Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

lunes, 20 de junio de 2011

El banquero del Titanic

Por Carlos Sánchez

Publicado en El Confidencial (19/06/2011)

La última Memoria de la Fiscalía General del Estado incluye un párrafo esclarecedor. Por no decir aterrador. Se refiere al número de delitos fiscales, y quien redacta el escrito, la Fiscalía de la Audiencia Provincial de León, muestra su “sorpresa” (sic) porque el año anterior [2009] no se hubiera incoado en toda la provincia “ningún delito contra la Hacienda Pública”.

No es, desde luego, el caso de la provincia de Almería. Allí sucede todo lo contrario, aunque el resultado sea idéntico. Se han detectado, asegura la Fiscalía, numerosos fraudes fiscales, pero el funcionario de turno reconoce la impotencia de los poderes públicos para atajar el problema. La mayoría de los expedientes, sostiene el escrito, “se encuentran paralizados por no poder ser localizado el denunciado”.

Estas revelaciones no tendrían mayor interés -dando por bueno que todos los contribuyentes leoneses sean leales con la Hacienda pública- si no fuera porque en ese mismo periodo de tiempo se multiplicaron en la provincia de adopción de Zapatero (el único leonés nacido en Valladolid) las insolvencias punibles y los delitos societarios debido a la crisis económica, como reconoce la propia Fiscalía. Pelillos a la mar, debió pensar Hacienda. Nada que objetar. Ni un expediente abierto por delito fiscal.

Se supone que con estos antecedentes tampoco extrañaría en su día que la declaración fiscal por IRPF de Jaime Botín correspondiente al año 2009 le hubiera salido “a devolver”. Tal y como señala el Auto de la Audiencia Nacional que ha abierto en canal la credibilidad del sistema fiscal español, convertido en un gigantesco queso de gruyer agujerado por tanta defraudación. El Auto, incluso, desnuda la solvencia de la propia CNMV, incapaz de desvelar el origen de algunas participaciones accionariales sin ponerlas, al menos, en entredicho o bajo sospecha. Ni siquiera las puso en conocimiento de Hacienda.

No es de extrañar, por lo tanto, el malestar de buena parte de la ciudadanía con el pobre funcionamiento de la Hacienda Pública a la hora de combatir el fraude fiscal. Sin duda, por ausencia de medios materiales y humanos, como demuestra este estudio de la OCDE, pero también por falta de determinación política para acabar con tanto engaño. No sólo por la vía penal, sino mediante la eliminación de instrumentos de elusión fiscal que sólo favorecen al defraudador. Es patético, en este sentido, leer en el escrito del juez Andreu las miserias de una Agencia Tributaria que reconoce su inoperancia para atacar estructuras patrimoniales “complejas” mediante la creación de “trust, fundaciones o sociedades de diversa índole”, lo cual pone al Estado de Derecho en una evidente debilidad frente al defraudador. Ni siquiera el Estado, con su legítima capacidad de coacción y su facultad legisladora, es capaz de poner orden en tanta trapacería.

El sistema financiero mundial cayó -entre otras razones- por la creación de instrumentos financieros complejos que no entendían ni quienes los colocaban en los mercados para su negociación; y lo mismo está sucediendo en algunas haciendas públicas. Impotentes e inanes ante una complejidad tributaria diseñada y ejecutada, en muchos casos, por funcionarios que al cabo del tiempo (y en situación de excedencia) se pasan al sector privado con armas y bagajes. Precisamente para hacer inoperantes las propias normas que ellos ayudaron a aprobar.

Como observó alguna vez con amargura el cardenal Richelieu, la historia conoce muchos más ejércitos arruinados por las carencias y el desorden interno, que por la acción de sus enemigos. Y España se suicida con un sistema tributario obsoleto e ineficiente que hace posible que Grecia, un país cercano a la bancarrota y con tipos impositivos menores, recaude cinco puntos más de pib que España (50.000 millones de euros). No es de extrañar, por lo tanto, que las tres cuartas partes de los contribuyentes -última encuesta del Instituto de Estudios Fiscales- piense que el fraude fiscal ha aumentado en la última década. O que casi el 60% opine que existen colectivos que defraudan de forma habitual y continuada. O, incluso, que el 43% de los contribuyentes justifique de alguna manera la conducta defraudadora.

La circunstancia de que el primer banquero del país esté incurso en una de esas investigaciones -derivada, no hay que olvidarlo, de una denuncia de la Hacienda francesa raíz de un chivatazo-, sólo produce, en este sentido, hastío y cansancio en una sociedad que ha dejado de creer en sus instituciones. Pero que, paradójicamente, se ha convertido en rehén de su propia desidia.

El hecho de que algunos sectores sociales reaccionen ahora, tres años después de la crisis, sólo demuestra la falta de respuesta social al desempleo, la clave de bóveda de todos los problemas de la economía española. Incluida la dejadez y hasta la desidia de algunos empresarios -entre ellos Botín- que durante años coquetearon con el poder político en busca de cierta impunidad. Y cuyo patriotismo parece de hojalata.

La patria, como decía Azaña, no es otra cosa que la igualdad de los ciudadanos ante la ley, y por eso cuando pasan 17 años sin que ricos herederos regularicen una situación fiscal ya de por sí suficientemente ominosa (fuga de capitales), estamos ante un ataque contra la ciudadanía. O contra la patria, como se prefiera. O, incluso, contra el propio deber moral que necesariamente debe iluminar la conducta humana.

Tampoco hay que olvidar, sin embargo, que el Titanic del que habló Zapatero navega a la deriva, y es posible que el capitán Rubalcaba (la información es poder) tenga la tentación de poner en circulación la política del escarmiento público para ganar votos. Sobre todo si los protagonistas son banqueros. Pero una sociedad inteligente es aquella que es capaz de separar el trigo de la paja sin caer, desde luego, en osadas teorías de la conspiración. Hacer un totum revolutum contribuye a hundir a este país un poco más la miseria. Y pensar que todos los banqueros o todos los empresarios son iguales. O que todos los indignados el 15-M son unos violentos y unos desarrapados, no es más que un empobrecimiento intelectual. A cada cual lo suyo. Aunque lo cierto, en todo caso, es que la familia Botín tuvo casi dos décadas para regularizar la situación y no encontró el momento ¿Por qué habrá sido?

Pero repugna, al mismo tiempo, que el ministro Valeriano Gómez, recien salido del Gobierno cuando Zapatero dijo que España tenía el mejor sistema financiero del mundo, sostenga ahora que son los bancos los culpables del paro. Las dos cosas no pueden ser ciertas, y el ministro lo sabe, pero parece que se ha impuesto una deriva populista con tal de intentar ganar las elecciones.

Los banqueros son culpables de muchas cosas. Sobre todo si defraudan a Hacienda, pero el aumento de los desahucios no tiene nada que ver con ellos, hay que vincularlo al crecimiento del desempleo y a una desastrosa política económica. Pero también a la existencia de una Ley Hipotecaria añeja que no entiende fenómenos contemporáneos, y que hace que el riesgo de la inversión crediticia no corra contra la cuenta de resultados de quienes prestan el dinero, los bancos y las cajas de ahorros, sino contra quien recibe el préstamo, lo cual es un auténtico disparate. Es el parlamento, y no los banqueros, quien debe legislar.

Lo malo del caso de la familia Botín es, por lo tanto, la sensación que deja en la opinión pública. Incluso los ciudadanos en teoría mejor vigilados –las 200 fortunas que controla directamente la unidad de grandes contribuyentes- escapan del control de los poderes públicos. Ese es el problema, la sensación –y en algunos casos la certeza- de que la impunidad se filtra por los poros del Estado. Hasta algunos medios de comunicación que presumen de buscar la verdad y combatir la corrupción han acabado por contaminarse y por ser permeables a tanta mezquindad.

viernes, 17 de junio de 2011

Indignados que nos indignan y teoría de la conspiración bis

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (17/06/2011)

Sin violencia, sin coaccionar a los diputados, sin impedirles celebrar la sesión de investidura. Tarjetas rojas contra los políticos corruptos y pancartas contra los recortes que sólo afectan a los más débiles. Eso ocurrió ayer frente al Parlamento valenciano donde Francisco Camps fue investido de nuevo como presidente del ejecutivo regional.

Peor le fue al Príncipe de Asturias, don Felipe, en la Universidad Autónoma de Madrid, donde fue recibido por una bandera republicana y ruidosamente abucheado por apenas una treintena de estudiantes. Sonrió, saludó, fuese y no hubo nada. Ni la Casa Real ni el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que le acompañaba, y también tuvo que oír lo suyo como gobernante, se han puesto estupendos para dar lecciones de buena conducta a nadie.

Con la perspectiva de las 48 horas transcurridas desde los sucesos de Barcelona y la acumulación de testimonios de condena, se entenderá ya que no se puede generalizar ni construir un discurso denigratorio contra el movimiento del 15-M a partir de acciones puntuales y minoritarias que dañan su imagen y nadie aplaude. No ocurre todos los días y tampoco es tan malo que de vez en cuando a esos señores diputados que se les llena la boca hablando de democracia sientan que no todo es tan apacible como el trabajo en un confortable despacho costeado por los contribuyentes. Si es triste tener que llegar al Parlamento en helicóptero por culpa de unos alborotadores, bastante más triste es hacer cola en un comedor social, perder una vivienda por impago de la hipoteca o viajar hacinado en el metro de Madrid en hora punta.

No saquemos las cosas de quicio. La democracia no se conquista a empujones. Cierto. Pero tampoco se conquista metiendo la mano en la caja común. Los ni-nis del 15-M (ni PSOE ni PP) no son los únicos que pisan las rayas rojas. ¿Vamos a seguir creyendo que llevan en sus mochilas los planos de una conspiración contra la democracia, amparada en la dejación de funciones del ministro del Interior? Es la más tóxica de las hipótesis. Otras son igual de inverosímiles pero más maliciosas. Sugieren una conspiración de cercanías cuyo autor intelectual, o genio tenebroso, no estaría en desiertos lejanos ni en remotas montañas. El objetivo: impedir el retorno del PP al poder, del mismo modo que el 11-M (el jueves de sangre de 2004) se montó para quitárselo. Un colega, Arcadi Espada, ha sentenciado que el 15-M es la única esperanza de remontada electoral que les queda a los socialistas. Aunque el diagnóstico está bien traído sopla a favor de quienes se preguntan a todas horas por qué los indignados no bloquean la Moncloa o se manifiestan ante la sede del PSOE.

La mayoría de colectivos implicados en el movimiento del 15-M han condenado en todos los idiomas el uso de la coacción y la violencia contra los diputados catalanes. La Fiscalía ya ha abierto diligencias contra los detenidos de ayer en Barcelona a la luz del Código Penal (artículos 494 y 498). El ministro Rubalcaba ya ha dicho que no le temblará el pulso con los violentos y será prudente con los pacíficos. El padrino intelectual del movimiento “Indignaos”, Stephane Hessel, condena los sucesos de Barcelona y los califica de “intolerables”, sin dejar de ensalzar a quienes han pasado “de la indiferencia al compromiso” ante una “economía deshumanizada” y “los déficits democráticos de nuestras sociedades”.

Insisto en que las cuadernas del sistema democrático no se van a resentir porque un puñado de muchachos, aunque algunos lo hagan con violencia reprobable, llamen corruptos en plena calle a los políticos, aunque haya bastantes que no lo son.

martes, 14 de junio de 2011

Elecciones, ya

Publicado en El Confidencial (14/06/2011)

Es una obviedad que no hay democracia sin soberanía popular. Y sólo este principio debería ser suficiente para convencer al presidente del Gobierno de la necesidad de convocar elecciones lo antes posible. Por supuesto, sin esperar a la llegada del otoño.

Se equivoca el jefe del Ejecutivo si piensa que las elecciones del 22-M significaron una simple derrota del PSOE derivada de la crisis económica. Los resultados ponen de manifiesto que el ciclo político de Rodríguez Zapatero se ha agotado, y esta realidad evidente no tiene nada que ver con una visión apriorística de carácter ideológico al margen de hechos probados. Se ha manifestado con toda crudeza tras las elecciones municipales y autonómicas, y hasta en la propia incapacidad del PSOE para convocar unas elecciones primarias.

Cuando un presidente del Gobierno recibe tal varapalo de los electores, sólo caben dos opciones: el camino de las urnas o la presentación de una cuestión de confianza ante el parlamento. Como establece, por cierto, el artículo 112 de la Constitución. Y la segunda de las opciones la ha desechado Zapatero.

El último episodio de este desgaste del Gobierno tiene que ver con la dimisión en bloque de tres magistrados del Constitucional. Un hecho que sólo tiene un precedente: la salida antes de tiempo de Manuel García Pelayo como presidente del TC. Estamos, por lo tanto, ante un escenario prácticamente inédito que simboliza el grado de descomposición de la vida política española. Cuando los dos principales partidos no se ponen de acuerdo sobre la renovación de las altas instituciones del Estado es que el sistema está agujereado. E incluso noqueado tras la legalización de Bildu, que no significa otra cosa que tirar por la borda una década de política antiterrorista.

No es el momento de buscar culpables sobre las dimisiones en el TC, pero lo que está fuera de toda duda es que así no se puede seguir gobernando un país ni un día más. Y menos con un presidente en retirada que además tiene pendiente de hacer una crisis de Gobierno para sustituir al candidato Rubalcaba. Y que para más inri ha convertido el poder legislativo en una cámara que simplemente convalida los textos que le remite el Consejo de Ministros, pero sin iniciativa propia. No se puede gobernar a golpe de Real Decreto-ley, como hace este Gobierno.

La crisis económica y las renovadas presiones sobre la deuda pública española son, en este sentido, el corolario lógico a la debilidad política del Gobierno, que está utilizando los minutos basura de su mandato no para hacer reformas económicas de calado, como cabría esperar, sino para abonar el terreno electoral al ministro del Interior.

Un Gobierno inane

Se trata de un error de indudable transcendencia que sólo emponzoñará un poco más la vida política española y empobrecerá al país. El aumento del diferencial con Alemania, el incremento del desempleo, los problemas para elegir a los consejeros y presidentes de algunos órganos reguladores, la sangría de las cuentas públicas y el previsible retraso del proceso de reestructuración del sistema financiero por las dudas sobre la economía española, no son más que la consecuencia lógica de un Gobierno inane que ya sólo lucha por sobrevivir a cualquier precio. Y cuyos actos los están pagando los agentes económicos privados.

Es ridículo pensar que el Ejecutivo tiene fuerza suficiente para agotar la legislatura. Máxime cuando carece de impulso y potencia política para controlar el gasto autonómico. Sobre todo después de esa reforma de la Constitución por la puerta de atrás que significó el Estatuto de Cataluña. Ni las comunidades autónomas del PP ni, por supuesto, las del PSOE o de CiU tienen incentivo alguno para endurecer su política fiscal con unas elecciones a la vista. El Gobierno no está en condiciones de imponer nada. Sólo este argumento debería ser suficiente para adelantar las elecciones sin esperar un minuto.

Una dilación injustificada sólo dañará a la economía. Algo extraordinariamente grave en un país con casi cinco millones de parados. Como decía un catedrático de Derecho Político hace muchos años, estamos ante un fallo del sistema político “multiorgánico” que sólo se podrá superar con elecciones. Ya

La renuncia es denuncia: el TC no cumple la Constitución

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (14/06/2011)
Fue en una reunión del Consejo de Estado celebrada el jueves 12 de mayo. Aunque el orden del día anunciaba el preceptivo informe sobre la Ley de Comunicaciones se improvisó un homenaje al recientemente fallecido, Jerónimo Arozamena, que el actual presidente del Consejo, Francisco Rubio Llorente, acabó convirtiendo en un homenaje al primer Tribunal Constitucional. Como si con Arozamena, que fue vicepresidente del alto tribunal (1980-1986) al igual que Rubio Llorente, también hubiera muerto el espíritu fundacional del mismo.

Me cuenta uno de los presentes que tanto Rubio Llorente como Luis Díez Picazo, que había tomado la palabra anteriormente para recordar a Arozamena, se mostraron nostálgicos de aquel primer Tribunal Constitucional sin dejar de mirar al actual presidente del mismo, Pascual Sala, que asistía a la reunión. Especialmente cuando se recordó que entonces los magistrados fueron capaces de rechazar al candidato propuesto por los partidos políticos para ejercer la presidencia.

Esa es la clave de las renuncias unilaterales presentadas ayer por el vicepresidente, Eugenio Gay, y los magistrados Elisa Pérez Vera y Javier Delgado. Su renuncia es denuncia. La dimisión no ha sido aceptada pero nos quedamos con la copla. Una rebelión contra la autoridad del Congreso, al que le corresponde elegir a los cuatro nuevos magistrados para sustituir a quienes agotaron su mandato hace seis meses (los tres citados y el fallecido García Calvo). Una reprimenda a la Cámara Baja por incumplir sus deberes constitucionales y burlarse descaradamente del espíritu y la letra de las leyes en materia de renovación de los órganos del Estado.

Ahí está la parte pedagógica del episodio. Si no sirve de nada el persistente clamor contra un Tribunal Constitucional parcialmente caducado (cuatro años llevamos así, aunque ahora la caducidad sólo afectaba a los cuatros antedichos), espero que sirva la espantada de los propios magistrados. La espantada es el mensaje: contra un Tribunal Constitucional que no cumple la Constitución. Parece una aberración pero encaja absolutamente en la realidad. Cierto. El alto tribunal no cumple la Constitución, al menos en lo que se refiere a su renovación, perfectamente tasada en el artículo 159.3 de la Carta Magna: “Los miembros del Tribunal Constitucional serán designados por un periodo de nueve años y se renovarán por terceras partes cada tres”.


Pues esto se lo pasan por el arco del triunfo los dos principales partidos políticos a partir de las reyertas menores sobre la personalidad de tal o cual candidato que la contraparte rechaza. En este caso, como se sabe, la renovación está empantanada porque los socialistas no aceptan la propuesta de Enrique López, una de las dos que ha de formular el PP en el marco de la obligación que este partido tiene de entenderse con el PSOE porque la Constitución impone la elección por una mayoría de tres quintos en la Cámara.

Y a causa del desencuentro, la casa sin barrer, incluidas otras renovaciones pendientes, como el Tribunal de Cuentas y el Defensor del Pueblo, por ejemplo. Hasta que los propios magistrados han tirado por la calle del medio. Para vergüenza de los dos grandes partidos, nada ejemplares a la hora de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Mire usted por donde, los tres magistrados que ayer presentaron su dimisión podrían incorporarse con toda propiedad al batallón de los indignados. Sin violencia, por supuesto.

lunes, 13 de junio de 2011

El poder regional: mucho ruido financiero pero pocos proyectos estratégicos

Por Ignacio J. Domingo

Publicado en El Confidencial (13/06/2011)

La resaca postelectoral del 22-M ha dado paso a un nuevo orden autonómico y municipal en España. Un proceso de renovación de parlamentos y gobiernos regionales, por un lado, y de plenos y corporaciones locales, por otro, en el que no han faltado ruidos de sables políticos. Casi todos ellos, a cuenta de las cuentas públicas, de las carencias financieras, del rampante endeudamiento, de la morosidad o del retraso en el pago de facturas a proveedores y, en general, de las dificultades que tendrán los nuevos responsables autonómicos y municipales para cuadrar los presupuestos y contener el déficit. Sin embargo, este exceso de verborrea en torno a la falta de recursos de ambas administraciones choca con la ausencia casi total de proyectos estratégicos dentro de los programas electorales de los candidatos. Esas ideas que deberían estar en las agendas de presidentes regionales y alcaldes para captar el interés del sector privado, atraer capital o, incluso, crear o, en su caso, consolidar planes de actuación concretos que sirvan para generar prosperidad, calidad de vida y estimular la producción y el empleo.

La caída de los ingresos y las dificultades de liquidez de las arcas municipales y regionales no son un obstáculo genuinamente español. Más bien al contrario, resulta una constante en todas las latitudes del mundo; en especial, en las naciones industrializadas, que están atravesando sus propios desiertos financieros. Por ejemplo, en Estados Unidos. Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Rating, el triunvirato de agencias de calificación, han rebajado paulatina y constantemente, en los últimos meses, las calificaciones sobre los bonos de no pocos Estados y de una larga treintena de ciudades norteamericanas ante el elevado nivel de endeudamiento y los riesgos que comportan las carencias de financiación de este año.

La Fundación PEW Center of the States también ha dado la señal de alerta. Al inicio de 2010, el agujero presupuestario de los Estados de la Unión sobrepasaba los 1,26 billones de dólares -cifra algo inferior al PIB español- y nada menos que 31 de ellos -fundamentalmente del interior del país- no están en condiciones de sufragar el 80% de sus sistemas de pensiones. Al mismo tiempo, hace dos semanas Moody’s puso en cuarentena la nota de una docena de ciudades japonesas. Otro botón de muestra de la encerrona de liquidez -merma de recursos por la caída de ingresos tributarios y sequía crediticia con alza de morosidad- que asola a las administraciones más cercanas al ciudadano.


Hechos diferenciales de España


Pero España parece tener en este terreno un hecho diferencial. No sólo por las decenas de casos de corrupción urbanística vinculados al ámbito regional y municipal, por el suspenso del Consejo de Europa a la falta de transparencia de las administraciones españolas y, en especial, al nexo que une la opacidad de las ayudas locales con la oscura financiación de los partidos políticos, o por el hecho de que la clase política sea el segundo foco de mayor preocupación social tras el desempleo y la economía. También porque desde el mapa autonómico y municipal español sólo surgen quejas financieras, sin prestar atención a la efectividad que puede llegar a tener programas locales de estímulo para generar prosperidad en épocas de crisis como la actual. Un desafío que puede ser sinónimo de éxito, tal y como lo atestigua un reciente diagnóstico de la consultora Brookings, que repasa el distinto comportamiento que han tenido las 100 mayores urbes estadounidenses en 2010.

Según MetroMonitor, que combina cuatro parámetros -comparación del ratio de empleo, tasa de desempleo, producción económica e índice de precios de la vivienda desde su cota más alta (en casi todos los casos, de diciembre de 2007) con el último mes del pasado año-, destaca las 20 áreas metropolitanas que han ganado en fortaleza y, en consecuencia, se han recuperado de los número rojos, de las 20 que han tenido mayores problemas para salir de la recesión. Entre las pioneras en sacar músculo económico y de empleo destacan Washington DC; San Antonio; Pittsburg o Dallas, gracias a planes industriales y empresariales y a las políticas activas de sus autoridades locales. Mientras entre las más rezagadas cita a Miami, Las Vegas, Detroit o Chicago, entre otras. Casi todas ellas, aún asoladas por sus negocios tradicionales, sumergidos, además, en lo más hondo de la crisis. Miami y el sector inmobiliario o Detroit y la industria automovilística son dos buenas pruebas de ello.

El cuadro coyuntural de los municipios americanos no difiere mucho del español. El estudio de Brookings refleja que, al término de 2010, estas 100 ciudades mantenían un descenso del empleo público del 60%, aunque ya 49 de ellas estaban en la senda de la creación de puestos de trabajo e, incluso, 14 de ellas rubricaron tres meses consecutivos de reducción de la tasa de paro. Los municipios más dinámicos en la salida de la crisis americana han apostado por áreas productivas tecnológicas o de energías verdes, fundamentalmente. Un reto que está encima de la mesa del deseado y largamente esperado cambio de patrón de crecimiento español pero que, en la escala regional y municipal española, sigue brillando por su ausencia. A pesar de proyectos emblemáticos, pero aún poco representativos del tránsito hacia la nueva economía, como la Ciudad de la Energía, en Ponferrada (León) -con presupuesto estatal- o la apuesta de Málaga por convertirse en el Sillicon Valley de España y por cubrir el déficit de centro tecnológico en el sur de Europa que no deja de pregonar el Ejecutivo comunitario desde el comienzo de la Agenda de Lisboa, allá por el año 2000.

Ofertas de las metrópolis del futuro

La importancia de trasladar a lo local planes estratégicos de dimensión global no es un capricho pasajero, sino que pone a prueba la propia supervivencia futura de las ciudades. Estudios como el de PriceWaterhouseCoopers (Cities of Opportunity) son un buen barómetro de la trascendencia de este desafío. Su ránking, de 26 grandes capitales del mundo, entra a valorar la proyección de las mismas a partir de indicadores como el capital intelectual y la innovación, la preparación tecnológica, las infraestructuras, la influencia económica, sostenibilidad (consumo de energías renovables) o la demografía y la habitabilidad. En el informe de 2011, Madrid irrumpe por primera vez en el puesto número 15, con buenas calificaciones en transportes y poder financiero, pero con notas rezagadas en I+D+i o medioambiente. Nueva York encabeza, un año más, la clasificación pero, como se encarga de advertir el propio análisis de la consultora, su liderazgo está cada vez más amenazado por cuatro beta cities –Toronto, San Francisco, Estocolmo y Sydney, que destacan en los parámetros tecnológicos, de innovación, habitabilidad y sostenibilidad energética-, precisamente las lagunas programáticas de los partidos políticos españoles en el ámbito local.

Para más inri, otras prospecciones de futuro, como la de la consultora McKinsey, alertan de los cambios fulgurantes que se aprestan a vivir las grandes ciudades a medio plazo. Los expertos de McKinsey describe el siguiente salto urbano. En la actualidad, las 600 mayores metrópolis del mundo acogen a 1.500 millones de personas, el 22% de la población del planeta; producen 30 billones de dólares -algo más de la mitad del PIB global- y disponen de 485 millones de viviendas, con una renta per cápita media de 20.000 dólares. Pero, en 2025, esas mismas ciudades pasarán a albergar 2.000 millones de personas (el 25% de la demografía); acumularán 64 billones de riqueza (el 60% del PIB) y tendrán 735 millones de inmuebles, con un valor per cápita de 32.000 dólares.

El espejo de los länders alemanes

En el orden autonómico, el cuadro de mando español tampoco es demasiado halagüeño. Las tensiones entre el Gobierno central y los ejecutivos regionales a cuenta del déficit excesivo de alguna de ellas -diez comunidades reclaman al Ministerio de Hacienda más de 5.400 millones de euros, mientras Castilla-La Mancha, Madrid y Andalucía llevan al Ejecutivo de Zapatero a los tribunales anticipos del fondo de convergencia y Cataluña reivindica 1.450 millones para realizar su contribución a la reducción del desequilibrio presupuestario-, resultan inimaginables en Alemania. Entre otras razones, afirma Frank Zipfel, analista de Deutsche Bank, porque, “pese a la autonomía que la Constitución germana confiere a los länder y municipios en materia económica”, la propia Carta Magna alemana consagra también el principio de “integración financiera”, lo cual implica, de facto, “importantes manifestaciones de solidaridad entre las cuentas federales, regionales y locales”.

Zipfel aclara que los pagos directos entre administraciones han fluido de manera habitual desde 1959. Y que, hasta 1994, fecha en la que esta figura de la solidaridad financiera empieza a operar con los länders y municipios del Este tras la reunificación del país, totalizaron al menos 43.000 millones de euros. Desde 1995, este sistema se ha intensificado hasta alcanzar, al término de 2009, los 107.000 millones de euros, lo que supone una factura de solidaridad de 150.000 millones desde 1950. Berlin, con 39.400 millones; Sajonia; Sajonia-Anhalt y Turingia, han sido los mayores receptores de fondos de solidaridad alemana desde la reunificación; mientras, los tradicionales contribuyente netos, en este periodo, han sido Baviera, Baden-Wuerttemberg, Hesse y Hamburgo.

¿Pero cuánto va a durar aún esta crisis?

Por Marc Garrigasait

Publicado en Cotizalia (13/06/2011)

Esta es la pregunta del millón de dólares o mas bien del billón de dólares, ¿estamos ya cerca de salir de la esta profunda crisis que nos ha atropellado a prácticamente todas las economías occidentales-avanzadas del planeta, y al mismo tiempo, y que en menor medida también afectó a las economías emergentes, aunque estas ya hace muchos meses se recuperaron?

Cuando analizo datos macroeconómicos históricos del último siglo, siempre de los Estados Unidos, ya que es el único país del mundo con estadísticas históricas completas de todo el siglo XX, siempre extraigo la conclusión que solo la gran crisis de los años 30, con la gran depresión, es comparable a la crisis actual.

De hecho, la crisis actual es quizás las mas terrible en términos de creación de empleo y paro registrado, con España con el record mundial de tasas de paro del 20% de la población activa y de un terrible 40% en la población joven, o con Estados Unidos con la menor creación de empleo post-recesiones de los últimos 50 años.

Opinar sin datos de cuanto tiempo nos queda aún de crisis, es como opinar de fútbol en un bar. Y en estos temas el mayor experto mundial son la pareja de economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, autores de diversos estudios y del mejor libro de la historia sobre crisis económicas de países, el famoso This time is diferent.

En uno de los análisis que más pueden interesarnos, Rogoff y Reinhart, calculan los datos de todas y cada una de las crisis económicas en cualquier país del mundo tras una gran crisis bancaria. Como ya escribí, las crisis económicas tras una crisis bancaria, son siempre las mas largas y profundas. Es muy lógico, cuando en una recesión los bancos no tienen problemas graves, enseguida vuelven a conceder créditos y la economía se puede recuperar más rápido.

En dos cuadros clarividentes que expuse este pasado viernes en el Financial Congress en Bilbao, muestran las medias históricas de la duración en las crisis en la historia, en términos de duración y caídas de precios en el sector inmobiliario y bursátil.

Vamos primero con el comportamiento de los precios inmobiliarios. Analizando las 21 crisis económicas profundas con crisis bancaria incluida, Rogoff y Reinhart calculan que la caída media de los precios de la vivienda es de un 35,5%, con una duración total de 6 años (ver aquí el cuadro completo). Estas 21 crisis históricas van desde la de crisis asiática en Hong Kong que se inicia en 1997, la peor de todas con caídas del 54% en solo 5 años, o la de Colombia en 1998 con un 50% de caídas desde máximos durante 5 años y medio. O por ejemplo se incluye la crisis de Noruega de 1899, con caídas del 22% en unos 6 años.

En Estados Unidos la caída acumulada actual del precio de la vivienda desde máximos es del 33%, en términos nominales, según el índice Case-Shiller, con una duración de unos 5 años desde 2006.

Por tanto en términos de caída de los precios en USA, no parece muy lejos de los mínimos si teneos en cuenta la historia. No podemos decir lo mismo de otros mercados inmobiliarios como el español.

En términos de las caídas bursátiles históricas, las caídas medias históricas de las bolsas en crisis similares son del -55,9% en 3,4 años de duración (ver aquí el cuadro con todos los datos). En términos bursátiles quizás este estudio es más complejo de interpretar ya que las caídas desde máximos fueron superiores al 50% en 2009, pero a la fecha actual, los niveles de los índices bursátiles en los estados Unidos están ya otra vez cerca de máximos.

En mi opinión aunque los precios inmobiliarios en USA parecen ya cerca de mínimos, que no los españoles, la crisis económica en los países occidentales no parece aún finalizada. La virulencia de esta crisis es mucho mayor a la media en base a muchos indicadores. Y hemos de tener en cuenta que la recuperación conseguida en 2009 y 2010, ha sido exclusivamente por inyecciones artificiales por parte de los bancos centrales y gobiernos, lo que además ha aumentado sobremanera el endeudamiento público, reduciendo las posibilidades de más inyecciones futuras. El proceso de desapalancamiento privado en la mayoría de economías occidentales, en mi opinión continuará imposibilitando cualquier crecimiento significativo en los próximos años en los países europeos y anglosajones.

Pero como decía Abraham Lincoln "I will prepare myself and the opportunity will come", cada individuo, cada familia, cada negocio, por pequeño que sea, cada organización, debemos prepararnos para cuando lleguen las oportunidades, cuanto mas lo hayamos hecho, mejor nos irá el futuro y sin duda triunfaremos. El que se quede lamentándose siempre de los problemas del día a día, no se dará cuenta, y al llegar los tiempos mejores estará con el pie cambiado y le adelantará todo el mundo por la derecha y por la izquierda

Solo los perdedores se quejan que el mundo les va en contra y justifican su mala situación, cada día de su vida culpando al resto del mundo.

jueves, 9 de junio de 2011

Un pacto de Estado necesario que no llegará

Por Melchor Miralles

Publicado en El Confidencial (09/06/2011)

Desde que se consumó la debacle socialista en las urnas municipales y autonómicas, los decibelios de la batalla entre PP y PSOE a costa de las cuentas públicas de ayuntamientos, comunidades y Estado están al límite. Bruselas entra de nuevo en escena y sugiere que subamos los impuestos al consumo. Bildu, envalentonados a su estilo, van de amenaza en amenaza hasta la victoria final. En Valencia, Camps anuncia un contrato multimillonario para la Fórmula 1. En Castilla La Mancha, las trituradoras de papel están ardiendo y va Marcelino Iglesias y dice que se trata de documentos personales; si es así, ¿por qué no se los llevan a sus casas?, y, además, ¿qué hacían tantos documentos personales en los despachos?, ¿a qué se dedicaban esos altos cargos? El Gobierno prepara un decretazo light que va a cabrear más aún a todas las partes. Las cajas siguen en apuros. Los del 15-M empiezan a parecer una caricatura... y los cuarteles generales de los partidos preparan ya el Debate del estado de la Nación para el 28 y 29 de este mes. Lo único evidente es que el estado es lamentable, que la Nación está hecha unos zorros y que los paganos de este desastre somos todos.

Ante este panorama, creo de verdad que el Debate de fin de mes, habitualmente poco útil, podría servir este año, si nuestros políticos tuvieran altura de miras para alcanzar un gran pacto de Estado (con mayúscula); abandonar actitudes escatimosas y tomar decisiones que nos permitan salir de esta esclerosis; ganarle la batalla a la crisis tomando decisiones sensatas para salir de ella; comenzar a ganarle de verdad la batalla al desempleo; adoptar medidas drásticas para el control del déficit nacional, autonómico y local; afrontar una reforma del mercado laboral que todos saben imprescindible; poner patas arriba nuestro sistema financiero; colocar las primeras piedras de la regeneración democrática; adoptar medidas concretas practicas y de obligado cumplimiento en la lucha contra la corrupción y el despilfarro...

No va a suceder, pero no está de más, creo yo, reclamarlo por más que quede como una voz en el desierto. Le podría permitir al presidente José Luis Rodríguez Zapatero afrontar el final de su legislatura con una limpieza de su imagen insuperablemente deteriorada. Le sería útil a Alfredo para afrontar la carrera electoral alejado de su papel de conspirador y permanente derrotado en sus batallas internas. El PP podría alardear de haber aparcado esa imagen de cri-ti-ca-lo-to-do-pa-se-lo-que-pa-se en beneficio del interés general y daría un paso rentable para ellos con la vista puesta en las cuentas que previsiblemente tendrán que gestionar a partir de 2012, como muy tarde. Rajoy reforzaría su imagen de hombre sensato y podría darle un empujón a una imagen que no termina de consolidarse. Los partidos minoritarios tendrían la oportunidad de jugar un papel relevante en una cuestión de interés general y podrían sumarse a una foto útil que los ciudadanos agradecerían. Un gran pacto de Estado para sacar a España del agujero y espantar del todo el fantasma de una intervención supondría además un espaldarazo ante la opinión pública a una casta política cuyo desprestigio no cesa.

Pero no. El Gobierno y el PSOE, tienen claro que no adelantan las elecciones ni por el forro porque andan encelados en tratar de armar una candidatura en torno a Alfredo que haga posible una derrota que no sea por mayoría absoluta del PP y ya andan negociando con PNV y CiU un posible Gobierno tripartito, persiguiendo equivocadamente un final de ETA que no se va a producir, desgraciadamente, y tratando ahora de hacer creer que todo el problema de España está en esas autonomías que gobernará mayoritariamente el PP, a quienes va a colocar todas las chinitas que encuentre en el camino. Los populares empiezan a tener dudas de que la victoria vaya a ser por mayoría absoluta, aunque las encuestas así lo digan. Saben que si es así podrían no poder gobernar aunque sean la lista más votada y están en el discurso de que al enemigo ni agua, y a por ellos que son pocos y cobardes. Los nacionalistas están a lo suyo, como siempre, tratando de buscar su sitio, negociando con unos y otros, colocando una vela a Dios y otra al diablo. IU buscando aún su sitio para salir de la marginalidad. UPyD como esperanza blanca, tratando de consolidar en las Generales los buenos datos de algunas autonomías y ayuntamientos.

Y nosotros, los ciudadanos, a verlas venir. Por más que sea evidente, más allá de las ideologías, que hay un desencanto generalizado, que hay coincidencia en que es necesario hacer algo, que podríamos empezar a ganarle la batalla a la crisis y ganaríamos nueve meses que se presentan tediosos en esta política del "y tu más" y del "quítate tú que me pongo yo" que tanto hastío genera y que tanta desafección hacia los políticos provoca. Es su responsabilidad. Ellos sabrán lo que hacen. Yo tengo claro que es en las grandes crisis, en los grandes momentos, cuando son necesarios los grandes políticos capaces de anteponer los intereses generales a los particulares o partidistas. Es en las grandes crisis cuando se consagran los políticos que pueden pasar a la Historia. Pues eso. Que seguiremos igual, y por lo tanto, peor.

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Escucharán Rajoy y Rubalcaba el grito de los indignados?

Por Antonio Casado

Publicado por El Confidencial (08/06/2011)

Aparecen los primeros síntomas de disgregación entre los indignados que acampan en las glorietas de España. En las muy mermadas “asambleas” ya no se discute sobre política de becas, reforma de la ley electoral o referéndum monarquía-república, sino sobre el modo de poner fin a las acampadas sin claudicar. Tratan de encontrar la forma de darle continuidad a la revuelta y me parece bien.

Al tiempo crece otro tipo de indignación. La de quienes desde determinadas posiciones políticas, adivinen cuáles, les afean la conducta y reclaman el desalojo policial. “Acabo de pasar por Sol y el olor era nauseabundo”, decía ayer una señora en la tele, nada partidaria de la movida, mientras que los oficiantes arremetían contra la desidia del Gobierno de Rodríguez Zapatero por su incapacidad de hacer cumplir la ley.

En la crecida parroquia de la derecha los acampados no tienen buena prensa, para qué vamos a engañarnos. Y regalan las excusas, mejor que mejor. Esa es la hazaña de los acampados de Murcia: asaltar un hipermercado y llevarse sin pagar comida para “los más necesitados”. Hazaña frustrada, claro. Entre otras cosas porque los clientes habituales se pusieron del lado de la Policía, como hicieron los intelectuales en la Comuna de Paris.

No es esto, no es esto, que diría un orteguiano. Correcto. Pero tampoco es cosa de endosar la revuelta de los indignados a una especie de infantilismo revolucionario de cercanías. O peor, a “una bacanal de golfos andrajosos movidos por la locura senil de escritores sin talento”, como dice mi amigo Raúl del Pozo al recordar el dictamen de la historia sobre los procesos asamblearios que en el mundo han sido.

El abajo firmante siempre ha sostenido la importancia del aldabonazo que desde el malestar social se inició al grito de “Democracia real, ya” el pasado 15 de mayo. No por el eventual valor programático de una asamblea a la intemperie sino como aviso para navegantes de la vida pública y, más concretamente, de una clase política considerada por la ciudadanía como el tercer problema nacional.

En términos de regeneración del sistema y sus servidores, entre los que sobra opacidad y falta frescura, esa es la semilla que debería crecer en el espíritu y la letra de nuestros gobernantes. Malas noticias al respecto. No es precisamente frescura lo que venden quienes abanderan la lucha por el poder en nombre de sus respectivos grupos políticos. Demasiado toreados, tanto Mariano Rajoy como Pérez Rubalcaba.

Dos políticos que están de vuelta no parecen los más indicados para refundar la democracia. Pero ambos deberían echarse a las alforjas el trasfondo del grito apadrinado por Stephane Hessel y José Luis Sampedro, y proferido por miles de personas en las plazas españolas, así como un pasaje del libro 'El malestar de la vida pública', escrito hace quince años por Victoria Camps, catedrática de Ética. Escribía Camps: “La deslegitimación de los gobiernos no tiene su causa sólo en transgresiones de la ley denunciadas y sentenciadas por los jueces. Es la incoherencia ideológica, el incumplimiento de lo prometido, la inacción política, la omisión de respuestas, lo que desilusiona a los electores y hace cundir el descrédito”.

martes, 7 de junio de 2011

Si el Rey no se calla ¿por qué lo hace la prensa?

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (07/06/2011)


Se imagina por un momento al presidente del Gobierno, al líder de la oposición o al presidente del Tribunal Constitucional abroncando en público a un grupo de periodistas por una información no ya crítica hacia ellos mismos o las instituciones a las que representan, sino supuestamente inexacta? ¿Qué pensaría si José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy o Pascual Sala se encarasen -literalmente- con los medios de comunicación cada vez que éstos, en el ejercicio de su libertad de expresión, publicaran una noticia que les irrita?

Ahora suponga que no es ni Zapatero, ni Rajoy ni Sala quienes pierden los papeles y coaccionan a la prensa -porque, en definitiva, se trata de eso-, sino el jefe del Estado. ¿Seguiría creyendo que esa actitud insolente e incompatible con los usos democráticos le desacredita -como a aquéllos- para ejercer su cargo? Porque esa fue, precisamente, la conducta exhibida el pasado martes por el Rey durante un acto oficial en el palacio de La Zarzuela, cuando, en un tono desabrido e impropio de quien "modera el funcionamiento regular de las instituciones" (artículo 56.1 de la Constitución), respondió a los periodistas que le interrogaron por su estado de salud, un día después de que la Casa del Rey anunciase que el monarca iba a ser intervenido quirúrgicamente en su rodilla derecha.

"Lo que os gusta es matarme y ponerme un pino en la tripa todos los días. Eso es lo que hacéis la prensa", fue el exabrupto lanzado a los estupefactos informadores por Don Juan Carlos, visiblemente crispado por las especulaciones de algunos medios de comunicación sobre el alcance de sus achaques. Puede que alguien agradezca la espontánea contribución del Rey a la riqueza del castellano con esa florida metáfora -confieso que jamás había escuchado la expresión poner un pino en la tripa como representación de un féretro, pero ésa es otra cuestión-; o que no falte quien aplauda al ubicuo presidente del Congreso, José Bono, que salió en defensa de la manoseada campechanía del monarca al afirmar que éste "hasta resultó simpático" con su amenazante berrinche; o incluso que otros se den por satisfechos con el melifluo tirón de orejas que le dedicó la portavoz de UPyD, Rosa Díez, molesta porque aquellas palabras supusieron un "juicio excesivo" sobre la labor de los periodistas.

Todas esas consideraciones, sin embargo, chapotean en la superficie. Y el altercado merece un análisis mucho más profundo. Sobre todo si se tiene en cuenta que, al día siguiente, la Casa del Rey dio otra vuelta de tuerca en su grosero intento de amordazar a la prensa -y no es, ni mucho menos, la primera vez que esto ocurre- al decidir que, a partir de ahora, ningún periodista tendrá acceso a las "audiencias y actos programados" de Don Juan Carlos o su familia en el Palacio Real y en los de El Pardo, La Zarzuela y La Almudaina (Palma de Mallorca), cuya cobertura informativa será en adelante "exclusivamente gráfica, salvo que haya indicaciones específicas". Eso tiene un nombre: censura. Y, desde luego, no resulta nada simpática.

Cambiar las reglas del juego

Si el jefe del Estado quiere imponer unas reglas del juego tan alejadas de los códigos de una monarquía parlamentaria, tal vez los medios de comunicación deberían responder aplicando unos patrones mucho más democráticos en el tratamiento informativo de los asuntos que conciernen a la Corona e idénticos a los que rigen para cualquier otra institución: veracidad, imparcialidad, transparencia y objetividad. Y ese propósito es incompatible con el acatamiento casi ciego de una ley no escrita vigente desde la Transición, según la cual el Rey -cuya persona es "inviolable" y no está "sujeta a responsabilidad", según el artículo 56.3 de la Constitución- está libre de crítica y sus actos escapan al escrutinio fiscalizador de la prensa.

Ese pacto de caballeros entre editores y monarquía muy probablemente tuvo plena justificación en aquellos años convulsos de mudanza política, cuando la Corona sirvió de parapeto frente a los ataques y conspiraciones de los náufragos del franquismo contra una democracia todavía balbuciente e insegura. Desde entonces, los periodistas han seguido casi a rajatabla el espíritu -que no una letra inexistente- de aquella norma, trasladando a los ciudadanos una información casi siempre edulcorada, amable y acrítica sobre la primera autoridad del Estado. Pero quizá sea oportuno preguntarse hoy, más de 35 años después de la entronización de Don Juan Carlos, si aún tiene sentido que los medios de comunicación sirvan de dique de contención frente a los posibles errores y abusos de la institución monárquica.

¿Por qué silenciar el debate sobre la sucesión cuando los ciudadanos hablan con naturalidad en la calle de los pros y los contras de una abdicación del monarca en favor del heredero, el príncipe Felipe de Borbón? ¿Acaso debería ocultarse a la opinión pública la presunta conexión del yerno del Rey, Iñaki Urdangarín, con el llamado caso Palma Arena, después de que un juez haya imputado a su ex socio en el Instituto Nóos, la entidad que presidía el ex jugador de balonmano del FC Barcelona? ¿Hay que mirar hacia otro lado cuando Don Juan Carlos rebasa las competencias que le atribuye la Constitución e interfiere en el debate político, excluyendo al PP de un pacto anticrisis auspiciado por él mismo? ¿O cuando Patrimonio Nacional paga la elevada factura de una lujosa cinta de correr para uso exclusivo del Rey?

Los únicos límites a esa normalización informativa los deben marcar el interés periodístico, el respeto a la intimidad personal del monarca y los preceptos del Código Penal. Y conviene recordar que incluso el PSOE aceptó el pasado mes de marzo debatir en el Congreso la modificación de este último para suprimir el delito de injurias a la Corona, actualmente castigado con hasta dos años de cárcel.

Libia, mucho más que petróleo

Por Purificación González de la Blanca

Artículo publicado en La Voz de Cádiz, con fecha 07.06.2011


Lo que está sucediendo en Libia es la réplica, punto por punto, de la guerra de Iraq. Si aquella no era una guerra autorizada por la ONU, esta tampoco lo es, ya que la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, impuesta a contrapelo e ignorando la posición de países de tanto peso como Alemania, Rusia, Brasil, China o India, se adoptó solo para abrir un pasillo aéreo con la finalidad de proteger a la población civil de unos supuestos bombardeos (de los que no existe una sola foto, ni una sola prueba). Las condiciones que establecía estaban cumplidas a finales de abril.

Esa Resolución no autorizaba a orquestar una oposición que no existía, ni a entrenar a los mercenarios rebeldes, ni a desplegar “asesores” por el territorio, ni a bombardear a una población que iban a proteger, ni a promover un golpe de estado, ni a arrasar el país, ni a asesinar a los tres nietos de Gadafi (de edades comprendidas entre 4 meses y 3 años de edad, junto con el padre de uno de estos pobres críos), ni tampoco a asesinar a Gadafi, como pretenden. Son los libios quienes deben decidir su futuro, no Obama, ni Cameron, ni Sarkozy, ni Zapatero...El Tribunal Penal Internacional continúa missing

¿Por qué han atacado a Libia? Me remito a “Claves para entender la Guerra en Libia: ¿Petróleo o Bancos Centrales?”, de Elen Brown, Presidenta del Public Banking Institute. Se refiere a una entrevista al General Wesley Clark –en Democracy Now- en la que éste explica que sobre diez días después del 11-S, otro general le dijo que iban a atacar Iraq. No sabía por qué. Más tarde le revelaría que el plan era atacar a 7 países: Iraq, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. ¿Qué tienen estos 7 países en común? Que ninguno de ellos es miembro del Banco de Compensaciones Internacionales, es decir: están fuera del alcance del Banco Central y de los movimientos relacionados con el dólar, una moneda devaluada, que ha arrastrado en su caída a toda la economía mundial. ¿Pero quien decide los ataques? La Reserva Federal Norteamericana, un club privado, integrado por los verdaderos amos del planeta: Los Rothschild, Rockefeller, Morgan, Warburg, Moses Israel Seif, Lazard, Lehman Brothers, Godman Sach, etc. La RF es propietaria de la CIA, el Pentágono, el FMI…y maneja a la ONU y a la OTAN. Su objetivo es el asalto a los bancos centrales de esos países y hacerse con sus reservas de oro. Comenzaron por Iraq, ahora le sigue Libia y van a por el resto ya mencionado, sin desdeñar el petróleo u otros recursos.

Distintos analistas comentan que Iraq había empezado a aceptar euros, en lugar de dólares en pago por su petróleo, lo que desató las iras de EE.UU. Con matices, era lo que Libia estaba planteando a nivel del continente africano. En este contexto no pasa desapercibido que los mercenarios rebeldes, antes de empezar la contienda, legalizaran un Banco central en Libia. Y es que el objetivo de la Reserva Federal de EE.UU. en esta guerra, petróleo aparte, como ya hemos comentado, es hacerse con las importantes reservas de oro de Libia, estimadas en 144 toneladas de oro, para respaldar al dólar.

Libia era un polo de prosperidad, con la mayor renta per cápita de toda África y el mayor índice de desarrollo humano, según el PNUD de la ONU: niños escolarizados, esperanza de vida (75 años), reparto de las rentas del petróleo (reducidas últimamente por imposición del FMI), tratamientos médicos gratuitos, dote de 60.000 dinares (50.000 dólares) a las parejas que se casan, préstamos sin interés, pensiones, pleno empleo, etc. (¿A quien no le agradaría un régimen así?, se pregunta Elen Brown). En Libia hacían buenos negocios bastantes empresas españolas -como Repsol, Dragados o ACS-, que se han visto obligadas a marcharse. En un país de 4 millones de habitantes había 3 millones de extranjeros trabajando (1.500.000 egipcios, 800.000 tunecinos, etc,), que ahora huyen de los bombardeos de la OTAN, junto con los libios, y perecen en el mar tratando de llegar a Europa.

En unos meses, Libia ha pasado de ser un país próspero a un infierno: empresarios asesinados, hospitales y guarderías infantiles bombardeados, explosiones por doquier, actividad económica paralizada, etc. Pero lo último que quedaba por conocer ha sido la creación –con dinero de nuestros bolsillos- de los Escuadrones de la Muerte, unas patrullas a las que se refiere la noticia publicada en distintos medios de que “la Brigada 17 de febrero despierta inquietud”. En un foro de internet relataban una entrevista concedida a un canal de televisión por un mercenario rebelde, apresado y amnistiado en Misratah, en donde comentó algunas de las atrocidades que vienen cometiendo, sin temor a ser llevado ante los tribunales ya que cuenta con el apoyo occidental. Los rebeldes le pagaban hasta 10.000 LYD por cada persona asesinada, en función del rango. “Por las noches llegaba un coche y recogía las cabezas”. Contó que también les pagaban por violaciones a mujeres, deteniéndose en un caso concreto en que “cogieron a dos hermanas y, frente a sus familiares, las violó todo el grupo de rebeldes, y luego les cortaron los pechos hasta que perdieron el conocimiento”. Se animaban a hacer estas barbaridades todos porque así cobraban también todos. Contó que una vez mataron a 52 militares libios y se llevaron a 22 vivos hasta un matadero de animales, los degollaron y les cortaron las cabezas. Y también contó que no había visto ningún bombardeo (de Gadafi) sobre población civil.

Magnífica la labor de los Cruzados de Occidente (que tanto aplauden, por cierto, a Arabia Saudí o a los Emiratos Árabes, en donde todavía mantienen la esclavitud). Hay que felicitarlos porque, reproduciendo el itinerario que marcaron en Iraq, el terror, que es su modus operandi, va en aumento cada día que pasa.

¿Qué hicieron los libios para merecer esto? Solo manifestarse libre y modestamente. Los manifestantes libios que vi en televisión, en su momento, pedían vivienda y no llegaban ni a 300, pero nos contaron que pedían democracia y que eran miles. Nos dicen que por eso los bombardean. ¿No es eso lo que piden los cientos de miles de manifestantes que llenan las plazas de España durante las últimas semanas?

¿Vendrá también aquí la OTAN, con sus misiles de uranio enriquecido y sus bombas de racimo a traernos esa democracia que tan insistentemente demandamos? Quizás nos salve el que estemos inmersos en la crisis del dólar.

lunes, 6 de junio de 2011

De Rubalcaba y Fouché: ¿es el candidato un genio tenebroso?

Por Melchor Miralles

Publicado en El Confidencial (06/06/2011)

Advertía con tino el otro día Amando de Miguel de su asombro por cómo está haciendo fortuna en muchos comentaristas la comparación del superministro y candidato Alfredo Pérez Rubalcaba con Joseph Fouché, duque de Otranto, "el genio tenebroso" que le llamó Stefan Zweig en una biografía magistral. No me parece a mí tampoco afortunada la comparación, que es empleada no sólo por los articulistas y tertulianos que con ella censuran al último delfín de José Luis Rodríguez Zapatero, sino también por buena parte del equipo que conforma el entorno más cercano del todavía presidente nominal del Ejecutivo.

Fouché, ex seminarista, sirvió a diferentes causas ideológicas, porque tenía una sola ideología al servicio de sí mismo, de su ambición desmedida. Rubalcaba, con todos sus defectos, ha estado siempre en el PSOE, no ha renunciado al partido en el que ha desarrollado toda su carrera política y aunque en el seno del socialismo ha cambiado de bando o corriente interna según sus intereses, ha sido fiel a las siglas.

Fouché fue un hombre de ambición desmedida, que amasó una fortuna formidable que le convirtió en el hombre más rico de Francia aprovechándose de sus cargos y de su influencia de modo manifiestamente ilegal. Rubalcaba tiene una trayectoria política repleta de sombras, pero jamás nadie ha podido probar, ni siquiera sugerir, que no sea un hombre honrado que no se ha enriquecido prevaliéndose de los cargos públicos que ha ocupado.

Fouché fue hombre de confianza de Robespierre y terminó conspirando contra él hasta conseguir que le llevaran a la horca; tras ser represaliado por el Directorio consiguió ganarse la confianza de Barras y llegar a ministro de la Policía; armó una formidable red de espionaje que urdió el golpe de Estado que elevó a Napoléon Bonaparte a las alturas y terminó traicionándole; sirvió a Luis XVIII y también maniobró contra él... hasta terminar proscrito y fallecer en Trieste. Durante casi 30 años protagonizó las grandes batallas políticas que conforman uno de los períodos históricos más apasionantes que hemos conocido. Libró batallas políticas que forman parte de la Historia de Francia y de Europa frente a adversarios de un nivel intelectual y político excepcional. Rubalcaba, al ganar el PSOE las elecciones de 1982, asumió responsabilidades en el Ministerio de Educación de José María Maravall; fue ministro de Educación un año, ministro de Presidencia y portavoz en los años negros de 1993 a 1996; tras la victoria de Zapatero ocupó la secretaría general del Grupo Socialista en el Congreso y en 2006 accede al Ministerio de Interior, al que acumula en 2010 la vicepresidencia y la portavocía. ¿Cabe alguna comparación?

Por más que la trayectoria de Rubalcaba tiene episodios oscuros relacionados con el terrorismo de Estado y con diferentes conspiraciones internas en el PSOE; aunque ha librado batallas de poder en el seno de su partido, todas ellas saldadas con estrepitosas derrotas; aunque ha traicionado a compañeros de militancia en beneficio de su propia trayectoria, para comparar al candidato socialista con Fouché sería necesario encontrar en su trayectoria adversarios del nivel de los que tuvo "el genio tenebroso", y resultaría grotesco tratar de comparar a Robespierre, Napoleón, Hébert, Barras, Talleyrand o el propio Luis XVIII con Rodríguez Zapatero, José Bono, José Blanco, Carme Chacón, Tomás Gómez et al.

Rubalcaba no es Fouché, ni se le parece, pero representa un tipo de político del siglo XXI alejado de lo que yo considero ejemplar. Dicho esto, el dedo de José Luis Rodríguez Zapatero, o si Alfredo lo prefiere, el dedazo de miles de militantes socialistas, le han ungido de todo el poder en el PSOE y va a ser quien le va a plantar la batalla a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Sin ser Fouché, Rubalcaba es políticamente peligroso, y yo que Rajoy me lo tomaría muy en serio. En contra de lo dicho por ZP en otra comparación inadecuada, aunque Rubalcaba tenga acreditada una buena marca como velocista en los 100 metros lisos, estamos en una maratón de diez meses y el candidato socialista ha demostrado que se mueve bien en las distancias largas, donde además los codazos pueden dejar al rival en la cuneta a poco que se despiste.

viernes, 3 de junio de 2011

Empiezo a pensar en las elecciones generales

Por Leopoldo Abadía

Publicado en Cotizalia (03/06/2011)

No sé si soy yo, que me fijo más, o son las noticias que voy leyendo, pero empiezo a estar un poco mosca.

Agarro el Time de 30 Mayo. Estos señores suelen ser finos y educados. Y discretos. Y Nancy Gibbs es una periodista fina y educada. Y discreta.

Pero algo le ha pasado. Y ha conseguido convencer a los editores de Time para que pongan un titular en la portada, que dice: “Sexo. Mentiras. Arrogancia”. (Esas palabras en rojo, para que se vean bien.) Y luego, en negro: “Lo que hace que hombres poderosos actúen como cerdos”.

Por si acaso no ha quedado suficientemente claro, han puesto una foto de un cerdo y, al lado, una nota: “No offense”, que he traducido como “Sin ganas de ofender”. (Al cerdo, naturalmente.)

Y pienso que muy mal deben estar las cosas para que el Time se descuelgue con ese titular.

Mientras pienso, voy a mi despacho. Alguien me ha puesto encima de la mesa la fotocopia de un artículo de una revista, también del mes de Mayo, en el que aparece la foto de un señor que trabaja en una entidad financiera, con un artículo en el que, como dicen en mi tierra, le ponen a caer de un burro, debajo de otro titular que se las trae: “Culpable y sinvergüenza”.

Miro quién es el autor del artículo, por si acaso fuera Nancy Gibbs o algún pariente que tenga por aquí, pero no lo pone. Dice que lo ha escrito “Redacción” y que las fotos son de “Archivo”.

Entre Redacción, Archivo y Nancy me han hecho polvo.

Paso por la Plaza de Cataluña y veo a todas las personas que hay allí, medio acampadas. Tengo la sensación de que no saben muy bien qué hacer.

Me apetecía, de verdad, ir allí, preguntar por el jefe y darle la fotocopia de la revista española y el artículo de Nancy.

Para que tuvieran algo concreto para protestar.

Pero no voy y me quedo en casa, cojo La Vanguardia y veo que un ex Ministro francés acusa a otro ex Ministro de pederastia. Y que no dice su nombre porque le puede pasar algo, pero que todos saben quién es.

Ya sé que no queda muy bien decir que se me caen los palos del sombrajo cuando leo estas cosas, pero es que se me caen. Y me apetece llamar a mi amigo de San Quirico y decirle que prepare rápidamente los papeles para presentarse a ex Ministro francés, a Director de la entidad financiera donde trabaja el señor ese a quien insultan y para que hable con Nancy Gibbs y, entre los dos, hagan una campaña mundial de regeneración.

Voy a Google, a ver la cita de “Algo huele a podrido en Dinamarca” y resulta que Shakespeare no dijo eso. Dijo: “Something is rotten in the state of Denmark”. No es que oliera a podrido. Es que estaba podrido.

Hoy toca lectura. Sigo profundizando en La Vanguardia y veo las declaraciones de D. Mariano Rajoy, que está contento, después del estacazo que le ha pegado en las elecciones al pobre D. José Luis. (Pobre, pero que sigue sin callarse. Cuando no va a la tele, va a la radio. Igual se está preparando su futuro profesional como presentador.)

D. Mariano, que olfatea que, si no se descuida, puede ganar en las próximas elecciones, empieza a decir lo que va a hacer.

Dice que va a verificar la situación de tesorería en el momento de cambio de gobierno…,con la única intención de saber dónde estamos. (Una de mis viejas manías.)

Dice que va a implantar medidas de austeridad en las administraciones. (Otra manía, casi tan vieja como la anterior.)

Dice que va a hacer reformas para crear empleo. (Más manías.)

Pero lo que más me gusta es lo de la reforma educativa.

Porque estos mozos/as que tienen tan poca vergüenza fueron a primaria hace unos años, y, en general, son de familias buenas, unos de izquierdas, otros de derechas, por seguir la antigua y obsoleta nomenclatura que tanto les gusta a algunos antiguos y obsoletos progres de izquierdas y de derechas.

Y en esas familias y en esos colegios les enseñaron que había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal.

Por ejemplo, les dijeron que:

1. Meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero estaba mal.

2. Y que buscar niños para hacer porquerías con esos pobres chavales está mal.

3. Y que ser trepa estaba mal. (Antes no se decía trepa, pero la idea sirve.)

4. Y que ayudar a los demás estaba bien.

5. Y que dejar abandonado al abuelo en una estación de servicio está mal.

6. Y que enriquecerse hundiendo al prójimo estaba feo.

Y se les ha olvidado. Ya sé que la vida es dura y que cuando hay necesidad, se echa mano del primer euro que pasa por delante de ti y que a veces se te olvida, acuciado por el hambre sin duda, de que ese euro no es tuyo.

Y cuando ya has saciado el hambre, te apetecen otras cosas. Te puede apetecer un coche sensacional o la secretaria del vecino, que tampoco está mal. Y como tienes dinerete suelto y un cierto prestigio (los cursis te dirán que eres un winner), pues te lo crees y a por el coche y a por la secretaria.

Y para esto no hace falta ser el Director General del FMI. A veces, basta con ser directivo del club de fútbol de tu barrio para pensar que eres el más guapo, el más listo y el más sexy de la localidad y que adónde vas tú con esa mujer que tienes, habiendo tantas de mucha más clase en tu barrio. (Los hombres/las mujeres somos así de idiotas.)

D. Mariano, la reforma educativa es algo muy gordo. Para algunos mozos es posible que hayamos llegado tarde, pero igual no. Porque todos somos recuperables.

No tendremos que poner de modelos para la juventud a personas que no son modelos para la juventud, aunque esos supuestos modelos se lo crean y la gente se lo repita muchas veces.

A nuestros chavales habrá que decirles, además, que, aunque todo el mundo haga aquello que está mal, mejor no hacerlo, por dos razones:

1. Primero, porque no es verdad que lo hace todo el mundo.

2. Segundo, porque lo anormal, cuando se hace muchas veces, no se convierte en normal, sino en anormal frecuente, que es distinto.

O sea, D. Mariano, que si hace usted una reforma educativa, aproveche y, en un discurso bien hecho, diga a los padres de familia españoles que:

1. Son los responsables de sus hijos.

2. Que no piensen que en el colegio se arregla todo. No se arregla nada, si los padres lo estropeamos en casa.

Y, por favor, que nos dejen en libertad a los padres para que llevemos a nuestros hijos al colegio que nos dé la gana.

1. El que quiera que sus hijos sean comunistas, a un colegio que tenga una bandera roja con la hoz y el martillo. Y si, con esa bandera, lo quieren mixto, allá ellos. Y si lo quieren con educación diferenciada -chicos por un lado, chicas por otro-allá ellos.

2. El que prefiera que sus hijos no sean comunistas, lo mismo.

Pero déjennos, por favor. Porque sabe usted, D. Mariano, esto de la libertad les molesta a bastantes. No sé por qué, pero les molesta. Debe ser eso que leí hace poco de que todos los hombres llevamos un caudillo totalitario en nuestro interior.

En un artículo que escribí hace tiempo, con motivo de unas elecciones, expliqué por qué iba a votar en blanco.

No tengo las ideas nada claras ahora.

1. Por un lado, estoy es esperando que D. Alfredo diga algo. Por ahora, da ánimos a su gente.

2. Por otro, como usted piensa que va a mandar, ya ha empezado a decir algo, y tomo notas.

Al que hable de lo de la educación, y diga lo que pienso yo, igual voy y le voto.

(Debe ser que yo también debo llevar un caudillo totalitario en mi interior.)

jueves, 2 de junio de 2011

Política y economía sumergids: dos formas de corrupción

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (02/06/2011)

Tanto la política sumergida como la economía sumergida, dos clamorosas negaciones del principio de transparencia, son dos formas de corrupción. Dirigentes políticos que pactan por debajo de la mesa o millonarios que guardan su dinero B en paraísos fiscales. Tanto da. Ahí tenemos dos de las causas del malestar social expresado en la revuelta de los indignados. Millones de españoles y no solamente los que acampan en la Puerta del Sol, entre los que no encontraremos grandes evasores de impuestos, virtuosos de la doble contabilidad o quienes se forran mediante actividades criminales como el narcotráfico, la prostitución y el comercio ilegal de armas.

Por un informe de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro), hemos conocido ayer la última hora sobre el tamaño de la economía sumergida en nuestro país. Es la cifra más alta de las obtenidas hasta ahora en distintos estudios con distintos métodos de trabajo. Entre los años 2005 y 2008 la economía sumergida representó en España el 23,7 % del PIB. Casi una cuarta parte del flujo dinerario escapa al control de la Hacienda Pública. Casi una cuarta parte de los recursos nacionales distraídos de la causa del interés general. Es decir, dinero robado a la caja común, aunque un liberal como Dios manda siempre lo disculparía con la excusa de la insoportable presión fiscal.

Por razones ocultas, o inconfesables, desconocidas, los gobernantes españoles nunca se pusieron las pilas para afrontar el mal. Si la economía española se duplicó en los últimos 30 años, la economía sumergida se cuadruplicó, según Funcas. Pero a ningún Gobierno le compensó nunca molestar a los poderosos que practican el fraude en cantidades realmente importantes y difíciles de ocultar sin la interesada desidia del poder político (por no decir complicidad, que seguramente le cuadre mejor).

Cuando los poderes públicos miran hacia otro lado, eso es política sumergida. No hace falta ir a Salamanca para saber que una ofensiva en serio contra los grandes defraudadores afectaría a personas influyentes y a grandes poderes financieros, por mucho que se quiera identificar el problema con el fontanero que cobra sin recibo, el comercio electrónico o la empleada doméstica que no se retrata en el IRPF.

Sin ir más lejos, bien recientes están los dos últimos planes fletados por el actual Gobierno. Uno a primeros de marzo, “contra el fraude fiscal, la economía sumergida y el trabajo no declarado”, sin que supiésemos antes para qué sirvió el Plan de Prevención del Fraude Fiscal 2005-2009. Y otro a finales de abril, “para el afloramiento de la economía sumergida”, que se limita a perseguir a empresas y trabajadores subsidiados que ignoran a la Seguridad Social, amén de anunciar un espectacular aumento de las inspecciones sin aumentar la plantilla de inspectores.

Parches y más parches que inducen la sospecha de que razones políticas sumergidas bloquean la voluntad de acabar con un problema que, mire usted por donde, es uno de los tres estabilizadores sociales que impiden el ruido de cacerolas en una España con casi cinco millones de parados (cobertura familiar y subsidios públicos son las otras dos). Pero no es ningún consuelo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Rajoy debe dar la cara si quiere ser presidente del gobierno

Por Carlos Fonseca

Publicado en El Confidencial (01/06/2011)

“Mañana me pongo a trabajar para recuperar España”. Lo dijo Mariano Rajoy la noche de la victoria electoral del PP, pero ya se sabe que a uno se le calienta la boca con la euforia, porque desde entonces, nada de nada. El líder de la oposición y previsible presidente del Gobierno tras las próximas generales ha llegado a la conclusión de que lo mejor para no equivocarse es no decir nada, pero a diez meses de los comicios ya no tiene excusas para seguir sin presentar su alternativa política y que los ciudadanos sepan qué propone y cómo se propone llevarlo a cabo. Ya está bien de enunciados genéricos, apelaciones mitineras al cambio y perogrulladas varias.

Despejada la duda del candidato socialista, ya sabe que tiene que tiene que enfrentarse a un contrincante que le gana de largo en el cara a cara. Alfredo Pérez Rubalcaba es un político brillante, excelente orador y con una enorme capacidad de respuesta inmediata, muy por encima de Rajoy, que no se distingue precisamente por su agilidad dialéctica ni por sus reflejos. Sus adláteres le disculpan con aquello de que lo importante no es la forma, sino el fondo, pero es que sus mensajes tampoco tienen contenido.

Es más que probable que el PP saque a pasear sus fantasmas contra el vicepresidente y ministro del Interior, empezando por lo de “portavoz de los GAL” (por aquello de hacer un relato cronológico de maldades), instigador del “pásalo” tras los atentados del 11M, espía de políticos populares o negociador con ETA con el objetivo de desprestigiar al que me parece el mejor candidato posible que los socialista podían elegir para que no se repita la debacle de las municipales, porque lo de remontar y ganar es puro ejercicio de voluntarismo

Rajoy tiene que definir su proyecto y aclarar, por ejemplo, si va a derogar la reforma laboral que tanto ha criticado por lo que supone de recorte de los derechos laborales. “La reforma del despido”, la llamó Soraya Sáenz de Santamaría en portavoz del que parece ser el Partido Popular de los Trabajadores por el empeño que están poniendo los émulos del liberalismo en defender a los asalariados, aunque con su abstención permitan que la reforma salga adelante en el Congreso.

Sería también de gran utilidad para los empleados públicos que el candidato a presidente dijera si les va a subir el sueldo un 5% para que vuelvan a recuperar el poder adquisitivo perdido con las medidas de ajuste de Zapatero a las que se opuso.

Tampoco estaría de más que aclare si va a modificar la ley de matrimonios homosexuales, y en qué situación quedarán quienes se han casado desde su aprobación. Y qué hará si el Tribunal Constitucional rechaza su recurso contra la ley del aborto. ¿La mantendrá tal y como fue aprobada en el Congreso? ¿La modificará?

Los ciudadanos le agradeceríamos igualmente si va a cumplir con su anunciada rebaja de impuestos, y cuáles, y si uno de ellos va a ser IVA, cuya subida del 16 al 18% tanto denostó. Y también me gustaría saber si para aumentar los ingresos del Estado va a incrementar la ridícula fiscalidad del 1% de las Sicav, donde buscan refugios las grandes fortunas, para aproximarse al 25% el impuesto de sociedades o al 18% que pagamos por los intereses de los ahorros que tenemos en el banco.

Quizá tiene previsto volver a abonar la prestación de 2.500 euros por nacimiento que el PSOE eliminó el 1 de enero de este año para ahorrar, y los 426 euros de ayuda a los parados de larga duración que han agotado su prestación por desempleo.

¿Y qué va a hacer con las pensiones? Los jubilados se pondrían muy contentos si entre sus planes está revalorizarlas con efecto retroactivo desde enero de 2011, fecha en que Zapatero las congeló, y si volveremos a la jubilación a los 65 años en lugar de los 67, porque la semana pasada el PP se abstuvo en la votación de las enmiendas a la totalidad de la reforma.

Esta es la política real, la que preocupa a los ciudadanos, y no la demagogia a la que nos tienen acostumbrados el PSOE y el PP. La indefinición de Rajoy y de su partido solo tiene dos explicaciones posibles: no saben lo que quieren, o si lo saben no quieren decírnoslo porque el recorte de derechos de Zapatero se les queda corto. Miedo me dan.

Hasta el próximo miércoles

La crisis del pepino: un problema en Alemania que se paga en España

Por Antonio Casado

Publicado en El Confidencial (01/06/2011)

Como ayer dijimos en Cotizalia, aunque Alemania haya dado marcha atrás el mal ya está hecho. En pérdida de puestos de trabajo y cientos de millones de euros distraídos en la facturación de nuestros excelentes productos agrícolas. España paga la factura de la frivolidad germana. ¿O era algo más que una sobreactuación en nombre de la salud pública? Dicho sea por el estratégico beneficio de esos terceros que tantas ganas le tienen a los pujantes cultivos del sur de España.

La coartada de la “escherichia coli” era poderosa, con dieciséis muertos sobre la mesa y más de trescientos enfermos de gravedad. Pero endosársela a los pepinos españoles con tanta precipitación y con tan escandalosa ignorancia de los protocolos previstos por la normativa europea en este tipo de situaciones, fue una ignominia solo explicable por la enorme distancia que separa a Alemania de España en el cuadro de las relaciones de poder. No hubieran sucedido las cosas de igual modo si la sospecha hubiera recaído sobre productos agrícolas franceses, por ejemplo.

Tratándose de España, no valía la pena tomarse la molestia de esperar los resultados de los análisis. No valía la pena concertarse con las autoridades españolas, ni siquiera con las europeas (ay, de nuevo, la inanidad de la Comisión y el descreimiento en el proyecto europeo). No valía la pena escuchar a los expertos, reconstruir los avatares de las partidas de pepinos en sus distintos pasos (producción, carga, transporte, distribución, venta y consumo) o analizar las partidas, una por una, con distintas fechas, con distintas procedencias.

No. Nada de eso. Lo fácil, lo cómodo, era abrir una irresponsable causa general contra los pepinos españoles para disimular la desidia de las autoridades alemanas ante un serio problema de salud pública.

Nuestra debilidad política respecto a Alemania no sólo es achacable a la proverbial arrogancia de los alemanes respecto a los países instalados en la periferia de la recuperación económica. Por supuesto que España y su Gobierno han hecho méritos para merecerlo. Lo cual no ha quedado desmentido durante la crisis del pepino, con una reacción oficial tardía y tibia.

Nadie entiende que a la sobreactuación alemana se respondiera con versallescas alegaciones y un bajo perfil de réplica, tanto por lo que se refiere a los argumentos como por lo que se refiere al rango de las personas encargadas de parar el tremendo golpe a los intereses nacionales. A estas alturas de la historia la visita al sur andaluz del vicepresidente Rubalcaba, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y la teórica ministra de Agricultura, Rosa Aguilar, puede paliar de algún modo el hachazo a las cuentas de las grandes cooperativas agrícolas mediante la correspondiente habilitación de ayudas económicas de la Administración, pero el daño, insisto ya está hecho, sobre todo en los intangibles (el golpe a la imagen de España ha sido muy duro), a pesar de que ahora venga la tal Cornelia Storck a decir digo donde dijo diego. Lamentable.