Este cuadro de Zurbarán, "Defensa de Cádiz", ilustra perfectamente el objetivo y prioridad de nuestra asociación.

viernes, 25 de marzo de 2011

De Portugal y de rescates

Por Manuel Muela

Publicado en El Confidencial (25/03/2011)

La caída del Gobierno portugués ha puesto de nuevo el foco en las políticas de rescates que viene practicando la Unión Monetaria Europea para proteger al euro. Desde que se iniciaron con el rescate de Grecia no ha habido respiro, porque, en mi opinión, tales políticas son poco realistas y, lo que es peor, conducen a los países afectados por sus efectos a la depresión económica y al conflicto político y social. Por eso, creo que la decisión de la Asamblea de la República de Portugal, provocando la dimisión del jefe del Gobierno, debería mover a la reflexión sobre el mantenimiento de dichas políticas, que son en realidad meras operaciones de encubrimiento de errores de gestión, cuando no de puras especulaciones financieras.

Me parece que el proyecto europeo actual, inmerso en una huida hacia adelante desde el Tratado de Maastricht de 7 de febrero de 1992, está llegando al final de la escapada: la ampliación desmedida de la Unión Europea, los frágiles cimientos de la Unión Monetaria, el endeudamiento público y privado, la depresión económica de algunos países y los mensajes constantes de cercenamiento de las políticas sociales, van formando un explosivo de alta potencia, que destruirá muchos de los principios que inspiran a las políticas de la UE.

El caso de Portugal, y el reciente de Irlanda, indican que la insatisfacción de los ciudadanos es creciente, porque perciben y sufren las consecuencias de los errores de quienes han diseñado un modelo económico y monetario que ha ignorado las diferencias de las economías de los países que integran la UE, y en especial de los que forman parte del euro. De momento, la caída de dos gobiernos, Irlanda y Portugal, tienen un denominador común: el intento de ejecutar políticas dictadas desde el exterior, a sabiendas de que, si no hay actuaciones para corregir el volumen de la deuda, los sacrificios exigidos serán poco eficaces.

El pantano del crédito

Durante los últimos diez años las políticas crediticias expansivas han prendido en determinados países de la Unión Monetaria, algunos de los cuales con economías débiles que, en ningún caso, iban a permitir hacer frente a los compromisos derivados de los créditos obtenidos con largueza en los mercados internacionales. La moneda única abrió las compuertas del pantano del crédito y pocos resistieron la tentación de participar en el festival. Excepto el núcleo duro de la UE los demás, y España como mascarón de proa, se endeudaron hasta límites desconocidos, probablemente pensando que el euro suponía una fuerte garantía ante cualquier adversidad.

Es cierto que la moneda única se presentaba como la oportunidad para estimular el crecimiento económico y el bienestar social de los países que la adoptaron. Por eso, cualquier cautela o prevención sobre las dificultades futuras para hacer frente a la crisis de parte de los integrantes del euro no fue tomada en consideración y eso, hay que decirlo, alentó comportamientos irresponsables de gobiernos y empresas. El paraguas de la moneda única lo cubría todo. Y así pareció hasta 2007, año en que estalló la burbuja financiera. A partir de entonces se ha iniciado el duro camino a Canosa de los países citados, y del nuestro en particular, que comprueban que, contra los excesos, no hay garantías ni redes de seguridad. Al contrario, los acreedores se inquietan y los valedores del euro, que se cuentan entre los principales acreedores, se resisten a reconocer las pérdidas y diseñan políticas de rescate con la pretensión de alejar el cáliz de la reestructuración de la deuda.

Los volúmenes de ésta van creciendo, aunque se rebaje algo su coste, los países rescatados o en trance de serlo carecen de capacidad para generar recursos, porque sus economías se siguen debilitando y, aun así, se sigue insistiendo en las bondades de los rescates. Casi nadie pone en duda que no son la solución, más bien se esta demostrando lo contrario. Y es que habrá que reconocer en algún momento que la deuda acumulada por los llamados países periféricos no puede ser pagada: ni Grecia, ni Irlanda, ni Portugal, ni mucho menos España, sumidos todos en la depresión económica pueden enfrentar sus compromisos, aunque empezaran a crecer ininterrumpidamente al 5 por 100.

Como decía al principio, conviene huir de la propaganda y de la imagen que acompaña a los planes de rescate, porque no son tales. Son meros instrumentos de dilación para no reconocer los errores y las pérdidas de tirios y troyanos. Que hace falta disciplina, quién puede dudarlo, sobre todo después de comprobar los efectos de la irresponsabilidad, pero se requieren otras políticas comunitarias y otros gobernantes más serios que defiendan con rigor los intereses nacionales planteando políticas de saneamiento creíbles y realistas. Lo demás es artificio y miseria.

*Manuel Muela es economista

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