Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

lunes, 18 de julio de 2011

Ninguna entidad española suspendida necesitará más capital del ya previsto

Noticia

Publicado en El País (15/07/2011)

España ha acumulado cinco de los ocho suspensos de las pruebas de resistencia a la banca europea, según los resultados hechos públicos hoy por la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). Las entidades que no han superado los mínimos son CatalunyaCaixa, Unnim, la CAM y el Grupo Caja 3, además del Banco Pastor. Tampoco han aprobado dos bancos griegos y un austríaco. En su conjunto, las entidades financieras que no alcanzan el mínimo del 5% requerido de core tier 1 (capital de máxima resistencia) necesitan un capital adicional de 2.500 millones de euros. No obstante, en el caso de las españolas, no precisarán captar fondos adicionales una vez reciban las ayudas que ya han solicitado.

España, a diferencia del resto de países de la UE, ha sometido a la práctica totalidad de su sistema financiero con un 95%, mientras la media europea se sitúa en el 60%. De hecho, los grandes bancos españoles superan holgadamente los requisitos de capital exigidos para resistir un hipotético deterioro extremo de la economía durante los próximos dos años. Además, las cinco entidades suspendidas no necesitarán ampliar más capital del previsto, ya que o bien cuentan con provisiones genéricas y han salido al mercado a captar fondos, como el caso del Pastor, o ya tienen solicitada ayuda al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).

El esfuerzo realizado por las entidades españolas dentro del proceso de reestructuración puesto en marcha por el Gobierno y supervisado por el Banco de España se traduce en que, de las 25 cajas o bancos que se han sometido a las pruebas, 12 de ellos alcanzan los mínimos de capital exigidos gracias a los fondos captados a lo largo de 2011.

Como se esperaba, las grandes entidades españolas han superado el examen, incluso con holgura en el caso de los dos mayores bancos. El que obtiene un core tier 1 más elevado es el BBVA, con el 9,2%, mientras que el Santander llega al 8,4%. Siempre hablando de los escenarios más adversos, también pasa la prueba el Banco Financiero y de Ahorro (BFA) -a pesar de que se ha quedado con los activos más tóxicos de las antiguas Caja Madrid y Bancaja para dejar limpia a Bankia- y obtiene el 5,4%. Respecto a La Caixa, alcanza el 6,4% de capital de máxima calidad. Popular, Sabadell y Bankinter registran, respectivamente, ratios del 5,3%; 5,7%; y 5,3%.

En cuanto a los suspensos, la Caja de Ahorros del Mediterráneo, castigada por su salida en marcha de la unión con Cajastur en el extinto Banco Base, se queda con un nivel de capital del 3% en el escenario más adverso. Por este motivo, necesita 947 millones de euros para alcanzar el mínimo del 5% exigido por la EBA. El Grupo Caja 3, la entidad surgida de la integración de Caja Badajoz Cajacírculo de Burgos y la Inmaculada obtiene una ratio del 3,3%. El Pastor también obtiene un 3,3%, pero no tendrá que captar más capital gracias a las provisiones genéricas y la emisión de convertibles.

En el caso de Catalunya Caixa, su capital se ha quedado en el 4,8%, pero la entidad catalana defiende que si se cuenta el efecto de la venta de acciones que tenía de Repsol por valor de un 0,4%, su ratio alcanzaría el 5,2%, suficiente para aprobar aún sin tener en cuenta las provisiones anticíclicas. Por último, la otra entidad catalana suspendida, Unnim, obtiene un 4,5%, pero también superaría el aprobado de tener en cuenta las dotaciones genéricas, subestándar y fondos de pérdida esperada.

En cuanto al resto de países, Alemania, Francia e Italia no registran ningún suspenso. Además, en el conjunto de la banca europea, ya que en total se han examinado a 90 entidades, hay 16 aprobados raspados, ya que estas entidades no llegan a superar el 6% de capital en el escenario más adverso.

sábado, 16 de julio de 2011

El bloqueo de la negociación conduce a EEUU a la quiebra

Publicado en El País (15/07/2011)

A medida que se acerca la fecha fatídica en la que el Gobierno de Estados Unidos puede declararse en suspensión de pagos, crece extraordinariamente la tensión política, aparecen las divisiones dentro de los partidos y aumenta el pesimismo sobre la solución de una crisis que puede marcar el rumbo de este país por varios años y mantiene en vilo a la economía internacional. Todos los esfuerzos por evitar un escenario catastrófico han resultado hasta hoy infructuosos.
Asuntos cruciales para EE UU y el mundo, desde el valor de los bonos del Tesoro hasta la fortaleza del dólar -sin mencionar lo más esencial: la credibilidad de la mayor potencia económica-, penden actualmente de una negociación política que está en manos de un grupo de radicales republicanos dispuestos a hacer de esta batalla la razón misma de su existencia.

En esas condiciones, las múltiples llamadas a la cordura desde los círculos financieros, empresariales y políticos, incluso las amenazas de las agencias calificadoras de rebajar la nota de solvencia de este país, se estrellan con la intransigencia ideológica de quienes, indiferentes a todas las consecuencias, entienden que reducir el déficit sin subir impuestos es un dogma de fe. Así pues, el peligro de que el Gobierno norteamericano no pueda hacer frente a sus pagos a partir del dos de agosto es en estos momentos absolutamente cierto.

Obama busca una salida

El presidente Barack Obama, que desde la semana pasada reúne a diario en la Casa Blanca a los líderes del Congreso en busca de un acuerdo, pretende juntarlos a todos en un retiro de fin de semana en su residencia de Camp David para forzar un arreglo. Pero el líder republicano en la Cámara de Representantes, John Boehner, no cree necesario ni oportuno un esfuerzo semejante.

Detrás de esa negativa está el intento de la oposición de evitar que Obama tenga demasiado protagonismo en la negociación y pueda, por tanto, rentabilizar políticamente una hipotética solución. En ese cálculo de corto plazo, en esos movimientos tácticos por hacer parecer al otro como el culpable del daño que se está causando a la nación, se consume el tiempo mientras EE UU se aproxima al precipicio

Lo que se negocia es un acuerdo para reducir el déficit federal en unos cuatro billones de dólares en una década a cambio de que el Congreso dé luz verde al Ejecutivo para asumir nueva deuda con la que pagar sus facturas, sus créditos y los beneficios de los bonos del Estado. Sin ese permiso, el Gobierno no puede endeudarse más. Sin esa nueva deuda, la Administración se queda sin dinero a partir del dos de agosto.

Los republicanos, en contra de las subidas de impuestos

La negociación está estancada porque Obama propone que esos cuatro billones salgan tanto de la reducción de servicios públicos, incluidas las ayudas sanitarias, como del aumento de los impuestos a las empresas petroleras y a los ingresos superiores a los 250.000 dólares anuales.

Los republicanos pretenden que toda la reducción del déficit provenga del recorte de gastos y han advertido que la Cámara de Representantes, en la que tienen mayoría, no va a pasar ninguna iniciativa que contenga un solo céntimo de aumento de impuestos.

Para Obama, a su vez, aceptar un acuerdo en el que todo el sacrificio corra a cargo de los beneficiarios de los programas sociales supondría un suicidio político. Es más, eso tampoco pasaría en el Congreso porque lo rechazarían los demócratas.

El peligro inminente de la quiebra

Así pues, o los dos bandos hacen renuncias significativas o estamos condenados a un verano dramático en el que los pensionistas pueden quedarse sin sus cheques, China sin el cobro de sus bonos y el mundo entero en estado de alarma por el impacto de un conflicto de esta naturaleza. Puede ser, sencillamente, el golpe final a una economía ya amenazada por múltiples riesgos en otras regiones.

Obviamente, la política nacional es soberana y cualquier congresista elegido por su pequeña circunscripción tiene derecho a defender lo que cree que son los intereses de sus electores sin preocuparse por las relaciones con China o las presiones sobre el dólar. Pero, en este caso, a estas alturas, ese derecho soberano está siendo administrado con una alarmante irresponsabilidad.

No debería de ser una sorpresa. Cuando los republicanos ganaron la mayoría en noviembre pasado aupados por la vitalidad del Tea Party, ya se advirtió que ésta no era una fuerza amiga de las componendas. Ese grupo está haciendo ahora buenas sus palabras. Después de que el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, propuso esta semana darle a Obama el permiso que quería para endeudarse -no para ayudarle, sino para culparle después exclusivamente por la deuda-, fue inmediatamente comparado con Poncio Pilatos en las páginas webs del Tea Party.

Un republicano mucho más duro que McConnell, el número dos en la Cámara, Eric Cantor, este sí un halcón anti impuestos, asumió entonces la voz cantante de la negociación en la verdadera línea intransigente que exigen sus bases. Tan áspero está el clima político, que Obama se marchó abruptamente de las conversaciones el miércoles después de un choque dialéctico con el portavoz de la oposición. "Si Cantor sigue al frente, habrá quiebra", pronosticó ayer el senador demócrata Charles Schumer.

El conservadurismo tradicional trata de apartar al 'Tea Party'

Discretamente, otros republicanos tratan de apartar a Cantor y al Tea Party de esta jugada. El conservadurismo tradicional entiende que esto está yendo demasiado lejos y que los ciudadanos van a castigar al Partido Republicano si se llega a la suspensión de pagos. Ante esa eventualidad, en las filas de la oposición, desde el mismo McConnell hasta Karl Rove, han empezado ya a apuntar a Obama como único responsable de una quiebra pública.

Nadie va a salir bien parado si se llega a eso, pero Obama está haciendo todos los esfuerzos por mostrarse centrista, moderado y conciliador. "Está demostrando más paciencia que el santo Job", declaró ayer la líder de los demócratas en la Cámara, Nancy Pelosi.

Las próximas horas son críticas. La agencia Moody's ha advertido que puede rebajar la calificación máxima de la deuda norteamericana en pocos días. Standard's & Poors considera que existe un 50% de posibilidades de rebajarla. Ambas creen que, sin esperar al dos de agosto, la imagen de solvencia de EE UU, imprescindible para mantener su posición como faro de la economía mundial, ya está en peligro.

Ausencias culpables

Editorial El País

Publicado en El País (15/07/2011)

Europa ha dejado en manos de los Gobiernos nacionales la gestión de su profunda crisis de la deuda. El Senado italiano aprobó ayer un plan de austeridad económica que implica, entre recortes presupuestarios, subidas de impuestos, privatizaciones y aplicación de un fuerte copago sanitario (que puede alcanzar hasta 10 euros por visita y 25 por urgencias), en total unos 70.000 millones de euros hasta 2014. El plan parece ambicioso, aunque debe ser corregido atendiendo a la tendencia de la Administración italiana a la contabilidad creativa, y refleja con exactitud el miedo que ha causado en Italia el desbordamiento de su prima de riesgo. Su economía no responde a la retórica expresión de solidez que vendió Silvio Berlusconi, poco ducho en otras finanzas que no sean las suyas. De hecho, soporta el pesado lastre, bien calibrado por sus acreedores, de que ha crecido muy poco en los últimos 10 años y no tiene mejores expectativas para el próximo decenio.

Desgraciadamente, las posibles virtudes del plan italiano (las Bolsas y la deuda italiana y española parecen haberse calmado moderadamente) palidecen ante dos ausencias políticas insólitas e irresponsables. La de Berlusconi, desaparecido en el peor momento de la tempestad financiera, confirma su incapacidad para ejercer sus responsabilidades. El desorden político desatado por Berlusconi (en el que hay que incluir algún grueso desacuerdo con el ministro de Economía, Tremonti) no es el mejor aval para dar credibilidad a los ajustes en Bruselas y ante los mercados.

Pero la ausencia más peligrosa es la de Europa. Alemania se resiste a aceptar una cumbre extraordinaria del Eurogrupo para poner orden en la caótica situación de las deudas nacionales europeas. Lo sorprendente no es la reticencia en sí; ya se sabe que Angela Merkel y sus satélites (Países Bajos, Austria) verían con más simpatía una liga hanseática (si fuera posible resucitarla) que una moneda común en la que participan españoles, portugueses y griegos. La perplejidad nace del argumento esgrimido para bloquear la iniciativa del complaciente Van Rompuy: "Grecia cuenta con financiación suficiente hasta septiembre y no hay necesidad de acelerar un segundo rescate". Pero eso es precisamente lo que piden los inversores: que Europa demuestre aquí y ahora que tiene una idea para salvar a Grecia y evitar los segundos rescates de Irlanda y Portugal.

Merkel y el pelotón de los resistentes parecen no darse cuenta de que Grecia no puede vivir meses de interinidad; no aceptan que esa interinidad, además de cercenar el futuro de Grecia y comprometer el de Portugal e Irlanda, ahoga las posibilidades de crecimiento de España o Italia. Mientras Alemania se encastilla en la ideología de que cada país es responsable de sus excesos y se resiste a aceptar los eurobonos, la economía española, sujeta a un férreo programa de restricción fiscal, observa cómo se disparan sus costes financieros por culpa de la indecisión europea. Cada punto básico que sube el diferencial cuesta millones en intereses; y ese encarecimiento financiero acabará por devorar cualquier margen presupuestario. La miopía de Berlín está costando mucho dinero y empleo en Madrid y en Roma.

jueves, 14 de julio de 2011

La venganza de los serios

Por John Carlin

Publicado en El País (14/07/2011)

Durante los 12 años que trabajé en The Independent, uno de los diarios ingleses que no paga para conseguir información, hubo una lamentable etapa en la que compartíamos dueños con The Mirror, un tabloide que sí paga. Nuestro destino estaba en manos de Kelvin MacKenzie, exdirector de The Sun y en aquel momento ejecutivo del Grupo Mirror. En teoría, MacKenzie estaba ahí para ayudar a que The Independent vendiera más ejemplares y emergiera de sus eternos problemas económicos. La realidad era que nos desdeñaba y le importaba poco lo que nos pasara.

Lo decía abiertamente cuando se encontraba con alguno de nosotros en un pasillo o en el ascensor. Eramos unos pijillos. Escribíamos artículos impenetrablemente largos (más de 10 párrafos para un tabloide es Guerra y paz), utilizando palabras y frases de difícil comprensión para las masas, sobre conflictos e injusticias en lugares absurdamente remotos e irrelevantes como Ruanda, los Balcanes o Guatemala. ¿Y quién los leía? Bueno, quizá teníamos 300.000 lectores por aquellas fechas, pero esa era una triste fracción de lo que vendían The Sun y The Mirror. Sí, sí, nos creíamos tan listos, con nuestros títulos universitarios de Oxford y Cambridge y nuestros matizados argumentos, pero lo que el gran público quería era simplísimo -generar polémicas donde no las había- e historias escandalosas de famosos y fotos de mujeres con los pechos al descubierto. No había nada que hacer, opinaba MacKenzie. Representábamos una cultura elitista y -casi, casi- obsoleta.

La actitud de nuestro estimado ejecutivo era compartida por una buena parte de los directivos y periodistas de la prensa tabloide en general. Si había un diario por el que sentían incluso más desdén que por el Independent era The Guardian, cuya vena moralista, siempre haciendo campaña a favor de causas progres, les parecía especialmente ridícula. La broma es que ahora es The Guardian el que los ha pillado, dejando al desnudo con una revelación tras otra que el éxito comercial de los tabloides, especialmente The Sun y The News of the World, cuyo dueño es el famoso Rupert Murdoch, se basaba no en la mejor calidad de sus reporteros sino en el dinero con el que contaban, no solo para pagar a fuentes, sino a detectives privados que se encargaron de interceptar los teléfonos de famosos, de políticos y de miembros de la familia real inglesa. The Independent se ha unido a la fiesta, claro, junto a otros diarios relativamente mucho más serios como el Financial Times, el Observer o el Telegraph, que ahora despotrican contra los tabloides con el mismo vigor e indignación que los tabloides siempre han demostrado a la hora de opinar sobre los pecados sexuales u otros supuestos excesos de personajes públicos.

The Times de Londres no ha tenido más remedio que participar en la venganza de los serios, pese a que el dueño es Murdoch. Bastante a su honra, el director del Times ha permitido que sus columnistas le peguen duro al News of the World. Será interesante ver ahora cuál será la respuesta del Sunday Times, también de Murdoch, también supuestamente serio, pero acusado esta semana de las mismas vilezas que sus primos hermanos tabloides.

Rodarán más cabezas antes de que este episodio llegue a su fin. Algunas de las que se tambalean ocupan puestos de autoridad en diarios que no tienen nada que ver con Murdoch, como el Mirror, el Express o el Daily Mail. Se supone que el impacto sobre la prensa inglesa en general será positivo; que se volverá a la legalidad y se recuperará una cierta decencia. Pero sería una pena que, como consecuencia, se diluyera la tradición de agresiva independencia que es el lado bueno de la prensa inglesa, que se achique ante el poder, como ocurre con la prensa de muchos otros países del mundo. Un exjefe mío en el Independent, Peter Wilby, escribió una columna en The Guardian esta semana en la que expresó el deseo de que, cuando todo este lío acabe, la prensa inglesa siga siendo tan mordaz y valiente como siempre lo ha sido. "Si no", escribió Wilby, conocido por sus opiniones de izquierda, "tendremos algo mucho peor que Murdoch y sus tabloides: diarios tímidos y respetables que reflejan la forma de pensar del poder establecido".

Los árboles nos impiden ver el blosque

Por Pablo González Caballero

Publicado en El País (14/07/2011)

Sigue creciendo la histeria económica. Ya no quiebran grandes empresas, sino países enteros cuya deuda soberana es una soberana deuda. Se habla de contagio, de riesgo para el euro y de fractura en Europa.

Todos los países se entregan a dramáticos ajustes que no solo enfrentan a los gobernantes con el pueblo, sino que una semana después resultan ser insuficientes. Y como un cáncer devastador, el paro y la pobreza crecen a un ritmo despiadado e incontenible, sin que aparezca un solo dirigente capaz de encontrar soluciones... ¿Qué es lo que pasa? Honestamente, creo que los árboles nos impiden ver el bosque.

Esta no es una crisis económica sino de modelo económico. La mayoría de los gobernantes del mundo haciendo exactamente lo contrario de lo que deberían hacer. En lugar de supeditar los mercados a la soberanía nacional, lo que hacen es atender solícitos sus exigencias, por depredadoras que sean. Como si los mercados fuesen un dios al que temer, y no unos pocos miles de grandes accionistas, banqueros, millonarios y, sobre todo, especuladores que sin generar el menor bienestar a la población mundial provocan los peores desastres con su codicia sin freno. Ahora han hecho presa en las deudas soberanas, y en lugar de plantarles cara lo que hacen nuestros gobernantes es suplicarles y temblar.

Siempre habrá miserables y usureros, jugadores de ventaja y personas que acumulen fortunas irracionales sin hacer nada por los demás. Pero para que traduzcan su poder económico en poder a secas -en el poder de decidir sobre nuestras vidas- necesitan que nuestros gobernantes les sigan el juego.

Ese, y no otro, es el problema. Porque sin la traición de quienes deberían representarnos todo ese egoísmo concentrado se quedaría en nada.

miércoles, 13 de julio de 2011

¿Qué hace España en Afganistán?

Por Javier Rupérez,político y diplomático español.

Publicado en El Confidencial (11/07/2011)

Conviene recordar el comienzo de esta historia: los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 habían sido planificados por Osama Bin Laden en Afganistán aprovechando la complicidad que los yihadistas recibían de los talibán, entonces en el poder. En la práctica, el Gobierno afgano encabezaba a la perfección lo que los analistas internacionales denominan “estado delincuente”. La acción bélica americana, utilizando el legítimo derecho a la defensa contra los ataques, y contando con el apoyo inmatizado de gobiernos e instituciones internacionales, tuvo como primer objetivo el de derrocar a quienes habían permitido y alentado la realización de los ataques terroristas.

A finales del año 2001, la operación ‘Libertad Duradera’, realizada con abundancia de medios aéreos pero con elementos terrestres limitados a los comandos de fuerzas especiales, se saldó con un rotundo éxito. Desde el punto de vista politico la comunidad internacional encontró en Hamid Karzai, un pastún bien conocido en Washington y opuesto al radicalismo fundamentalista talibán, la figura adecuada para encarnar la transición hacia formas civiles y democráticas mientras que, desde el punto de vista de la seguridad, el golpe propiciado a Al Qaeda y sus cómplices parecía tan definitivo que EEUU y sus aliados estimaron improbable el resurgimiento de los talibanes.

Tanto era así que la Administración Bush aplicó en el Irak de Saddam Hussein, desviando la atención de lo que Afganistán ocurría, la misma receta afgana: acabar de raíz con la peligrosidad de regímenes autoritarios de perfiles arabo/islamistas cuya razón de ser giraba en torno a la inducción de inestabilidad y violencia para con las democracias occidentales y sus ciudadanos. Los “infieles” de Bin Laden.

Tempranamente, la ONU invitó a la comunidad internacional a participar en los esfuerzos de reconstrucción física y social del martirizado país y España, todavía bajo el gobierno de José María Aznar, respondió a la invitación con largueza, enviando un contingente relativamente numeroso de fuerzas militares con misiones civiles y humanitarias. Esas tropas se fueron integrando alternativamente bajo el mando americano en la operación ‘Libertad Duradera’ o bajo el de la OTAN, en el marco de la ISAF (International Security Assistance Force). Fue precisamente al realizar al relevo de uno de esos contingentes cuando se produjo en Trebisonda, en Turquía, el accidente del avión que devolvía a casa a sus integrantes, con el espantoso saldo de 62 muertos. En otro accidente aéreo, esta vez en Afganistán, en el que se vio envuelto un helicóptero, fallecieron 17 militares españoles. Recordemos que hasta la fecha Afganistán sigue siendo la intervención militar española en el exterior que mayor número de víctimas se ha cobrado: 97.

Y Zapatero abandonó Irak

Al llegar a la presidencia del Gobierno, tiempo le faltó a Zapatero para anunciar la retirada de las tropas españolas estacionadas en Irak, cumpliendo con ello una promesa electoral al coste de crear con los americanos una insalvable sima de credibilidad, dada la abrupta e inesperada manera con que la decisión fue adoptada y publicitada. Al hacerlo, introdujo además uno de los elementos de la falsedad que tan a menudo habría de salpicar toda su desgraciada gestión: que la presencia militar española en Irak no tenía cobertura legal, cuando lo cierto es que aquellas tropas ya estaban bajo el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU.

Las tropas españolas no habían participado en la misma invasión, cuyo pecado de “ilegalidad” tanto preocupaba a Zapatero y a sus cohortes. Intentó el Gobierno socialista cubrir la papeleta frente a los evidentemente irritados americanos con la promesa de que, en Afganistán, España si cumpliría con sus compromisos, con el recurso elemental de que Irak era la “mala guerra”, la guerra de Bush, mientras que Afganistán era la “buena operación humanitaria”, aunque también la había iniciado Bush. Pero en realidad lo que contaba es que frente a la contradicción y sus gravosos resultados Zapatero podía presumir que el también tenía “su” operación militar, que no guerra. Ni Bono, del que ni los conserjes deben recordar que fue Ministro de Defensa, ni Chacón, eternamente perdida en el inane mutismo de sus vacías circunvoluciones cerebrales, pusieron el menor interés en desfacer los correspondientes entuertos y menos en explicar las razones de una presencia que en el fondo de sus almas se les antojaba reaccionaria y poco compatible con una política “de progreso”.

Ni que decir tiene que el voluntarioso y torpe Moratinos bastante tenía con que Afganistán le sirviera para que Condoleezza Rice no le diera con la puerta en las narices. Poco le había faltado al educado Colin Powell para hacerlo. Sin embargo, en el tumulto, Afganistán quedó para los socialistas como intocable piedra de toque, en la que poco o nada creían pero a la que consideraban reverencial para presumir frente a los inquilinos de la Casa Blanca. Impagable tragicomedia esta de unos aficionados pacifistas que por temor a ser reñidos no debaten en Afganistán lo que en Irak les llevó a movilizar las masas. De nuevo el síndrome OTAN. ¿Se acuerdan? Del “OTAN de entrada NO” al “OTAN en el interés de España”. En el corto espacio de cuatro años. ¿Hay alguien que de más volatines en menos tiempo?

ISAF: “I Saw Americans Fighting”

Es en esos dimes y diretes, cuando una apariencia de estabilidad empieza a instalarse en Irak, el momento en que los jefes militares aliados dan la voz de alarma: los talibanes se están rearmando, las zonas fronterizas entre Afganistán y Pakistán distan mucho de estar pacificadas, la complicidad entre los servicios de inteligencia pakistaníes y las diversas facciones islamistas radicales se hace evidente, las tropas aliadas están siendo objeto de ataques numerosos y bien planificados, la seguridad es precaria incluso en Kabul, Karzai se ha convertido en un líder errático y, por si fuera poco, la corrupción permea todo el sistema de gobierno mientras las seculares tensiones tribales retornan con fuerza. Obama, ya instalado en la Casa Blanca, responde con la guerra, esta vez la suya: se incrementan los ataques de los aviones no tripulados contra terroristas e insurgentes, incluso dentro de territorio pakistaní y, tras un periodo agónico de meditación, ordena el envío de 30.000 soldados adicionales. El número total de tropas desplegadas en el territorio llega a los100.000, de las que más del 80% son estadounidenses.

El Gobierno español se resiste tozudamente a utilizar la palabra “guerra” para describir lo que está ocurriendo en el país asiático, a pesar de que nuestras tropas no dejan de recibir ataques de los insurgentes locales y a pesar de que -y en eso no están solos los españoles, otros países europeos practican la misma táctica- las zonas donde se han desplegado están relativamente alejadas de los conflictos más intensos o se ven poco afectadas por los mismos. No tarda en aparecer un sardónico chiste: ISAF no querría decir lo que sus siglas reflejan sino “I Saw Americans Fighting”. Es decir, “he visto luchar a los americanos”.

Lo grave y contradictorio de la desgana argumentativa gubernamental es su mismo resultado: las tropas españolas y sus elementos de apoyo, a un coste significativo para el contribuyente nacional, están cumpliendo satisfactoriamente con su cometido mientras al españolito de a pie, al que naturalmente no le gustan las guerras ni comprende qué hacemos peleando en una tan lejana, le falta lo elemental: una explicación. Un razonamiento que debería haber sido este: las democracias occidentales no pueden permitir que Afganistán se convierta de nuevo en un nido de gestación y lanzamiento del terrorismo islamista internacional; un nuevo 11 de septiembre sería muy negativo para la estabilidad de todos nuestros países y del mundo en general; el yihadismo debe ser confrontado con vigor y sin complejos, si realmente queremos establecer una línea fecunda de conversación y colaboración con el mundo musulmán; España, país democrático y próspero, comparte el interés de sus socios y aliados en que así sea y sus recursos defensivos le permiten, y en cierta medida le obligan, a prestar su apoyo a la causa común. Nunca ha sido fácil vender guerras. Menos todavía si por parte de los que deberían desempeñar tales tareas tienen sus mentes puestas en otras urgencias -el Llobregat, la hípica- y se sienten poseídos por el miedo escénico de los que deben recitar un papel en el que no creen. Los castizos denominan a la figura como coitus interruptus.

El hartazgo de la opinión pública

Ciertamente el presente no es muy prometedor. El presidente Obama, que tiene cierta afición a dar un paso adelante y dos atrás, acaba de anunciar la retirada de 10.000 soldados de Afganistán para este verano y los consiguientes repliegues hasta la completa retirada de la tropa combatiente en el verano de 2014. Los países que bajo la OTAN tenían también contingentes desplegados en Afganistán, entre ellos España, han anunciado ahora, en el caso de que no lo hubiera hecho antes, su intención de proceder de la misma manera. Urgencias varias, en las que se suman necesidades electorales, la necesidad de reducir gastos, el hartazgo de la opinión pública o las dudas sobre la viabilidad del objetivo, dibujan un panorama desalentador. Tanto más cuanto que los éxitos parciales indudables que los jefes militares describen no parecen ir acompañados de certezas tranquilizadoras sobre el futuro del país y más bien hacen pensar en una vuelta al dominio de la confusa alianza que forman yihadistas, talibanes, jefes feudales, espías pakistaníes, cultivadores de opio y otras gentes de mal vivir. ¿Diez años de guerra, de muertos, de gastos, para esto? ¿Acaso no están los americanos y sus aliados experimentando en sus carnes lo que sufrieron los soviéticos tras la invasión de 1979? ¿No será cierta la sabiduría convencional que hace de Afganistán un territorio de imposible conquista para foráneos, orgullosa tierra indómita, martirio de gigantes y nido de víboras?

No es previsible que el mundo occidental dé la batalla por perdida definitivamente ni probable que, sean cuales sean las demandas del momento, Afganistán quede abandonado a su suerte. Las razones por las que allí estamos, para todos los que allí estamos, siguen siendo hoy tan válidas como hace diez años y resultaría suicida no tenerlo en cuenta. Pero, al mismo tiempo, es indudable que la fatiga permea a dirigentes y opiniones públicas y frente a ella solo cabe la reafirmación en lo fundamental -otro Afganistán delincuente resultaría extremadamente dañino para nuestros intereses- y la adopción de posibles cambios en lo accesorio -las tácticas, los despliegues, las políticas concretas-.

Comienza a dibujarse una acción antiterrorista más basada en la información y en las acciones puntuales de fuerzas especiales -al estilo de la que acabó en Pakistán con la vida de Bin Laden- que en el mantenimiento sobre el territorio de cantidades masivas de fuerza militar preocupada sobre todo por asegurar su propia seguridad. Ello y la letalidad de los aviones no tripulados en las zonas fronterizas y el mantenimiento de la cohesión aliada -la OTAN en Afganistán no está pasando por sus mejores momentos- podría demostrarse suficiente para contener a la fiera del barbudo con babuchas y kalasnikov. A ello convendría añadir cantidades hoy de imposible evaluación, como, por ejemplo, la voluntad pakistaní para cortar definitivamente sus lazos con talibanes y yihadistas, las posibilidades de una mejora real de relaciones entre Nueva Delhi e Islamabad con algún tipo de arreglo sobre Cachemira o la decisión iraní de no seguir armando a todo aquel que quiere disparar contra los occidentales. No hay que ser muy versado en los vericuetos de la política internacional para adelantar que ninguna de esas cosas aparecen hoy en el horizonte de lo posible, menos en el de lo probable.

¿Y España? Con sus aliados, con los Estados Unidos, con la libertad, contra el terrorismo, contra la barbarie y, ahora que los demóscopos nos anuncian cambios en La Moncloa, con todas las explicaciones que sean necesarias para justificar nuestros sacrificios y todas las gestiones que haya que realizar para acompasar nuestra colaboración a las acciones comunes y para contribuir adecuadamente a la misma descripción de estas. Mariano Rajoy y el PP tienen todas las adecuadas credenciales para hacerlo. Entre otras, y no es la menor, la impecable manera en que han sabido apoyar a nuestras tropas en Afganistán, y en los demás despliegues exteriores en que nos encontramos, sin un mohín de crítica o de disgusto cuando tentador hubiera sido devolver la moneda a los que en su oposición a la guerra en Irak estuvieron dispuestos a cualquier cosa. Incluso a calificar de “asesino” al presidente del Gobierno. Aunque en esto de los socialistas hay que andarse con mucho tiento: como aquellos del cuento, ni olvidan ni aprenden nada. Y lo de Afganistán tiene cuerda para rato. En el camino nos encontraremos.

martes, 12 de julio de 2011

Intervención de Cohn Bendit

De estas palabras de Daniel Cohn Bendit han pasado más de un año, pero hoy aún son de actualidad.

lunes, 11 de julio de 2011

Por qué Rubalcaba nunca ganará unas elecciones

Por Carlos Sánchez

Publicado en El Confidencial (11/07/2011)

Alguien dijo que el cargo no hace la virtud, sólo la presupone. Y por eso sorprenden las expectativas creadas en torno a un candidato de larga trayectoria política que ha formado parte del Gobierno en momentos clave de la reciente historia de España. Pero todavía sorprende más la incapacidad de Rubalcaba para entender los cambios sociales, lo que probablemente tenga que ver con el hecho de que su trayectoria sólo ha podido triunfar en un sistema de partidos endogámico que entiende la política como un fin en sí mismo. Y no como un instrumento para cambiar las cosas. Rubalcaba y su forma de elección son, en este sentido, hijos del actual sistema político.

Pero yerra el ex ministro en su discurso si piensa que con hacer guiños al 15-M y a los sectores más a la izquierda del PSOE -‘tasa Tobin’, recuperación parcial del Impuesto sobre el Patrimonio o tipos impositivos más altos para la banca- va a ganar las elecciones. Almunia ya lo intentó en el año 2000 (ahí está el pacto programático con Izquierda Unida) y ya se conocen las consecuencias: Aznar logró mayoría absoluta. Y miente si intenta convencer al electorado de que es posible articular una política de izquierdas abrazando al mismo tiempo el Pacto del Euro, como proclamó el sábado ante la élite socialista. Las dos cosas no son posibles.Y Rubalcaba lo sabe.

Si algo está claro en estos primeros años del siglo XXI es que el binomio tradicional izquierda-derecha está en liquidación por derribo. Y no porque no haya derecha o izquierda, que es evidente que hay diferencias y que no son la misma cosa, sino porque lo que han cambiado son los ciudadanos, que ahora entienden la política como un menú largo y estrecho en el que pueden elegir plato en función de sus propios incentivos. Multitud de estudios científicos han demostrado que los agentes económicos y políticos tienden a comportarse de forma racional, y eso es lo que explica que en barrios teóricamente de izquierdas barra la derecha, y viceversa (aunque cada vez menos). El votante ‘consumidor’ ha arrinconado al votante por razones ideológicas o que funciona a partir de criterios de clase.

Para entender los cambios sociales sólo hay que partir de un dato. La edad media de los españoles ha escalado hasta los 40,9 años, y eso, sin lugar a dudas, determina el voto. Y obviar ese hecho con proclamas pseudo izquierdistas es simplemente equivocar el análisis.

El hecho de que el centro derecha gobierne en el 90% de los gobiernos europeos no es más que la consecuencia de estos cambios sociales, económicos (30.000 dólares de renta per cápita) y demográficos. Un continente con población envejecida vota de forma muy diferente a uno con población joven, y por eso destinar la artillería programática a un electorado (la mitad sin empleo) cuyo peso es cada vez menor es, simplemente, equivocarse.

Apriorismos ideológicos

Es lo que sucede cuando se aborda la política desde apriorismos ideológicos basados en el pasado. Los ciudadanos quieren que los servicios públicos funcionen, y su propiedad es un debate cada vez menos relevante, como han demostrado las sociedades escandinavas. Lo pertinente, por lo tanto, es cómo financiar los servicios públicos esenciales: educación, sanidad o justicia.

Y por eso parece absurdo huir del debate sobre su financiación con criterios maximalistas heredados de antaño. Sobre todo teniendo en cuenta que si no se aborda de forma equilibrada y racional la cuestión de la financiación los servicios públicos, se irán degradando. Y no hace falta decir quiénes pagarán las consecuencias. Precisamente, los estratos sociales más desfavorecidos. Esos que dice defender Rubalcaba, incapaz de formular un nuevo modelo tributario más allá del tópico de los paraísos fiscales. ¿O es que cuando Rafael Vera pagaba dinero en Suiza a Amedo el país helvético no era un paraíso fiscal?

El mayor despropósito de Rubalcaba, con todo, tiene sin embargo que vez con esa absurda idea de comprometerse a no cambiar ninguna ley educativa en vigor. Y lo dijo 24 horas antes de que la propia administración desvelara que 900.000 jóvenes no están preparados ni para trabajar ni para formarse. Alguna responsabilidad tendrán las leyes de educación.

Es evidente, sin embargo, que las normas no lo son todo. La cultura del trabajo y del esfuerzo tienen más que ver con el empleo que cualquier normativa, por muy sólida que sea. Pero pensar que hay que arar con estos bueyes sólo puede conducir al suicidio como país y al haraquiri del candidato. Existe un riesgo cierto de que Rubalcaba acabe siendo como lo que decía socarronamente Rafael Sánchez Ferlosio de su mujer, la escritora Carmen Martín Gaite. ‘Es una viuda que tiene el difunto en casa’.

Hora cero del candidato: a la caza del votante propio

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (11/07/2011)

Futuro con erre. Con erre de Rajoy. O de Rubalcaba, vaya usted a saber, aunque el parte de daños en la causa electoral del PSOE es interminable. Parece tarea imposible su recuperación a corto plazo. Pero ese es el objetivo del candidato socialista a la Moncloa en su hora cero. El sábado demostró una vez más que es una máquina de parir frases redondas y sabe decir las cosas. Ya con dedicación exclusiva y a tiempo completo, ahora deberá convencer a los desertores, unos dos millones de votantes desalentados, de que sabe y puede hacerlas.

Estuvo cercano, firme, persuasivo y didáctico. Siempre mirando a los asistentes al acto y no a la consabida sucesión de folios del orador inseguro. Setenta minutos de discurso apacible, sin gritos, sin soflamas, sin descalificaciones, durante los cuales habló varias veces de “socialismo” y de “los socialistas”, pero una sola vez de “Partido Socialista” (en relación con la austeridad), una sola vez de “la izquierda” (en relación con la educación), una sola vez de Rodríguez Zapatero (en relación a su sacrificio político por España) y ninguna del PSOE.

Repito. Ni una sola vez se refirió a su partido por la marca. Señal inequívoca de que, efectivamente, busca la confrontación en el terreno de los líderes más que en el de las siglas, consciente de que las suyas están seriamente averiadas y de que el votante de centro-derecha no lo ve con malos ojos (no confundir, por favor, con nuestro Tea Party de cercanías). Sin embargo, no era el día de hacerse el encontradizo con Rajoy. Ni una sola mención al líder del PP. Le aguarda en la batalla de los debates televisados, que piensa reclamar como un derecho de los ciudadanos. Frente a la previsible negativa de un adversario a correr el riesgo de salir perdiendo en el cuerpo a cuerpo cuando los sondeos le aconsejan huir de la distancia corta.

Más cuestiones formales. Diferenciación y cercanía. Líneas rojas en lugar de los habituales tonos azules en la corbata del aún vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior (solo por unas horas). Eliminación de barreras entre quien habla y quienes escuchan para que el verbo se haga carne: “Gracias a vosotros, no me siento sólo”. Lo de diferenciarse es más difícil, aunque no deja de intentarlo. Abandonar los cargos era la primera condición del distanciamiento. Lo suficiente para marcar la diferencia; y no lo bastante para que pueda hablarse de ruptura, pues sería absurdo en quien ha sido determinante en la formación y conformación de los Gobiernos de Zapatero.

En cuanto a contenidos, las grandes líneas programáticas del proyecto Rubalcaba, expuestas el sábado ante un auditorio entregado, respondieron a lo previsto: relectura de la Socialdemocracia (elogio de los servicios públicos, gobernar es redistribuir), conexión con los indignados del 15-M (“O contamos con ellos o ellos dejan de contar con nosotros”, por una política más decente y menos crispada) y guiños centristas (menos funcionarios, más empresarios: “Me voy a partir el pecho por los emprendedores”).

En esas coordenadas hilvanó su esbozo de programa inspirado en la máxima de que hay que ser ambiciosos en los objetivos pero realistas en las propuestas. Demasiado pronto para ir más allá. En el ámbito de las musas todo suena muy bien. Esperemos la prueba del contraste con la realidad para empezar a hacernos una idea de si el vuelo de Rubalcaba es alto y largo como el del águila o corto y apresurado como el de una codorniz.

viernes, 8 de julio de 2011

Rubalcaba será candidato a tiempo completo en unos días

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (08/07/2011)

Mañana es el día. La hora cero del candidato. No fue niña sino niño, salió con fórceps y mañana deja la incubadora para empezar a crecer. Aunque la orografía facial de Rubalcaba no recuerda precisamente la de un bebé, es la metáfora preferida del secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, en vísperas de lo que, según declaró ayer públicamente, “marcará un antes y un después”. Al mediodía en el Palacio Municipal de Congresos (Ifema) de Madrid. Diez minutos de Comité Federal a puerta cerrada para formalizar la proclamación del candidato socialista a la Moncloa y discurso abierto con numerosos invitados en las gradas del auditorio.

Muchas horas de trabajo ha echado Pérez Rubalcaba en un discurso de amplio espectro. Con aportaciones de dentro y fuera de la casa, queda perfectamente hilvanado en dos grandes hilos conductores. Uno, el de la continuidad. Otro, el del cambio. Ya veremos luego, por las reacciones de la crítica y el público, si la dosificación permite hablar de un proyecto propio y diferenciado.

De eso se trata. De reconocer a un nuevo candidato socialista cuyo vuelo no termine en las próximas elecciones generales. Lo primero es crear las condiciones para focalizar la atención en los contenidos del discurso ¿Y cómo conseguirlo si se cruza con la noticia de su salida del Gobierno?

No tiene mucho sentido que el aún vicepresidente y ministro del Interior lo anuncie al tiempo que se presenta en sociedad. Sería absurdo correr el riesgo de que su discurso quedase sepultado en los medios de comunicación por la noticia de su renuncia a los cargos institucionales. Y Rubalcaba no es precisamente un indocumentado en estos asuntos. El riesgo desaparecería si lo anunciase hoy mismo, al término del Consejo de Ministros. La noticia estaría en los medios durante las veinticuatro horas previas al discurso y el protagonismo del candidato se prolongaría veinticuatro horas más.

Pero tampoco sería razonable anunciarlo sin haber sido oficialmente proclamado candidato. Por tanto, me atrevo a fijar en la semana que viene la renuncia de Rubalcaba a sus cargos institucionales y su inmediata sustitución. En el secreto está, por supuesto, Rodríguez Zapatero, pero tiene la boca sellada. Sellada está también la de Rubalcaba, aunque me consta que ya le ha comunicado la fecha. Hartos de ciertas filtraciones que se han producido en estos últimos días, ambos se han conjurado para silbar melodías cuando la cuestión sale a relucir. En la distancia corta le pregunto a Zapatero si la noticia es inminente. “Esta noche puedes dormir tranquilo”, me dice a media sonrisa, pensando en la noche de ayer.

Ya, pero mañana es otro día, pensando en el mediodía de hoy, viernes ¿Será la última rueda de prensa de Rubalcaba como portavoz después de un Consejo de Ministros? Apuesten ustedes a que sí, aunque la renuncia no se produzca hoy sino a lo largo de la semana que viene y, en todo caso, antes del próximo Consejo de Ministros.

miércoles, 6 de julio de 2011

Caso SGAE y la desidia de un gobierno que tocó el violín

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial /06/07/2011)

La lectura del auto del juez Ruz sobre el caso SGAE es el camino más corto para hacerse un sitio entre los indignados del 15-M. Por el masivo fraude a los creadores. Y por la desidia de los ministerios afectados (Cultura, Industria y Justicia), que tocaban el violín mientras por el sumidero de la corrupción se escapaba tanto el dinero privado de los creadores como el dinero público empaquetado en forma de subvención (ay, la burbuja cultural). Ha funcionado la Audiencia Nacional, la Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil. Pero no ha funcionado la Administración, obligada a vigilar el funcionamiento de la SGAE como entidad de gestión de los derechos de propiedad intelectual.

Especialmente bochornoso es el episodio referido a la planeada reintegración de la SDAE (la SGAE digital) en la SGAE matriz. Con rapidez, por expreso deseo de Teddy Bautista, el presidente de la entidad. Antes de las elecciones internas, que se celebraron la semana pasada. Y con opacidad, sin dar cuartos al pregonero y aprovechando que los del Gobierno ahora están “histéricos”. Causa sonrojo comprobar cómo se esforzaron en hallar la forma de distraer una deuda de dos millones de euros con el Ministerio de Industria en subvenciones. La contrariedad la explica José Luis Rodríguez Neri (en prisión eludible con fianza junto a Rafael Ramos) ante la previsible reacción en los Departamentos afectados (Industria, Justicia y Cultura). No les divertiría saber que “toda la pasta que han estado metiendo en la SDAE era una puta mentira”, en palabras de Neri intervenidas telefónicamente por orden judicial.

Pero lo que los implicados en esta trama pensaban de este acreedor concreto, el Gobierno, dinero público, al fin y al cabo, queda claro en otro pasaje recogido en el auto del juez en el que Neri propone la fusión para agosto, “cuando todos están de vacaciones”, y Maria Antonia García Pombo, su compañera sentimental y otra de las implicadas en la “trama parasitaria” de la SGAE, añade que no será difícil engañarles: “Entre que son funcionarios, que son del Ministerio de Cultura, que son idiotas, que están de elecciones, que están de vacaciones…. pues imagínate”.

Lo imaginamos. Y si no bastaba con esta aberrante aportación de la novia de Neri, les remito a la excelente información de Sandra Remón, ayer en El Confidencial. Así hemos sabido de los estudios sobre la gestión de la SGAE encargados a la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios, bajo epígrafe no menos rimbombante: “Evaluación del sistema de gestión colectiva de los derechos establecidos por la política de propiedad industrial”.

Nombres muy largos para resultados muy cortos. No se detectó ninguna irregularidad, más allá de recomendar “una mayor transparencia en los mecanismos de recaudación y asignación”. Todo lo cual nos viene a confirmar que, aunque por suerte han funcionado los mecanismos de defensa del Estado de Derecho frente a la corrupción (Fiscalía, Judicatura, Guardia Civil…), el Gobierno de Zapatero ha estado tocando el violín mientras dos clanes familiares (Neri-García Pombo y Ramos-Vázquez) se forraban por facturación preferente con empresas instrumentales del grupo SGAE a través de la trama “parasitaria” descrita en el auto firmado ayer por el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz.

Los empleados de Ferraz, el adelanto electoral y las vacaciones

Por Melchor Miralles
Publicado en El Confidencial (06/07/2011)

En la sede socialista de Ferraz, como en la de todos los partidos, además de los dirigentes y miembros del Gobierno que cada día ocupan espacio en los medios de comunicación, trabajan decenas de personas, militantes los unos, simpatizantes los otros, que se limitan a cumplir las órdenes de sus jefes. Si uno quiere pulsar el ambiente de un partido, además de hablar con los líderes conviene conocer el estado de ánimo de las bases y del aparato. Es más que útil y permite además enterarse de muchas cosas. Hay en el cuartel general socialista una enorme preocupación por el futuro, ya que una debacle en las elecciones generales equivalente a la de las municipales y autonómicas de mayo puede tener consecuencias: llevar a más de uno al paro. Y a día de hoy, quienes a diario desarrollan el trabajo de campo para los cabezas de cartel, están tan despistados sobre qué va a suceder como el resto de los mortales. El hermetismo es absoluto respecto a si va a haber adelanto electoral o no.

Lo primero que he podido percibir es hasta que punto ha calado el mensaje inicial de Rubalcaba. Con todos los socialistas con los que he hablado en los últimos siete días sólo he encontrado una coincidencia absoluta: no hay ya nadie que no le llame “Alfredo”, que no se refiera a él por su nombre, como solicitó en su comparecencia ante la militancia y ante los medios.

"Buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones"
Todos los responsables de los equipos de trabajo de las diferentes áreas trabajan "con un Plan A: elecciones en marzo agotando la legislatura; y con un plan B: elecciones en noviembre, adelantando los comicios". Y ello tiene sus consecuencias, pues, a día de hoy, "buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones, más de uno ha tenido que suspender viajes previstos y la mayoría sabe que este año tocan menos días, el que más podrá irse dos semanas, pero nada de un mes, como siempre". Si les preguntas por su opinión, cuesta que se mojen: "Los jefes no abren la boca. Hasta hace un mes, mayoritariamente estaba claro que se agotaba la legislatura, porque ese era el deseo de José Luis, aunque a Alfredo le generara problemas evidentes. Desde hace quince días hay una impresión generalizada de que Alfredo deja el Gobierno en breve y conseguirá imponer su deseo de que las elecciones sean en noviembre".

En el cuartel general socialista, “en las conversaciones de pasillo y de café hay coincidencia generalizada en dos cosas que vemos muy claras: la primera, que es indudable que lo que le conviene a Alfredo es dejar el Gobierno, venirse a Ferraz y trabajarse la campaña, que va a ser más que difícil. La segunda, que si el presidente se empeña en agotar la legislatura, nosotros le respetaremos absolutamente porque se lo merece". Entre la militancia socialista se percibe aún un respeto grande por Rodríguez Zapatero, y un deseo de hacerle la vida fácil en el momento más duro de su existencia. Y hay una coincidencia en señalar que "hay mucha gente, sobre todo dentro del partido, que está siendo muy injusta. De los adversarios no extraña, se contaba con ello, pero dentro de casa hay comportamientos que son indignos".

“Estamos preparados para un adelanto en cualquier momento”
Elena Valenciano, designada jefe de campaña de Alfredo, trabaja ya a destajo. Oficialmente dice que ella elabora su estrategia "pensando en que las elecciones serán en marzo, porque eso es lo que ha dicho el presidente", pero a la vez asegura que "estamos preparados para que sean en cualquier momento". Ella tiene como reto ser capaz de "hacer que los ciudadanos conozcan a un Alfredo diferente, más cercano, y lo vamos a conseguir". Y articular la compatibilización de marcar distancias con ZP sin renegar de un pasado del que no puede desvincularse aunque lo deseara. Ella y todo su equipo son conscientes de que el candidato, acostumbrado a ser el número 2, a estar en la sombra, es reacio al primer plano, ha de acostumbrarse a estar en el foco máximo de atención, y han sido ya varias las reuniones, y las que quedan, con Sra. Rushmore, la agencia elegida para la campaña, responsable de la elaboración del primer cartel y que ha recibido la instrucción de trabajar dos líneas de mensaje: eficacia en la gestión y seguridad en sí mismo, como dos cualidades que les interesa destacar del hombre que va a ser cabeza de cartel socialista.

Hay cuatro áreas de trabajo en la que los empleados de Ferraz están siendo motivados especialmente y donde se están generando "documentos, papeles, propuestas e ideas" con especial profusión: educación, sanidad, economía y políticas sociales. Los profesionales de confianza trabajan a destajo en recabar información, informes, dosieres, propuestas, datos, estadísticas e ideas de partidos de la socialdemocracia de toda Europa. Un cualificado "fontanero" socialista me garantiza que "hacía tiempo que no leía y escribía tanto. Me he puesto al día en la lectura de autores de todo el mundo que defienden posiciones progresistas sin maximalismos para salir de la crisis". El movimiento de los indignados y el 15M está siendo objeto de especial seguimiento y muchas de sus propuestas "van a ser utilizadas, de un modo u otro, por el equipo de Alfredo".

"Una campaña muy agresiva en mensajes de contenido social"
Quienes tienen responsabilidad en el área de marketing electoral han recibido instrucciones de ir trabajando una campaña "muy agresiva en mensajes de contenido social. Es imprescindible ir diseñando una campaña que tiene que tener como principal objetivo movilizar a nuestros votantes. En las generales no se puede quedar en casa ni un solo votante del partido, ese es el primer reto. El segundo, difícil, es conseguir establecer un dique de contención entre el candidato y el Gobierno, minimizar al máximo el daño que va a causarle a Alfredo haber formado parte del Ejecutivo de Zapatero. Si leíste el domingo El País y has escuchado las palabras del propio Alfredo en sus intervenciones, verías como ya esta trasladándose un mensaje de ruptura de lazos, se está empezando a dibujar un perfil propio, está comenzando a marcar una distancia imprescindible si quiere tener alguna posibilidad".

En Ferraz, los socialistas de toda la vida, quienes llevan trabajando en la sede incluso desde que estaba en Santa Engracia, consideran que "hay que trabajar para conseguir al menos, si no la victoria, que probablemente sea imposible, sí evitar una mayoría absoluta del PP. En ese escenario, Alfredo quizá estaría en condiciones de pactar con Coalición Canaria, Convergencia y Unió y el Partido Nacionalista Vasco y poder gobernar. Nosotros estamos elaborando mucha documentación para que Alfredo disponga de todos los datos acerca de esas Comunidades Autónomas y esos partidos para cuando llegue la hora de unas posibles negociaciones, y toda esa información le será muy útil también en el diseño de sus mensajes de campaña".

"Firmeza antiterrorista sin crear expectativas"
Las personas más próximas a Alfredo le van haciendo llegar carpetas y archivos con abundante documentación de cara a la preparación del discurso que va a hacer el próximo día 9 ante el Comité Federal, que se celebrará en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, en el que será proclamado por aclamación. Va a ser una intervención importante, en la que el propio Alfredo lleva trabajando muchos días, y servirá para tener claro el camino que pretende seguir, cuales van a ser las líneas maestras de su discurso, "pero no te quepa duda de que va a haber mucha política social, modernización de nuestra economía, mantenimiento sensato y realista del estado del Bienestar, un discurso para afianzar el voto progresista de izquierda, recuperar lo bueno de los Gobiernos de Zapatero en derechos y libertades, caña a la banca y el capital con mano izquierda, más que guiños al Movimiento 15M, firmeza en la lucha antiterrorista sin crear expectativas que se puedan volver en su contra y cariño a la militancia".

Y aunque ya se sabe que la política, para los intelectuales, es siempre una camisa de once varas, el equipo de Alfredo y el aparato de Ferraz trabaja a marchas forzadas en conseguir que un grupo de escritores, actores, artistas, presentadores de televisión, deportistas, etc, se presten a apoyar al nuevo candidato socialista, en un remedo del denominado ‘Clan de la ceja’, que, no obstante, muchos no ven claro entre las bases: "Mira ahora a Rivas, Almudena Grandes, Luis García Montero, Sabina y tantos otros, después de haberles tratado como les hemos tratado, unos regresan al apoyo a IU y otros están montando plataformas por ahí. Mejor haría Alfredo centrándose en la militancia y en los electores y dejándose de apoyos efectistas, olvidándose de los ocasionales y los serviles que al final se vuelven en tu contra".

Y un cualificado especialista en campañas electorales, colaborador del PSOE desde las elecciones de 1982, me pone el colofón a este repaso interno de las tripas de la militancia: "Alfredo lo tiene más que difícil, casi imposible, pero si hay alguien en el partido en este momento capaz de darle la vuelta al drama es él. Como escribió el comediógrafo griego Aristófanes, Alfredo lo tiene todo para arrastrar al pueblo: la voz, fina pero terrible, un carácter perverso y un rostro increíblemente descarado. En fin, tiene todas las cualidades necesarias para gobernar". Se nota que influía también en González. Solo le faltó recordarme lo del gato, negro o blanco, igual da, siempre y cuando cace ratones.

martes, 5 de julio de 2011

Seguimos dependiendo de la financiación exterior

Por Jesús Sánchez Quiñones
Publicado en Cotizalia (05/07/2011)


España se ha comprometido a alcanzar un déficit de sus cuentas públicas del 6% sobre el Producto Interior Bruto (PIB) este año, reduciéndolo hasta el 3% en 2013. El gobierno ha considerado que el objetivo de este año es irrenunciable, de tal forma que se tomarán todas las medidas necesarias de ajuste para alcanzar la cifra de déficit comprometida. Así, la atención de medios de comunicación, analistas, agencias de rating e inversores está centrada en la evolución de dicho ratio dejando de lado otros indicadores cruciales para la sostenibilidad de nuestras finanzas.

Siendo importante la evolución de las cuentas públicas, existe una variable incluso más crítica: el déficit por cuenta corriente de la economía española, el cual refleja las necesidades de financiación exterior de nuestra economía. Mide el importe que la economía española necesita conseguir prestado de inversores extranjeros para cubrir el déficit de ahorro interno.

Pese a llevar cuatro años de crisis, y con una demanda interna todavía en recesión (no así el PIB que comienza a crecer gracias al sector exterior), España sigue presentando un elevado déficit anual por cuenta corriente, superior al 4%. En la última década, la necesidad de financiación exterior ha sido crónica. Sólo un año se situó por debajo del 4% del PIB, llegando a alcanzar el 10% en el año 2007.


Esta creciente necesidad de financiación externa ha llevado a la economía a endeudarse más y más con el exterior. De este modo,con datos del Banco de España, el saldo de nuestra deuda externa alcanza ya los 1,7 billones de euros, prácticamente el 170% del PIB y lejos de reducirse no ha parado de crecer.

La financiación externa de nuestra economía se lleva a cabo, principalmente, a través de las emisiones realizadas por las distintas administraciones públicas y las empresas privadas en los mercados internacionales. Hasta ahora, los inversores han confiado en nuestra economía y han aumentado año a año el montante de financiación concedida a España.

La entrada en el euro facilitó el fuerte incremento de dicha financiación exterior. Los inversores del Área Euro ya no corren riesgo de tipo de cambio al invertir en España. Incluso los inversores no pertenecientes a la zona euro han visto reducido el riesgo de tipo de cambio. A modo de ejemplo, un inversor en bonos griegos que haya aguantado hasta el vencimiento del mismo, no tiene necesidad de cambiar el importe obtenido a otra divisa, pudiendo reinvertir el capital resultante en otros activos en euros. Si la inversión hubiese sido realizada en dracmas, la depreciación en la conversión a otra divisa habría sido muy significativa.

Culpar, aunque sea parcialmente, de los problemas actuales de la economía española a “los mercados” que nos han financiado y nos siguen financiando es una pérdida de tiempo. Los mercados están compuestos por miles de inversores que tienen múltiples opciones donde invertir. El que sigan financiando a la economía española depende del atractivo de futuro que presente España. Incluso los propios inversores españoles pueden canalizar sus ahorros hacia otros mercados, desde cualquier entidad española, si el binomio rentabilidad-riesgo de las inversiones en España no fuese suficientemente satisfactorio.

Mientras sigamos necesitando financiación del exterior, nos vemos obligados a competir en atractivo con otras muchas opciones de inversión en otros países. Sin duda, eso lleva, entre otras cosas, a mantener la credibilidad de nuestras cuentas públicas y a realizar las reformas necesarias para que los inversores perciban que España se encamina hacia la senda de un crecimiento sostenible que permita, entre otras cosas, reducir nuestra abultada tasa de paro. La alternativa es renunciar a dicha financiación externa, algo implanteable.

Hora de despertar

(Publicado por Muñoz Molina el 11 de mqyo de 2011)

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.


Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.


El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omnipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora, o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.


He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.


Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.


Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.
Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

lunes, 4 de julio de 2011

¿Políticos a la carcel?

Por Carlos Sánchez

Publicado en El Confidencial (04/07/2011)

Decía Benjamin Franklin que las únicas certezas en esta vida son los impuestos y la muerte. Habría que añadir una tercera. La impunidad de determinados políticos a la hora de gestionar la cosa pública. El esperpento griego es el caso reciente más emblemático. La hecatombe helena refleja el martirio -sin bueyes- de un país sacrificado por una casta política megalómana sólo formalmente democrática.

Pero más allá de lo que acontece alrededor de la plaza de Sintagma, lo relevante es que detrás del desastre económico griego emerge un sistema político débil y con baja calidad de sus instituciones. No es casualidad que los países más atizados por la crisis de deuda soberana sean, precisamente, los últimos que se incorporaron a la democracia en Europa occidental después de 1945.

Portugal y Grecia pusieron fin a sus respectivas dictaduras en 1974, y España lo hizo un año más tarde. El caso irlandés es diferente. Su rescate no tiene que ver sólo con una crisis fiscal derivada de una brutal caída de los ingresos y de una enloquecida carrera a favor del gasto público, sino con la implosión de su sistema financiero a causa de una mala decisión política: garantizar por ley todos los depósitos bancarios.

Esta relación directa entre calidad del sistema democrático y realidad económica es una evidencia desde antaño, como bien saben muchos países latinoamericanos. Pero en muchas ocasiones se olvida con fines bastardos. Como si los problemas económicos de un territorio tuvieran que ver sólo con decisiones de política económica equivocadas. La arquitectura institucional de un país influye, y mucho, en la calidad de vida de sus ciudadanos, como ha quedado demostrado desde la Constitución americana. No hay democracia sin demócratas.

Hace algunos años, el ministro de Economía de turno de Siria presidió de forma interina el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por entonces, su país formaba parte del ‘eje del mal’, y un periodista británico le preguntó por qué Damasco no respetaba los derechos humanos. El dirigente árabe le contestó de forma un tanto airada que si Siria tuviera 30.000 dólares de renta per cápita como Suiza (ahora la cifra será incluso mayor), su país sería una democracia, como la helvética.

La respuesta no debió convencer a casi nadie. Siria era pobre, y todavía lo es, precisamente, por falta de democracia. La historia ha demostrado hasta la saciedad que las naciones que respetan los derechos humanos, la separación de poderes, la seguridad jurídica de las empresas, el control judicial de los actos políticos y administrativos o promueven la cohesión social y la transparencia en las cuentas públicas, obtienen unos niveles de desarrollo humano sustancialmente superiores a las dictaduras o los regímenes autoritarios.

La democracia, por lo tanto, no solo no es rentable en términos políticos, sino también económicos. Un economista diría que es una buena inversión por el efecto multiplicador que tiene sobre la riqueza de las naciones. Noruega, Australia y Nueva Zelanda encabezan, de hecho, el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, mientras que Zimbabue, República del Congo y Níger están en el otro extremo. Y tampoco es por casualidad.

Control del gasto
La desigualdad entre naciones tiene que ver no sólo con la riqueza natural de los territorios, sino de manera cada vez más determinante (ante el avance de la economía basada en la inteligencia y no en los recursos naturales), con la existencia de sistemas políticos que favorecen, entre cosas, el control democrático del gasto público mediante instituciones independientes de los gobiernos. Y, en todo caso, capaces de abrir los ojos de la verdad a la ciudadanía mediante la fiscalización del gasto público más allá de un mero ejercicio contable. No a posteriori, sino con carácter previo. Y, por supuesto, con un sistema de sanciones intimidatorio.

El cierre de la primera de línea de AVE en España -y no será la última- es, en este sentido, un referente a cuanto a despilfarro del erario público. No es, desde luego, el único caso, pero pone de relieve hasta qué punto decisiones de carácter político realizadas sin criterios de eficiencia económica o incluso de oportunidad política -la reunificación alemana es un buen ejemplo de la primacía de la política sobre la economía- empobrecen a las naciones sin atender a lo que decía Madison sobre la naturaleza de los poderes públicos.

Sostenía uno de los padres de la Constitución americana que un Gobierno que coloca los intereses privados en el lugar de las obligaciones públicas, y que convierte las asignaciones de fondos pecuniarios en botines para sus favoritos, no es más que un impostor. Y eso es lo que ocurre cuando son los propios políticos los que se blindan ante el ejercicio de la responsabilidad penal por actos delictivos que no necesariamente tienen que ver con el enriquecimiento personal. O cuando los propios políticos imponen un ridículo sistema de sanciones por incumplir la ley. Un ejemplo.

En marzo de este año, el Plano de Tribunal de Cuentas acordó la imposición de 24 multas “coercitivas” a otros tantos alcaldes y presidentes de mancomunidades. Pero ojo, por importes que oscilaban entre 250 euros y 901,52 euros. ¿Su delito? No presentar los gastos para su fiscalización.

La conclusión que saca el Tribunal de Cuentas es demoledora. “Existe”, asegura, “la sensación de impunidad en funcionarios y cargos públicos por la falta de rendición y, en general, ante el incumplimiento de leyes relativas a la gestión pública, pues se carece de instrumentos efectivos para requerir la información y obtener la necesaria colaboración”. No lo dice el enemigo. Ni siquiera los indignados de la puerta del Sol ni los antisistema Lo escribe el Tribunal de Cuentas en una publicación oficial.

Lo lamentable del caso es que la última reforma del Código Penal exonera de manera nítida de la responsabilidad penal al propio Estado y al resto de administraciones públicas, pero también los organismos reguladores, a las empresas públicas, a los partidos políticos y a los sindicatos. Es decir, amnistía casi general.

No se trata de judicializar la vida política, lo cual sería un despropósito, pero parece evidente que cuando un gestor toma decisiones de gasto que hipotecan a generaciones futuras de manera suicida, sus actuaciones deben estar soportadas por altos niveles de transparencia y de rigor técnico. Y un mal ejemplo de ello es la resistencia de los poderes públicos a presentar memorias económicas que aclaren cómo y en qué se gasta el dinero público. El ejemplo de la SGAE, donde el Ministerio de Cultura -incluso con el PP en el poder- ha renunciado históricamente a velar por su buen funcionamiento, refleja de manera nítida la desidia de los poderes públicos a la hora de escrutar los actos de su perímetro de influencia.

Alguien dijo en cierta ocasión que la ingenuidad de las masas es, en conjunción con otros factores, responsable de la instauración y el mantenimiento de dictaduras y regímenes despóticos. Aunque habría que añadir que este análisis se puede extender a ciertos sistemas formalmente democráticos. “Sin la credulidad del pueblo”, sostenía el profesor H.C.F. Mansilla, “sin el fácil juego que tiene la propaganda de arriba y sin las creencias simplistas y cándidas que distinguen a amplios sectores de lo población, ningún régimen totalitario se hubiera podido mantener largo tiempo en el poder, pues el recurso de la coerción física y el monopolio de las fuerzas militares no bastan por sí solos para hacer viables, exitosas y estables a las múltiples formas de tiranía”.