Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

martes, 8 de febrero de 2011

Comparecencia

Por Enrique Gil Calvo

Publicado en El País (07/02/2011)

A pesar del mazazo de las cifras del paro, la semana pasada ha estado marcada por dos excelentes noticias que parecen garantizar la progresiva estabilización de la economía española. La primera fue que la prima de riesgo de nuestra deuda soberana ha vuelto a descender por debajo de los 200 puntos, descartando sine díe la temida bancarrota española. Lo cual significa que los mercados financieros internacionales han convalidado la capitalización de las cajas de ahorro insolventes decidida por nuestras autoridades, que así atajan definitivamente la raíz del cáncer que ha venido diezmando a nuestra economía.
Y la otra gran noticia, todavía más importante, ha sido la firma del acuerdo al que han llegado Gobierno, patronal y sindicatos en torno a la reforma del sistema de pensiones, que garantiza la sostenibilidad futura de nuestra Seguridad Social: la base misma del Estado de bienestar. Enhorabuena al ministro de Trabajo, que ha sabido conducir con éxito unas negociaciones en las que estaba en juego nuestro futuro. Enhorabuena también al presidente Zapatero, que ha sabido mantenerse firme contra el viento de la impopularidad alcanzando así un compromiso que jamás habría podido lograr su rival Rajoy. Y enhorabuena a los sindicatos, que han sabido renunciar a sus reflejos condicionados anteponiendo la defensa del interés general en detrimento del interés inmediato de las bases a las que representan.
Así, bien puede decirse que hoy los sindicatos han salvado a España igual que en mayo pasado, cuando hubo que aprobar el plan de ajuste fiscal, quienes la salvaron fueron los nacionalistas, en ambos casos contra la renuencia pasiva de los españolistas de Rajoy. Y es que nuestro país no parece tener fácil remedio, pues mientras los interlocutores sociales negociaban el saneamiento de la economía española, nuestra clase política seguía en el patio del colegio encerrada con su único juguete de la crispación: la derecha reabriendo una vez más el caso Faisán, a la espera de ajustar cuentas con aquel a quien responsabilizan de su derrota el 14-M; y la izquierda deshojando la margarita de si Zapatero se presentará o no se presentará a la reelección.
Pero ya que estamos en ello, este parece un buen momento, tras la feliz firma del ASE (Acuerdo Social y Económico), para plantear la cuestión de si Zapatero debe comparecer o no ante las urnas. Es verdad que la polémica tiene mucho de truco mediático (storytelling) para marcar la agenda creando expectación y suspense. Pero también puede plantearse como un debate de ideas, y es lo que me propongo hacer aquí, sosteniendo la tesis de que Zapatero debe comparecer ante las urnas. Y lo afirmo así porque creo que hay dos razones a favor de su comparecencia frente a solo una en contra, que además es dudosa.
La primera razón a favor es por pura coherencia retórica. En efecto, el discurso (framing o encuadre) utilizado por Zapatero para justificar su giro estratégico hacia el ajuste duro, robándole su programa a la derecha, fue sostener que lo hacía por puro sacrificio personal, como una forma de inmolarse ("me cueste lo que me cueste") en bien del pueblo español. De ahí mi tesis del suicidio político como pasión redentora. Pero para que ese relato resulte verosímil debe culminar con una verdadera crucifixión, y eso exige que Zapatero comparezca ante las urnas sin apartar el cáliz de su público enjuiciamiento por el mismo pueblo que lo eligió.
La segunda razón a favor de su comparecencia es más sólida. Me refiero a que Zapatero está obligado por la ética política a rendir cuentas ante sus electores, que han de juzgarle retrospectivamente por el ejercicio que hizo durante su mandato del poder que se le confió. Y este deber de rendir cuentas es tanto más obligado si tenemos en cuenta que Zapatero ha traicionado el programa de defensa de los derechos sociales con el que se presentó ante las urnas. No hacerlo así, eludiendo comparecer para rehuir su posible castigo electoral, equivaldría a caer en la misma deserción en que incurrió Aznar, que tampoco compareció ante las urnas para eludir su castigo por la guerra de Irak.
Frente a estas dos razones que exigen su comparecencia, la única que la desaconseja es el mero oportunismo electoral: se dice que si Zapatero comparece la derrota será mucho peor todavía que con cualquier otro candidato alternativo. Pero aparte de que esta razón suena demasiado cínica (pues el fin nunca justifica los medios), también podría revelarse como falaz a la postre. Tras el gesto de autoridad demostrado al sacar adelante su programa de reformas impopulares, Zapatero parece no sólo el candidato más apropiado sino el único capacitado para refrendarlas en las urnas. Otra cosa sería cobardía.

lunes, 7 de febrero de 2011

Una foto que vale 1500 millones de euros

Por Roberto Centeno

Publicado en Cotizalia (07/02/2011)

Me preguntan muchas veces cuándo vamos a salir de la crisis, pensando lógicamente que no se puede seguir cayendo indefinidamente. Y realmente eso es cierto, pero no sucederá sin que antes se adopten al menos dos medidas esenciales, medidas que no consisten en la famosa reforma laboral, que como era obvio y ha quedado demostrado por los hechos, no arregla nada en estas circunstancias. Y menos aún, empobreciendo a la población sin tomar medida significativa alguna de reducción del despilfarro público. Recortar pensiones y salarios puede ser necesario, pero jamás de los jamases antes de acabar con el descontrol absoluto en el empleo público y el despilfarro masivo en los temas más peregrinos, algo que no tiene precedentes ni en la historia de España ni en la de Europa, y que representa casi 10 puntos de PIB. En este sentido, resulta pasmoso que el Sr.González Páramo, del Comité Ejecutivo del BCE, afirme que la recuperación de España pasa por la reforma de la negociación colectiva, y ni siquiera mencione el desmadre absoluto del gasto no centralizado. ¿Es que alguien puede ser tan irresponsable para afirmar que con desvincular salarios e IPC todo está arreglado?

Por supuesto que la desvinculación es necesaria, pero la primera medida a tomar, sin la cual todo lo demás no sirve absolutamente para nada, es la reducción drástica e inmediata del gasto de CCAA y Ayuntamientos, que representa ya el 71% del gasto público total. Y no estoy hablando de los cuatro retoques que barajan Gobierno y oposición, estoy hablando de reducir el gasto de verdad, en concreto, de reducir los 270.000 millones de euros año de gasto no centralizado a 170.000 en cuatro años, algo no solo posible, sino absolutamente imprescindible. Y sin embargo, Zapatero, con el aplauso de no pocos, ha concentrado todas sus medidas en generar una intensa deflación interna con el empobrecimiento del 80% de la población -la renta disponible de las familias ha caído casi un 6% en 2010 en términos reales, el mayor desplome desde que existen series estadísticas, y este año caerá más aún–, lo que reduce el PIB, crea más paro, eleva la tensión social y aleja la recuperación. Solo suprimiendo coches oficiales, asesores inútiles, embajadas ridículas y televisiones locales, se habría ahorrado más que con la brutal reducción de las pensiones.

La segunda, que los agentes sociales recuperen la responsabilidad y la representatividad de la que carecen, pues son incapaces de plantear nada excepto vaguedades económicas que producen vergüenza y sonrojo, aparte que ya no representan ni al 10% de los que dicen representar y, lo que es peor, son ya incapaces de reunir la tercera parte de gente que la VCT el pasado sábado sin dinero y sin estructura, en su manifestación con motivo de la “huelga general”. Cuando el Sr.Rosell, el Sr.Méndez y el Sr.Toxo salgan juntos en una rueda de prensa y afirmen que, al igual que sus “colegas” alemanes, renuncian a cualquier tipo de subvención o prebenda multimillonaria, y que van a financiarse solo de las cuotas de sus afiliados, entonces, y solo entonces, España empezará a ver la luz al final del túnel. Mientras los Sres. Rosell, Méndez y Toxo firmen un documento que es un insulto a la inteligencia en lo económico y carga el grueso del ajuste sobre las familias de menor renta, a cambio de lo cual recibirán 1.500 millones de euros anuales, estaremos más cerca de un estallido social que de la salida de la crisis

El inaceptable comportamiento de los agentes sociales

Cuando solo en enero se destruyeron 223.000 puestos de trabajo, y el futuro no pinta mejor sino peor, es indignante, es inmoral, pagar 1.500 millones de euros anuales por una foto que certifica el envío directamente a la miseria de más de 4 millones de jubilados. El 20% es el porcentaje estimado que se llevarán por la gestión en exclusiva por UGT, CCOO y CEOE de las políticas activas de empleo, dotadas este año con 7.500 millones de euros. Cantidad que se añade a los más de 500 millones cobrados a los 271.000 trabajadores afectados por un ERE en 2010, un 8% de la compensación recibida, exclusiva también de UGT y CCOO; sin incluir la parte que puedan haber o no haber cobrado de las empresas por “agilizar” el proceso. Que se suma a los más de 400 millones recibidos de las CCAA por convenios de colaboración en gestión de empleo, y que ese suma a su vez a dádivas de varias decenas de millones de presidentes autonómicos, Montilla y Griñán por ejemplo, que han dejado tal esquilmadas a sus CCAA y que ya no tienen dinero ni para pagar las nóminas, pero que no han tenido problemas en entregar entre 30 y 35 millones de euros cada uno a UGT y CCOO también en exclusiva.

Y si entramos en algunos de los comentarios de los representantes cualificados de estas organizaciones, ante las peticiones de Angela Merkel, como el que los incrementos de los salarios se liguen a la productividad, pasamos del asombro al estupor: el vicepresidente primero de la CEOE, Arturo Fernández, niega la mayor “porque la productividad es un tema más alemán que español”. ¡Vaya planteamiento para el número dos de la patronal! Y sus dos colegas Méndez y Toxo lo consideran inaceptable, porque “se perdería poder adquisitivo para los trabajadores”, olvidándose que un 50% de ellos ya ni siquiera es mileurista, es 900 eurista, y cuyo poder adquisitivo -de más de 7 millones de ocupados en el sector privado- no lo defiende ni el tato.

Y ya como si de los Asterix y Obelix del sindicalismo español se tratara, cuando Michael Sommer, presidente de la poderosa confederación de sindicatos alemanes, insistió una y otra vez en la necesidad de los sindicatos de independizarse del poder político, financiándose exclusivamente con sus cuotas, y en que los sindicatos para ser representativos de verdad no pueden estar subsidiados por el poder, Toxo y Méndez no dijeron ni pío, se limitaron a poner cara de circunstancias pensando sin duda: “Estos germanos están majaretas”.

“Ella (Merkel) tiene cogido a Zapatero por el hocico”

Uno de los momentos más tensos de la rueda de prensa posterior a la reunión de Zapatero con la Sra.Merkel el jueves fue cuando una periodista, a la vista de los elogios sobre que “España hace los deberes”, preguntó directamente a la canciller si creía que España ya no necesitaría ser rescatada, algo a lo que la Sra.Merkel no contestó, mientras Zapatero tragaba saliva. Requerida de nuevo, respondió que no iba a contestar a esa pregunta, entre otras razones, supongo, porque España si será rescatada. Razón por la cual The Economist afirmaba que “ella –Merkel- tiene cogido a Zapatero por el hocico” y le ha obligado a decir amén a todo como un corderito para que Alemania financie el rescate de España a partir de marzo mediante la compra de deuda soberana. El viernes en Bruselas Zapatero escenificaría su rendición incondicional, desde vincular los salarios a la productividad y no a la inflación, hasta controlar por ley el déficit público, lo que está muy bien. Y aunque sus ministros lo nieguen, van a tener muy crudo engañar a la “fracasada”. Y el Fondo de Rescate nos es imprescindible.

Y nos es imprescindible porque estos insensatos que nos gobiernan nos han llevado al borde del abismo y más allá. La Sra.Salgado presentó hace unos días las cifras del déficit del Estado, según las cuales éste se había reducido al 5,1% del PIB, cifra falsa que no tiene nada que ver con la realidad. Primero, porque el cambio de la sistemática de devolución del IVA hace que a fin de año Hacienda adeude 7.000 millones de euros por este concepto. Segundo, porque Hacienda adeuda 5.400 millones de euros a la Seguridad Social del ejercicio 2010. Tercero, porque la deuda con proveedores, que asciende a más de 40.000 millones de euros para el conjunto de las AAPP, se incrementó para el Estado en cerca de 3.000 millones adicionales, y que obviamente son déficit de 2010. Y cuarto y último, porque las entregas a cuenta a CCAA por participación en impuestos más las transferencias a los Ayuntamientos se redujeron en 16.000 millones de euros respecto a 2009. Por tanto, en términos homogéneos respecto a 2009, el déficit del Estado no ha sido del 5,1%, sino 31.400 millones más, o el 8,1% del PIB. Y por si fuera poco, el gasto del Estado a noviembre era casi igual al del año anterior, 162.000 millones frente a 163.000 en 2.009, un recorte irrisorio. Esta broma no puede continuar por más tiempo.

Y para terminar, lo más grave de todo, el déficit de CCAA y Ayuntamientos, del que no tenemos ni idea. Solo conocemos el de Cataluña porque el Gobierno anterior ha perdido las elecciones, y los que vienen no quieren cargar con el muerto, cuyo déficit 2010 no era de 2.800 millones de euros como mintió descaradamente la Sra.Salgado en diciembre después de “un análisis serio y minucioso”, sino tres veces más, 7.800 millones, tanto, que a pesar de haberse endeudado en 3.000 millones en octubre solo tienen para pagar las nóminas hasta marzo. La situación se ve tan grave desde fuera que el Financial Times del 31/1 afirmaba que “el déficit de Cataluña amenaza con destruir los esfuerzos de España y de la eurozona para resolver la crisis de deuda soberana”. Y nada indica que la realidad en algunas otras autonomías y grandes ayuntamientos sea muy diferente, solo que de momento no han perdido las elecciones y pueden seguir escondiendo la realidad. Por cierto, ¿es que Zapatero cree que Merkel le va a dar el dinero para premiar a Cataluña con una financiación privilegiada? O engaña a Merkel, o engaña al Govern, o piensa expoliar al resto de regiones españolas. La solución los próximos meses.

viernes, 4 de febrero de 2011

Tres "Cronicas Bárbaras" sobre las Revoluciones Islamistas, por Manuel Molares do Val

(MOTINES ARABES - Editado en "Crónicas Bárbaras" de Periodista Digital el 31 de Enero de 2011)

La prensa occidental parece creer que los países árabes del norte de África y Oriente Medio están viviendo una Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura portuguesa en 1974, pero lo que puede salir de ahí es una red de repúblicas islamistas obsesionadas con reconquistar países infieles, empezando por Israel y siguiendo por España.
El clérigo iraní que pronunció el principal sermón de este viernes en Teherán, el poderoso ayatolá Seyyed Ahmad Jatami, advirtió que las revueltas están inspiradas en principios islámicos, tanto en Túnez, Egipto y Yemen, como en lugares últimamente apacibles, como Jordania. "Allahu Akbar, Alá es el más grande, arrojaremos a los infieles, impondremos el mensaje del Profeta a quienes rechazan a Alá”, amenazó el ayatolá, propulsor del poder nuclear iraní para destruir Israel y cumplir las apocalípticas profecías sobre la llegada del Mahdi Prometido que hará triunfar el islam.
Los medios occidentales tratan de demostrar que en las revueltas hay pocas fuerzas islamistas, olvidando que los Hermanos Musulmanes, una moderna secta de fanáticos salafistas sunitas, adquieren más presencia cada día. Obsérvese, además, que en las mayores manifestaciones sólo hay hombres. Si aparecen algunas mujeres llevan mayoritariamente hiyab y niqab, no van descubiertas, como irían de ser laicistas.
Las revueltas coinciden con la divulgación de las conversaciones del líder de la OLP-Fatah, Mahmud Abas, con Israel y EE.UU., lo que ha provocado revueltas también entre los palestinos de Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano. Los islamistas de Hamas y Hezbolá están rearmándose para destruir a los laicistas. Teherán ha anunciado, además, que doce de sus principales buques de guerra navegan hacia el Golfo de Adén, salida del Mar Rojo al Océano Índico, que toca las costas de nueve países, incluyendo Israel, con su importante puerto de Eilat.-----------
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(APOSTASIA ISLÁMICA Editado el 02 de Febrero de 2011)
Que no extrañe si las revoluciones populares en países musulmanes se convierten en absolutismos religiosos, además de agresivamente proselitistas.Sólo habrá democracia si se proclama el derecho a apostatar del islam y de difundir otras creencias, como la cristiana, u otras ideologías. Será la prueba de la libertad en tierras de una religión que controla al minuto la vida individual. Un culto coercitivo para la organización social, la comida, familia, las horas del rezo. Crea un control mental y físico tan exhaustivo y contemplativo que genera la pobreza secular de los lugares que domina.
La democracia no es así: es la forma de vida elegida por cada uno sin imposiciones divinas, sintetizada en los Derechos del Hombre y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DD.HH).La Declaración Islámica (DD.HI) elaborada por la Conferencia Islámica en El Cairo, 1990, al contrario, impone desde el punto (A) la obediencia a Alá y a sus leyes, la sharia. La libertad de pensamiento es un pilar de las democracias que se conquistó en Occidente tras siglos de opresión católica o protestante, Torquemada o Calvino, y tras numerosas guerras religiosas.
Las libertades nacen del liberalismo inglés –siglos XVII y XVIII-- y de las posteriores revoluciones Americana y Francesa. Los masones fueron el motor de la Ilustración, la democratización, la libertad y la definición de los DD.HH. Debe reconocérseles un papel histórico que no se detecta ahora, quizás porque son incapaces de influir en el mundo islámico.
Veremos qué libertades aparecen en Oriente Medio. No es para ser optimista: el Corán, los Hadizes, la Sharia y los DD.HI impedirán la apostasía y la libertad ideológica que crean riqueza y democracia.Ataturk impuso el laicismo en Turquía, pero casi un siglo después vuelven lentamente las leyes de Alá: a saber cuánto durará allí la democracia.-----
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(GUERRAS ISLÁMICAS Editado el 03 de Febrero de 2011 )
Al invadir Irak para derrocar a Saddam Hussein y crear una democracia que contagiara el próximo Oriente y el norte de África, Bush y Blair cometieron el error de levantar una inesperada caja de Pandora: las fuerzas autodestructivas que asolan el islam.
Carlos Hernández, uno de los periodistas que acompañaron al juez Santiago Pedraz a Bagdad como testigos en la investigación por de la muerte en 2003 del cámara de Telecinco José Couso, ha vuelto horrorizado: los iraquíes están matándose entre ellos enloquecidamente.Volvió la separación por sexos y se recuperan las actitudes religiosas más integristas, perseguidas por aquella dictadura que asesinaba a sus súbditos rebeldes, pero que amordazaba los salafismos y los odios seculares entre las tribus.
Hernández lo contó en El Mundo: “Aquí siguen muriendo cada día decenas de hombres, mujeres y niños. Los locos iraquíes se matan entre ellos. Se odian desde siempre, y como bestias salvajes que son (sic), se dedican a mutilar la vida de su vecino”.Lo que no explica es que esta violencia, más que tribal, es un enfrentamiento entre la secta sunita, mayoritaria en casi todos los países musulmanes, y la chiita, mayoritaria en Irak.
Tampoco dice que estas sectas llevan matándose desde poco después de la muerte de Mahoma por la legitimidad de su linaje. Aparte, dentro de las mismas doctrinas, los salafistas suelen matar a los menos fanáticos. Saddam Hussein y su dictadura habían impuesto un manto de terror entre todos, y mantenía así una paz relativa.
Las actuales revoluciones norteafricanas se dan en países mayoritariamente sunitas. Pero ahora, sin un fuerte poder dictatorial, veremos pronto que hará el renacimiento de los salafistas. Hernández no explicó estos conflictos religiosos, quizás para ser políticamente correcto: está feo mostrar las entrañas del mundo islámico.-----

Decidme cómo es un árbol, de Marcos Ana

EL RINCON DE LOS LIBROS RECOMENDADOS

Por Ignacio Moreno Aparicio

“DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL” Memoria de la prisión y la vida.
De MARCOS ANA. Prólogo de José Saramago.
Editorial Umbriel – Tabla Rasa y Fundación Teodulfo Lagunero.

Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo), nació en Alconada, una pequeña aldea de Salamanca, en 1920, en el seno de una familia pobre de jornaleros del campo. Su vida ha estado marcada por una pasión constante en defensa de los oprimidos y desheredados y una entrega absoluta a su ideal comunista. Desde su primera juventud, luchó del lado republicano durante la guerra civil española. Al terminar ésta, en 1939, fue detenido junto a millares de demócratas, y condenado a muerte. Permaneció encarcelado durante 23 años ininterrumpidos; toda su juventud y la mitad de su vida. En esa Universidad dolorosa escribió los poemas que traspasaron las cárceles y llevaron su nombre a través del mundo, contribuyendo a desencadenar una campaña de solidaridad en su favor. Fue uno de los primeros presos políticos españoles defendidos por Amnistía Internacional.
Al ser liberado, en 1961, Marcos Ana recorrió Europa y gran parte de América, siendo recibido en parlamentos, universidades y centenares de concentraciones populares, promoviendo y organizando la solidaridad con los presos políticos y sus familias y denunciando las prácticas fascistas que, por entonces, se realizaban en España.

Fundó y dirigió en París, hasta el final de la dictadura franquista, el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE ), que presidió Picasso. Apoyado por personalidades de la cultura y la política europeas, este Centro organizó la defensa de los derechos humanos, la acción por la Amnistía general y la ayuda moral y material a todas las victimas de la represión política.

Al fin Israel despierta

Por Lluis Bassests

Publicado en El País (03/02/2011)

Israel ha empezado a reaccionar. Al fin. "Un Egipto democrático no es una amenaza para la paz". Menos mal. Hasta ahora, de todo lo que había dicho el primer ministro Benjamín Netanyahu se desprendía lo contrario: que Israel se siente muy cómodo con su monopolio democrático en un océano de tiranías y prefiere mantener la exclusiva durante el mayor tiempo posible. No era una cuestión meramente retórica. Estaba claro, además, que nadie como un dictador para garantizar un buen tratado de paz, debidamente engrasado por contratos civiles, ayuda militar, colaboración policial y de espionaje, y naturalmente, negocios con que los que dar de comer a todos, de uno y otro lado.

Mubarak era el modelo de esta relación perfecta. Pero eso se ha terminado y no volverá nunca más. Quien quiera la paz, deberá ganársela con las sociedades civiles y firmarla con regímenes plurales y democráticos. De ahí la primera reacción absurda de Netanyahu a la revuelta tunecina, empeñado en cargarse de razón más que en atender a los hechos: era la demostración de que no se puede hacer la paz en un contexto geopolítico tan inestable. El segundo movimiento, cuando ya se tambaleaba el faraón, no fue mucho mejor: no os alegréis de la caída del tirano, porque será una revolución como la iraní. Ahora, ante el inevitable curso de los acontecimientos, no hay más remedio que dar un paso atrás para que no se identifique a Israel con los enemigos de la libertad y de la democracia.

No es distinto lo que le ha ocurrido a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que en una semana ha pasado de ensalzar la estabilidad a favorecer el cambio. Al vicepresidente Joe Biden que se negó a identificar a Hosni Mubarak como un dictador. O al presidente Obama, que ha tenido que salir en dos ocasiones a salvar la cara ante los árabes pero todavía no le ha dicho a Mubarak que se vaya, con la misma contundencia y resolución con que Reagan le dijo a Gorbachov que derribara el Muro de Berlín. Se entiende la prudencia: un gesto brusco dejaría a todos los otros socios, empezando por la monarquía saudí, al pie de los caballos. Pero la cautela excesiva consigue el efecto contrario ante las poblaciones civiles de unos países que identifican a sus tiranos con EE UU.

Esta revolución promete ser como la de 1989, pero geoestratégicamente del revés. De momento, las fichas van cayendo, una detrás de otra. Ni uno sólo de los gobiernos árabes ha podido sustraerse a la oleada del cambio. Con mayor o menor celeridad, todos los regímenes están moviéndose para aplacar el descontento, desde medidas sobre los precios de los productos básicos hasta cambios de gobierno, pasando por la rectificación de los habituales planes de sucesión familiar. Aunque el movimiento tectónico no ha hecho más que empezar, ya se puede dar por descontado que la arquitectura geopolítica del mundo árabe y más en concreto de Oriente Medio quedará hecha una ruina. Todos deberán repensar y reconstruir sus estrategias. Ahora se han quedado con las manos vacías.

Ninguna de las piezas que han sostenido la estabilidad de la región en los últimos 40 años, desde la guerra del Kipur en 1973, se mantiene ya en pie. Israel, sin la pieza clave que era el Egipto de Mubarak, centra toda su preocupación en mantener el tratado de paz firmado en Camp David en 1977. Un Egipto menos monolítico, con mayor peso del islamismo político de los hermanos musulmanes, e incluso con una fuerte sociedad civil, que simpatiza por instinto con la causa palestina, es todo lo contrario de la seguridad que significaba el régimen de Mubarak, con su estrecha colaboración en la vigilancia de la franja de Gaza, su control sobre el canal de Suez, su influencia sobre la Autoridad Palestina y el conjunto árabe y, sobre todo, la garantía de una frontera segura y en paz.

A pesar de la rectificación de última hora, Netanyahu sabe que un Egipto democrático, al estilo de Turquía, sería un vecino más inquietante para su actual visión estratégica. El Israel de las vallas de seguridad, de las colonias en Cisjordania y Jerusalén Este en expansión constante, de la franja de Gaza bajo bloqueo militar y de una Autoridad Palestina administrando bantustanes políticamente inviables es literalmente imposible en un contexto árabe de transición a la democracia. Puede que los actuales gobernantes israelíes tomen ahora conciencia de que han sido ellos, y no los palestinos, quienes no han dejado pasar ni una sola oportunidad de perder toda oportunidad (una frase célebre del ministro de exteriores israelí, Abba Eban, referida naturalmente a los que hasta ahora han sido el payaso de las bofetadas).

La revolución democrática árabe conduce indefectiblemente a que los palestinos exijan sus derechos civiles. Si no se les reconoce en un Estado palestino propio, habrá que hacerlo dentro de un único Estado donde los árabes en muy pocos años serán mayoría. Quizás para Israel ésta es la prórroga de la última oportunidad.

¿Como los Pactos de la Moncloa?

Por Felipe González, expresidente del Gobierno

Publicado en El País (03/02/2011)

Hace un par de años me hicieron una pregunta semejante. Entonces y ahora, creo que sigue faltando esa sensación de emergencia nacional, europea y global que tengo ante esta crisis, como parteaguas de la historia. Si esta sensación fuera compartida, los acuerdos que se acaban de firmar serían recibidos como parte de una necesidad ineludible para recuperar la posición de España en la nueva realidad global que afloró con fuerza la crisis y sus consecuencias. No son como los de La Moncloa, pero necesitamos estos acuerdos y algunos otros, tanto como aquellos, si no más.
Entonces nos jugábamos la supervivencia de la transición democrática, amenazada políticamente por la violencia del terror y por las tentaciones involucionistas. Los Pactos estabilizaron la economía y nos permitieron combatir la inflación desbocada, aunque quedara mucho para ver el inicio de la recuperación. Pero, sobre todo, lo que se instaló entre los protagonistas políticos, sociales y económicos, fue la necesidad del diálogo, la voluntad de acordar entre todos unas reglas de juego que se reflejaron más tarde en la primera Constitución, desde la de 1812, que nos permitió ordenar libre y pacíficamente la convivencia. Sus frutos trascendieron la frontera de lo económico y lo social.
Ahora, España tiene que cambiar, porque el mundo ha cambiado profundamente. De los cambios no depende la supervivencia de la democracia, aunque oigamos banalidades sobre la estructura del Estado Autonómico.
Pero, ahora, necesitamos respuestas a nuestra demografía, a nuestra pérdida de productividad y de competitividad para insertarnos en la economía global. Necesitamos mejorar nuestro capital humano para ser capaces de añadir valor. Necesitamos una política energética coherente. Necesitamos reformar y reestructurar nuestro sistema financiero. Necesitamos una justicia que funcione.
Y necesitamos que esas reformas tengan el apoyo decidido de grandes mayorías sociales. Por tanto, desde las pensiones a la negociación colectiva, pasando por la educación, la formación, una justicia eficiente y un sistema financiero reformado, España necesita consenso. Ya hemos perdido demasiado tiempo para enfrentar las reformas, ya no nos queda más. Así que bienvenidos los acuerdos, sin comparar con nada, sino con nuestras urgentes necesidades como país.

jueves, 3 de febrero de 2011

Caja de ahorros: un sacrificio estéril

Por Manuel Muela, economista.

Publicado en El Confidencial (03/02/2011)

Salvo que un rayo de lucidez lo remedie, parece que el sector de las cajas de ahorros será sacrificado como víctima propiciatoria para obtener, según se dice, la comprensión y la benevolencia de los mercados. Un señuelo más de los tantos y tantos que vienen circulando en España desde que nos dimos de bruces con una ruina que no solo no estaba en el guión sino que, contra toda racionalidad, se ha pretendido escamotear con los argumentos más variopintos, aprovechando la larga ola de analfabetismo que ha inundado el país. Y cuando esos señuelos dan muestras de agotamiento hay que buscar otros, para dar la impresión de que terminamos encontrando a los responsables de nuestras desgracias cual modernos chivos expiatorios. Nunca la autocrítica de autoridades y reguladores, también de algunos gestores, porque, al parecer, la sociedad ni la exige ni la merece, como corresponde a un pueblo sumiso que comulga con todas las ruedas de molino que le venden.

Así se explica que el economicídio de las cajas, como lo llama el sociólogo José Félix Tezanos, se esté produciendo en medio de la indiferencia y/o el aplauso general, como si de ello se fueran a obtener grandes beneficios para todos. Pocas voces se elevan ante lo que, a todas luces, es un despropósito o un insulto a la inteligencia. Los problemas del sistema crediticio, muchos y cuantiosos, no se arreglan con una catarata de normas que no da tiempo ni a ejecutar: el camino adecuado es reconocer la envergadura del problema, definir a los responsables de su origen y abrir caminos para su resolución sin poner en trance de colapso a entidades que representan la mitad del sistema crediticio de España. Quizá esta última sea la causa del maltrato de las que se les hace objeto. En todo caso, conviene advertir que toda esta locura, aparentemente purificadora, nos hundirá más en el descrédito y en la desmoralización.

El origen y fundamento de las cajas de ahorros vienen definidos por su carácter social y la dedicación al territorio en que se desenvuelven. Ambas cosas han configurado un tipo de negocio minorista, muy apegado a las personas y familias y a las pequeñas empresas: los préstamos hipotecarios y los créditos al consumo, por una parte, y las suscripciones de renta fija para la industrialización y mejora de las comunicaciones, por otra, fueron largo tiempo el eje de las políticas de activo de estas entidades, para contribuir en los últimos cuarenta y cinco años al bienestar económico de sus clientes y regiones.
El economicídio de las cajas, como lo llama el sociólogo José Félix Tezanos, se está produciendo en medio de la indiferencia y/o el aplauso general, como si de ello se fueran a obtener grandes beneficios para todos. Pocas voces se elevan ante lo que, a todas luces, es un despropósito o un insulto a la inteligencia
Para nadie es un secreto que la buena imagen de las cajas, y su crecimiento en cuota de mercado, ha sido la consecuencia lógica de haber cumplido con su objeto social, sin poner en riesgo el ahorro popular que, pocas décadas atrás, casi administraban en exclusiva. Naturalmente ha habido accidentes en el camino, pero modestos en comparación con otras situaciones.

Esos modos de funcionamiento venían obligados por el intervencionismo que dominó el sector hasta finales de los años 70 del siglo pasado, y que ha dejado su impronta, a pesar del marco de liberalización de la época posterior. Como era previsible y hasta aconsejable, las cajas siguieron atendiendo a los sectores tradicionales de los años de los coeficientes obligatorios, porque era el negocio que conocían y porque era también su mayor garantía de crecimiento y rentabilidad con un nivel prudente de riesgo.

Los cambios posteriores en los órganos de gobierno de las cajas de ahorros, que suponen una importante presencia de representaciones públicas, léase políticas, en los mismos, y la atribución a las Comunidades Autónomas del protectorado que históricamente ejercía el Gobierno Central, crearon un marco muy tentador para los poderes regionales, que necesitaban con bastante frecuencia el concurso de entidades financieras para atender a sectores o empresas, cuyo mantenimiento era difícil.

Si a la circunstancia anterior unimos el fenómeno de la liberalización operativa de que han dispuesto las instituciones de ahorros nos encontramos con que algunos de sus administradores, poco profesionales, han impulsado políticas inversoras arriesgadas, poco compatibles con su naturaleza y objeto, dejándose llevar y acariciar por la gran burbuja de la economía española, fabricada desde nuestra incorporación a la UE. La participación activa de las cajas, también de la banca, en el boom inmobiliario nadie la pone en duda, aunque el grado de participación no ha sido igual en todos los casos.

Es verdad que, como consecuencia de esos excesos, tenemos el problema de que nuestro sistema crediticio, en su conjunto, tiene un déficit de recursos propios o de capital, todavía poco definido, que, probablemente, requiere una nacionalización parcial o total de algunas entidades, por la falta de recursos privados. Hasta ahí estaríamos, con retraso, en lo que ha sucedido en otros países. Donde empieza lo insólito es que se utilice el problema para proscribir a la mitad del sistema crediticio español, las cajas de ahorros, con el argumento de que su naturaleza no es entendida, se supone que por los mismos inversores que, durante los años dorados, les han prestado a mansalva sin tener esas dudas que ahora manifiestan. Excusas al fin, para no corregir lo que ha funcionado mal y restituir a las cajas al segmento de banca minorista que nunca debieron abandonar, volviendo a depender única y exclusivamente del Ministerio de Economía y Hacienda y supervisadas regularmente por el Banco de España.

Por paradojas de la historia tenemos ante nosotros una película que inicia un ministro socialista, Largo Caballero, aprobando el Estatuto del Ahorro de 1932, que puso las bases protectoras del sector de cajas de ahorros, que ahora, con un gobierno socialista, puede desaparecer de la faz de España dando lugar a lo que el profesor Anton Costas acaba de definir como el mayor desmán financiero de nuestra historia.

miércoles, 2 de febrero de 2011

On the road again

A petición de algún lector...

El regreso de la concertación

Por Javier Pradera

Publicado en El País (02/02/2011)

El Gobierno, los sindicatos mayoritarios y la CEOE firmarán hoy con toda probabilidad un acuerdo dividido en apartados yuxtapuestos que incluyen la reforma de las pensiones cerrada la pasada semana (base del anteproyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros el viernes), una declaración de intenciones sobre negociación colectiva (para dar preferencia a los convenios de empresa sobre los convenios de sector) y medidas de política activa de empleo (dirigidas a promover la contratación de 100.000 jóvenes). Los interlocutores prosiguieron ayer las conversaciones con el propósito de incorporar al documento sus posiciones comunes sobre directrices orientadoras de las políticas industrial y energética.

En el discurso de clausura de la Convención Autonómica del PSOE, el presidente Zapatero anunció el domingo que este acuerdo es el símbolo del reverdecimiento de la tradición socialdemócrata de concertación social temporalmente eclipsada por culpa de la crisis económica. Se diría que los tres interlocutores han reflexionado sobre las consecuencias negativas -tanto para el interés general como para sus intereses particulares institucionales- del fracaso de las tentativas anteriores emprendidas para alcanzar entendimientos de carácter social y económico. La huelga general de septiembre contra la reforma laboral había dejado un regusto amargo tanto al Gobierno como a los sindicatos. Y la CEOE seguramente tuvo que aguardar al cese de su anterior presidente -perseguido por el Cobrador del Frac- para salir de su pasividad ensimismada.

La euforia por el entendimiento alcanzado ha llevado al presidente del Gobierno a dibujar incluso un paralelismo retórico con los Pactos de la Moncloa, comparación histórica que no resiste un análisis serio. Los verdaderos protagonistas de los acuerdos del otoño de 1977 fueron los partidos políticos, recién salidos de las primeras elecciones; los sindicatos y la patronal, todavía en pleno proceso de organización, tuvieron una participación en buena medida simbólica. Los Pactos de la Moncloa no se entienden sin el contexto de la transición del franquismo a la monarquía parlamentaria. Si la moderación salarial cortó la espiral de la inflación galopante y la política fiscal salvó de la quiebra al Estado, las medidas de fortalecimiento de las estructuras democráticas contribuyeron a rematar el nuevo edificio con la Constitución de 1978.

La reforma de las pensiones ocupa un lugar central en ese surtido variado de acuerdos como madre de todos los demás, que no habrían reunido por sí solos masa crítica suficiente para merecer los honores de una firma palaciega. La negociación con los sindicatos ha flexibilizado los términos de la propuesta del Gobierno sobre la edad de jubilación y el periodo de cotización para fijar el cómputo de las pensiones, pero no ha alterado sus líneas esenciales. Fiel al compromiso de enviar la reforma a las Cortes antes de finales de enero, hubiese o no entendimiento con los interlocutores sociales, el Consejo de Ministros dio el pasado viernes luz verde al anteproyecto de ley, que será enviado después al Congreso con la alta probabilidad de obtener la mayoría parlamentaria.

El PP tendrá que atarse bien los machos antes de tomar la decisión de poner palos en las ruedas de una reforma que cuenta ya con el apoyo de los sindicatos y la CEOE. Las orientaciones comunitarias recogidas en El libro verde resaltan el proceso de envejecimiento en toda la Unión Europea e invitan a una reforma basada en la ampliación del periodo de cálculo de las pensiones, la incentivación a la prolongación de la vida laboral y la restricción de las jubilaciones anticipadas.

En el Pleno del Congreso que aprobó el pasado 25 de enero el informe aprobado por la Comisión no permanente de seguimiento del Pacto de Toledo, el portavoz del Grupo Parlamentario Popular adelantó, sin embargo, que la subida de la edad de jubilación a 67 años era "una medida ineficiente e injusta" y acusó al Gobierno de hacer "curanderismo social y económico con el sistema de pensiones". Una tesis difícil de mantener si se recuerda que la esperanza de vida europea ha aumentado durante el último medio siglo en cinco años y podría hacerlo en otros siete en 2060; o que el envejecimiento de la pirámide poblacional en España de aquí a 10 años provocará una reducción de medio millón de personas en edad de trabajar y un incremento de casi 1.300.000 mayores de 64 años.

Tutulo III

Un poco de humor...


Por Francisco García Pérez (27/04/2006)


La profesora echó un vistazo por el ventanuco desde el que se divisaba una esquina de La Caleta de Cádiz. Daba clase en un colegio de la pro­vincia, y, aunque era sevillana cerra­da, los gaditanos le encantaban. Enci­ma de la mesa de su estudio, unos cien exámenes para corregir. No se dejó invadir por la pereza, se sirvió un té frío y se sentó a la tarea. Antes, una última ojeada a la luz inmensa sobre el mar.

Los ejercicios, 4 ° de la ESO, trata­ban sobre las lenguas peninsulares y alguna cuestión de cultura general que había conseguido ir metiendo con calzador a los chavales: un poco de arte, unas pinceladas de historia... Leyó el primero: «Los versos utiliza­dos en España antes del Renacimien­to eran, mayormente, el dodecaedro y el octoedro». ¡Virgen Santa del Rocío! Tachó la respuesta, pero incorporó un «jajajá» con el rotulador rojo en el margen. No se desmoronó. En el tercero de los folios, se afirma­ba literalmente: «El euskera es una lengua bilingüe». Se quitó las gafas, se masajeó las sienes: no podía ser cierto. Pero lo era, porque, según otro alumno: «El euskera se cree que llegó del Cáucaso (sic) con una familia de inmigrantes». Y todo ello, claro, escrito en lo que quería ser un anda­luz fonético. Por ejemplo: «El gallego es de origen griego derivado del latín», que aparecía como «er gayego e dorihen jriego deribao der latín»...

De pronto, una respuesta le hizo fijar su atención de modo especial: «Tululo III». Allí estaba, como con­testación a la pregunta número 12.

«Tululo III». ¿Tululo Tercero?, se preguntó, ¿pero cuándo hablé yo de un Tululo Tercero? ¿Qué habría entendido aquella alma cándida? Preocupada, repasó la lista de reyes, de papas... ¿Tululo Tercero? ¿Acaso había querido decir Tululo Tres? Es posible... pero ¿quién es Tululo Tres, en todo caso? Ya está, pensó, este elemento metió aquí a algún cantante de moda o a algún personaje de «Gran hermano», a algún Camilo Sesto moderno, armándose un taco. Se preparó otro té, más frío aún. Son­rió recordando aquel gazapo de un periódico que puso como pie de foto «Inocencio Diez» bajo una reproduc­ción del retrato velazqueño del Papa Inocencio X.

Ahí fue cuando se le encendió la bombilla. Recordaba, en efecto,

haber explicado algo de pintores famosos en una de las clases. Recor­dó enseguida que había insistido mucho en que prestaran atención, que aquello iba a ser asimismo mate­ria de examen, que guardaran silen­cio. Sí, incluso había llevado diaposi­tivas al aula... La intuición le fue creciendo dentro como un irresistible golpe de mar. Algo tenía que ver el «Tululo III» de los demonios con aquella jornada. Algo, pero qué. Agi­tada, fue en busca de la cartera donde guardaba las preguntas del examen que había puesto. Encontró la de marras y aún quedó más perpleja. La había formulado así: «Escribe el nombre de algún pintor francés famoso». Y Tululo III ¿qué tenía que ver con eso? Ella misma fue repasan­do en su memoria los artistas france­ses: Monet, Manet, Pissarro... Sisley, Morisot... Delacroix, Renoir... Cézanne, Gauguin...

Cuando cayó en la cuenta, hubo de sentarse de golpe en el sofá. Aquella clase se le vino al punto, imagen tras imagen, palabra tras palabra: «A ver, niños, hoy vamos a estudiar a un pintor muy bohemio y muy bueno que se llama Toulouse Lautrec», Y, claro, ¿cómo pronuncia esa frase una sevillana adoptada por Cádiz? Muy sencillo: «Vamo a estu­dia a un pintó mu bohemio y mu güeno que ze yama Tululotré». Y el niño, sabedor de Felipes III, de Car­los III, de Abderramanes III, de tanta gente que ha sido III en la historia, no tuvo duda al copiar en su cuader­no el nombre del artista: «Tululo III». ¡Ole y ole, chaval!

Alemania en la picota

Por Ignacio Sotelo

Publicado en El País (01/02/2011)

La crisis ha puesto de manifiesto las insuficiencias y gravísimos fallos de la Unión Europea. El primero y principal es la falta de un proyecto común, escindida entre los que pretenden una unión económica y monetaria que exige avanzar en una mayor integración política, y los que tan solo quieren, conservando los Estados miembros el máximo de soberanía, un mercado único en continua expansión. Al no contar con una visión compartida del objetivo final, la crisis ha alentado especulaciones sobre el posible fracaso del euro que ha llevado a algunos incluso a preguntarse si la Europa unida tendrá futuro.

Cierto que la escisión viene de lejos, con la entrada de Reino Unido en 1973, pero se refuerza con la ampliación al norte (1995) y al este (2004) de modo que la Europa de los 12 poco ya tiene que ver con la actual. El cambio fundamental consiste en que el eje franco-alemán ha dejado de desempeñar la función de piloto que tuvo en el pasado, carencia que la crisis ha puesto de relieve como la segunda deficiencia de la Unión. Navegamos a la deriva, sin que nadie lleve el timón.
La Alemania unificada que recobra la soberanía en un mundo en que había terminado la división bipolar de la guerra fría, rompe el anterior equilibrio entre una Francia, políticamente fuerte, capaz de mostrar una cierta autonomía ante Estados Unidos, y una Alemania dividida en dos Estados, cada uno sometido a una de las dos grandes potencias mundiales. Empero esta Alemania políticamente tan débil había logrado alzarse a la primera potencia económica de Europa. Las distintas monedas europeas, o bien se movían en la órbita del marco, o si mantenían una cierta independencia, lo pagaban al alto precio de tener que ir devaluando su moneda, como les pasaba al franco francés y a la peseta. Alemania, en palabras de Willy Brandt, era un enano político y un gigante económico. Se comprende que, una vez que Alemania recobrase la soberanía con la unificación, Francia presionase para sustituir el marco por una moneda común que no regula el banco central alemán, sino uno europeo en cuya dirección participan todos.

Poco contaba ya en la Europa de los 27 el eje franco-alemán, cuando los intentos de reconstruirlo para afrontar los ataques al euro puso de relieve la primacía en solitario de Alemania. Como los demás países de la eurozona, estaba también partida entre los intereses nacionales y los grandes beneficios que a todos, pero en especial a este país, había aportado el euro. A pesar del error garrafal de rechazar en un primer momento ayudar a Grecia por motivos de política interna -elecciones a la vista y enorme presión de la prensa más demagógica de no regalar el dinero alemán a gente que a cuenta de los otros viviría muy por encima de sus posibilidades- nadie podía dudar de que Alemania, seguida por Francia, se podrían a la cabeza del salvamento del euro. La vuelta a las monedas nacionales llevaría a los inversores a especular a la baja con las más débiles y al alza con el nuevo marco alemán, lo que traería consigo la paralización caótica de toda la economía europea con el probable desplome de la UE.

Si para proteger al euro le corresponde a Alemania poner sobre la mesa por lo menos el 25% de los recursos que en el peor de los casos podrían necesitarse, se comprende que trate de negociar las condiciones para que la operación tenga éxito y pueda recuperar lo prestado. Esta actitud ha llevado a los países deudores con economías débiles a sumarse a la indignación de los que sufrieron la ocupación alemana, o tuvieron que hacer enormes sacrificios para impedir en dos guerras que Alemania se estableciese como una gran potencia, y al final se encuentran con que los perdedores de antaño son los ganadores de hoy. De Alemania se espera que sea el motor económico de Europa, pero no se tolera que pueda ser el adalid que marque la ruta. Como Alemania lo sabe, cabe confiar en que por el bien de todos encontrará la manera de cooperar sin imponer

martes, 1 de febrero de 2011

¿Y Marruecos?

Abdellatif Laâbi es escritor marroquí. Traducción de Juan Ramón Azaola.

Publicado en El País (31/01/2011)

La mayoría de los marroquíes desea una transición pacífica pero irreversible hacia la democracia. Se necesita un cambio de rumbo que instaure la separación de poderes y la protección de las libertades

Desilusión. Incertidumbre. Frustraciones. Acceso de rebeldía y sensación de impotencia a la vez. Eso es, me parece, lo que siente un número creciente de marroquíes, de jóvenes sobre todo, pero también de amplias capas de población que van desde las más desfavorecidas hasta la élite intelectual, pasando por las clases medias. El resultado, alarmante, de ese estado de ánimo es la pérdida colectiva de lo que yo llamaría "el gusto por el porvenir". ¿Cómo se ha llegado a eso? Después de las prometedoras aperturas del comienzo del primer decenio, hemos pasado a una fase de vacilaciones y luego de inercia. La política oficial se ha hecho ilegible a fuerza de ser opaca. La concentración de poderes se ha acentuado hasta tal punto que las reglas del juego político, en lo que al principio nos fue presentado como un proceso democrático, se han pervertido, son inoperantes.

Ante semejante callejón sin salida, es obligado constatar que el pensamiento político está lejos de aceptar el reto. Ha abandonado entre nosotros sus dimensiones tanto crítica como prospectiva para limitarse, digamos, a la crónica, a la reacción ante los acontecimientos cotidianos. Se ha acabado, por ejemplo, la firme reivindicación de una reforma constitucional con vistas a un justo reequilibrio de poderes y de su separación según las normas democráticas universalmente establecidas, por no hablar de una reivindicación ya expresada al comienzo de la independencia, la de una Asamblea Constituyente cuya misión fuera la de elaborar el contenido y las reglas de semejante reforma.

Abandonado así el taller institucional, ¿qué margen de negociación le queda a nuestra clase política, y sobre todo a los partidos que esporádicamente hacen aún alarde de alguna veleidad de independencia frente al poder? Para ellos, la negociación se reduce a que el número de carteras a las que aspiran les sean reservadas en el equipo gubernamental según los resultados electorales obtenidos, sean estos, por lo demás, controvertidos o no. Pobre ambición cuando es de pública notoriedad que este Gobierno gobierna tan poco, a semejanza de un Parlamento que, de por sí, también legisla tan poco.

Por su parte, la izquierda no institucional, que goza de una gran respetabilidad debido a los sacrificios padecidos en su combate contra el antiguo régimen, no ha conseguido adquirir una auténtica visibilidad política. Víctima del mal congénito de la división y, en lo que respecta a sus alas más combativas, de un cierto aislamiento ideológico, le cuesta asumir el papel que se esperaría de ella, precisamente el de impulsar la renovación del pensamiento político, el de proponer un proyecto alternativo de sociedad y el de abrir vías creativas a la movilización ciudadana.

En cuanto a la sociedad civil, a pesar de un dinamismo y de un grado de concienciación cada vez mayores, parece no haber tenido en cuenta el peso nada despreciable que representa en la relación de fuerzas políticas, sociales e intelectuales existentes. Sin embargo, muchas de sus realizaciones (a todos los niveles del desarrollo humano, de la ayuda a las personas y a las capas de población más frágiles, de la creación y de la animación culturales) denuncian, con ejemplos a mano, la indigencia en estos terrenos tanto de la acción partidista tradicional como la de los gobernantes. Pero, a la larga, la dinámica que ella misma ha creado corre el riesgo de atascarse en tareas compartimentadas si no es impulsada por una visión del proyecto social en su conjunto, donde la construcción de la democracia sea una realización ciudadana basada en unos valores éticos en los que los políticos se inspiran cada vez menos, a pesar de que pretendan estar convencidos de ellos.

Por eso, ante estas múltiples carencias, tan solo se puede constatar, con lágrimas en los ojos, que la élite de los pensadores, los que en verdad hoy deciden, no son ni siquiera los economistas que en otras latitudes hacen y deshacen, sino los tecnócratas, los gerentes, los consejeros y asesores de toda laya, atentos sobre todo a las orientaciones fijadas por las instituciones financieras internacionales y a las pertinentes opiniones, según la fórmula consagrada, emanadas de las oficinas de estudios estratégicos (preferiblemente extranjeras).

El resultado es que Marruecos no está gestionado como un país que, en función de su asentada identidad y de la riqueza de su cultura, tendría que hacer valer sus bazas; donde el pueblo, artesano indiscutido de la soberanía nacional, debería tener algo que decir acerca de la gestión de sus asuntos y de la construcción de su porvenir; donde la sociedad, que nada ignora de lo que pasa en la aldea planetaria, desearía disfrutar también ella de los avances que se han venido realizando en el plano del conocimiento, de la educación, de la satisfacción de las necesidades materiales y morales, de los derechos y de las libertades. Marruecos se encuentra más bien gestionado como una megaempresa o como una multinacional cuya finalidad es el enriquecimiento ilimitado de sus principales accionistas, sin perjuicio de que distribuya algunas migajas a los menores a fin de crear una clase que haga de tapón entre ella y la masa creciente de desamparados.

El despegue económico del país, del que ciertas primicias son indiscutibles y otras deben ponerse en tela de juicio, tiene ese precio. Y sobre ese altar, en el que se celebra de forma indecente el culto al becerro de oro, es el despegue democrático el que está siendo sacrificado. ¿Cómo se entienden si no los atentados reiterados contra la libertad de opinión, el hostigamiento a los órganos de prensa, las condenas a periodistas con los argumentos más falaces y, en otros terrenos no menos simbólicos, la dimisión del Estado ante el deterioro del sistema educativo o el desinterés por ese desafío superior que representa la cultura en la formación del espíritu de ciudadanía y la estructuración de la luminosa identidad de una nación? El guión así redactado, ya casi cerrado, no es seguramente el que nos esperábamos hace ahora justo 10 años. Y nada hace presagiar que siga abierto a cualquier otra reescritura.

En Marruecos se impone un cambio de rumbo. Marruecos, seguramente, y por multitud de razones, no es Túnez, pero algunos ingredientes que han estado en el origen de la llamada revolución de los jazmines se encuentran, casi de manera idéntica y desde hace ya mucho tiempo, en nuestro país.

Si, como así lo creo, la mayoría de los marroquíes ansían una transición pacífica, pero irreversible, hacia la democracia, ha llegado el momento de un impulso ciudadano que implique a todas las fuerzas políticas, sociales e intelectuales que comparten la misma aspiración. Es la hora del balance crítico y autocrítico, del rearme del pensamiento, de la liberación de las iniciativas, de la clara afirmación de las solidaridades, del debate de fondo y de la sinergia entre todas estas fuerzas.

Para nuestros gobernantes ha llegado el momento de dar pruebas concretas de su voluntad de satisfacer semejante aspiración, la más urgente de las cuales deberá ser la de tomar medidas radicales con las que responder a un desamparo económico y social que ha alcanzado un umbral crítico. Ello implicaría, digámoslo sin ambages, la revisión de las opciones económicas tomadas y del modelo de crecimiento puesto en marcha hasta nuestros días, que ha ahondado irremediablemente las desigualdades y las injusticias. La otra prueba que permitiría a la comunidad nacional restablecer el gusto por el porvenir sería un acto fundador, negociado con el conjunto de actores de la escena política y de la sociedad civil, con el objetivo de imprimir en la Constitución del país los principios de un Estado de derecho, instaurando la separación de poderes, la igualdad ante la ley y la protección de las libertades, pero también de un Estado de nuevo tipo que levante acta de la identidad cultural y de otras especificidades de ciertas regiones a fin de conceder a sus poblaciones la autonomía a la que tienen derecho.

Ante Marruecos se hace presente un nuevo cruce de caminos. La cita que la historia nos ha fijado con él no admite ninguna espera. Ojalá puedan la razón y los intereses superiores del país conducirnos allí a tiempo y hacernos elegir el más seguro camino del progreso, de la dignidad y de la justicia, el camino del despegue democrático.

El complot de Matusalén

Por Joaquín Estefanía

Publicado en El País (31/01/2011)

Recomiendan Milton y Rose Friedman en su Libertad de elegir (Editorial Ariel) que cualquier gobernante aproveche los 100 primeros días de su Administración para practicar las reformas que estime convenientes, antes de que los sindicatos de intereses se reorganicen y las impidan. Zapatero se ha hecho reformista, paradójicamente, en la última parte de su mandato, en el que, además, no tiene la mayoría absoluta parlamentaria que facilitaría los cambios, y él, su Gobierno y su partido, están fuertemente desgastados.

En este contexto, llega a Madrid el próximo jueves Angela Merkel, la dirigente europea que más énfasis ha puesto en la necesidad de esas reformas unidireccionales. Se encontrará con el siguiente panorama: un día antes se habrá firmado un pacto social entre el Gobierno y los sindicatos de trabajadores y de empresarios, cuyo nervio principal es la reforma del sistema público de pensiones, con el objetivo de hacerlo viable a medio plazo; el Gobierno ha cerrado unilateralmente una reforma laboral cuyo eje ha sido, se diga lo que se diga, un abaratamiento del despido; y el país está en pleno proceso de reestructuración del sistema financiero, que cambiará su faz a favor de una enorme concentración bancaria.

También se encontrará con dos datos macroeconómicos complementarios: una reducción acelerada del déficit de las Administraciones públicas un poco superior al que se había comprometido Zapatero (logrado más por el incremento de los ingresos que por la reducción de los gastos), y un paro que sigue creciendo, y que está por encima del 20% de la población activa.
Los niveles de desempleo de nuestro país son espeluznantes, y difíciles de entender por los socios europeos; su cuantía y su desagregación (un paro juvenil superior al 42% de la población activa, 2,15 millones de parados de larga duración, 1,3 millones de hogares en el que ninguno de los que buscan trabajo lo obtienen, una tasa de empleo temporal del 25%, etcétera) manifiestan un fracaso estructural que no ha sido capaz de modificar la reforma laboral, demostrando probablemente que su rectificación depende más del cambio de modelo productivo (el 55% de los casi tres millones de nuevos parados durante la Gran Recesión corresponde al sector de la construcción) que de la legislación laboral.

La reforma de las pensiones era una exigencia demográfica más que un diktat de los mercados, pero sin este último no se hubiese apresurado. Por primera vez, pronto habrá más viejos que jóvenes; no hay más que caminar por las ciudades españolas para observar que el envejecimiento es un fenómeno de masas, que acentuará la jubilación inminente de los hijos del baby boom de la posguerra. No envejecen solo las personas sino los pueblos; los ciudadanos europeos nos enfrentamos a un doble fenómeno: vivimos más tiempo y tenemos menos hijos. El filósofo Claude Levy-Strauss, dijo: "En comparación con la catástrofe demográfica, la caída del comunismo será algo insignificante" (El complot de Matusalén, de Frank Schirrmacher. Editorial Taurus).
La aportación de los sindicatos y patronal a este nuevo pacto de Estado en España, habiendo arrastrado a unos partidos políticos incapaces de ponerse de acuerdo, muestra, una vez más, su papel central en la cohesión social de los últimos 30 años.

La reforma financiera vive ahora su segunda etapa, tras la fusión fría de un enorme grupo de cajas de ahorro. Con el objeto de generar confianza en el sistema, las autoridades obligan a las entidades a aumentar los baremos de solvencia, en un intento de recapitalización más rápida e intensa de lo exigido por el calendario internacional (las normas de Basilea III daban un plazo para aumentar el capital de calidad entre los años 2013 y 2019).
Esta sobreactuación del Gobierno de Zapatero, que será bien vista por una Angela Merkel que tiene en su sistema financiero uno de los eslabones más débiles (en una demostración palpable de la diferente vara de medir entre países fuertes y periféricos), conlleva un gigantesco cambio que ha sido definido como otra desamortización de la economía española, con unos ganadores, los bancos, y unos perdedores netos, las cajas de ahorros.
Cuando terminen las reformas habrá que analizarlas también en términos de distribución de la renta y del poder económico, no solo de competitividad.