse, que el paro se mantendrá en el 16% en 2015 en caso de que España siga siendo socialista. La prudencia, madre de la ciencia, que fue mentar la bicha de David Cameron en una entrevista en El País y salir la Fundación Ideas advirtiendo de la debacle que la analogía de políticas supondría para nuestro país. Leyendo la reciente Tribuna Libre de Jesús Caldera en el mismo diario sobre el particular y comparando su contenido con las propuestas del Presupuesto aprobado por los conservadores en Reino Unido, uno descubre el sentido de la palabra demagogia. Sea como fuere, menos es más parece ser la estrategia del PP; así se construye un estadista. 2. Sé lo que tengo que hacer; en mis primeros seis meses de gobierno viviré tres huelgas generales. Contrapunto necesario a la idea anterior: que no lo diga, no quiere decir que no tenga un programa. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. La reflexión sobre qué puede movilizar a la calle se convierte entonces en perentoria: será inevitable si toca mercado de trabajo, función pública-funcionarios y/o estado del bienestar (pensiones y copago). Al tiempo. Lo interesante aquí es que, igual que en el punto anterior, el tiempo corre a su favor. Especialmente si, como es el consenso de los analistas, Zapatero se pone la gorra de hombre de estado y completa las pseudo reformas que está llevando a cabo con el fin de restaurar su nombre para la Historia. En ese caso, por una parte Rajoy se beneficiaría tanto de unas políticas que afectarán negativamente al candidato que finalmente elija el PSOE, por una parte, como de un desgaste de la cohesión social de aquí a las elecciones de marzo de 2012 que, sin duda, podría capitalizar. Cuanta más movilización antes, menos después, debe pensar. 3. Puedo cambiar el modelo de estado ya que, si todo sale como está fijado a priori en el guión, tendré alineados estado, autonomías y grandes municipios. Una reflexión que parece válida por el lado de los ayuntamientos y regiones pero que puede fallar por la cumbre, como veremos más adelante. En el fondo, la idea de evitar que se consume la italianización de la política que amenaza a España, de corregir la enorme distancia que se ha establecido entre los políticos y unos ciudadanos que ven a los primeros concernidos únicamente por la salvaguarda de su estatus y no por la solución a sus problemas hasta el punto de que parecen representarse nada más que a sí mismos. Se trataría de inaugurar una segunda transición que corrija los excesos derivados del modelo de estado establecido en su concepción original. Que esto venga de un hombre del sistema, imbricado en el sistema hasta las trancas, no deja de tener su punto de paradoja, la verdad. Altura de miras desde el coche oficial. 4. Tengo los hombres necesarios para hacerlo. Y no se refiere en exclusiva a su equipo. Hacía mucho tiempo, quizá desde los primeros gobiernos democráticos, que no había tanta gente dispuesta a sacrificar prestigio y fortuna por formar parte de un gobierno que saque a España del agujero en que se encuentra, viene a decir. Profesionales reconocidos que están deseando unirse a un proyecto regenerador como éste (cuando se sepa, claro está). Otra propuesta de innegable aplauso a priori, de ser cierta, pero que choca con el sistema de castas existente, con esos políticos profesionales que además llevarán, para aquel entonces y en caso de materializarse el cambio, ocho años dando pedales en la oposición. O la victoria es suficiente como para legitimar un golpe de autoridad o mucho me temo que tendrá que pagar muchos servicios prestados, cosa que hará imposible la separación partido-gobierno. Cuatro puntos más que aceptables que, sin embargo y como en cierto modo hemos anticipado, muestran una extraordinaria vulnerabilidad. Quien no está, no existe, y más allá del interés de algunos por potenciar la imagen de Carme Chacón, la encuesta de El Mundo de este fin de semana es un toque de atención, no para el 22 de mayo, sino para marzo de 2012. Es hora de asomar la patita, antes de ser esclavo de las propias inacciones presentes o incluso de contradictorias declaraciones mediáticas de sí pero no pero sí. No solo eso, lo de las listas de Paco Camps supone un antes y un después en su candidatura a referente nacional. No vale que, por el hecho de saber que el coste local en Valencia en términos de votos va a ser mínimo -mérito también de la falta de una alternativa sólida por parte del PSOE- se transija con escándalos como éste que ponen en tela de juicio absolutamente todo el argumentario de los puntos tercero y cuarto antes enunciados. Era hora de dar un golpe sobre la mesa y se ha achantado. Miserias estratégicas. En la medida, además, que la sospecha de irregularidad se instale en las alturas, la capacidad de atraer nuevas caras que sacrifiquen vida privada a cambio de dudosa exposición pública se limita exponencialmente. Yo no lo haría, forastero. Si, por último, de las políticas de final de ciclo se deriva un desenlace improbable pero posible de mejora económica en España, adiós Calamity Rajoy por méritos propios. Como la “heroína” estadounidense, habría vendido un mito que nunca fue realidad, fruto únicamente de sus sueños de grandeza. Buena semana a todos.
viernes, 8 de abril de 2011
Momento político y económico de un gobierno averiado
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (08/04/2011)
Desmentirse a sí mismo ha sido una práctica habitual de este Gobierno, sobre todo en relación con la crisis económica. La última entrega consiste en revisar a la baja la previsión de crecimiento y al alza la del paro. El que no se consuela es porque no quiere. Ayer mismo la vicepresidenta, Elena Salgado, presumía por enésima vez de que España superará el síndrome del rescate portugués y de que en ningún caso alcanzaremos la cifra de los cinco millones de parados. Por el mismo precio podía haber descartado una nueva guerra civil o la posibilidad de que nos invada Andorra.
Lo cierto es que seguimos sin ver el final del túnel, que el riesgo de rescate no desaparecerá mientras las tasas de crecimiento sigan bajas y las de paro altas, y mientras los mensajes que nos envía el Gobierno siguen llegando lastrados por esa terrible admonición escrita por Enrique Curiel unos días antes de morir: “Zapatero tiene una herida central por la que pierde sangre a chorros, que es la falta de credibilidad ante los españoles. Y recuperarla no es tarea sencilla”.
Ahora la vicepresidenta Salgado espera que celebremos su última previsión: el empleo mejorará a partir de este mes de abril, animado por una buena temporada turística, y ya empezará a recuperarse sin marcha atrás en el segundo y tercer trimestre. Sin embargo, los analistas menos sospechosos de complicidad con la derecha furiosa -la que se exalta con la larga y penosa agonía política de Zapatero-, apenas cuentan con una tregua en verano que será inevitablemente aplastada por esa subida de los tipos de interés decretada ayer en la UE, letal en la esperanza de recuperación de la economía nacional.
Muy mal telón de fondo, como se ve, para la operación sucesoria desencadenada en el PSOE con el descuelgue de Zapatero como aspirante a la Moncloa por tercera vez. Descuelgue de aquella manera, pues, tal y como se han planteado las cosas vamos camino de unas primarias tuteladas por el propio Zapatero, a ser posible con candidato único (convocatoria sin celebración). Y si hay varios candidatos, el aún secretario general y presidente del Gobierno aplicará la doctrina Blanco: neutralidad no equivale a indiferencia. Claro. No me imagino a Zapatero silbando melodías cuando, ya metidos en faena de primarias en toda regla, le pregunten por su favorito/a.
Pero el minuto y resultado de este partido, que no ha hecho más que empezar, es el debate interno sobre la fecha del 38 congreso federal del PSOE, que debe elegir a un nuevo secretario general. ¿Antes o después de las elecciones generales de marzo de 2012? De momento, es dominante la hipótesis de la dirección oficial: depende de cómo le vaya al partido en las elecciones territoriales del próximo 22 de mayo.
La fecha del congreso es relevante en el desenlace del partido. Si se celebra antes de las generales (verano de 2011), se elegiría primero al secretario general, que se convertiría con toda seguridad en el candidato a la Moncloa. Se eliminan los riesgos de la bicefalia y se alumbra a un presunto perdedor frente a Rajoy. Si hay primarias dentro de un par de meses y el congreso se celebra después de las generales (verano de 2012), habría bicefalia durante un tiempo, pero sería pactada entre el candidato del presente y el del futuro (pongan ustedes el femenino donde quieran), de forma que el probable perdedor en las elecciones generales dejaría el campo libre para el candidato generacionalmente mejor colocado para liderar la travesía del desierto que le espera al PSOE.
Publicado en El Confidencial (08/04/2011)
Desmentirse a sí mismo ha sido una práctica habitual de este Gobierno, sobre todo en relación con la crisis económica. La última entrega consiste en revisar a la baja la previsión de crecimiento y al alza la del paro. El que no se consuela es porque no quiere. Ayer mismo la vicepresidenta, Elena Salgado, presumía por enésima vez de que España superará el síndrome del rescate portugués y de que en ningún caso alcanzaremos la cifra de los cinco millones de parados. Por el mismo precio podía haber descartado una nueva guerra civil o la posibilidad de que nos invada Andorra.
Lo cierto es que seguimos sin ver el final del túnel, que el riesgo de rescate no desaparecerá mientras las tasas de crecimiento sigan bajas y las de paro altas, y mientras los mensajes que nos envía el Gobierno siguen llegando lastrados por esa terrible admonición escrita por Enrique Curiel unos días antes de morir: “Zapatero tiene una herida central por la que pierde sangre a chorros, que es la falta de credibilidad ante los españoles. Y recuperarla no es tarea sencilla”.
Ahora la vicepresidenta Salgado espera que celebremos su última previsión: el empleo mejorará a partir de este mes de abril, animado por una buena temporada turística, y ya empezará a recuperarse sin marcha atrás en el segundo y tercer trimestre. Sin embargo, los analistas menos sospechosos de complicidad con la derecha furiosa -la que se exalta con la larga y penosa agonía política de Zapatero-, apenas cuentan con una tregua en verano que será inevitablemente aplastada por esa subida de los tipos de interés decretada ayer en la UE, letal en la esperanza de recuperación de la economía nacional.
Muy mal telón de fondo, como se ve, para la operación sucesoria desencadenada en el PSOE con el descuelgue de Zapatero como aspirante a la Moncloa por tercera vez. Descuelgue de aquella manera, pues, tal y como se han planteado las cosas vamos camino de unas primarias tuteladas por el propio Zapatero, a ser posible con candidato único (convocatoria sin celebración). Y si hay varios candidatos, el aún secretario general y presidente del Gobierno aplicará la doctrina Blanco: neutralidad no equivale a indiferencia. Claro. No me imagino a Zapatero silbando melodías cuando, ya metidos en faena de primarias en toda regla, le pregunten por su favorito/a.
Pero el minuto y resultado de este partido, que no ha hecho más que empezar, es el debate interno sobre la fecha del 38 congreso federal del PSOE, que debe elegir a un nuevo secretario general. ¿Antes o después de las elecciones generales de marzo de 2012? De momento, es dominante la hipótesis de la dirección oficial: depende de cómo le vaya al partido en las elecciones territoriales del próximo 22 de mayo.
La fecha del congreso es relevante en el desenlace del partido. Si se celebra antes de las generales (verano de 2011), se elegiría primero al secretario general, que se convertiría con toda seguridad en el candidato a la Moncloa. Se eliminan los riesgos de la bicefalia y se alumbra a un presunto perdedor frente a Rajoy. Si hay primarias dentro de un par de meses y el congreso se celebra después de las generales (verano de 2012), habría bicefalia durante un tiempo, pero sería pactada entre el candidato del presente y el del futuro (pongan ustedes el femenino donde quieran), de forma que el probable perdedor en las elecciones generales dejaría el campo libre para el candidato generacionalmente mejor colocado para liderar la travesía del desierto que le espera al PSOE.
jueves, 7 de abril de 2011
Por qué la subida de tipos de hoy es buena para España
De la última Carta a los Inversores del Director de Inversiones de PIMCO, Bill Gross, me quedo con el penúltimo párrafo. En él, el afamado gestor afirma su convencimiento de que “Estados Unidos impagará su deuda; no de un modo convencional, sino a través de una serie de políticas menos perceptibles pero históricamente efectivas que afectarán al bolsillo de sus ciudadanos: inflación, devaluación de la moneda y/o tipos de interés reales bajos o negativos”. Tres cauces que participan de una característica común: suponen pérdida de valor del ahorro de la población, en términos de poder adquisitivo, a la vez que permiten a la Administración reducir el valor real de su deuda. Pues bien, a falta de una política propia de tipo de cambio, España participa de los otros dos fenómenos a los que hace referencia el estratega norteamericano. Año sobre año el incremento del coste de la vida en marzo fue del 3,6%, en un momento de contención salarial, mientras que, hasta ¿hoy?, el BCE ha mantenido la referencia de intervención en el 1%. En circunstancias normales, por tanto, una subida de 25 puntos básicos como la prevista permitiría empezar a corregir dicho desequilibrio. Sin embargo, no parece que sea el caso por lo que a España se refiere: En primer lugar porque la inflación actual no es por un auge del consumo sino por un incremento en el precio de las materias primas y de los impuestos indirectos, tal y como nos recordaba el Editorial de ayer de Financial Times que, con los mismos mimbres, llegaba a una conclusión distinta a la de un servidor. El mayor coste del dinero puede afectar a la especulación financiera pero no a la demanda real de las commodities, ni tampoco a unas compras ciudadanas que están de por sí deprimidas. El efecto contención, por tanto, no parece tan claro. En segundo término porque la locura que se ha instalado en las mentes de los directivos de la banca española ha llevado la remuneración del pasivo bancario por encima del incremento del coste de la vida. De este modo cualquier cambio en el tipo de referencia a los niveles a los que estamos hablando tiene un impacto residual sobre la rentabilidad del ahorro ciudadano. Sin embargo, la decisión del BCE no solo es buena sino probablemente imprescindible para la economía española, como mecanismo de activación de determinados procesos que debieran haberse iniciado hace mucho. No hay que olvidar dos cosas:
1.-Que esta es una crisis de crédito, esto es, de endeudamiento del sistema en general y del sector privado de la economía en particular. Fue precisamente la abundancia de liquidez a bajo coste la que condujo a una serie de burbujas en activos reales y financieros que terminaron estallando, con las consecuencias de todos conocidas.
2.-Que, tres años después del inicio de la presente coyuntura, la situación, lejos de resolverse, se ha agravado aún más. Seguimos a nivel agregado con los mismos niveles de apalancamiento frente al PIB que al principio, por encima del 350%. Una deuda que, no lo olvidemos, recae sobre la población tanto de forma directa como indirecta (rescates bancarios y soberanos que se financian con nuestros impuestos o a través de recortes del estado del bienestar).
Es evidente que, mientras esa pesada carga pese sobre nuestras espaldas, seguirá cumpliéndose el círculo vicioso de ausencia de crédito, por el lado de la oferta, y de más incertidumbre en el repago y valor más dudoso de las garantías, por el lado de la demanda, con el consiguiente impacto sobre las principales variables macroeconómicas, consumo e inversión. Se hace, por tanto, inevitable un proceso de reducción de endeudamiento para reactivar de forma sostenible la actividad productiva y de servicios. Y la subida de tipos puede ser un buen catalizador para ello. Pongamos dos ejemplos antagónicos:
1.- ¿Qué ha ocurrido con la banca? La ventana de descuento del BCE ha permitido mantener los niveles de financiación mayorista hasta el punto de que el ajuste en su solvencia se contempla a través bien de una mejora de los recursos propios, bien de una reducción del activo, pero no de la actuación sobre esta partida, vinculada a los mercados. Conclusión, el problema sigue ahí; mientras no cueste, ¿para qué reducir? Al contrario, se hacen auto emisiones de cédulas hipotecarias con la única finalidad de utilizarlas con esta finalidad. ¿Su riesgo? Que se cierre el grifo. Que Dios nos pille entonces confesados.
2.- ¿Qué ha ocurrido con la deuda soberana? Exactamente lo contrario. Los inversores han percibido un riesgo, se ha disparado el retorno exigido, lo que ha obligado a un gobierno de corte social a cambiar radicalmente de rumbo su política e introducir reformas a las que se resistía como gato panza arriba. Conclusión: cuando la barra libre ha terminado, se empieza a actuar con racionalidad y se adoptan medidas adecuadas a la verdadera realidad.
Todo lo que no cuesta, no se valora. Los bajos de interés nominales, y los reales negativos, de los que disfruta una parte sustancial de la deuda constituida antes del inicio de la crisis -no la que se ha cerrado o refinanciado desde entonces que se ha hecho en condiciones muy distintas a aquella- han supuesto un claro desincentivo a la hora de resolver el problema principal que tiene que resolver España, el que le mantiene atado de pies y manos para muchas cosas: su excesiva financiación ajena. Está por ver que un aumento del 0,25% sirva para algo, especialmente cuando ya ha sido recogida con creces por el Euribor, pero es un paso en la dirección adecuada que, no lo duden, nos beneficia más que nos perjudica. Dicho esto, sigo abogando por una adecuación de tipos hipotecarios a la iliquidez del activo inmobiliario, como en el mundo anglosajón. Por llevar la contraria, vaya.
1.-Que esta es una crisis de crédito, esto es, de endeudamiento del sistema en general y del sector privado de la economía en particular. Fue precisamente la abundancia de liquidez a bajo coste la que condujo a una serie de burbujas en activos reales y financieros que terminaron estallando, con las consecuencias de todos conocidas.
2.-Que, tres años después del inicio de la presente coyuntura, la situación, lejos de resolverse, se ha agravado aún más. Seguimos a nivel agregado con los mismos niveles de apalancamiento frente al PIB que al principio, por encima del 350%. Una deuda que, no lo olvidemos, recae sobre la población tanto de forma directa como indirecta (rescates bancarios y soberanos que se financian con nuestros impuestos o a través de recortes del estado del bienestar).
Es evidente que, mientras esa pesada carga pese sobre nuestras espaldas, seguirá cumpliéndose el círculo vicioso de ausencia de crédito, por el lado de la oferta, y de más incertidumbre en el repago y valor más dudoso de las garantías, por el lado de la demanda, con el consiguiente impacto sobre las principales variables macroeconómicas, consumo e inversión. Se hace, por tanto, inevitable un proceso de reducción de endeudamiento para reactivar de forma sostenible la actividad productiva y de servicios. Y la subida de tipos puede ser un buen catalizador para ello. Pongamos dos ejemplos antagónicos:
1.- ¿Qué ha ocurrido con la banca? La ventana de descuento del BCE ha permitido mantener los niveles de financiación mayorista hasta el punto de que el ajuste en su solvencia se contempla a través bien de una mejora de los recursos propios, bien de una reducción del activo, pero no de la actuación sobre esta partida, vinculada a los mercados. Conclusión, el problema sigue ahí; mientras no cueste, ¿para qué reducir? Al contrario, se hacen auto emisiones de cédulas hipotecarias con la única finalidad de utilizarlas con esta finalidad. ¿Su riesgo? Que se cierre el grifo. Que Dios nos pille entonces confesados.
2.- ¿Qué ha ocurrido con la deuda soberana? Exactamente lo contrario. Los inversores han percibido un riesgo, se ha disparado el retorno exigido, lo que ha obligado a un gobierno de corte social a cambiar radicalmente de rumbo su política e introducir reformas a las que se resistía como gato panza arriba. Conclusión: cuando la barra libre ha terminado, se empieza a actuar con racionalidad y se adoptan medidas adecuadas a la verdadera realidad.
Todo lo que no cuesta, no se valora. Los bajos de interés nominales, y los reales negativos, de los que disfruta una parte sustancial de la deuda constituida antes del inicio de la crisis -no la que se ha cerrado o refinanciado desde entonces que se ha hecho en condiciones muy distintas a aquella- han supuesto un claro desincentivo a la hora de resolver el problema principal que tiene que resolver España, el que le mantiene atado de pies y manos para muchas cosas: su excesiva financiación ajena. Está por ver que un aumento del 0,25% sirva para algo, especialmente cuando ya ha sido recogida con creces por el Euribor, pero es un paso en la dirección adecuada que, no lo duden, nos beneficia más que nos perjudica. Dicho esto, sigo abogando por una adecuación de tipos hipotecarios a la iliquidez del activo inmobiliario, como en el mundo anglosajón. Por llevar la contraria, vaya.
La gran falacia, sobre los verdaderos culpables de la crisis de las cajas
Por Ignacio de la Torre Publicado en Cotizalia “El gobierno interviene Caja Castilla La Mancha por un problema de liquidez, no por un problema de solvencia”. Con este embuste, el hiperactivo ex ministro de Economía, Pedro Solbes, anunció en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros extraordinario celebrado en domingo, la intervención de Caja Castilla La Mancha. Dicha falsedad fue repetida los días siguientes por los responsables del Tesoro. La crisis económica y financiera que azota España ha venido pareja a una acumulación de falacias por parte de los actores de semejante desastre. Si la falacia por sí es inmoral, asociada a una transferencia histórica y de impacto generacional de recursos del contribuyente hacia las entidades financieras con problemas, se hace indignante. Si el Estado pide al contribuyente miles de millones de euros para tapar las vergüenzas de parte del sistema financiero, hay que hacerlo con verdades, no con falacias. Las cajas de ahorro han sido un elemento fundamental en la bancarización de España, en especial de las zonas menos urbanizadas, y su fuerte componente local les permitió realizar una cuidadosa selección del riesgo que explica por qué hasta ahora casi todas las quiebras de entidades financieras han afectado a los bancos, no a las cajas. Este buen hacer se vio truncado en los últimos veinte años en algunas cajas, cuya dirección o fue inepta (expansiones de riesgo inmobiliario suicidas) o bien cobarde (presiones de los políticos de turno para financiar obras faraónicas y ruinosas que acarreaban votos con cargo al riesgo del depositante, y a largo plazo, del contribuyente). En otras cajas, directivos valientes fueron capaces de mantener el buen hacer, incluso a riesgo de enfrentarse a la clase política. Hoy se intenta juntar frutas podridas con frutas sanas, una gran e injusta acción que pasará factura a sus responsables. Este artículo va dirigido a los responsables de las frutas podridas: Desde 2003 el Banco de España alertó de la existencia de una burbuja inmobiliaria que podía poner en riesgo la economía y el sistema financiero español. Políticos de ambos signos obviaron estas advertencias prefiriendo vivir del corto plazo engañando a los españoles sobre la verdadera situación y pensando en las próximas elecciones. Por otro lado el Banco de España nos falló como supuesto órgano independiente de los políticos, y no supo controlar la desbocada expansión del crédito que siguió, germen de nuestras actuales desgracias. En el foro de Davos el Presidente del Gobierno afirmó que el sistema financiero español no tenía problemas, comparándolo benignamente con el británico o el norteamericano, sistemas que realizaron un valiente y temprano reconocimiento de las pérdidas en lugar de fingir que promociones a medio terminar en sitios como Levante seguían manteniendo su supuesto valor contable. Por ignorancia o por creer a la audiencia aún más ignorante, ésta fue una de las grandes falsedades de la crisis. Ex cúpulas directivas de alguna entidad se aprobaron esquemas de bonus “de retención de talento” en función de unas supuestas métricas de “creación de valor”. Entre ellas figuraba el tamaño del balance de la entidad. El vincular bonus a tamaño de balance como si eso fuese crear “valor” no sólo es una falacia, es una historia de terror que convierte “Viernes 13” en película infantil. Se puede incrementar el balance otorgando préstamos a mendigos. El resultado es que el directivo devengará el bonus, y cuando el mendigo no devuelva el préstamo, el contribuyente rescatará la entidad. Así ha resultado. Auditores y reguladores se confabularon con equipos gestores de varias entidades financieras para dar como válidas valoraciones de activos dudosas en multitud de entidades. Cuando una entidad era intervenida, entonces se hacía aflorar la morosidad oculta, o se ajustaba a la baja las valoraciones hasta entonces hinchadas de la cartera industrial. Así, hasta la intervención se seguían generando “beneficios” contables que nadie creía. Semejante desmán ha quebrado la confianza en la contabilidad de muchas cajas y bancos sanos y ha afectado seriamente a la imagen de España. El efecto de esta falacia supondrá una subida del coste de capital que los extranjeros pedirán a nuestras empresas, algo muy grave para una economía en déficit de cuenta corriente. Los resultados de 2010 de varias entidades financieras han arrojado con el beneplácito regulatorio “beneficios” a pesar de dotar contra patrimonio enormes agujeros en el valor de sus activos. Así, entidades que están solicitando ayudas multimillonarias al FROB siguen en “beneficios”. En ocasiones se dan beneficios de 10 y se reconocen “ajustes de balance” de 200, algo surrealista. En cualquier lugar de Occidente minoraciones masivas de activos, salvo contadas excepciones, se reconocen como pérdidas. En España no. Así, este “ajuste” gigantesco del valor de los activos va ligado en muchos casos a la inyección de dinero público, pero sin reconocer la incómoda “pérdida”, ya que siguen apareciendo “beneficios” que permiten seguir pagando “dividendos”. Otra falsedad más. Los autores de las pasadas decisiones erróneas no son sólo ciertos directivos y consejeros de entidades financieras y de sus corporaciones industriales que defendieron o no se opusieron a las decisiones que hoy han arruinado a muchas cajas, sino también los políticos que directa o indirectamente favorecieron esta situación. Es inaceptable que no estén todos en su casa, y que varios de ellos sigan en consejos de entidades financieras, e incluso permitiéndose dar lecciones sobre la crisis. La higiene necesaria en nuestro sistema financiero implica inhabilitar para el ejercicio de cualquier actividad ligada a la banca a las personas que suscribieron las decisiones que han podido llevar a la insolvencia a una parte relevante de nuestro sistema financiero. Parte del problema actual se ha generado como sabemos por la interacción entre inmobiliarios, financieros y políticos de fuerte raigambre local. Si la insolvencia de una entidad viene provocada porque fue forzada por el Rey de Taifa de turno a invertir en proyectos como Terra Mítica o como el aeropuerto de Ciudad Real, el ex directivo responsable debe decir la verdad a la justicia, y exponer el nombre del político que le ordenó semejante “inversión”; el sistema judicial debería dar ejemplo dirimiendo las responsabilidades penales que dichos actos supongan. Los contribuyentes españoles pagaremos durante décadas las falsedades arriba descritas. Sólo cuando se exponga toda la verdad, y todos los responsables acaben sometidos al ostracismo social y penal se comenzará a hacer justicia sobre la sarta de falacias tejida estos años.
martes, 5 de abril de 2011
Un año decisivo
Por Jose Luis González Quirós Publicado en El Confidencial (05/04/2011) La renuncia, aparentemente voluntaria, del presidente del Gobierno a encabezar las listas del PSOE en el año 2012 marca el comienzo de un año especialmente difícil que no habrá otro remedio que acortar. Esta renuncia de Zapatero nada tiene que ver con la de Aznar, aunque contribuya también a que se adopte una costumbre que, de generalizarse, tendría efectos muy positivos para la madurez de la democracia española. Zapatero ha dicho que no va a presentarse apenas un minuto antes de que la situación se volviese insostenible para él, y ha intentado aprovechar el momento para anunciar una finta política bastante inverosímil. La situación en que ha quedado colocado al PSOE no admite más que dos posibilidades, difícilmente compatibles. O Zapatero se decide a gobernar, y el PSOE se entrega al disimulo, o Zapatero se dedica a hacer que gobierna, y el PSOE a la pura propaganda. ¿Qué les parece lo más probable? No cabe pensar, por desgracia, que un presidente que no se ha atrevido a hacer reformas de mayor porte vaya a hacerlas ahora, cuando se cuartean los muros que soportaban su autoridad, y cuando los mercados parecen menos agresivos, una vez que Zapatero es ya figura del pasado: se trata de una posibilidad que no se le ocurriría ni a Botín. Tendríamos que atravesar una situación extrema, que ahora no se adivina, para que se repitiesen las llamadas de los poderosos y hubiese nuevas rectificaciones espectaculares, y, como eso es poco probable que suceda, tendremos a un Zapatero fustigador del PP y sin hacer nada -cosa en la que ya posee un crédito indudable- hasta el momento mismo en que la continuación sea completamente insostenible, lo que no ocurrirá más allá del momento en que se vea que aprobar unos presupuestos para 2012 es absolutamente imposible, y que ya no merece la pena seguir haciendo esfuerzos por ocultarlo. En este panorama van a influir una serie de circunstancias más determinantes que la maltrecha voluntad de Zapatero. No me refiero sólo a la evolución de la economía, que puede ir realmente a peor aunque el marco general parezca no deteriorarse más, ni a la de las encuestas, que dependerá, en gran medida, del calibre del éxito del PP el 22 de mayo, sino a que las estrategias de los aspirantes al control del PSOE, y la forma en que el PP reformule su discurso, van a ser los factores más determinantes. Si, como imagino, los socialistas dan por perdidas las elecciones de 2012, quien quiera hacerse con el control del partido querrá acelerar el momento de su designación y que Zapatero convoque en el instante mismo en que haya el más leve respiro, y, como queda dicho, siempre antes del cuarto trimestre de este año, porque los posibles aliados no querrán indisponerse innecesariamente con el presumible vencedor y no tendrán nada que obtener a cambio de una apoyo negociado, de manera que será inviable el mantener por más tiempo la ficción de un presidente que gobierna bien, aunque pueda perjudicar gravemente los intereses de su partido. Todo indica, pues, que estamos ante un aplazamiento táctico de la convocatoria de generales para que su desastroso pronóstico contamine al mínimo las posibilidades de los candidatos locales. La variante decisiva capaz de determinar el futuro político de España, y el momento en que haya que llamar a las urnas, estará, a mi entender, en la forma en la que el PP, es decir, Mariano Rajoy, afronte este último tramo de su travesía del desierto, ya casi con la certeza del éxito en la mano. Lo decisivo estará no tanto en seguir trabajando por la victoria sino en asegurar al viabilidad del gobierno futuro. Dicho de otro modo, el PP ya no necesita vencer, sino convencer, que es algo más difícil que ejercer de catalizador de un deterioro notoriamente impulsado por las carencias de Zapatero y por la gravedad realmente asombrosa de algunos de sus errores. Zapatero ya ha perdido las elecciones, es casi completamente seguro que el PSOE las pierda, pero falta por ver que el PP pueda ganarlas con el capital político suficiente. De ser esto así, parece obvio no solo que el PP debiera cambiar ligeramente su retórica, sino que, de no hacerlo, se enfrenta a los riesgos que siempre acompañan al que alancea a moros muertos, por decirlo con la clásica expresión castellana. El PP tiene unos meses en que, razonablemente seguro de su victoria, puede permitirse el lujo de explicar lo que hará al ganar las elecciones, y deberá intentar convencer a los españoles de que la prosperidad económica nunca se ha conseguido garantizando duros a cuatro pesetas, sino trabajando, tomando medidas que podrán parecer impopulares pero son sabias y razonables: cualquiera puede hacerlas suyas si se explican bien. Tener miedo a decir ciertas verdades servirá, únicamente, para que la acción de gobierno sea más ineficaz y sus efectos tarden más en llegar. Hay que recordar cómo pudo ganar Aznar y, sobre todo, cómo supo gobernar con éxito, y decir que se va a hacer lo propio. *José Luis González Quirós es analista político
¿Se va o le echan?
Por Antonio Casado Publicado en El Confidencial (05/04/2011) Se va porque ellos quieren que se vaya, como dice el bolero, y él ha captado el mensaje. Ellos son básicamente los suyos, sus votantes, que no le reconocen desde el mes de mayo. Consciente de ser una figura muy castigada, convertido en un lastre para su partido, da un paso atrás. Eso es bueno para el PSOE, cuya marca electoral se resiente porque el nivel de credibilidad de su líder estaba y está por los suelos. Lo que pasa es que Zapatero ha mezclado el anuncio de la espantada con una campaña electoral y una disputa abierta por la candidatura a la Moncloa, mientras él retiene el doble cetro de secretario general del partido y presidente del Gobierno. Y eso es malo para el PSOE. Aunque ha prometido neutralidad, no creo que mire al techo cuando le pregunten por sus preferencias entre los aspirantes -si hay más de uno- a encabezar la lista socialista en las elecciones generales del año que viene. A lo que íbamos. Veamos las hipótesis: a) se va porque quiere, b) le echan los suyos, c) es la gran víctima política de una crisis económica que no supo gestionar, y d) le echa el PP después de una implacable campaña de acoso y derribo La escenificación oficial insiste en el carácter voluntario de la renuncia, con alusiones a su convicción previa de que no estaría más de ocho años en Moncloa. Así lo comentó en una Ejecutiva del partido anterior a su llegada al poder en 2004, como hemos informado en El Confidencial. Y así se lo confesó a José Bono a finales de 2007, según supimos luego por boca del propio Bono. Cierto. Pero también es verdad que la indiscreción fue replicada por Ferraz (o sea, por José Blanco, número dos del PSOE) con una nota en la que se afirmaba con rotundidad: “Zapatero siempre estará a disposición de su partido”. Aunque ha prometido neutralidad, no creo que mire al techo cuando le pregunten por sus preferencias entre los aspirantes No es fácil explicar ahora, en su condición de juguete roto, que antes de iniciar el viaje ya tenía decidido apearse ocho años después. ¿Y si no hubiera aparecido la crisis económica que se llevó por delante dos millones y medio de empleos? Nunca sabremos si Zapatero hubiera repetido candidatura después de una segunda Legislatura con más luces que sombras. Sobre todo tratándose de alguien que teorizó en su día sobre la presión de las circunstancias frente al valor de los principios. Sí, señores, esa fue la tesis de su claudicación ante los mercados. Y así justificó también los planes de saneamiento iniciados a partir de mayo de 2010. Quien no le echa de ninguna manera es el PP, que lleva dos años largos predicando en el desierto la muerte política de Zapatero y el adelanto de las elecciones generales. Y ahí sigue, dispuesto a agotar la legislatura porque tiene lo que hay que tener para agotarla: la mayoría parlamentaria que le otorgan sus costaleros nacionalistas. La que no tiene Rajoy para echar del poder a Zapatero mediante la correspondiente moción de censura. El líder del PP dijo ayer en la radio que presentarla sería una frivolidad porque la perdería. Claro, y el presidente del Gobierno no adelanta las elecciones ahora porque las perdería el PSOE. En cambio, si se celebran cuando tocan, dentro de un año, aumentan sus posibilidades de recuperación sin Zapatero al frente de la lista. No me extraña que los dirigentes del PP y sus costaleros mediáticos estén pidiendo el final del partido sin más demora, antes de que llegue el contraataque y reviente las encuestas.
lunes, 4 de abril de 2011
No te vayas todavía, no te vayas por favor
Por Carlos Fonseca Publicado en El Confidencial (04/04/2011) El presidente Rodríguez Zapatero se va. Renuncia a ser el candidato de su partido en las elecciones generales del próximo año. Lo siento, pero no porque su gestión haya sido buena, sino porque debería haber tenido el coraje de presentarse para recoger en las urnas la recompensa a su política de recorte de derechos laborales. Tal vez así se habría dado cuenta de que sus ·decisiones difíciles pero necesarias” lo han sido a costa de los trabajadores, que no han tenido nada que ver con la crisis económica que les está tocando pagar. Arránquense por sevillanas: “No te vayas todavía, no te vayas por favor…” Zapatero llevaba meses mareando la perdiz de si sería o no el candidato de su partido, alimentando un debate absurdo porque lo sustancial para los ciudadanos ni era ni es si se presentaba o no, sino los casi cinco millones de desempleados que aún no ven ninguna luz al final del túnel. Ahora tenemos por delante un año de campaña electoral plagada de falsas promesas para conservar/ganar el poder. El PSOE arengando a sus fieles con el “que viene la derecha” a desmantelar el estado del bienestar, como si no lo hubieran expoliado ellos, y el PP, transmutado en defensor de los trabajadores, prometiendo empleo para todos. La de Zapatero ha sido una decisión en clave de partido para que las próximas municipales no fueran interpretadas como unas primarias de las generales de 2012. Un duelo Rodríguez Zapatero-Mariano Rajoy del que éste va a salir vencedor el próximo 22 de mayo. El líder del PP se ha quedado sin estrategia, sin referente al que atacar, porque el nombre del sustituto no se conocerá hasta después de los comicios. Ya no le sirve el ¡váyase señor Zapatero! Tendrá que emplearse con el nuevo mantra: ¡elecciones anticipadas, ya! Me pregunto si un líder debe decidir por sí solo si es o no el candidato de su partido y el resto asentir sin más. Creo que no, que debe ser la militancia la que decida en última instancia a quien quiere que la represente como cartel electoral, y eso se resuelve mejor en un Congreso Extraordinario que en unas primarias. La política debe ser un ejercicio compartido, no la decisión de una persona. Zapatero ha dicho que se va, todos en el PSOE le aplauden, y en los próximos días nos hartaremos de escuchar a los más preclaros dirigentes que lo suyo es un ejemplo de responsabilidad política, la decisión de un hombre que coloca al país por encima de sus intereses personales. Si hubiese dicho que quería repetir, los mismos habrían dicho de él que es el mejor candidato posible, y alabarían su gallardía y honradez por dar la cara antes los ciudadanos pese a sus impopulares reformas económicas. Teatro del malo. Mi impresión es que no va a haber más de un candidato a la sucesión, sino uno de consenso que evite el conflicto interno y que sea capaz de amortiguar el previsible derrumbe electoral el partido. Unidad. Esa es la palabra, y Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente y ministro del Interior, el hombre que más la concita. Es uno de los políticos mejor valorado, y la política de firmeza que ha aplicado a la lucha contra ETA es del agrado de una mayoría de la población, poco proclive a diálogos y reconciliaciones con los terroristas. En el País Vasco es otra cosa, pero allí tiene al lehendakari Patxi López para recibir las bofetadas. Tal vez consiga que el derrumbe sea controlado, pero Pérez Rubalcaba es un líder amortizado de antemano, el elegido para ofrecer su postrero servicio al partido inmolándose en las urnas para abrir paso a un nuevo liderazgo con vocación de recuperar el poder en 2016. Quizá ese sea el momento de Carme Chacón, ministra de Defensa, que ha ido subiendo en valoración en las encuestas y que cuenta como asesor con un mago del marketing político: Miguel Barroso, su marido. El problema de la ministra generala es que no goza del aprecio de todos en el partido y es probable que su candidatura ya no fuera de consenso, sino una más para competir en un proceso de primarias en el que no hay que descartar la aparición de un “mirlo blanco”. ¿Se acuerdan de aquel modosito chico de León que en 2000 se atrevió a disputar la secretaría general del partido a José Bono? Pues ganó contra todo pronóstico, con Matilde Fernández y Rosa Díez de mariachis. Sin la pesada carga de ser de nuevo candidato y con la jubilación a la vista, Rodríguez Zapatero puede adornarse en los meses que le quedan. Seguirá con sus reformas y Rajoy ya no podrá pedirle la dimisión. Ahora es él quien tiene la sartén por el mango. Tenemos por delante una entretenida campaña electoral, pese a que los políticos tienen muy poca gracia. Disfruten de la semana y hasta el próximo lunes.
La venganza del voto en blanco
Publicado en El Confidencial (02/04/2011) “No votar - significa que no quieres participar y te resulta indiferente el resultado.” “Votar nulo - significa protestar por el sistema, pero los escaños resultantes de los votos nulos se reparten entre los elegidos.” “Votar en blanco - significa 'no estoy de acuerdo con ninguna candidatura' y quiero que los escaños resultantes de votar en blanco queden vacíos, sin ningún representante.” La idea central de estos movimientos consiste en dejar patente en las urnas su disconformidad con el sistema. Básicamente, persiguen unas reformas con las que todos estaríamos básicamente de acuerdo y sobre las que no entran en detalles, ni efectúan recomendaciones específicas. Como no hay candidatos, poco podemos reflejar acerca de las personas que lo impulsan. La experiencia nos remite a las recientes elecciones en Cataluña, donde 92.000 electores catalanes optaron por votar en blanco en la autonómicas de 2010. Cifra que suponía un 2,94% del total, récord en cuanto a número de votantes que decidieron no apoyar a ningún candidato. De haberse computado esos votos hubieran obtenido dos escaños. El movimiento crece un 50% desde 2006, dentro de estas modestas cifras, que evidentemente no dan para conquistar el poder y cuyo efecto se circunscribe, sobre todo, a las grandes ciudades. En cuanto a enlaces que puedan explicar con más amplitud estos movimientos, aparecen como más nítidos los denominados 'ciudadanos en blanco' (http://www.ciudadanosenblanco.com/) y 'voto en blanco' (http://www.votoenblanco.com/). No esperen encontrar en esos textos una solución a la España que nos duele, sino una forma de protesta cívica que, por lo que hemos apreciado en la evolución de las cifras, va ganando adeptos. Personalmente, no soy partidario de dejar a la sociedad civil sin voz. Estimo que hay una gran parte del electorado que no comprende que alguien preocupado con la situación otorgue su voto a un acto testimonial y no a un representante de carne y hueso al que exigirle respuestas. Pero es una forma distinta de entender la política, que exploran en otras facetas de la convivencia con las que somos respetuosos. El poder de la red Mientras los partidos dominantes, siguen su lógica descomposición, internet sigue sumando activos cada vez más coherentes con el objetivo común A solo siete semanas de los comicios autonómicos y provinciales, hay algunos movimientos en los partidos que seguimos desde este observatorio. Por destacar el más curioso, Ciudadanos ha designado como cabeza de lista en Madrid al Presidente de la Asociación de Internautas Españoles, Víctor Domingo. Esto significa que C's ha comprendido la fuerza del canal internet y quiere probar con un candidato de fácil consenso en la red. Ni ellos ni nosotros vamos desencaminados, al tratar de orientar el voto racional y disperso que puebla estos medios. La cita del 22-M va a ser una prueba de fuego para todos, al verificar el porcentaje de voto leal que les queda a PP y PSOE y proyectarlo hacia unas próximas generales. Podremos sumar qué es lo aglutinado por el desencanto de la sociedad española y ver cómo unificamos su voto para decantar el poder hacia quien asuma reformas de importancia. Si estimamos el techo invariablemente leal en 150 escaños para el más votado, el esfuerzo consistiría en aglutinar 26 escaños, a cambio de un referéndum en el que votar los cambios imprescindibles para nuestra salud democrática y nuestro avance económico. Esto quiere decir que, con un promedio de 100.000 votos por circunscripción, desde 2,6 millones de votos, estaríamos en condiciones de enderezar el rumbo del país. Poco importa que el PP superase en proyección los 176 escaños, por cuanto una parte, justo la que le hace potencial ganador, es voto racional añadido sobre el que podemos trabajar. Convencer a 2,6 millones de españoles acerca de forzar un referéndum para la reforma de la Constitución y de algún aspecto capital relativo a la gestión económica, no parece una tarea de gigantes. Esos millones de votantes, existen, y nuestra tarea consiste en llegar a ellos y coordinar su voto. Como digo, el test de mayo, resultará definitivo para nuestras aspiraciones en las Generales. Como ven, la tarea, no siendo sencilla, tiene unas coordenadas racionales específicas y alcanzables desde este canal. Y la principal contribución viene de ambos partidos, que, día a día, siguen dejando patente sus carencias y falta de inspiración. Cuando empezamos a describir el escenario político al que habríamos de enfrentarnos, cualquier propuesta resultaba utópica. Pero según va pasando el tiempo, y reflexionando sobre nuestras oportunidades, vamos encontrando la luz con la que abordar ese cambio, sin pasar por feroces contiendas. Al final este partido lo vamos a ganar, porque la razón siempre se acaba imponiendo y el tiempo corre nuestro favor. Mientras los partidos dominantes, siguen su lógica descomposición, internet sigue sumando activos cada vez más coherentes con el objetivo común. Poco podemos confiar en la aparición de nuevos partidos aglutinadores, por lo que las fuerzas para el cambio solo existen en las filas de estos pequeños partidos que hemos ido analizando, en los movimientos coordinados de las redes sociales y en los blogs de mayor audiencia. Nada que no sepamos donde está ni cómo poner en marcha. Tenemos todos los elementos y solo falta que las urnas dentro de unas semanas, nos permitan un análisis más certero. Lo demás será coordinar acciones en redes sociales y pequeños partidos, con quienes ya estamos felizmente conectados y mantenemos un fluido diálogo. La próxima semana tendremos un post sobre economía alternativa. Una decálogo propuesto por especialistas, que distingue dos funciones: una, maximizar lo que podamos del presente modelo económico; y, otra, enviar algunos exploradores a la siguiente colina, para ver cómo podemos ir trasladando la tropa a mejores posiciones, ante el racionamiento de víveres que se avecina en la posición actual. Si existe un nuevo modelo, no será porque lo definamos en un papel que lo aguante, sino porque un nuevo emprendimiento masivo, nos pueda confirmar que de verdad existe algo más allá de donde estamos, y que podemos abandonar con seguridad las bases de este, que tanto nos ha hecho sufrir al final. Con ese grupo de exploradores sobre el futuro de nuestra economía, quisiéramos seguir trabajando después de las elecciones de mayo, bajo esta forma de tormenta de ideas, muy abierta a otras influencias doctrinales y experiencias en el exterior. Abrimos pues el debate sobre la idea de este voto en blanco y sobre las estrategias que tengan a bien comentar. Gracias.
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