Por Purificación González de la Blanca
Artículo publicado en La Voz de Cádiz, con fecha 07.06.2011
Lo que está sucediendo en Libia es la réplica, punto por punto, de la guerra de Iraq. Si aquella no era una guerra autorizada por la ONU, esta tampoco lo es, ya que la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, impuesta a contrapelo e ignorando la posición de países de tanto peso como Alemania, Rusia, Brasil, China o India, se adoptó solo para abrir un pasillo aéreo con la finalidad de proteger a la población civil de unos supuestos bombardeos (de los que no existe una sola foto, ni una sola prueba). Las condiciones que establecía estaban cumplidas a finales de abril.
Esa Resolución no autorizaba a orquestar una oposición que no existía, ni a entrenar a los mercenarios rebeldes, ni a desplegar “asesores” por el territorio, ni a bombardear a una población que iban a proteger, ni a promover un golpe de estado, ni a arrasar el país, ni a asesinar a los tres nietos de Gadafi (de edades comprendidas entre 4 meses y 3 años de edad, junto con el padre de uno de estos pobres críos), ni tampoco a asesinar a Gadafi, como pretenden. Son los libios quienes deben decidir su futuro, no Obama, ni Cameron, ni Sarkozy, ni Zapatero...El Tribunal Penal Internacional continúa missing
¿Por qué han atacado a Libia? Me remito a “Claves para entender la Guerra en Libia: ¿Petróleo o Bancos Centrales?”, de Elen Brown, Presidenta del Public Banking Institute. Se refiere a una entrevista al General Wesley Clark –en Democracy Now- en la que éste explica que sobre diez días después del 11-S, otro general le dijo que iban a atacar Iraq. No sabía por qué. Más tarde le revelaría que el plan era atacar a 7 países: Iraq, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. ¿Qué tienen estos 7 países en común? Que ninguno de ellos es miembro del Banco de Compensaciones Internacionales, es decir: están fuera del alcance del Banco Central y de los movimientos relacionados con el dólar, una moneda devaluada, que ha arrastrado en su caída a toda la economía mundial. ¿Pero quien decide los ataques? La Reserva Federal Norteamericana, un club privado, integrado por los verdaderos amos del planeta: Los Rothschild, Rockefeller, Morgan, Warburg, Moses Israel Seif, Lazard, Lehman Brothers, Godman Sach, etc. La RF es propietaria de la CIA, el Pentágono, el FMI…y maneja a la ONU y a la OTAN. Su objetivo es el asalto a los bancos centrales de esos países y hacerse con sus reservas de oro. Comenzaron por Iraq, ahora le sigue Libia y van a por el resto ya mencionado, sin desdeñar el petróleo u otros recursos.
Distintos analistas comentan que Iraq había empezado a aceptar euros, en lugar de dólares en pago por su petróleo, lo que desató las iras de EE.UU. Con matices, era lo que Libia estaba planteando a nivel del continente africano. En este contexto no pasa desapercibido que los mercenarios rebeldes, antes de empezar la contienda, legalizaran un Banco central en Libia. Y es que el objetivo de la Reserva Federal de EE.UU. en esta guerra, petróleo aparte, como ya hemos comentado, es hacerse con las importantes reservas de oro de Libia, estimadas en 144 toneladas de oro, para respaldar al dólar.
Libia era un polo de prosperidad, con la mayor renta per cápita de toda África y el mayor índice de desarrollo humano, según el PNUD de la ONU: niños escolarizados, esperanza de vida (75 años), reparto de las rentas del petróleo (reducidas últimamente por imposición del FMI), tratamientos médicos gratuitos, dote de 60.000 dinares (50.000 dólares) a las parejas que se casan, préstamos sin interés, pensiones, pleno empleo, etc. (¿A quien no le agradaría un régimen así?, se pregunta Elen Brown). En Libia hacían buenos negocios bastantes empresas españolas -como Repsol, Dragados o ACS-, que se han visto obligadas a marcharse. En un país de 4 millones de habitantes había 3 millones de extranjeros trabajando (1.500.000 egipcios, 800.000 tunecinos, etc,), que ahora huyen de los bombardeos de la OTAN, junto con los libios, y perecen en el mar tratando de llegar a Europa.
En unos meses, Libia ha pasado de ser un país próspero a un infierno: empresarios asesinados, hospitales y guarderías infantiles bombardeados, explosiones por doquier, actividad económica paralizada, etc. Pero lo último que quedaba por conocer ha sido la creación –con dinero de nuestros bolsillos- de los Escuadrones de la Muerte, unas patrullas a las que se refiere la noticia publicada en distintos medios de que “la Brigada 17 de febrero despierta inquietud”. En un foro de internet relataban una entrevista concedida a un canal de televisión por un mercenario rebelde, apresado y amnistiado en Misratah, en donde comentó algunas de las atrocidades que vienen cometiendo, sin temor a ser llevado ante los tribunales ya que cuenta con el apoyo occidental. Los rebeldes le pagaban hasta 10.000 LYD por cada persona asesinada, en función del rango. “Por las noches llegaba un coche y recogía las cabezas”. Contó que también les pagaban por violaciones a mujeres, deteniéndose en un caso concreto en que “cogieron a dos hermanas y, frente a sus familiares, las violó todo el grupo de rebeldes, y luego les cortaron los pechos hasta que perdieron el conocimiento”. Se animaban a hacer estas barbaridades todos porque así cobraban también todos. Contó que una vez mataron a 52 militares libios y se llevaron a 22 vivos hasta un matadero de animales, los degollaron y les cortaron las cabezas. Y también contó que no había visto ningún bombardeo (de Gadafi) sobre población civil.
Magnífica la labor de los Cruzados de Occidente (que tanto aplauden, por cierto, a Arabia Saudí o a los Emiratos Árabes, en donde todavía mantienen la esclavitud). Hay que felicitarlos porque, reproduciendo el itinerario que marcaron en Iraq, el terror, que es su modus operandi, va en aumento cada día que pasa.
¿Qué hicieron los libios para merecer esto? Solo manifestarse libre y modestamente. Los manifestantes libios que vi en televisión, en su momento, pedían vivienda y no llegaban ni a 300, pero nos contaron que pedían democracia y que eran miles. Nos dicen que por eso los bombardean. ¿No es eso lo que piden los cientos de miles de manifestantes que llenan las plazas de España durante las últimas semanas?
¿Vendrá también aquí la OTAN, con sus misiles de uranio enriquecido y sus bombas de racimo a traernos esa democracia que tan insistentemente demandamos? Quizás nos salve el que estemos inmersos en la crisis del dólar.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
martes, 7 de junio de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
De Rubalcaba y Fouché: ¿es el candidato un genio tenebroso?
Por Melchor Miralles
Publicado en El Confidencial (06/06/2011)
Advertía con tino el otro día Amando de Miguel de su asombro por cómo está haciendo fortuna en muchos comentaristas la comparación del superministro y candidato Alfredo Pérez Rubalcaba con Joseph Fouché, duque de Otranto, "el genio tenebroso" que le llamó Stefan Zweig en una biografía magistral. No me parece a mí tampoco afortunada la comparación, que es empleada no sólo por los articulistas y tertulianos que con ella censuran al último delfín de José Luis Rodríguez Zapatero, sino también por buena parte del equipo que conforma el entorno más cercano del todavía presidente nominal del Ejecutivo.
Fouché, ex seminarista, sirvió a diferentes causas ideológicas, porque tenía una sola ideología al servicio de sí mismo, de su ambición desmedida. Rubalcaba, con todos sus defectos, ha estado siempre en el PSOE, no ha renunciado al partido en el que ha desarrollado toda su carrera política y aunque en el seno del socialismo ha cambiado de bando o corriente interna según sus intereses, ha sido fiel a las siglas.
Fouché fue un hombre de ambición desmedida, que amasó una fortuna formidable que le convirtió en el hombre más rico de Francia aprovechándose de sus cargos y de su influencia de modo manifiestamente ilegal. Rubalcaba tiene una trayectoria política repleta de sombras, pero jamás nadie ha podido probar, ni siquiera sugerir, que no sea un hombre honrado que no se ha enriquecido prevaliéndose de los cargos públicos que ha ocupado.
Fouché fue hombre de confianza de Robespierre y terminó conspirando contra él hasta conseguir que le llevaran a la horca; tras ser represaliado por el Directorio consiguió ganarse la confianza de Barras y llegar a ministro de la Policía; armó una formidable red de espionaje que urdió el golpe de Estado que elevó a Napoléon Bonaparte a las alturas y terminó traicionándole; sirvió a Luis XVIII y también maniobró contra él... hasta terminar proscrito y fallecer en Trieste. Durante casi 30 años protagonizó las grandes batallas políticas que conforman uno de los períodos históricos más apasionantes que hemos conocido. Libró batallas políticas que forman parte de la Historia de Francia y de Europa frente a adversarios de un nivel intelectual y político excepcional. Rubalcaba, al ganar el PSOE las elecciones de 1982, asumió responsabilidades en el Ministerio de Educación de José María Maravall; fue ministro de Educación un año, ministro de Presidencia y portavoz en los años negros de 1993 a 1996; tras la victoria de Zapatero ocupó la secretaría general del Grupo Socialista en el Congreso y en 2006 accede al Ministerio de Interior, al que acumula en 2010 la vicepresidencia y la portavocía. ¿Cabe alguna comparación?
Por más que la trayectoria de Rubalcaba tiene episodios oscuros relacionados con el terrorismo de Estado y con diferentes conspiraciones internas en el PSOE; aunque ha librado batallas de poder en el seno de su partido, todas ellas saldadas con estrepitosas derrotas; aunque ha traicionado a compañeros de militancia en beneficio de su propia trayectoria, para comparar al candidato socialista con Fouché sería necesario encontrar en su trayectoria adversarios del nivel de los que tuvo "el genio tenebroso", y resultaría grotesco tratar de comparar a Robespierre, Napoleón, Hébert, Barras, Talleyrand o el propio Luis XVIII con Rodríguez Zapatero, José Bono, José Blanco, Carme Chacón, Tomás Gómez et al.
Rubalcaba no es Fouché, ni se le parece, pero representa un tipo de político del siglo XXI alejado de lo que yo considero ejemplar. Dicho esto, el dedo de José Luis Rodríguez Zapatero, o si Alfredo lo prefiere, el dedazo de miles de militantes socialistas, le han ungido de todo el poder en el PSOE y va a ser quien le va a plantar la batalla a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Sin ser Fouché, Rubalcaba es políticamente peligroso, y yo que Rajoy me lo tomaría muy en serio. En contra de lo dicho por ZP en otra comparación inadecuada, aunque Rubalcaba tenga acreditada una buena marca como velocista en los 100 metros lisos, estamos en una maratón de diez meses y el candidato socialista ha demostrado que se mueve bien en las distancias largas, donde además los codazos pueden dejar al rival en la cuneta a poco que se despiste.
Publicado en El Confidencial (06/06/2011)
Advertía con tino el otro día Amando de Miguel de su asombro por cómo está haciendo fortuna en muchos comentaristas la comparación del superministro y candidato Alfredo Pérez Rubalcaba con Joseph Fouché, duque de Otranto, "el genio tenebroso" que le llamó Stefan Zweig en una biografía magistral. No me parece a mí tampoco afortunada la comparación, que es empleada no sólo por los articulistas y tertulianos que con ella censuran al último delfín de José Luis Rodríguez Zapatero, sino también por buena parte del equipo que conforma el entorno más cercano del todavía presidente nominal del Ejecutivo.
Fouché, ex seminarista, sirvió a diferentes causas ideológicas, porque tenía una sola ideología al servicio de sí mismo, de su ambición desmedida. Rubalcaba, con todos sus defectos, ha estado siempre en el PSOE, no ha renunciado al partido en el que ha desarrollado toda su carrera política y aunque en el seno del socialismo ha cambiado de bando o corriente interna según sus intereses, ha sido fiel a las siglas.
Fouché fue un hombre de ambición desmedida, que amasó una fortuna formidable que le convirtió en el hombre más rico de Francia aprovechándose de sus cargos y de su influencia de modo manifiestamente ilegal. Rubalcaba tiene una trayectoria política repleta de sombras, pero jamás nadie ha podido probar, ni siquiera sugerir, que no sea un hombre honrado que no se ha enriquecido prevaliéndose de los cargos públicos que ha ocupado.
Fouché fue hombre de confianza de Robespierre y terminó conspirando contra él hasta conseguir que le llevaran a la horca; tras ser represaliado por el Directorio consiguió ganarse la confianza de Barras y llegar a ministro de la Policía; armó una formidable red de espionaje que urdió el golpe de Estado que elevó a Napoléon Bonaparte a las alturas y terminó traicionándole; sirvió a Luis XVIII y también maniobró contra él... hasta terminar proscrito y fallecer en Trieste. Durante casi 30 años protagonizó las grandes batallas políticas que conforman uno de los períodos históricos más apasionantes que hemos conocido. Libró batallas políticas que forman parte de la Historia de Francia y de Europa frente a adversarios de un nivel intelectual y político excepcional. Rubalcaba, al ganar el PSOE las elecciones de 1982, asumió responsabilidades en el Ministerio de Educación de José María Maravall; fue ministro de Educación un año, ministro de Presidencia y portavoz en los años negros de 1993 a 1996; tras la victoria de Zapatero ocupó la secretaría general del Grupo Socialista en el Congreso y en 2006 accede al Ministerio de Interior, al que acumula en 2010 la vicepresidencia y la portavocía. ¿Cabe alguna comparación?
Por más que la trayectoria de Rubalcaba tiene episodios oscuros relacionados con el terrorismo de Estado y con diferentes conspiraciones internas en el PSOE; aunque ha librado batallas de poder en el seno de su partido, todas ellas saldadas con estrepitosas derrotas; aunque ha traicionado a compañeros de militancia en beneficio de su propia trayectoria, para comparar al candidato socialista con Fouché sería necesario encontrar en su trayectoria adversarios del nivel de los que tuvo "el genio tenebroso", y resultaría grotesco tratar de comparar a Robespierre, Napoleón, Hébert, Barras, Talleyrand o el propio Luis XVIII con Rodríguez Zapatero, José Bono, José Blanco, Carme Chacón, Tomás Gómez et al.
Rubalcaba no es Fouché, ni se le parece, pero representa un tipo de político del siglo XXI alejado de lo que yo considero ejemplar. Dicho esto, el dedo de José Luis Rodríguez Zapatero, o si Alfredo lo prefiere, el dedazo de miles de militantes socialistas, le han ungido de todo el poder en el PSOE y va a ser quien le va a plantar la batalla a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Sin ser Fouché, Rubalcaba es políticamente peligroso, y yo que Rajoy me lo tomaría muy en serio. En contra de lo dicho por ZP en otra comparación inadecuada, aunque Rubalcaba tenga acreditada una buena marca como velocista en los 100 metros lisos, estamos en una maratón de diez meses y el candidato socialista ha demostrado que se mueve bien en las distancias largas, donde además los codazos pueden dejar al rival en la cuneta a poco que se despiste.
viernes, 3 de junio de 2011
Empiezo a pensar en las elecciones generales
Por Leopoldo Abadía
Publicado en Cotizalia (03/06/2011)
No sé si soy yo, que me fijo más, o son las noticias que voy leyendo, pero empiezo a estar un poco mosca.
Agarro el Time de 30 Mayo. Estos señores suelen ser finos y educados. Y discretos. Y Nancy Gibbs es una periodista fina y educada. Y discreta.
Pero algo le ha pasado. Y ha conseguido convencer a los editores de Time para que pongan un titular en la portada, que dice: “Sexo. Mentiras. Arrogancia”. (Esas palabras en rojo, para que se vean bien.) Y luego, en negro: “Lo que hace que hombres poderosos actúen como cerdos”.
Por si acaso no ha quedado suficientemente claro, han puesto una foto de un cerdo y, al lado, una nota: “No offense”, que he traducido como “Sin ganas de ofender”. (Al cerdo, naturalmente.)
Y pienso que muy mal deben estar las cosas para que el Time se descuelgue con ese titular.
Mientras pienso, voy a mi despacho. Alguien me ha puesto encima de la mesa la fotocopia de un artículo de una revista, también del mes de Mayo, en el que aparece la foto de un señor que trabaja en una entidad financiera, con un artículo en el que, como dicen en mi tierra, le ponen a caer de un burro, debajo de otro titular que se las trae: “Culpable y sinvergüenza”.
Miro quién es el autor del artículo, por si acaso fuera Nancy Gibbs o algún pariente que tenga por aquí, pero no lo pone. Dice que lo ha escrito “Redacción” y que las fotos son de “Archivo”.
Entre Redacción, Archivo y Nancy me han hecho polvo.
Paso por la Plaza de Cataluña y veo a todas las personas que hay allí, medio acampadas. Tengo la sensación de que no saben muy bien qué hacer.
Me apetecía, de verdad, ir allí, preguntar por el jefe y darle la fotocopia de la revista española y el artículo de Nancy.
Para que tuvieran algo concreto para protestar.
Pero no voy y me quedo en casa, cojo La Vanguardia y veo que un ex Ministro francés acusa a otro ex Ministro de pederastia. Y que no dice su nombre porque le puede pasar algo, pero que todos saben quién es.
Ya sé que no queda muy bien decir que se me caen los palos del sombrajo cuando leo estas cosas, pero es que se me caen. Y me apetece llamar a mi amigo de San Quirico y decirle que prepare rápidamente los papeles para presentarse a ex Ministro francés, a Director de la entidad financiera donde trabaja el señor ese a quien insultan y para que hable con Nancy Gibbs y, entre los dos, hagan una campaña mundial de regeneración.
Voy a Google, a ver la cita de “Algo huele a podrido en Dinamarca” y resulta que Shakespeare no dijo eso. Dijo: “Something is rotten in the state of Denmark”. No es que oliera a podrido. Es que estaba podrido.
Hoy toca lectura. Sigo profundizando en La Vanguardia y veo las declaraciones de D. Mariano Rajoy, que está contento, después del estacazo que le ha pegado en las elecciones al pobre D. José Luis. (Pobre, pero que sigue sin callarse. Cuando no va a la tele, va a la radio. Igual se está preparando su futuro profesional como presentador.)
D. Mariano, que olfatea que, si no se descuida, puede ganar en las próximas elecciones, empieza a decir lo que va a hacer.
Dice que va a verificar la situación de tesorería en el momento de cambio de gobierno…,con la única intención de saber dónde estamos. (Una de mis viejas manías.)
Dice que va a implantar medidas de austeridad en las administraciones. (Otra manía, casi tan vieja como la anterior.)
Dice que va a hacer reformas para crear empleo. (Más manías.)
Pero lo que más me gusta es lo de la reforma educativa.
Porque estos mozos/as que tienen tan poca vergüenza fueron a primaria hace unos años, y, en general, son de familias buenas, unos de izquierdas, otros de derechas, por seguir la antigua y obsoleta nomenclatura que tanto les gusta a algunos antiguos y obsoletos progres de izquierdas y de derechas.
Y en esas familias y en esos colegios les enseñaron que había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal.
Por ejemplo, les dijeron que:
1. Meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero estaba mal.
2. Y que buscar niños para hacer porquerías con esos pobres chavales está mal.
3. Y que ser trepa estaba mal. (Antes no se decía trepa, pero la idea sirve.)
4. Y que ayudar a los demás estaba bien.
5. Y que dejar abandonado al abuelo en una estación de servicio está mal.
6. Y que enriquecerse hundiendo al prójimo estaba feo.
Y se les ha olvidado. Ya sé que la vida es dura y que cuando hay necesidad, se echa mano del primer euro que pasa por delante de ti y que a veces se te olvida, acuciado por el hambre sin duda, de que ese euro no es tuyo.
Y cuando ya has saciado el hambre, te apetecen otras cosas. Te puede apetecer un coche sensacional o la secretaria del vecino, que tampoco está mal. Y como tienes dinerete suelto y un cierto prestigio (los cursis te dirán que eres un winner), pues te lo crees y a por el coche y a por la secretaria.
Y para esto no hace falta ser el Director General del FMI. A veces, basta con ser directivo del club de fútbol de tu barrio para pensar que eres el más guapo, el más listo y el más sexy de la localidad y que adónde vas tú con esa mujer que tienes, habiendo tantas de mucha más clase en tu barrio. (Los hombres/las mujeres somos así de idiotas.)
D. Mariano, la reforma educativa es algo muy gordo. Para algunos mozos es posible que hayamos llegado tarde, pero igual no. Porque todos somos recuperables.
No tendremos que poner de modelos para la juventud a personas que no son modelos para la juventud, aunque esos supuestos modelos se lo crean y la gente se lo repita muchas veces.
A nuestros chavales habrá que decirles, además, que, aunque todo el mundo haga aquello que está mal, mejor no hacerlo, por dos razones:
1. Primero, porque no es verdad que lo hace todo el mundo.
2. Segundo, porque lo anormal, cuando se hace muchas veces, no se convierte en normal, sino en anormal frecuente, que es distinto.
O sea, D. Mariano, que si hace usted una reforma educativa, aproveche y, en un discurso bien hecho, diga a los padres de familia españoles que:
1. Son los responsables de sus hijos.
2. Que no piensen que en el colegio se arregla todo. No se arregla nada, si los padres lo estropeamos en casa.
Y, por favor, que nos dejen en libertad a los padres para que llevemos a nuestros hijos al colegio que nos dé la gana.
1. El que quiera que sus hijos sean comunistas, a un colegio que tenga una bandera roja con la hoz y el martillo. Y si, con esa bandera, lo quieren mixto, allá ellos. Y si lo quieren con educación diferenciada -chicos por un lado, chicas por otro-allá ellos.
2. El que prefiera que sus hijos no sean comunistas, lo mismo.
Pero déjennos, por favor. Porque sabe usted, D. Mariano, esto de la libertad les molesta a bastantes. No sé por qué, pero les molesta. Debe ser eso que leí hace poco de que todos los hombres llevamos un caudillo totalitario en nuestro interior.
En un artículo que escribí hace tiempo, con motivo de unas elecciones, expliqué por qué iba a votar en blanco.
No tengo las ideas nada claras ahora.
1. Por un lado, estoy es esperando que D. Alfredo diga algo. Por ahora, da ánimos a su gente.
2. Por otro, como usted piensa que va a mandar, ya ha empezado a decir algo, y tomo notas.
Al que hable de lo de la educación, y diga lo que pienso yo, igual voy y le voto.
(Debe ser que yo también debo llevar un caudillo totalitario en mi interior.)
Publicado en Cotizalia (03/06/2011)
No sé si soy yo, que me fijo más, o son las noticias que voy leyendo, pero empiezo a estar un poco mosca.
Agarro el Time de 30 Mayo. Estos señores suelen ser finos y educados. Y discretos. Y Nancy Gibbs es una periodista fina y educada. Y discreta.
Pero algo le ha pasado. Y ha conseguido convencer a los editores de Time para que pongan un titular en la portada, que dice: “Sexo. Mentiras. Arrogancia”. (Esas palabras en rojo, para que se vean bien.) Y luego, en negro: “Lo que hace que hombres poderosos actúen como cerdos”.
Por si acaso no ha quedado suficientemente claro, han puesto una foto de un cerdo y, al lado, una nota: “No offense”, que he traducido como “Sin ganas de ofender”. (Al cerdo, naturalmente.)
Y pienso que muy mal deben estar las cosas para que el Time se descuelgue con ese titular.
Mientras pienso, voy a mi despacho. Alguien me ha puesto encima de la mesa la fotocopia de un artículo de una revista, también del mes de Mayo, en el que aparece la foto de un señor que trabaja en una entidad financiera, con un artículo en el que, como dicen en mi tierra, le ponen a caer de un burro, debajo de otro titular que se las trae: “Culpable y sinvergüenza”.
Miro quién es el autor del artículo, por si acaso fuera Nancy Gibbs o algún pariente que tenga por aquí, pero no lo pone. Dice que lo ha escrito “Redacción” y que las fotos son de “Archivo”.
Entre Redacción, Archivo y Nancy me han hecho polvo.
Paso por la Plaza de Cataluña y veo a todas las personas que hay allí, medio acampadas. Tengo la sensación de que no saben muy bien qué hacer.
Me apetecía, de verdad, ir allí, preguntar por el jefe y darle la fotocopia de la revista española y el artículo de Nancy.
Para que tuvieran algo concreto para protestar.
Pero no voy y me quedo en casa, cojo La Vanguardia y veo que un ex Ministro francés acusa a otro ex Ministro de pederastia. Y que no dice su nombre porque le puede pasar algo, pero que todos saben quién es.
Ya sé que no queda muy bien decir que se me caen los palos del sombrajo cuando leo estas cosas, pero es que se me caen. Y me apetece llamar a mi amigo de San Quirico y decirle que prepare rápidamente los papeles para presentarse a ex Ministro francés, a Director de la entidad financiera donde trabaja el señor ese a quien insultan y para que hable con Nancy Gibbs y, entre los dos, hagan una campaña mundial de regeneración.
Voy a Google, a ver la cita de “Algo huele a podrido en Dinamarca” y resulta que Shakespeare no dijo eso. Dijo: “Something is rotten in the state of Denmark”. No es que oliera a podrido. Es que estaba podrido.
Hoy toca lectura. Sigo profundizando en La Vanguardia y veo las declaraciones de D. Mariano Rajoy, que está contento, después del estacazo que le ha pegado en las elecciones al pobre D. José Luis. (Pobre, pero que sigue sin callarse. Cuando no va a la tele, va a la radio. Igual se está preparando su futuro profesional como presentador.)
D. Mariano, que olfatea que, si no se descuida, puede ganar en las próximas elecciones, empieza a decir lo que va a hacer.
Dice que va a verificar la situación de tesorería en el momento de cambio de gobierno…,con la única intención de saber dónde estamos. (Una de mis viejas manías.)
Dice que va a implantar medidas de austeridad en las administraciones. (Otra manía, casi tan vieja como la anterior.)
Dice que va a hacer reformas para crear empleo. (Más manías.)
Pero lo que más me gusta es lo de la reforma educativa.
Porque estos mozos/as que tienen tan poca vergüenza fueron a primaria hace unos años, y, en general, son de familias buenas, unos de izquierdas, otros de derechas, por seguir la antigua y obsoleta nomenclatura que tanto les gusta a algunos antiguos y obsoletos progres de izquierdas y de derechas.
Y en esas familias y en esos colegios les enseñaron que había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal.
Por ejemplo, les dijeron que:
1. Meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero estaba mal.
2. Y que buscar niños para hacer porquerías con esos pobres chavales está mal.
3. Y que ser trepa estaba mal. (Antes no se decía trepa, pero la idea sirve.)
4. Y que ayudar a los demás estaba bien.
5. Y que dejar abandonado al abuelo en una estación de servicio está mal.
6. Y que enriquecerse hundiendo al prójimo estaba feo.
Y se les ha olvidado. Ya sé que la vida es dura y que cuando hay necesidad, se echa mano del primer euro que pasa por delante de ti y que a veces se te olvida, acuciado por el hambre sin duda, de que ese euro no es tuyo.
Y cuando ya has saciado el hambre, te apetecen otras cosas. Te puede apetecer un coche sensacional o la secretaria del vecino, que tampoco está mal. Y como tienes dinerete suelto y un cierto prestigio (los cursis te dirán que eres un winner), pues te lo crees y a por el coche y a por la secretaria.
Y para esto no hace falta ser el Director General del FMI. A veces, basta con ser directivo del club de fútbol de tu barrio para pensar que eres el más guapo, el más listo y el más sexy de la localidad y que adónde vas tú con esa mujer que tienes, habiendo tantas de mucha más clase en tu barrio. (Los hombres/las mujeres somos así de idiotas.)
D. Mariano, la reforma educativa es algo muy gordo. Para algunos mozos es posible que hayamos llegado tarde, pero igual no. Porque todos somos recuperables.
No tendremos que poner de modelos para la juventud a personas que no son modelos para la juventud, aunque esos supuestos modelos se lo crean y la gente se lo repita muchas veces.
A nuestros chavales habrá que decirles, además, que, aunque todo el mundo haga aquello que está mal, mejor no hacerlo, por dos razones:
1. Primero, porque no es verdad que lo hace todo el mundo.
2. Segundo, porque lo anormal, cuando se hace muchas veces, no se convierte en normal, sino en anormal frecuente, que es distinto.
O sea, D. Mariano, que si hace usted una reforma educativa, aproveche y, en un discurso bien hecho, diga a los padres de familia españoles que:
1. Son los responsables de sus hijos.
2. Que no piensen que en el colegio se arregla todo. No se arregla nada, si los padres lo estropeamos en casa.
Y, por favor, que nos dejen en libertad a los padres para que llevemos a nuestros hijos al colegio que nos dé la gana.
1. El que quiera que sus hijos sean comunistas, a un colegio que tenga una bandera roja con la hoz y el martillo. Y si, con esa bandera, lo quieren mixto, allá ellos. Y si lo quieren con educación diferenciada -chicos por un lado, chicas por otro-allá ellos.
2. El que prefiera que sus hijos no sean comunistas, lo mismo.
Pero déjennos, por favor. Porque sabe usted, D. Mariano, esto de la libertad les molesta a bastantes. No sé por qué, pero les molesta. Debe ser eso que leí hace poco de que todos los hombres llevamos un caudillo totalitario en nuestro interior.
En un artículo que escribí hace tiempo, con motivo de unas elecciones, expliqué por qué iba a votar en blanco.
No tengo las ideas nada claras ahora.
1. Por un lado, estoy es esperando que D. Alfredo diga algo. Por ahora, da ánimos a su gente.
2. Por otro, como usted piensa que va a mandar, ya ha empezado a decir algo, y tomo notas.
Al que hable de lo de la educación, y diga lo que pienso yo, igual voy y le voto.
(Debe ser que yo también debo llevar un caudillo totalitario en mi interior.)
jueves, 2 de junio de 2011
Política y economía sumergids: dos formas de corrupción
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (02/06/2011)
Tanto la política sumergida como la economía sumergida, dos clamorosas negaciones del principio de transparencia, son dos formas de corrupción. Dirigentes políticos que pactan por debajo de la mesa o millonarios que guardan su dinero B en paraísos fiscales. Tanto da. Ahí tenemos dos de las causas del malestar social expresado en la revuelta de los indignados. Millones de españoles y no solamente los que acampan en la Puerta del Sol, entre los que no encontraremos grandes evasores de impuestos, virtuosos de la doble contabilidad o quienes se forran mediante actividades criminales como el narcotráfico, la prostitución y el comercio ilegal de armas.
Por un informe de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro), hemos conocido ayer la última hora sobre el tamaño de la economía sumergida en nuestro país. Es la cifra más alta de las obtenidas hasta ahora en distintos estudios con distintos métodos de trabajo. Entre los años 2005 y 2008 la economía sumergida representó en España el 23,7 % del PIB. Casi una cuarta parte del flujo dinerario escapa al control de la Hacienda Pública. Casi una cuarta parte de los recursos nacionales distraídos de la causa del interés general. Es decir, dinero robado a la caja común, aunque un liberal como Dios manda siempre lo disculparía con la excusa de la insoportable presión fiscal.
Por razones ocultas, o inconfesables, desconocidas, los gobernantes españoles nunca se pusieron las pilas para afrontar el mal. Si la economía española se duplicó en los últimos 30 años, la economía sumergida se cuadruplicó, según Funcas. Pero a ningún Gobierno le compensó nunca molestar a los poderosos que practican el fraude en cantidades realmente importantes y difíciles de ocultar sin la interesada desidia del poder político (por no decir complicidad, que seguramente le cuadre mejor).
Cuando los poderes públicos miran hacia otro lado, eso es política sumergida. No hace falta ir a Salamanca para saber que una ofensiva en serio contra los grandes defraudadores afectaría a personas influyentes y a grandes poderes financieros, por mucho que se quiera identificar el problema con el fontanero que cobra sin recibo, el comercio electrónico o la empleada doméstica que no se retrata en el IRPF.
Sin ir más lejos, bien recientes están los dos últimos planes fletados por el actual Gobierno. Uno a primeros de marzo, “contra el fraude fiscal, la economía sumergida y el trabajo no declarado”, sin que supiésemos antes para qué sirvió el Plan de Prevención del Fraude Fiscal 2005-2009. Y otro a finales de abril, “para el afloramiento de la economía sumergida”, que se limita a perseguir a empresas y trabajadores subsidiados que ignoran a la Seguridad Social, amén de anunciar un espectacular aumento de las inspecciones sin aumentar la plantilla de inspectores.
Parches y más parches que inducen la sospecha de que razones políticas sumergidas bloquean la voluntad de acabar con un problema que, mire usted por donde, es uno de los tres estabilizadores sociales que impiden el ruido de cacerolas en una España con casi cinco millones de parados (cobertura familiar y subsidios públicos son las otras dos). Pero no es ningún consuelo.
Publicado en El Confidencial (02/06/2011)
Tanto la política sumergida como la economía sumergida, dos clamorosas negaciones del principio de transparencia, son dos formas de corrupción. Dirigentes políticos que pactan por debajo de la mesa o millonarios que guardan su dinero B en paraísos fiscales. Tanto da. Ahí tenemos dos de las causas del malestar social expresado en la revuelta de los indignados. Millones de españoles y no solamente los que acampan en la Puerta del Sol, entre los que no encontraremos grandes evasores de impuestos, virtuosos de la doble contabilidad o quienes se forran mediante actividades criminales como el narcotráfico, la prostitución y el comercio ilegal de armas.
Por un informe de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro), hemos conocido ayer la última hora sobre el tamaño de la economía sumergida en nuestro país. Es la cifra más alta de las obtenidas hasta ahora en distintos estudios con distintos métodos de trabajo. Entre los años 2005 y 2008 la economía sumergida representó en España el 23,7 % del PIB. Casi una cuarta parte del flujo dinerario escapa al control de la Hacienda Pública. Casi una cuarta parte de los recursos nacionales distraídos de la causa del interés general. Es decir, dinero robado a la caja común, aunque un liberal como Dios manda siempre lo disculparía con la excusa de la insoportable presión fiscal.
Por razones ocultas, o inconfesables, desconocidas, los gobernantes españoles nunca se pusieron las pilas para afrontar el mal. Si la economía española se duplicó en los últimos 30 años, la economía sumergida se cuadruplicó, según Funcas. Pero a ningún Gobierno le compensó nunca molestar a los poderosos que practican el fraude en cantidades realmente importantes y difíciles de ocultar sin la interesada desidia del poder político (por no decir complicidad, que seguramente le cuadre mejor).
Cuando los poderes públicos miran hacia otro lado, eso es política sumergida. No hace falta ir a Salamanca para saber que una ofensiva en serio contra los grandes defraudadores afectaría a personas influyentes y a grandes poderes financieros, por mucho que se quiera identificar el problema con el fontanero que cobra sin recibo, el comercio electrónico o la empleada doméstica que no se retrata en el IRPF.
Sin ir más lejos, bien recientes están los dos últimos planes fletados por el actual Gobierno. Uno a primeros de marzo, “contra el fraude fiscal, la economía sumergida y el trabajo no declarado”, sin que supiésemos antes para qué sirvió el Plan de Prevención del Fraude Fiscal 2005-2009. Y otro a finales de abril, “para el afloramiento de la economía sumergida”, que se limita a perseguir a empresas y trabajadores subsidiados que ignoran a la Seguridad Social, amén de anunciar un espectacular aumento de las inspecciones sin aumentar la plantilla de inspectores.
Parches y más parches que inducen la sospecha de que razones políticas sumergidas bloquean la voluntad de acabar con un problema que, mire usted por donde, es uno de los tres estabilizadores sociales que impiden el ruido de cacerolas en una España con casi cinco millones de parados (cobertura familiar y subsidios públicos son las otras dos). Pero no es ningún consuelo.
miércoles, 1 de junio de 2011
Rajoy debe dar la cara si quiere ser presidente del gobierno
Por Carlos Fonseca
Publicado en El Confidencial (01/06/2011)
“Mañana me pongo a trabajar para recuperar España”. Lo dijo Mariano Rajoy la noche de la victoria electoral del PP, pero ya se sabe que a uno se le calienta la boca con la euforia, porque desde entonces, nada de nada. El líder de la oposición y previsible presidente del Gobierno tras las próximas generales ha llegado a la conclusión de que lo mejor para no equivocarse es no decir nada, pero a diez meses de los comicios ya no tiene excusas para seguir sin presentar su alternativa política y que los ciudadanos sepan qué propone y cómo se propone llevarlo a cabo. Ya está bien de enunciados genéricos, apelaciones mitineras al cambio y perogrulladas varias.
Despejada la duda del candidato socialista, ya sabe que tiene que tiene que enfrentarse a un contrincante que le gana de largo en el cara a cara. Alfredo Pérez Rubalcaba es un político brillante, excelente orador y con una enorme capacidad de respuesta inmediata, muy por encima de Rajoy, que no se distingue precisamente por su agilidad dialéctica ni por sus reflejos. Sus adláteres le disculpan con aquello de que lo importante no es la forma, sino el fondo, pero es que sus mensajes tampoco tienen contenido.
Es más que probable que el PP saque a pasear sus fantasmas contra el vicepresidente y ministro del Interior, empezando por lo de “portavoz de los GAL” (por aquello de hacer un relato cronológico de maldades), instigador del “pásalo” tras los atentados del 11M, espía de políticos populares o negociador con ETA con el objetivo de desprestigiar al que me parece el mejor candidato posible que los socialista podían elegir para que no se repita la debacle de las municipales, porque lo de remontar y ganar es puro ejercicio de voluntarismo
Rajoy tiene que definir su proyecto y aclarar, por ejemplo, si va a derogar la reforma laboral que tanto ha criticado por lo que supone de recorte de los derechos laborales. “La reforma del despido”, la llamó Soraya Sáenz de Santamaría en portavoz del que parece ser el Partido Popular de los Trabajadores por el empeño que están poniendo los émulos del liberalismo en defender a los asalariados, aunque con su abstención permitan que la reforma salga adelante en el Congreso.
Sería también de gran utilidad para los empleados públicos que el candidato a presidente dijera si les va a subir el sueldo un 5% para que vuelvan a recuperar el poder adquisitivo perdido con las medidas de ajuste de Zapatero a las que se opuso.
Tampoco estaría de más que aclare si va a modificar la ley de matrimonios homosexuales, y en qué situación quedarán quienes se han casado desde su aprobación. Y qué hará si el Tribunal Constitucional rechaza su recurso contra la ley del aborto. ¿La mantendrá tal y como fue aprobada en el Congreso? ¿La modificará?
Los ciudadanos le agradeceríamos igualmente si va a cumplir con su anunciada rebaja de impuestos, y cuáles, y si uno de ellos va a ser IVA, cuya subida del 16 al 18% tanto denostó. Y también me gustaría saber si para aumentar los ingresos del Estado va a incrementar la ridícula fiscalidad del 1% de las Sicav, donde buscan refugios las grandes fortunas, para aproximarse al 25% el impuesto de sociedades o al 18% que pagamos por los intereses de los ahorros que tenemos en el banco.
Quizá tiene previsto volver a abonar la prestación de 2.500 euros por nacimiento que el PSOE eliminó el 1 de enero de este año para ahorrar, y los 426 euros de ayuda a los parados de larga duración que han agotado su prestación por desempleo.
¿Y qué va a hacer con las pensiones? Los jubilados se pondrían muy contentos si entre sus planes está revalorizarlas con efecto retroactivo desde enero de 2011, fecha en que Zapatero las congeló, y si volveremos a la jubilación a los 65 años en lugar de los 67, porque la semana pasada el PP se abstuvo en la votación de las enmiendas a la totalidad de la reforma.
Esta es la política real, la que preocupa a los ciudadanos, y no la demagogia a la que nos tienen acostumbrados el PSOE y el PP. La indefinición de Rajoy y de su partido solo tiene dos explicaciones posibles: no saben lo que quieren, o si lo saben no quieren decírnoslo porque el recorte de derechos de Zapatero se les queda corto. Miedo me dan.
Hasta el próximo miércoles
Publicado en El Confidencial (01/06/2011)
“Mañana me pongo a trabajar para recuperar España”. Lo dijo Mariano Rajoy la noche de la victoria electoral del PP, pero ya se sabe que a uno se le calienta la boca con la euforia, porque desde entonces, nada de nada. El líder de la oposición y previsible presidente del Gobierno tras las próximas generales ha llegado a la conclusión de que lo mejor para no equivocarse es no decir nada, pero a diez meses de los comicios ya no tiene excusas para seguir sin presentar su alternativa política y que los ciudadanos sepan qué propone y cómo se propone llevarlo a cabo. Ya está bien de enunciados genéricos, apelaciones mitineras al cambio y perogrulladas varias.
Despejada la duda del candidato socialista, ya sabe que tiene que tiene que enfrentarse a un contrincante que le gana de largo en el cara a cara. Alfredo Pérez Rubalcaba es un político brillante, excelente orador y con una enorme capacidad de respuesta inmediata, muy por encima de Rajoy, que no se distingue precisamente por su agilidad dialéctica ni por sus reflejos. Sus adláteres le disculpan con aquello de que lo importante no es la forma, sino el fondo, pero es que sus mensajes tampoco tienen contenido.
Es más que probable que el PP saque a pasear sus fantasmas contra el vicepresidente y ministro del Interior, empezando por lo de “portavoz de los GAL” (por aquello de hacer un relato cronológico de maldades), instigador del “pásalo” tras los atentados del 11M, espía de políticos populares o negociador con ETA con el objetivo de desprestigiar al que me parece el mejor candidato posible que los socialista podían elegir para que no se repita la debacle de las municipales, porque lo de remontar y ganar es puro ejercicio de voluntarismo
Rajoy tiene que definir su proyecto y aclarar, por ejemplo, si va a derogar la reforma laboral que tanto ha criticado por lo que supone de recorte de los derechos laborales. “La reforma del despido”, la llamó Soraya Sáenz de Santamaría en portavoz del que parece ser el Partido Popular de los Trabajadores por el empeño que están poniendo los émulos del liberalismo en defender a los asalariados, aunque con su abstención permitan que la reforma salga adelante en el Congreso.
Sería también de gran utilidad para los empleados públicos que el candidato a presidente dijera si les va a subir el sueldo un 5% para que vuelvan a recuperar el poder adquisitivo perdido con las medidas de ajuste de Zapatero a las que se opuso.
Tampoco estaría de más que aclare si va a modificar la ley de matrimonios homosexuales, y en qué situación quedarán quienes se han casado desde su aprobación. Y qué hará si el Tribunal Constitucional rechaza su recurso contra la ley del aborto. ¿La mantendrá tal y como fue aprobada en el Congreso? ¿La modificará?
Los ciudadanos le agradeceríamos igualmente si va a cumplir con su anunciada rebaja de impuestos, y cuáles, y si uno de ellos va a ser IVA, cuya subida del 16 al 18% tanto denostó. Y también me gustaría saber si para aumentar los ingresos del Estado va a incrementar la ridícula fiscalidad del 1% de las Sicav, donde buscan refugios las grandes fortunas, para aproximarse al 25% el impuesto de sociedades o al 18% que pagamos por los intereses de los ahorros que tenemos en el banco.
Quizá tiene previsto volver a abonar la prestación de 2.500 euros por nacimiento que el PSOE eliminó el 1 de enero de este año para ahorrar, y los 426 euros de ayuda a los parados de larga duración que han agotado su prestación por desempleo.
¿Y qué va a hacer con las pensiones? Los jubilados se pondrían muy contentos si entre sus planes está revalorizarlas con efecto retroactivo desde enero de 2011, fecha en que Zapatero las congeló, y si volveremos a la jubilación a los 65 años en lugar de los 67, porque la semana pasada el PP se abstuvo en la votación de las enmiendas a la totalidad de la reforma.
Esta es la política real, la que preocupa a los ciudadanos, y no la demagogia a la que nos tienen acostumbrados el PSOE y el PP. La indefinición de Rajoy y de su partido solo tiene dos explicaciones posibles: no saben lo que quieren, o si lo saben no quieren decírnoslo porque el recorte de derechos de Zapatero se les queda corto. Miedo me dan.
Hasta el próximo miércoles
La crisis del pepino: un problema en Alemania que se paga en España
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (01/06/2011)
Como ayer dijimos en Cotizalia, aunque Alemania haya dado marcha atrás el mal ya está hecho. En pérdida de puestos de trabajo y cientos de millones de euros distraídos en la facturación de nuestros excelentes productos agrícolas. España paga la factura de la frivolidad germana. ¿O era algo más que una sobreactuación en nombre de la salud pública? Dicho sea por el estratégico beneficio de esos terceros que tantas ganas le tienen a los pujantes cultivos del sur de España.
La coartada de la “escherichia coli” era poderosa, con dieciséis muertos sobre la mesa y más de trescientos enfermos de gravedad. Pero endosársela a los pepinos españoles con tanta precipitación y con tan escandalosa ignorancia de los protocolos previstos por la normativa europea en este tipo de situaciones, fue una ignominia solo explicable por la enorme distancia que separa a Alemania de España en el cuadro de las relaciones de poder. No hubieran sucedido las cosas de igual modo si la sospecha hubiera recaído sobre productos agrícolas franceses, por ejemplo.
Tratándose de España, no valía la pena tomarse la molestia de esperar los resultados de los análisis. No valía la pena concertarse con las autoridades españolas, ni siquiera con las europeas (ay, de nuevo, la inanidad de la Comisión y el descreimiento en el proyecto europeo). No valía la pena escuchar a los expertos, reconstruir los avatares de las partidas de pepinos en sus distintos pasos (producción, carga, transporte, distribución, venta y consumo) o analizar las partidas, una por una, con distintas fechas, con distintas procedencias.
No. Nada de eso. Lo fácil, lo cómodo, era abrir una irresponsable causa general contra los pepinos españoles para disimular la desidia de las autoridades alemanas ante un serio problema de salud pública.
Nuestra debilidad política respecto a Alemania no sólo es achacable a la proverbial arrogancia de los alemanes respecto a los países instalados en la periferia de la recuperación económica. Por supuesto que España y su Gobierno han hecho méritos para merecerlo. Lo cual no ha quedado desmentido durante la crisis del pepino, con una reacción oficial tardía y tibia.
Nadie entiende que a la sobreactuación alemana se respondiera con versallescas alegaciones y un bajo perfil de réplica, tanto por lo que se refiere a los argumentos como por lo que se refiere al rango de las personas encargadas de parar el tremendo golpe a los intereses nacionales. A estas alturas de la historia la visita al sur andaluz del vicepresidente Rubalcaba, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y la teórica ministra de Agricultura, Rosa Aguilar, puede paliar de algún modo el hachazo a las cuentas de las grandes cooperativas agrícolas mediante la correspondiente habilitación de ayudas económicas de la Administración, pero el daño, insisto ya está hecho, sobre todo en los intangibles (el golpe a la imagen de España ha sido muy duro), a pesar de que ahora venga la tal Cornelia Storck a decir digo donde dijo diego. Lamentable.
Publicado en El Confidencial (01/06/2011)
Como ayer dijimos en Cotizalia, aunque Alemania haya dado marcha atrás el mal ya está hecho. En pérdida de puestos de trabajo y cientos de millones de euros distraídos en la facturación de nuestros excelentes productos agrícolas. España paga la factura de la frivolidad germana. ¿O era algo más que una sobreactuación en nombre de la salud pública? Dicho sea por el estratégico beneficio de esos terceros que tantas ganas le tienen a los pujantes cultivos del sur de España.
La coartada de la “escherichia coli” era poderosa, con dieciséis muertos sobre la mesa y más de trescientos enfermos de gravedad. Pero endosársela a los pepinos españoles con tanta precipitación y con tan escandalosa ignorancia de los protocolos previstos por la normativa europea en este tipo de situaciones, fue una ignominia solo explicable por la enorme distancia que separa a Alemania de España en el cuadro de las relaciones de poder. No hubieran sucedido las cosas de igual modo si la sospecha hubiera recaído sobre productos agrícolas franceses, por ejemplo.
Tratándose de España, no valía la pena tomarse la molestia de esperar los resultados de los análisis. No valía la pena concertarse con las autoridades españolas, ni siquiera con las europeas (ay, de nuevo, la inanidad de la Comisión y el descreimiento en el proyecto europeo). No valía la pena escuchar a los expertos, reconstruir los avatares de las partidas de pepinos en sus distintos pasos (producción, carga, transporte, distribución, venta y consumo) o analizar las partidas, una por una, con distintas fechas, con distintas procedencias.
No. Nada de eso. Lo fácil, lo cómodo, era abrir una irresponsable causa general contra los pepinos españoles para disimular la desidia de las autoridades alemanas ante un serio problema de salud pública.
Nuestra debilidad política respecto a Alemania no sólo es achacable a la proverbial arrogancia de los alemanes respecto a los países instalados en la periferia de la recuperación económica. Por supuesto que España y su Gobierno han hecho méritos para merecerlo. Lo cual no ha quedado desmentido durante la crisis del pepino, con una reacción oficial tardía y tibia.
Nadie entiende que a la sobreactuación alemana se respondiera con versallescas alegaciones y un bajo perfil de réplica, tanto por lo que se refiere a los argumentos como por lo que se refiere al rango de las personas encargadas de parar el tremendo golpe a los intereses nacionales. A estas alturas de la historia la visita al sur andaluz del vicepresidente Rubalcaba, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y la teórica ministra de Agricultura, Rosa Aguilar, puede paliar de algún modo el hachazo a las cuentas de las grandes cooperativas agrícolas mediante la correspondiente habilitación de ayudas económicas de la Administración, pero el daño, insisto ya está hecho, sobre todo en los intangibles (el golpe a la imagen de España ha sido muy duro), a pesar de que ahora venga la tal Cornelia Storck a decir digo donde dijo diego. Lamentable.
lunes, 30 de mayo de 2011
Rubalcaba: un despertador del votante socialista
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (30/05/2011)
¿Cómo se las arreglará para desengañar a quienes lo ven como el candidato de la resignación? Dispone de diez meses y talento político no le falta. Ni voluntad. “Solo os pido una cosa: que tengáis tantas ganas de ganar como yo, que tengáis tanta seguridad de que podemos ganar como yo y que tengáis tanta determinación para ganar como yo”, dijo el vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, después de dar el “sí, quiero” a los más de doscientos miembros del Comité Federal del PSOE.
Por tanto, guerra abierta a quienes en sus propias filas especulen con las teorías del mal menor. Hablar de salvar los muebles es también una forma de derrotismo y un regalo al adversario, en su opinión. No lo piensa consentir. Por la cuenta que le trae a él y a su partido. El vicepresidente es un profesional de la política y los profesionales de la política garantizan el desastre de cualquier candidato que, por errores suyos o aciertos del adversario, sea percibido como un interino.
Más que adversario, su verdadero enemigo es un intangible alimentado por las encuestas y el recuento del pasado 22 de mayo. Me refiero a la generalizada percepción de que el PP va lanzado hacia la mayoría absoluta en las elecciones generales. Pero no es ningún intangible sino una magnitud sometida al sistema de pesos y medidas que la considerable ventaja del PP sobre el PSOE no se debe a un espectacular aumento en la facturación electoral del primero sino al hundimiento del segundo a causa del palpable desaliento de sus electores.
En los cálculos de quienes le aclamaron como aspirante socialista a la Moncloa en el último Comité Federal, que es el depositario de la voluntad de la militancia entre congreso y congreso, es dominante la idea de convertir a Rubalcaba en el despertador del votante socialista. Y él la hace suya. La otra coordenada del análisis es que viene para quedarse, en coherencia con su estratégica aversión a quienes interpretan esta apuesta socialista como una forma de minimizar los daños.
Lo iremos viendo con el paso de los meses. O mejor, de las semanas. De momento corren los días de espera hasta que sea designado oficialmente el candidato socialista a la Moncloa. Si no sale otro, u otros, eso ocurrirá en la reunión del Comité Federal del próximo 18 de junio. Y me van a perdonar si, tras el paso atrás de Carme Chacón, considero imposible la tarea de reunir los avales necesarios a un inesperado aspirante. Todos los que podían tener posibilidades están aplaudiendo con las orejas la solución Rubalcaba.
Lógico. Aunque Zapatero fuese el último en darse cuenta, había una buena razón para desestimar un cruce político y generacional a cara de perro con Carmen Chacón: eximir a la zurrada militancia socialista de un stress añadido a la depresión postelectoral. El actual vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior es, por otra parte, el dirigente socialista mejor equipado para frenar al PP en la reconquista de la Moncloa. O para intentarlo. Por su alta valoración ante los ciudadanos de distinto credo político, por encima de la de Zapatero y Rajoy. Por la adhesión, el reconocimiento y el cariño de su partido. Por haber liderado una política antiterrorista que ha puesto a ETA contra las cuerdas. Y porque la condición de sus enemigos le permite hacer nuevos amigos cada día, dentro y fuera de su partido.
Publicado en El Confidencial (30/05/2011)
¿Cómo se las arreglará para desengañar a quienes lo ven como el candidato de la resignación? Dispone de diez meses y talento político no le falta. Ni voluntad. “Solo os pido una cosa: que tengáis tantas ganas de ganar como yo, que tengáis tanta seguridad de que podemos ganar como yo y que tengáis tanta determinación para ganar como yo”, dijo el vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, después de dar el “sí, quiero” a los más de doscientos miembros del Comité Federal del PSOE.
Por tanto, guerra abierta a quienes en sus propias filas especulen con las teorías del mal menor. Hablar de salvar los muebles es también una forma de derrotismo y un regalo al adversario, en su opinión. No lo piensa consentir. Por la cuenta que le trae a él y a su partido. El vicepresidente es un profesional de la política y los profesionales de la política garantizan el desastre de cualquier candidato que, por errores suyos o aciertos del adversario, sea percibido como un interino.
Más que adversario, su verdadero enemigo es un intangible alimentado por las encuestas y el recuento del pasado 22 de mayo. Me refiero a la generalizada percepción de que el PP va lanzado hacia la mayoría absoluta en las elecciones generales. Pero no es ningún intangible sino una magnitud sometida al sistema de pesos y medidas que la considerable ventaja del PP sobre el PSOE no se debe a un espectacular aumento en la facturación electoral del primero sino al hundimiento del segundo a causa del palpable desaliento de sus electores.
En los cálculos de quienes le aclamaron como aspirante socialista a la Moncloa en el último Comité Federal, que es el depositario de la voluntad de la militancia entre congreso y congreso, es dominante la idea de convertir a Rubalcaba en el despertador del votante socialista. Y él la hace suya. La otra coordenada del análisis es que viene para quedarse, en coherencia con su estratégica aversión a quienes interpretan esta apuesta socialista como una forma de minimizar los daños.
Lo iremos viendo con el paso de los meses. O mejor, de las semanas. De momento corren los días de espera hasta que sea designado oficialmente el candidato socialista a la Moncloa. Si no sale otro, u otros, eso ocurrirá en la reunión del Comité Federal del próximo 18 de junio. Y me van a perdonar si, tras el paso atrás de Carme Chacón, considero imposible la tarea de reunir los avales necesarios a un inesperado aspirante. Todos los que podían tener posibilidades están aplaudiendo con las orejas la solución Rubalcaba.
Lógico. Aunque Zapatero fuese el último en darse cuenta, había una buena razón para desestimar un cruce político y generacional a cara de perro con Carmen Chacón: eximir a la zurrada militancia socialista de un stress añadido a la depresión postelectoral. El actual vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior es, por otra parte, el dirigente socialista mejor equipado para frenar al PP en la reconquista de la Moncloa. O para intentarlo. Por su alta valoración ante los ciudadanos de distinto credo político, por encima de la de Zapatero y Rajoy. Por la adhesión, el reconocimiento y el cariño de su partido. Por haber liderado una política antiterrorista que ha puesto a ETA contra las cuerdas. Y porque la condición de sus enemigos le permite hacer nuevos amigos cada día, dentro y fuera de su partido.
Ni Congreso ni primarias: democracia orgánica
Por Carlos Sánchez
Publicado en El Confidencial (30/05/2011)
Que Rubalcaba no es Churchill es una obviedad. Pero tras su entronización como líder del PSOE -sobre el cadáver insepulto del propio Zapatero- conviene recordar una deliciosa anécdota que un día contó un lector de El Confidencial. Estaba Churchill a punto de dar una conferencia multitudinaria y una señora se le acercó para darle la enhorabuena por la nutrida concurrencia.
-‘¡Mire, le dijo, han venido más de 2.000 personas a escucharle’! Churchill debió poner cara de incredulidad y le espetó a la mujer. ‘No se preocupe. Si hubiera sido para ver mi ahorcamiento, seguro que habría venido el doble’.
Hay razones para pensar que los mismos que ayer jaleaban al nuevo líder del PSOE acudirán a su entierro político dentro de unos meses. Y no sólo por la probable derrota electoral del Partido Socialista. Sobre todo, porque Rubalcaba representa volver al viejo socialismo del centralismo democrático. O de la democracia orgánica, como se prefiera. Aquel invento del franquismo que consistía en articular la representación popular a través de la familia, el municipio y el sindicato. En este caso, a través de los barones regionales, que en realidad son quienes controlan el partido. Ninguno ha tenido la honestidad política de dimitir tras el desastre electoral. Al contrario, todos y cada uno han salido reforzados del comité federal, como si el hundimiento del PSOE no fuera con ellos.Ayer era conmovedor verlos responder a los periodistas de forma ufana en Ferraz -incluidos Alarte o Tomás Gómez-, como si no hubiera pasado nada.
Los barones sin baronía han descubierto que el mejor camino para ganar unas elecciones -y mantenerse en el poder- es cargarse el único bastión de libertad dentro de un partido político: la existencia de elecciones primarias. Y el caballo de Pavía que ha roto las reglas del juego no ha sido otro que el lehendakari López. O mejor dicho, el hombre de confianza de Rubalcaba en el País Vasco, y que responde al nombre de Rodolfo Ares. La propuesta de convocar un Congreso no era más que una provocación destinada a poner al partido (aparentemente) al borde del abismo con una sola intención: reventar la candidatura de Chacón. Objetivo cumplido. La ministra de Defensa -sin fuste para liderar nada después de su espantá- no ha sido capaz de aguantarle el primer pulso a Rubalcaba. Probablemente por esa incapacidad que tiene los partidos españoles para discutir abiertamente sobre ideas o nombres sin romperse (ver el caso de Álvarez Cascos). ¿Se imaginan que sucedería en EEUU si a demócratas o republicanos se les hubiera ocurrido suprimir de facto unas elecciones primarias?
España es desde Viriato un país de caudillos, y eso explica la necesidad que tienen los partidos de encontrar no un líder, sino un guía que señale el camino. Aunque sea sin programa y sin hoja de ruta. ¿Conoce alguien la ideología de Rubalcaba?
El hecho de que APR vaya a ser candidato por aclamación -la convocatoria formal aprobada ayer es una pantomima- sólo demuestra que los indignados -al menos en este punto- tenían razón cuando reclamaban un nuevo sistema político en el que los afiliados y simpatizantes tuvieran algo que decir a la hora de elegir sus líderes. No ha sido así, y el PSOE vuelve al pasado más oscuro. Cuando las camarillas de Ferraz –felipistas y guerristas- dirigían el partido con mano de hierro.
Ironías de la historia, dando la razón a aquello que decía Gabriel Arias Salgado refiriéndose a Franco: los caudillos, sostenía el mayor manipulador informativo del régimen, surgen del desmoronamiento de las instituciones, y eso hace que el pueblo se ponga en mano de un individuo con cualidades excepcionales para suplir, precisamente, esa ausencia. Y esta es, en última instancia, la tragedia de la decisión socialista: de nuevo, la democracia sucumbe ante el caudillaje.
Lo curioso del caso es que el comité federal ha quebrantado un principio emanado de un Congreso, lo cual es abiertamente antirreglamentario. La apertura formal de las elecciones primarias no es más que un fraude de ley, como lo demuestra la intervención de Chacón el pasado jueves. No habrá candidatos simplemente porque la dirección (o sea, Rubalcaba) no quiere. Probablemente porque el ministro sabe -él mismo lo ha reconocido en privado- que pese a su dilatada trayectoria política, nunca ha ganado una batalla orgánica. ¿Por qué será?
Esta decisión convierte al PSOE en un partido vulgar y anacrónico -algo que le hubiera podido diferenciar del PP- y le aleja un poco más de sus bases sociales. Lo peor, con todo, es que el auto golpe de Estado de Ferraz sobre Moncloa (indigno el papel de un personaje como Gaspar Zarrias) debilita al presidente del Gobierno en unos momentos particularmente importantes para España. La talla intelectual de Zapatero, en todo caso, la ofrece este discurso pronunciado ayer –probablemente el más importante de su vida política- plagado de lugares comunes y de ocurrencias de adolescente. Como esa referencia a la capacidad de APR para correr los cien metros lisos. Y que acaba con un tierno 'Alfredo, ¿por qué no es 2012. Yo creo que sí, que podemos hacerlo en 2012', como se ve un prodigio de discurso político digno de Operación Triunfo.
Es evidente que lo más sensato que puede hacer Zapatero en este momento histórico es disolver las Cortes en otoño después de aprobarse las leyes que hoy tramita el parlamento. Y a partir de ahí iniciar una etapa política.
Merece la pena leer este artículo del profesor Bentolila para darse cuenta de que los problemas de este país no sólo se arreglan con la marcha de Zapatero, sino con una nueva forma de hacer política que desde luego no pasa por la cabeza de Rubalcaba. Recuerda Bentolila que si hace cuatro años la tasa de paro de los cabezas de familia era del 6% y la de los cónyuges del 8%, ahora ambas son del 18%. Pero es que de los 17,3 millones de hogares, en nada menos que 1.8 millones (11%) el cabeza de familia está parado y en 850 mil (4%) no hay ningún perceptor de renta laboral (salario, prestación por desempleo o pensión). En un trabajo reciente, José Mª Casado, Cristina Fernández y Juan F. Jimeno destacan que un 40% de los parados vive en hogares en los que ningún miembro trabaja, superándose la cota del 38% alcanzada en 1994.
Como se ve un panorama desolador. Pero ayer ningún miembro del comité federal desmintió a Zapatero cuando dijo que el nivel de protección social es 'el más alto de la historia de nuestro país'. Nadie dijo nada. Sólo el aplauso fácil y acrítico con el poder.
Es en este contexto social en el que un presidente irresponsable anuncia que no se volverá a presentar. Pero en lugar de promover un proceso de sustitución ordenado y de acuerdo a las instituciones del PSOE, lo que hace es meter en un mismo saco partido y Gobierno, reforzando esa idea de democracia orgánica que no sólo recuerda al franquismo, sino también al mexicano PRI. El hecho de que el candidato a sustituir a Zapatero en el partido sea al mismo tiempo vicepresidente primero (Rajoy saltó del Gobierno con el ‘dedazo’ de Aznar) liquida tanto la autonomía del partido como la del propio Consejo de Ministros, algo esencial en una democracia sin apellidos, como le gusta decir a Esperanza Aguirre.
No es un asunto baladí. En un sistema electoral de listas cerradas como es el español, son los dirigentes de los partidos -y no los electores- quienes deciden el poder legislativo. y por eso, es fundamental autonomía del partido respecto del Ejecutivo, y vicerversa, porque de lo contrario, al final no habrá separación de poderes. La canibalización del partido por el Gobierno es, por ello, una mala noticia que no parece importar a nadie. ni por supuesto a una formación que ha puesto rumbo a ninguna parte.
Publicado en El Confidencial (30/05/2011)
Que Rubalcaba no es Churchill es una obviedad. Pero tras su entronización como líder del PSOE -sobre el cadáver insepulto del propio Zapatero- conviene recordar una deliciosa anécdota que un día contó un lector de El Confidencial. Estaba Churchill a punto de dar una conferencia multitudinaria y una señora se le acercó para darle la enhorabuena por la nutrida concurrencia.
-‘¡Mire, le dijo, han venido más de 2.000 personas a escucharle’! Churchill debió poner cara de incredulidad y le espetó a la mujer. ‘No se preocupe. Si hubiera sido para ver mi ahorcamiento, seguro que habría venido el doble’.
Hay razones para pensar que los mismos que ayer jaleaban al nuevo líder del PSOE acudirán a su entierro político dentro de unos meses. Y no sólo por la probable derrota electoral del Partido Socialista. Sobre todo, porque Rubalcaba representa volver al viejo socialismo del centralismo democrático. O de la democracia orgánica, como se prefiera. Aquel invento del franquismo que consistía en articular la representación popular a través de la familia, el municipio y el sindicato. En este caso, a través de los barones regionales, que en realidad son quienes controlan el partido. Ninguno ha tenido la honestidad política de dimitir tras el desastre electoral. Al contrario, todos y cada uno han salido reforzados del comité federal, como si el hundimiento del PSOE no fuera con ellos.Ayer era conmovedor verlos responder a los periodistas de forma ufana en Ferraz -incluidos Alarte o Tomás Gómez-, como si no hubiera pasado nada.
Los barones sin baronía han descubierto que el mejor camino para ganar unas elecciones -y mantenerse en el poder- es cargarse el único bastión de libertad dentro de un partido político: la existencia de elecciones primarias. Y el caballo de Pavía que ha roto las reglas del juego no ha sido otro que el lehendakari López. O mejor dicho, el hombre de confianza de Rubalcaba en el País Vasco, y que responde al nombre de Rodolfo Ares. La propuesta de convocar un Congreso no era más que una provocación destinada a poner al partido (aparentemente) al borde del abismo con una sola intención: reventar la candidatura de Chacón. Objetivo cumplido. La ministra de Defensa -sin fuste para liderar nada después de su espantá- no ha sido capaz de aguantarle el primer pulso a Rubalcaba. Probablemente por esa incapacidad que tiene los partidos españoles para discutir abiertamente sobre ideas o nombres sin romperse (ver el caso de Álvarez Cascos). ¿Se imaginan que sucedería en EEUU si a demócratas o republicanos se les hubiera ocurrido suprimir de facto unas elecciones primarias?
España es desde Viriato un país de caudillos, y eso explica la necesidad que tienen los partidos de encontrar no un líder, sino un guía que señale el camino. Aunque sea sin programa y sin hoja de ruta. ¿Conoce alguien la ideología de Rubalcaba?
El hecho de que APR vaya a ser candidato por aclamación -la convocatoria formal aprobada ayer es una pantomima- sólo demuestra que los indignados -al menos en este punto- tenían razón cuando reclamaban un nuevo sistema político en el que los afiliados y simpatizantes tuvieran algo que decir a la hora de elegir sus líderes. No ha sido así, y el PSOE vuelve al pasado más oscuro. Cuando las camarillas de Ferraz –felipistas y guerristas- dirigían el partido con mano de hierro.
Ironías de la historia, dando la razón a aquello que decía Gabriel Arias Salgado refiriéndose a Franco: los caudillos, sostenía el mayor manipulador informativo del régimen, surgen del desmoronamiento de las instituciones, y eso hace que el pueblo se ponga en mano de un individuo con cualidades excepcionales para suplir, precisamente, esa ausencia. Y esta es, en última instancia, la tragedia de la decisión socialista: de nuevo, la democracia sucumbe ante el caudillaje.
Lo curioso del caso es que el comité federal ha quebrantado un principio emanado de un Congreso, lo cual es abiertamente antirreglamentario. La apertura formal de las elecciones primarias no es más que un fraude de ley, como lo demuestra la intervención de Chacón el pasado jueves. No habrá candidatos simplemente porque la dirección (o sea, Rubalcaba) no quiere. Probablemente porque el ministro sabe -él mismo lo ha reconocido en privado- que pese a su dilatada trayectoria política, nunca ha ganado una batalla orgánica. ¿Por qué será?
Esta decisión convierte al PSOE en un partido vulgar y anacrónico -algo que le hubiera podido diferenciar del PP- y le aleja un poco más de sus bases sociales. Lo peor, con todo, es que el auto golpe de Estado de Ferraz sobre Moncloa (indigno el papel de un personaje como Gaspar Zarrias) debilita al presidente del Gobierno en unos momentos particularmente importantes para España. La talla intelectual de Zapatero, en todo caso, la ofrece este discurso pronunciado ayer –probablemente el más importante de su vida política- plagado de lugares comunes y de ocurrencias de adolescente. Como esa referencia a la capacidad de APR para correr los cien metros lisos. Y que acaba con un tierno 'Alfredo, ¿por qué no es 2012. Yo creo que sí, que podemos hacerlo en 2012', como se ve un prodigio de discurso político digno de Operación Triunfo.
Es evidente que lo más sensato que puede hacer Zapatero en este momento histórico es disolver las Cortes en otoño después de aprobarse las leyes que hoy tramita el parlamento. Y a partir de ahí iniciar una etapa política.
Merece la pena leer este artículo del profesor Bentolila para darse cuenta de que los problemas de este país no sólo se arreglan con la marcha de Zapatero, sino con una nueva forma de hacer política que desde luego no pasa por la cabeza de Rubalcaba. Recuerda Bentolila que si hace cuatro años la tasa de paro de los cabezas de familia era del 6% y la de los cónyuges del 8%, ahora ambas son del 18%. Pero es que de los 17,3 millones de hogares, en nada menos que 1.8 millones (11%) el cabeza de familia está parado y en 850 mil (4%) no hay ningún perceptor de renta laboral (salario, prestación por desempleo o pensión). En un trabajo reciente, José Mª Casado, Cristina Fernández y Juan F. Jimeno destacan que un 40% de los parados vive en hogares en los que ningún miembro trabaja, superándose la cota del 38% alcanzada en 1994.
Como se ve un panorama desolador. Pero ayer ningún miembro del comité federal desmintió a Zapatero cuando dijo que el nivel de protección social es 'el más alto de la historia de nuestro país'. Nadie dijo nada. Sólo el aplauso fácil y acrítico con el poder.
Es en este contexto social en el que un presidente irresponsable anuncia que no se volverá a presentar. Pero en lugar de promover un proceso de sustitución ordenado y de acuerdo a las instituciones del PSOE, lo que hace es meter en un mismo saco partido y Gobierno, reforzando esa idea de democracia orgánica que no sólo recuerda al franquismo, sino también al mexicano PRI. El hecho de que el candidato a sustituir a Zapatero en el partido sea al mismo tiempo vicepresidente primero (Rajoy saltó del Gobierno con el ‘dedazo’ de Aznar) liquida tanto la autonomía del partido como la del propio Consejo de Ministros, algo esencial en una democracia sin apellidos, como le gusta decir a Esperanza Aguirre.
No es un asunto baladí. En un sistema electoral de listas cerradas como es el español, son los dirigentes de los partidos -y no los electores- quienes deciden el poder legislativo. y por eso, es fundamental autonomía del partido respecto del Ejecutivo, y vicerversa, porque de lo contrario, al final no habrá separación de poderes. La canibalización del partido por el Gobierno es, por ello, una mala noticia que no parece importar a nadie. ni por supuesto a una formación que ha puesto rumbo a ninguna parte.
jueves, 26 de mayo de 2011
Crónica del tiempo convulso que está viviendo el PSOE
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (26/05/2011)
Zapatero lo dejó claro ayer en los pasillos del Congreso. Habrá primarias internas. Conviene añadir: siempre que Chacón dé un paso adelante y Rubalcaba no dé un paso atrás. No parece. Las dos incógnitas se despejarán este fin de semana. Sin descartar que haya otros candidatos, por supuesto, y descartando la celebración de un congreso extraordinario expresamente convocado para la elección de una nueva Ejecutiva Federal, como propone el líder socialista vasco, Patxi López.
Podría repetir mi comentario del martes sin quitar una coma (“Ruido de primarias en un PSOE noqueado en las urnas”) sobre las voces más o menos desorientadas que especularon respecto a la posibilidad de celebrar un congreso federal antes de las elecciones generales, un cierre de filas en torno a Rubalcaba o un pacto de éste con Carmen Chacón que evitase las primarias en momentos de tribulación interna.
Tres días después del batacazo electoral de los socialistas, éstos proyectan la imagen de un partido en descomposición. Con valiosas aportaciones de sus propios dirigentes. Empezando por la ministra Carme Chacón, que aprovechó la Ejecutiva del lunes pasado para presentar de hecho su candidatura a las primarias con una intervención escasamente zapaterista. Y siguiendo por quien le afeó la conducta desde los medios de comunicación, la también ministra Trinidad Jiménez.
Menciones especiales para los barones regionales. Desde José María Barreda (su desmarque preventivo de Zapatero no le sirvió de nada en Castilla-La Mancha pero le retrató), a Patxi López (el más razonable, a mi juicio, en la formulación de su propuesta), pasando por Fernández Vara (su imposible tándem Rubalcaba-Chacón) y su inefable antecesor, Rodríguez Ibarra, que se mofa del eventual careo político entre el “ministro de los guardias” y la “ministra de los soldados” como vía más adecuada para despertar a los militantes y frenar a Mariano Rajoy.
Adecuada o no, el responsable será un Zapatero en retirada. Me explico. Las elecciones primarias que se convocarán en el Comité Federal del PSOE de pasado mañana, de las que saldrá el o la cabeza de lista para las elecciones de 2012, se han convertido en un empeño personal de Rodríguez Zapatero. Así que se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato. Para bien o para mal.
En su no resignada condición de secretario general, Zapatero será el culpable ideal en el que los demás descarguen los reproches si el proceso de primarias acaba generando males mayores. Nadie lo descarta en las actuales circunstancias. Males mayores, se entiende, que los que podría generar la celebración de un congreso donde se visualizase la asunción de responsabilidad política por el batacazo del 22-M. Pero esa va a ser la opción perdedora en el debate interno del sábado que viene (salvo que Patxi López movilizara a la mitad más uno de los militantes), previo paso de los barones, mañana por la tarde, por el confesionario del todavía líder del PSOE.
Publicado en El Confidencial (26/05/2011)
Zapatero lo dejó claro ayer en los pasillos del Congreso. Habrá primarias internas. Conviene añadir: siempre que Chacón dé un paso adelante y Rubalcaba no dé un paso atrás. No parece. Las dos incógnitas se despejarán este fin de semana. Sin descartar que haya otros candidatos, por supuesto, y descartando la celebración de un congreso extraordinario expresamente convocado para la elección de una nueva Ejecutiva Federal, como propone el líder socialista vasco, Patxi López.
Podría repetir mi comentario del martes sin quitar una coma (“Ruido de primarias en un PSOE noqueado en las urnas”) sobre las voces más o menos desorientadas que especularon respecto a la posibilidad de celebrar un congreso federal antes de las elecciones generales, un cierre de filas en torno a Rubalcaba o un pacto de éste con Carmen Chacón que evitase las primarias en momentos de tribulación interna.
Tres días después del batacazo electoral de los socialistas, éstos proyectan la imagen de un partido en descomposición. Con valiosas aportaciones de sus propios dirigentes. Empezando por la ministra Carme Chacón, que aprovechó la Ejecutiva del lunes pasado para presentar de hecho su candidatura a las primarias con una intervención escasamente zapaterista. Y siguiendo por quien le afeó la conducta desde los medios de comunicación, la también ministra Trinidad Jiménez.
Menciones especiales para los barones regionales. Desde José María Barreda (su desmarque preventivo de Zapatero no le sirvió de nada en Castilla-La Mancha pero le retrató), a Patxi López (el más razonable, a mi juicio, en la formulación de su propuesta), pasando por Fernández Vara (su imposible tándem Rubalcaba-Chacón) y su inefable antecesor, Rodríguez Ibarra, que se mofa del eventual careo político entre el “ministro de los guardias” y la “ministra de los soldados” como vía más adecuada para despertar a los militantes y frenar a Mariano Rajoy.
Adecuada o no, el responsable será un Zapatero en retirada. Me explico. Las elecciones primarias que se convocarán en el Comité Federal del PSOE de pasado mañana, de las que saldrá el o la cabeza de lista para las elecciones de 2012, se han convertido en un empeño personal de Rodríguez Zapatero. Así que se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato. Para bien o para mal.
En su no resignada condición de secretario general, Zapatero será el culpable ideal en el que los demás descarguen los reproches si el proceso de primarias acaba generando males mayores. Nadie lo descarta en las actuales circunstancias. Males mayores, se entiende, que los que podría generar la celebración de un congreso donde se visualizase la asunción de responsabilidad política por el batacazo del 22-M. Pero esa va a ser la opción perdedora en el debate interno del sábado que viene (salvo que Patxi López movilizara a la mitad más uno de los militantes), previo paso de los barones, mañana por la tarde, por el confesionario del todavía líder del PSOE.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Este país necesita una nueva izquierda
Por Carlos Fonseca
Publicado en El Confidencial (25/05/2011)
Los indignados del 15M se enfrentan a partir de la próxima semana, cuando concluya la acampada que mantienen en la Puerta del Sol, al dilema de convertirse en un movimiento organizado o diluirse tras haber sacado a la calle a decenas de miles de ciudadanos cabreados con la situación política y económica que vivimos. No es fácil que el descontento expresado en la calle se convierta en un movimiento que trascienda las jornadas de protesta para influir en la política del día a día, pero me parece imprescindible que lo haga.
En un país donde la participación de los ciudadanos en la política se limita a votar cada cuatro años; donde solo dos partidos tienen posibilidades reales de gobernar y el resto se resigna con rellenar mayorías; donde un Gobierno pretendidamente de izquierdas ha llevado a cabo el mayor recorte de derechos laborales de la democracia; donde la experiencia laboral es un estorbo, la sobrecualificación un problema y ser joven es sinónimo de precariedad, es necesaria una nueva izquierda que reivindique los valores a los que el PSOE ha renunciado y que IU es incapaz de canalizar, perdida en rencillas internas de poder que la han dejado inane.
El 15M puede ser el embrión de esa nueva izquierda inconformista, irreverente, reivindicativa y radical que defienda principios sin renunciar al pragmatismo necesario para conseguir que las instituciones representen de forma real, y no solo formal, la voluntad de los ciudadanos. La reforma del sistema electoral para que cada voto valga lo mismo, las listas abiertas o la exclusión de los imputados de las candidaturas son algunas de las numerosas propuestas que han acordado estos días en asamblea, y que ahora es necesario articular para que no se queden en meros enunciados. No sé si la fórmula es un nuevo partido, entiendo el temor de los indignados a ser engullidos por el sistema que critican, pero es necesario pasar de las palabras a los hechos para no quedarse en nada. El debate debe alumbrar la fórmula organizativa más adecuada sin temor a equivocarse.Sin prisas pero sin pausas y siendo conscientes de que lo andado hasta ahora ya es mucho.
Lo consiga o no, el 15M ha sido un rotundo éxito, digan lo que digan algunos políticos y medios de comunicación empeñados en medir el mismo por el porcentaje de abstención o de voto en blanco. ¡Como si la realidad se pudiera cambiar en una semana! Los indignados no han perdido las elecciones porque no se presentaban a ellas, ni pedían el voto para ninguna formación, y tampoco recomendaban la abstención, ni el voto nulo o en blanco. Reclaman una regeneración de la política para que el ciudadano participe de ella y deje de ser una mera mercancía. Es un grito de rebeldía y una advertencia del enorme descontento social con los partidos, y lo que eso supone de descrédito de la política. Nada más, y nada menos.
El desconcierto provocado en las filas de todos los partidos, a derecha e izquierda, es el principal termómetro de su éxito. La izquierda se ha mostrado condescendiente, pero tras la debacle electoral no ha dudado en señalar a los manifestantes como responsables en parte de su desastre. Como si reclamaran el voto cautivo y marcial, la fidelidad ciega del ciudadano acrítico que vota siglas aunque sea tapándose la nariz.
La derecha ha ido aún más allá y ha culpado a los acampados de ser parte de una estrategia de Alfredo Pérez Rubalcaba, el “Maquiavelo” del PSOE, para perjudicar electoralmente al PP (las concentraciones tienen lugar frente a la sede de la Comunidad de Madrid y no en La Moncloa, Esperanza Aguirre dixit), de “amasijo de delincuentes a las órdenes de lo más bajo de la izquierda española” y de ETA/Batasuna (César Vidal) o de antisistemas como sinónimo de zarrapastrosos. Han perdido el decoro y la vergüenza.
Basta con pasarse por la Puerta del Sol para darse cuenta de a quién representa el Movimiento 15M. Allí hay estudiantes, jóvenes en paro, trabajadores, padres con hijos y gente de edad unidos por un monumental cabreo hacia una clase política que crea más problemas que resuelve. Justo lo que más incomoda a quienes prefieren una sociedad dócil a otra crítica que no acepta sin más el obedece y calla.
Hasta el próximo miércoles
Publicado en El Confidencial (25/05/2011)
Los indignados del 15M se enfrentan a partir de la próxima semana, cuando concluya la acampada que mantienen en la Puerta del Sol, al dilema de convertirse en un movimiento organizado o diluirse tras haber sacado a la calle a decenas de miles de ciudadanos cabreados con la situación política y económica que vivimos. No es fácil que el descontento expresado en la calle se convierta en un movimiento que trascienda las jornadas de protesta para influir en la política del día a día, pero me parece imprescindible que lo haga.
En un país donde la participación de los ciudadanos en la política se limita a votar cada cuatro años; donde solo dos partidos tienen posibilidades reales de gobernar y el resto se resigna con rellenar mayorías; donde un Gobierno pretendidamente de izquierdas ha llevado a cabo el mayor recorte de derechos laborales de la democracia; donde la experiencia laboral es un estorbo, la sobrecualificación un problema y ser joven es sinónimo de precariedad, es necesaria una nueva izquierda que reivindique los valores a los que el PSOE ha renunciado y que IU es incapaz de canalizar, perdida en rencillas internas de poder que la han dejado inane.
El 15M puede ser el embrión de esa nueva izquierda inconformista, irreverente, reivindicativa y radical que defienda principios sin renunciar al pragmatismo necesario para conseguir que las instituciones representen de forma real, y no solo formal, la voluntad de los ciudadanos. La reforma del sistema electoral para que cada voto valga lo mismo, las listas abiertas o la exclusión de los imputados de las candidaturas son algunas de las numerosas propuestas que han acordado estos días en asamblea, y que ahora es necesario articular para que no se queden en meros enunciados. No sé si la fórmula es un nuevo partido, entiendo el temor de los indignados a ser engullidos por el sistema que critican, pero es necesario pasar de las palabras a los hechos para no quedarse en nada. El debate debe alumbrar la fórmula organizativa más adecuada sin temor a equivocarse.Sin prisas pero sin pausas y siendo conscientes de que lo andado hasta ahora ya es mucho.
Lo consiga o no, el 15M ha sido un rotundo éxito, digan lo que digan algunos políticos y medios de comunicación empeñados en medir el mismo por el porcentaje de abstención o de voto en blanco. ¡Como si la realidad se pudiera cambiar en una semana! Los indignados no han perdido las elecciones porque no se presentaban a ellas, ni pedían el voto para ninguna formación, y tampoco recomendaban la abstención, ni el voto nulo o en blanco. Reclaman una regeneración de la política para que el ciudadano participe de ella y deje de ser una mera mercancía. Es un grito de rebeldía y una advertencia del enorme descontento social con los partidos, y lo que eso supone de descrédito de la política. Nada más, y nada menos.
El desconcierto provocado en las filas de todos los partidos, a derecha e izquierda, es el principal termómetro de su éxito. La izquierda se ha mostrado condescendiente, pero tras la debacle electoral no ha dudado en señalar a los manifestantes como responsables en parte de su desastre. Como si reclamaran el voto cautivo y marcial, la fidelidad ciega del ciudadano acrítico que vota siglas aunque sea tapándose la nariz.
La derecha ha ido aún más allá y ha culpado a los acampados de ser parte de una estrategia de Alfredo Pérez Rubalcaba, el “Maquiavelo” del PSOE, para perjudicar electoralmente al PP (las concentraciones tienen lugar frente a la sede de la Comunidad de Madrid y no en La Moncloa, Esperanza Aguirre dixit), de “amasijo de delincuentes a las órdenes de lo más bajo de la izquierda española” y de ETA/Batasuna (César Vidal) o de antisistemas como sinónimo de zarrapastrosos. Han perdido el decoro y la vergüenza.
Basta con pasarse por la Puerta del Sol para darse cuenta de a quién representa el Movimiento 15M. Allí hay estudiantes, jóvenes en paro, trabajadores, padres con hijos y gente de edad unidos por un monumental cabreo hacia una clase política que crea más problemas que resuelve. Justo lo que más incomoda a quienes prefieren una sociedad dócil a otra crítica que no acepta sin más el obedece y calla.
Hasta el próximo miércoles
¡No es la economía, amigos!
Por Antonio Rubio Merino
Publicado en El Confidencial (25/05/2011)
Atribuyen a un asesor demócrata la frase “es la economía, estúpidos”, con la que trataba de explicar a sus colegas el imparable ascenso de sus rivales republicanos. No me apetece calificar de la misma forma a aquellos que disientan de la opinión que aquí expongo, pero creo que están en un grave error aquellos que califican de meramente “económica” la actual crisis que sufre la sociedad española.
Una crisis económica puede deberse a graves desajustes entre la oferta y la demanda (en España, por ejemplo, la de viviendas), al necesario traslado de inversiones de unos sectores a otros (quizás del inmobiliario y la banca hacia otros más productivos), a factores de competencia externa (España ha perdido un 30% de productividad respecto a Alemania en la última década) y a otras muchas circunstancias.
España es un país bastante ineficiente en comparación con las economías con las que le gusta, no obstante, compararse, así que necesita que el PIB crezca más del 2,2% anual para generar empleo. Como ninguna estadística augura que eso ocurra en los próximos cinco años, la situación que sufrimos -de bajo crecimiento económico con alto desempleo- ha llegado para quedarse. Nos encontramos pues en medio de una importante crisis económica.
Pero la gravedad de nuestra crisis no viene determinada por esos factores económicos, medibles y objetivos. En mi opinión, se trata de algo mucho más grave. La crisis española es muy profunda, es generacional, y es esencialmente de naturaleza moral. Se viene gestando quizás desde hace más dos décadas. Y se resume en que España se ha convertido en un país en el que se desprecia el esfuerzo. Se desprecia en todas las acepciones de la palabra. No se aprecia el valor humano y moral del esforzarse, de mejorar, de sacrificar beneficios inmediatos por otros futuros, mayores. Y se estigmatiza personalmente al que se esfuerza, con la despectiva descalificación al comienzo de la competición, con la condena y cuestionamiento al derecho al premio, una vez que la carrera termina.
Dicen preocupados muchos jóvenes que puede que ellos sean la primera generación de españoles que vive peor que sus padres. También puede que sea la primera generación de españoles que se esfuerza menos, desaprovechando una mejor infraestructura, que la generación anterior. Y si eso es así, el hecho de que la siguiente generación viva peor que la anterior es simplemente un acto de justicia.
Derechos frente a obligaciones
Decía Maimónides que una persona sólo puede desarrollarse equilibradamente en una sociedad en que estén proporcionados derechos y obligaciones. Durante el último cuarto de siglo los sistemas educativos, los medios de comunicación, los “valores” dominantes han hablado hasta el cansancio de derechos -al trabajo, a una vivienda, a viajar, a calidad de vida, etc.- sin tener en cuenta las obligaciones. Más aún, sin considerar el dato real elemental: que todo bien necesita del trabajo de alguien para ser producido. Y que consumir sin producir, derechos sin obligaciones, es la peor de las tiranías: se llama ‘esclavitud’ para el que la sufre, para el que ha de trabajar para beneficio de otros que no lo quieren hacer personalmente, pero sí desean los frutos del trabajo ajeno.
El dinero para sufragar esos “derechos” no viene del aire. Viene de los impuestos que pagan los que producen. Viene, en el caso de esas transferencias desde los complacientes u oprimidos papás a los exigentes hijos, del trabajo de unos padres, de sus ahorros y su esfuerzo, que la nueva generación dilata indefinidamente en el tiempo comenzar a su vez a producir para compensar o reponer.
¿Se han parado a pensar los jóvenes “indignados” en quién va a pagar sus “derechos”? ¿Han considerado si ellos están cumpliendo con sus obligaciones? ¿Saben acaso qué significa esa palabra?
Mucho me temo que no. Saben qué significa “vivir su propia vida” -o eso creen, porque sólo se puede vivir una vida “propia” si uno corre con sus gastos-, “no ser un esclavo de ocho a tres”, “tener un trabajo que me guste y poder dedicarme también a mis aficiones”, etc.
Pues bien queridos, la vida no es así. La realidad no es así. Gracias a Dios, el que se esfuerza recibe un premio. Y el que no, un castigo. El esfuerzo de la generación de la posguerra produjo un país con una clase media que supo del sacrificio, pero también de la satisfacción, de ir adquiriendo un coche, un piso, un teléfono, un televisor, un local comercial o un apartamento. Poco a poco, con ahorro, con tesón, con renuncias…y con premios.
Una generación que dilata hasta los treinta el emanciparse de sus padres, el buscar un trabajo y que cuando llega a las puertas de éste sus primeras preguntas son acerca de salarios, horarios y vacaciones… ¿por qué razón piensa que la realidad va a premiar su holgazanería? La naturaleza no es así y es implacable con las cigarras cuando llega el invierno.
Evidentemente, esta generación de jóvenes, la mejor preparada de la historia de España, tiene en su seno gran cantidad de excelentes profesionales, activos o en potencia aún, trabajadores y abnegados como sus progenitores, con una amplia visión de su país y del resto del mundo. Para ellos, con su esfuerzo y sacrificio, hay un premio esperando. Para los demás… la crisis sólo será una cuestión de justicia.
Comencemos por hablar claro a nuestros hijos: hay que comenzar a esforzarse más y quejarse menos. Hay que cumplir con nuestros deberes, para poder reclamar nuestros derechos. Si decir esto es un escándalo en la España de hoy, concluiremos pues que estamos dentro de una inmensa crisis moral. Y sólo superándola venceremos a la crisis económica.
Publicado en El Confidencial (25/05/2011)
Atribuyen a un asesor demócrata la frase “es la economía, estúpidos”, con la que trataba de explicar a sus colegas el imparable ascenso de sus rivales republicanos. No me apetece calificar de la misma forma a aquellos que disientan de la opinión que aquí expongo, pero creo que están en un grave error aquellos que califican de meramente “económica” la actual crisis que sufre la sociedad española.
Una crisis económica puede deberse a graves desajustes entre la oferta y la demanda (en España, por ejemplo, la de viviendas), al necesario traslado de inversiones de unos sectores a otros (quizás del inmobiliario y la banca hacia otros más productivos), a factores de competencia externa (España ha perdido un 30% de productividad respecto a Alemania en la última década) y a otras muchas circunstancias.
España es un país bastante ineficiente en comparación con las economías con las que le gusta, no obstante, compararse, así que necesita que el PIB crezca más del 2,2% anual para generar empleo. Como ninguna estadística augura que eso ocurra en los próximos cinco años, la situación que sufrimos -de bajo crecimiento económico con alto desempleo- ha llegado para quedarse. Nos encontramos pues en medio de una importante crisis económica.
Pero la gravedad de nuestra crisis no viene determinada por esos factores económicos, medibles y objetivos. En mi opinión, se trata de algo mucho más grave. La crisis española es muy profunda, es generacional, y es esencialmente de naturaleza moral. Se viene gestando quizás desde hace más dos décadas. Y se resume en que España se ha convertido en un país en el que se desprecia el esfuerzo. Se desprecia en todas las acepciones de la palabra. No se aprecia el valor humano y moral del esforzarse, de mejorar, de sacrificar beneficios inmediatos por otros futuros, mayores. Y se estigmatiza personalmente al que se esfuerza, con la despectiva descalificación al comienzo de la competición, con la condena y cuestionamiento al derecho al premio, una vez que la carrera termina.
Dicen preocupados muchos jóvenes que puede que ellos sean la primera generación de españoles que vive peor que sus padres. También puede que sea la primera generación de españoles que se esfuerza menos, desaprovechando una mejor infraestructura, que la generación anterior. Y si eso es así, el hecho de que la siguiente generación viva peor que la anterior es simplemente un acto de justicia.
Derechos frente a obligaciones
Decía Maimónides que una persona sólo puede desarrollarse equilibradamente en una sociedad en que estén proporcionados derechos y obligaciones. Durante el último cuarto de siglo los sistemas educativos, los medios de comunicación, los “valores” dominantes han hablado hasta el cansancio de derechos -al trabajo, a una vivienda, a viajar, a calidad de vida, etc.- sin tener en cuenta las obligaciones. Más aún, sin considerar el dato real elemental: que todo bien necesita del trabajo de alguien para ser producido. Y que consumir sin producir, derechos sin obligaciones, es la peor de las tiranías: se llama ‘esclavitud’ para el que la sufre, para el que ha de trabajar para beneficio de otros que no lo quieren hacer personalmente, pero sí desean los frutos del trabajo ajeno.
El dinero para sufragar esos “derechos” no viene del aire. Viene de los impuestos que pagan los que producen. Viene, en el caso de esas transferencias desde los complacientes u oprimidos papás a los exigentes hijos, del trabajo de unos padres, de sus ahorros y su esfuerzo, que la nueva generación dilata indefinidamente en el tiempo comenzar a su vez a producir para compensar o reponer.
¿Se han parado a pensar los jóvenes “indignados” en quién va a pagar sus “derechos”? ¿Han considerado si ellos están cumpliendo con sus obligaciones? ¿Saben acaso qué significa esa palabra?
Mucho me temo que no. Saben qué significa “vivir su propia vida” -o eso creen, porque sólo se puede vivir una vida “propia” si uno corre con sus gastos-, “no ser un esclavo de ocho a tres”, “tener un trabajo que me guste y poder dedicarme también a mis aficiones”, etc.
Pues bien queridos, la vida no es así. La realidad no es así. Gracias a Dios, el que se esfuerza recibe un premio. Y el que no, un castigo. El esfuerzo de la generación de la posguerra produjo un país con una clase media que supo del sacrificio, pero también de la satisfacción, de ir adquiriendo un coche, un piso, un teléfono, un televisor, un local comercial o un apartamento. Poco a poco, con ahorro, con tesón, con renuncias…y con premios.
Una generación que dilata hasta los treinta el emanciparse de sus padres, el buscar un trabajo y que cuando llega a las puertas de éste sus primeras preguntas son acerca de salarios, horarios y vacaciones… ¿por qué razón piensa que la realidad va a premiar su holgazanería? La naturaleza no es así y es implacable con las cigarras cuando llega el invierno.
Evidentemente, esta generación de jóvenes, la mejor preparada de la historia de España, tiene en su seno gran cantidad de excelentes profesionales, activos o en potencia aún, trabajadores y abnegados como sus progenitores, con una amplia visión de su país y del resto del mundo. Para ellos, con su esfuerzo y sacrificio, hay un premio esperando. Para los demás… la crisis sólo será una cuestión de justicia.
Comencemos por hablar claro a nuestros hijos: hay que comenzar a esforzarse más y quejarse menos. Hay que cumplir con nuestros deberes, para poder reclamar nuestros derechos. Si decir esto es un escándalo en la España de hoy, concluiremos pues que estamos dentro de una inmensa crisis moral. Y sólo superándola venceremos a la crisis económica.
lunes, 23 de mayo de 2011
De mayo a mayo: la implosión del zapaterismo
Por Jose Antonio Zarzalejos.
Publicado en El Confidencial (23/05/2011)
La contundente victoria del Partido Popular en los comicios de ayer no hace más que sentenciar el proceso de autodestrucción del PSOE zapaterista. Esta implosión socialista se ha consumado de mayo de 2010 a mayo de 2011. Comenzó con el giro radical de Zapatero abordando tarde y mal la crisis el 12-M, continúo con la ruptura interna de su partido que le llevó a anunciar en abril pasado su retirada política y se rubricó con el estallido social del 15-M. Las urnas no hicieron ayer otra cosa que entregar a la oposición el relevo, infligiendo al PSOE el castigo más duro de su historia en democracia. La patética comparecencia de anoche del presidente, ausente de la dimensión de su fracaso, arrojaba la imagen de un zombi.
Un relevo que no sólo es el resultado de las sostenidas torpezas del Presidente del Gobierno y del PSOE, sino también del acierto con el que Mariano Rajoy ha desarrollado una campaña templada, ajustada a un guión sopesado, bien planificada y con el discurso socio-económico calculado. Es verdad que el PP no ha volado alto con sus propuestas, pero también los es que ha sabido aliarse con las circunstancias y ponerlas al servicio de su estrategia. Incluso -aunque algunos de sus líderes estuvieron a punto de estropearlo- logró que la protesta del 15-M significase un problema adicional y sobrevenido -pero no sorprendente- para los socialistas, sin arañar siquiera las opciones del PP.
La democracia, por confusa y deteriora que esté la nuestra, tiene una sexto sentido colectivo que le induce siempre a la supervivencia. Ayer se demostró. Y alejó el sistema de un PSOE que con Zapatero se había introducido en una diabólica dinámica de ineficacia e irresponsabilidad, con política progresistas incompetentes y divisivas; con una ausencia de resolución clamorosa en las reformas necesarias y con una pobreza y frivolidad argumentales que producían horror vacui en la sociedad española. Los resultados de ayer son una forma expresiva y rotunda de lanzar un ¡basta ya! para, de inmediato, reiniciar el camino de la reconstrucción política y ética del país, ahora desesperanzado e indignado.
Zapatero, que verá con desolación la destrucción no sólo de los logros nacionales sino también en pavesa a su propio partido, no puede seguir prolongando la agonía en un “tiempo basura”, hasta alcanzar el final de la legislatura. Tanto él como su Gobierno y el PSOE se han quedado sin poder territorial suficiente para, en una Estado con poderes y competencias compartidas entre la Administración Central y las autonómicas y locales, continuar con mínima solvencia la gestión de los asuntos públicos.
Las elecciones generales en otoño debieran ser el corolario de los resultados del 22-M. La secuencia lógica sería cerrar las dos reformas pendientes (negociación colectiva y Cajas), elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno, y no abrir ya el período parlamentario de sesiones en septiembre para en noviembre dar paso a las elecciones legislativas. El socialismo que encarna el PSOE, depredado, además, por IU y por UPyD, no puede seguir representando una mascarada política después de haber perpetrado su suicidio en apenas doce meses –de mayo a mayo. The party is over. Efectivamente, empieza una época nueva y se cierra, con un portazo histórico, la que representa el zapaterismo cuyos damnificados han sido España y el mismísimo PSOE.
Publicado en El Confidencial (23/05/2011)
La contundente victoria del Partido Popular en los comicios de ayer no hace más que sentenciar el proceso de autodestrucción del PSOE zapaterista. Esta implosión socialista se ha consumado de mayo de 2010 a mayo de 2011. Comenzó con el giro radical de Zapatero abordando tarde y mal la crisis el 12-M, continúo con la ruptura interna de su partido que le llevó a anunciar en abril pasado su retirada política y se rubricó con el estallido social del 15-M. Las urnas no hicieron ayer otra cosa que entregar a la oposición el relevo, infligiendo al PSOE el castigo más duro de su historia en democracia. La patética comparecencia de anoche del presidente, ausente de la dimensión de su fracaso, arrojaba la imagen de un zombi.
Un relevo que no sólo es el resultado de las sostenidas torpezas del Presidente del Gobierno y del PSOE, sino también del acierto con el que Mariano Rajoy ha desarrollado una campaña templada, ajustada a un guión sopesado, bien planificada y con el discurso socio-económico calculado. Es verdad que el PP no ha volado alto con sus propuestas, pero también los es que ha sabido aliarse con las circunstancias y ponerlas al servicio de su estrategia. Incluso -aunque algunos de sus líderes estuvieron a punto de estropearlo- logró que la protesta del 15-M significase un problema adicional y sobrevenido -pero no sorprendente- para los socialistas, sin arañar siquiera las opciones del PP.
La democracia, por confusa y deteriora que esté la nuestra, tiene una sexto sentido colectivo que le induce siempre a la supervivencia. Ayer se demostró. Y alejó el sistema de un PSOE que con Zapatero se había introducido en una diabólica dinámica de ineficacia e irresponsabilidad, con política progresistas incompetentes y divisivas; con una ausencia de resolución clamorosa en las reformas necesarias y con una pobreza y frivolidad argumentales que producían horror vacui en la sociedad española. Los resultados de ayer son una forma expresiva y rotunda de lanzar un ¡basta ya! para, de inmediato, reiniciar el camino de la reconstrucción política y ética del país, ahora desesperanzado e indignado.
Zapatero, que verá con desolación la destrucción no sólo de los logros nacionales sino también en pavesa a su propio partido, no puede seguir prolongando la agonía en un “tiempo basura”, hasta alcanzar el final de la legislatura. Tanto él como su Gobierno y el PSOE se han quedado sin poder territorial suficiente para, en una Estado con poderes y competencias compartidas entre la Administración Central y las autonómicas y locales, continuar con mínima solvencia la gestión de los asuntos públicos.
Las elecciones generales en otoño debieran ser el corolario de los resultados del 22-M. La secuencia lógica sería cerrar las dos reformas pendientes (negociación colectiva y Cajas), elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno, y no abrir ya el período parlamentario de sesiones en septiembre para en noviembre dar paso a las elecciones legislativas. El socialismo que encarna el PSOE, depredado, además, por IU y por UPyD, no puede seguir representando una mascarada política después de haber perpetrado su suicidio en apenas doce meses –de mayo a mayo. The party is over. Efectivamente, empieza una época nueva y se cierra, con un portazo histórico, la que representa el zapaterismo cuyos damnificados han sido España y el mismísimo PSOE.
Zapatero lleva la marca PSOE al borde de la bancarrota
Por Antonio Casado
Publicado en ">El Confidencial (23/05/2011)
Barrió el PP. Sin paliativos. La debacle socialista estaba cantada y se confirmó. La macroencuesta real, sobre una muestra de 35 millones de españoles consultados en más de 8.000 ayuntamientos, coloca al PP a casi 10 puntos de ventaja sobre el PSOE, lo que supone doblar la mayor diferencia obtenida hasta ahora en unas elecciones municipales y colocarse de claro favorito en las próximas elecciones generales.
El desaliento de los votantes socialistas también se confirma en las urnas. La ruptura del pacto electoral de Rodríguez Zapatero con su clientela política, que se perpetró en mayo de 2010, le pasó ayer la factura. Sin embargo, en su comparecencia de anoche no existió la autocrítica. La que intentó sólo estaba dirigida a los ciudadanos, como presidente del Gobierno, por la crisis económica como imponderable.
Pero ayer se suponía que hablaba como secretario general del partido. Así que estando en Ferraz y no en Moncloa, debió ejercer una autocrítica especial ante la militancia. Aunque solo fuera por haber arrastrado en su caída a la marca PSOE. No lo hizo, cuando él sabe perfectamente que los militantes que en la noche triunfal del 14 de marzo de 2004 le rogaron “No nos falles” hoy acampan en la Puerta del Sol.
Otra de las noticias de la noche de ayer es el impacto de la masiva protesta popular de jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho de la geografía nacional. Lo tuvo negativamente en el PSOE porque hurgó en la herida. Sus indecisos se acabaron de decidir y votaron en blanco o se quedaron en casa siguiendo las consignas del “No les votes”, lo cual no afectó a unos votantes tan motivados como los del PP. El impacto en cambio fue muy positivo para otros partidos. Concretamente, Izquierda Unida y UPyD, el partido de Rosa Díez, fueron los grandes beneficiados de la causa general abierta por los “indignados” contra el bipartidismo y la clase política en general.
Tratamiento aparte merece la enorme cosecha de votos logrados por la izquierda abertzale empotrada en la coalición Bildu. Casi 300.000 votos. Frente a quienes siguen rasgándose las vestiduras por lo que consideran un salto de ETA a las instituciones, a mí me parece que este cosechón de votos supone reforzar la apuesta del pensamiento radical vasco por las vías democráticas. A la vista de todo lo que ha ocurrido hasta el polémico blanqueo de los amigos de la banda por el Tribunal Constitucional y que la eficacia policial tiene a ETA contra las cuerdas, es preferible que sus amigos estén en las instituciones sin que ETA mate a que se les expulse del sistema y la banda tenga una excusa para volver a las andadas.
Pero son muchas las esquinas del recuento de anoche, que nos deja un mapa político casi totalmente azul y un PSOE al borde de la bancarrota que se lo tiene que hacer mirar. Las primarias internas, donde se van a enfrentar dos proyectos muy diferenciados (Chacón y Rubalcaba), ya lo verán ustedes, puede ser el comienzo de una constructiva travesía del desierto
Publicado en ">El Confidencial (23/05/2011)
Barrió el PP. Sin paliativos. La debacle socialista estaba cantada y se confirmó. La macroencuesta real, sobre una muestra de 35 millones de españoles consultados en más de 8.000 ayuntamientos, coloca al PP a casi 10 puntos de ventaja sobre el PSOE, lo que supone doblar la mayor diferencia obtenida hasta ahora en unas elecciones municipales y colocarse de claro favorito en las próximas elecciones generales.
El desaliento de los votantes socialistas también se confirma en las urnas. La ruptura del pacto electoral de Rodríguez Zapatero con su clientela política, que se perpetró en mayo de 2010, le pasó ayer la factura. Sin embargo, en su comparecencia de anoche no existió la autocrítica. La que intentó sólo estaba dirigida a los ciudadanos, como presidente del Gobierno, por la crisis económica como imponderable.
Pero ayer se suponía que hablaba como secretario general del partido. Así que estando en Ferraz y no en Moncloa, debió ejercer una autocrítica especial ante la militancia. Aunque solo fuera por haber arrastrado en su caída a la marca PSOE. No lo hizo, cuando él sabe perfectamente que los militantes que en la noche triunfal del 14 de marzo de 2004 le rogaron “No nos falles” hoy acampan en la Puerta del Sol.
Otra de las noticias de la noche de ayer es el impacto de la masiva protesta popular de jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho de la geografía nacional. Lo tuvo negativamente en el PSOE porque hurgó en la herida. Sus indecisos se acabaron de decidir y votaron en blanco o se quedaron en casa siguiendo las consignas del “No les votes”, lo cual no afectó a unos votantes tan motivados como los del PP. El impacto en cambio fue muy positivo para otros partidos. Concretamente, Izquierda Unida y UPyD, el partido de Rosa Díez, fueron los grandes beneficiados de la causa general abierta por los “indignados” contra el bipartidismo y la clase política en general.
Tratamiento aparte merece la enorme cosecha de votos logrados por la izquierda abertzale empotrada en la coalición Bildu. Casi 300.000 votos. Frente a quienes siguen rasgándose las vestiduras por lo que consideran un salto de ETA a las instituciones, a mí me parece que este cosechón de votos supone reforzar la apuesta del pensamiento radical vasco por las vías democráticas. A la vista de todo lo que ha ocurrido hasta el polémico blanqueo de los amigos de la banda por el Tribunal Constitucional y que la eficacia policial tiene a ETA contra las cuerdas, es preferible que sus amigos estén en las instituciones sin que ETA mate a que se les expulse del sistema y la banda tenga una excusa para volver a las andadas.
Pero son muchas las esquinas del recuento de anoche, que nos deja un mapa político casi totalmente azul y un PSOE al borde de la bancarrota que se lo tiene que hacer mirar. Las primarias internas, donde se van a enfrentar dos proyectos muy diferenciados (Chacón y Rubalcaba), ya lo verán ustedes, puede ser el comienzo de una constructiva travesía del desierto
sábado, 21 de mayo de 2011
LA BENEVOLENCIA DE LOS JUECES por Eugenio Nasarre
(Publicado el 19-05-11)
La caída de la República de Weimar y el ascenso al poder de Hitler y el movimiento nazi es una de las páginas de la historia del siglo XX más estudiadas y más exhaustivamente analizadas. Constituye una experiencia de la que se deben extraer muchas lecciones. Uno de los aspectos en que coinciden la mayoría de los historiadores es que el comportamiento benevolente de los jueces alemanes con los actos delictivos del nazismo tuvo fatales consecuencias.
El violento y fallido golpe de Estado de 1923 en Munich supuso a Hitler una leve condena de prisión de tan solo un año y un mes. Los asesinatos de notorios personajes políticos, a comienzos de los años 20, como Rathenau y Erzberger quedaron impunes. Las “fuerzas de choque” del movimiento nazi fueron creando un clima de violencia creciente y de intimidación a lo largo de aquella década, sin que el aparato jurídico de la República de Weimar supiera hacerle frente. Hitler manejó hábilmente la doble vía de la violencia y de la participación electoral para ir escalando posiciones hacia la toma del poder. Estar dentro de las instituciones formó parte esencial de su “estrategia de la tensión” para liquidar el régimen. La “benevolencia” de la judicatura alemana se puso una vez más de manifiesto en el juicio contra tres oficiales, acusados de organizar con el partido nazi un golpe militar, en 1930. Hitler, testigo en aquel juicio, declaró ante el tribunal: “El movimiento nacionalsocialista procurará conseguir su objetivo en este Estado por medios constitucionales. La Constitución nos indica sólo los métodos, no el objetivo”. El juez, con una ingenuidad pasmosa, se contentó con pedirle que ratificase mediante juramento la veracidad de su testimonio. Hitler no tuvo ningún inconveniente en hacerlo. El historiador Ian Kershaw relata que Goebbels afirmó que el juramento de Hitler había sido “una maniobra brillante”. “Ahora somos ya absolutamente legales”, apostilló exultante. Tres años después Hitler accedía al poder.
La misma actitud de Goebbels es la que han tenido los promotores y ahora dirigentes legales de Bildu ante la sentencia del Tribunal Constitucional. Ha sido para ellos una gran victoria y de ninguna manera una victoria de la democracia. Los movimientos totalitarios surgidos en el siglo XX han observado siempre una estrategia que combina la violencia terrorista con la utilización de las vías legales. Eta ha sido siempre fiel a este modelo de estrategia. Para ella y para la consecución de sus fines resulta vital disponer de poder local. La democracia española, muy trabajosamente, fue dándose cuenta de que la derrota de Eta exigía impedirla aprovecharse de las ventajas de participar en las instituciones democráticas. Costó muchos años, muchos sufrimientos, muchas víctimas. La ley de partidos de 2002 fue un paso decisivo y la sentencia del Tribunal de Estrasburgo suponía el más claro aval jurídico a la voluntad del legislador español.
La responsabilidad de los jueces del Tribunal Constitucional es inmensa. El movimiento etarra podrá celebrar su sentencia por segunda vez la noche del 22 de mayo. Porque recuperará el poder municipal y con astucia podrá condicionar el futuro de muchos ayuntamientos y la vida política del País Vasco. Sabemos que el retroceso en la lucha antiterrorista es colosal. Eta queda fortalecida ante su actual empeño negociador. Bildu no ha renunciado a ninguno de los objetivos del movimiento etarra. Como hiciera Hitler ante el tribunal de Berlín, ha distinguido cínicamente entre “objetivos” y “métodos”. Pero el problema es que Eta sigue ahí, por lo que la apelación a los “métodos” resulta desvergonzadamente hipócrita, aunque, envueltos en su venda, los seis jueces no lo hayan querido ver.
El momento –reconozcámoslo- es sumamente delicado en una España sumida en una grave crisis económica, institucional y social. . Porque, con la Eta ya en las instituciones locales, la revisión de la “doctrina Parot” tendría unos efectos demoledores: el regreso “a casa” de los criminales etarras como vencedores desafiantes. La repugnante imagen del etarra Errandonea, saliendo de la cárcel con el cartel que identifica a Bildu con Eta, es el preludio de un posible escenario insoportable. Todo este camino conduce a la negociación, que –no podemos olvidarlo- fue autorizada por una mayoría parlamentaria en la pasada legislatura en el acto más triste y bochornoso de nuestra reciente historia democrática.
La caída de la República de Weimar y el ascenso al poder de Hitler y el movimiento nazi es una de las páginas de la historia del siglo XX más estudiadas y más exhaustivamente analizadas. Constituye una experiencia de la que se deben extraer muchas lecciones. Uno de los aspectos en que coinciden la mayoría de los historiadores es que el comportamiento benevolente de los jueces alemanes con los actos delictivos del nazismo tuvo fatales consecuencias.
El violento y fallido golpe de Estado de 1923 en Munich supuso a Hitler una leve condena de prisión de tan solo un año y un mes. Los asesinatos de notorios personajes políticos, a comienzos de los años 20, como Rathenau y Erzberger quedaron impunes. Las “fuerzas de choque” del movimiento nazi fueron creando un clima de violencia creciente y de intimidación a lo largo de aquella década, sin que el aparato jurídico de la República de Weimar supiera hacerle frente. Hitler manejó hábilmente la doble vía de la violencia y de la participación electoral para ir escalando posiciones hacia la toma del poder. Estar dentro de las instituciones formó parte esencial de su “estrategia de la tensión” para liquidar el régimen. La “benevolencia” de la judicatura alemana se puso una vez más de manifiesto en el juicio contra tres oficiales, acusados de organizar con el partido nazi un golpe militar, en 1930. Hitler, testigo en aquel juicio, declaró ante el tribunal: “El movimiento nacionalsocialista procurará conseguir su objetivo en este Estado por medios constitucionales. La Constitución nos indica sólo los métodos, no el objetivo”. El juez, con una ingenuidad pasmosa, se contentó con pedirle que ratificase mediante juramento la veracidad de su testimonio. Hitler no tuvo ningún inconveniente en hacerlo. El historiador Ian Kershaw relata que Goebbels afirmó que el juramento de Hitler había sido “una maniobra brillante”. “Ahora somos ya absolutamente legales”, apostilló exultante. Tres años después Hitler accedía al poder.
La misma actitud de Goebbels es la que han tenido los promotores y ahora dirigentes legales de Bildu ante la sentencia del Tribunal Constitucional. Ha sido para ellos una gran victoria y de ninguna manera una victoria de la democracia. Los movimientos totalitarios surgidos en el siglo XX han observado siempre una estrategia que combina la violencia terrorista con la utilización de las vías legales. Eta ha sido siempre fiel a este modelo de estrategia. Para ella y para la consecución de sus fines resulta vital disponer de poder local. La democracia española, muy trabajosamente, fue dándose cuenta de que la derrota de Eta exigía impedirla aprovecharse de las ventajas de participar en las instituciones democráticas. Costó muchos años, muchos sufrimientos, muchas víctimas. La ley de partidos de 2002 fue un paso decisivo y la sentencia del Tribunal de Estrasburgo suponía el más claro aval jurídico a la voluntad del legislador español.
La responsabilidad de los jueces del Tribunal Constitucional es inmensa. El movimiento etarra podrá celebrar su sentencia por segunda vez la noche del 22 de mayo. Porque recuperará el poder municipal y con astucia podrá condicionar el futuro de muchos ayuntamientos y la vida política del País Vasco. Sabemos que el retroceso en la lucha antiterrorista es colosal. Eta queda fortalecida ante su actual empeño negociador. Bildu no ha renunciado a ninguno de los objetivos del movimiento etarra. Como hiciera Hitler ante el tribunal de Berlín, ha distinguido cínicamente entre “objetivos” y “métodos”. Pero el problema es que Eta sigue ahí, por lo que la apelación a los “métodos” resulta desvergonzadamente hipócrita, aunque, envueltos en su venda, los seis jueces no lo hayan querido ver.
El momento –reconozcámoslo- es sumamente delicado en una España sumida en una grave crisis económica, institucional y social. . Porque, con la Eta ya en las instituciones locales, la revisión de la “doctrina Parot” tendría unos efectos demoledores: el regreso “a casa” de los criminales etarras como vencedores desafiantes. La repugnante imagen del etarra Errandonea, saliendo de la cárcel con el cartel que identifica a Bildu con Eta, es el preludio de un posible escenario insoportable. Todo este camino conduce a la negociación, que –no podemos olvidarlo- fue autorizada por una mayoría parlamentaria en la pasada legislatura en el acto más triste y bochornoso de nuestra reciente historia democrática.
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