De estas palabras de Daniel Cohn Bendit han pasado más de un año, pero hoy aún son de actualidad.
Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.
martes, 12 de julio de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
Por qué Rubalcaba nunca ganará unas elecciones
Por Carlos Sánchez
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Alguien dijo que el cargo no hace la virtud, sólo la presupone. Y por eso sorprenden las expectativas creadas en torno a un candidato de larga trayectoria política que ha formado parte del Gobierno en momentos clave de la reciente historia de España. Pero todavía sorprende más la incapacidad de Rubalcaba para entender los cambios sociales, lo que probablemente tenga que ver con el hecho de que su trayectoria sólo ha podido triunfar en un sistema de partidos endogámico que entiende la política como un fin en sí mismo. Y no como un instrumento para cambiar las cosas. Rubalcaba y su forma de elección son, en este sentido, hijos del actual sistema político.
Pero yerra el ex ministro en su discurso si piensa que con hacer guiños al 15-M y a los sectores más a la izquierda del PSOE -‘tasa Tobin’, recuperación parcial del Impuesto sobre el Patrimonio o tipos impositivos más altos para la banca- va a ganar las elecciones. Almunia ya lo intentó en el año 2000 (ahí está el pacto programático con Izquierda Unida) y ya se conocen las consecuencias: Aznar logró mayoría absoluta. Y miente si intenta convencer al electorado de que es posible articular una política de izquierdas abrazando al mismo tiempo el Pacto del Euro, como proclamó el sábado ante la élite socialista. Las dos cosas no son posibles.Y Rubalcaba lo sabe.
Si algo está claro en estos primeros años del siglo XXI es que el binomio tradicional izquierda-derecha está en liquidación por derribo. Y no porque no haya derecha o izquierda, que es evidente que hay diferencias y que no son la misma cosa, sino porque lo que han cambiado son los ciudadanos, que ahora entienden la política como un menú largo y estrecho en el que pueden elegir plato en función de sus propios incentivos. Multitud de estudios científicos han demostrado que los agentes económicos y políticos tienden a comportarse de forma racional, y eso es lo que explica que en barrios teóricamente de izquierdas barra la derecha, y viceversa (aunque cada vez menos). El votante ‘consumidor’ ha arrinconado al votante por razones ideológicas o que funciona a partir de criterios de clase.
Para entender los cambios sociales sólo hay que partir de un dato. La edad media de los españoles ha escalado hasta los 40,9 años, y eso, sin lugar a dudas, determina el voto. Y obviar ese hecho con proclamas pseudo izquierdistas es simplemente equivocar el análisis.
El hecho de que el centro derecha gobierne en el 90% de los gobiernos europeos no es más que la consecuencia de estos cambios sociales, económicos (30.000 dólares de renta per cápita) y demográficos. Un continente con población envejecida vota de forma muy diferente a uno con población joven, y por eso destinar la artillería programática a un electorado (la mitad sin empleo) cuyo peso es cada vez menor es, simplemente, equivocarse.
Apriorismos ideológicos
Es lo que sucede cuando se aborda la política desde apriorismos ideológicos basados en el pasado. Los ciudadanos quieren que los servicios públicos funcionen, y su propiedad es un debate cada vez menos relevante, como han demostrado las sociedades escandinavas. Lo pertinente, por lo tanto, es cómo financiar los servicios públicos esenciales: educación, sanidad o justicia.
Y por eso parece absurdo huir del debate sobre su financiación con criterios maximalistas heredados de antaño. Sobre todo teniendo en cuenta que si no se aborda de forma equilibrada y racional la cuestión de la financiación los servicios públicos, se irán degradando. Y no hace falta decir quiénes pagarán las consecuencias. Precisamente, los estratos sociales más desfavorecidos. Esos que dice defender Rubalcaba, incapaz de formular un nuevo modelo tributario más allá del tópico de los paraísos fiscales. ¿O es que cuando Rafael Vera pagaba dinero en Suiza a Amedo el país helvético no era un paraíso fiscal?
El mayor despropósito de Rubalcaba, con todo, tiene sin embargo que vez con esa absurda idea de comprometerse a no cambiar ninguna ley educativa en vigor. Y lo dijo 24 horas antes de que la propia administración desvelara que 900.000 jóvenes no están preparados ni para trabajar ni para formarse. Alguna responsabilidad tendrán las leyes de educación.
Es evidente, sin embargo, que las normas no lo son todo. La cultura del trabajo y del esfuerzo tienen más que ver con el empleo que cualquier normativa, por muy sólida que sea. Pero pensar que hay que arar con estos bueyes sólo puede conducir al suicidio como país y al haraquiri del candidato. Existe un riesgo cierto de que Rubalcaba acabe siendo como lo que decía socarronamente Rafael Sánchez Ferlosio de su mujer, la escritora Carmen Martín Gaite. ‘Es una viuda que tiene el difunto en casa’.
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Alguien dijo que el cargo no hace la virtud, sólo la presupone. Y por eso sorprenden las expectativas creadas en torno a un candidato de larga trayectoria política que ha formado parte del Gobierno en momentos clave de la reciente historia de España. Pero todavía sorprende más la incapacidad de Rubalcaba para entender los cambios sociales, lo que probablemente tenga que ver con el hecho de que su trayectoria sólo ha podido triunfar en un sistema de partidos endogámico que entiende la política como un fin en sí mismo. Y no como un instrumento para cambiar las cosas. Rubalcaba y su forma de elección son, en este sentido, hijos del actual sistema político.
Pero yerra el ex ministro en su discurso si piensa que con hacer guiños al 15-M y a los sectores más a la izquierda del PSOE -‘tasa Tobin’, recuperación parcial del Impuesto sobre el Patrimonio o tipos impositivos más altos para la banca- va a ganar las elecciones. Almunia ya lo intentó en el año 2000 (ahí está el pacto programático con Izquierda Unida) y ya se conocen las consecuencias: Aznar logró mayoría absoluta. Y miente si intenta convencer al electorado de que es posible articular una política de izquierdas abrazando al mismo tiempo el Pacto del Euro, como proclamó el sábado ante la élite socialista. Las dos cosas no son posibles.Y Rubalcaba lo sabe.
Si algo está claro en estos primeros años del siglo XXI es que el binomio tradicional izquierda-derecha está en liquidación por derribo. Y no porque no haya derecha o izquierda, que es evidente que hay diferencias y que no son la misma cosa, sino porque lo que han cambiado son los ciudadanos, que ahora entienden la política como un menú largo y estrecho en el que pueden elegir plato en función de sus propios incentivos. Multitud de estudios científicos han demostrado que los agentes económicos y políticos tienden a comportarse de forma racional, y eso es lo que explica que en barrios teóricamente de izquierdas barra la derecha, y viceversa (aunque cada vez menos). El votante ‘consumidor’ ha arrinconado al votante por razones ideológicas o que funciona a partir de criterios de clase.
Para entender los cambios sociales sólo hay que partir de un dato. La edad media de los españoles ha escalado hasta los 40,9 años, y eso, sin lugar a dudas, determina el voto. Y obviar ese hecho con proclamas pseudo izquierdistas es simplemente equivocar el análisis.
El hecho de que el centro derecha gobierne en el 90% de los gobiernos europeos no es más que la consecuencia de estos cambios sociales, económicos (30.000 dólares de renta per cápita) y demográficos. Un continente con población envejecida vota de forma muy diferente a uno con población joven, y por eso destinar la artillería programática a un electorado (la mitad sin empleo) cuyo peso es cada vez menor es, simplemente, equivocarse.
Apriorismos ideológicos
Es lo que sucede cuando se aborda la política desde apriorismos ideológicos basados en el pasado. Los ciudadanos quieren que los servicios públicos funcionen, y su propiedad es un debate cada vez menos relevante, como han demostrado las sociedades escandinavas. Lo pertinente, por lo tanto, es cómo financiar los servicios públicos esenciales: educación, sanidad o justicia.
Y por eso parece absurdo huir del debate sobre su financiación con criterios maximalistas heredados de antaño. Sobre todo teniendo en cuenta que si no se aborda de forma equilibrada y racional la cuestión de la financiación los servicios públicos, se irán degradando. Y no hace falta decir quiénes pagarán las consecuencias. Precisamente, los estratos sociales más desfavorecidos. Esos que dice defender Rubalcaba, incapaz de formular un nuevo modelo tributario más allá del tópico de los paraísos fiscales. ¿O es que cuando Rafael Vera pagaba dinero en Suiza a Amedo el país helvético no era un paraíso fiscal?
El mayor despropósito de Rubalcaba, con todo, tiene sin embargo que vez con esa absurda idea de comprometerse a no cambiar ninguna ley educativa en vigor. Y lo dijo 24 horas antes de que la propia administración desvelara que 900.000 jóvenes no están preparados ni para trabajar ni para formarse. Alguna responsabilidad tendrán las leyes de educación.
Es evidente, sin embargo, que las normas no lo son todo. La cultura del trabajo y del esfuerzo tienen más que ver con el empleo que cualquier normativa, por muy sólida que sea. Pero pensar que hay que arar con estos bueyes sólo puede conducir al suicidio como país y al haraquiri del candidato. Existe un riesgo cierto de que Rubalcaba acabe siendo como lo que decía socarronamente Rafael Sánchez Ferlosio de su mujer, la escritora Carmen Martín Gaite. ‘Es una viuda que tiene el difunto en casa’.
Hora cero del candidato: a la caza del votante propio
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Futuro con erre. Con erre de Rajoy. O de Rubalcaba, vaya usted a saber, aunque el parte de daños en la causa electoral del PSOE es interminable. Parece tarea imposible su recuperación a corto plazo. Pero ese es el objetivo del candidato socialista a la Moncloa en su hora cero. El sábado demostró una vez más que es una máquina de parir frases redondas y sabe decir las cosas. Ya con dedicación exclusiva y a tiempo completo, ahora deberá convencer a los desertores, unos dos millones de votantes desalentados, de que sabe y puede hacerlas.
Estuvo cercano, firme, persuasivo y didáctico. Siempre mirando a los asistentes al acto y no a la consabida sucesión de folios del orador inseguro. Setenta minutos de discurso apacible, sin gritos, sin soflamas, sin descalificaciones, durante los cuales habló varias veces de “socialismo” y de “los socialistas”, pero una sola vez de “Partido Socialista” (en relación con la austeridad), una sola vez de “la izquierda” (en relación con la educación), una sola vez de Rodríguez Zapatero (en relación a su sacrificio político por España) y ninguna del PSOE.
Repito. Ni una sola vez se refirió a su partido por la marca. Señal inequívoca de que, efectivamente, busca la confrontación en el terreno de los líderes más que en el de las siglas, consciente de que las suyas están seriamente averiadas y de que el votante de centro-derecha no lo ve con malos ojos (no confundir, por favor, con nuestro Tea Party de cercanías). Sin embargo, no era el día de hacerse el encontradizo con Rajoy. Ni una sola mención al líder del PP. Le aguarda en la batalla de los debates televisados, que piensa reclamar como un derecho de los ciudadanos. Frente a la previsible negativa de un adversario a correr el riesgo de salir perdiendo en el cuerpo a cuerpo cuando los sondeos le aconsejan huir de la distancia corta.
Más cuestiones formales. Diferenciación y cercanía. Líneas rojas en lugar de los habituales tonos azules en la corbata del aún vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior (solo por unas horas). Eliminación de barreras entre quien habla y quienes escuchan para que el verbo se haga carne: “Gracias a vosotros, no me siento sólo”. Lo de diferenciarse es más difícil, aunque no deja de intentarlo. Abandonar los cargos era la primera condición del distanciamiento. Lo suficiente para marcar la diferencia; y no lo bastante para que pueda hablarse de ruptura, pues sería absurdo en quien ha sido determinante en la formación y conformación de los Gobiernos de Zapatero.
En cuanto a contenidos, las grandes líneas programáticas del proyecto Rubalcaba, expuestas el sábado ante un auditorio entregado, respondieron a lo previsto: relectura de la Socialdemocracia (elogio de los servicios públicos, gobernar es redistribuir), conexión con los indignados del 15-M (“O contamos con ellos o ellos dejan de contar con nosotros”, por una política más decente y menos crispada) y guiños centristas (menos funcionarios, más empresarios: “Me voy a partir el pecho por los emprendedores”).
En esas coordenadas hilvanó su esbozo de programa inspirado en la máxima de que hay que ser ambiciosos en los objetivos pero realistas en las propuestas. Demasiado pronto para ir más allá. En el ámbito de las musas todo suena muy bien. Esperemos la prueba del contraste con la realidad para empezar a hacernos una idea de si el vuelo de Rubalcaba es alto y largo como el del águila o corto y apresurado como el de una codorniz.
Publicado en El Confidencial (11/07/2011)
Futuro con erre. Con erre de Rajoy. O de Rubalcaba, vaya usted a saber, aunque el parte de daños en la causa electoral del PSOE es interminable. Parece tarea imposible su recuperación a corto plazo. Pero ese es el objetivo del candidato socialista a la Moncloa en su hora cero. El sábado demostró una vez más que es una máquina de parir frases redondas y sabe decir las cosas. Ya con dedicación exclusiva y a tiempo completo, ahora deberá convencer a los desertores, unos dos millones de votantes desalentados, de que sabe y puede hacerlas.
Estuvo cercano, firme, persuasivo y didáctico. Siempre mirando a los asistentes al acto y no a la consabida sucesión de folios del orador inseguro. Setenta minutos de discurso apacible, sin gritos, sin soflamas, sin descalificaciones, durante los cuales habló varias veces de “socialismo” y de “los socialistas”, pero una sola vez de “Partido Socialista” (en relación con la austeridad), una sola vez de “la izquierda” (en relación con la educación), una sola vez de Rodríguez Zapatero (en relación a su sacrificio político por España) y ninguna del PSOE.
Repito. Ni una sola vez se refirió a su partido por la marca. Señal inequívoca de que, efectivamente, busca la confrontación en el terreno de los líderes más que en el de las siglas, consciente de que las suyas están seriamente averiadas y de que el votante de centro-derecha no lo ve con malos ojos (no confundir, por favor, con nuestro Tea Party de cercanías). Sin embargo, no era el día de hacerse el encontradizo con Rajoy. Ni una sola mención al líder del PP. Le aguarda en la batalla de los debates televisados, que piensa reclamar como un derecho de los ciudadanos. Frente a la previsible negativa de un adversario a correr el riesgo de salir perdiendo en el cuerpo a cuerpo cuando los sondeos le aconsejan huir de la distancia corta.
Más cuestiones formales. Diferenciación y cercanía. Líneas rojas en lugar de los habituales tonos azules en la corbata del aún vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior (solo por unas horas). Eliminación de barreras entre quien habla y quienes escuchan para que el verbo se haga carne: “Gracias a vosotros, no me siento sólo”. Lo de diferenciarse es más difícil, aunque no deja de intentarlo. Abandonar los cargos era la primera condición del distanciamiento. Lo suficiente para marcar la diferencia; y no lo bastante para que pueda hablarse de ruptura, pues sería absurdo en quien ha sido determinante en la formación y conformación de los Gobiernos de Zapatero.
En cuanto a contenidos, las grandes líneas programáticas del proyecto Rubalcaba, expuestas el sábado ante un auditorio entregado, respondieron a lo previsto: relectura de la Socialdemocracia (elogio de los servicios públicos, gobernar es redistribuir), conexión con los indignados del 15-M (“O contamos con ellos o ellos dejan de contar con nosotros”, por una política más decente y menos crispada) y guiños centristas (menos funcionarios, más empresarios: “Me voy a partir el pecho por los emprendedores”).
En esas coordenadas hilvanó su esbozo de programa inspirado en la máxima de que hay que ser ambiciosos en los objetivos pero realistas en las propuestas. Demasiado pronto para ir más allá. En el ámbito de las musas todo suena muy bien. Esperemos la prueba del contraste con la realidad para empezar a hacernos una idea de si el vuelo de Rubalcaba es alto y largo como el del águila o corto y apresurado como el de una codorniz.
viernes, 8 de julio de 2011
Rubalcaba será candidato a tiempo completo en unos días
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (08/07/2011)
Mañana es el día. La hora cero del candidato. No fue niña sino niño, salió con fórceps y mañana deja la incubadora para empezar a crecer. Aunque la orografía facial de Rubalcaba no recuerda precisamente la de un bebé, es la metáfora preferida del secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, en vísperas de lo que, según declaró ayer públicamente, “marcará un antes y un después”. Al mediodía en el Palacio Municipal de Congresos (Ifema) de Madrid. Diez minutos de Comité Federal a puerta cerrada para formalizar la proclamación del candidato socialista a la Moncloa y discurso abierto con numerosos invitados en las gradas del auditorio.
Muchas horas de trabajo ha echado Pérez Rubalcaba en un discurso de amplio espectro. Con aportaciones de dentro y fuera de la casa, queda perfectamente hilvanado en dos grandes hilos conductores. Uno, el de la continuidad. Otro, el del cambio. Ya veremos luego, por las reacciones de la crítica y el público, si la dosificación permite hablar de un proyecto propio y diferenciado.
De eso se trata. De reconocer a un nuevo candidato socialista cuyo vuelo no termine en las próximas elecciones generales. Lo primero es crear las condiciones para focalizar la atención en los contenidos del discurso ¿Y cómo conseguirlo si se cruza con la noticia de su salida del Gobierno?
No tiene mucho sentido que el aún vicepresidente y ministro del Interior lo anuncie al tiempo que se presenta en sociedad. Sería absurdo correr el riesgo de que su discurso quedase sepultado en los medios de comunicación por la noticia de su renuncia a los cargos institucionales. Y Rubalcaba no es precisamente un indocumentado en estos asuntos. El riesgo desaparecería si lo anunciase hoy mismo, al término del Consejo de Ministros. La noticia estaría en los medios durante las veinticuatro horas previas al discurso y el protagonismo del candidato se prolongaría veinticuatro horas más.
Pero tampoco sería razonable anunciarlo sin haber sido oficialmente proclamado candidato. Por tanto, me atrevo a fijar en la semana que viene la renuncia de Rubalcaba a sus cargos institucionales y su inmediata sustitución. En el secreto está, por supuesto, Rodríguez Zapatero, pero tiene la boca sellada. Sellada está también la de Rubalcaba, aunque me consta que ya le ha comunicado la fecha. Hartos de ciertas filtraciones que se han producido en estos últimos días, ambos se han conjurado para silbar melodías cuando la cuestión sale a relucir. En la distancia corta le pregunto a Zapatero si la noticia es inminente. “Esta noche puedes dormir tranquilo”, me dice a media sonrisa, pensando en la noche de ayer.
Ya, pero mañana es otro día, pensando en el mediodía de hoy, viernes ¿Será la última rueda de prensa de Rubalcaba como portavoz después de un Consejo de Ministros? Apuesten ustedes a que sí, aunque la renuncia no se produzca hoy sino a lo largo de la semana que viene y, en todo caso, antes del próximo Consejo de Ministros.
Publicado en El Confidencial (08/07/2011)
Mañana es el día. La hora cero del candidato. No fue niña sino niño, salió con fórceps y mañana deja la incubadora para empezar a crecer. Aunque la orografía facial de Rubalcaba no recuerda precisamente la de un bebé, es la metáfora preferida del secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, en vísperas de lo que, según declaró ayer públicamente, “marcará un antes y un después”. Al mediodía en el Palacio Municipal de Congresos (Ifema) de Madrid. Diez minutos de Comité Federal a puerta cerrada para formalizar la proclamación del candidato socialista a la Moncloa y discurso abierto con numerosos invitados en las gradas del auditorio.
Muchas horas de trabajo ha echado Pérez Rubalcaba en un discurso de amplio espectro. Con aportaciones de dentro y fuera de la casa, queda perfectamente hilvanado en dos grandes hilos conductores. Uno, el de la continuidad. Otro, el del cambio. Ya veremos luego, por las reacciones de la crítica y el público, si la dosificación permite hablar de un proyecto propio y diferenciado.
De eso se trata. De reconocer a un nuevo candidato socialista cuyo vuelo no termine en las próximas elecciones generales. Lo primero es crear las condiciones para focalizar la atención en los contenidos del discurso ¿Y cómo conseguirlo si se cruza con la noticia de su salida del Gobierno?
No tiene mucho sentido que el aún vicepresidente y ministro del Interior lo anuncie al tiempo que se presenta en sociedad. Sería absurdo correr el riesgo de que su discurso quedase sepultado en los medios de comunicación por la noticia de su renuncia a los cargos institucionales. Y Rubalcaba no es precisamente un indocumentado en estos asuntos. El riesgo desaparecería si lo anunciase hoy mismo, al término del Consejo de Ministros. La noticia estaría en los medios durante las veinticuatro horas previas al discurso y el protagonismo del candidato se prolongaría veinticuatro horas más.
Pero tampoco sería razonable anunciarlo sin haber sido oficialmente proclamado candidato. Por tanto, me atrevo a fijar en la semana que viene la renuncia de Rubalcaba a sus cargos institucionales y su inmediata sustitución. En el secreto está, por supuesto, Rodríguez Zapatero, pero tiene la boca sellada. Sellada está también la de Rubalcaba, aunque me consta que ya le ha comunicado la fecha. Hartos de ciertas filtraciones que se han producido en estos últimos días, ambos se han conjurado para silbar melodías cuando la cuestión sale a relucir. En la distancia corta le pregunto a Zapatero si la noticia es inminente. “Esta noche puedes dormir tranquilo”, me dice a media sonrisa, pensando en la noche de ayer.
Ya, pero mañana es otro día, pensando en el mediodía de hoy, viernes ¿Será la última rueda de prensa de Rubalcaba como portavoz después de un Consejo de Ministros? Apuesten ustedes a que sí, aunque la renuncia no se produzca hoy sino a lo largo de la semana que viene y, en todo caso, antes del próximo Consejo de Ministros.
miércoles, 6 de julio de 2011
Caso SGAE y la desidia de un gobierno que tocó el violín
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial /06/07/2011)
La lectura del auto del juez Ruz sobre el caso SGAE es el camino más corto para hacerse un sitio entre los indignados del 15-M. Por el masivo fraude a los creadores. Y por la desidia de los ministerios afectados (Cultura, Industria y Justicia), que tocaban el violín mientras por el sumidero de la corrupción se escapaba tanto el dinero privado de los creadores como el dinero público empaquetado en forma de subvención (ay, la burbuja cultural). Ha funcionado la Audiencia Nacional, la Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil. Pero no ha funcionado la Administración, obligada a vigilar el funcionamiento de la SGAE como entidad de gestión de los derechos de propiedad intelectual.
Especialmente bochornoso es el episodio referido a la planeada reintegración de la SDAE (la SGAE digital) en la SGAE matriz. Con rapidez, por expreso deseo de Teddy Bautista, el presidente de la entidad. Antes de las elecciones internas, que se celebraron la semana pasada. Y con opacidad, sin dar cuartos al pregonero y aprovechando que los del Gobierno ahora están “histéricos”. Causa sonrojo comprobar cómo se esforzaron en hallar la forma de distraer una deuda de dos millones de euros con el Ministerio de Industria en subvenciones. La contrariedad la explica José Luis Rodríguez Neri (en prisión eludible con fianza junto a Rafael Ramos) ante la previsible reacción en los Departamentos afectados (Industria, Justicia y Cultura). No les divertiría saber que “toda la pasta que han estado metiendo en la SDAE era una puta mentira”, en palabras de Neri intervenidas telefónicamente por orden judicial.
Pero lo que los implicados en esta trama pensaban de este acreedor concreto, el Gobierno, dinero público, al fin y al cabo, queda claro en otro pasaje recogido en el auto del juez en el que Neri propone la fusión para agosto, “cuando todos están de vacaciones”, y Maria Antonia García Pombo, su compañera sentimental y otra de las implicadas en la “trama parasitaria” de la SGAE, añade que no será difícil engañarles: “Entre que son funcionarios, que son del Ministerio de Cultura, que son idiotas, que están de elecciones, que están de vacaciones…. pues imagínate”.
Lo imaginamos. Y si no bastaba con esta aberrante aportación de la novia de Neri, les remito a la excelente información de Sandra Remón, ayer en El Confidencial. Así hemos sabido de los estudios sobre la gestión de la SGAE encargados a la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios, bajo epígrafe no menos rimbombante: “Evaluación del sistema de gestión colectiva de los derechos establecidos por la política de propiedad industrial”.
Nombres muy largos para resultados muy cortos. No se detectó ninguna irregularidad, más allá de recomendar “una mayor transparencia en los mecanismos de recaudación y asignación”. Todo lo cual nos viene a confirmar que, aunque por suerte han funcionado los mecanismos de defensa del Estado de Derecho frente a la corrupción (Fiscalía, Judicatura, Guardia Civil…), el Gobierno de Zapatero ha estado tocando el violín mientras dos clanes familiares (Neri-García Pombo y Ramos-Vázquez) se forraban por facturación preferente con empresas instrumentales del grupo SGAE a través de la trama “parasitaria” descrita en el auto firmado ayer por el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz.
Publicado en El Confidencial /06/07/2011)
La lectura del auto del juez Ruz sobre el caso SGAE es el camino más corto para hacerse un sitio entre los indignados del 15-M. Por el masivo fraude a los creadores. Y por la desidia de los ministerios afectados (Cultura, Industria y Justicia), que tocaban el violín mientras por el sumidero de la corrupción se escapaba tanto el dinero privado de los creadores como el dinero público empaquetado en forma de subvención (ay, la burbuja cultural). Ha funcionado la Audiencia Nacional, la Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil. Pero no ha funcionado la Administración, obligada a vigilar el funcionamiento de la SGAE como entidad de gestión de los derechos de propiedad intelectual.
Especialmente bochornoso es el episodio referido a la planeada reintegración de la SDAE (la SGAE digital) en la SGAE matriz. Con rapidez, por expreso deseo de Teddy Bautista, el presidente de la entidad. Antes de las elecciones internas, que se celebraron la semana pasada. Y con opacidad, sin dar cuartos al pregonero y aprovechando que los del Gobierno ahora están “histéricos”. Causa sonrojo comprobar cómo se esforzaron en hallar la forma de distraer una deuda de dos millones de euros con el Ministerio de Industria en subvenciones. La contrariedad la explica José Luis Rodríguez Neri (en prisión eludible con fianza junto a Rafael Ramos) ante la previsible reacción en los Departamentos afectados (Industria, Justicia y Cultura). No les divertiría saber que “toda la pasta que han estado metiendo en la SDAE era una puta mentira”, en palabras de Neri intervenidas telefónicamente por orden judicial.
Pero lo que los implicados en esta trama pensaban de este acreedor concreto, el Gobierno, dinero público, al fin y al cabo, queda claro en otro pasaje recogido en el auto del juez en el que Neri propone la fusión para agosto, “cuando todos están de vacaciones”, y Maria Antonia García Pombo, su compañera sentimental y otra de las implicadas en la “trama parasitaria” de la SGAE, añade que no será difícil engañarles: “Entre que son funcionarios, que son del Ministerio de Cultura, que son idiotas, que están de elecciones, que están de vacaciones…. pues imagínate”.
Lo imaginamos. Y si no bastaba con esta aberrante aportación de la novia de Neri, les remito a la excelente información de Sandra Remón, ayer en El Confidencial. Así hemos sabido de los estudios sobre la gestión de la SGAE encargados a la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios, bajo epígrafe no menos rimbombante: “Evaluación del sistema de gestión colectiva de los derechos establecidos por la política de propiedad industrial”.
Nombres muy largos para resultados muy cortos. No se detectó ninguna irregularidad, más allá de recomendar “una mayor transparencia en los mecanismos de recaudación y asignación”. Todo lo cual nos viene a confirmar que, aunque por suerte han funcionado los mecanismos de defensa del Estado de Derecho frente a la corrupción (Fiscalía, Judicatura, Guardia Civil…), el Gobierno de Zapatero ha estado tocando el violín mientras dos clanes familiares (Neri-García Pombo y Ramos-Vázquez) se forraban por facturación preferente con empresas instrumentales del grupo SGAE a través de la trama “parasitaria” descrita en el auto firmado ayer por el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz.
Los empleados de Ferraz, el adelanto electoral y las vacaciones
Por Melchor Miralles
Publicado en El Confidencial (06/07/2011)
En la sede socialista de Ferraz, como en la de todos los partidos, además de los dirigentes y miembros del Gobierno que cada día ocupan espacio en los medios de comunicación, trabajan decenas de personas, militantes los unos, simpatizantes los otros, que se limitan a cumplir las órdenes de sus jefes. Si uno quiere pulsar el ambiente de un partido, además de hablar con los líderes conviene conocer el estado de ánimo de las bases y del aparato. Es más que útil y permite además enterarse de muchas cosas. Hay en el cuartel general socialista una enorme preocupación por el futuro, ya que una debacle en las elecciones generales equivalente a la de las municipales y autonómicas de mayo puede tener consecuencias: llevar a más de uno al paro. Y a día de hoy, quienes a diario desarrollan el trabajo de campo para los cabezas de cartel, están tan despistados sobre qué va a suceder como el resto de los mortales. El hermetismo es absoluto respecto a si va a haber adelanto electoral o no.
Lo primero que he podido percibir es hasta que punto ha calado el mensaje inicial de Rubalcaba. Con todos los socialistas con los que he hablado en los últimos siete días sólo he encontrado una coincidencia absoluta: no hay ya nadie que no le llame “Alfredo”, que no se refiera a él por su nombre, como solicitó en su comparecencia ante la militancia y ante los medios.
"Buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones"
Todos los responsables de los equipos de trabajo de las diferentes áreas trabajan "con un Plan A: elecciones en marzo agotando la legislatura; y con un plan B: elecciones en noviembre, adelantando los comicios". Y ello tiene sus consecuencias, pues, a día de hoy, "buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones, más de uno ha tenido que suspender viajes previstos y la mayoría sabe que este año tocan menos días, el que más podrá irse dos semanas, pero nada de un mes, como siempre". Si les preguntas por su opinión, cuesta que se mojen: "Los jefes no abren la boca. Hasta hace un mes, mayoritariamente estaba claro que se agotaba la legislatura, porque ese era el deseo de José Luis, aunque a Alfredo le generara problemas evidentes. Desde hace quince días hay una impresión generalizada de que Alfredo deja el Gobierno en breve y conseguirá imponer su deseo de que las elecciones sean en noviembre".
En el cuartel general socialista, “en las conversaciones de pasillo y de café hay coincidencia generalizada en dos cosas que vemos muy claras: la primera, que es indudable que lo que le conviene a Alfredo es dejar el Gobierno, venirse a Ferraz y trabajarse la campaña, que va a ser más que difícil. La segunda, que si el presidente se empeña en agotar la legislatura, nosotros le respetaremos absolutamente porque se lo merece". Entre la militancia socialista se percibe aún un respeto grande por Rodríguez Zapatero, y un deseo de hacerle la vida fácil en el momento más duro de su existencia. Y hay una coincidencia en señalar que "hay mucha gente, sobre todo dentro del partido, que está siendo muy injusta. De los adversarios no extraña, se contaba con ello, pero dentro de casa hay comportamientos que son indignos".
“Estamos preparados para un adelanto en cualquier momento”
Elena Valenciano, designada jefe de campaña de Alfredo, trabaja ya a destajo. Oficialmente dice que ella elabora su estrategia "pensando en que las elecciones serán en marzo, porque eso es lo que ha dicho el presidente", pero a la vez asegura que "estamos preparados para que sean en cualquier momento". Ella tiene como reto ser capaz de "hacer que los ciudadanos conozcan a un Alfredo diferente, más cercano, y lo vamos a conseguir". Y articular la compatibilización de marcar distancias con ZP sin renegar de un pasado del que no puede desvincularse aunque lo deseara. Ella y todo su equipo son conscientes de que el candidato, acostumbrado a ser el número 2, a estar en la sombra, es reacio al primer plano, ha de acostumbrarse a estar en el foco máximo de atención, y han sido ya varias las reuniones, y las que quedan, con Sra. Rushmore, la agencia elegida para la campaña, responsable de la elaboración del primer cartel y que ha recibido la instrucción de trabajar dos líneas de mensaje: eficacia en la gestión y seguridad en sí mismo, como dos cualidades que les interesa destacar del hombre que va a ser cabeza de cartel socialista.
Hay cuatro áreas de trabajo en la que los empleados de Ferraz están siendo motivados especialmente y donde se están generando "documentos, papeles, propuestas e ideas" con especial profusión: educación, sanidad, economía y políticas sociales. Los profesionales de confianza trabajan a destajo en recabar información, informes, dosieres, propuestas, datos, estadísticas e ideas de partidos de la socialdemocracia de toda Europa. Un cualificado "fontanero" socialista me garantiza que "hacía tiempo que no leía y escribía tanto. Me he puesto al día en la lectura de autores de todo el mundo que defienden posiciones progresistas sin maximalismos para salir de la crisis". El movimiento de los indignados y el 15M está siendo objeto de especial seguimiento y muchas de sus propuestas "van a ser utilizadas, de un modo u otro, por el equipo de Alfredo".
"Una campaña muy agresiva en mensajes de contenido social"
Quienes tienen responsabilidad en el área de marketing electoral han recibido instrucciones de ir trabajando una campaña "muy agresiva en mensajes de contenido social. Es imprescindible ir diseñando una campaña que tiene que tener como principal objetivo movilizar a nuestros votantes. En las generales no se puede quedar en casa ni un solo votante del partido, ese es el primer reto. El segundo, difícil, es conseguir establecer un dique de contención entre el candidato y el Gobierno, minimizar al máximo el daño que va a causarle a Alfredo haber formado parte del Ejecutivo de Zapatero. Si leíste el domingo El País y has escuchado las palabras del propio Alfredo en sus intervenciones, verías como ya esta trasladándose un mensaje de ruptura de lazos, se está empezando a dibujar un perfil propio, está comenzando a marcar una distancia imprescindible si quiere tener alguna posibilidad".
En Ferraz, los socialistas de toda la vida, quienes llevan trabajando en la sede incluso desde que estaba en Santa Engracia, consideran que "hay que trabajar para conseguir al menos, si no la victoria, que probablemente sea imposible, sí evitar una mayoría absoluta del PP. En ese escenario, Alfredo quizá estaría en condiciones de pactar con Coalición Canaria, Convergencia y Unió y el Partido Nacionalista Vasco y poder gobernar. Nosotros estamos elaborando mucha documentación para que Alfredo disponga de todos los datos acerca de esas Comunidades Autónomas y esos partidos para cuando llegue la hora de unas posibles negociaciones, y toda esa información le será muy útil también en el diseño de sus mensajes de campaña".
"Firmeza antiterrorista sin crear expectativas"
Las personas más próximas a Alfredo le van haciendo llegar carpetas y archivos con abundante documentación de cara a la preparación del discurso que va a hacer el próximo día 9 ante el Comité Federal, que se celebrará en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, en el que será proclamado por aclamación. Va a ser una intervención importante, en la que el propio Alfredo lleva trabajando muchos días, y servirá para tener claro el camino que pretende seguir, cuales van a ser las líneas maestras de su discurso, "pero no te quepa duda de que va a haber mucha política social, modernización de nuestra economía, mantenimiento sensato y realista del estado del Bienestar, un discurso para afianzar el voto progresista de izquierda, recuperar lo bueno de los Gobiernos de Zapatero en derechos y libertades, caña a la banca y el capital con mano izquierda, más que guiños al Movimiento 15M, firmeza en la lucha antiterrorista sin crear expectativas que se puedan volver en su contra y cariño a la militancia".
Y aunque ya se sabe que la política, para los intelectuales, es siempre una camisa de once varas, el equipo de Alfredo y el aparato de Ferraz trabaja a marchas forzadas en conseguir que un grupo de escritores, actores, artistas, presentadores de televisión, deportistas, etc, se presten a apoyar al nuevo candidato socialista, en un remedo del denominado ‘Clan de la ceja’, que, no obstante, muchos no ven claro entre las bases: "Mira ahora a Rivas, Almudena Grandes, Luis García Montero, Sabina y tantos otros, después de haberles tratado como les hemos tratado, unos regresan al apoyo a IU y otros están montando plataformas por ahí. Mejor haría Alfredo centrándose en la militancia y en los electores y dejándose de apoyos efectistas, olvidándose de los ocasionales y los serviles que al final se vuelven en tu contra".
Y un cualificado especialista en campañas electorales, colaborador del PSOE desde las elecciones de 1982, me pone el colofón a este repaso interno de las tripas de la militancia: "Alfredo lo tiene más que difícil, casi imposible, pero si hay alguien en el partido en este momento capaz de darle la vuelta al drama es él. Como escribió el comediógrafo griego Aristófanes, Alfredo lo tiene todo para arrastrar al pueblo: la voz, fina pero terrible, un carácter perverso y un rostro increíblemente descarado. En fin, tiene todas las cualidades necesarias para gobernar". Se nota que influía también en González. Solo le faltó recordarme lo del gato, negro o blanco, igual da, siempre y cuando cace ratones.
Publicado en El Confidencial (06/07/2011)
En la sede socialista de Ferraz, como en la de todos los partidos, además de los dirigentes y miembros del Gobierno que cada día ocupan espacio en los medios de comunicación, trabajan decenas de personas, militantes los unos, simpatizantes los otros, que se limitan a cumplir las órdenes de sus jefes. Si uno quiere pulsar el ambiente de un partido, además de hablar con los líderes conviene conocer el estado de ánimo de las bases y del aparato. Es más que útil y permite además enterarse de muchas cosas. Hay en el cuartel general socialista una enorme preocupación por el futuro, ya que una debacle en las elecciones generales equivalente a la de las municipales y autonómicas de mayo puede tener consecuencias: llevar a más de uno al paro. Y a día de hoy, quienes a diario desarrollan el trabajo de campo para los cabezas de cartel, están tan despistados sobre qué va a suceder como el resto de los mortales. El hermetismo es absoluto respecto a si va a haber adelanto electoral o no.
Lo primero que he podido percibir es hasta que punto ha calado el mensaje inicial de Rubalcaba. Con todos los socialistas con los que he hablado en los últimos siete días sólo he encontrado una coincidencia absoluta: no hay ya nadie que no le llame “Alfredo”, que no se refiera a él por su nombre, como solicitó en su comparecencia ante la militancia y ante los medios.
"Buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones"
Todos los responsables de los equipos de trabajo de las diferentes áreas trabajan "con un Plan A: elecciones en marzo agotando la legislatura; y con un plan B: elecciones en noviembre, adelantando los comicios". Y ello tiene sus consecuencias, pues, a día de hoy, "buena parte de la gente tiene en vilo las vacaciones, más de uno ha tenido que suspender viajes previstos y la mayoría sabe que este año tocan menos días, el que más podrá irse dos semanas, pero nada de un mes, como siempre". Si les preguntas por su opinión, cuesta que se mojen: "Los jefes no abren la boca. Hasta hace un mes, mayoritariamente estaba claro que se agotaba la legislatura, porque ese era el deseo de José Luis, aunque a Alfredo le generara problemas evidentes. Desde hace quince días hay una impresión generalizada de que Alfredo deja el Gobierno en breve y conseguirá imponer su deseo de que las elecciones sean en noviembre".
En el cuartel general socialista, “en las conversaciones de pasillo y de café hay coincidencia generalizada en dos cosas que vemos muy claras: la primera, que es indudable que lo que le conviene a Alfredo es dejar el Gobierno, venirse a Ferraz y trabajarse la campaña, que va a ser más que difícil. La segunda, que si el presidente se empeña en agotar la legislatura, nosotros le respetaremos absolutamente porque se lo merece". Entre la militancia socialista se percibe aún un respeto grande por Rodríguez Zapatero, y un deseo de hacerle la vida fácil en el momento más duro de su existencia. Y hay una coincidencia en señalar que "hay mucha gente, sobre todo dentro del partido, que está siendo muy injusta. De los adversarios no extraña, se contaba con ello, pero dentro de casa hay comportamientos que son indignos".
“Estamos preparados para un adelanto en cualquier momento”
Elena Valenciano, designada jefe de campaña de Alfredo, trabaja ya a destajo. Oficialmente dice que ella elabora su estrategia "pensando en que las elecciones serán en marzo, porque eso es lo que ha dicho el presidente", pero a la vez asegura que "estamos preparados para que sean en cualquier momento". Ella tiene como reto ser capaz de "hacer que los ciudadanos conozcan a un Alfredo diferente, más cercano, y lo vamos a conseguir". Y articular la compatibilización de marcar distancias con ZP sin renegar de un pasado del que no puede desvincularse aunque lo deseara. Ella y todo su equipo son conscientes de que el candidato, acostumbrado a ser el número 2, a estar en la sombra, es reacio al primer plano, ha de acostumbrarse a estar en el foco máximo de atención, y han sido ya varias las reuniones, y las que quedan, con Sra. Rushmore, la agencia elegida para la campaña, responsable de la elaboración del primer cartel y que ha recibido la instrucción de trabajar dos líneas de mensaje: eficacia en la gestión y seguridad en sí mismo, como dos cualidades que les interesa destacar del hombre que va a ser cabeza de cartel socialista.
Hay cuatro áreas de trabajo en la que los empleados de Ferraz están siendo motivados especialmente y donde se están generando "documentos, papeles, propuestas e ideas" con especial profusión: educación, sanidad, economía y políticas sociales. Los profesionales de confianza trabajan a destajo en recabar información, informes, dosieres, propuestas, datos, estadísticas e ideas de partidos de la socialdemocracia de toda Europa. Un cualificado "fontanero" socialista me garantiza que "hacía tiempo que no leía y escribía tanto. Me he puesto al día en la lectura de autores de todo el mundo que defienden posiciones progresistas sin maximalismos para salir de la crisis". El movimiento de los indignados y el 15M está siendo objeto de especial seguimiento y muchas de sus propuestas "van a ser utilizadas, de un modo u otro, por el equipo de Alfredo".
"Una campaña muy agresiva en mensajes de contenido social"
Quienes tienen responsabilidad en el área de marketing electoral han recibido instrucciones de ir trabajando una campaña "muy agresiva en mensajes de contenido social. Es imprescindible ir diseñando una campaña que tiene que tener como principal objetivo movilizar a nuestros votantes. En las generales no se puede quedar en casa ni un solo votante del partido, ese es el primer reto. El segundo, difícil, es conseguir establecer un dique de contención entre el candidato y el Gobierno, minimizar al máximo el daño que va a causarle a Alfredo haber formado parte del Ejecutivo de Zapatero. Si leíste el domingo El País y has escuchado las palabras del propio Alfredo en sus intervenciones, verías como ya esta trasladándose un mensaje de ruptura de lazos, se está empezando a dibujar un perfil propio, está comenzando a marcar una distancia imprescindible si quiere tener alguna posibilidad".
En Ferraz, los socialistas de toda la vida, quienes llevan trabajando en la sede incluso desde que estaba en Santa Engracia, consideran que "hay que trabajar para conseguir al menos, si no la victoria, que probablemente sea imposible, sí evitar una mayoría absoluta del PP. En ese escenario, Alfredo quizá estaría en condiciones de pactar con Coalición Canaria, Convergencia y Unió y el Partido Nacionalista Vasco y poder gobernar. Nosotros estamos elaborando mucha documentación para que Alfredo disponga de todos los datos acerca de esas Comunidades Autónomas y esos partidos para cuando llegue la hora de unas posibles negociaciones, y toda esa información le será muy útil también en el diseño de sus mensajes de campaña".
"Firmeza antiterrorista sin crear expectativas"
Las personas más próximas a Alfredo le van haciendo llegar carpetas y archivos con abundante documentación de cara a la preparación del discurso que va a hacer el próximo día 9 ante el Comité Federal, que se celebrará en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, en el que será proclamado por aclamación. Va a ser una intervención importante, en la que el propio Alfredo lleva trabajando muchos días, y servirá para tener claro el camino que pretende seguir, cuales van a ser las líneas maestras de su discurso, "pero no te quepa duda de que va a haber mucha política social, modernización de nuestra economía, mantenimiento sensato y realista del estado del Bienestar, un discurso para afianzar el voto progresista de izquierda, recuperar lo bueno de los Gobiernos de Zapatero en derechos y libertades, caña a la banca y el capital con mano izquierda, más que guiños al Movimiento 15M, firmeza en la lucha antiterrorista sin crear expectativas que se puedan volver en su contra y cariño a la militancia".
Y aunque ya se sabe que la política, para los intelectuales, es siempre una camisa de once varas, el equipo de Alfredo y el aparato de Ferraz trabaja a marchas forzadas en conseguir que un grupo de escritores, actores, artistas, presentadores de televisión, deportistas, etc, se presten a apoyar al nuevo candidato socialista, en un remedo del denominado ‘Clan de la ceja’, que, no obstante, muchos no ven claro entre las bases: "Mira ahora a Rivas, Almudena Grandes, Luis García Montero, Sabina y tantos otros, después de haberles tratado como les hemos tratado, unos regresan al apoyo a IU y otros están montando plataformas por ahí. Mejor haría Alfredo centrándose en la militancia y en los electores y dejándose de apoyos efectistas, olvidándose de los ocasionales y los serviles que al final se vuelven en tu contra".
Y un cualificado especialista en campañas electorales, colaborador del PSOE desde las elecciones de 1982, me pone el colofón a este repaso interno de las tripas de la militancia: "Alfredo lo tiene más que difícil, casi imposible, pero si hay alguien en el partido en este momento capaz de darle la vuelta al drama es él. Como escribió el comediógrafo griego Aristófanes, Alfredo lo tiene todo para arrastrar al pueblo: la voz, fina pero terrible, un carácter perverso y un rostro increíblemente descarado. En fin, tiene todas las cualidades necesarias para gobernar". Se nota que influía también en González. Solo le faltó recordarme lo del gato, negro o blanco, igual da, siempre y cuando cace ratones.
martes, 5 de julio de 2011
Seguimos dependiendo de la financiación exterior
Por Jesús Sánchez Quiñones
Publicado en Cotizalia (05/07/2011)
España se ha comprometido a alcanzar un déficit de sus cuentas públicas del 6% sobre el Producto Interior Bruto (PIB) este año, reduciéndolo hasta el 3% en 2013. El gobierno ha considerado que el objetivo de este año es irrenunciable, de tal forma que se tomarán todas las medidas necesarias de ajuste para alcanzar la cifra de déficit comprometida. Así, la atención de medios de comunicación, analistas, agencias de rating e inversores está centrada en la evolución de dicho ratio dejando de lado otros indicadores cruciales para la sostenibilidad de nuestras finanzas.
Siendo importante la evolución de las cuentas públicas, existe una variable incluso más crítica: el déficit por cuenta corriente de la economía española, el cual refleja las necesidades de financiación exterior de nuestra economía. Mide el importe que la economía española necesita conseguir prestado de inversores extranjeros para cubrir el déficit de ahorro interno.
Pese a llevar cuatro años de crisis, y con una demanda interna todavía en recesión (no así el PIB que comienza a crecer gracias al sector exterior), España sigue presentando un elevado déficit anual por cuenta corriente, superior al 4%. En la última década, la necesidad de financiación exterior ha sido crónica. Sólo un año se situó por debajo del 4% del PIB, llegando a alcanzar el 10% en el año 2007.
Esta creciente necesidad de financiación externa ha llevado a la economía a endeudarse más y más con el exterior. De este modo,con datos del Banco de España, el saldo de nuestra deuda externa alcanza ya los 1,7 billones de euros, prácticamente el 170% del PIB y lejos de reducirse no ha parado de crecer.
La financiación externa de nuestra economía se lleva a cabo, principalmente, a través de las emisiones realizadas por las distintas administraciones públicas y las empresas privadas en los mercados internacionales. Hasta ahora, los inversores han confiado en nuestra economía y han aumentado año a año el montante de financiación concedida a España.
La entrada en el euro facilitó el fuerte incremento de dicha financiación exterior. Los inversores del Área Euro ya no corren riesgo de tipo de cambio al invertir en España. Incluso los inversores no pertenecientes a la zona euro han visto reducido el riesgo de tipo de cambio. A modo de ejemplo, un inversor en bonos griegos que haya aguantado hasta el vencimiento del mismo, no tiene necesidad de cambiar el importe obtenido a otra divisa, pudiendo reinvertir el capital resultante en otros activos en euros. Si la inversión hubiese sido realizada en dracmas, la depreciación en la conversión a otra divisa habría sido muy significativa.
Culpar, aunque sea parcialmente, de los problemas actuales de la economía española a “los mercados” que nos han financiado y nos siguen financiando es una pérdida de tiempo. Los mercados están compuestos por miles de inversores que tienen múltiples opciones donde invertir. El que sigan financiando a la economía española depende del atractivo de futuro que presente España. Incluso los propios inversores españoles pueden canalizar sus ahorros hacia otros mercados, desde cualquier entidad española, si el binomio rentabilidad-riesgo de las inversiones en España no fuese suficientemente satisfactorio.
Mientras sigamos necesitando financiación del exterior, nos vemos obligados a competir en atractivo con otras muchas opciones de inversión en otros países. Sin duda, eso lleva, entre otras cosas, a mantener la credibilidad de nuestras cuentas públicas y a realizar las reformas necesarias para que los inversores perciban que España se encamina hacia la senda de un crecimiento sostenible que permita, entre otras cosas, reducir nuestra abultada tasa de paro. La alternativa es renunciar a dicha financiación externa, algo implanteable.
Publicado en Cotizalia (05/07/2011)
España se ha comprometido a alcanzar un déficit de sus cuentas públicas del 6% sobre el Producto Interior Bruto (PIB) este año, reduciéndolo hasta el 3% en 2013. El gobierno ha considerado que el objetivo de este año es irrenunciable, de tal forma que se tomarán todas las medidas necesarias de ajuste para alcanzar la cifra de déficit comprometida. Así, la atención de medios de comunicación, analistas, agencias de rating e inversores está centrada en la evolución de dicho ratio dejando de lado otros indicadores cruciales para la sostenibilidad de nuestras finanzas.
Siendo importante la evolución de las cuentas públicas, existe una variable incluso más crítica: el déficit por cuenta corriente de la economía española, el cual refleja las necesidades de financiación exterior de nuestra economía. Mide el importe que la economía española necesita conseguir prestado de inversores extranjeros para cubrir el déficit de ahorro interno.
Pese a llevar cuatro años de crisis, y con una demanda interna todavía en recesión (no así el PIB que comienza a crecer gracias al sector exterior), España sigue presentando un elevado déficit anual por cuenta corriente, superior al 4%. En la última década, la necesidad de financiación exterior ha sido crónica. Sólo un año se situó por debajo del 4% del PIB, llegando a alcanzar el 10% en el año 2007.
Esta creciente necesidad de financiación externa ha llevado a la economía a endeudarse más y más con el exterior. De este modo,con datos del Banco de España, el saldo de nuestra deuda externa alcanza ya los 1,7 billones de euros, prácticamente el 170% del PIB y lejos de reducirse no ha parado de crecer.
La financiación externa de nuestra economía se lleva a cabo, principalmente, a través de las emisiones realizadas por las distintas administraciones públicas y las empresas privadas en los mercados internacionales. Hasta ahora, los inversores han confiado en nuestra economía y han aumentado año a año el montante de financiación concedida a España.
La entrada en el euro facilitó el fuerte incremento de dicha financiación exterior. Los inversores del Área Euro ya no corren riesgo de tipo de cambio al invertir en España. Incluso los inversores no pertenecientes a la zona euro han visto reducido el riesgo de tipo de cambio. A modo de ejemplo, un inversor en bonos griegos que haya aguantado hasta el vencimiento del mismo, no tiene necesidad de cambiar el importe obtenido a otra divisa, pudiendo reinvertir el capital resultante en otros activos en euros. Si la inversión hubiese sido realizada en dracmas, la depreciación en la conversión a otra divisa habría sido muy significativa.
Culpar, aunque sea parcialmente, de los problemas actuales de la economía española a “los mercados” que nos han financiado y nos siguen financiando es una pérdida de tiempo. Los mercados están compuestos por miles de inversores que tienen múltiples opciones donde invertir. El que sigan financiando a la economía española depende del atractivo de futuro que presente España. Incluso los propios inversores españoles pueden canalizar sus ahorros hacia otros mercados, desde cualquier entidad española, si el binomio rentabilidad-riesgo de las inversiones en España no fuese suficientemente satisfactorio.
Mientras sigamos necesitando financiación del exterior, nos vemos obligados a competir en atractivo con otras muchas opciones de inversión en otros países. Sin duda, eso lleva, entre otras cosas, a mantener la credibilidad de nuestras cuentas públicas y a realizar las reformas necesarias para que los inversores perciban que España se encamina hacia la senda de un crecimiento sostenible que permita, entre otras cosas, reducir nuestra abultada tasa de paro. La alternativa es renunciar a dicha financiación externa, algo implanteable.
Hora de despertar
(Publicado por Muñoz Molina el 11 de mqyo de 2011)
He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.
Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.
El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omnipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora, o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.
He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.
Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.
Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.
He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.
Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.
El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omnipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora, o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.
He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.
Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.
Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.
lunes, 4 de julio de 2011
¿Políticos a la carcel?
Por Carlos Sánchez
Publicado en El Confidencial (04/07/2011)
Decía Benjamin Franklin que las únicas certezas en esta vida son los impuestos y la muerte. Habría que añadir una tercera. La impunidad de determinados políticos a la hora de gestionar la cosa pública. El esperpento griego es el caso reciente más emblemático. La hecatombe helena refleja el martirio -sin bueyes- de un país sacrificado por una casta política megalómana sólo formalmente democrática.
Pero más allá de lo que acontece alrededor de la plaza de Sintagma, lo relevante es que detrás del desastre económico griego emerge un sistema político débil y con baja calidad de sus instituciones. No es casualidad que los países más atizados por la crisis de deuda soberana sean, precisamente, los últimos que se incorporaron a la democracia en Europa occidental después de 1945.
Portugal y Grecia pusieron fin a sus respectivas dictaduras en 1974, y España lo hizo un año más tarde. El caso irlandés es diferente. Su rescate no tiene que ver sólo con una crisis fiscal derivada de una brutal caída de los ingresos y de una enloquecida carrera a favor del gasto público, sino con la implosión de su sistema financiero a causa de una mala decisión política: garantizar por ley todos los depósitos bancarios.
Esta relación directa entre calidad del sistema democrático y realidad económica es una evidencia desde antaño, como bien saben muchos países latinoamericanos. Pero en muchas ocasiones se olvida con fines bastardos. Como si los problemas económicos de un territorio tuvieran que ver sólo con decisiones de política económica equivocadas. La arquitectura institucional de un país influye, y mucho, en la calidad de vida de sus ciudadanos, como ha quedado demostrado desde la Constitución americana. No hay democracia sin demócratas.
Hace algunos años, el ministro de Economía de turno de Siria presidió de forma interina el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por entonces, su país formaba parte del ‘eje del mal’, y un periodista británico le preguntó por qué Damasco no respetaba los derechos humanos. El dirigente árabe le contestó de forma un tanto airada que si Siria tuviera 30.000 dólares de renta per cápita como Suiza (ahora la cifra será incluso mayor), su país sería una democracia, como la helvética.
La respuesta no debió convencer a casi nadie. Siria era pobre, y todavía lo es, precisamente, por falta de democracia. La historia ha demostrado hasta la saciedad que las naciones que respetan los derechos humanos, la separación de poderes, la seguridad jurídica de las empresas, el control judicial de los actos políticos y administrativos o promueven la cohesión social y la transparencia en las cuentas públicas, obtienen unos niveles de desarrollo humano sustancialmente superiores a las dictaduras o los regímenes autoritarios.
La democracia, por lo tanto, no solo no es rentable en términos políticos, sino también económicos. Un economista diría que es una buena inversión por el efecto multiplicador que tiene sobre la riqueza de las naciones. Noruega, Australia y Nueva Zelanda encabezan, de hecho, el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, mientras que Zimbabue, República del Congo y Níger están en el otro extremo. Y tampoco es por casualidad.
Control del gasto
La desigualdad entre naciones tiene que ver no sólo con la riqueza natural de los territorios, sino de manera cada vez más determinante (ante el avance de la economía basada en la inteligencia y no en los recursos naturales), con la existencia de sistemas políticos que favorecen, entre cosas, el control democrático del gasto público mediante instituciones independientes de los gobiernos. Y, en todo caso, capaces de abrir los ojos de la verdad a la ciudadanía mediante la fiscalización del gasto público más allá de un mero ejercicio contable. No a posteriori, sino con carácter previo. Y, por supuesto, con un sistema de sanciones intimidatorio.
El cierre de la primera de línea de AVE en España -y no será la última- es, en este sentido, un referente a cuanto a despilfarro del erario público. No es, desde luego, el único caso, pero pone de relieve hasta qué punto decisiones de carácter político realizadas sin criterios de eficiencia económica o incluso de oportunidad política -la reunificación alemana es un buen ejemplo de la primacía de la política sobre la economía- empobrecen a las naciones sin atender a lo que decía Madison sobre la naturaleza de los poderes públicos.
Sostenía uno de los padres de la Constitución americana que un Gobierno que coloca los intereses privados en el lugar de las obligaciones públicas, y que convierte las asignaciones de fondos pecuniarios en botines para sus favoritos, no es más que un impostor. Y eso es lo que ocurre cuando son los propios políticos los que se blindan ante el ejercicio de la responsabilidad penal por actos delictivos que no necesariamente tienen que ver con el enriquecimiento personal. O cuando los propios políticos imponen un ridículo sistema de sanciones por incumplir la ley. Un ejemplo.
En marzo de este año, el Plano de Tribunal de Cuentas acordó la imposición de 24 multas “coercitivas” a otros tantos alcaldes y presidentes de mancomunidades. Pero ojo, por importes que oscilaban entre 250 euros y 901,52 euros. ¿Su delito? No presentar los gastos para su fiscalización.
La conclusión que saca el Tribunal de Cuentas es demoledora. “Existe”, asegura, “la sensación de impunidad en funcionarios y cargos públicos por la falta de rendición y, en general, ante el incumplimiento de leyes relativas a la gestión pública, pues se carece de instrumentos efectivos para requerir la información y obtener la necesaria colaboración”. No lo dice el enemigo. Ni siquiera los indignados de la puerta del Sol ni los antisistema Lo escribe el Tribunal de Cuentas en una publicación oficial.
Lo lamentable del caso es que la última reforma del Código Penal exonera de manera nítida de la responsabilidad penal al propio Estado y al resto de administraciones públicas, pero también los organismos reguladores, a las empresas públicas, a los partidos políticos y a los sindicatos. Es decir, amnistía casi general.
No se trata de judicializar la vida política, lo cual sería un despropósito, pero parece evidente que cuando un gestor toma decisiones de gasto que hipotecan a generaciones futuras de manera suicida, sus actuaciones deben estar soportadas por altos niveles de transparencia y de rigor técnico. Y un mal ejemplo de ello es la resistencia de los poderes públicos a presentar memorias económicas que aclaren cómo y en qué se gasta el dinero público. El ejemplo de la SGAE, donde el Ministerio de Cultura -incluso con el PP en el poder- ha renunciado históricamente a velar por su buen funcionamiento, refleja de manera nítida la desidia de los poderes públicos a la hora de escrutar los actos de su perímetro de influencia.
Alguien dijo en cierta ocasión que la ingenuidad de las masas es, en conjunción con otros factores, responsable de la instauración y el mantenimiento de dictaduras y regímenes despóticos. Aunque habría que añadir que este análisis se puede extender a ciertos sistemas formalmente democráticos. “Sin la credulidad del pueblo”, sostenía el profesor H.C.F. Mansilla, “sin el fácil juego que tiene la propaganda de arriba y sin las creencias simplistas y cándidas que distinguen a amplios sectores de lo población, ningún régimen totalitario se hubiera podido mantener largo tiempo en el poder, pues el recurso de la coerción física y el monopolio de las fuerzas militares no bastan por sí solos para hacer viables, exitosas y estables a las múltiples formas de tiranía”.
Publicado en El Confidencial (04/07/2011)
Decía Benjamin Franklin que las únicas certezas en esta vida son los impuestos y la muerte. Habría que añadir una tercera. La impunidad de determinados políticos a la hora de gestionar la cosa pública. El esperpento griego es el caso reciente más emblemático. La hecatombe helena refleja el martirio -sin bueyes- de un país sacrificado por una casta política megalómana sólo formalmente democrática.
Pero más allá de lo que acontece alrededor de la plaza de Sintagma, lo relevante es que detrás del desastre económico griego emerge un sistema político débil y con baja calidad de sus instituciones. No es casualidad que los países más atizados por la crisis de deuda soberana sean, precisamente, los últimos que se incorporaron a la democracia en Europa occidental después de 1945.
Portugal y Grecia pusieron fin a sus respectivas dictaduras en 1974, y España lo hizo un año más tarde. El caso irlandés es diferente. Su rescate no tiene que ver sólo con una crisis fiscal derivada de una brutal caída de los ingresos y de una enloquecida carrera a favor del gasto público, sino con la implosión de su sistema financiero a causa de una mala decisión política: garantizar por ley todos los depósitos bancarios.
Esta relación directa entre calidad del sistema democrático y realidad económica es una evidencia desde antaño, como bien saben muchos países latinoamericanos. Pero en muchas ocasiones se olvida con fines bastardos. Como si los problemas económicos de un territorio tuvieran que ver sólo con decisiones de política económica equivocadas. La arquitectura institucional de un país influye, y mucho, en la calidad de vida de sus ciudadanos, como ha quedado demostrado desde la Constitución americana. No hay democracia sin demócratas.
Hace algunos años, el ministro de Economía de turno de Siria presidió de forma interina el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por entonces, su país formaba parte del ‘eje del mal’, y un periodista británico le preguntó por qué Damasco no respetaba los derechos humanos. El dirigente árabe le contestó de forma un tanto airada que si Siria tuviera 30.000 dólares de renta per cápita como Suiza (ahora la cifra será incluso mayor), su país sería una democracia, como la helvética.
La respuesta no debió convencer a casi nadie. Siria era pobre, y todavía lo es, precisamente, por falta de democracia. La historia ha demostrado hasta la saciedad que las naciones que respetan los derechos humanos, la separación de poderes, la seguridad jurídica de las empresas, el control judicial de los actos políticos y administrativos o promueven la cohesión social y la transparencia en las cuentas públicas, obtienen unos niveles de desarrollo humano sustancialmente superiores a las dictaduras o los regímenes autoritarios.
La democracia, por lo tanto, no solo no es rentable en términos políticos, sino también económicos. Un economista diría que es una buena inversión por el efecto multiplicador que tiene sobre la riqueza de las naciones. Noruega, Australia y Nueva Zelanda encabezan, de hecho, el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, mientras que Zimbabue, República del Congo y Níger están en el otro extremo. Y tampoco es por casualidad.
Control del gasto
La desigualdad entre naciones tiene que ver no sólo con la riqueza natural de los territorios, sino de manera cada vez más determinante (ante el avance de la economía basada en la inteligencia y no en los recursos naturales), con la existencia de sistemas políticos que favorecen, entre cosas, el control democrático del gasto público mediante instituciones independientes de los gobiernos. Y, en todo caso, capaces de abrir los ojos de la verdad a la ciudadanía mediante la fiscalización del gasto público más allá de un mero ejercicio contable. No a posteriori, sino con carácter previo. Y, por supuesto, con un sistema de sanciones intimidatorio.
El cierre de la primera de línea de AVE en España -y no será la última- es, en este sentido, un referente a cuanto a despilfarro del erario público. No es, desde luego, el único caso, pero pone de relieve hasta qué punto decisiones de carácter político realizadas sin criterios de eficiencia económica o incluso de oportunidad política -la reunificación alemana es un buen ejemplo de la primacía de la política sobre la economía- empobrecen a las naciones sin atender a lo que decía Madison sobre la naturaleza de los poderes públicos.
Sostenía uno de los padres de la Constitución americana que un Gobierno que coloca los intereses privados en el lugar de las obligaciones públicas, y que convierte las asignaciones de fondos pecuniarios en botines para sus favoritos, no es más que un impostor. Y eso es lo que ocurre cuando son los propios políticos los que se blindan ante el ejercicio de la responsabilidad penal por actos delictivos que no necesariamente tienen que ver con el enriquecimiento personal. O cuando los propios políticos imponen un ridículo sistema de sanciones por incumplir la ley. Un ejemplo.
En marzo de este año, el Plano de Tribunal de Cuentas acordó la imposición de 24 multas “coercitivas” a otros tantos alcaldes y presidentes de mancomunidades. Pero ojo, por importes que oscilaban entre 250 euros y 901,52 euros. ¿Su delito? No presentar los gastos para su fiscalización.
La conclusión que saca el Tribunal de Cuentas es demoledora. “Existe”, asegura, “la sensación de impunidad en funcionarios y cargos públicos por la falta de rendición y, en general, ante el incumplimiento de leyes relativas a la gestión pública, pues se carece de instrumentos efectivos para requerir la información y obtener la necesaria colaboración”. No lo dice el enemigo. Ni siquiera los indignados de la puerta del Sol ni los antisistema Lo escribe el Tribunal de Cuentas en una publicación oficial.
Lo lamentable del caso es que la última reforma del Código Penal exonera de manera nítida de la responsabilidad penal al propio Estado y al resto de administraciones públicas, pero también los organismos reguladores, a las empresas públicas, a los partidos políticos y a los sindicatos. Es decir, amnistía casi general.
No se trata de judicializar la vida política, lo cual sería un despropósito, pero parece evidente que cuando un gestor toma decisiones de gasto que hipotecan a generaciones futuras de manera suicida, sus actuaciones deben estar soportadas por altos niveles de transparencia y de rigor técnico. Y un mal ejemplo de ello es la resistencia de los poderes públicos a presentar memorias económicas que aclaren cómo y en qué se gasta el dinero público. El ejemplo de la SGAE, donde el Ministerio de Cultura -incluso con el PP en el poder- ha renunciado históricamente a velar por su buen funcionamiento, refleja de manera nítida la desidia de los poderes públicos a la hora de escrutar los actos de su perímetro de influencia.
Alguien dijo en cierta ocasión que la ingenuidad de las masas es, en conjunción con otros factores, responsable de la instauración y el mantenimiento de dictaduras y regímenes despóticos. Aunque habría que añadir que este análisis se puede extender a ciertos sistemas formalmente democráticos. “Sin la credulidad del pueblo”, sostenía el profesor H.C.F. Mansilla, “sin el fácil juego que tiene la propaganda de arriba y sin las creencias simplistas y cándidas que distinguen a amplios sectores de lo población, ningún régimen totalitario se hubiera podido mantener largo tiempo en el poder, pues el recurso de la coerción física y el monopolio de las fuerzas militares no bastan por sí solos para hacer viables, exitosas y estables a las múltiples formas de tiranía”.
jueves, 30 de junio de 2011
Corrupción sistemática y autoridades independientes
Por Juan Manuel Moreno-Luque, autor de "El desgobierno de los fondos de inversión" y presidente de Activa, asociación creada por partícipes del fondo Santander Banif Inmobiliario.
Publicado en El Confidencial (30/06/2011)
No pude en la Junta 2011 del Banco Santander, pues el presidente me quitó la palabra antes de que terminara el tiempo que me había concedido, proponer al consejo de administración que siguiera muy de cerca el caso Banif Inmobiliario, en mi opinión, un caso de escuela de corrupción sistémica, que cada vez se está complicando más.
Como dice Ferrajoli (Poder salvaje. La crisis de la democracia constitucional), una democracia puede quebrar aún sin golpes de estado en sentido propio, si sus principios son de hecho violados o contestados sin que sus violaciones susciten rebelión o, al menos, disenso.
No le gustó al presidente, muy nervioso durante toda la sesión, que le dijera que creía que no había sido suficiente con la hecatombe financiera, fiscal y social que mantiene a nuestro país al borde del abismo para que se tomara conciencia del impacto de la corrupción de la democracia en nuestra economía.
En realidad, las medidas de ajuste han ido encaminadas a apuntalar a costa de los ciudadanos las instituciones financieras y las obsesiones neoliberales y antisociales de la UE, sin corregir ninguno de los procedimientos, mecanismos e instrumentos de la corrupción de la democracia que es, sin lugar a dudas, la principal causa de la ineficiencia de la economía financiera y no financiera de nuestro país.
El incesto entre los poderes públicos y los banqueros, entre los banqueros y algunos jueces, entre la economía financiera y la contabilidad de alto riesgo, entre los bancos de favores y los favores de los bancos, entre las políticas de información y las políticas de propaganda, entre la cultura de los académicos y los banqueros de la cultura son, por desgracia, prácticas habituales en las democracias, entre comillas, de nuestro tiempo.
En la corrupción sistémica incluyo, por supuesto, el pésimo funcionamiento de servicios esenciales para la cohesión social, la estabilidad financiera y el progreso económico, entre los que se encuentran los prestados por la CNMV destinados, en teoría, a proteger el ahorro popular contra los abusos de las gestoras.
El prestigioso e ilustre economista SAMUELSON (Mutual Fund Legislation of 1967: Hearing on S. 1659 Before the Senate Comm. on Banking and Currency, 90th Cong. 368-69, 1967) ha denunciado “el peligro de que los organismos de supervisión creados originariamente para controlar y regular a la industria, de hecho, terminen siendo una herramienta de esta industria, estando más preocupados por protegerla que de proteger al inversor... Los organismos de supervisión deben estar por sí mismos bajo constante escrutinio para que no disminuya sino que incremente la protección de los pequeños inversores.“
Pues bien, la ciencia política y constitucional cuestiona, desde un punto de vista teórico, su legitimación democrática. En este sentido, son emblemáticos los artículos de Strauss, The Place of Agencies in Government: Separation of Powers and the Fourth Branch, y de Miller, Independent Agencies.
Secuestro de las autoridades por los grupos de interés
Pero hay más. Numerosos trabajos sociológicos y económicos denuncian "el secuestro de las autoridades administrativas independientes por los grupos de interés o por los poderes políticos o burocráticos". Son emblemáticas las obras clásicas de Wilson, Bureaucracy: What Government Agencies Do and Why They Do it, de Laffont y Tirole, A Theory of Incentives in Regulation and Procurement, y Gélard, Les Autorités administratives indépendantes: évaluation d'un objet juridique non indentifqué.
Por todo ello, la mejor doctrina coincide en exigir a las autoridades administrativas independientes que día a día demuestren su eficacia su sometimiento a las autoridades de control, su imparcialidad y su respeto a los procedimientos, extremando el rigor de sus argumentos y la transparencia y publicidad de sus actos.
Me referiré en este artículo, exclusivamente, a mi experiencia con la CNMV, aunque ésta no sea el único instrumento útil a la corrupción sistémica y aunque, por supuesto, los mecanismos y procedimientos de la corrupción sean muchos y muy poderosos (hablaremos de ellos en otra ocasión). Hablo del caso Santander Banif Inmobiliario.
Por desgracia, la actuación de la CNMV da la razón a los que piensan que las autoridades administrativas independientes son especialmente propensas y vulnerables a la desviación de poder, que no es otra cosa que una forma de corrupción de la democracia.
En relación con la eficacia basta remitirse a las estadísticas de la propia CNMV en torno a la evolución de la descomposición patrimonial de los fondos de inversión para darse cuenta de la monumental erosión y destrucción del ahorro popular que se ha producido bajo su supervisión.
En relación con el sometimiento a las autoridades de control hay que referirse a la denuncia del Tribunal de Cuentas sobre la imposibilidad de supervisar a la CNMV, al Banco de España y a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que se amparan en el secreto profesional, contenida en el Informe nº 751, "Informe de fiscalización de la organización y los procedimientos de supervisión sobre las entidades de crédito, seguros y servicios de inversión y de la coordinación entre los organismos supervisores y con la agencia estatal de administración tributaria".
Y, por último, en relación con la imparcialidad y su respeto a los procedimientos, extremando el rigor de los argumentos, basta con referirse al caso del Santander Banif Inmobiliario, que he tenido la oportunidad de denunciar en estas páginas en dos artículos en abril de 2009 y en abril de 2010. 43.000 familias han perdido su dinero, su salud, su tiempo y su confianza en el sistema financiero español. No se trataba de multimillonarios: 40.273 tenían una posición inferior a 60.000 €, de los que 26.915 tenían una posición inferior a 30.000€, y de los que, a su vez, 12.094 partícipes tenían una posición inferior a 10.000 €.
El cuestionable papel de la CNMV
Resulta sorprendente cómo permitió la CNMV la creación de un activo sin otro futuro que el que se derivaba de su naturaleza piramidal (los reembolsos se pagaban con suscripciones), y cómo no prohibió durante 14 años, que se vendiera como un producto de perfil conservador y de riesgo bajo, un producto financiero complejo y especulativo en alto grado y de alto riesgo, que situó a los partícipes en el epicentro de la burbuja inmobiliaria y en el mundo fantástico de las ganancias no realizadas. La especialidad del "fondo".
El señuelo era el incremento del valor liquidativo gracias a las plusvalías latentes y a las suscriciones calculadas en función de las mismas. Sólo en el periodo 2007-2008 las plusvalías latentes crecieron en un 46,80%, mientras tanto, el Índice Fotocasa-Iese Inmobiliario, seleccionado por el Fondo Monetario Internacional como documento de referencia para el estudio y análisis de la evolución del mercado inmobiliario en España, bajó un 7,85%. Por el contrario, los resultados de explotación del "fondo" eran negativos.
Así las cosas, entre el año 2003 y 2008 se registraron suscripciones al "fondo" por importe de 3.716 millones de euros pero, lo más importante, es que el incremento del precio de la participación fue en dicho periodo de un 41,5%. Es decir, se hablaba de los rendimientos virtuales del "fondo" pero no del esfuerzo real y del riesgo, cada vez mayor, que se exigía para ser partícipe del mismo.
El Grupo Santander presume de contar con un manual de procedimientos de comercialización de productos financieros desde el año 2003, y con un Comité Global de nuevos productos que no prohibió, sorprendentemente, la comercialización de un producto que se dedicaba a comprar inmuebles con el dinero de los partícipes para explotarlos en forma de arriendo en exclusivo beneficio de los bancos del Grupo Santander, que no dejaron ni un sólo euro, ni uno sólo, en las arcas del "fondo". Se llevaron, ni más ni menos, 789 millones en comisiones.
Pero eso no es todo. Sorprende, cómo ha podido la CNMV sumir en un desconcierto absoluto a los inversores durante dos años, manteniendo secretos los expedientes administrativos relativos al colapso del Santander Banif Inmobiliario, ocultando que había autorizado la venta de los inmuebles con menos de tres años de antigüedad en la cartera, que alcanzaba los 1.028 millones de euros, cerrando los ojos al incumplimiento del coeficiente de liquidez y permitiendo que se vendieran inmuebles por debajo del precio de tasación; y promoviendo, y el gobierno de la nación aprobando, en contra de la opinión del Consejo de Estado, una increíble iniciativa legislativa hecha a la medida del Grupo Santander para que pudiera liquidar el "fondo" con toda la calma del mundo y así ocultar la brecha entre los precios de tasación y los precios de mercado. El Tribunal Supremo tiene ahora la palabra.
Afortunadamente, el Grupo Santander no se ha atrevido ni a estrenar dicho traje a la medida, ni a someter su política de compra de activos al juicio del mercado, y ha revocado, "por motivos comerciales", su decisión de disolver y liquidar el "fondo", aportando 2.500 millones de euros para atender los reembolsos a un valor liquidativo inferior al de noviembre de 2004, es decir, más de 6 años en el limbo financiero. Un alivio para los empleados de la casa que no podían mirar a los ojos a los clientes, y para los partícipes, que han puesto pies en polvorosa. Más de 600 han decidido, no obstante, continuar con las acciones judiciales emprendidas e iniciar otras nuevas contra la CNMV y los gestores del "fondo" hasta el total resarcimiento de los quebrantos sufridos, que están en relación directa con los años de permanencia en el "fondo". A más años más quebrantos.
Todo ello me recuerda, por las circunstancias del caso concreto (la mayor parte pequeños inversores, sin voz y sin voto, sin derechos, con los ahorros de toda una vida congelados y seriamente dañados), por su fatal manejo de la esperanza (dando a entender, primero, que el problema se va a solucionar en el segundo semestre de 2010 mientras que urdían aplazar la liquidación sine die) y por el desarrollo gradual, semejante a la atroz evolución de una pesadilla (el valor liquidativo se iba rebajando mes a mes al paso que marcaban gestora y depositario), uno de los relatos de Borges incluido en su historia universal de la infamia, El atroz redentor Lazarus Morell, que como el caso Santander Banif Inmobiliario, también acabó en sede penal.
Publicado en El Confidencial (30/06/2011)
No pude en la Junta 2011 del Banco Santander, pues el presidente me quitó la palabra antes de que terminara el tiempo que me había concedido, proponer al consejo de administración que siguiera muy de cerca el caso Banif Inmobiliario, en mi opinión, un caso de escuela de corrupción sistémica, que cada vez se está complicando más.
Como dice Ferrajoli (Poder salvaje. La crisis de la democracia constitucional), una democracia puede quebrar aún sin golpes de estado en sentido propio, si sus principios son de hecho violados o contestados sin que sus violaciones susciten rebelión o, al menos, disenso.
No le gustó al presidente, muy nervioso durante toda la sesión, que le dijera que creía que no había sido suficiente con la hecatombe financiera, fiscal y social que mantiene a nuestro país al borde del abismo para que se tomara conciencia del impacto de la corrupción de la democracia en nuestra economía.
En realidad, las medidas de ajuste han ido encaminadas a apuntalar a costa de los ciudadanos las instituciones financieras y las obsesiones neoliberales y antisociales de la UE, sin corregir ninguno de los procedimientos, mecanismos e instrumentos de la corrupción de la democracia que es, sin lugar a dudas, la principal causa de la ineficiencia de la economía financiera y no financiera de nuestro país.
El incesto entre los poderes públicos y los banqueros, entre los banqueros y algunos jueces, entre la economía financiera y la contabilidad de alto riesgo, entre los bancos de favores y los favores de los bancos, entre las políticas de información y las políticas de propaganda, entre la cultura de los académicos y los banqueros de la cultura son, por desgracia, prácticas habituales en las democracias, entre comillas, de nuestro tiempo.
En la corrupción sistémica incluyo, por supuesto, el pésimo funcionamiento de servicios esenciales para la cohesión social, la estabilidad financiera y el progreso económico, entre los que se encuentran los prestados por la CNMV destinados, en teoría, a proteger el ahorro popular contra los abusos de las gestoras.
El prestigioso e ilustre economista SAMUELSON (Mutual Fund Legislation of 1967: Hearing on S. 1659 Before the Senate Comm. on Banking and Currency, 90th Cong. 368-69, 1967) ha denunciado “el peligro de que los organismos de supervisión creados originariamente para controlar y regular a la industria, de hecho, terminen siendo una herramienta de esta industria, estando más preocupados por protegerla que de proteger al inversor... Los organismos de supervisión deben estar por sí mismos bajo constante escrutinio para que no disminuya sino que incremente la protección de los pequeños inversores.“
Pues bien, la ciencia política y constitucional cuestiona, desde un punto de vista teórico, su legitimación democrática. En este sentido, son emblemáticos los artículos de Strauss, The Place of Agencies in Government: Separation of Powers and the Fourth Branch, y de Miller, Independent Agencies.
Secuestro de las autoridades por los grupos de interés
Pero hay más. Numerosos trabajos sociológicos y económicos denuncian "el secuestro de las autoridades administrativas independientes por los grupos de interés o por los poderes políticos o burocráticos". Son emblemáticas las obras clásicas de Wilson, Bureaucracy: What Government Agencies Do and Why They Do it, de Laffont y Tirole, A Theory of Incentives in Regulation and Procurement, y Gélard, Les Autorités administratives indépendantes: évaluation d'un objet juridique non indentifqué.
Por todo ello, la mejor doctrina coincide en exigir a las autoridades administrativas independientes que día a día demuestren su eficacia su sometimiento a las autoridades de control, su imparcialidad y su respeto a los procedimientos, extremando el rigor de sus argumentos y la transparencia y publicidad de sus actos.
Me referiré en este artículo, exclusivamente, a mi experiencia con la CNMV, aunque ésta no sea el único instrumento útil a la corrupción sistémica y aunque, por supuesto, los mecanismos y procedimientos de la corrupción sean muchos y muy poderosos (hablaremos de ellos en otra ocasión). Hablo del caso Santander Banif Inmobiliario.
Por desgracia, la actuación de la CNMV da la razón a los que piensan que las autoridades administrativas independientes son especialmente propensas y vulnerables a la desviación de poder, que no es otra cosa que una forma de corrupción de la democracia.
En relación con la eficacia basta remitirse a las estadísticas de la propia CNMV en torno a la evolución de la descomposición patrimonial de los fondos de inversión para darse cuenta de la monumental erosión y destrucción del ahorro popular que se ha producido bajo su supervisión.
En relación con el sometimiento a las autoridades de control hay que referirse a la denuncia del Tribunal de Cuentas sobre la imposibilidad de supervisar a la CNMV, al Banco de España y a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que se amparan en el secreto profesional, contenida en el Informe nº 751, "Informe de fiscalización de la organización y los procedimientos de supervisión sobre las entidades de crédito, seguros y servicios de inversión y de la coordinación entre los organismos supervisores y con la agencia estatal de administración tributaria".
Y, por último, en relación con la imparcialidad y su respeto a los procedimientos, extremando el rigor de los argumentos, basta con referirse al caso del Santander Banif Inmobiliario, que he tenido la oportunidad de denunciar en estas páginas en dos artículos en abril de 2009 y en abril de 2010. 43.000 familias han perdido su dinero, su salud, su tiempo y su confianza en el sistema financiero español. No se trataba de multimillonarios: 40.273 tenían una posición inferior a 60.000 €, de los que 26.915 tenían una posición inferior a 30.000€, y de los que, a su vez, 12.094 partícipes tenían una posición inferior a 10.000 €.
El cuestionable papel de la CNMV
Resulta sorprendente cómo permitió la CNMV la creación de un activo sin otro futuro que el que se derivaba de su naturaleza piramidal (los reembolsos se pagaban con suscripciones), y cómo no prohibió durante 14 años, que se vendiera como un producto de perfil conservador y de riesgo bajo, un producto financiero complejo y especulativo en alto grado y de alto riesgo, que situó a los partícipes en el epicentro de la burbuja inmobiliaria y en el mundo fantástico de las ganancias no realizadas. La especialidad del "fondo".
El señuelo era el incremento del valor liquidativo gracias a las plusvalías latentes y a las suscriciones calculadas en función de las mismas. Sólo en el periodo 2007-2008 las plusvalías latentes crecieron en un 46,80%, mientras tanto, el Índice Fotocasa-Iese Inmobiliario, seleccionado por el Fondo Monetario Internacional como documento de referencia para el estudio y análisis de la evolución del mercado inmobiliario en España, bajó un 7,85%. Por el contrario, los resultados de explotación del "fondo" eran negativos.
Así las cosas, entre el año 2003 y 2008 se registraron suscripciones al "fondo" por importe de 3.716 millones de euros pero, lo más importante, es que el incremento del precio de la participación fue en dicho periodo de un 41,5%. Es decir, se hablaba de los rendimientos virtuales del "fondo" pero no del esfuerzo real y del riesgo, cada vez mayor, que se exigía para ser partícipe del mismo.
El Grupo Santander presume de contar con un manual de procedimientos de comercialización de productos financieros desde el año 2003, y con un Comité Global de nuevos productos que no prohibió, sorprendentemente, la comercialización de un producto que se dedicaba a comprar inmuebles con el dinero de los partícipes para explotarlos en forma de arriendo en exclusivo beneficio de los bancos del Grupo Santander, que no dejaron ni un sólo euro, ni uno sólo, en las arcas del "fondo". Se llevaron, ni más ni menos, 789 millones en comisiones.
Pero eso no es todo. Sorprende, cómo ha podido la CNMV sumir en un desconcierto absoluto a los inversores durante dos años, manteniendo secretos los expedientes administrativos relativos al colapso del Santander Banif Inmobiliario, ocultando que había autorizado la venta de los inmuebles con menos de tres años de antigüedad en la cartera, que alcanzaba los 1.028 millones de euros, cerrando los ojos al incumplimiento del coeficiente de liquidez y permitiendo que se vendieran inmuebles por debajo del precio de tasación; y promoviendo, y el gobierno de la nación aprobando, en contra de la opinión del Consejo de Estado, una increíble iniciativa legislativa hecha a la medida del Grupo Santander para que pudiera liquidar el "fondo" con toda la calma del mundo y así ocultar la brecha entre los precios de tasación y los precios de mercado. El Tribunal Supremo tiene ahora la palabra.
Afortunadamente, el Grupo Santander no se ha atrevido ni a estrenar dicho traje a la medida, ni a someter su política de compra de activos al juicio del mercado, y ha revocado, "por motivos comerciales", su decisión de disolver y liquidar el "fondo", aportando 2.500 millones de euros para atender los reembolsos a un valor liquidativo inferior al de noviembre de 2004, es decir, más de 6 años en el limbo financiero. Un alivio para los empleados de la casa que no podían mirar a los ojos a los clientes, y para los partícipes, que han puesto pies en polvorosa. Más de 600 han decidido, no obstante, continuar con las acciones judiciales emprendidas e iniciar otras nuevas contra la CNMV y los gestores del "fondo" hasta el total resarcimiento de los quebrantos sufridos, que están en relación directa con los años de permanencia en el "fondo". A más años más quebrantos.
Todo ello me recuerda, por las circunstancias del caso concreto (la mayor parte pequeños inversores, sin voz y sin voto, sin derechos, con los ahorros de toda una vida congelados y seriamente dañados), por su fatal manejo de la esperanza (dando a entender, primero, que el problema se va a solucionar en el segundo semestre de 2010 mientras que urdían aplazar la liquidación sine die) y por el desarrollo gradual, semejante a la atroz evolución de una pesadilla (el valor liquidativo se iba rebajando mes a mes al paso que marcaban gestora y depositario), uno de los relatos de Borges incluido en su historia universal de la infamia, El atroz redentor Lazarus Morell, que como el caso Santander Banif Inmobiliario, también acabó en sede penal.
miércoles, 29 de junio de 2011
Canto de cisne de Zapatero y ocasión pérdida del PP
Por Antonio Casado
Publicado en El Confidencial (29/06/2011)
Aires de despedida del casi ex presidente por la mañana y subidón por la tarde, cuando protagonizó un vivo debate con el casi presidente. Entonces se reanimaron las tribunas y sus señorías se levantaron de los asientos, como en los toros, ora a favor, ora en contra, según las preferencias, la faena o el diestro en cuestión. Contra todo pronóstico, la mejor parte de crítica y público se la lleva el que se despide de los ruedos, no el que está a punto de confirmar su alternativa en la Moncloa.
Sólo en la sesión de la mañana caló la sensación irremediable de Legislatura terminada. El cuerpo a cuerpo Zapatero-Rajoy de la tarde, sin embargo, fue tan intenso que el partido parecía estar en lo mejor, aún lejos del pitido final. Una apariencia que Zapatero quiso reforzar al hilo de los caballerosos deseos de Rajoy por un futuro mejor en lo personal y en lo familiar. Aquél le devolvió el cumplido para que también a Rajoy le vaya bien en lo personal y en lo familiar, “pero no en lo político”. Un minuto antes le había reprochado que su programa económico, como líder de la oposición, continúa siendo “tan inédito como sus victorias electorales”.
Ya entonces, en el tercero de los cruces, había cundido la impresión de que Mariano Rajoy estaba perdiendo la oportunidad de proyectarse hacia el futuro como un casi presidente y pasar por encima de un casi ex presidente cargado de pasado. No ocurrió. Por la agresividad de la esgrima practicada por Zapatero y la escasa frescura de las réplicas de Rajoy, daba la impresión de que los papeles estaban cambiados. No obstante, y aunque Zapatero mostrase un mayor dominio de la situación, los problemas de credibilidad que aquejan, irreversibles a mi juicio, sólo permiten hablar de canto del cisne. Aún así ayer dio la impresión de estar más pendiente del futuro que Rajoy.
En lo argumental, ninguna sorpresa. Enésimo despliegue del mismo discurso. Por ambos lados. Zapatero, en positivo, como es lógico en quien todavía tiene la responsabilidad de gestionar los intereses generales. Rajoy, en negativo, con más soflamas que propuestas concretas. Y más centrado en explicar lo mal que hace las cosas el Gobierno socialista que en lo bien que podría hacerlo un Gobierno del PP. Algo que, por desgracia, se suele considerar lógico en un jefe de oposición que asienta su ventaja electoral en los dramáticos datos de la situación económica.
Enésima petición de elecciones anticipadas por parte de Rajoy porque cada día más de “agonía”, según él, significa también “más deuda, más paro, más desconfianza”. Y enésima reprobación de Zapatero a la incapacidad del PP para arrimar el hombro en los planes anticrisis. El casi ex presidente acusó al casi presidente de optar por lo fácil, que es reclamar elecciones, y renunciar a lo más esforzado, que es presentar propuestas. Y la eterna excusa de Rajoy: “No nos puede pedir que, como oposición, nos sumemos a sus errores”.
Y así sucesivamente.
Publicado en El Confidencial (29/06/2011)
Aires de despedida del casi ex presidente por la mañana y subidón por la tarde, cuando protagonizó un vivo debate con el casi presidente. Entonces se reanimaron las tribunas y sus señorías se levantaron de los asientos, como en los toros, ora a favor, ora en contra, según las preferencias, la faena o el diestro en cuestión. Contra todo pronóstico, la mejor parte de crítica y público se la lleva el que se despide de los ruedos, no el que está a punto de confirmar su alternativa en la Moncloa.
Sólo en la sesión de la mañana caló la sensación irremediable de Legislatura terminada. El cuerpo a cuerpo Zapatero-Rajoy de la tarde, sin embargo, fue tan intenso que el partido parecía estar en lo mejor, aún lejos del pitido final. Una apariencia que Zapatero quiso reforzar al hilo de los caballerosos deseos de Rajoy por un futuro mejor en lo personal y en lo familiar. Aquél le devolvió el cumplido para que también a Rajoy le vaya bien en lo personal y en lo familiar, “pero no en lo político”. Un minuto antes le había reprochado que su programa económico, como líder de la oposición, continúa siendo “tan inédito como sus victorias electorales”.
Ya entonces, en el tercero de los cruces, había cundido la impresión de que Mariano Rajoy estaba perdiendo la oportunidad de proyectarse hacia el futuro como un casi presidente y pasar por encima de un casi ex presidente cargado de pasado. No ocurrió. Por la agresividad de la esgrima practicada por Zapatero y la escasa frescura de las réplicas de Rajoy, daba la impresión de que los papeles estaban cambiados. No obstante, y aunque Zapatero mostrase un mayor dominio de la situación, los problemas de credibilidad que aquejan, irreversibles a mi juicio, sólo permiten hablar de canto del cisne. Aún así ayer dio la impresión de estar más pendiente del futuro que Rajoy.
En lo argumental, ninguna sorpresa. Enésimo despliegue del mismo discurso. Por ambos lados. Zapatero, en positivo, como es lógico en quien todavía tiene la responsabilidad de gestionar los intereses generales. Rajoy, en negativo, con más soflamas que propuestas concretas. Y más centrado en explicar lo mal que hace las cosas el Gobierno socialista que en lo bien que podría hacerlo un Gobierno del PP. Algo que, por desgracia, se suele considerar lógico en un jefe de oposición que asienta su ventaja electoral en los dramáticos datos de la situación económica.
Enésima petición de elecciones anticipadas por parte de Rajoy porque cada día más de “agonía”, según él, significa también “más deuda, más paro, más desconfianza”. Y enésima reprobación de Zapatero a la incapacidad del PP para arrimar el hombro en los planes anticrisis. El casi ex presidente acusó al casi presidente de optar por lo fácil, que es reclamar elecciones, y renunciar a lo más esforzado, que es presentar propuestas. Y la eterna excusa de Rajoy: “No nos puede pedir que, como oposición, nos sumemos a sus errores”.
Y así sucesivamente.
Un debate para retorcer las estadísticas hasta que diga lo que uno quiere
Por Carlos Sánchez
Publicado en El Confidencial (29/06/2011)
Alguien dijo que la economía es la única disciplina académica en la que dos especialistas pueden compartir el mismo premio por decir justamente lo contrario. Hayek y Myrdal, por ejemplo, fueron galardonados en 1974 con el mismo Premio Nobel pese a defender posturas antitéticas, lo cual revela que casi todo es posible en la ciencia económica.
Zapatero y Rajoy no son economistas, pero lidian con la materia de la mejor forma que pueden. Tal vez por eso, se han apuntado al viejo truco de retorcer las estadísticas hasta que canten, que diría un castizo. Y eso explica que ayer, a partir de las mismas cifras de Eurostat -la oficina estadística de la Unión Europea-, ambos se acusaran de distorsionar la realidad. El presidente del Gobierno fue más lejos e incluso llamó a Rajoy “mentiroso”.
¿Quién miente? Ninguno de los dos. O los dos, según se mire. Como sostiene el líder del PP es cierto que el PIB per cápita de los españoles ha retrocedido hasta niveles de 2004, el año en que Zapatero ganó las elecciones. Se sitúa en estos momentos en el 101% de la media de la UE (a 27), el mismo nivel que en 2004, después de haber caído dos puntos porcentuales en 2010.
¿Tiene razón por lo tanto Rajoy? Sí, pero también Zapatero, que se agarra como a un clavo ardiendo al hecho de que en las últimas dos legislaturas España se ha acercado en términos de renta per cápita a algunos de los países punteros de mayor tamaño. Lo cual es cierto. En concreto, a Reino Unido, Francia e Italia.
Zapatero en un alarde de tacticismo económico y político llega incluso a ampararse en un planteamiento incuestionable, pero con truco. Es verdadero que en 2005 el PIB per cápita en poder de compra se situaba en 22.900 euros, y que en 2009 se alcanzaron los 24.500 euros, pero en términos corrientes, es decir con inflación. Esto quiere decir que si se descuentan los precios, se ha pasado de 22.900 ppc (paridad de poder de compra) a 22.700, lo que supone una ligera caída.
Cobertura de desempleo
¿Y qué hay de la cobertura de desempleo? Sostiene Rajoy que en el último año la tasa de cobertura ha bajado casi diez puntos, al pasar del 79,4% al 70%. Y tiene razón. Si la comparación se hace con series más largas el resultado es incluso más elocuente. Si en enero de 2010, el 80,88% de los parados recibía alguna prestación económica, los datos más recientes rebajan esa cobertura hasta el 69,95%. Una caída, como se ve, en picado. En todo caso, como sostiene Zapatero, es cierto, que todavía es superior al 61,48% que existía en 2004 (con la mitad de parados), pero es posible que al actual ritmo de deterioro de este indicador cuando acabe la legislatura los niveles de protección sean similares.
¿Y qué pasa con el volumen de deuda en circulación? Asegura Rajoy con buen criterio que este año el endeudamiento público crecerá hasta representar el 67% del PIB. O lo que es lo mismo, unos 730.000 millones de euros. Y estas cifras van a misa, aunque si en vez de utilizar el Protocolo de Déficit Excesivo hubiera esgrimido el conjunto de los pasivos en circulación, el resultado hubiera sido más llamativo. La deuda pública alcanza en estos momentos (primer trimestre de 2011) los 805.000 millones de euros (alrededor del 75% del PIB).
Sostiene Zapatero, sin embargo, que la deuda todavía sigue siendo muy pequeña respecto de la eurozona. Y es cierto, pero es que el punto de partida era sensiblemente inferior. En 2007, la deuda española apenas representaba el 36,1% del PIB, lejos del 66,2% existente en la eurozona. Tres años más tarde, la española ha repuntado hasta el 60,1% (años 2010), mientras que la europea ha escalado hasta el 85,1%. Quiere decir esto que la distancia se ha estrechado de forma relevante. Al comenzar la crisis era de 30,1 puntos porcentuales y ahora es de 25 puntos porcentuales. En términos relativos la reducción de la diferencia es más elocuente. Se ha pasado de una distancia equivalente al 83,4% superior la europea al 41,6%, lo que refleja nítidamente de qué manera ha avanzado el endeudamiento español. La distancia se ha reducido a la mitad.
En lo único que hay acuerdo entre Rajoy y Zapatero es en las cifras del paro. No están sujetas a ninguna interpretación torticera. Hoy hay en España, 4,91 millones de parados, cuando en el segundo trimestre de 2004 el desempleo afectaba a apenas 2,2 millones de trabajadores. Hay hoy, por el contrario, más ocupación, 18,1 millones frente a 17,8 millones, pero si se descuenta el empleo público el resultado es que hoy hay menos trabajadores en el sector privado que hace poco más de siete años, al inicio de la era Zapatero.
Publicado en El Confidencial (29/06/2011)
Alguien dijo que la economía es la única disciplina académica en la que dos especialistas pueden compartir el mismo premio por decir justamente lo contrario. Hayek y Myrdal, por ejemplo, fueron galardonados en 1974 con el mismo Premio Nobel pese a defender posturas antitéticas, lo cual revela que casi todo es posible en la ciencia económica.
Zapatero y Rajoy no son economistas, pero lidian con la materia de la mejor forma que pueden. Tal vez por eso, se han apuntado al viejo truco de retorcer las estadísticas hasta que canten, que diría un castizo. Y eso explica que ayer, a partir de las mismas cifras de Eurostat -la oficina estadística de la Unión Europea-, ambos se acusaran de distorsionar la realidad. El presidente del Gobierno fue más lejos e incluso llamó a Rajoy “mentiroso”.
¿Quién miente? Ninguno de los dos. O los dos, según se mire. Como sostiene el líder del PP es cierto que el PIB per cápita de los españoles ha retrocedido hasta niveles de 2004, el año en que Zapatero ganó las elecciones. Se sitúa en estos momentos en el 101% de la media de la UE (a 27), el mismo nivel que en 2004, después de haber caído dos puntos porcentuales en 2010.
¿Tiene razón por lo tanto Rajoy? Sí, pero también Zapatero, que se agarra como a un clavo ardiendo al hecho de que en las últimas dos legislaturas España se ha acercado en términos de renta per cápita a algunos de los países punteros de mayor tamaño. Lo cual es cierto. En concreto, a Reino Unido, Francia e Italia.
Zapatero en un alarde de tacticismo económico y político llega incluso a ampararse en un planteamiento incuestionable, pero con truco. Es verdadero que en 2005 el PIB per cápita en poder de compra se situaba en 22.900 euros, y que en 2009 se alcanzaron los 24.500 euros, pero en términos corrientes, es decir con inflación. Esto quiere decir que si se descuentan los precios, se ha pasado de 22.900 ppc (paridad de poder de compra) a 22.700, lo que supone una ligera caída.
Cobertura de desempleo
¿Y qué hay de la cobertura de desempleo? Sostiene Rajoy que en el último año la tasa de cobertura ha bajado casi diez puntos, al pasar del 79,4% al 70%. Y tiene razón. Si la comparación se hace con series más largas el resultado es incluso más elocuente. Si en enero de 2010, el 80,88% de los parados recibía alguna prestación económica, los datos más recientes rebajan esa cobertura hasta el 69,95%. Una caída, como se ve, en picado. En todo caso, como sostiene Zapatero, es cierto, que todavía es superior al 61,48% que existía en 2004 (con la mitad de parados), pero es posible que al actual ritmo de deterioro de este indicador cuando acabe la legislatura los niveles de protección sean similares.
¿Y qué pasa con el volumen de deuda en circulación? Asegura Rajoy con buen criterio que este año el endeudamiento público crecerá hasta representar el 67% del PIB. O lo que es lo mismo, unos 730.000 millones de euros. Y estas cifras van a misa, aunque si en vez de utilizar el Protocolo de Déficit Excesivo hubiera esgrimido el conjunto de los pasivos en circulación, el resultado hubiera sido más llamativo. La deuda pública alcanza en estos momentos (primer trimestre de 2011) los 805.000 millones de euros (alrededor del 75% del PIB).
Sostiene Zapatero, sin embargo, que la deuda todavía sigue siendo muy pequeña respecto de la eurozona. Y es cierto, pero es que el punto de partida era sensiblemente inferior. En 2007, la deuda española apenas representaba el 36,1% del PIB, lejos del 66,2% existente en la eurozona. Tres años más tarde, la española ha repuntado hasta el 60,1% (años 2010), mientras que la europea ha escalado hasta el 85,1%. Quiere decir esto que la distancia se ha estrechado de forma relevante. Al comenzar la crisis era de 30,1 puntos porcentuales y ahora es de 25 puntos porcentuales. En términos relativos la reducción de la diferencia es más elocuente. Se ha pasado de una distancia equivalente al 83,4% superior la europea al 41,6%, lo que refleja nítidamente de qué manera ha avanzado el endeudamiento español. La distancia se ha reducido a la mitad.
En lo único que hay acuerdo entre Rajoy y Zapatero es en las cifras del paro. No están sujetas a ninguna interpretación torticera. Hoy hay en España, 4,91 millones de parados, cuando en el segundo trimestre de 2004 el desempleo afectaba a apenas 2,2 millones de trabajadores. Hay hoy, por el contrario, más ocupación, 18,1 millones frente a 17,8 millones, pero si se descuenta el empleo público el resultado es que hoy hay menos trabajadores en el sector privado que hace poco más de siete años, al inicio de la era Zapatero.
jueves, 23 de junio de 2011
El término de una época
Por Manuel Bustos
Publicado en Diario de Cádiz (22/06/2011)
ESTAMOS al cabo de un tiempo político: la época Zapatero parece tornar a su fin. Quiero creer que quienes se acerquen a ella con objetividad, sin resabios ideológicos, concordarán en que es una de las peores, si no la peor, que hemos conocido desde hace décadas. La crisis económica generalizada no basta por sí misma para justificar tanta herida, tanta inutilidad e impericia, tantas contradicciones como se han prodigado. Ciertamente, ha sido necesario el crecimiento acelerado del paro para que muchos hayan reaccionado ante lo que ya se veía con claridad en la primera legislatura. No pasará esta época a los anales del buen gobierno.
La tarea que ahora se presenta es ardua; los temas pendientes de calado, capaces de poner a prueba a quien haya de gobernar en los próximos años. Habrá que tomar medidas duras, tener coraje y prudencia a la vez, rectificar tanta medida errada como se ha adoptado.
El consenso entre los grandes partidos nacionales no parece posible y eso agrava el problema, pues las necesarias reformas deberá afrontarlas uno sólo, tal vez con algunas ayudas puntuales. Sabemos que la mayoría de las formaciones que pudieran actuar como bisagra no persiguen el bien común de la nación española, sino utilizarla para sus intereses nacionalistas y/o independentistas. Me atrevo, brevemente, a sugerir las labores más urgentes.
Parece ineludible reconsiderar el Estado de las autonomías. Ello exige establecer pronto un techo, una delimitación clara entre el poder central y los autonómicos, acabar con tantas desigualdades, duplicidad de funciones y gastos innecesarios. Pero, tal y como se presenta ya a estas alturas la cohesión nacional, creo que sería preciso cambiar de estrategia. Se ha perdido un tiempo precioso. Nadie está obligado a ser español; si se elige continuar vinculado a una historia compartida y a una empresa común, como parece sensato, el poder de las "nacionalidades" no puede crecer hasta el infinito y los líderes de las mismas deberán renunciar, de una vez por todas, a las amenazas independentistas. De lo contrario, si quieren la secesión, convendría preparar con tiempo la posibilidad de un referéndum para ellas con todas las consecuencias, pues es preciso acabar, definitivamente, con ese pago entre todos, bajo amenaza, de la independencia gradual de algunos. O el buscar mayorías a precio de oro.
La Justicia es hoy un horror para muchos españoles, siendo como es uno de los pilares del Estado de derecho. Tres son, en mi opinión, los ejes sobre los que habrá de remodelarse: despolitización, rapidez y agilidad en sus procedimientos y una mayor "justicia" de la Justicia. Cámbiense las leyes, si es preciso, para que el delincuente y el agresor no sean los inocentes y el inocente agresor.
La educación exige también una mejora notable. Su triste realidad lo está pidiendo a voces. Vea el lector los datos al respecto. A mi juicio, la reforma debe basarse en unos pocos principios básicos: mayor nivel en la calidad de los estudios, fortalecimiento de la autoridad del profesor, reconocimiento del mérito y esfuerzo de los alumnos, y libre elección de los padres acerca del tipo de enseñanza y educación moral que desean para sus hijos.
La crisis económica ha sido la traca final de la deteriorada situación actual. Asistimos a un incremento inusitado del paro, jóvenes que emigran en busca de trabajo, situaciones familiares dramáticas, aunque sea precisamente la familia, tan injustamente atacada, quien esté actuando como amortiguador. Serán precisas reformas profundas y, con probabilidad, costosas. No obstante, son convenientes dos cosas: ir a las raíces del problema, que no es solamente económico, y que la crisis no descargue su peso sobre los más débiles.
Las movilizaciones más importantes han sido, en el periodo que acaba, por asuntos varios de honda carga moral, referidos a la negociación con el terrorismo al margen de la legalidad, la "ingeniería social", urdida desde arriba, frente a la defensa de la vida y de la familia, y contra la utilización del poder político para obtener prebendas, influencia o enriquecerse. Pienso que algún tipo de consideración, y rectificación, merecerían estos temas por parte de quienes gobiernen.
Quedan en el tintero otras iniciativas necesarias, difíciles de impulsar desde los propios partidos y sindicatos. Por ejemplo, las de su propia reforma o la de la ley electoral. En consecuencia, hay que fortalecer la movilización, ya iniciada, de la ciudadanía y su maduración, aunque sepamos, desgraciadamente, que los españolitos no estamos para grandes ideales ni arriesgados compromisos. Mientras no nos falte la "Champion" y la Liga, las salidas de copas, los fines de semana de campo y playa, los "puentes" y el libro de autoayuda, la necesaria presión para los cambios seguirá estando comprometida.
Publicado en Diario de Cádiz (22/06/2011)
ESTAMOS al cabo de un tiempo político: la época Zapatero parece tornar a su fin. Quiero creer que quienes se acerquen a ella con objetividad, sin resabios ideológicos, concordarán en que es una de las peores, si no la peor, que hemos conocido desde hace décadas. La crisis económica generalizada no basta por sí misma para justificar tanta herida, tanta inutilidad e impericia, tantas contradicciones como se han prodigado. Ciertamente, ha sido necesario el crecimiento acelerado del paro para que muchos hayan reaccionado ante lo que ya se veía con claridad en la primera legislatura. No pasará esta época a los anales del buen gobierno.
La tarea que ahora se presenta es ardua; los temas pendientes de calado, capaces de poner a prueba a quien haya de gobernar en los próximos años. Habrá que tomar medidas duras, tener coraje y prudencia a la vez, rectificar tanta medida errada como se ha adoptado.
El consenso entre los grandes partidos nacionales no parece posible y eso agrava el problema, pues las necesarias reformas deberá afrontarlas uno sólo, tal vez con algunas ayudas puntuales. Sabemos que la mayoría de las formaciones que pudieran actuar como bisagra no persiguen el bien común de la nación española, sino utilizarla para sus intereses nacionalistas y/o independentistas. Me atrevo, brevemente, a sugerir las labores más urgentes.
Parece ineludible reconsiderar el Estado de las autonomías. Ello exige establecer pronto un techo, una delimitación clara entre el poder central y los autonómicos, acabar con tantas desigualdades, duplicidad de funciones y gastos innecesarios. Pero, tal y como se presenta ya a estas alturas la cohesión nacional, creo que sería preciso cambiar de estrategia. Se ha perdido un tiempo precioso. Nadie está obligado a ser español; si se elige continuar vinculado a una historia compartida y a una empresa común, como parece sensato, el poder de las "nacionalidades" no puede crecer hasta el infinito y los líderes de las mismas deberán renunciar, de una vez por todas, a las amenazas independentistas. De lo contrario, si quieren la secesión, convendría preparar con tiempo la posibilidad de un referéndum para ellas con todas las consecuencias, pues es preciso acabar, definitivamente, con ese pago entre todos, bajo amenaza, de la independencia gradual de algunos. O el buscar mayorías a precio de oro.
La Justicia es hoy un horror para muchos españoles, siendo como es uno de los pilares del Estado de derecho. Tres son, en mi opinión, los ejes sobre los que habrá de remodelarse: despolitización, rapidez y agilidad en sus procedimientos y una mayor "justicia" de la Justicia. Cámbiense las leyes, si es preciso, para que el delincuente y el agresor no sean los inocentes y el inocente agresor.
La educación exige también una mejora notable. Su triste realidad lo está pidiendo a voces. Vea el lector los datos al respecto. A mi juicio, la reforma debe basarse en unos pocos principios básicos: mayor nivel en la calidad de los estudios, fortalecimiento de la autoridad del profesor, reconocimiento del mérito y esfuerzo de los alumnos, y libre elección de los padres acerca del tipo de enseñanza y educación moral que desean para sus hijos.
La crisis económica ha sido la traca final de la deteriorada situación actual. Asistimos a un incremento inusitado del paro, jóvenes que emigran en busca de trabajo, situaciones familiares dramáticas, aunque sea precisamente la familia, tan injustamente atacada, quien esté actuando como amortiguador. Serán precisas reformas profundas y, con probabilidad, costosas. No obstante, son convenientes dos cosas: ir a las raíces del problema, que no es solamente económico, y que la crisis no descargue su peso sobre los más débiles.
Las movilizaciones más importantes han sido, en el periodo que acaba, por asuntos varios de honda carga moral, referidos a la negociación con el terrorismo al margen de la legalidad, la "ingeniería social", urdida desde arriba, frente a la defensa de la vida y de la familia, y contra la utilización del poder político para obtener prebendas, influencia o enriquecerse. Pienso que algún tipo de consideración, y rectificación, merecerían estos temas por parte de quienes gobiernen.
Quedan en el tintero otras iniciativas necesarias, difíciles de impulsar desde los propios partidos y sindicatos. Por ejemplo, las de su propia reforma o la de la ley electoral. En consecuencia, hay que fortalecer la movilización, ya iniciada, de la ciudadanía y su maduración, aunque sepamos, desgraciadamente, que los españolitos no estamos para grandes ideales ni arriesgados compromisos. Mientras no nos falte la "Champion" y la Liga, las salidas de copas, los fines de semana de campo y playa, los "puentes" y el libro de autoayuda, la necesaria presión para los cambios seguirá estando comprometida.
El oscuros sistema de incentivos de los EREs
Por Samuel Bentolila es profesor de Economía del CEMFI y Juan José Dolado es catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid.
Publicado en El Confidencial (22/06/2011)
Las circunstancias que rodean en España a los despidos colectivos, conocidos como expedientes de regulación de empleo (ERE), plantean serias dudas sobre la eficiencia de los incentivos que rigen las actuaciones de empresas y sindicatos.
Los despidos colectivos tienen una regulación especial si: (a) en un mes, la empresa despide al menos al 10% de sus empleados o al menos a 30 trabajadores si tiene más de 300, o (b) en tres meses, despide al menos a 20 trabajadores. La regulación europea exige que la empresa realice consultas con los representantes de los trabajadores, exigencia que en nuestro país se amplía a solicitar autorización a la autoridad laboral de la comunidad autónoma o estatal, lo que obliga a la empresa a acordar el despido y, por tanto, a pagar mayores indemnizaciones.
Vayamos al primer problema de incentivos. En España, además de que cualquier afectado por un ERE percibe prestaciones por desempleo durante 2 años (si ha contribuido durante 6 años) y de que la indemnización está exenta de IRPF, los trabajadores mayores de 52 años que cumplan todos los requisitos para acceder a la pensión contributiva de jubilación salvo la edad, tienen derecho a cobrar el subsidio por desempleo (426 euros mensuales) hasta alcanzar dicha edad. Se trata de sostener la renta de las personas en ese grupo de edades, cuya probabilidad de encontrar otro empleo es baja.
No obstante, el derecho a cobrar el subsidio seguramente lleva a las empresas a despedir a más trabajadores de lo necesario, puesto que el Estado sufraga una parte significativa de los costes. En ocasiones la empresa paga un suplemento al trabajador hasta casi completar su salario anterior, lo que conlleva una pérdida social neta. En el caso del ERE de Telefónica anunciado en abril, el escándalo público por sus actuales elevados beneficios ha llevado al Gobierno a suprimir el incentivo y obligar a la compañía a abonar las prestaciones y subsidios por desempleo que cobren los despedidos hasta su jubilación. No obstante, se trata de un caso especial que, por ejemplo, no se ha dado en el ERE (4.000 trabajadores) del SIP liderado por Caja Madrid y Bancaja o en otras cajas de ahorros.
Costes sociales
Este subsidio sesga además la decisión hacia el despido de los trabajadores mayores de 52 años, cuya temprana retirada del mercado laboral supone un coste social enorme. En este caso, probablemente resultase socialmente mucho más rentable dedicar más recursos a reciclar, vía formación, a esos trabajadores (posiblemente a cambio de una revisión salarial a la baja) y/o incluso elevar las subvenciones existentes a su contratación, antes que prescindir de colectivos con gran experiencia acumulada, además de pagarles prestaciones durante periodos que pueden llegar hasta los 13 años.
Otro asunto llamativo y menos conocido es el recogido en la noticia aparecida en septiembre pasado en Expansión, que dice textualmente:
Los empleados de las empresas afectadas por un ERE pagan por los servicios de asesoría jurídica del sindicato una cantidad fija que oscila entre los 100 y los 400 euros. Además, la organización sindical tiene un ingreso extra: cobra a cada uno de estos trabajadores entre un 10% y un 15% de la cantidad que obtiene como indemnización por encima de los veinte días por año trabajado. (…) Así, desde que comenzó la crisis, los sindicatos se han embolsado –sólo por la parte fija del pago– alrededor de 240 millones de euros (unos 80 millones anuales). (…) ¿Saben los trabajadores afectados por un ERE que una parte de su indemnización va a parar a los sindicatos? Los abogados laboralistas consultados coincidieron en responder que generalmente esto se desconoce. “Teóricamente, cada trabajador debería firmar una hoja de encargo para solicitar los servicios jurídicos del sindicato en cuestión, pero esto en la práctica nunca ocurre”.
En efecto, parece que muchos trabajadores afectados por ERE desconocen que el sindicato les cobrará una comisión. Cuando se enteran no se muestran muy conformes y los tribunales les están dando la razón. Ya hay sentencias de los Tribunales Superiores de Justicia de la Comunidad Valenciana (25/4/2008, comisión del 6% para los trabajadores no afiliados y del 4% para los de afiliación reciente), Cataluña (4/5/2008) y Murcia (5/10/2009, 5% para los no afiliados y 3.5% para los de nueva afiliación) en que se ha condenado a los demandados a devolver las cantidades deducidas a los trabajadores. Así que un primer requisito de eficiencia sería proporcionar mucha más información a los trabajadores afectados sobre este particular. Por cierto, en estos casos la comisión es más baja que la citada en la noticia.
Es comprensible que el sindicato sea remunerado por la asesoría legal que proporciona a los trabajadores no afiliados, pero el sistema actual no es óptimo. Por una parte, al percibir una comisión proporcional a la indemnización, el sindicato tiene incentivos para elevarla al máximo. A modo de ejemplo, suponiendo que los sindicatos percibiesen 150 euros de comisión fija por trabajador y un 5% de los 25 días de salario por año de servicio (45 días – los 20 días del despido por causas económicas), los sindicatos que firmaron el ERE de los 4.000 trabajadores del SIP antes mencionado (bajo el supuesto de un salario medio de 40.000 euros y 28 años de antigüedad) habrían percibido casi 16 m. de euros (*) y, en caso de firmar el ERE de Telefónica, unos 26 m. de euros.
La cifra real quizás sea más baja pero, en cualquier caso, incentiva claramente el aumento de la indemnización muy por encima de la correspondiente a las causas económicas. Ello beneficia en principio al trabajador, pero perjudica mucho a la empresa, que acaba pagando indemnizaciones muy parecidas a las del despido improcedente (45 días de salario por año de servicio con un máximo de 42 mensualidades, ver esta entrada). El mayor coste del despido reduce la propensión a contratar e incentiva el uso masivo de contratos temporales encadenados, factor determinante de la altísima variabilidad del empleo en nuestro país (casi el doble que en EEUU).
Conflicto de intereses
Por otra parte, hay un claro conflicto de intereses. Si los sindicatos perciben una comisión por trabajador despedido, entonces tienen menos incentivos a reducir el número de afectados. Quizá este conflicto explique lo ocurrido en el citado ERE de Telefónica. La empresa propuso inicialmente despedir a 6.400 trabajadores, pero luego aceptó “la propuesta de los sindicatos mayoritarios de vincular la duración del ERE con la del convenio” y, como resultado, el número de despidos aumentó hasta los 8.500 (un 33% más). Tras imponer el Gobierno que la empresa pagara las prestaciones y subsidios, Telefónica volvió a la inferior cifra inicial de despidos. Todo ello muestra que podría tener sentido que la tarifa tuviera una parte fija que cubriera en promedio anual la mayor parte de los costes de asesoría jurídica en que incurre el sindicato globalmente (no en una empresa) y se eliminara la parte proporcional.
Un punto final se refiere al nivel de la comisión. Los sindicatos se deben a sus afiliados pero son una institución pública que también debe representar los intereses de los no afiliados, en un contexto en que algo más del 85% de los trabajadores se rigen por convenios colectivos frente a menos del 20% de afiliación. Por ello, parece razonable que no repercutan todos los costes de su gestión en los ERE sobre los no afiliados. Hay que tener en cuenta que reciben fondos públicos, por ejemplo para gestionar actividades de formación de los parados, y que está primada su representación en la negociación colectiva y en muchas otras instituciones, como las cajas de ahorros o los consejos económicos y sociales nacional y autonómicos. En este sentido, sería deseable que hubiera un mayor grado de transparencia sobre las fuentes de ingresos sindicales.
(*) La cifra de 16 m. de euros se obtiene de la siguiente operación: 4.000 trabajadores x [150 + 0.05 x (25/365) x 28 x 40.000 euros].
Publicado en El Confidencial (22/06/2011)
Las circunstancias que rodean en España a los despidos colectivos, conocidos como expedientes de regulación de empleo (ERE), plantean serias dudas sobre la eficiencia de los incentivos que rigen las actuaciones de empresas y sindicatos.
Los despidos colectivos tienen una regulación especial si: (a) en un mes, la empresa despide al menos al 10% de sus empleados o al menos a 30 trabajadores si tiene más de 300, o (b) en tres meses, despide al menos a 20 trabajadores. La regulación europea exige que la empresa realice consultas con los representantes de los trabajadores, exigencia que en nuestro país se amplía a solicitar autorización a la autoridad laboral de la comunidad autónoma o estatal, lo que obliga a la empresa a acordar el despido y, por tanto, a pagar mayores indemnizaciones.
Vayamos al primer problema de incentivos. En España, además de que cualquier afectado por un ERE percibe prestaciones por desempleo durante 2 años (si ha contribuido durante 6 años) y de que la indemnización está exenta de IRPF, los trabajadores mayores de 52 años que cumplan todos los requisitos para acceder a la pensión contributiva de jubilación salvo la edad, tienen derecho a cobrar el subsidio por desempleo (426 euros mensuales) hasta alcanzar dicha edad. Se trata de sostener la renta de las personas en ese grupo de edades, cuya probabilidad de encontrar otro empleo es baja.
No obstante, el derecho a cobrar el subsidio seguramente lleva a las empresas a despedir a más trabajadores de lo necesario, puesto que el Estado sufraga una parte significativa de los costes. En ocasiones la empresa paga un suplemento al trabajador hasta casi completar su salario anterior, lo que conlleva una pérdida social neta. En el caso del ERE de Telefónica anunciado en abril, el escándalo público por sus actuales elevados beneficios ha llevado al Gobierno a suprimir el incentivo y obligar a la compañía a abonar las prestaciones y subsidios por desempleo que cobren los despedidos hasta su jubilación. No obstante, se trata de un caso especial que, por ejemplo, no se ha dado en el ERE (4.000 trabajadores) del SIP liderado por Caja Madrid y Bancaja o en otras cajas de ahorros.
Costes sociales
Este subsidio sesga además la decisión hacia el despido de los trabajadores mayores de 52 años, cuya temprana retirada del mercado laboral supone un coste social enorme. En este caso, probablemente resultase socialmente mucho más rentable dedicar más recursos a reciclar, vía formación, a esos trabajadores (posiblemente a cambio de una revisión salarial a la baja) y/o incluso elevar las subvenciones existentes a su contratación, antes que prescindir de colectivos con gran experiencia acumulada, además de pagarles prestaciones durante periodos que pueden llegar hasta los 13 años.
Otro asunto llamativo y menos conocido es el recogido en la noticia aparecida en septiembre pasado en Expansión, que dice textualmente:
Los empleados de las empresas afectadas por un ERE pagan por los servicios de asesoría jurídica del sindicato una cantidad fija que oscila entre los 100 y los 400 euros. Además, la organización sindical tiene un ingreso extra: cobra a cada uno de estos trabajadores entre un 10% y un 15% de la cantidad que obtiene como indemnización por encima de los veinte días por año trabajado. (…) Así, desde que comenzó la crisis, los sindicatos se han embolsado –sólo por la parte fija del pago– alrededor de 240 millones de euros (unos 80 millones anuales). (…) ¿Saben los trabajadores afectados por un ERE que una parte de su indemnización va a parar a los sindicatos? Los abogados laboralistas consultados coincidieron en responder que generalmente esto se desconoce. “Teóricamente, cada trabajador debería firmar una hoja de encargo para solicitar los servicios jurídicos del sindicato en cuestión, pero esto en la práctica nunca ocurre”.
En efecto, parece que muchos trabajadores afectados por ERE desconocen que el sindicato les cobrará una comisión. Cuando se enteran no se muestran muy conformes y los tribunales les están dando la razón. Ya hay sentencias de los Tribunales Superiores de Justicia de la Comunidad Valenciana (25/4/2008, comisión del 6% para los trabajadores no afiliados y del 4% para los de afiliación reciente), Cataluña (4/5/2008) y Murcia (5/10/2009, 5% para los no afiliados y 3.5% para los de nueva afiliación) en que se ha condenado a los demandados a devolver las cantidades deducidas a los trabajadores. Así que un primer requisito de eficiencia sería proporcionar mucha más información a los trabajadores afectados sobre este particular. Por cierto, en estos casos la comisión es más baja que la citada en la noticia.
Es comprensible que el sindicato sea remunerado por la asesoría legal que proporciona a los trabajadores no afiliados, pero el sistema actual no es óptimo. Por una parte, al percibir una comisión proporcional a la indemnización, el sindicato tiene incentivos para elevarla al máximo. A modo de ejemplo, suponiendo que los sindicatos percibiesen 150 euros de comisión fija por trabajador y un 5% de los 25 días de salario por año de servicio (45 días – los 20 días del despido por causas económicas), los sindicatos que firmaron el ERE de los 4.000 trabajadores del SIP antes mencionado (bajo el supuesto de un salario medio de 40.000 euros y 28 años de antigüedad) habrían percibido casi 16 m. de euros (*) y, en caso de firmar el ERE de Telefónica, unos 26 m. de euros.
La cifra real quizás sea más baja pero, en cualquier caso, incentiva claramente el aumento de la indemnización muy por encima de la correspondiente a las causas económicas. Ello beneficia en principio al trabajador, pero perjudica mucho a la empresa, que acaba pagando indemnizaciones muy parecidas a las del despido improcedente (45 días de salario por año de servicio con un máximo de 42 mensualidades, ver esta entrada). El mayor coste del despido reduce la propensión a contratar e incentiva el uso masivo de contratos temporales encadenados, factor determinante de la altísima variabilidad del empleo en nuestro país (casi el doble que en EEUU).
Conflicto de intereses
Por otra parte, hay un claro conflicto de intereses. Si los sindicatos perciben una comisión por trabajador despedido, entonces tienen menos incentivos a reducir el número de afectados. Quizá este conflicto explique lo ocurrido en el citado ERE de Telefónica. La empresa propuso inicialmente despedir a 6.400 trabajadores, pero luego aceptó “la propuesta de los sindicatos mayoritarios de vincular la duración del ERE con la del convenio” y, como resultado, el número de despidos aumentó hasta los 8.500 (un 33% más). Tras imponer el Gobierno que la empresa pagara las prestaciones y subsidios, Telefónica volvió a la inferior cifra inicial de despidos. Todo ello muestra que podría tener sentido que la tarifa tuviera una parte fija que cubriera en promedio anual la mayor parte de los costes de asesoría jurídica en que incurre el sindicato globalmente (no en una empresa) y se eliminara la parte proporcional.
Un punto final se refiere al nivel de la comisión. Los sindicatos se deben a sus afiliados pero son una institución pública que también debe representar los intereses de los no afiliados, en un contexto en que algo más del 85% de los trabajadores se rigen por convenios colectivos frente a menos del 20% de afiliación. Por ello, parece razonable que no repercutan todos los costes de su gestión en los ERE sobre los no afiliados. Hay que tener en cuenta que reciben fondos públicos, por ejemplo para gestionar actividades de formación de los parados, y que está primada su representación en la negociación colectiva y en muchas otras instituciones, como las cajas de ahorros o los consejos económicos y sociales nacional y autonómicos. En este sentido, sería deseable que hubiera un mayor grado de transparencia sobre las fuentes de ingresos sindicales.
(*) La cifra de 16 m. de euros se obtiene de la siguiente operación: 4.000 trabajadores x [150 + 0.05 x (25/365) x 28 x 40.000 euros].
miércoles, 22 de junio de 2011
La economía de la infelicidad
Por Borja Vilaseca, director del master en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Universidad de Barcelona
Publicado en El País (08/05/2011)
La economía no es algo ajeno a nosotros. Los seres humanos formamos parte de ella del mismo modo que los peces forman parte del océano. Tanto es así, que podría describirse como el tablero de juego sobre el que hemos edificado nuestra existencia, y en el que a través del dinero se relacionan e interactúan tres jugadores principales: el sistema monetario, las organizaciones y los seres humanos. Cabe decir que esta partida está regulada por leyes diseñadas por los Estados. Sin embargo, por encima de su influencia, el poder real reside en los ciudadanos: con nuestra manera de ganar dinero (trabajo) y de gastarlo (consumo) moldeamos día a día la forma que toma el sistema.
Más allá de cubrir nuestras necesidades, a lo largo de las últimas décadas nos hemos convencido de que debemos tener deseos y aspiraciones materiales de cuya satisfacción dependa nuestra felicidad. Y no es para menos. En 2010, la inversión publicitaria en España superó los 12.880 millones de euros, según la agencia Infoadex. Así, las empresas se gastaron 280 euros por ciudadano con el objetivo de persuadirnos para comprar sus productos y servicios. Cabe decir que esta inversión multimillonaria promueve unas determinadas creencias, valores y prioridades en nuestro paradigma. Es decir, en nuestra manera de comprender y de vivir la vida. Prueba de ello es el triunfo del hiperconsumismo.
Además, mientras seguimos asfaltando y urbanizando la naturaleza, conviene recordar que la economía creada por la especie humana es un subsistema que está dentro de un sistema mayor: el planeta Tierra, cuya superficie física y recursos naturales son limitados y finitos. De hecho, creer que el crecimiento económico va a resolver nuestros problemas existenciales es como pensar que podemos atravesar un muro de hormigón al volante de un coche pisando a fondo el acelerador.
Sin embargo, hoy en día es común escuchar a políticos, economistas y empresarios afirmar que "el sistema capitalista es el menos malo" de todos los que han existido a lo largo de la historia. Y que "afortunadamente" ya empiezan a verse señales de "recuperación económica". Es decir, que la idea general es seguir creciendo y expandiendo la economía tal y como lo hemos venido haciendo. Es decir, sin tener en cuenta los costes humanos y medioambientales. De lo que se trata es de "superar cuanto antes" el bache provocado por la crisis financiera.
Ante este tipo de declaraciones podemos concluir que como sociedad no estamos aprendiendo nada de lo que esta crisis ha venido a enseñarnos. De ahí que sigamos mirando hacia otro lado, obviando la auténtica raíz del problema. No nos referimos a la guerra, a la pobreza o al hambre que padecen millones de seres humanos en todo el mundo. Ni a la voracidad con la que estamos consumiendo los recursos naturales del planeta. Tampoco estamos hablando del abuso y de la dependencia de los combustibles fósiles -petróleo, carbón y gas natural-, que tanto contaminan la naturaleza. Ni siquiera del calentamiento global. Estos solo son algunos síntomas que ponen de manifiesto el verdadero conflicto de fondo: nuestra propia infelicidad.
Cegados por nuestro afán materialista llevamos una existencia de segunda mano. Parece como si nos hubiéramos olvidado de que estamos vivos y de que la vida es un regalo. Prueba de ello es que el vacío existencial se ha convertido en la enfermedad contemporánea más común. Tanto es así, que lo normal es reconocer que nuestra vida carece de propósito y sentido. Y también que muchos confundan la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción y la euforia que proporcionan el consumo de bienes materiales y el entretenimiento.
La paradoja es que el crecimiento económico que mantiene con vida al sistema se sustenta sobre la insatisfacción crónica de la sociedad. Y la ironía es que cuanto más crece el consumo de antidepresivos como el Prozac o el Tranquimazín, más aumenta la cifra del producto interior bruto. De ahí que no sea descabellado afirmar que el malestar humano promueve bienestar económico.
Frente a este panorama, la pregunta aparece por sí sola: ¿hasta cuándo vamos a posponer lo inevitable? Es hora de mirarnos en el espejo y cuestionar las creencias con las que hemos creado nuestro falso concepto de identidad y sobre las que estamos creando un estilo de vida puramente materialista. Si bien el dinero nos permite llevar una existencia más cómoda y segura, la verdadera felicidad no depende de lo que tenemos y conseguimos, sino de lo que somos. Para empezar a construir una economía que sea cómplice de nuestra felicidad, cada uno de nosotros ha de asumir la responsabilidad de crear valor a través de nuestros valores. Y este aprendizaje pasa por encontrar lo que solemos buscar desesperadamente fuera en el último lugar al que nos han dicho que debemos mirar: dentro de nosotros mismos.
Publicado en El País (08/05/2011)
La economía no es algo ajeno a nosotros. Los seres humanos formamos parte de ella del mismo modo que los peces forman parte del océano. Tanto es así, que podría describirse como el tablero de juego sobre el que hemos edificado nuestra existencia, y en el que a través del dinero se relacionan e interactúan tres jugadores principales: el sistema monetario, las organizaciones y los seres humanos. Cabe decir que esta partida está regulada por leyes diseñadas por los Estados. Sin embargo, por encima de su influencia, el poder real reside en los ciudadanos: con nuestra manera de ganar dinero (trabajo) y de gastarlo (consumo) moldeamos día a día la forma que toma el sistema.
Más allá de cubrir nuestras necesidades, a lo largo de las últimas décadas nos hemos convencido de que debemos tener deseos y aspiraciones materiales de cuya satisfacción dependa nuestra felicidad. Y no es para menos. En 2010, la inversión publicitaria en España superó los 12.880 millones de euros, según la agencia Infoadex. Así, las empresas se gastaron 280 euros por ciudadano con el objetivo de persuadirnos para comprar sus productos y servicios. Cabe decir que esta inversión multimillonaria promueve unas determinadas creencias, valores y prioridades en nuestro paradigma. Es decir, en nuestra manera de comprender y de vivir la vida. Prueba de ello es el triunfo del hiperconsumismo.
Además, mientras seguimos asfaltando y urbanizando la naturaleza, conviene recordar que la economía creada por la especie humana es un subsistema que está dentro de un sistema mayor: el planeta Tierra, cuya superficie física y recursos naturales son limitados y finitos. De hecho, creer que el crecimiento económico va a resolver nuestros problemas existenciales es como pensar que podemos atravesar un muro de hormigón al volante de un coche pisando a fondo el acelerador.
Sin embargo, hoy en día es común escuchar a políticos, economistas y empresarios afirmar que "el sistema capitalista es el menos malo" de todos los que han existido a lo largo de la historia. Y que "afortunadamente" ya empiezan a verse señales de "recuperación económica". Es decir, que la idea general es seguir creciendo y expandiendo la economía tal y como lo hemos venido haciendo. Es decir, sin tener en cuenta los costes humanos y medioambientales. De lo que se trata es de "superar cuanto antes" el bache provocado por la crisis financiera.
Ante este tipo de declaraciones podemos concluir que como sociedad no estamos aprendiendo nada de lo que esta crisis ha venido a enseñarnos. De ahí que sigamos mirando hacia otro lado, obviando la auténtica raíz del problema. No nos referimos a la guerra, a la pobreza o al hambre que padecen millones de seres humanos en todo el mundo. Ni a la voracidad con la que estamos consumiendo los recursos naturales del planeta. Tampoco estamos hablando del abuso y de la dependencia de los combustibles fósiles -petróleo, carbón y gas natural-, que tanto contaminan la naturaleza. Ni siquiera del calentamiento global. Estos solo son algunos síntomas que ponen de manifiesto el verdadero conflicto de fondo: nuestra propia infelicidad.
Cegados por nuestro afán materialista llevamos una existencia de segunda mano. Parece como si nos hubiéramos olvidado de que estamos vivos y de que la vida es un regalo. Prueba de ello es que el vacío existencial se ha convertido en la enfermedad contemporánea más común. Tanto es así, que lo normal es reconocer que nuestra vida carece de propósito y sentido. Y también que muchos confundan la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción y la euforia que proporcionan el consumo de bienes materiales y el entretenimiento.
La paradoja es que el crecimiento económico que mantiene con vida al sistema se sustenta sobre la insatisfacción crónica de la sociedad. Y la ironía es que cuanto más crece el consumo de antidepresivos como el Prozac o el Tranquimazín, más aumenta la cifra del producto interior bruto. De ahí que no sea descabellado afirmar que el malestar humano promueve bienestar económico.
Frente a este panorama, la pregunta aparece por sí sola: ¿hasta cuándo vamos a posponer lo inevitable? Es hora de mirarnos en el espejo y cuestionar las creencias con las que hemos creado nuestro falso concepto de identidad y sobre las que estamos creando un estilo de vida puramente materialista. Si bien el dinero nos permite llevar una existencia más cómoda y segura, la verdadera felicidad no depende de lo que tenemos y conseguimos, sino de lo que somos. Para empezar a construir una economía que sea cómplice de nuestra felicidad, cada uno de nosotros ha de asumir la responsabilidad de crear valor a través de nuestros valores. Y este aprendizaje pasa por encontrar lo que solemos buscar desesperadamente fuera en el último lugar al que nos han dicho que debemos mirar: dentro de nosotros mismos.
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