Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

domingo, 19 de agosto de 2012

ESTO NO ES EL "POTEMKIM"

(Carlos Colón en el Diario de Cádiz, el 19.08.2012) 

EN este mundo loco, loco, loco en el que la OEA convoca a los cancilleres de América para tratar del asunto del hacker Assange, o en el que las hordas de un parlamentario integrado en la coalición que comparte el Gobierno de la Junta roban supermercados y ocupan bancos, no debe extrañar que los berridos de las Pussy Riot proferidos en el altar mayor de la catedral moscovita de Cristo Redentor se consideren una manifestación artística de protesta que debe ser amparada por el derecho a la libertad de expresión.
 
 
Yo creía que la libertad de expresión garantizaba que se pudieran manifestar opiniones o desarrollar la creatividad, pero ignoraba que incluyera la profanación de catedrales. Debe ser que cuando uno se define como grupo punk-rock feminista los límites de la libertad de expresión se ensanchan hasta abarcar la invasión de espacios privados, la ofensa a las creencias y la profanación de templos. Por eso, digo yo, una activista rusa despelotada se sintió autorizada a cortar una cruz con una sierra eléctrica en protesta por la detención de las cantantes. Viendo las actuaciones de las Pussy Riot se comprenden dos cosas: que el arte tiene poco que ver en este asunto (cuestión que dejo de lado por su carácter subjetivo) y que, si no fuera por sus gamberradas, nadie las conocería.
 
 
Que Rusia es un pudridero de corrupciones está fuera de toda duda. Que está pagando muy caro el sangriento fracaso de la larguísima dictadura comunista es cosa sabida. Que Putin es un tipo siniestro, desde que era agente de la KGB comunista hasta que se convirtió –con un amplio respaldo popular empañado por sospecha de fraude electoral– en uno de los pilotos de la transición al capitalismo extremo, es un hecho. Que el putiniano patriarca debe ser también un tipo de cuidado está claro. Y que la condena de las Pussy Riot es desproporcionada no puede discutirse.
 
 
Pero también está fuera de toda duda y es (o debería ser) cosa sabida que no se puede irrumpir impunemente en una catedral para realizar una actuación que voluntariamente profana el recinto sagrado. Y que la reacción internacional ha sido tan exagerada como la condena que ha dado más alas a los ilustres defensores de las Pussy Riot que, desde Paul McCartney a Madonna, han puesto el grito en el cielo por tamaño atentado contra la libertad de expresión. Pues no. Una gamberrada no tiene nada que ver con la libertad de expresión. Y la profanación de un templo aún menos. Protéstese contra la corrupción en Rusia y contra la abusiva sentencia en nombre de la Razón y del Derecho, pero no se llame libertad de expresión a lo que hicieron estas madrecitas.

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